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0.5 Ali's Pretty Little Lies (Español)

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Ali´s Pretty Little Liars

Sara Shepard

Libro Adicional

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Sinopsis

Antes de que estuviera –A, estaba Alison DiLaurentis. Los chicos querían salir con ella, las chicas querían ser ella, y alguien la quería muerta.

Es el final de séptimo grado, y Alison DiLaurentis y sus amigas son las chicas más populares de Rosewood Day. Ali manda en su pandilla con mano dura, y tiene suficientes secretos sobre Hanna, Emily, Aria y Spencer para mantenerlas a raya. Pero Ali también guarda su propio gran secreto, algo tan grande que lo destruiría todo si saliera a la luz. Ella está desesperada por mantener la vida perfecta en la que tanto ha trabajado por construir, pero en Rosewood los secretos de muerte tienen consecuencias mortales.

Ubicado en las semanas previas al asesinato de Ali, este libro especial de Pretty Little Liars es contado por la más linda pequeña mentirosa de todas: la misma Ali. Por primera vez, vemos cómo empezó el misterio, –Y cómo fue que terminó la vida de Alison DiLaurentis.

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Dedicado a:

K

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Epígrafe:

Si vas a tener una doble faceta, al menos has que una de ella sea linda

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PROLOGO

SUSTITUCIÓN

Traducido por: Luciana Lermi Corregido por: Daniela, Raúl S.

Había una vez, dos hermanas gemelas idénticas, Alison y Courtney. Ellas eran iguales en todos los sentidos: Ambas tenían el cabello largo y rubio, unos grandes, limpios y redondos ojos azules, rostros en forma de corazón y sonrisas ganadoras que podían derretir corazones. Cuando ellas tenían seis montaron sus bicicletas violetas y rodaron calle abajo por la entrada de la familia en Stamford, Connecticut, cantando “Frère Jacques” en una curva. Cuando tenían siete se subieron al gran tobogán para niños juntas y se tomaron de las manos durante todo el recorrido. Incluso aun cuando sus padres les dieron a cada una su propia habitación con camas de dosel de princesas, las encontraban dormidas en el mismo colchón individual con sus cuerpos entrelazados. Todos decían que ellas compartían esa indescriptible conexión de gemelas. Hicieron la promesa de que serían las mejores amigas por siempre.

Pero todas las promesas se rompen un día. En segundo grado las cosas empezaron a cambiar. Al principio eran cosas pequeñas: una mala mirada, un ligero empujón, suspiros indignados. Pero luego, Courtney se presentó

varios sábados en la clase de arte de Ali insistiendo que ella era Ali. Courtney se sentó en

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el escritorio de la escuela de Ali el día que su hermana estaba enferma. Courtney se presentó a ella misma como Ali al cartero, a los nuevos vecinos con el cachorro y a la señora mayor en el mostrador de la farmacia. Tal vez ella fingía que era su hermana porque Ali tenía ese brillo extra, algo que la hacía sobresalir. Tal vez Courtney estaba celosa. O tal vez Courtney estaba siendo forzada. Ali me obligo a hacerlo, –dijo Courtney a sus padres cuando ella fue descubierta–. Ella me dijo que si no fingía ser ella algo horrible me

pasaría y a ustedes también. Pero cuando su madre y padre le preguntaron a

Ali si eso era cierto sus ojos se abrieron como platos–. Yo nunca diría algo

como eso, –respondió inocentemente–. Amo a mi hermana y los quiero a ustedes.

De repente, Courtney y Alison se encontraban gritando y peleando en el patio del colegio en recreo. Luego Courtney encerró a Alison en el baño a la hora del almuerzo y no la dejaba salir. Los profesores llamaron a los padres de las niñas, con voces llenas de preocupación. Los vecinos hacían entrar a sus hijos cuando Courtney pasaba, atemorizados de que ella pudiera hacerles daño. El último aviso, llegó un día perfecto de primavera cuando sus padres encontraron a Courtney sentada arriba de su hermana con las manos alrededor de la garganta de Ali. Llamaron a los doctores, evaluaciones psiquiátricas fueron realizadas a ambas niñas. Alison mantuvo la compostura, pero Courtney entró en pánico. Ella lo inició todo, –insistió–, ella me

amenazó, quiere que me vaya.

Esquizofrenia paranoica, dijeron los doctores con vos grave, este tipo de cosas son tratables, pero solo con mucho cuidado. –Sin embargo a

Ali le correspondía tomar la decisión final, entre lágrimas, ella decidió que su hermana debía irse. Y entonces una beneficencia fue encontrada. Courtney se fue lejos de su familia, lejos

de todo lo que conocía. Sus padres le aseguraron que ella estaría de vuelta en el hogar cuando se

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recuperara, pero las semanas pasaron, luego los meses. De repente ella se dio cuenda de que Courtney estaba siendo… olvidada.

A veces, una familia es como una mazorca de maíz: Puede que se vea perfecta por fuera, pero cuando le quitas la cascara, cada parte está podrida. Con los DiLaurentis, la niña que aparentaba ser la víctima, posiblemente era ella la atormentadora. Enviar a Courtney lejos pudo haber sido el plan maestro de Ali. Y tal vez, solo tal vez, todo lo que Courtney quería era todo lo que ella merecía, –una vida feliz.

Después de todo, esto es Rosewood, y estas son las gemelas más misteriosas de Rosewood. Y como sabes, en Rosewood, las cosas nunca son como se ven. La primera cosa que Courtney DiLaurentis oyó cuando despertó la mañana en que su vida cambió fue el tic-tac del reloj de la pared. Le estaba diciendo, de una forma no tan sutil, que el tiempo se le estaba acabando.

Ella miró alrededor del desconocido cuarto. Sus padres decidieron mudarse de Stamford, Connecticut, hace un par de años para evitar la vergüenza de tener que poner a una de sus hijas en un sanatorio mental. Ellos se reubicaron en Rosewood, Pensilvania, un sucio y rico suburbio a veinte millas de Filadelfia, donde incluso los perros llevaban collares Chanel. Debido a que no conocían a nadie cuando se mudaron, no tuvieron que contarle a nadie sobre su hija loca que estaba internada en un hospital psiquiátrico. Incluso cambiaron su apellido de Day–DiLaurentis a simplemente DiLaurentis con la esperanza de mantener alejados a los molestos vecinos de Connecticut.

La habitación de huéspedes en la que Courtney se encontraba olía a bolitas de naftalina y tenía una cama de una plaza cubierta por un viejo edredón a cuadros, una cómoda de mimbre

tan lamentable, –incluso para una habitación de un manicomio–, y una pequeña estantería llena

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de revistas de cocina y cajas marcadas con IMPUESTOS y ESTADOS DE CUENTAS. El armario estaba lleno de adornos navideños, agujas para cocer que había usado su abuela, horrendos sweaters que ella no podía imaginar a nadie usando. En pocas palabras, la habitación era un depósito para todo lo que su familia quería olvidar, –y eso incluía a Courtney.

Ella empujó y deslizó las mantas, caminó hacia el pasillo. La enorme casa victoriana, estaba diseñada de tal manera que la parte de arriba tenía una gran vista de la sala, permitiéndole a Courtney levantar la mirada y divisar la cocina. Su hermano mayor, Jasón, estaba encorvado en la mesa con un tazón de Frosted Flakes1. Su hermana gemela, Ali, estaba revoloteando alrededor de

la encimera. Su cabello rubio estaba perfectamente ondeando en su espalda, y su camiseta rosa daba un limpio y saludable brillo a su piel. Ella levantó una pila de periódicos y miró debajo de estos. Luego abrió el cajón de los cubiertos y lo cerró de golpe.

“Alison, ¿Cuál es el problema?”, –preguntó la Sra. DiLaurentis, quien llevaba puesto un vestido apretado color gris de Diane Von Furstenberg y tacones. Ella lucía como si fuera a una entrevista de trabajo, y no como si

fuera a dejar a su hija en un nuevo hospital psiquiátrico.

“No puedo encontrar mi anillo”, –dijo Ali mientras abría el cubo de la basura, para mirar dentro de él.

“¿Cuál anillo?”.

“El anillo con mi inicial, duh”, –Ali abrió otra alacena y la cerró con fuerza–. “El que uso todos los días”, –ella se dio la vuelta y enfrentó a su hermano–. “¿Tú lo tomaste?”.

1 Frosted Flakes: Cereal de desayuno creado por la compañía Kellogg’s, conocido en Latinoamérica como

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“¿Por qué lo tomaría?”, –Pregunto Jasón entre bocado y bocado.

“Bueno, no puedo encontrarlo”, –espetó Ali–. “De la misma forma en la que no pude encontrar mi pieza de la bandera”, –dijo ella, dándole a Jasón una mirada sarcástica.

Jasón se limpió la boca con una servilleta–. “Incluso si supiera donde está tu estúpida pieza de la bandera, es legal para cualquiera tomarla, aun para la gente que ayudó a esconderla. La cláusula de robo, ¿recuerdas?”

“Tal vez tú la tomaste para dársela a alguien más”, –su mirada se desvió hacia el segundo piso.

Courtney dio unos pasos hacia atrás, alejándose de la baranda. Regreso a su habitación, abrió la maleta floreada que había tenido desde tercer grado y examinó su contenido. Adentro había una camiseta casi del mismo tono rosado que estaba usando Ali, también encontró unos vaqueros oscuros con un tono índigo idénticos a los de Ali. Se los puso.

La cápsula del tiempo era una vieja tradición en Rosewood Day, –la escuela privada a la cual asistían Ali y Jasón–, y encontrar una pieza en el torneo de la bandera era una rareza, incluso para un estudiante de sexto grado. Toda la semana Ali había estado alardeando sobre la pieza de la bandera que había encontrado –aunque técnicamente Jasón le había contado dónde encontraría la pieza, lo que no era del todo justo. Ali había estado decorando su pieza de la bandera en la mesa de la cocina después de la cena hace dos noches atrás, dándole a Courtney, –quien se encontraba

mirando televisión en la sala–, miradas de superioridad. Mira lo

importante que soy decían las miradas. A ti ni siquiera te permiten salir de casa.

Pero Ali no tenía esa mirada cuando su pieza de la bandera desapareció el día anterior.

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En la privacidad de su patético y pequeño cuarto de invitados, Courtney pasaba sus dedos sobre la tela de seda y sobre los bordados dibujos color plata que había hecho su hermana, –el logo de Chanel, un diseño de Louis Vuitton y un grupo de estrellas y cometas. Courtney dibujó una pequeña fuente de los deseos llegando casi al borde de la tela, queriendo dejar una marca en algo tan codiciado por su hermana. Luego se lo devolveré, se prometió a sí misma. Pero Jasón la descubrió antes, él vio a Courtney observando la pieza de bandera en su habitación, luego entró corriendo y le dijo–, “¿De veras quieres que las cosas sean más problemáticas entre ustedes?”. –Entonces él le arrebató la pieza de las manos antes de que ella pudiera decir una palabra.

Estaba a punto de cerrar su maleta cuando algo le hizo desviar su mirada, un folleto de La Reserva de Addison-Stevens estaba en el bolsillo de su maleta. En el folleto había una foto de un ramo de lirios, –ese era el mismo tipo de flores que sus padres habían llevado al funeral de su abuela.

Ella abrió el folleto y empezó a ojearlo desde la primera página:

Asistimos a niños y adolescentes para que desarrollen habilidades de afrontamiento y puedan construir su autoestima para que puedan regresar a sus hogares y volver a la escuela.

Lágrimas empezaron a caer de sus ojos, ella había estado al cuidado de hospitales desde que tenía nueve años, –tres años enteros–, y a pesar de que se había acostumbrado a Radley, –tanto como podía acostumbrarse un ratón a una jaula–, ella había visto cosas terribles de las que no quería ser testigo nunca más. Desde que el hospital había anunciado que cerrarían sus

puertas para convertir el lugar en un lujoso hotel, ella había asumido que su familia la traería de vuelta a Rosewood para vivir con

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ellos. Cuando su padre la llevó hasta allí el viernes había dicho lo mismo, esto sería una visita de prueba que tal vez podría convertirse en algo permanente.

Pero por alguna razón las cosas habían cambiado en las pasadas veinticuatro horas. La Sra. DiLaurentis cerró con llave la puerta de la habitación de Courtney la noche anterior y le avisó que empacara sus cosas de una vez, deslizando el folleto de La Reserva en sus manos–, creemos que esto

es lo mejor para ti. –Susurró mientras le acariciaba el cabello.

Courtney ojeó las páginas del folleto, empezando por las fotos de los pacientes, tenían que se ser modelos, lucían tan felices... Había escuchado cosas terribles sobre La Reserva de otros chicos que habían estado allí. La gente la llamaba El corredor de la muerte porque muchos chicos se suicidaban una vez que entraban. Otros la llamaban La torre de Rapunzel porque los padres dejaban a sus hijos allí por años. Sin internet, sin televisión y sin llamadas telefónicas. Las enfermeras parecían extras de One Flew Over

the Cuckoo’s Nest2 y el personal médico no tenía problema en atar a los chicos

a sus camas para mantenerlos en calma. Los padres amaban el sitio, ya que el lugar lucia hermoso desde afuera, y era súper costoso. –Tenía que ser bueno,

¿verdad?

Pero ella no iría a allí, había pasado toda la noche formulando un plan de escape para averiguar cómo escapar. Ahora que todas las piezas encajaban en su lugar… exceptuando la falta de la oportunidad que necesitaba. Ella esperaba que alguna oportunidad apareciera –y rápido. Porque sus padres se la estarían llevando en cuarenta y cinco minutos.

Courtney enterró el folleto debajo de su ropa empacada y dejó su maleta en el borde de la escalera, luego bajó los escalones. Algo que llamó su atención hizo que desviara la vista a

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One Flew Over the Cuckoo’s Nest: película estadounidense de 1975 basada en la novela homónima de Ken Kesey.

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la ventana trasera. Cuatro chicas estaban paradas detrás de los arbustos, susurrando. Lucían de la edad de Courtney, y ella podía oír sus voces a través de las cortinas.

Una chica rubia vestida con una falda de hockey sobre césped y una remera blanca, tenía ubicada las manos sobre sus caderas–. “Yo llegué aquí primera, esa bandera es mía”.

“Yo llegué aquí antes que tú”, –chillo una segunda chica. Ella era un poco más rellena, tenía el cabello rizado y de un tono marrón–. “Te vi salir de tu casa hace unos pocos minutos atrás”

Una tercera chica con botas violetas de gamuza zapateo y exclamó–. “Ustedes llegaron al mismo tiempo, yo llegué antes que ustedes”.

Courtney pasó su lengua por sus dientes. ¿Acaso esas chicas estaban

aquí por la bandera de Ali? Ellas habían hecho una referencia a una chica que

venía de la casa vecina. Esa tenía que ser Spencer Hastings. La Sra. DiLaurentis había mencionado su nombre en la cena del viernes, y el Sr. DiLaurentis había puesto una cara agria al oír ese apellido. Él decía que los padres de Spencer eran muy presumidos al construir esa tercera adición en su casa, convirtiendo ese perfecto granero en un lujoso apartamento para su hija mayor. ¿Como si una habitación no fuera suficiente? –arremetió.

“¿Las ves desde allí?”, –Preguntó Courtney a Ali, quien ahora estaba parada junto a la encimera, ojeando una revista aireadamente con sus auriculares en sus oídos. Jasón ya no estaba en casa, y por lo que se

escuchaba, sus padres estaban arriba terminando de vestirse. Ali sacudió su cabeza mientras se quitaba los auriculares– “¿Huh?”.

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“Hay unas chicas afuera, una de ellas es la chica que vive en la casa de al lado”.

“¿Ella está en el patio?”, –Ali la miró molesta y camino hacia la ventana. Pero cuando se asomó frunció el ceño–. “Yo no veo a Spencer. Gracias a Dios.

“¿No eres amiga de ella?”.

Ali suspiró–, “No, ella es una perra”.

¿Y tú no? –Pensó Courtney.

Ali se volvió hacia ella, como si lo hubiera dicho en voz alta. Una desagradable sonrisa se desplegó a través de sus labios–. “Linda camiseta. Pero me está provocando un déjà vu”.

Courtney tomó una banana de la frutera–. “Me gusta el color”.

“Sí, claro”, –Ali paseó por la isla de la cocina y tomó una dona de la caja ya abierta.

“Cuidado”, –Dijo Courtney, caminando hacia ella–. “Las donas te harán más gorda”.

La jalea goteaba por la barbilla de Ali–. “La comida de los hospitales mentales, schizo3 también lo hace”.

Courtney parpadeo. Ella no era schizo, y Ali lo sabía–. “No”. “No”, –Imitó Ali, sus rasgos se volvieron horrendos.

Courtney apretó su estómago, Ali siempre usaba su voz nasal idiotizada para imitarla–. “Para”, –Insistió.

“Para”, –Imitó Ali.

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Courtney sintió como el viejo fuego se encendía en su interior, el mismo que la había metido en problemas anteriormente, aunque intentó suprimirlo con todas sus fuerzas, no pudo–. “Adivina que, tengo tu bandera de la cápsula del tiempo”.

Los ojos de Ali se abrieron–. “Lo sabía, ¡devuélvemela!”.

“Desapareció”, –dijo Courtney–. “Se la di a Jasón, y él no te la quiere devolver”.

Esa no era exactamente la verdad, pero esa si era la versión que mejor sonaba. Ali miró a Jasón, quien justo acababa de reaparecer por la puerta–, “¿Es acaso eso cierto? ¿Tú sabías que ella tenía mi pieza de la bandera?”.

Jasón miró a las gemelas, su mirada se centró en sus atuendos casi idénticos– “Bueno, si, Ali, pero…”.

La mirada de Ali se posesiono directo en el bolsillo de Jasón, la tela azul brillante se asomaba. Ella la tomó casi hasta la mitad y no le hizo falta más para que Ali abriera sus ojos de una manera impresionante al ver el pozo de los deseos que ahora estaba entre sus dibujos perfectamente bordeados, se volvió hacia Courtney–. “¿Tú dibujaste esto?”.

Jasón tomó de nuevo la pieza de la bandera y la volvió a guardar en su bolsillo–, “Ali ya déjalo”.

Ali encogió sus hombros–, “¡Siempre estás de su lado!”. “No estoy del lado de nadie”, –dijo Jasón.

“¡Si, lo estás!”, –Ali se dirigió fuertemente hacia Courtney–. “Hice bien en decirle a mamá que me amenazaste la otra noche, es por eso que ahora estás por irte a La Reserva”.

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Los ojos de Courtney se llenaron de impotencia–. “¡Yo no te hice nada!”. Ali movió su barbilla hacia abajo–. “Tal vez lo hiciste, tal vez no. De cualquier manera, no eres bienvenida en esta casa, ¡perra!”.

“Ali basta”, –gritó Jasón.

“Basta”, –repitió Ali en tono de burla. Cuando ella pasó por su lado

hacia las escaleras lo empujó. Jasón se tambaleó hacia atrás y chocó con un estante de hierro forjado. Todo se tambaleo y un plato con el horizonte de Nueva York en el estante superior empezó a sacudirse suavemente.

Jasón se arrojó hacia adelante, pero ya era demasiado tarde, el plato estaba hecho añicos en el suelo. El silencio tras el golpe era incómodo. Jasón miró a Courtney quien se encontraba inmóvil en la esquina de la habitación–, “¿Por qué tuviste que empezar los problemas con ella?”.

“No pude evitarlo”, –dijo Courtney suavemente.

“Si, si podías”, –afirmó Jasón, dejando escapar un suspiro frustrado, luego él salió por la puerta trasera.

Courtney se deshizo por dentro–, “¡Jasón, espera!”. –Gritó mientras corría hacia la ventana, él era su único aliado, ellos no podían estar enfadados. Pero cuando miró a través del cristal, Jasón había desaparecido. Sin embargo las cuatro chicas seguían susurrando atrás de los arbustos.

Ella miró por encima de su hombro hacia la cocina, los pedazos del plato de la Ciudad de Nueva York seguían tirados por todo el suelo.

Pronto su madre aparecería, vería todo el desastre, llamaría a sus dos hijas gemelas para preguntar qué había sucedido. Una hija aparecería en las escaleras. Pero ¿Qué pasaría si la otra

hija estuviera afuera hablando con las chicas de la escuela? Lo más probable es que esa no sería

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Courtney, ella incluso tenía prohibido salir de la casa.

Esta era su oportunidad, si ella salía al patio, sus padres pensarían que era Ali, y no Courtney. Esta sería la primera vez que ella fingiría ser Ali, sin

que Alison la obligara a hacerlo. Lo primero que tienes que hacer es creerte

que eres ella, si no te lo crees tú misma, nadie lo hará, –se dijo a sí misma.

Entonces ella rodo sus ojos y se transformó en su hermana, una preciosa

perra, una manipuladora abeja reina, la persona que había arruinado su vida.

Su piel hormigueaba, esto no sería nada difícil: Courtney había sido la abeja reina de un grupo de chicas populares en Radley, ella había conseguido la mejor mesa de la sala de esparcimiento, ella controlaba qué era lo que se veía en la televisión y que no, ella hizo la mejor presentación en el concurso de talentos del internado, e incluso antes de ser trasladada a Radley, los niños la amaban, de hecho más que a su hermana. La gente se sentía más cómoda con Courtney, la elegían primero para los deportes, todos querían formar grupo con ella para los proyectos de arte, ella tenía más interesados para San Valentín que cualquier otra chica de la clase.

Alison por otro lado, alejaba a la gente, ella era muy manipuladora, demasiado intensa. Gritaba a la gente cuando los adultos no la miraban, ponía mala cara cuando su regalo secreto de Santa4 no era el mejor, e incluso una

vez pateó a un gatito que una niña había llevado para la actividad de mostrar y contar. Claro, Alison era hermosa, de hecho un poco más que Courtney, pero no era la más querida. Esa era la razón por la que había trabajado

tanto en sacar a Courtney de su camino, ella quería ser la única estrella.

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Santa Secreto: Un tradicional juego en la época navideña donde, después de varias pistas de algún anónimo, recibes un regalo.

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Courtney notó los tacones azules de Ali tirados junto a la entrada de la casa y se los puso. Luego para asegurarse de que su madre viera exactamente dónde estaba, y dónde su hermana no estaba, ella accidentalmente arrojó otro plato, el cual cayó haciendo un fuerte sonido imposible de ignorar. Courtney empujó la puerta y salió al jardín, miró a las chicas, quienes estaban discutiendo en voz baja. Ellas se quedaron en silencio y la miraron. Por la intimidada expresión de sus caras, Courtney supo que habían caído. Era obvio, ellas creyeron que ella era Ali.

“Pueden salir de ahí”, –dijo Courtney con la voz más confiada que pudo sacar. Pero las chicas no se movieron–. “En serio, sé que hay alguien ahí”, – dijo–. “Si han venido por mi bandera, ya no está, alguien me la robó”.

Spencer fue la primera en salir de los arbustos, las otras la siguieron. Y de repente… solo pasó. Ellas asumieron que era Ali y le hicieron sus preguntas. Las respuestas salían tan fácilmente de la boca de Courtney como si fueran el rol perfecto para ella.

Cuando la Sra. DiLaurentis apareció, miró cautelosamente a las chicas, definitivamente esas no eran las amigas de Alison, pero cuando miró a su hija no sospechó nada. Solo asumió que Courtney era Alison. Y para cuando volvió a cerrar la puerta en menos de diez minutos, su familia ya estaba en el coche, conduciendo lejos de allí. Y así como así. Así de simple ellos se fueron.

Courtney estaba tan entusiasmada, tan nerviosa y asustada que apenas podía seguir manteniendo su acto de indiferencia con las chicas en el patio. Sentía que estaba a punto de explotar, se sentía con ganas de darle un

abrazo a cada árbol en el jardín.

Pero cuando volvió a entrar a la casa, se sintió como si hubiera corrido toda la distancia de ida y

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sentía ligera, sus extremidades se sentían pesadas. Miraba alrededor de la cocina, los pedazos del plato aún seguían en el suelo, un florero, también, se había roto. La casa en silencio parecía relucir los sonidos y las voces fantasmales de lo que había ocurrido: violentos y desesperados gritos rondaban en el aire, una dura pelea por hacer entrar a alguien al auto, alguien que se estaba quejando diciendo que se estaban llevando a la hermana equivocada.

Ella caminó entre la silenciosa sala, solo los tacones de su hermana hicieron ruido al chocar con el piso. El plan había funcionado. Pero de repente el pánico la atacó. Ahora ella tenía que seguir actuando. Esto no era algo que solo pudiera durar unos pocos días o unas cuantas semanas antes de que la gente se diera cuenta de que la gemela errónea estaba encerrada, tenía que encontrar la forma de quedarse en casa por siempre.

Courtney corrió por las escaleras hacia la habitación de su hermana, subiendo los escalones de dos en dos. Sus ojos escanearon la colcha blanca y negra de Ali, los recortes de las revistas y las fotos de sus amigas en las paredes, el abultado armario lleno de ropa. Se dirigió a la cama y deslizó su mano por debajo del colchón, el diario de Alison estaba justo en el medio, justo donde lo había estado ayer. Se sentó, lo abrió donde lo había dejado y continuó leyendo, pero cuando estuvo a punto de terminarlo, un horrible sentimiento en su estómago se intensificó.

El diario estaba lleno de cosas sobre Naomi Zeigler y Riley Wolfe, y hacía referencias borrosas sobre secretos y chistes internos que de

ninguna manera Courtney podía interpretar. No había manera de que ella pudiera ser amiga de Naomi y Riley, tenía que abandonarlas y formar un nuevo grupo. Pero ¿Quién?

Las cuatro chicas del patio vinieron a su mente. Spencer, Aria, Emily y la última chica, la

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regordeta. Ella se volvió hacia el anuario de quinto año de Ali y comenzó a

pasar las páginas. Hanna, ese era su nombre, ellas no habían firmado su anuario, ninguna conocía bien a Ali. Perfecto.

Slam

Courtney levanto su cabeza y regresó el diario a su lugar. Sólo había pasado una hora, ¿Ya habían vuelto? ¿Ya se habían dado cuenta? Ella miró por la ventana delantera, había un auto negro doblando en la esquina, ella no pudo ver al conductor. Los pasos sonaron en la cocina y continuaron por la escalera. Ella se quedó de pie, casi inmóvil. Una figura apareció por la puerta y ella estuvo a punto de gritar.

Jasón la miró con los ojos achicados–, “¿Ya se la llevaron?” Courtney asintió, aun sin atreverse a respirar.

La boca de Jasón se frunció–, “Bueno, supongo que estarás feliz ahora, ¿eh Ali?”. –Él negó con su cabeza y continuó caminando hacia su habitación. Y cerró la puerta de un golpe haciendo retumbar las paredes. Unos segundos después los compases de una canción de Elliott Smith comenzaron a sonar.

Courtney pasó sus manos a través de su cara, él la había llamado Ali. Ella camino hasta el espejo, la chica en el vidrio vestía una remera rosa oscura y tacones. Tenía el cabello brillante, una cara con forma de corazón y una gran sonrisa. Después de un momento ella movió su cabeza y sacudió su cabello por sobre sus hombros, justo como Ali lo hacía y entonces suspiró, lo había logrado. La euforia la atravesó como una ola. Ella mandaría en la

escuela, se volvería fabulosa, sería la mejor Alison DiLaurentis posible. Ella se lo merecía, claro que sí, ¿Y su hermana? Ella se imaginó la cara de Ali cuando sus padres la metieron

dentro del auto, la vida que tendría que llevar en La Reserva. Pero lo que estaba hecho, ya estaba

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hecho. Y era justo.

Se puso de pie derecha admirando a la chica del espejo. De repente recordó algo, corrió hacia el cuarto de invitados, abrió el cajón del feo armario y sacó el anillo plateado que le había robado la noche anterior a Ali cuando se lo sacó para lavar los platos. Lo sacó y lo acercó a la lámpara, una gran A estaba grabada en uno de los lados. Sonriéndose a sí misma, deslizó el anillo en el dedo índice de su mano derecha, el mismo dedo donde lo usaba su hermana.

Entonces miró al espejo otra vez–. “Soy Ali”, –le dijo al reflejo–. “Y soy fabulosa”.

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CAPITULO 1

LA PRINCESA DE ROSEWOOD DAY

Traducido por: Guadalupe Corregido por: Daniela, Raúl S.

Alison DiLaurentis se dirigió por el pasillo en la Escuela Pre-Secundaria de Rosewood Day, sus tacones chasqueaban, su cabello rubio se balanceaba, y su falda de cuadros rebotaba en sus muslos. El profesor que daba

CIENCIAS DE LA TIERRA saco la cabeza fuera de su aula y

levantó sus cejas. Las luces del techo, que hacían ver a todo el mundo pálido y enfermo, resaltaban la piel dorada de Ali y la sombra verde de sus ojos, sus pasos parecían marcar el ritmo de la música clásica entre clases. Y mientras ella bordeaba la esquina para ir directo a la cafetería, la multitud se abría para darle paso, como una reina. Bueno después de todo ella era una especie de reina

Era primavera, casi el final del séptimo grado, Ali y sus amigas comían en la mejor mesa de afuera, una larga y cuadrada mesa sostenida por cuatro patas que tenía una maravillosa vista hacia el campo de beisbol. Emily Fields, Aria Montgomery, Spencer Hastings y Hanna Marín ya estaban sentadas sacando sus almuerzos, rollos de

sushi del mostrador de Fresh Fields, y pretzels suaves de la cafetería. Ali las saludo desde la entrada. Spencer se iluminó, Hanna saco una caja extra de rollos de sushi fuera de su bolso y

la puso en el lugar de Ali, Emily le dio a Ali una pequeña pero muy emocionada sonrisa mientras

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sacaba unas hojas del asiento de Ali, Aria dejo de tejer y le dio a Ali una enorme sonrisa.

Mientras Ali caminaba a través del patio, los ojos de todos estaban sobre ella una vez más. Ella podía oír los susurros de sus admiradores y los apreciativos silbidos. Devon Arliss, quien estaba en la clase de historia con Ali, corrió hacia ella y le dio la tarea de esa tarde, la cual ella ni siquiera le había pedido que se la hiciera. Heather Rausch, cuya hermana trabajaba en la tienda Sephora del Centro Comercial, le dio una gran bolsa de regalos llena de muestras de la línea de maquillaje más reciente–. “Tú eres la única chica además de los empleados que los tiene”, –dijo Heather orgullosamente.

“Gracias”, –le dijo Ali a Devon y Heather mientras les daba una sonrisa. Ella se sentía como una estrella VIP. Ella era tan preciada y tan deseada que tenías que estar en una lista de espera solo para acercarte a ella.

Ser la Abeja Reina de una escuela era, asombroso. Ella imponía las tendencias (ella había hecho que todos en Rosewood Day usara esmalte de uñas color verde lima esa primavera); Ella arruinaba a las personas (ella fue la que planeo esa nota de amor falsa sobre Kirsten Cullen y Lucas Beattie, esa broma fue la venganza perfecta para Kirsten por que había criticado sus habilidades en el campo de hockey); Ella planeaba las mejore fiestas (la fiesta de la temporada primavera–verano era la más dura); Y ella eclipsaba a las demás chicas (incluida sus mejores amigas).

Camino hacia la mesa donde estaban ellas–, “¡Hey perras!” Sus amigas sonrieron brillantemente–, “Hey, perra”, –Todas dijeron al unísono, aunque Emily lucia avergonzada. Incluso los profesores apenas se estremecían al oír la palabra perra

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en los pasillos, pero Emily había sido criada prácticamente como Amish y ella todavía era tímida para hablar mal.

Ali saco le vieja cámara Polaroid que su padre le había dado y saco una foto de todas ellas, las chicas sonrieron felizmente. Aunque Aria era la fotógrafa/videógrafa oficial del grupo, la polaroid era asunto de Ali, –ella nunca salía a ningún lado sin ella. Al principio, ella solo la llevaba encima para no olvidar ciertos detalles de su nueva vida en caso de ser atrapada y enviada a La Reserva. Ella quería pruebas de todos los chicos lindos de quienes era amiga y del lugar soleado en el patio donde ella y sus amigas se sentaban para almorzar cada día. Ahora tomar fotos regularmente se había convertido en un hábito.

“Así que ¿Qué hay de nuevo, chicas?”, –Preguntó Ali mientras levantaba la tapa del sushi. Hanna había tomado el favorito de Ali, –rollitos picantes de atún con wasabi extra.

“Vi a Lara Fiori después del gimnasio”, –Dijo Aria–. “Ella estaba usando las mismas sandalias Marc Jacobs que tenías la semana pasada, es una copiona total”.

Ali suspiro–. “No es”, –Dijo ella refiriéndose al juego que había reutilizado de su hermano, Jasón. Era la frase que ella y sus amigas utilizaban cuando hacían referencia de alguien no popular o no cool.

“Concuerdo”, –Spencer tomo algo de su bolso y se lo dio a Ali–. “Kirsten Cullen me dio una invitación para su fiesta en el club de campo este fin

de semana. ¿Debería decir que si vamos?”.

Ali estudio la invitación, la cual era una cartulina color crema–, “Luce perfecto, Spencer. Definitivamente

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Spencer lucia satisfecha–, “Tendremos que comprar vestidos ¿huh?” “Ooh, Bloomie tiene un nuevo envío de DVF”, –Dijo Hanna con entusiasmo–. “Los llamé obsesivamente toda la mañana e hice que la vendedora ponga algunos vestidos en espera para nosotras”.

“Lindo”, –dijo Ali, levantando su botella de VitaminWater hacia Hanna en señal de brindis.

Emily se inclinó hacia delante–, “¿Has oído hablar de Matt hoy?”.

Ali miro sus uñas–. “Solo… un millón de veces”, –Matt Reynolds había sido el novio de Ali, pero él se mudó a Virginia la semana pasada. Él quería hacer las cosas a lagar distancia, pero ella no quería. Aunque él era el chico más guapo de todo el séptimo grado, ella nunca había sentido algo real por él. Pero como la chica más linda en séptimo grado, era muy correcto que los dos salieran–. “Pero ya lo supere”, –continuo Ali–. “Adema prefiero pasar tiempo con ustedes cualquier día”.

Sus amigas de un año y medio se sonrojaron tan agradecidamente como cuando Ali las había elegido como su nuevo grupo de amigas. Y por supuesto Ali tenía mucho que agradecerles también. Si ellas no hubiesen estado en el patio de su familia ese día, justo en el momento más crítico, las cosas hubieran sido muy diferentes. Todos en Rosewood habían aceptado rápidamente el nuevo grupo de Ali y la popularidad de las chicas había ascendido como un cohete. Era una victoria para todos.

Ellas tenían un montón de recuerdos divertidos. Como cuando fueron a la casa de la montaña de su familia en Poconos. O como cuando asistieron a todas las fiestas que habían sido invitadas, todas conversaban mientras las otras chicas trataban de

impresionarlas. O esa vez del año pasado cuando ellas se habían bañado desnudas en el lago El

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Piquito. Las docenas de pijamadas que habían tenido, las millones de horas que había conversado por teléfono, viajes de compras y días de Spa. Ali definitivamente había re-hecho a esas chicas. Habían pasado de ser nada a ser algo, todo porque ella era Alison DiLaurentis.

Claro lo que todos no sabían era que ella no era Alison DiLaurentis. Pero a Ali ya no le gustaba pensar en su pasado. Era algo que ella había aprendido en terapia de grupo hace un millón de años atrás. Si tú tienes

pensamientos positivos, estos te llevaran a tener una vida positiva. Su vieja

vida como Courtney estaba lejos.

Ella miró a Aria, quien había retomado recién sus agujas de tejer y un ovillo de lana rosa–. “¿Estás haciendo otro sujetador?”.

Aria asintió y levanto la mitad de su sujetador copa C–, “¿Te gusta?”. Ali toco la lana suave–. “Realmente podrías vender estos en Saks”, – Entonces ella miro a Spencer, que estaba escribiendo algo en su calendario planificador de días–, “Dios, Spencer tú tienes la mejor letra manuscrita”.

Spencer se iluminó– “Gracias”.

Ali le dijo a Hanna que sus nuevas gafas de sol que había comprado en H&M eran increíblemente chic, luego tiro de la cola de caballo de Emily y le dijo que la remera con cuello de barco que estaba usando le remarcaba sus hombros trabajados. Elogiar a las chicas se sentía bien, –no solo porque ellas la elogiaban aún más, sino porque las acercaba. No había nada más poderoso en el mundo que un grupo de amigas que eran honestamente mejores

amigas–, y no solo ene-amigas. Eso era algo con lo que Ali siempre había soñado toda su vida.

Aun así, Ali no podía resistirse a afirmar que ella era ligeramente mejor que las demás. Ella saco

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carcajada–, “Cassie me envió un mensaje súper gracioso hace un rato”. –Dijo Ali, refiriéndose a Cassie Buckley, una chica del equipo JV de hockey sobre césped, como Ali–, “Ella es muy divertida”.

“¿Sigues pasando tiempo con ella?”, –Emily se escuchaba herida–. “La temporada del Hockey sobre hierba acabo hace un mes”.

“Nos volvimos muy cercanas”, –Dijo Ali despreocupadamente–. “De hecho esta tarde saldré con Cassie y otras chicas del equipo”.

Hubo un silencio incómodo. Ali miro a sus amigas, satisfecha por sus preocupadas expresiones. Ella sabía perfectamente que ellas querían ser invitadas, pero la idea era excluirlas. Ella no hacia esto exactamente por maldad. Más bien esto le recordaba lo que hacían los labradores de Spencer – Rufus y Beatrice– en el patio de los Hastings: Ellos jugaban por un rato, pero luego Rufus subía por la espalda de Beatrice y la tiraba al suelo solo para recordarle quien era el alfa.

“Hey”, –Dijo Spencer después de un momento–. “Necesitamos saber qué haremos en la pijamada por el fin del séptimo grado. Si es que no tienes planes para esa noche, Ali”, –Su tono era suave, pero le dio a Ali una mirada cautelosa.

“¡Por Favor di que no tienes planes para ese día!”, –Dijo Emily nerviosamente.

“No me perdería nuestra pijamada por nada”, –Ali miró a Spencer–. “¿Qué tal si la hacemos en tu granero?”, –La familia Hastings tenía un

viejo granero en su patio al que habían remodelado en un asombroso para la hermana mayor de Spencer, Melissa. Su techo era alto, tenía un enorme closet y un baño de mármol

complementado con una tina de baño. Esto era lo último en un departamento de soltera.

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Spencer torció su boca–, “No, allí no, a menos que queramos a Melissa jugando verdad o castigo con nosotras”.

Ali rodo sus ojos–, “¡Sácala de allí esa noche! Eso sería perfecto ¿no te parece? Podríamos ubicar nuestras bolsas de dormir en esa habitación enorme, mirar películas en la TV de pantalla plana e incluso quizás podamos invitar algunos chicos…”, –Sus ojos chispearon.

“¿A Sean Ackard?”, –preguntó Hanna emocionada. “¿Noel Kahn?”, –aventuro Aria con una sonrisa.

Spencer se miró sus uñas–, “¿Y si lo hacemos en tu patio, Ali?”.

Ali hizo una mueca–, “¿Ya olvidaste el gazebo que estamos construyendo? Mi patio es un área desastrosa”, –Entonces ella puso su cabeza en el hombro de Spencer–. “¡Por favor, pregúntale a Melissa! Seré tu mejor amiga”.

Spencer suspiro, pero Ali sabía que lo estaba considerando. Ese era el poder que tenía sobre ellas. Ellas harían cualquier cosa por ella, incluso cosas que no querían hacer.

Tal como ella misma había hecho por su hermana, hace años.

El timbre sonó y todo el mundo se levantó–, “¿Nos llamamos luego?”. – Hanna le preguntó a Ali y Ali asintió. Usualmente las chicas hacían llamadas de 5 líneas al final del día para contarse todos los chismes.

Ali caminaba con la frente en alto mientras iba directo al gimnasio, su próxima clase. Las miradas celosas de sus compañeras de clase eran como el tibio sol de verano en su piel. Pero de repente, algo en el pasillo le llamo la atención. Había un

nuevo muestrario en una vitrina que decía: CLUB DE DRAMA DE ROSEWOOD DAY: UNA

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MIRADA HACIA ATRÁS. En el centro de una de las cartulinas estaba la foto del club de teatro de este año, después de la presentación de su obra “El

violinista en el tejado”, –allí estaba Spencer, –quien había desempeñado un

papel de apoyo– justo al frente. Abanicándose en un patrón de rayos de sol entorno a la foto central estaban las fotos de las obras anteriores. Ali vio a una Spencer más joven haciendo de un árbol en: “El sueño de una noche de

verano”. Había una foto de Mona Vanderwaal, su cabello peinado en una cola

de caballo y su boca con grandes aparatos de ortodoncia, haciendo de banquera en: “Annie Get Your Gun”. Había una joven Jenna Cavanaugh, cantando un solo, sus naturales labios eran rosados y sus ojos eran grandes y castaños, parecían estar viéndolo todo.

Y justo al lado de esa foto, dándole sus líneas a un Noel Kahn más joven que usaba un parche en su ojo, estaba su propia cara. Excepto que esa foto fue tomada antes del sexto grado. Antes de que Courtney se convirtiera en Ali y Ali se convirtiera en Courtney. Si uno se concentraba bien, las diferencias entre las dos chicas eran obvias. Los ojos de su hermana eran un poco más grandes y un poco más azules. Ella era más erguida y sus orejas no sobresalían tanto. Pero ni una sola persona había notado esas diferencias, – las personas raramente le prestaban atención a ese tipo de detalles.

Ali pensó en La Reserva Addison-Stevens. Ella la había visitado un par de veces y era incluso peor que los rumores. La sala de pacientes tenía peladas paredes azules, oscuros corredores y rejas en las ventanas. Los chicos andaban por los pasillos con desanimo, algunos de ellos murmurando, otros gritando y la mayoría temblando. Su hermana era una de ellos ahora.

Ella había venido insistiendo con que era la Verdadera Alison DiLaurentis por más de un año, haciéndose ver cada vez más loca a ella misma. Esa era una hermosa contradicción:

cuanto más la Verdadera Ali insistía en que ella había sido injustamente encarcelada en La

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Reserva, más razones le daba al personal para mantenerla allí. Le daban tanta medicina que la mayor parte del tiempo estaba embobada.

Ali miró por encima de su hombro, sintiendo de repente la nauseabunda sensación de que alguien la estaba observando. Esa sensación la golpeaba de vez en cuando, aunque ella siempre atribuía esa sensación al estar estresada por graduarse.

Ali miró la foto otra vez. De alguna manera se sentía peligrosa. Ali no podía dejar jamás nunca que alguien descubriera su secreto; ella no iba a ir a La Reserva mientras viviese. Así que ella abrió el pestillo de la vitrina, metió su mano dentro, tomó la foto de la linda Alison de quinto grado y la metió en su bolso. Ella la quemaría más tarde cuando llegase a casa esa noche.

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CAPITULO 2

ENTRA HUMO EN MIS OJOS

Traducido por: Guadalupe Corregido por: Daniela, Raúl S.

Ese mismo día en la tarde, Ali estaba sentada en el Jeep de Cassie Buckley, estacionado en la entrada de la casa de Cassie. Cassie recientemente había obtenido su licencia de conducir y amaba llevar a las chicas a sus respectivas casas. Ellas estaban frente a la casa victoriana desvencijada de Cassie donde ellas y algunas otras chicas del equipo de hockey de césped iban a pasar el rato después de la escuela. El lugar tenía un pórtico que rodeaba la casa, ventanales y una ventana con forma de pollo en la azotea. A la derecha estaba el largo y estrecho patio lateral de Cassie, en el cual había un jardín que necesitaba desyerbarse, un muro de piedra que los separaba de los vecinos y una vieja bañera con patas que no estaba fuera de lugar aquí en el funky Old Hollis. Ali en realidad prefería la onda desarreglada pero chic de Hollis a la perfección de Rosewood, pero ya que esa no parecía ser una opinión de Alison DiLaurentis, ella nunca se lo diría a nadie.

Después de que terminada de ajustar los espejos, Cassie giro su llave que estaba ubicada en la ignición– “Espero que podamos ver, algunos bellos estudiantes de último grado en el camino”.

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“¿Cómo cuáles?”, –Preguntó Zoe Schwartz desde el asiento trasero. “No sé”, –dijo Cassie–. “Alguien lindo”.

“Te voy a encontrar a alguien”, –Zoe hojeo las páginas de la última edición de La Mula, el anuario de Rosewood que acaba de salir ese mismo día. Nada sabía por qué se llamaba La Mula, tal vez era una apócrifa broma de escuela privada sobre la cual el personal del anuario sentía superstición al bromear

“Ian Thomas es bastante lindo”, –Decidió Zoe, deteniéndose en la foto de último año de Ian. Su sonrisa era amplia, tenía ojos súper azules y si en realidad él se veía lindo con su gorro de graduación.

“No es tan lindo como el hermano de Ali”, –Casi agarró el Marlboro Light que se estaban pasando de mano en mano dentro del auto y le dio una calada.

“¡Ew!”, –dijo Ali

“¿Qué? Es lindo”, –Cassie le dio un codazo–. ¿Me puedes conseguir una cita con él?

“Tú en serio no querrás una cita con él” –dijo Ali– “Él es un amargado” –luego ella se acomodó en su asiento de copiloto, agarro el cigarrillo de la mano de Zoe y aspiro haciendo todo lo posible por no hacer una mueca cuando el humo alcanzara sus pulmones. Las otras chicas eran estudiantes de segundo o tercer grado. Ella era la primera estudiante de séptimo grado

en llegar a entrar al equipo, incluso ella había superado a yo-he-jugado-hockey-de-césped-desde-que-nací Spencer. Pero cuando Ali se sentaba en el Jeep de Cassie con ellas, fumando y hablando de chicos todas parecían tener la misma edad.

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“Ian es realmente lindo” –dijo Ali– “Estoy cerca de él todo el tiempo” “¿En serio?” –Las chicas la miraron– “¿Cuándo?”

Ali amaba tener su atención– “Sale con la hermana de Spencer Hastings. Él siempre está allí”

Cassie arrugo la nariz– “¿Melissa Hastings? Que desperdicio”

“Ella es una puritana” –coincidió Zoe– “¿Qué es lo que ve él en ella?” Ali miro sus uñas. Irónicamente, se hermano también se había enamorado de Melissa Hastings en Rosewood, Melissa era una de las pocas que no se inclinaban ante ella. A veces, cuando ella estaba en su patio, Melissa estaba asomada en la ventana del granero ubicado al borde de la propiedad de los Hastings y se la quedaba mirando.

Casi soplo un anillo de humo– “¿Chicas, cuáles serán nuestros planes para este verano? La escuela termina en un mes”

Brianna Huston –que tenía el cabello brillante y gruesas piernas de portera– bajo sus gafas de sol– “Perder diez libras. Y conseguir un novio por supuesto”

“Un romance de verano seria increíble” –suspiró Zoe. “Yo también quiero un novio” –Declaro Ali.

Cassie le dirigió una mirada inquisitiva mientras frenaba en una señal de pare– “¿Acaso no tienes un novio ya?”

Ali recordó la cara llorosa de Matt cuando subió a la minivan de su familia con rumbo a Virginia. Ella solo le había respondido dos veces a sus mensajes seriamente amorosos– “No me

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Ellas pasaron frente a la universidad de Hollis. Los estudiantes estaban sentados en los bancos con tazas de café helado o hablando cerca de los escalones de piedras. Cuando Ali vio a tres chicos sin camisa jugando con un frisbbe en el césped, ella se inclinó y toco la bocina. Los chicos las miraron y sonrieron. Ali les lanzo un beso mientras Cassie se alejaba.

“Quizá uno como ellos” –bromeo Ali.

Cassie se quedó boquiabierta al mirar a Ali– “Deberías ser mi nuevo mejor amiga” –Dijo Cassie– “Voy hacer a un lado a estas perras y te hare mi Co-Abeja Reina”

¡Hey! –Dijo Zoe con buen humor.

Estoy bromeando –Dijo Cassie, entonces le dio un guiño a Ali.

Salieron de Hollis y entraron por las calles de Rosewood, donde las casas se hacían más grandes y más dispersas. Cassie puso Jay–Z y todas las chicas cantaron juntas. Pasaron el monolítico y blanco Mall King James, había un cartel avisando del nuevo bistró francés Rive Gauche, en la marquesina de la entrada. Luego giraron por uno de los caminos laterales que pasaba por el sendero Marwyn, cuyo estacionamiento estaba lleno de coches y bicicletas. A continuación, cruzaron el viejo puente cubierto que todo el mundo amaba etiquetar con grafitis y luego pasaron por el vecindario de enormes mansiones aisladas. Sean Ackard –el flechazo de Hanna– vivía allí.

Cassie entro en un barrio lleno de McMansiones para dejar a Zoe, luego se detuvieron en la cercada granja de caballos de Brianna. Cuando Ali y

Cassie estuvieron solas en el coche, Cassie encendió otro cigarrillo le dio una calada y se lo paso a Ali– “Entonces ¿adivina? Mi madre va a estar en la casa el tiempo suficiente como para ir a

la entrega de trofeos, la próxima semana. Creo que se siente culpable o algo así.

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“Eso es genial” –Dijo Ali apretando la mano de Cassie– “Ahora solo tenemos que conseguir que mi madre venga a mi graduación”

Cassie la miro con compasión– ¿Aun está de viaje?

“Si” –Dijo Ali con fuerza– “La Sra. Socialización Jessica DiLaurentis” – Ali giro sus ojos– “Ni siquiera mi padre va a eventos como ese”

Cuando Ali les había dicho a sus amigas que ella con las chicas de hockey hablaban de cosas profundas no estaba mintiendo del todo. Ellas hablaban mucho de sus respectivos padres. Los de Cassie eran del set jet – nunca había tiempo para ella– Cuando estaba con otras chicas ella lo hacía sonar como algo bueno –su casa vacía era perfecta para las fiestas, ellas podía llevar lo que quisiera a la Escuela y sus padres ni siquiera habían notado la abolladura que le había hecho a la parte delantera del guarda fango del jeep– pero a Ali ellas le decía la verdad porque los padres de Ali también estaban en su propio planeta –su madre había asistido a tres eventos de caridad seguidos este mes y todos por una causa celebre, niños con enfermedades, pero rara vez pasaba tiempo con Ali y Jason

Ellas entraron a la calle donde vivía Ali. Las casas familiares que Ali había visto todos los días durante un año y medio ahora estaban brillando gracias al sol de la tarde. Mona Vanderwaal estaba dando vueltas alrededor de su garaje para cinco coches en su patineta Razor. Sus amigas Phi Templeton y Chassey Bledsoe estaban sentadas bajo un sauce en su jardín, jugando con un yo–yo. Las tres miraron con la boca abierta al ver pasar a Ali con Cassie.

Perdedoras.

La vivienda Cavanaugh –una casa colonial vagabunda que tenía un gran patio trasero– era la siguiente. Ali miro el

gran roble donde todavía colgaban los restos de la escalera de madera que en algún momento

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había llevado a la casa del árbol de Toby Cavanaugh. De repente, ella se dio cuenta de una cara que se asomaba por la ventana principal. Era Jenna Cavanaugh mirando hacia afuera. Jenna tenía grandes gafas de sol sobre sus ojos. Ali sintió un tirón sobre su pecho. Ella levanto su brazo y asomo dos dedos por la ventanilla del coche –haciendo la vieja señal secreta de Jenna y ella– Claro, no era como si Jenna pudiera verlo.

Cassie se detuvo en la calzada de Ali, estacionándose detrás de un camión de construcción lleno de escaleras y palas. Junto a ellas había un maltratado coche deportivo negro, varias cajas de Burger King, envoltorios vacíos y libros escolares llenaban el interior– “¿Qué están haciendo en tu patio trasero?” –Pregunto Cassie.

Ali suspiro dramáticamente– “Mis padres están construyendo un mirador. Habrá asientos para cientos de personas en todas sus fiestas. Aquellos repugnantes trabajadores se presentaron ayer para consultar con mis padres, que debían hacer”

Cassie medio levanto su trasero del asiento y miro algo en el interior del patio trasero– “En mi opinión no se ven tan repugnantes como tú dices”

Ali siguió su mirada. Un trio de chicos con camisas mojadas de sudor y pantalones jeans rasgados caminaban dentro de su patio, frente a la casa del árbol donde ella y Emily pasaban muchas horas hablando. Uno de esos trabajadores tenía tatuajes y llevaba una pala en el hombro. Otro tenía tierra por toda la cara y estaba hablando por teléfono. Pero el tercer tipo –que era más joven– estaba mirando directo a Ali con sus penetrantes ojos color

verde y una sonrisa pícara en su rostro.

“Oh, Dios mío, estoy enamorada” –susurro Cassie “¿De Darren Wilden?” –Ali hizo una mueca

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Cassie la miro boquiabierta– “¿Lo conoces? Yo solo lo he visto en los pasillos”

“Es amigo de mi hermano Jason” –A Ali se le escapo un ruido en la parte posterior de su garganta– “Su idea de diversión es rayar la pared que esta fuera de la cancha de tenis”

“Los chicos malos son tan calientes” –Cassie saco un tubo de brillo de labios transparente y lentamente se lo puso en sus labios

“Es todo tuyo” –Murmuro Ali

Ellas se quedaron en silencio mientras Darren se acercaba sin quitarle la mirada a Ali. Finalmente él se aclaró la garganta– “Ali, no deberías estar fumando” –la reprendió él con severidad.

Ali bajo la mirada. El Marlboro Light que casi había encendido aún estaba en su mano, –ceniza blanca flotaba en el aire–. La ira estallo en su interior. Darren solo era un accesorio de su casa que tenía el mismo humor que Jason e igual de irritante. ¿Quién se creía él que era? ¿Su padre? ¡Como si él tuviera poder sobre ella!

Ali tomó otra calda del cigarrillo y lo arrojó por la ventana. Ella salió lentamente del coche, mirándolo a los ojos. Ella caminó hasta él, sin decirle una palabra, hasta que estuvo a su lado. Entonces ella se levantó la falda, y le dio un pequeño vistazo de su pierna.

Los ojos de Darren fueron directo a allí y se abrieron, –no de horror, ni de repugnancia, sino con lo que definitivamente era, –de lujuria inapropiada. Sonriendo Ali le dijo adiós a Cassie, luego se volvió, y caminó hasta su casa, sabiendo que tanto él como Cassie todavía la estaban mirando.

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CAPITULO 3

LA FIESTA CLANDESTINA

Traducido por: Luciana Lermi Corregido por: Daniela, Raúl S.

“Una fondue suiza con cuatro pinchos”, –Dijo una camarera mientras ponía un caldero burbujeante de queso fundido en el centro de la mesa–, “¡Disfruten!”.

La madre de Ali, –una mujer alta y elegante, con cabello largo y rubio, con un rostro en forma de corazón y con una frente llena de botox permanente–, coloco una servilleta en su regazo y cogió delicadamente un pincho. Su padre hizo un sonido mmm y se relamió sus labios, –los cuales Ali siempre había pensado eran un poco gruesos y como de goma–. Una larga tira de queso se estiro torpemente del pincho a su boca. Probablemente esa era la razón por la que su madre nunca lo llevaba a sus cenas de caridad.

Ali arrugo la nariz con disgusto–, “¿Qué es esto? Parece velveeta5”.

“Es fondue”, –La Sra. DiLaurentis empujo un pincho hacia ella–, “Te va a gustar”.

“Probablemente a mí también me encantaría un helado no descremado, pero no me ves comiendo eso”.

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Su madre tomo un sorbo de su copa de vino blanco–, “Es francés, cariño. Por lo tanto, no tiene calorías”. –Ella torció la boca como si fuera una broma divertida.

Ali cruzo sus manos sobre su plato vacío y miró alrededor del restaurante. Era un jueves por la noche y ella estaba con su familia en el Rive Gauche –el nuevo restaurante francés que se había abierto en la sección de lujo del Mall King James. El lugar estaba decorado con costosos espejos, anuncios de alcohol al estilo retro y señales de las calles de París. Un grupo de mujeres bien vestidas de Main Line compartían mejillones y papas fritas en casi todas las mesas. Un grupo de universitarios, –que parecían recién salidos de las páginas de J. Crew–, tomaban en soperas una sopa de cebolla francesa en la esquina.

Ali consideró tomar una Polaroid del nuevo genial restaurante, pero luego decidió no hacerlo, –este lugar era impresionante, pero ella preferiría tomar una foto de ella con sus amigas–. Ni siquiera podía creer que su familia saliera a cenar; ellos no lo habían hecho en algún tiempo. Aun así, sus padres se sentaron tan lejos como les fue posible de la cabina, como si ellos fueran dos niños de secundaria incómodos en un baile. La Sra. DiLaurentis estaba pegada a su teléfono celular como si se estuviera mensajeando con el Presidente, y el Sr. DiLaurentis se la pasaba mirando a escondidas un fajo de documentos legales que tenía en su bolso.

"Jason, tu si vas a probar un poco, ¿cierto?", –La Sra. DiLaurentis coloco su teléfono a lado de su plato y acerco un pincho en dirección

del hermano de Ali.

El pelo rubio y lacio de Jason cayó sobre sus ojos mientras negaba con su cabeza–, "No tengo hambre".

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"¿No te sientes bien?", –La Sra. DiLaurentis extendió su mano para sentir la piel de Jason.

Jason se apartó–. "Estoy bien"

Ali soltó un bufido–. "Parece que alguien está en uno de sus estados de ánimo Elliott Smith", –dijo, refiriéndose a la mal humorada y triste música que siempre escuchaba cuando estaba deprimido.

Jason miró a Ali durante una fracción de segundo, luego resopló y se volvió. Ali se preguntó si él estaba enojado porque había oído que ella había estado fumando con Cassie, o tal vez que había estado coqueteado con Darren. Pero ¿por qué se preocupaba por cualquiera de esas cosas? La mayor parte del tiempo, Jason fingía que Alí ni siquiera existía.

Y eso era algo que realmente le dolía. Ali estaba agradecida de que sus padres no estuvieran adivinando quién era, –Ellos estaban demasiado envuelto en sus propias vidas como para prestarle atención. Siempre y cuando actuara lo suficientemente Ali, no cuestionaban nada. Pero ella había pensado que Jason podría notar algo. ¿Acaso, no se suponía que era él quién la conocía mejor que nadie? Después de todo, él la había visitado prácticamente cada fin de semana en Radley, jugando a escupir con ella en la sala de esparcimiento el cuarto día, hablándole de las chicas que a él le gustaban, –una de las cuales había sido Melissa Hastings, con quien había entablado una la amistad–. "Así es como harás para conseguir que le gustes a ella". –Le había indicado Ali, dándole consejos que ella había sacado de la revista Cosmo.

Pero cuando ella tomo la vida de su hermana, descubrió que Melissa estaba saliendo con Ian Thomas y que Jason estaba soltero. Ella había querido preguntarle a Jason si estaba

bien, pero eso parecía estar fuera de su personaje, –Alison pensaba que Jason era

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molesto e intolerable. Si ella quería actuar su papel correctamente, tenía que fingir que también pensaba eso. Si ella le contaba a una sola persona la verdad, su secreto estaría un paso más cerca de ser revelado.

La camarera dejó las bebidas de todos. Al otro lado de la mesa, el Sr. y la Sra. DiLaurentis se susurraban.

"¿Ahora?", –La madre de Ali se veía alarmada–. "Deberíamos esperar" "No puedo esperar", –dijo firmemente el Sr. DiLaurentis.

"Sí, puedes".

"¿Qué se puede?", –Preguntó Ali, tomando un trozo de pan de queso saturado y se lo metió en su boca. El queso se fundió con gusto en su lengua. Era tan bueno que casi se desmayó.

Su madre dejó caer sus utensilios–, "Um, nada, cariño. Estamos un poco estresados en estos momentos. Enviar a Jason a Yale es un gran gasto y estamos tratando de encontrar una forma de mejorar nuestras finanzas"

Ali se echó a reír–, "Si ustedes están tan preocupados por el dinero, ¿por qué están construyendo ese enorme gazebo en el patio trasero?".

Hubo una larga pausa. Sr. DiLaurentis se levantó para ir al baño, sacudiendo la mesa con tanta fuerza que casi derribó la olla de fondue. El teléfono de la mamá de Ali sonó y ella respondió con su falsa, pero brillante voz.

Ali agarró la copa de su madre cuando ella no estaba mirando y bebió un largo sorbo. Lo que sea. Hace un año atrás, ella se habría tomado de forma personal su comportamiento extraño, –tal vez sus padres sospechaban quien era ella en realidad y se

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negaban a compartir cosas con ella. Pero ellos guardaban un montón de secretos, cosas que tampoco le decían a Jason.

El Sr. DiLaurentis volvió del baño y de inmediato se tomó su copa de vino. Cuando la Sra. DiLaurentis colgó el teléfono, miró a Ali–, "Así que. Vamos al hospital este fin de semana".

El estómago de Ali se revolvió–, "¿Otra vez? Acabamos de ir allí".

"Tú estuviste de visita allí hace dos meses atrás. Será bueno para ti visitar a tu hermana".

"Tengo planes", –dijo Ali rápidamente.

La frente del Sr. DiLaurentis se frunció–, "Tu madre ni siquiera dijo qué día iremos".

"Tengo planes de todos los días", –Ali sonrió débilmente–. "Por favor, no me hagas ir. Es tan duro para mí emocionalmente. Me paso horas llorando en la cama cada vez que vuelvo de allí".

La Sra. DiLaurentis parecía atormentada. Ali sintió un dardo de triunfo. Jugar la carta emocional siempre funcionaba.

El resto de la cena fue forzada y en silencio, nadie hablo. La Sra. DiLaurentis saltó a la mitad de su plato de entrada porque vio a algunas mujeres que conocía de la Liga Junior. Cuando se detuvieron en su vecindario, había un montón de coches aparcados en la acera. Más coches estaban amontonados en la calzada de Spencer, la mayoría de ellos

Jeeps, SUV, BMW gastados y Hondas. Un Bajo fuerte sonaba desde el patio trasero.

"Parece que alguien está teniendo una fiesta", –la Sra. DiLaurentis murmuró.

Referencias

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