LOS PRIMEROS HABITANTES DEL RIO AMAZONAS
La presencia humana en la Amazonia es un tema en debate. Algunos autores, como el arqueólogo peruano Daniel Morales Chocano, señalan la hipótesis de que hace 10 000 anos ya habían grupos humanos en esta región provenientes del Caribe, Orinoco y Brasil. Otros como Meggers y Lathrap, dos arqueólogos norteamericanos, señalan que la ocupación de la Amazonia habría sido en épocas mas recientes.
Los primeros restos arqueológicos indican el establecimiento de la cultura amazónica, basada en la agricultura de roza y quema, con la yuca como alimento básico.
La yuca (Manihot utilissima) parece haber sido domesticada en la misma región amazónica o en las riberas del Caribe. Esta llego a la costa por el ano 1.000 a 1.200 a.C. procedente de la selva. Para obtener los cambios genéticos de cualquier especie silvestre se requieren unos 4.000 anos de propagación, por lo que es probable que se hubiera empezado a cultivar desde los 5.000 a 7.000 a.C.
Este dato podría consolidar la hipótesis de Morales Chocano. Los restos arqueológicos mas antiguos de la Amazonia peruana datan del 2.000 al 1.000 a.C. (Cultura Tutishcainyo) y se encuentran en el Ucayali central y en el Napo (Ecuador). Esta zona se caracterizo por la alfarería y la textilería en algodón. La alfarería ha recibido influencias, a lo largo de 3.000 anos, procedentes de Colombia (Puerto Hormiga), Chavín, Bolivia y el oriente ecuatoriano.
ÉPOCA PREHISPÁNICA (3000 A.C. - 1532 D.C.)
Una de las representaciones más distorsionadas y difundidas sobre la Amazonía es aquella que la muestra como una tierra de inmensurable extensión, casi deshabitada y virtualmente desvinculada y ajena al proceso histórico de la costa y la sierra. Los pueblos indígenas amazónicos han sido imaginados y perpetuados como aislados, atrasados culturalmente y al margen de los procesos de formación de las grandes civilizaciones andinas y costeñas. Sin embargo, desde tiempos muy antiguos hubo contacto cultural y comercial entre las poblaciones amazónicas y las de la sierra y la costa del Perú.
Las culturas Chavín, Wari y Tiahuanaco tuvieron una manifiesta influencia amazónica, por ejemplo, en el uso extensivo de imágenes de animales tropicales: jaguar, boas y monos.
Más aun, existen evidencias del uso y consumo de productos tropicales en la sierra y la costa desde épocas muy tempranas. Restos de coca de la selva baja han sido hallados en entierros de la costa de casi cuatro milenios de antigüedad. Entre los años 850 y 500 a.C. ya se cultivaban en la costa norte varios productos de origen tropical, tales como maní, calabazas, paltas y yucas. También se han encontrado evidencias, a través de la iconografía y los relatos orales, de las relaciones entre los aguaruna y los mochicas de la costa norte.
Recientemente, en Caral, Barranca (Lima) se han descubierto artefactos musicales elaborados con huesos de pelícano, los que llevaban grabados diversos motivos amazónicos como serpientes y monos, de una antigüedad de 5.000 años.
No cabe duda de que la ceja de selva, también llamada montaña, fue por muchos milenios el lugar donde se realizó la interacción entre estas poblaciones. En esta zona se difundieron y entrelazaron intercambios en los niveles productivos, sociales, religiosos y simbólicos.
Las investigaciones realizadas por Julio C. Tello nos confirman que las sociedades de ambas áreas (sierra y selva) compartían símbolos y universos culturales muy cercanos. Para que ello ocurriera debió haber existido una infinidad de intercambios de todo tipo. Una muestra de ello es la cultura Tarama, ubicada en las cercanías de la actual ciudad de Tarma, que contiene una síntesis de elementos andinos y amazónicos.
Siglos después, durante el imperio incaico, esta relación continuó. La estrategia inca de incorporar a la Amazonía tenía dos características: la actividad militar y las actividades comerciales que llevaban a cabo los mitimaes que habitaban en esa región.
Los pueblos amazónicos que ocupaban la ceja de selva tuvieron un papel predominante en su rol como bisagras entre la Amazonía y los Andes. La relación entre los pueblos amazónicos y los incas no siempre fue armoniosa y pacífica, oscilo entre el conflicto militar y el intercambio comercial y matrimonial.
La presencia de familias incaicas en el alto Huallaga, Urubamba, Madre de Dios y Beni propicio que se perpetué y dinamice la ancestral y estrecha relación de intercambios entre la Amazonia y los Andes.
Antes de la llegada de los españoles, el pueblo Omagua era uno de los más importantes de la zona nororiental. Los Omagua de la familia lingüística Tupi habían migrado desde las costas del Brasil y se encontraban divididos en tres grandes aéreas:
- Los Omagua Yete o verdaderos Omaguas - Los Omagua del Napo o Irimara
- Los Omagua del Alto Amazonas
De los tres grupos Omagua, el del Alto Amazonas tenía el mayor índice poblacional. Su población en el siglo XVI se calculaba en diez mil personas divididas entre 26 cacicazgos, los cuales conformaban el señorío al que se denomino “Aparia la Mayor”.
Junto con la existencia de grandes conjuntos poblacionales, los Omagua practicaban el almacenamiento extensivo de recursos alimenticios, entre los cuales destacaban la carne, el pescado seco y el casabe o pan de yuca. Los Omagua, además, se caracterizaban por poseer una solida infraestructura militar basada en una numerosa flotilla de canoas, aldeas fortifica cadas ubicadas en islas y un gran ejercito de guerreros bien equipados con lanzas y escudos de pieles. Estos Omagua tenían relación con los Andes peruanos y ecuatorianos.
Si en la selva nororiental el principal eje comercial lo constituían el Napo y el Amazonas, en la selva centro sur las relaciones económicas interétnicas se articulaban en los ríos Ucayali y Urubamba.
Las riberas del Napo y el Amazonas estaban habitadas de norte a sur por los Kukama (Cocama), los Konibo y los Yine (Piro). Al igual que en la región del Amazonas, las grandes etnias ribereñas del Ucayali y el Urubamba estaban agrupadas a lo largo del rio y separadas entre sí por largos trechos deshabitados que disminuían las probabilidades de conflictos directos.
En esta zona, los Konibo y los Yine se disputaban la hegemonía por el control de los grandes ríos. Según informes de los primeros expedicionarios españoles, ambas sociedades se caracterizaban por la existencia de grandes núcleos poblados, los mismos contaban entre
200 y 400 casas que podían albergar hasta un máximo de ocho mil habitantes (Santos, 1992:17).
En contraste, los pueblos ubicados en los afluentes del Ucayali y el Urubamba o en sus zonas interfluviales (entre ríos) tenían un patrón de asentamiento disperso. Vivian en grupos de entre 50 y 100 personas en pequeños caseríos o casas comunales. Estos pequeños asentamientos eran temporales, mudándose de sitio cada cierto tiempo. La organización sociopolítica era también menos compleja.
Entre las etnias interfluviales que participaron directa o indirectamente en el circuito comercial de esta región, hay que mencionar a los Shipibo, Shetebo y Kakataibo, localizados en las cabeceras de los afluentes de la margen izquierda del Ucayali, a los Amahuaca de los afluentes de la margen derecha del Alto Ucayali y Bajo Urubamba, y a los Matsigenka ubicados en los afluentes de ambas márgenes del Alto Urubamba (Zarzar y Roman, 1983).
Al igual que los Omagua del norte, los Yine y Konibo parecen haber apoyado sus expediciones comerciales en una solida fuerza militar. Las crónicas coloniales se refieren frecuentemente a estos dos pueblos como a los “piratas” del Ucayali y el Urubamba, que en grandes flotillas de canoas o balsas asolaban a las poblaciones interfluviales saqueando sus chacras, robando sus pertenencias y tomando prisioneros. Debido a su gran poderío comercial y militar, los Yine y Konibo eran enemigos tradicionales pero, antes de luchar abiertamente entre ellos, preferían enfrentarse a sus vecinos que eran menos organizados (Santos, 1992:18).
Un caso especial en la dinámica comercial interétnica de la región amazónica lo constituye el Cerro de la Sal ubicado en la confluencia del rio de la Sal con el Paucartambo. Este contenía una veta de sal de piedra descubierta y visible a lo largo de una de sus laderas.
El Cerro de la Sal se encontraba en los límites de los territorios tradicionales de los Asháninka y Yánesha. Existe la hipótesis de que el Cerro de la Sal era un punto de asentamiento multiétnico con una fuerte presencia de los Ashaninka. Este fenómeno de explotación multiétnica de un recurso natural, tan común en la región andina, resulta bastante excepcional en la Amazonia.
ÉPOCA COLONIAL (1532 - 1821)
El intercambio cultural y comercial entre las etnias que habitaban la región amazónica fue interrumpido con la llegada de los españoles. Con su presencia aparecieron una serie de enfermedades de carácter epidémico: la viruela, el sarampión y las influenzas provenientes de Europa, y la malaria y la fiebre amarilla, de África. Estas enfermedades eran completamente desconocidas en América y sus pobladores no habían desarrollado defensas inmunológicas que les permitiesen sobrevivir a ellas.
Los pueblos de la ceja de selva o montaña fueron los más vulnerables, debido a su cercanía a las zonas andinas, donde los españoles se habían establecido. En el caso de los Panatahua y Payanzo de Huánuco, desaparecieron prontamente, lo que demuestra un claro ejemplo de este cruento proceso. Con su desaparición física y el proceso de andinización sufrido por sus escasos sobrevivientes, se creó una especie de “tierra de nadie” en la región de montaña, que separó desde entonces a los Andes de la Amazonía, dando origen durante los últimos cinco siglos a lo que algunos investigadores han denominado el mito del gran vacío amazónico.
La Amazonía ha vivido un proceso histórico particular en la historia del Perú. El mundo se
“entera” de la Amazonía a partir del año 1500 cuando Vicente Yáñez Pinzón vio la desembocadura del río Marañón, al que llamó “mar dulce”. Este río era el mismo que Orellana, 40 años después, encontró y llamó Amazonas.
Entre las primeras entradas3, figuran expediciones como la de Alvarado al este de Chachapoyas (1533-1536), la de Alonso Mercadillo por el Huallaga y el Marañón (1538- 1539) y la expedición de Gonzalo Pizarro y Francisco de Orellana por el Napo y el Amazonas (1541-1542).
La penetración oficial de España en 1542 sucede cuando Pizarro y Orellana “descubren”
el río Amazonas.
A lo largo de los años, los españoles estuvieron en constante enfrentamiento con los portugueses.
Los españoles conquistaron la Amazonía desde el occidente hacia el oriente y los portugueses en sentido contrario, desde la desembocadura del Amazonas hacia el occidente.
La penetración de estos últimos permitió la expansión de las colonias portuguesas.
Cuando los europeos encontraron la Amazonía, la convirtieron en un territorio objeto de colonización, es decir, ellos se establecieron en otro país gobernado por las naciones de donde provinieron. La Amazonía adquirió una dimensión internacional, pues confluyeron en ella, además de los españoles y los portugueses, los franceses, holandeses e ingleses.
Los estilos de colonización de los españoles y portugueses fueron comunes en la actividad misionera, pero mientras que el gobierno español estableció una colonización principalmente misionera, los portugueses le agregaron una política económica extractiva y de mercado. La agricultura no les intereso a los europeos, sino la extracción de los recursos de la selva para su venta. Los encargados de la evangelización en la Amazonia fueron los franciscanos y jesuitas españoles, quienes ingresaron en ella durante los siglos XVI y XVII (Reagan, 1993: 32-34) y defendieron a los indígenas de los esclavistas portugueses.
Por eso, a diferencia de Brasil, actualmente existen pueblos indígenas relativamente numerosos en la Amazonia del Perú.
A partir de la segunda mitad del siglo XVII, los comerciantes y esclavistas entraron en la Amazonia con un efecto catastrófico para estos pueblos debido a las epidemias de sarampión, viruela, gripe, entre otras, desconocidas para los indígenas.
En algunos casos, estas epidemias arrasaron poblaciones enteras propiciando una acelerada disminución demográfica en la región.
Durante el siglo XVII muchos pueblos indígenas amazónicos formaban parte de las encomiendas españolas que, fundamentalmente, tenían el propósito de extraer oro y de aprovisionarse de alimentos. En 1678, los jesuitas fueron expulsados y sus misiones fueron encargadas a otras órdenes religiosas, pero no tuvieron la envergadura de los primeros.
ÉPOCA REPUBLICANA (1821 AL PRESENTE)
La independencia del Perú significo para la Amazonia una mayor presencia de comerciantes y colonos peruanos y extranjeros. En esos años los gobernadores de esos pueblos eran los propios comerciantes que explotaban la mano de obra indígena para la obtención de recursos de la zona. Debido a los maltratos, muchos indígenas optaron por alejarse de los pueblos y retirarse al monte. La nueva republica del Perú publico varias leyes y decretos que pretendían favorecer a los indígenas, pero en la mayoría de los casos no se cumplieron (Regan, 1993:2).
La navegación fluvial a vapor permitió que, a partir de 1850, la Amazonia sufriera una mayor e intensa penetración con perjuicio de los pueblos indígenas. A ello se sumo haber encontrado dos recursos naturales oriundos de la Amazonia: la quina (Cinchona,spp), árbol que aparece en nuestro escudo nacional y cuyas propiedades salvarían a cientos de personas de la malaria; y el caucho (Hevea brasilienses), que segrega látex, el cual se utilizo en Europa en el siglo XIX. La época de la explotación del caucho es conocida como “la fiebre del caucho” o “el boom del caucho” que se inicia en 1880 y termina en 1914.
Como los arboles del caucho se encontraban dispersos, esto significo que los caucheros utilizaran grandes extensiones de la selva para su explotación. La Amazonia tenía el caucho blanco y negro.
El caucho blanco (Hevea) de mejor calidad y mayor rendimiento, se encontraba en las zonas del Bajo Amazonas en Brasil, y el negro (Castilloa), de menor calidad y rendimiento, estaba en la Amazonia peruana, colombiana y ecuatoriana. Para compensar la baja calidad del caucho negro, los caucheros de estos países explotaron los arboles a un ritmo más acelerado, con mano de obra indígena, y provocaron en pocos años que los arboles y las poblaciones indígenas se extinguieran.
Las ciudades de Iquitos en el Perú y Manaos en el Brasil eran el destino del caucho. El pago por este material era en hachas de acero, que fueron altamente valoradas por los indígenas, a tal punto que, en ciertos pueblos, los indígenas incorporaron este instrumento como tema central de su mitología.
En la Amazonia existieron muchos caucheros, pero Julio Cesar Arana fue el más conocido por su crueldad y la ya infame esclavitud.
En solo dos años, tenía a mas de 12 mil indígenas trabajando en su compañía, la famosa Casa Arana, que tuvo un local en el Putumayo (Colombia).
Arana implemento la intimidación y amenaza como mecanismo para captar la mano de obra indígena. Cada jefe de familia era obligado a entregar 40 arrobas mensuales de caucho. Si no cumplían con la cuota, eran azotados, torturados o mutilados. Para asegurarse de que no se gestara ningún movimiento de resistencia, la Casa Arana elimino a los ancianos y shamanes quienes eran capaces de organizar rebeliones.
En 1907, Arana desalojo a los caucheros colombianos de la zona y para 1909 logro el control absoluto de la fuerza de trabajo indígena y de todo el territorio situado entre los ríos Caqueta y Putumayo.
La Casa Arana se convirtió en la Peruvian Amazon Company, con sede en Inglaterra, pero la familia Arana seguía manteniendo el control de la empresa. Para esto conto con la protección del Ejército Peruano que tenía interés en legitimar territorios en disputa con Colombia.
El caucho fue un bien deseado por la incipiente pero pujante industria automotriz de Inglaterra y Estados Unidos de Norteamérica, que lo requerían en la fabricación de neumáticos. Con el inicio de la Primera Guerra Mundial la demanda se incremento, por lo que los caucheros y las extensiones de explotación aumentaron, produciendo mayores estragos en las poblaciones indígenas de Loreto. Los ingleses, en el intento de ahorrar en los costos de producción, se llevaron la planta a sus colonias en Asia y lograron producir caucho incrementando sus ganancias. Esto produjo una debacle en la economía exportadora de la Amazonia peruana.
A esta situación se agrego el descubrimiento de una sustancia sintética con las propiedades del látex, que no requería de mano de obra y, por lo tanto, generaba más ganancias a los productores. Esto significo el fin de la época del caucho que dejo destrucción y muerte. Si bien a lo largo de este periodo hubo resistencia de los indígenas, los líderes de los levantamientos fueron asesinados.
Luego del boom cauchero en 1914, se suceden otros ciclos económicos que, sin tener la importancia de este, produjeron relevantes modificaciones en el ámbito socioeconómico de la región. Entre los principales tenemos: extracción de resinas (balata y leche caspi), aceites esenciales (palo de rosa), explotación de madera, oro, petróleo y el comercio de pieles y animales vivos (Regan, 1993).
A partir de la década de 1940 se inicia la construcción de carreteras de penetración a la Amazonia, entre ellas la vía Lima-Pucallpa. Esta carretera se comenzó a ejecutar en 1937 y se termino en 1943, y ha posibilitado un mayor flujo comercial y migratorio entre la selva y el resto del país, dándole otra dinámica a la vida económica de la Amazonia.
A pesar de la apertura de carreteras y un mayor flujo migratorio, la economía amazónica ha seguido manteniendo su perfil extractivista. El Estado centra su interés en la Amazonia únicamente para la obtención de los recursos naturales.
La carretera Lima-Pucallpa posibilito la exportación de recursos forestales y con ello, el progreso urbanístico de esta ciudad, que se yergue como otro centro de desarrollo además de Iquitos. La industrialización de la Amazonia se ve recortada por la falta de infraestructura vial, altos costos de transporte, reducido mercado interno y el bajo poder económico de la población, entre otros motivos.
En las últimas décadas, el sector agrícola amazónico se ha transformado aceleradamente.
La Selva Alta produce cultivos como el arroz y el maíz destinados al consumo nacional; en la Selva Central ha aumentado la producción de café y cacao destinado al mercado internacional.
Un punto común en la historia amazónica es la presencia de la violencia que desarticula el espacio y las relaciones sociales.
Ya hemos hablado de la época del caucho, pero en tiempos recientes las políticas de colonización, muchas veces inadecuadas, han propiciado enfrentamientos con poblaciones indígenas.
En la década de 1980 aparecieron en la región los movimientos subversivos Sendero Luminoso y Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, los cuales establecen alianzas con los narcotraficantes para desarrollar sus actividades.
El cultivo de la coca y de la amapola ha crecido sustancialmente en los últimos 30 anos.
Resulta penoso comprobar que, para los sectores campesinos marginales de la región, este cultivo sea el único que les reporte ingresos monetarios. A pesar de ello, en estos últimos anos se ha observado una importante dinámica en el desarrollo y participación de los pueblos indígenas amazónicos, en respuesta a la presión ejercida por una sociedad nacional en expansión, cuyo objetivo es no solo transformar el medio ambiente en el que estos grupos se desenvuelven, sino modificar sus patrones culturales, económicos y sociales (Mora y Zarzar, 1997).
Los pueblos indígenas a lo largo de la historia se han resistido a ser asimilados por la sociedad occidental con la convicción del derecho que les asiste a ser diversos y ser aceptados como tales. Es así como ellos mantienen sus expresiones culturales, sus idiomas y buena parte de sus modelos de organización y de relación con el medio circundante.
Uno de los elementos liberadores y decisivos de los pueblos indígenas para afrontar las dificultades ha sido desarrollar una gran capacidad de organización que les permita actuar juntos cada vez más. Así, en 1959 surge la Asociación de Nativos Campa del Perene con la intención de obstaculizar la presencia colonizadora de la Peruvian Corporation. Esta compañía y los colonos, en un intento de contar con la Asociación como aliada, lograron su debilitamiento y desaparición. A partir de 1969 se iniciaron los congresos étnicos:
Amuesha en Selva Central y los Awajun en la zona norte de la Amazonia. Esto significa que los inicios de las organizaciones amazónicas se dan a niveles locales étnicos y son ellos los que van a “encender” en otros pueblos la necesidad de reunirse en congresos para ir viendo sus necesidades y posibilidades y afrontarlas conjuntamente.
Durante el Gobierno Militar de Juan Velasco Alvarado se crearon muchas organizaciones indígenas amazónicas. Un factor que influyo de manera crucial fue la Ley de Comunidades Nativas de 1974. Esta Ley obliga a los pueblos indígenas a organizarse como
“comunidades” para poder ser reconocidas y poseer un registro oficial. Las nuevas comunidades elaboran sus estatutos internos, conforman una estructura de autoridades comunales y colocan a la Asamblea como máxima instancia de decisión.
La Coordinadora de Comunidades Nativas de la Selva Peruana (COCONASEP), constituida en 1979, cambio su nombre en 1980 a Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP). Esta organización contribuyo a la formación de organizaciones federativas de mayor peso local y regional, constituyendo se en la organización nacional amazónica de más larga trayectoria en el país, pues representa a 56 organizaciones indígenas (AIDESEP, 2005).
En 1987 surge la Confederación de Nacionalidades de la Amazonia Peruana (CONAP), motivada por las “[...] divergencias de orientación programática que surgieron frente a AIDESEP y varias de sus federaciones
afi liadas [...]”.
A lo largo de estos últimos anos, las dos organizaciones han emprendido varias acciones conjuntas. Un ejemplo es el siguiente: en el año 2001, en el gobierno del Dr. Valentin Paniagua, las dos organizaciones nacionales amazónicas, junto con el Estado, ONG interesadas y consultores independientes, elaboraron el Plan de Acción para los Asuntos Prioritarios como fruto de la Mesa de Dialogo y Cooperación para las Comunidades Nativas.
Otro espacio en el que han participado los pueblos indígenas son los municipios. Las elecciones municipales se iniciaron en el Perú en el año 1980, durante el gobierno de Belaunde. Este espacio de decisión y poder ha sido aprovechado por los lideres indígenas como de los Awajun, Kokama, Ashaninka, Shipibo, entre otros, ya que de la confrontación han pasado al dialogo con el Estado; en esta oportunidad, a través de las elecciones para alcaldes provinciales y distritales. La participación de los pueblos indígenas en los gobiernos locales ha significado que las comunidades bases inicien el seguimiento del trabajo de las autoridades, así como una vigilancia de los programas sociales que las municipalidades implementan.
Según Heise (1999), entre los grupos indígenas amazónicos las relaciones de género, a diferencia de otros pueblos, se construyen a partir del sistema de parentesco, el cual determina todas las relaciones sociales. La penetración de la economía de mercado ha producido cambios entre el varón y la mujer.
A excepción de los Shipibo (cuyas mujeres participan en la economía mediante la venta de artesanias), son los varones quienes participan mayormente de las ventajas del mundo externo.
El porcentaje de participación de mujeres indígenas en el espacio público, si bien aun no es mayoritario, está aumentando. Aunque tienen inconvenientes con sus esposos y con los dirigentes varones, este panorama esta variando positivamente.
La necesidad de presentar la problemática de las comunidades ha llevado a las delegaciones comunales y organizativas al Congreso de la Republica y a otras instancias gubernamentales para hablar sobre sus realidades y necesidades.
Los pueblos indígenas van aumentando su conciencia sobre su derecho a la consulta. En este sentido, juegan un papel importante las organizaciones indígenas regionales, quienes cuentan con el reconocimiento de las comunidades y respetan las decisiones que estas toman.
INTEGRANTES:
CAIRA VARGAS, GIOVANA.
RUIZ CARPIO, SOLANGE
AMADO RAMIREZ, CARLOS SANTIAGO
VALDEZ DÁVILA, LUIS