REI'UULICA DEL ECUADOR
ANALES
DK I.A
U N I V E R S I D A D CEÜSTTRAXi
Tomo XXXVI Enero-Marzo de 1926 N? 255
Los elementos constitutivos de las civilizaciones suramericanas
POR
Max TJhle
Hl profesor Rivet abrió los trabajos del vigésimo primero Congreso de Americanistas en Goteuburg, 1924, con una intere- sante conferencia sobre los elementos constitutivos de las civili- zaciones del Oeste y Noroeste de Suramérica. Gracias a la incan- sable actividad del benemérito Secretario General del Congreso, Barón Krland Nordenskiükl, esta ve/, las setas del Congreso sé lian impreso y distribuido en muy buen tiempo, de manera que ya es posible estudiar el texto de la conferencia en todos sus de- talles.
Empezó el profesor Rivet por declarar, que ya le parecía llegado el tiempo de substituir la descripción geográfica de estas civilizaciones por otra de carácter más histórico.
Tal declaración podría sorprender a quien se acordara que el estudio de estas civilizaciones durante los últimos años ha seguido normas históricas más que en otras partes, si no se su- piese, que Rivet en este caso entiende por histórico la coopera- ción simultánea de influencias orientales y otras centroamericanas y la representación coordenada de ambas eti forma cronológica, de manera que las civilizaciones suramericanas le parecen el efecto de ambas.
Para Rivet la contribución oriental a estas civilizaciones es de cierta manera mucho más grande, mucho más importante, que la de las civilizaciones centroamericanas. Sin los tipos neo-
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líticos de hachas introducidos en la sierra, primero eu la ecuato- riana, después en las otras del Sur, las hachas características de bronce del tiempo posterior tendrían otra forma. Sin la inven- ción de la técnica de labrar el oro hecha en el interior de Gua- yana, e introducida de allá en Colombia todas las civilizaciones suramericanas, y aun de México, carecerían quizá del conoci- miento del uso de los metales, tan importante para todo progreso humano. linumera muchos detalles introducidos, según su ma- nera, de pensar, del liste, y no por las civilizaciones centroameri- canas del Norte, como el uso de la estólica (instrumento para arrojar flechas); de trofeos fabricados de cabezas humanas, de ornamentos de labios, de figuras zoomorfas, que muestran la tendencia de evolución hacia el antropomorfismo, de la flauta de Pan, de tambores para dar señales a distancias grandes, del juego de la pelota, etc. Si todos estos elementos, como Rivet ha- ce creer, hubiesen llegado a las civilizaciones occidentales del liste, en verdad la contribución oriental a estas civilizaciones habría sido extensa. Porque las figuras zoomorfas, cuyo origen atribuye al Oriente, especialmente, como parece, a las Antillas, hacen presuponer el conocimiento déla alfarería, lo mismo hacen la técnica del oro y de otros metales. La introducción de figuras zoomorfas roza con todo el sistema de ideas religiosas, de mane- ra, que al fin todo lo más importante hubiese formado contribu- ciones orientales, disminuyéndose en la misma forma el porcen- taje de las contribuciones septentrionales.
lin realidad dice, también, Rivet: «Creo que es indispeusa-
uble reaccionar en el americanismo contra la mirada del Occiden- te, como se ha reaccionado en la prehistoria europea contra la mirada del Oriente».
Dudo, que si en la prehistoria europea se hubiese atribuido un tal porcentaje de elementos constitutivos de las primeras civilizaciones a influencias orientales, tendríamos ahoi"auna base firme para la explicación de las civilizaciones posteriores..
Según Rivet, comprueban los resultados de excavaciones arqueológicas hechas en diferentes partes del Oriente eu los úl- timos años, el estado por nada despreciable de las civilizaciones originales del Oriente, de manera que muy posible habría sido también el ejercicio de influencias de este estado de cultura en él Oeste para el desarrollo de su propia cultura, Olvida sólo Rivet en eso, que las pruebas de antiguas civilizaciones del liste son dql mismo tiempo, sino, en parte, posteriores a las más avanza- das civilizaciones del Oeste. Las últimas no se podrían haber for- mado, por eso, con elementos de civilizaciones más antiguas, del
Este.
Ha probado la identidad de las formas de hachas neolíticas usadas en parte en la sierra ecuatoriana y peruana, con las de
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una vasta región oriental en el continente suratnericano. Pero, por el carácter defectuoso de sus argumentos, no me parece que haya logrado probar el origen de la técnica del oro en el Orien- té. Con respecto al origen oriental del uso de los trofeos he- chos de cabezas humanas, de la flauta de Pan, de los ornamen- tos de labios, de los tambores grandes, del juego de la pelota, de las figuras zoomorfas, en las civilizaciones del Oeste ni ha prin- cipiado a dar pruebas detalladas, y cou respecto al origen de la estólica occidental por influencias que llegaron del Este, y su desarrollo consecutivo en el curso de migraciones del Norte al Sur, su exposición contiene tantas contradicciones en sí misüi'o, que, sin contradecirle, mejor quizá será representar sólo él estado
verdadero. • :
Por toda explicación detallada del estado superior de. las civilizaciones del Este, Rivet sólo dice, que un grupo de elemen- tos de civilización malayo-polinesa, le parece haber desembarca- do primero en Baja California, observación importantísima, si logra probarla. Insinúa que éste ha estado primero emparentado a condiciones del Este suramencano, a donde en las primeras eta- pas del desarrollo, según su opinión, fue transferido. Del Orien- te.suramericauo este núcleo de elementos de civilización más alta principió a obrar sobre todos íos países de civilización poste- rior más avanzada, México, Centroamérica y el Oeste surarheriT cano, elevando poco a poco en todos ellos el nivel original de sú civilización. En realidad, difícil me parece explicar, porqué los elementos originales de civilización, estando ya en Baja Califor- nia, dieron una vuelta tan grande, para llegar por el Este súr- amcricano al fin también a México. Pero parece, que esta vuelta era necesaria para atribuir al estado original de las cosas del Oriente aquella posición desde el principio sobresaliente, qué. Se necesitaba para explicar, al menos en su mayor parte, el órigéli de las civilizaciones occidentales por influencias orientales._ ¡
.,,. La civilización aiinará, dice, «se desarrolló sobre üli, funda- mento orieutaí». Ese fundamento oriental, cómo ya hemos di- cho, no se ha probado, y de qué se desarrolló la eivilizació'n aimará, uo lo dice tampoco. Quizá exceptuando la posición del cóndor en los mitos, idea andina, no hay ni un elemento conocí-, do de esta importante civilización sutamericana/ cuyo origen no se puede trazar muy ceixa a elementos de otras civilizaciones anteriores, importados de regiones centrqamericanas. También con la explicación de esta civilización nos encontramos, por eso, sobre fundamentos de completo origen centroamericano.
«La civilización aimará se impuso en la costa a una civiliza- ción anterior ya mixta de elementos orientales y centroamerica- nos». • Naturalmente, si Rivet lograse mantener la efectividad del origen oi'iental de todos los elementos de civilizaciones, que
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a éstos adscribe, se podría hablar de una civilización mixta cos- teña, pero los fundamentos de su manera de mirar las cosas son bastante inseguros.
Mi propia manera de considerar el desarrollo americano es el siguiente:
México o Centroamérica formaron, en todo tiempo, el centro principal, de donde emanaron influencias a las otras partes del continente, con el efecto de una elevación general paulatina.
Opongo esta manera de contemplarla al desarrollo de las condi- ciones del Occidente suratuericauo descrito por Rivet eu la si- guiente forma:
Primera ola de influencias del Este: llegada de los Uro-Pu- quinas eu la región de Arica y en la costa más al Sur de Chile;
Segunda ola caracterizada por la importación del ornamento de labios, de la estólica, sarbacana, flauta de Pan, y del uso de fabricar trofeos de cabezas humanas;
Tercera ola: importación de la técnica de labrar oro y tum- baga, inventada por tribus caribes -o arawacas en el interior de Guayaría;
Intercalación de las migraciones de tribus centroamericanas, influenciadas por la civilización arcaica mexicana, al Sur;
Cuarta ola: Introducción de tres tipos de hachas neolíticas usadas sobre una vasta extensión eu el Este, eu el altiplano del Ecuador, y de allí más al Sur;
Quinta ola de las orientales, caracterizada por la introduc- ción del uso de pipas de tabaco en el Sur, primero por el lado de Chile.
Veo un ejemplo del proceso de la difusión de influencias centroamericanas, con el efecto de la elevación de la cultura, en la distribución de varios tipos de la estólica por todo el continen- te americano.
Una forma primitiva de la estólica se encontraba ya en ma- nos de los Uros cerca del período paleolítico eu la costa de Arica y Pisagua (fig. 1) (1). Su tipo era bisexo¡ como es el término científico, porque reúne con un gaucho, para apoyar en él la parte extrema de la flecha, un canal, en el cual descansa la fle- cha antes de ser despachada. Además poseía un lazo lateral con el cual se aseguraba el instrumento en la mano.
Este mismo tipo es también el de algunas estólicas encontra- das en una cueva del Estado de Coahuila an México (fig. 2).
Derivo de este hecho la determinación de un tipo de estólica pri-
(1) Ulilo, Fuudamoiitos útnioos y Arcuiuologúi do Arica y Tacna, pág"
0,2, lám. 10 fig 2.
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mitivo, llevado por influencias de una que otra clase por to da Suramérica, con un punto de salida central americano
La introducción del uso de la sarbacana, encontrada también en el Sur de los listados Unidos, tenía quizá la misma historia.
La más antigua, determinada de la costa pacífica suraméricaua, era, probablemente, la encontrada en una sepultura de aboríge- nes de Pisagua, ahora conservada en el Museo de Etnología y Antropología de Santiago.
La segunda forma de la estólica se caracterizó por un aguje- ro cortado en el palo de la estólica que tenía una forma media de bastón, inedia de tabla, liste agujero reemplazaba el lazo lateral del primer tipo. Pertenecía el tipo en Suramérica tanto a regio- nes del Oriente, como se ha hallado también eu diferentes luga' res del Occidente, naturalmente todas menos antiguas, que la de los Uros de Arica. Se lo conoce de tribus tapuyás y tupís del Xiiigú (fig. 3), del río Purús en el Este del Perú (fig 4), del va- lle del Rimae, período protolima (fig. 5), por su representación en un vaso figurativo interesantísimo de Cumbayá. cerca de Qui- to, en la colección del señor cura Navas, aquí,—tiempo: segundo período, el figurativo, de la provincia del Carchi, contemporáneo con el peruano de Protochimu (fig. 6),—al fiu por un ejemplar eu una sepultura de MauÍzales, Colombia (fig. 7).
Corresponde eu México por caracteres esenciales de .su tipo, una de las formas de estólicas, usuales allá, representadas en las antiguas pictografías (fig. 8); y al fiu, por sus caracteres genera- les, también la estólica usada principalmente por los Esquimales es de cierta manera la misma (fig. 9).
Considero la difusión de este segundo tipo de estólica, como el efecto de una segunda ola que, saliendo del centró, se exten- dió por* las otras regiones amcricauas.
La tercera forma de estólica, propia de civilizaciones colom- bianas, (fig. 10), posteriores ecuatorianas (fig. 11) (1), y de perua- nas desde el período protonazca (protonazca, protochimu, en par- te protolima, de Tiahuanaco, etc.) (fig. 12), muestra, fuera del gancho eu la parte extrema del instrumento, otro garfio para aga- rrarlo (2). El tipo es comparable a ciertas estólicas mexicanas de las pictografías, provistas de un palo cruzado. Este tercer ti- po fue introducido por las civilizaciones avanzadas centroameri- canas. •
(1) Iteiss, Stübel, Koppol, Uhlo, Kultur und Industrio südam. Vólkor, vol. 1, lám. 20, fig. 30.
(2) Uhlo, Poruvian Tlirowintf Sticks, Amer. Anthropologist, vol. 11, pág.
624 y sig., con láminas 38 y 39.
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Él ornamento 'de labios fue introducido, según Rivet, del Oriente. Conozco solo un ornamento de esta clase, el usado en- tre los Guanas ((1), en algo parecido al tiahuanaqueño. A u n e n este caso es muy posible, que fue introducido de la región de Bo- livia al Este (como por ejemplo el ornamento parecido, usado por los Chiriguauas (fig. 13 ab). La forma que fue usada en Tiahua- naco (2) (difundida de allá también por la región atacameña en el Sur) se puede considerar como formal mente idéntica con la prin- cipal usada entre los mexicanos (fig. 14); la civilización protochi- mu, de derivación centroamericana, conocía el ornamento. En dirección a Alaska se, extendía el uso del ornamento de labios, parcialmente, en formas iguales con las mexicanas. Con esta distribución de ornamentos de labios de igual forma no veo nin- guna necesidad de derivar su uso del Oriente, y me inclino a creer, en esté caso, como en los precedentes, que el centro de la distribución del uso ha sido la región central americana.
El mismo profesor Rivet reconoce el tipo secundario de las tres formas de hachas neolíticas, desde el Oriente extendidas por el altiplano ecuatoriano, etc. Tipos de hachas de un carácter igualmente secundario, y en lo principal entre ellos parecido, sé extienden por regiones norteamericanas, las Antillas y la costa de Suramérica al altiplano andino, casi como en forma de un gran semicírculo alrededor cíe la región central americana, lleva- da probablemente primera a formas más adelantadas también en el rath'o dé las hachas- Hachas neolíticas dejadas por la.primera civilización centroamericana, la chorotoga, en la costa esméralde- flá, muestran el misino adelanto de su forma. Técnicamente su trabajo es también incomparablemente superior al tipo de todas las hachas importadas del Oriente, Por todo eso me inclino a creer qué también los tipos secundarios de hachas neolíticas oriéntales ñorépreséntan más, que adaptaciones a tipos de ha- chas centroamericanas desde mucho ya más avanzadas, imitándo- se en ellas sus forrnas originales, llevadas como en una ola a las regiones dé los alrededores. De las Antillas se conocen, también hachas dé tipo paleolítico provistos de arreglos en la misma ina- nérá. AJe parece,' tíué él mérito de. la contribución oriental, éu está forma, al crecimiento de las civilizaciones occidentales se disminuye considerablemente, por la observación, que también
1 ( í ) Úfelo,' Áu'sgowiililto Stücku des K. Musoums í'ür Volkorkiiude, Ber- ín, lám, 4, fig, . $ > ; . , . , v. , > . . . . .
(2) El objeto preparado para la reproducción no llegó a reproducirse. Siu embargo ol tipo es iauy conocido,
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esta tiene por base una influencia de cultura uiás antigua centro- americana.
Las civilizaciones centroamericanas importaron general- mente, como, al parecer, reconoce también Riyet, en gran parte toda la pauta de las civilizaciones originales,' arte de'labraría piedrj, etc. Pero, por eso, entiendo menos, qiie la introduccióu de figuras zoomorfas en Suramérica es atribuida por" Riyet. a in- fluencias dé la civilización de las Antillas, como que en'tsú tiem- po ya se hubiese practicado allá la alfarería,' y.como que'liubie- sen reinado allá una suma de ideas religiosas avanzadas, que hasta ahora no tenemos la mínima razón de atribuír^cómá origi- nales a otros pueblos, que los centroamericanos*
Rivet mismo reconoce el hiatus producido por la civilización dé Protouazca al encontraren la costa peruana poblaciones pa- leolíticas en nada todavía adelantadas. ' .",",
Los últimos estudios en la costa de Esmeraldas han dado por resultado la determinación de un período dé civilización clió- rotéga, intercalado entre el estado paleolítico original de,-Iás po- blaciones, y los períodos siguientes, dé carácter,mayoide de' dife- rente manera.
Importaron estos primeros inmigrantes en el ( continente, ante todo, primeros la alfarería. La primera civilización dtTAní- bato, y de todo el altiplano ecuatoriano, lá dé Protopausalep dé.s-.
crita por Jijón y Gaamaflo, estaba fundada, como se ve'más claro por las observaciones en Esmeraldas, en las influencias de aque- lla primera civilización centroamericana importada eú suelo sur- americano. Restos de una alfarería roja primitiva.en Paquiuzlia- pa y Santiago de Loja muestran su, dependencia der la'üusina civilización chórotega por la repetición de tipos de vasos, encon- trados fuera de allá, sólo cu Ambató y jen |lá'ciyili^ación tn'eúcio- nada esmeraldefla Sin duda lá misma civilización causó también la alfarería primitiva, con ornamentos sencillos grabados en forma de líneas y puntos, que caracterizó la primera población pescadora,—todavía en estado paleolítico,—entonces antes de la llegada de lo civilización protón azca,—en' Ancón.t y Supe' (mate- riales en el Museo de la Universidad de California).. ' E n t ó d ^ s partes de la costa occidental, por lo que venios,, fu'é, poréso, lá ci- vilización chorotega la primera también que introdujo los, couo- cimientas de la alfarería. Me parece, que no estamos autorizados per nada, a subsumir que poblaciones orientales,;"en'él-;uiisnio estado como los de la costa del Oeste, hayan conocido la.alfarería, y hecho uso de ella ya en vario sentido, muchp antes d é l a pri- mera extensión de civilizaciones ^ céutróanieriqaiias.* Por eso también es imposible, que de las'Aüliíla's priníero hayan llegado las ideas de figuras zoomorfas^ no contando eii esté "respecto, que
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también aquella primera civilización chorotega de la costa estne- raldeña poseía una abundancia de figuras zoomorfas de esta cla- se, evidentemente originales, de manera que es más probable la difusión por ella de las mismas ideas a Costarica, Colombia y las Antillas, que la invasión de tales ideas de una región forastera.
Deriva Rivet el uso de trofeos, fabricados de cabezas huma- nas en las civilizaciones occidentales, del Oriente, probablemente no fundándose para eso en otras razones, que la existencia mo- derna de la misma costumbre en el liste.
Él uso de trofeos en civilizaciones como la protocliimu, la protonazca, pervade todo el sistema de sus ideas religiosas, y sin embargo cree Rivet poder atribuir su origen al Oriente.
Kn el Museo Nacional de Lima se encuentra un vaso proto- nazca decorado con dos templos, dos sacerdotes y dos divinidades (repetición del mismo dibujo en los dos lados del vaso) (íig. 15)- En la cripta se conservan, como se ve, los cráneos de los sacrifi- cados, en la misma forma, como en México sucedió hasta el tiem- po de la conquista. Por la gran identidad de las costumbres me parece imposible suponer, que en el caso de Protonazca la cos- tumbre se haya, en principios, introducido del Oriente, indepen- dientemente de eso en México, y que en el resultado de su des- arrollo posterior independiente ambos, sin embargo, convinieron hasta en pequeños detalles.
La flauta de Pan es propia, en hermosos ejemplares, de la civilización protonazca, igualmente de la primera mayoide de Cuenca. Pertenece también en el Perú a civilizaciones posterio- res. No veo ninguna razón, porque la civilización centroameri- cana, que crió el tipo de Protouazca; no pudiera haber introduci- do también este instrumento, independiente de la cuestión, si no por el mismo tiempo la flauta de Pan se usó también en el Oriente.
Basa, el profesor Rivet la teoría de los principios de toda la industria americana de metales entre los indios del interior de la Guayaua en los siguientes argumentos:
19—un haz de noticias sobre la existencia de una importante industria de oro y tumbaga en el interior de G i t a n a en el tiem- po de la Conquista;
2?—noticias sobre el tráfico con objetos de oro y tumbaga del continente suramericauo a las Antillas en tiempo reciente;
3"?—extensión del uso de las palabras caribes y arawacas por los metales en toda la costa al Este y Oeste;
4*?—hallazgos de objetos antiguos de oro en el vSur de los Estados Unidos (donde hubo también colonias arawacas);
5°—comprobación de migraciones caribes de Guayana a Co- lombia, faltando noticias sobre migraciones en el sentido inverso.
Ccn los tres primeros argumentos se puede probar la impor- tancia ds una industria de oro, existente en el interior de Guaya- na al tiempo de la Conquista, pero no la invención de la técnica en Guayana misma.
Con el cuarto se pueden hacer probables importaciones de objetos de oro de la costa suramericana en los Estados Unidos, pero sin determinación del tiempo exacto, si las importaciones han acaecido en el tiempo protonazca, protochimu o anteriores.
El quinto argumento, para el profesor Rivet el más impor- tante, carece de todo valor, porque sabemos, tanto como él mismo, que las civilizaciones centroamericanas, partiéndose en la costa del Norte de Suramérica, en uno o dos ramos siguieron por el Oeste al Sur, en un tercero siguieron por la costa al Este, inter- nándose en parte por la cordillera al interior del Oriente. Este último ramo bien puede haber hecho conocer a los Caribes del interior de Guayaua la técnica del oro, inventada, por el resto, en alguna otra parte del continente americano.
Cortando una tola de la primera civilización centroamerica- na, la choroteg'a, en el continente suramericauo, en La Tolita, cerca de Limones en el Norte de Esmeraldas, encontré, cerca de la sepultura que contenía en el centro, como entre los restos cho- rotegas que formaron su fundamento, pequeños objetos y varios fragmentos labrados de oro. Nada nos indica, que para llegar a Esmeraldas, esta civilización haya tomado enseñanzas de cultura entre poblaciones colombianas. Por esto, me parece seguro que el conocimiento de la técnica del oro, en el mismo tiempo, estaba repartida ya en el suelo centroamericano, especialmente, probable es, entre los Chorotegas, antes del primer roce de regiones sur- americanas por civilizaciones centroamericanas. Faltan toda clase de argumentos hasta ahora para probar un origen mas an- tiguo de la industria de oro colombiana.
Posiblemente, también, la industria de cobre tiene un origeu parecido centroamericano.
En sepulturas por poco más nuevos de la misma costa de Esmeraldas, por ejemplo en Río Verde, observé dientes humanos descoloridos por el óxido del cobre, probándose de esta manera, que desde tiempos muy antiguos también el uso del cobre estaba conocido, dentro de civilizaciones centroamericanas, en el suelo suramericauo. Objetos de cobre aparecen en abundancia, y de mucho peso, ya en periodos del tiempo de Protochimu, tanto en la . costa, como en la sierra suramericanas- Al mismo tiempo flore- ció también la industria de oro y cobre en Chiriquí, Panamá, se- gún el carácter estilístico de los objetos hallados. En sepulturas del mismo tiempo objetos de cobre también ya eran frecuentes en
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los Estados Unidos, cuyas civilizaciones, como sabemos, tenían un origen mexicano-centroamericano.
Objetos de plata se conocen tanto (en gran número) de la civilización protcchimu de la costa peruana, como de una sepul- tura serrana abierta por mí en El Valle cerca de Cuenca (civili- zación de pintura negativa, derivada de la primera de pintura negativa de la provincia del Carchi; (1). Los objetos de plata socados de esta última sepultura tenían la forma de bolitas de plata delgada, de más o menos uu centímetro en el diámetro. En Colombia se han presentado objetos de plata, cuyo carácter ge- nuino no fue reconocido par el profesor Rivet. Un pequeño ob- jeto de plata fue encontrado también con otros restos muy anti- guos en el Estado norteamericano de Tennessee (2).
/Por todo eso es posible, que nuestros conocimientos sobre la antigüedad de las industrias de metales en el suelo americano- están todavía en pleno desarrollo.
El Dr. Rivet parece derivar del crecimiento rápido de la in- dustria de metales en los siglos después de la inmigración de las civilizaciones centroamericanas un origen de la industria de me- tales en Suramérica en general. Pero esta conclusión probable- mente engaña. Una industria de este carácter se desarrolla por sí mismo en el transcurso de los siglos, y muy probable es, que- mostraba el mismo crecimiento en el suelo centroamericano, aunque por la cronología de estas civilizaciones defectuosa en muchos detalles, quizá este no ha podido todavía determinarse.
Concluyo defendiendo mis comparaciones de civilizaciones suramericanas con las centroamericanas, y mi ensayo de una cronología absoluta, ambas rechazadas por Rivet en términos muy decididos.
Dice, que mis comparaciones no le parecen convincentes, es- pecialmente las hechas con las civilizaciones mayas, y que mi ensayo de una cronología descansa sobre fundamentos muy frá- giles. Estas últimas, en lo especial, «le parecen presentar el gra-
«ve defecto de hacer evolucionar las civilizaciones suramericanas
«en un lapso de tiempo demasiado corto. Al creerme a mí, no
«habrían pasado entre las primeras manifestaciones de la civiliza-
«cióu en la costa del Perú y la edad de cobre y bronce, más que
«cinco o seis siglos en el máximo, con otras palabras el neolítico-
(1) Corresponden sus tipos do vaso» a los representados por Verneau et Rivet, Ethnographio ancienne do 1'Equateur, lám. 2G, figs. 3, 5, 7, 10, 15, lám.
50, fig. 1, 5, 9, etc.
(2) Clarence B. Moore, Aboriginal Sites of Tennessee Kiver, 1915, pág.
008.
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«suramericano se habría desarrollado dentro de estos límites es- trechos, mientras que en el Egipto el mismo período ha durado
«150 siglos, en Creta 110 siglos, en la Europa occidental 40 o 50»-
« Todo eso*, dice, «sena aceptable sólo en el caso de que se hubiese
«demostrado, que el cobre y bronce son el resultado de una importa-
*ción extranjera y que una intervención exterior los hubiese dado a
«conocen a los pueblos andinos, lo que seguramente no es el caso».
Prefiere, entonces, perseverar en su teoría de un origen indígena del neolítico, y de una edad de cobre, a derivar, al revés, de la incongruencia de la cronología con los hechos presumidos, que quizá en estos últimos hay un error. Para Rivet la cronología absoluta no ha probado su falsedad en sí mismo, si no sólo por su incongruencia con su propia teoría.
Prefiere Rivet principiar las civilizaciones suramericauas con el fin del período arcaico mexicano de Spiuden, sin presumir, que mi propia cronología absoluta está también en completa ar- monía con la mencionada. Porque intercalándose ahora un pri- mer período chorotega entre los mayoides (protouazca y protochi- ínu) y el período arcaico mexicano de Spiuden, en consecuencia de las nuevas observaciones hechas en Esmeraldas, existe una continuidad de las civilizaciones centroamericanas y mexicanas, también en el sentido de Rivet.
Por esta parte, la cronología de Spinden más bien confirma mi cronología absoluta, en lugar de contradecirla.
La dificultad producida existe en las teorías de Rivet, y esto tanto más es evidente, cuando se consideran los medios con que quería repararla. Propone remover mi primer período mayoide hasta el principio de nuestra era (tiempo del nacimiento de Cris- to, en lugar de dos a tres siglos después), como si eon esta enmienda de fechas por dos o tres siglos, ocho siglos para el neo- lítico en lugar de seis, se hubiese ganado una gran cosa, eu comparación con los 150, 110 y 40 o 50 siglos de la duración del neolítico europeo. Pero la condición de sus teorías se agrava aúu más por la siguiente circunstancia: que- el período de cobre sur- americano no principió con los años de 900, sino con los de 400 a 500. El profesor Erland Nordenskiold en su valioso libro so- bre las edades de cobre y bronce suramericauos ya ha llamado justamente la atención a las representaciones figurativas del tiempo protochimu y siguientes, qne todas parecen probar la existencia de una verdadera edad de cobre en el Perú ya desde el período protochimu (1). Yo mismo poseo un hacha de Truji-
(1) En Mocho no so encontraron hachas de cobre, sólo en número con- siderable cinceles, además varios objetos voluminosos de cobre, por ejemplo:
brazaletes gruesos de cobre, con divisiones, que separadas servían de moneda.
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i lloj más o menos de los años de 1000 de nuestra era, que coinbi- na caracteres de hachas serranas de cobre con los de una tradi- ción independiente de hachas de la costa, no interrumpida desde el período protochiniu, en el corte (fig. 16) (1).. En sepulturas del período de Tuncahuan, entonces más o menos del siglo quin- to o sexto se hallaron, cerca de Loja, una cantidad numerosa de hachas de cobre, algunas de las cuales aquí reproduzco (fig. 17—
• 19). Cerca del mismo tiempo se usaron, también en la costa de [Esmeraldas, hachas de cobre gruesas. Si se remueven los perío- dos protochimu y protonazca para atrás en dirección al principio de nuestra era, para, como Rivet cree, conseguir una prolonga- ción del período neolítico andino, aparentemente demasiado corto
; por la rápida sucesión de un período de cobre, se adelanta de esta ,• manera también el principio de un período andino de cobre,-no
principiado en el Norte sólo después del período de Tiahuauaco, sino ya cerca de los afios 500 o 600. El período neolítico andino habría durado de esta manera sólo 2 o 3 siglos. Mejor ya pare-
• ce dejar todas las fechas en la forma de mi cronología absoluta.
• : . Apruebo perfectamente el razonamiento de Rivet, que un
•• período neolítico suramericano de sólo unos dos a tres siglos en sí mismo es algo absurdo. Pero todas estas dificultades se anu- lan, si, como lo he hecho en mi explicación del origen de las ci- vilizaciones suramericanas, se consideran éstas meramente como una continuación del desarrollo principiado en Centroamcrica desde mucho más siglos, y espero que por la lógica natural de los hechos también el espléndido investigador profesor Rivet se- . rá llevado al fin a aceptarla.
(IV Los ornamentos grabados del hacha corresponden a los siglos que 'acompañan las figuras do las tablillas místicas del período autos llamado el epi- gonal, vea W. Reiss und A. Stübol, Das Todtenfeld von Anocn, vol. I, lám.
33a, fig. 5, 7, 9,10, ote
1
• ' •
MAX U H L B — E L E M E N T O S CONSTITUTIVOS D É L A S CIVILIZACIONES ANDINAS.—
LAMINA 1
Fig. 1 Estólica de Arica 2 do Ooahuila, México 3 - 4 del Oriento 5 do Nievería, Perú G Vaso, Cumbayá, Ecuador 7 Estólica, Manizales, Colombia 8 Pictografía mexicana
Fig. 9 Lístólica, Esquimales 10 do Colombia (oro) 11 do Guano, Ecuador 12 do Cha viña, Poní
13 a, b. Ornamento do labio Chiriguanos, Bolivia
14, lo mismo, mexicano.
MAX UHMÍ.—ELEMENTOS CONSTITUTIVOS DE LAS CIVILIZACIÓNRS ANDINAS.- LÁMINA 2
Fig. J. Hotolla jn'otonazca, Museo de Lima.
Figs. 2 — 4. Hachas do cobre y hacha ceremonial, período Tuucahuan, Loja.
Fig. "). Hacha de cobre-, Trujíllo, Perú, tipo serrano y anticuo costeño combinados.