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TRABAJO DE GRADO:
“PERCEPCION DE LOS MILITARES - SUBOFICIALES ARMADA NACIONAL CARTAGENA SOBRE LA FIRMA DEL ACUERDO DE PAZ DEL ESTADO
COLOMBIANO CON LAS FARC EN LA HABANA - CUBA”.
CESAR AUGUSTO PINILLA GARZÓN
PROGRAMA DE DERECHO.
UNIVERSIDAD LIBRE SEDE CARTAGENA. CARTAGENA D.T Y C.
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TRABAJO DE GRADO:
“PERCEPCION DE LOS MILITARES - SUBOFICIALES ARMADA NACIONAL CARTAGENA SOBRE LA FIRMA DEL ACUERDO DE PAZ DEL ESTADO
COLOMBIANO CON LAS FARC EN LA HABANA - CUBA”.
CESAR AUGUSTO PINILLA GARZÓN
TUTOR
ELIZABETH RAMÍREZ LLERENA.
Requisito para optar el título de abogado.
PROGRAMA DE DERECHO.
UNIVERSIDAD LIBRE SEDE CARTAGENA. CARTAGENA D.T Y C.
3 PÁGINA DE ACEPTACIÓN. Presidente de Tesis. __________________________________________ __________________________________________ __________________________________________ Jurado No 1. __________________________________________ __________________________________________ __________________________________________ Jurado No 2. __________________________________________ __________________________________________ __________________________________________
4 CONTENIDO. Pág. 1 RESUMEN………... 6 1.1.- ABSTRACT……….. 6 1.2.- OBJETIVOS………. 7 1.2.1.- Objetivo General………. 7 1.2.2.- Objetivos Específicos……… 7 1.3.- METODOLOGÍA………. 8 1.3.1.- Formas de la investigación.. ... 8 8 1.3.2.- Tipo de investigación.. ... 8 8 1.3.3.- Método de investigación.. ... 8 8 1.4.- PALABRAS CLAVES... 8 8 2 INTRODUCCIÓN. ... 9 9 2.1.- PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA. ... 10 10 2.2.- OBJETIVOS. ... 13 13 2.2.1.- Objetivo General.. ... 13 13 2.2.2.- Objetivos Específicos. ... 13 13 2.3.- JUSTIFICACIÓN DEL PROBLEMA. ... 14 14 2.4.- HIPÓTESIS. ... 19 18 2.5.- ESTRATEGIAS METODOLÓGICAS. ... 19 19 2.5.1.- Formas de la investigación.. ... 19 19 2.5.2- Tipo de investigación.. ... 19 19 2.5.3.- Método de investigación. ... 19 19 2.5.4.- Fuentes, Técnicas e Instrumentos de Recolección de la Información. ... 20
19 2.5.4.1.- Fuentes de Recolección de la información……… 20
5 2.5.4.2.-
2.5.4.3.-
Técnicas de Recolección de la información……… Instrumentos de Recolección de la información………
20 20
3.- CAPÍTULOS………. 21
3.1.- PRIMER CAPÍTULO: EL CONFLICTO ARMADO COLOMBIANO. OPTICA MILITAR………
21
3.2.- SEGUNDO CAPÍTULO: ACUERDO DE PAZ ENTRE LAS FARC Y EL ESTADO COLOMBIANO……….
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3.3.- TERCER CAPÍTULO: SONDEO ESTADÍSTICO PARA ESTABLECER LA PERCEPCIÓN DE LOS MILITARES -SUBOFICIALES DE LA ARMADA EN CARTAGENA SOBRE LA FIRMA DEL ACUERDO DE PAZ ENTRE LAS GUERRILLAS DE LAS FARC Y EL ESTADO COLOMBIANO.
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4.- CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES. ... 60 73 4.1.- CONCLUSIONES. ... 73 73 4.2.- RECOMENDACIONES. ... 73 76
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TRABAJO DE GRADO:
“PERCEPCION DE LOS MILITARES - SUBOFICIALES ARMADA NACIONAL CARTAGENA SOBRE LA FIRMA DEL ACUERDO DE PAZ DEL ESTADO
COLOMBIANO CON LAS FARC EN LA HABANA - CUBA”.
1. - RESUMEN.
Colombia ha estado en un conflicto armado interno desde hace más de cincuenta (50) años, el mismo inició con motivación política con el Frente Nacional, que no era sino un acuerdo al que llegaron los partidos políticos Liberal y Conservador para la administración de la cosa pública. En este conflicto han estado presentes las guerrillas como las FARC, el M-19, el E.P.L, etc., algunas se desmovilizaron y luego aparecieron los paramilitares que se desmovilizaron con la Ley de Justicia y Paz. En ese estado de guerra las Fuerzas Militares se han enfrentado a estos ejércitos irregulares, por ello en este trabajo de grado nos interesa saber la “PERCEPCION DE LOS MILITARES - SUBOFICIALES ARMADA NACIONAL CARTAGENA SOBRE LA FIRMA DEL ACUERDO DE PAZ DEL ESTADO COLOMBIANO CON LAS FARC EN LA HABANA-CUBA ”.
1.1. - ABSTRACT.
Colombia has been in an internal armed conflict for more than fifty (50) years. It´s began politically with the National Front, which was nothing more than an agreement reached by the Liberal and Conservative political parties for the administration of the thing Public. In this conflict have been present guerrillas like the FARC, M-19, E.P.L, etc., some demobilized and then appeared paramilitaries who demobilized with the Justice and Peace Law. In this state of war the military
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forces have faced these irregular armies, so in this work of degree we are interested in knowing the "PERCEPTION OF MILITARY SUBOFICIALS NATIONAL ARMY CARTAGENA ON THE SIGNING OF THE PEACE AGREEMENT OF THE COLOMBIAN STATE WITH THE FARC IN HAVANA - CUBA ".
1.2.- OBJETIVOS.
1.2.1.- Objetivo General.
Establecer mediante un sondeo estadístico la percepción de los militares - Suboficiales Armada Nacional en Cartagena sobre la firma del acuerdo de paz del estado colombiano con las FARC en la Habana - Cuba.
1.2.2.- Objetivos Específicos.
Determinar cuál fue el rol de los militares en el conflicto armado colombiano. Revisar hasta donde ha avanzado el acuerdo de paz entre las guerrillas de las
FARC y el Estado colombiano.
Realizar un sondeo estadístico para establecer cuál es la precepción que los militares – suboficiales de la Armada Nacional en Cartagena tienen sobre el acuerdo de paz firmado entre el estado colombiano y las guerrillas de las FARC.
8 1.3.- METODOLOGÍA.
1.3.1.- Formas de la investigación.
Esta investigación será cuantitativa con fundamento en el análisis descriptivo del sondeo estadístico.
1.3.2.- Tipo de investigación.
Esta es una investigación aplicada para el derecho; es una investigación socio jurídica.
1.3.3.- Método de investigación.
El método de esta investigación es el cuantitativo, ya que con un sondeo estadístico se Indagará acerca de la percepción de los militares - Suboficiales de la Armada Nacional en Cartagena sobre el acuerdo de paz firmado por el estado colombiano con las FARC.
1.4.- PALABRAS CLAVES.
Fuerzas Militares, Guerrillas, FARC, Estado, Acuerdo, Paz, Postconflicto, Plebiscito.
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COLOMBIANO CON LAS FARC EN LA HABANA - CUBA”.
2.- INTRODUCCIÓN.
Con el encuentro histórico entre el presidente Juan Manuel Santos y el jefe máximo de las FARC, ‗Timoleón Jiménez‘, o ‗Timochenko‘, para anunciar el acuerdo de Justicia Transicional, la paz empieza a tomar forma, no solo por el positivismo que se ha producido en diferentes sectores, sino porque instituciones como el Ejército Nacional se están transformando para ello. Con el acto legislativo para refrendar los acuerdos de paz que fue radicado recientemente en el Congreso de la República, se empezó a vislumbrar que vendrían grandes anuncios; uno de esos es el cambio en las Fuerzas Militares para la Paz y en el Postconflicto. La expectativa fue aumentando con la propuesta de plebiscito como el mecanismo adecuado para refrendar lo pactado, se anunció un cambio de doctrina del Ejército Nacional, que se explica básicamente con esta frase de su comandante, el Mayor General Alberto José Mejía: ―No le tenemos miedo a la paz,
tenemos, por el contrario, una visión muy clara de lo que tenemos que hacer‖.1
Desde las Fuerzas Militares, para ese plan se ―incluirán cuatro estrategias: intervención integral (apoyo en desarrollo social y desde distintas entidades del Estado) en las comunidades con cultivos ilícitos; uso de nuevos herbicidas;
1
Así sería el Ejército tras la firma del acuerdo de paz con Farc. Disponible en: http://www.elcolombiano.com/colombia/paz-y-derechos-humanos/asi-seria-el-ejercito-tras-la-firma-del-acuerdo-de-paz-con-farc-DJ2784050. Consultado el día 28 de julio de 2016.
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Inteligencia para interdicción y erradicación manual‖,2 explicó. Según el
comandante, ―Las Fuerzas Militares se van a focalizar en tareas de interdicción. De eso se encargarán la Fuerza de Tarea Neptuno, con base en Turbo, y dos fuerzas de tarea en el sur del país, para controlar la droga que sale por el
Pacífico‖.3 De esta manera, el cambio de doctrina le apuesta por completo a la
paz, al parecer, sin que se afecte su presencia e institucionalidad, sólo cambiando su enfoque tal y como lo afirma el general Jorge Enrique Mora, miembro del equipo negociador del Gobierno: ―Con la firma de los Acuerdos de Paz, se necesita fortalecer especialmente a la Policía. Y el Ejército tendrá aún el trabajo de seguridad por BACRIM, narcotráfico y otros ilegales. Colombia va a necesitar sus FF.MM., pero con otra proyección. Y esa no puede ser la que quieran las FARC,
sino la que tracen los Generales, como una fuerza regular de mayor capacidad‖,
dijo el General Mora; por ello en este trabajo de grado, se pretende indagar sobre la ―PERCEPCION DE LOS MILITARES - SUBOFICIALES ARMADA NACIONAL CARTAGENA SOBRE LA FIRMA DEL ACUERDO DE PAZ DEL ESTADO
COLOMBIANO CON LAS FARC EN LA HABANA - CUBA‖.
2.1.- PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA.
El gobierno del presiente Juan Manuel Santos4 inició acercamientos de paz con las guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del pueblo; FARC-EP para acabar con cinco décadas de conflicto armado en la nación colombiana. En este país se han mezclado en su realidad social diversos actores que han generado violencia. La época en la que se agudizó la violencia política fue desde mediados de los años 40 hasta mediados de los 60 del siglo pasado, en
2 Ibídem. 3 Ibídem. 4
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esta época se enfrentaron los dos partidos tradicionales —el Liberal y el Conservador—, y se involucró también a militares y policías. Esta época trajo consigo, en forma caótica, el comienzo de la modernización capitalista de la sociedad. Los rezagos de la Violencia, unidos a los efectos de la emergente Guerra Fría, propiciaron el surgimiento de la subversión guerrillera —identificada como ―el enemigo interno‖—con la que se enfrentaron los militares.5
Los paramilitares durante el primer período presidencial del doctor Álvaro Uribe Vélez hicieron un proceso de paz que llevó a la Ley de Justicia y Paz, a la reparación y a la conciliación. El gobierno de Juan Manuel Santos y las guerrillas de las FARC con tensiones firmaron un proceso de paz. Estamos de acuerdo con el autor Gustavo Emilio Cote6 en que desde 1948 empieza un periodo de violencia en Colombia, bajo el imperio de la Constitución de 1886, porque se hizo abuso del artículo 121 de la misma lo cual permitió mantener al país en un Estado de Sitio, desde 1.949 hasta 1970. En ese tiempo el gobierno legislaba en toda materia, pero sobre todo en materia penal y convertía al Ius Puniendi del Estado en instrumento de lucha contra toda forma de oposición al régimen gobernante. El problema con el Derecho penal es que siendo eminentemente residual, está destinado a las violaciones de la ley, que de forma minoritaria se da en una comunidad donde impera la equidad, la justicia y la paz,7 este se utiliza para resolver los problemas sociales, los conflictos políticos, el mantenimiento del poder, cuando no la hegemonía o la oligarquía, en sociedades en donde impera la marginalidad, la miseria y la exclusión, como en el caso colombiano.
5
Leal Buitrago Francisco. Postconflicto y Fuerza Pública. Disponible en: http://www.elespectador.com/noticias/politica/posconflicto-y-fuerza-publica-articulo-539314.
Consultado el día 21 de mayo de 2015 6
Cote Barco Gustavo Emilio. Derecho Penal de la Violencia (1948-1996). Editorial Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá. 2010.
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Sucesivas omisiones y deficiencias en las decisiones políticas de varios gobiernos —incluida la ausencia de políticas sociales para disminuir las desigualdades— llevaron a los militares a confrontar a las guerrillas de manera poco eficiente, lo que permitió su fortalecimiento. Esta situación indujo a que el tradicional latifundismo conformara, con apoyo de sectores castrenses, grupos de paramilitares para ayudar a enfrentar a la subversión. El paramilitarismo ganó independencia mediante el respaldo de políticos regionales y la expansión del narcotráfico —estimulado por condiciones favorables en la sociedad—, lo que llevó a una mayor degradación tanto de paramilitares como de guerrillas.
La falta de experiencia de los gobiernos en el manejo de los procesos de paz — iniciados en 1982— llevó a que, con contadas excepciones, no tuvieran éxito, con lo cual no sólo se fortaleció la subversión, sino que la Fuerza Pública quedó atrapada entre decisiones políticas equivocadas y el auge guerrillero. Un mayor involucramiento de Estados Unidos en la política colombiana fue el corolario de esta crítica situación, motivada por la errada política prohibicionista de ese país contra las drogas. El Plan Colombia fue su principal consecuencia, con efectos ambivalentes durante su diseño, aprobación y ejecución. Por una parte, trajo una positiva reforma militar más adecuada para la guerra irregular. Pero, por otra, indujo más decisiones políticas internas condicionadas por Estados Unidos.
Esta síntesis de acontecimientos ocurridos en las últimas siete décadas permite mostrar efectos ideológicos cuasi estructurales que se desarrollaron progresivamente en la mentalidad militar. Entre ellos sobresale la percepción de relacionar casi cualquier situación relativa a la vida militar a través de una lente amigo-enemigo, creando así un enemigo virtual permanente, tal como explica la
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Teoría del Derecho Penal del Enemigo del Dr. Cote.8 Por eso existe una visión polarizada que percibe dos bandos antagónicos: uno, el de los demás, y otro, el propio. Esta polarización induce a actuar como si se estuviera en un ambiente bélico, al expresarse con el término de ―guerra‖. Este ambiente bélico se proyecta también en términos institucionales. Por eso se habla de ―guerra de organizaciones‖, en la que unas pertenecen al bando contrario (FARC) y otras al propio (Fuerzas Militares) de allí que nos preguntamos: ¿Cuál es la percepción de los militares – Suboficiales Armada Nacional en Cartagena sobre la firma del acuerdo de paz entre el Estado colombiano y las FARC en la Habana – Cuba?
2.2.- OBJETIVOS.
2.2.1.- Objetivo General.
Establecer mediante un sondeo estadístico la percepción de los militares - Suboficiales Armada Nacional en Cartagena sobre la firma del acuerdo de paz del estado colombiano con las FARC en la Habana - Cuba.
2.2.2.- Objetivos Específicos.
Determinar cuál fue el rol de los militares en el conflicto armado colombiano. Revisar hasta donde ha avanzado el acuerdo de paz entre las guerrillas de las
FARC y el Estado colombiano.
Realizar un sondeo estadístico para establecer cuál es la precepción que los militares – suboficiales de la Armada Nacional en Cartagena tienen sobre el
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acuerdo de paz firmado entre el estado colombiano y las guerrillas de las FARC.
2.3.- JUSTIFICACIÓN DEL PROBLEMA.
Lo acontecido en Colombia durante este largo tiempo de conflicto armado indica que la mejor ruta para tomar un camino hacia la paz es eliminando la violencia política, sin que esto lleve a que desaparezca la violencia en general, puesto que mientras exista una sociedad inconforme y con necesidades insatisfechas habrá quienes quieran cambiar el rumbo del aparato estatal. Al respecto, habría que tener en cuenta que en el país la política ha estado mediada por la violencia a lo largo de su historia republicana: la política ha sido el factor principal de reproducción de la violencia organizada. Y la mejor manera para acabar el conflicto armado colombiano es fortaleciendo el Estado en términos políticos, es decir, logrando que se monopolice el uso legítimo de la fuerza, acabando inicialmente con la violencia política.
A partir de este primer paso sería factible que el Estado se enfocara con éxito en acabar con la violencia organizada existente en Colombia, como las guerrillas de las FARC. Por más arraigadas que ellas estén en la sociedad, es posible eliminarlas, ya que carecen de esa constante de reproducción que es la política. Pero lo que no es posible es acabar con la política, que es la esencia misma de cualquier sociedad, pues jamás se acabarán las desigualdades sociales, que son las que han nutrido la política a lo largo de la historia universal. Naturalmente que esas desigualdades sí pueden —y deben— estrecharse para lograr una mejor democracia.
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Luego de las consideraciones anteriores, en este trabajo de investigación se plantea el tema del posconflicto y la Fuerza Pública. El tema se ha debatido en los diálogos de la Habana entre los jefes de las FARC y los representantes del Estado colombiano, por ejemplo, con respecto es el gasto militar, que viene en ascenso. Este rubro aumentó poco a poco, al unísono con las mayores derrotas de los militares frente a las guerrillas, ocurridas en los dos últimos años del gobierno de Samper (1994-1998), y con la reestructuración militar forzada por Estados Unidos a través del Plan Colombia durante el gobierno de Pastrana (1998-2002). Pero, luego, ese gasto se encumbró. Según datos del Ministerio de Defensa, de 2,8% del PIB en 1994, se pasó a 5,2%9 en 2009.
Buena parte de ese crecimiento se debe al aumento de efectivos de la Fuerza Pública. Al comenzar el gobierno de Uribe, en 2002, sus efectivos eran de 313.406. De éstos, 203.283 correspondían a las Fuerzas Militares y 110.123 a la Policía Nacional. Al finalizar ese gobierno, en 2010, la Fuerza Pública había aumentado a 426.014 efectivos: 267.629 de las Fuerzas Militares y 158.38510 de la Policía Nacional. En 2010, tales cifras fueron superadas en la región solamente por Brasil.
El problema de los recursos militares volvió a ventilarse el año pasado por motivo de un informe del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI). Según este organismo, en 2012 el gasto militar en el país fue poco más de $21 billones, y en 2013 aumentó 13%, hasta llegar a $24 billones. Esa cifra
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Leal Buitrago Francisco. Postconflicto y Fuerza Pública. Disponible en: http://www.elespectador.com/noticias/politica/posconflicto-y-fuerza-publica-articulo-539314.
Consultado el día 21 de mayo de 2015 10
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duplica y supera los $10,611 billones gastados en 2004. El mismo organismo señaló que el país de la región que destina más dinero al sector militar como porcentaje del PIB es Colombia, seguido por Chile, Ecuador, Brasil, Venezuela y Uruguay. Y añadió que los gastos militares incluyen compras e inversiones en rubros como Fuerzas Armadas, agencias gubernamentales de defensa, entrenamiento y equipos para operaciones militares. Tiene en cuenta también pensiones y seguridad social a miembros activos y en retiro y sus familias, mantenimiento de equipos, construcciones e investigaciones militares y servicios médicos.
En contraste, las guerrillas de las FARC y el ELN cuentan hoy con el menor número de efectivos en las últimas dos décadas. Por eso, para combatirlas no se necesita del aparataje militar que surgió a partir de la reforma adelantada durante el gobierno de Pastrana. Y tampoco se requieren ajustes estratégicos para enfrentarlas, ni incremento de recompensas por información y dádivas por deserciones, como ocurrió hace algunos años. Pero lo que sí necesita la actual situación, sobre todo en un eventual posconflicto, es una reducción de las finanzas y los efectivos de las Fuerzas Militares, amén de la supresión del servicio militar obligatorio. Pero con sólo mencionar esa necesidad aparecen variadas y enconadas resistencias. Esas resistencias seguramente se moderarían si las negociaciones con las FARC —y ojalá con el ELN— culminaran de manera exitosa.
La resistencia mayor es la promovida por militares de la reserva activa —o en uso de buen retiro—. Y entre quienes están en servicio activo, habría que considerar en especial las resistencias soterradas detectadas en los servicios de inteligencia militar, con la filtración de información. También, el peso que ostenta la ideología
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distorsionadora del ―espíritu de cuerpo‖, que es de naturaleza conservadora en cualquier ejército del mundo, pero que se ha acrecentado con la prolongación del conflicto armado.
Y si se mira el problema de la seguridad en términos generales, con el conflicto armado es más complicado someter a las guerrillas y a otras bandas que se alimentan del narcotráfico, la minería y el clientelismo político y su corrupción. Así mismo, se dificulta aún más la esquiva solución del problema de la inseguridad ciudadana.
Pero si se llega a una solución negociada del conflicto, podrían diseñarse estrategias en las que el componente represivo sea uno entre varios que se consideren necesarios. En esa nueva situación podrían evaluarse mejor el tamaño y las funciones que más les convendría cumplir a los militares, además de la tradicional de mantener la seguridad nacional hacia el exterior. Pero en este campo habría que recordar que ahora las amenazas son más difusas y trasnacionales y por lo tanto más difíciles de ubicar en un plano nacional definido.
Sobre la base de las ideas que se han expuesto, puede afirmarse que la Fuerza Pública constituye el problema central de los necesarios cambios institucionales para una situación de posconflicto. Su proceso de solución será largo y complejo, aun después de decantarse una eventual desmovilización guerrillera. De ahí que sea fundamental que el Gobierno central busque abandonar sus ambivalencias, sobre todo frente a las disímiles y dispersas organizaciones de la sociedad civil, para que tengan un norte que no sea el de los intereses corporativos que han predominado.
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Buena parte de la política de unificación de las dispersas tendencias que afectan a la opinión pública debería orientarse hacia las Fuerzas Militares, con el fin de al menos frenar las prevenciones sobre su futuro una vez solucionada la violencia política. Por eso es indispensable recordar las transformaciones que se han iniciado en su entorno, como son los cambios estratégicos por innovaciones en armamentos, el crecimiento acelerado de la población y la urbanización, la extendida globalización y el realce de la diplomacia y los organismos multilaterales. Sin la existencia del conflicto armado, la adaptación a tales cambios sería fluida.
Además, la necesidad de reorientar la política económica neoliberal, frente a los inmensos recursos que requiere un posconflicto que pretenda ser sostenible, podría entenderse mejor sin el conflicto armado y su derroche presupuestal incontrolado. En esta tarea prospectiva cabrían funciones militares alternativas que comienzan a vislumbrarse, como es la defensa de la naturaleza. Un camino sosegado, sin violencia política, es el que les conviene más a nuestra Fuerza Pública y al pueblo colombiano.
El conjunto de problemas señalados es en su esencia de carácter político, es decir, de manejo de disímiles poderes presentes en la sociedad. Pero en ellos hoy no cuentan cientos de sectores sociales excluidos. Para que algún día esos sectores tengan ―voz y voto‖ en una nación incluyente, es necesario primero acabar con la violencia política —hoy degradada—, que ha traspasado la historia republicana de este país desarticulado. Por eso, se requiere comenzar desde ya este arduo y largo proceso de integración nacional.
19 2.4.- HIPÓTESIS.
Las Fuerzas Militares vienen adelantando una transformación en la que se viene trabajando hace cuatro años y con la que, al parecer, se define lo que será el Ejército para la paz con la Firma de los Acuerdos entre las FARC y el Gobierno colombiano, según lo expuesto, se logrará una institución más educada y preparada para las disidencias que surjan de este proceso, el ataque frontal a quienes no se acojan a la negociación, la lucha por convicción contra las bandas criminales y la criminalidad en general, el crimen trasnacional y las amenazas de otro orden que se puedan presentar.
2.5.- ESTRATEGIAS METODOLÓGICAS.
2.5.1.- Formas de la investigación.
Esta investigación será cuantitativa con fundamento en el análisis descriptivo del sondeo estadístico.
2.5.2.- Tipo de investigación.
Esta es una investigación aplicada para el derecho; es una investigación socio jurídica.
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El método de esta investigación es el cuantitativo, ya que con un sondeo estadístico se Indagará acerca de la percepción de los militares - suboficiales de la armada nacional en Cartagena sobre el acuerdo de paz firmado por el Estado colombiano con las FARC en la Habana – Cuba.
2.5.4. FUENTES, TECNICAS E INSTRUMENTOS DE RECOLECCIÓN DE LA INFORMACIÓN.
2.5.4.1.- Fuentes de Recolección de la información.
Las fuentes que se utilizarán para la recolección de la información será la secundaria en la consulta de los antecedentes y la primaria a través de la encuesta que nos permite desde el sondeo estadístico indagar acerca de la percepción de los militares - suboficiales de la armada nacional en Cartagena sobre el acuerdo de paz firmado por el Estado colombiano con las FARC en la Habana – Cuba.
2.5.4.2.- Técnicas de Recolección de la información.
El instrumento para recoger la información serán las encuestas.
2.5.4.3.- Instrumentos de Recolección de la información.
La información se recolectará mediante la aplicación de los formatos de encuestas.
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3.- CAPÍTULOS.
3. 1 PRIMER CAPÍTULO: EL CONFLICTO ARMADO COLOMBIANO.
En este apartado haremos un análisis sobre la Violencia Política en Colombia. El conflicto colombiano ha sido heterogéneo tanto a lo largo del tiempo (50 años aproximadamente) como en la extensión del territorio (a lo largo y ancho del país). Así mismo lo han sido sus actores, sus víctimas y sus repertorios violentos.12 En el mismo se hace una síntesis de los orígenes del conflicto armado; sus continuidades y cambios que están relacionados con un sinnúmero de factores, entre ellos se encuentran la persistencia del problema agrario; las limitaciones y posibilidades de la participación política; las influencias y presiones del contexto internacional en la época; la irrupción y la propagación del narcotráfico y la fragmentación institucional y territorial del Estado.13
Se ha afirmado a menudo que el problema de la violencia es el problema primario en el Estado moderno, como asociación política, es definible sólo por referencia a un medio específico, que es la violencia física14. El Estado es la única fuente del derecho al uso de la violencia: es una relación de dominación entre seres humanos que se sostiene por medio de la fuerza. En todas las épocas lo que se ha considerado inalterable, parte del "orden natural", no se ha calificado nunca como violencia. Lo que cuenta como `violento', en un momento dado, es consecuencia de la posición y de la perspectiva de ciertos grupos sociales, por lo
12
Fisas Vicenç y de Cultura de Pau Escola, Anuario de procesos de paz. Barcelona. Icaria, 2012. consultado el 22 de junio del 2016, http://escolapau.uab.cat/img/ programas/procesos/12anuarie.pdf.
13
Poveda Villafañe Liduvina. Impacto Político de la Violencia y el Establecimiento Paramilitar en Colombia. Tesis Doctoral. República Bolivariana de Venezuela. Universidad del Zulia. Facultad de Derecho. División de Estudios para Graduados. Doctorado en Ciencias Políticas.
14
Weber, Max: "La Política como vocación", en Weber, M. El político y el científico, Madrid, Alianza, 1984 (88 edición), pp. 81-179.
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que diferentes grupos definirán violencia, desde diferentes puntos de vista. Tradicionalmente, el término violencia política podía reservarse para las acciones agresivas de ciertos colectivos contra el poder establecido, con el fin de derribarlo o de transformarlo. La violencia política supone entonces una alteración de la "normalidad"; por muy injusta e ilegítima que ésta fuera del orden legal y constitucional; una alteración de la vida política cotidiana provocada por la reacción de algunos grupos contra las autoridades.
En los tiempos que corren, esta visión debe ser enriquecida con nuevos elementos: entre ellos, dos nos parecen especialmente remarcables. Uno es la consideración de ciertas actuaciones del Estado como violencia ejercida de forma continua y sistemática. Otro es la creciente participación de masas, de amplios sectores sociales, e incluso de ciudadanos conscientes y responsables, en la comisión de demostraciones y actos violentos15,16
Hablaremos entonces de la Violencia Política en Colombia, en reconocimiento del carácter cambiante del conflicto armado, de sus protagonistas y de sus contextos; el Centro de Memoria Histórica de Colombia identifica cuatro periodos en su evolución: El primer periodo (1958-1982)17 marca la transición de la violencia bipartidista a la subversiva, caracterizada por la proliferación de las guerrillas que contrasta con el auge de la movilización social y la marginalidad del conflicto armado.
15
Cameron, J, M. "On Violence", the New York Review of Books 15, 1970, pp. 24-32. 16
Wells, Donald A. "Is `Just Violence, like `Just War?", Social Theory & Practice 1, 1970, pp. 26-38. 17
GMH. ¡Basta ya! Colombia: Memorias de guerra y dignidad. Bogotá: Imprenta Nacional, 2013. http://www.centrodememoriahistorica.gov.co/micrositios/fin-del-conflicto/index.html. Consultado el día 20 de junio de 2016.
23
Mapa No 1. KienyKe reproduce un mapa en el que se identifican los territorios nacionales donde operan los dos principales grupos guerrilleros (FARC y ELN). Las zonas donde más ejercen resistencia armada coinciden con la mayoría de zonas rojas identificadas. Fuente: http://www.kienyke.com/politica/las-zonas-de-mas-violencia-en-colombia/.
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El segundo periodo (1982-1996) se distingue por la proyección política, expansión territorial y crecimiento militar de las guerrillas, el surgimiento de los grupos paramilitares, la crisis y el colapso parcial del Estado, la irrupción y propagación del narcotráfico, el auge y declive de la Guerra Fría junto con el posicionamiento del narcotráfico en la agenda global, la nueva Constitución Política de 1991, y los procesos de paz y las reformas democráticas con resultados parciales y ambiguos. El tercer periodo (1996-2005) marca el umbral de recrudecimiento del conflicto armado. Se distingue por las expansiones simultáneas de las guerrillas y de los grupos paramilitares, la crisis y la recomposición del Estado en medio del conflicto armado y la radicalización política de la opinión pública hacia una solución militar del conflicto armado. La lucha contra el narcotráfico y su imbricación con la lucha contra el terrorismo renuevan las presiones internacionales que alimentan el conflicto armado, aunado a la expansión del narcotráfico y los cambios en su organización. El cuarto periodo (2005-2012) marca el reacomodo del conflicto armado. Se distingue por una ofensiva militar del Estado que alcanzó su máximo grado de eficiencia en la acción contrainsurgente, debilitando pero no doblegando la guerrilla, que incluso se reacomodó militarmente.
CARACTERIZACIÓN DE LA VIOLENCIA POLÍTICA EN COLOMBIA.
Las condiciones socioeconómicas en que se consolidan los partidos liberal y conservador en Colombia, en la segunda mitad del siglo XIX, determinaron en buena parte las peculiaridades que han acompañado su desarrollo posterior. (En la mitad del siglo XIX comenzaron a estructurarse los partidos políticos tradicionales de Colombia. Primero fue el Liberal en 1848 y cuyo programa fue esbozado por José Ezequiel Rojas. El año siguiente, 1849, Mariano Ospina Rodríguez y José Eusebio Caro, redactaron el programa correspondiente al
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Conservador.18 A grandes rasgos, la sociedad en esta Colombia decimonóica se dividía en dos grupos que diferían dos cosas, unos abogaban por la tradición política con la que se venía, y en este grupo estaban: Los esclavistas, burócratas, terratenientes, militares de alto rango y clero, para quienes la situación era ideal y debía ser mantenida a toda costa. Parafraseando a Álvaro Tirado Mejía: "tenían
mucho que conservar".19 Los otros, apoyaban la idea de transformar al Estado
Colombiano y eran los comerciantes, los indígenas, los esclavos y los artesanos.
Hay una tradición histórica que ha postulado que los orígenes de los partidos Liberal y Conservador se remontan a la herencia de las querellas que existieron entre los bolivarianos y los santanderistas, pero leer un acápite del programa conservador de Mariano Ospina Rodríguez nos desdibuja esta hipótesis porque, en el programa conservador de 1849, Ospina Rodríguez escribió: "Ser o no ser enemigo de Santander, de Azuero o de López, no es ser conservador: porque Santander, Azuero y López, defendieron también, en diferentes épocas, principios conservadores. Haber sido amigo de estos o aquellos caudillos en las guerras por la Independencia, por la libertad o por la Constitución, no constituye a nadie Conservador; porque alguno de estos caudillos han defendido también alguna vez
principios conservadores".20
Sin embargo, los Conservadores, liderados por Mariano Ospina Rodríguez, preferían continuar con el Estado colonial que se había alargado porque las transformaciones podían interferir con sus intereses económicos: la abolición de la
18
Subgerencia Cultural del Banco de la República. (2015). Historia de los partidos políticos en
Colombia. Recuperado de:
http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/ayudadetareas/politica/historia_partidos_politicos_colombi a
19
Tirado, Mejía Álvaro. "El Estado y la Política en el Siglo XIX" en: Nueva historia de Colombia, tomo II, Editorial Planeta, Bogotá, 1989.
20
Ocampo López, Javier. "Los partidos políticos: liberales y conservadores". En: Historia de Colombia. Tomo 6. Editorial Salvat, Bogotá, 1987.
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esclavitud, por ejemplo, afectaba los intereses económicos de los esclavistas, porque perderían el dinero que los esclavos les habían costado y se verían obligados a contratar jornaleros. Además, convertir, en términos jurídicos iguales a todos los hombres, les derrumbaba su poder social.
La situación de los liberales era muy diferente. Para ellos, el cambio era totalmente significativo e implicaba transformar el Estado, pasando de unas relaciones coloniales a un Estado con leyes generales para todos. En Las ideas liberales en Colombia, de Gerardo Molina, se enumeran las reformas que los liberales proponían en la segunda mitad del siglo XIX: Abolición de la esclavitud; Libertad absoluta de imprenta y de palabra; Libertad religiosa; Libertad de Enseñanza; Libertad de industria y comercio, inclusive el de armas y municiones; Desafuero eclesiástico; Sufragio Universal, directo y secreto; Supresión de la pena de muerte y dulcificación de los castigos; Abolición de la prisión por deuda; Juicio por jurados; Disminución de las funciones del Ejecutivo; Fortalecimiento de las Provincias; Abolición de los monopolios, de los diezmos y de los censos; Libre cambio; Impuesto único y directo; Abolición del ejército; Expulsión de los Jesuitas).
En la Colombia rural del siglo pasado el monopolio de la propiedad de la tierra generó el monopolio de la mano de obra. Independientemente de que hubiera alguna diferenciación social en las élites, las relaciones agrarias funcionaron como referencia básica de la organización política. El hacendado y el latifundista convertidos en gamonales o en jefes militares, sirvieron de núcleo a un sistema de lealtades partidistas. La hacienda decimonónica- encarna un modelo de dependencias fuertemente autoritario en la medida en que es simultáneamente un sistema muy personalizado. Tales características se expandieron a las formas de articulación de los partidos políticos que había en Colombia.
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Estos se fortalecieron a través de la adscripción, la identificación sectaria, la comunicación política autoritaria y la valoración de la pertenencia a uno u otro partido como fenómeno natural y no como proceso de libre elección de alternativas. Por ello no se encuentra en la historia de la República colombiana una etapa de concurrencia civilizada de los partidos sino una azarosa sucesión de rivalidad destructiva y de acuerdo bipartidista compulsivo. Insistentemente la literatura histórica recoge los testimonios de la violencia ejercida sobre los electores liberales a finales de los años cuarenta para obligarlos a cambiar el voto en favor del partido conservador. Sin embargo, el ambiente de las relaciones interpartidarias en el período comprendido entre 1930-1945 estaba lejos de ser el de una arcadia feliz. Veamos al respecto las características de algunas de las jornadas electorales transcurridas bajo la "república liberal" según costa en un reporte de prensa, el domingo 14 de mayo de 1933, día de elecciones a la Cámara, en Guaca, Santander, el ejército dio muerte a cuatro ciudadanos liberales, en Briceño dos agentes de policía murieron violentamente y en Manizales en disturbios murió un obrero liberal21.
Esa violencia electoral es inherente a la naturaleza misma de los partidos colombianos. López Pumarejo así lo afirmaba en un discurso de la campaña electoral para Cámara en febrero de 1941: "Los partidos para mantener esa disciplina ignominiosa han de apelar a los recursos bárbaros de la excitación pasional, de la sangrienta tradición de las guerras civiles, de la herencia política de las estirpes y a la imposición de códigos feudales de honor partidista, que en vez
de civilizar la hacen más cruel despótica e insignificante"22. Estas apreciaciones se
hacían cuando el país se encontraba bajo "la normalidad republicana". Las elecciones realizadas entre 1947 y 1953 se rodearon de la más aguda coerción. Como la Violencia obedeció al menos durante la primera etapa, al propósito del
21
Periódico El Tiempo, Bogotá, marzo 17 de 1933. 22
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partido minoritario de mantenerse en el poder a cualquier precio, las elecciones se acompañaron del despliegue del terror masivo particularmente en los campos.
El historiador norteamericano John D. Martz describe cómo "bandas de partidarios del gobierno erraban en busca de campesinos. Les arrebataban las cédulas
electorales y en cambio daban a esos campesinos pases o "salva conductos"23
con una fotografía de L. Gómez. El texto de esos documentos decía: El suscrito presidente del Directorio Conservador certifica que el Señor... portador de la cédula No. ... expedida... ha jurado que no pertenece al partido liberal. En
consecuencia, su vida, sus bienes y su familia deberán ser respetados"24
Como vemos en su origen, el conflicto armado contemporáneo (Siglo XX) en Colombia está imbricado con la llamada violencia política bipartidista (Partido Liberal vs Partido Conservador) y el Frente Nacional (Pacto que hicieron los dos partidos políticos para mantenerse en el poder desde 1958 hasta 1974) también está relacionado con las inequidades que se derivaron de este último. Los intentos fallidos de reforma a la estructura de la tenencia de la tierra, de una parte, y la limitada capacidad de incidencia de los actores disidentes que cuestionaban el acuerdo bipartidista mencionado, son, tal vez, los fenómenos políticos más notables asociados a esta época.
a.- La violencia política en Colombia: Breve reseña de sus actores, víctimas y repertorios violentos.
Podríamos decir que durante el siglo XIX y buena parte del siglo XX, los partidos políticos colombianos tradicionales recurrieron a la violencia para dirimir las
23
Martz John D. Colombia Un Estudio de Política Contemporánea. Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 1969, p. 125.
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disputas por el poder y, en particular, para lograr el dominio del aparato estatal, a tal punto que este accionar puede considerarse como una constante histórica de varias décadas. En efecto, la pugnacidad política y las acciones violentas entre los partidos tradicionales, Liberal y Conservador, alcanzaron su nivel más crítico en el periodo conocido como La Violencia, que comprende desde 1946 hasta 1958. Aunque la violencia liberal-conservadora fue promovida por la dirigencia de ambos partidos, el enfrentamiento político se vio especialmente atizado por el sectarismo manifiesto del dirigente conservador Laureano Gómez, presidente de la República entre 1950 y 1953.
A partir de entonces, el conflicto político se tradujo en una abierta confrontación armada. El hecho de que los miembros del aparato burocrático estatal, del sistema de justicia y de las Fuerzas Armadas estuvieran afiliados a uno de los dos partidos tradicionales —aunque la Constitución ordenaba que los uniformados debían ser apolíticos— fue uno de los generadores de altos niveles de violencia. A ello se sumó la intervención de la Iglesia católica a favor del partido Conservador, hecho que le dio una justificación moral y religiosa al discurso antiliberal25 y anticomunista.26
La Violencia se expresó, entre otras formas, en la ola represiva contra los movimientos agrarios, obreros y populares urbanos reunidos en torno a los ideales del gaitanismo, y alcanzó su máximo nivel de radicalización política tras el asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948, suceso que desató protestas populares y fue conocido como El Bogotazo. Como sello distintivo de la década de 1950, la violencia se libró entre los ciudadanos adscritos a ambas colectividades políticas mediante el ataque a los militantes del partido
25
Abel Chistopher, Política, iglesia y partidos en Colombia. Bogotá: FAES/Universidad Nacional de Colombia, 1987.
26
Pécaut, Daniel. Violencia y política en Colombia. Elementos de reflexión. Medellín: Hombre Nuevo/Universidad del Valle, 2003.
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contrario (liberales vs conservadores y viceversa) o a sus territorios de influencia (Región, departamento, municipio liberal vs Región, departamento, municipio conservador). Dentro de los partidos políticos se constituyeron agrupaciones armadas con diferentes niveles de organización: de un lado, la policía llamada chulavita y Los pájaros (asesinos a sueldo), al servicio del Gobierno Conservador; del otro, las guerrillas liberales y las autodefensas comunistas al servicio del partido Liberal.
A finales de 1949, luego del asesinato de Jorge Eliecer Gaitán la violencia campeaba en regiones de ocho departamentos. El genocidio se convirtió en fenómeno de ocurrencia ordinaria. Una revista de prensa del segundo semestre de 1949 ofrece una idea de la magnitud de la matanza. En Belalcázar (Cauca), 112 personas fueron fusiladas en un sólo día, en El Playón (Santander) la policía incendió el poblado asesinando a 50 de sus habitantes, en Anserma (Valle) el 20 de septiembre son asesinadas varias personas. A finales de agosto el municipio de Saboyá, en el occidente de Boyacá el ejército atacó dejando un saldo de 80 muertos y más de 1.000 campesinos desalojados. Por esos días un periódico regional escribía: "La tierra en el norte del Valle se ha convertido en tierra
sepulcral".27 El 7 y 8 de ese mes fue arrasada la aldea de Betania: 260 cadáveres
de campesinos quedaron sobre el campo. El 22 de octubre en Cali con pasmosa frialdad fueron asesinados hombres, mujeres y niños reunidos en la Casa Liberal. El 27 de octubre, a bala, fuego y dinamita fue arrasada Ceylán, en el pueblo de San Rafael la policía fusiló a campesinos liberales y arrojó sus cadáveres al río. Estas masacres arrojaron un saldo de 150 muertos en Ceylán y de 27 fusilados en San Rafael. A finales del mes de octubre se produjo el incendio y destrucción de Arauca (Caldas). Tales genocidios fueron componiendo la cifra de 18.519 que
27
Oquist Villencia Paul. Conflicto y Política en Colombia. Instituto de Estudios colombianos. Bogotá, 1978 p. 59.
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Paul Oquist ofrece como estimativo del número de muertes por la violencia para el año de 194928.
La confrontación política bipartidista (liberales vs conservadores) se radicalizó y se degradó a tal punto que las agrupaciones armadas cometieron masacres, actos violentos con sevicia, crímenes sexuales, despojo de bienes y otros hechos violentos con los cuales ―castigaban‖ al adversario. Rituales macabros,29
como el descuartizamiento de hombres vivos, las exhibiciones de cabezas cortadas y la dispersión de partes de cuerpos por los caminos rurales, que aún perviven en la memoria de la población colombiana, le imprimieron su sello distintivo a ese periodo al que, como ya se mencionó, se suele llamar con la expresión genérica de ―La Violencia‖, lo que pareciera expresar la naturalización de este tipo de fenómenos30 en la historia política nacional.31
Cuando la degradación de la violencia y el sectarismo del Gobierno Conservador de Laureano Gómez habían propagado el caos, las élites partidistas más moderadas optaron por una transición política que permitiera poner fin a la violencia en 1953 con el ―golpe de opinión‖ que permitió el ascenso del general Gustavo Rojas Pinilla a la presidencia de la República (1953-1957). Con el mandato de pacificar el país y poner fin a la violencia bipartidista, el gobierno militar de Rojas Pinillas ofreció una amnistía a las guerrillas liberales y a las autodefensas campesinas (lo cual quiere decir que desde 1953 han existido las guerrillas marxistas – leninistas y los grupos de autodefensas); las primeras se
28
Ibídem. 29
Uribe, María Victoria. Antropología de la inhumanidad: un ensayo interpretativo sobre el terror en Colombia. Bogotá: Norma, 2004.
30 Gaitán, Fernando. ―Una indagación sobre las causas de la violencia en Colombia‖, en Dos ensayos especulativos sobre la violencia en Colombia, Malcolm Deas y Fernando Gaitán, 89-415. Bogotá: FONADE, Departamento Nacional de Planeación, 1995.
31
Oquist, Paul. Violencia, conflicto y política en Colombia. Bogotá: Instituto de Estudios Colombianos, 1978.
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acogieron mientras que las segundas la rechazaron, con excepción de las autodefensas campesinas del Sumapaz y el oriente del Tolima, orientadas entonces por el Partido Comunista. La respuesta del Gobierno militar, atizada por su talante anticomunista, consistió en el despliegue de operativos militares contra los núcleos de autodefensa campesina que precipitaran su transformación en las guerrillas revolucionarias32,33 de hoy (FARC, EPL, ELN, PRT). Ciertamente, la ofensiva militar del general Gustavo Rojas Pinilla contra las autodefensas comunistas del Sumapaz y el oriente del Tolima, emprendida en 1955, les sirvió de argumento a los guerrilleros radicalizados del sur de ese departamento para no entregar las armas y proseguir la lucha armada.
Imagen No 1. La guerrilla de los Fonseca en la amnistía 1953. Fuente: Fotógrafo desconocido, colección Guzmán.
32
Pizarro Leongómez, Eduardo. Las FARC (1949-1966). De la autodefensa a la combinación de todas las formas de lucha. Bogotá: Tercer Mundo, 1991.
33 Medina Gallego, Carlos. Ejército de Liberación Nacional, ―Notas para una historia de las ideas políticas en Colombia‖, en Para reconstruir los sueños (Una historia del EPL), Álvaro Villarraga y Nelson Plazas. Bogotá: Fundación Cultura Democrática, 1994.
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Esta ofensiva militar no cedió en el Frente Nacional (1958-1974) Pacto político acordado entre los líderes de los partidos tradicionales, Alberto Lleras Camargo del Partido Liberal y Laureano Gómez del Partido Conservador. Si bien es cierto que el acuerdo bipartidista fue una estrategia política para apaciguar las animosidades sectarias y reducir la competencia entre los partidos Liberal y Conservador mediante su alternancia en el poder y la paridad en el reparto burocrático, también cabe insistir que el componente militar en ese esquema de gobierno fue muy importante. De la mano de agencias del Gobierno estadounidense, durante la coalición política del Frente Nacional (que duró dieciséis años) fueron puestas en práctica estrategias de contención del comunismo que combinaron la represión militar a los grupos insurgentes con el reformismo social (El Tratado de Asistencia Recíproca (TIAR), en cuyo marco se adelantaron los programas de ayuda militar bilaterales (MAP), entre 1952 y 1958, y la Alianza para el Progreso (Programa de ayuda económica, política y social de Estados Unidos para América Latina), entre 1961-1970.) La lógica anticomunista o de contención del enemigo externo, construida en el ambiente de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética, determinó el concepto de seguridad en desarrollo del Tratado de Asistencia Recíproca (TIAR) que sirvió de base a la estrategia de la Fuerza Pública y que encontró refuerzo en la exclusión de fuerzas políticas distintas a los partidos tradicionales, sobre la que se erigió el Frente Nacional.
b.- De las autodefensas campesinas a las guerrillas revolucionarias.
En los comienzos del Frente Nacional, los remanentes conflictivos eran entendidos como la prolongación de los problemas de la lucha bipartidista. El resurgir de la violencia y las organizaciones campesinas lideradas por jefes comunistas, por otra parte, se veían como parte de un complot comunista internacional, que se suponía
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antecedido por las revoluciones triunfantes en China y Cuba. A su vez, los intentos de recuperación militar del territorio y de erradicación de las prácticas delincuenciales que sustentaban económicamente a las bandas de todos los grupos, fueron entendidos por la izquierda como una confabulación nacional e internacional de la derecha contra los grupos comunistas. Estas dos miradas conspirativas eran clásicas de la coyuntura internacional de la Guerra Fría, que en esos años estaba marcada por los triunfos revolucionarios en China y Cuba bajo la potestad de la Unión Soviética y la escisión soviética del comunismo internacional y la consiguiente reacción de la Alianza para el Progreso34 bajo la tutela de los Estados Unidos, con lo cual se configuraba el escenario propicio para el surgimiento de nuevos grupos armados. La coyuntura nacional también dio lugar a dos interpretaciones: la de aquellos que consideraban que la Violencia era resultado de la delincuencia común y de la patología de nuestras clases populares, y la de aquellos que la interpretaban como consecuencia social de un problema agrario nunca resuelto y de la desigual articulación política y económica de las regiones con el gobierno central.
En ese contexto nacional, la transformación de las antiguas autodefensas comunistas en las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - FARC estuvieron articuladas con los enfrentamientos entre guerrillas comunistas y liberales, la eliminación de las bandas conservadoras y liberales, y los esfuerzos del régimen bipartidista para entroncarse con los poderes locales y regionales — algunos de ellos tenían vínculos evidentes con sus respectivas guerrillas—. Según la narrativa oficial de las FARC, su surgimiento se relaciona con los ataques del Ejército contra las denominadas ―repúblicas independientes‖ (1964 y 1966). Según
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En el contexto de la Guerra Fría, la Alianza para el Progreso constituyó un programa de ayuda exterior del Gobierno de John F. Kennedy (1961-1963), que pretendía el fomento del desarrollo y las reformas en América Latina. Así redefinía las relaciones entre Estados Unidos y la región, frente al impacto de la Revolución Cubana.
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otras versiones, el regreso de los grupos comunistas a la lucha armada tuvo inicio, por un lado, en el asesinato de uno de sus jefes principales, Jacobo Prías Alape, alias Charro Negro, por parte de las guerrillas liberales; y, por otro lado, tuvo inicio en la reacción de estos grupos frente a la recuperación militar del territorio que realizaba el Ejército Nacional, en la cual también resultaban golpeadas las guerrillas liberales y las bandas conservadoras.35
El periodo de mutación de los grupos armados e irrupción de las guerrillas en confrontación abierta con el régimen bipartidista refleja la combinación de múltiples factores: los rezagos de la violencia de los años cincuenta; los intentos del Ejército Nacional por recuperar militarmente el territorio; la limitada capacidad del Frente Nacional para insertar grupos organizados al margen del bipartidismo; y la dificultad para desvertebrar las relaciones que los gamonales y poderes políticos locales habían mantenido con los grupos armados cercanos a sus partidos. En este contexto, los grupos organizados al margen de los partidos y algunas de sus facciones disidentes tendieron a percibir el Frente Nacional como un régimen político excluyente. El cierre de oportunidades legales que este parecía exhibir se convirtió, para mucho, en justificación suficiente para optar por la lucha armada.
La creciente fragmentación de los partidos políticos en facciones relativamente autónomas, agravada por la violencia bipartidista y reforzada por el hecho de que el Frente Nacional hacía énfasis en la competencia dentro de los partidos, hacía evidente la condición de Colombia como un conglomerado de confederaciones de poderes regionales y locales;36 cabe anotar que algunos de estos poderes habían
35
Delgado, Álvaro. Todo tiempo pasado fue peor. Bogotá. La Carreta, 2007. 36
González, Fernán. Para leer la política. Ensayos de historia política de Colombia. Bogotá: CINEP, 1997.
36
estimulado y apoyado a las guerrillas de sus respectivos partidos. Todo ello hacía difícil la labor pacificadora de los primeros Gobiernos del Frente Nacional. El carácter local de la violencia bipartidista había creado cierta distancia entre los jefes y directorios nacionales de los partidos, los gamonales regionales y locales, y los jefes de las bandas y guerrillas.37 El pacto bipartidista entre las cúpulas de los partidos no lograba superar las rivalidades entre regiones, municipios y veredas, ni las relaciones de los gamonales con las guerrillas de sus respectivos partidos.
En su alocución en el Congreso de julio de 1959, el presidente Alberto Lleras Camargo38 insistía en la necesidad de prepararse para una intensa campaña de pacificación, porque la Violencia no iba a desaparecer súbitamente. Reconocía, de entrada, que la Violencia había involucrado a gran parte de la población colombiana, pero que obedecía a causas más profundas. Por eso, una represión sin discriminación razonable, ni oportunidad para una recuperación de la ciudadanía, no haría más que ahondar el mal y extenderlo, decía. Pero también advertía que era inviable una amnistía total, incalificada y ciega. El énfasis en la solución represiva impulsada por algunos gobernadores y algunos dirigentes gremiales, como los de la Federación de Cafeteros y la Sociedad de Agricultores de Colombia, se vería fortalecido con la expiración del plazo legal de la amnistía el 26 de julio de 1959.
37
Sánchez Gonzalo y Meertens, Donny. Bandoleros, gamonales y campesinos. El caso de la Violencia en Colombia. Bogotá: El Áncora, 1983.
38
GMH. ¡Basta ya! Colombia: Memorias de guerra y dignidad. Bogotá: Imprenta Nacional, 2013. http://www.centrodememoriahistorica.gov.co/micrositios/fin-del-conflicto/index.html. Consultado el día 20 de junio de 2016.
37
Imagen No 2. Foto de los inicios de la Violencia Política colombiana. Fuente: Centro Nacional de Memoria Historica de Colombia.
El componente represivo de la estrategia de pacificación del Frente Nacional intentó infructuosamente complementarse con programas de rehabilitación social y económica en zonas afectadas por la violencia bipartidista. Este intento resultó fallido, entre otras razones, por la falta de consenso sobre el diagnóstico y la caracterización de los hechos (para unos criminal y para otros sociopolítica); por las dificultades para responder a las expectativas de las víctimas por parte de un Estado colombiano pobre; por las críticas suscitadas por el desarrollo de los planes de rehabilitación en las regiones aún afectadas por la violencia —lo que fue visto por algunos como un apoyo explícito a los grupos armados—, y, finalmente, por el interés de las autoridades locales y regionales de responder a la exigencia de mantener el orden público. En medio de estas dificultades, el recrudecimiento de la violencia acabó despojando de protagonismo a los planes de rehabilitación y forzó el regreso a políticas de corte represivo, como sucedió en los departamentos de Tolima y Huila.
38
c.- El Estado colombiano lucha por recuperar el monopolio de la fuerza en las regiones.
Ante la proliferación de bandas armadas de diferente orientación política, el entonces presidente Alberto Lleras Camargo39 solicitó la asesoría del Gobierno norteamericano en 1959. Para este fin, la administración del presidente Dwight D. Eisenhower delegó a un grupo especial de investigación de la Agencia Central de Inteligencia, CIA. Este grupo, que llegó a Colombia en octubre de 1959, presentó un informe preliminar el 27 de enero de 1960 en el que ofrecía una caracterización de la violencia de la época, sus actores, e incluso sus soluciones, y tuvo un notable impacto en la manera como se enfrentó el conflicto, tanto en el plano militar como en el social.
Con respecto a la naturaleza de la violencia colombiana, el informe la describía como de tendencia predominantemente criminal, pero con un potencial importante de transformación en violencia de carácter subversivo. El informe precisó que las fuerzas comunistas no eran una amenaza en el corto plazo, pero advirtió que tenían potencial para explotar las tensiones ya existentes a través de los grupos de autodefensa campesina en la época. En lo que concernía al papel de la Fuerza Pública, el informe señaló la incapacidad de esta entidad para afrontar la situación, y evidenció la desconfianza que generaba entre la población, pues era percibida como un ente politizado, en especial la Policía. También se enfatizó en el recelo y el odio de las comunidades hacia el aparato gubernamental y sus instituciones de justicia, como efecto de la desprotección durante el periodo de la Violencia.40, 41
39
Ibídem. 40
Rempe, Dennis. United States National Security and Low Intensity Conflict in Colombia, 1947-1965. Alberta: Universidad de Galgary, 1994.
41
Rempe, Dennis. The Past as Prologue? A History of U.S. Counterinsurgency Policy in Colombia, 1958-66 Carlisle: Strategic Studies Institute, 2002.
39
Frente a este diagnóstico, el informe sugirió una estrategia dual. En primer lugar, reducir la violencia bandolera por medio de una fuerza móvil contrainsurgente. Tal propósito podría lograrse en un año, dado que los grupos criminales carecían de ideología y capacidad de proyección estratégica. En segundo lugar, emprender reformas sociales, políticas y económicas para enfrentar los riesgos de una violencia de carácter subversivo. La estabilidad interna solo se lograría combinando las actividades militares y el cumplimiento de las leyes con esfuerzos para eliminar la injusticia social, política y económica. Para alcanzar esta meta, el principio cardinal era el desarrollo de un verdadero Gobierno democrático, que atendiera los graves problemas sociales. Siguiendo esta línea, fue la política antisubversiva, que fue difundida en todo el continente durante guerras de liberación en los países subdesarrollados que había promulgado el líder soviético Nikita Khrushchev en enero de 1961, bajo la potestad del comunismo promulgado por la Unión Soviética.
El presidente Alberto Lleras Camargo42 acogió muchas sugerencias de la misión del Gobierno de Estados Unidos, que insistía en la necesidad de impulsar el desarrollo nacional y los programas de rehabilitación, especialmente en el área rural. Desde abril de 1960, Lleras Camargo propuso un proyecto de reforma agraria, programas de acción cívica como la apertura de carreteras, ayuda médica y la construcción de escuelas en las zonas rurales. Pero estos programas gubernamentales se veían severamente limitados en algunas regiones, precisamente las más afectadas por las últimas etapas de la Violencia, donde las redes locales y regionales de los partidos Conservador y Liberal mostraban muchas dificultades para articular poblaciones que estaban organizadas por fuera de dichas estructuras.
42
GMH. ¡basta ya! Colombia: Memorias de guerra y dignidad. Bogotá: Imprenta Nacional, 2013. http://www.centrodememoriahistorica.gov.co/micrositios/fin-del-conflicto/index.html.
40
La administración de John F. Kennedy43 (1961-1963) en Estados Unidos, se centró en el impulso al desarrollo interno y a las reformas democráticas para eliminar las causas estructurales de la violencia. Esta estrategia reformista de Kennedy, que se materializó en América Latina con la Alianza para el Progreso en 1961, competía, en el contexto de la Guerra Fría (entre los Estados Unidos y la Unión Soviética), con el discurso de apoyo a las guerrillas.
La crisis agraria de aquel entonces, al igual que hoy, quedaba evidenciada en la extrema desigualdad de la distribución de la tierra y en la aguda pobreza de la población rural. En este contexto, el Plan Nacional de Rehabilitación y la Ley de Reforma Agraria, formulados por el Gobierno de Lleras Camargo e impulsados especialmente por Carlos Lleras Restrepo (1966-1970), fueron concebidos como estrategias para impulsar el desarrollo industrial, modernizar el sector rural, mejorar las condiciones de vida de la población rural y fortalecer la democracia. Junto con estos propósitos, dichas políticas también pretendían impedir el estallido revolucionario en los países latinoamericanos.
Ciertamente, durante la Violencia, la confrontación en algunas zonas del país se entrelazaba con la ―revancha terrateniente‖, una suerte de venganza por las luchas campesinas de las décadas de 1920 y 1930.44 (Las reivindicaciones de líderes y organizaciones como el Partido Socialista Revolucionario, el Partido Agrario Nacional de Erasmo Valencia, la Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria (UNIR) de Jorge Eliecer Gaitán, así como las luchas agrarias en Viotá (Cundinamarca), Chaparral (Tolima), Sumapaz (Cundinamarca), entre otras, fueron objeto de la ―revancha terrateniente‖) La arremetida latifundista tuvo, entre
43
Ibídem.
44 Medina, Medófilo. ―La resistencia campesina en el sur de Tolima‖, en Pasado y presente de la violencia en Colombia, comps. Gonzalo Sánchez y Ricardo Peñaranda. Bogotá: Cerec, 1986. 233-267.
41
otros efectos, un despojo de tierras que el analista Paul Oquist calculó en 2 millones de hectáreas, equivalentes al 11% de la frontera agraria de la época.45
A su vez, las luchas agrarias asociadas a la continuidad del conflicto por la tierra estuvieron directamente vinculadas con el nacimiento de las guerrillas liberales de origen Gaitanista, con las autodefensas comunistas y especialmente con la plataforma política que dio origen al programa agrario de las FARC. En el Programa Agrario de las FARC del 20 de julio de 1964 se indicó que: ―A la reforma agraria de mentiras de la burguesía, queremos contraponer una efectiva reforma agraria revolucionaria que cambie de raíz la estructura socio-económica del campo colombiano, entregando en forma enteramente gratuita la tierra a los campesinos que la trabajan o quieran trabajarla, sobre la base de la confiscación de la propiedad latifundista en beneficio de todo el pueblo trabajador […]. Los colonos, ocupantes, arrendatarios, aparceros, terrazgueros, agregados, etcétera, de tierras de los latifundistas o de la nación, recibirán los títulos de propiedad de los terrenos que exploten […]. Se protegerán las comunidades indígenas otorgándoles tierras suficientes para su desarrollo, devolviéndoles las que les han usurpado los latifundistas y modernizando sus sistemas de cultivo. Las comunidades indígenas gozarán de todos los beneficios de la reforma agraria revolucionaria. Al mismo tiempo, se estabilizará la organización autónoma de las comunidades, respetando sus cabildos, sus formas de vida interna, su cultura, su
lengua propia y sus formas de organización.46
45 Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD Colombia, ―Colombia rural: razones para la esperanza‖, en Informe nacional de desarrollo humano - INDH-PNUD. 271. Bogotá: PNUD, 2011.
46
Arenas, Jacobo. Cese al fuego. Una historia política de las FARC. Bogotá. La Oveja Negra, 1985. 86-88.