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INFORME MENSUAL Nº 20 MONITOREO ARQUEOLÓGICO PERMANENTE PROYECTO COCHERAS VESPUCIO NORTE LINEA 2

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INFORME MENSUAL Nº 20

MONITOREO ARQUEOLÓGICO PERMANENTE PROYECTO

“COCHERAS VESPUCIO NORTE LINEA 2”

PERIODO SEPTIEMBRE 2020

Profesionales Responsables

Cargo Firma

M. Antonia Benavente Arqueóloga jefa de proyecto Claudio Rozas Arqueólogo Coordinador

Paula del Hierro Licenciada en arqueología supervisora en terreno

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CONTENIDO

1 Introducción ... 3

2 Antecedentes ... 3

Antecedentes legales ... 3

Ley 17.288 sobre Monumentos Nacionales ... 3

Reglamento sobre Excavaciones y/o Prospecciones Arqueológicas, Antropológicas y Paleontológicas ... 4

Ley 19.300 sobre Bases Generales del Medio Ambiente ... 4

Antecedentes Arqueológicos chile central ... 5

Antecedentes históricos ... 13

Antecedentes Específicos del área del proyecto ... 15

3 Objetivos ... 17

4 Metodología ... 17

Registro de los distintos frentes de excavación y sus etapas de avance ... 17

Capacitación arqueológica al personal ... 17

5 Descripción de las actividades realizadas por frente de trabajo ... 17

Frente edificio ... ¡Error! Marcador no definido. OFC - Vías - Galpón... 18

Frente túnel falso - Galpón (sector este) ... ¡Error! Marcador no definido. Charlas de inducción ... 19

6 Resultados ... 20

7 Conclusiones ... 21

8 Bibliografía ... 22

9 Anexos ... 26

Anexo 1. Charlas de inducción arqueológica ... ¡Error! Marcador no definido. Anexo 2. Asistencia del personal arqueológico ... 26

Anexo 3. Libros de obra ... 27

Anexo 4. Fichas de registro diario ... 28

COCHERAS BESALCO-DRAGADOS ... ¡Error! Marcador no definido. Cocheras OFC-Colas Rail ... 28

Anexo 5. Certificado de Licenciatura o título de arqueólogo monitor ... 29

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1 INTRODUCCIÓN

Se presentan a continuación los resultados del Monitoreo Arqueológico Permanente (MAP) realizados a solicitud de Metro S.A. entre los días 1 y 30 de septiembre de 2020.

En este documento se informa sobre la supervisión visual de las labores de excavación efectuadas para el proyecto “COCHERAS VESPUCIO NORTE LÍNEA 2 - METRO DE SANTIAGO”, localizado en la comuna de Huechuraba, en el marco del proyecto de construcción de la Línea 2 de Metro de Santiago, conforme a lo aprobado mediante RCA N° 077/2018. Las obras están a cargo del Consorcio Besalco-Dragados y OFC-Colas Rail.

El monitoreo durante el mes de septiembre se realizó en un frente de trabajo. Las actividades fueron supervisadas por la licenciada en arqueología Paula del Hierro.

2 ANTECEDENTES

ANTECEDENTES LEGALES

La necesidad de efectuar un monitoreo arqueológico de las excavaciones que se realicen para la ejecución del proyecto se sustenta principalmente en los siguientes cuerpos legales, respecto de los cuales se extrae la información asociada específicamente al contexto de las obras de este proyecto.

LEY 17.288 SOBRE MONUMENTOS NACIONALES

La Ley 17.288 sobre Monumentos Nacionales publicada en el Diario Oficial el 04 de febrero de 1970 es el principal cuerpo legal que norma y rige en Patrimonio Cultural presente en el país.

En su artículo N°1 se indica que: Son monumentos nacionales y quedan bajo la tuición y protección del Estado, los lugares, ruinas, construcciones u objetos de carácter histórico o artístico; los enterratorios o cementerios u otros restos de los aborígenes; las piezas u objetos antropo- arqueológicos, paleontológicos, o de formación natural, que existan bajo o sobre la superficie del territorio nacional o en la plataforma submarina de sus aguas jurisdiccionales y cuya conservación interesa a la historia, al arte o la ciencia; los santuarios de la naturaleza; los monumentos, estatuas, columnas, pirámides, fuentes, placas, coronas, inscripciones y, en general, los objetos que estén destinados a permanecer en un sitio público, con carácter conmemorativo.

Su tuición y protección se ejercerá por medio del Consejo de Monumentos Nacionales, en la forma que determina la presente Ley.

En su título III, artículo 13° se dispone que:Ninguna persona natural o jurídica chilena o extranjera podrá hacer en el territorio nacional excavaciones de carácter científico sin haber obtenido previamente la autorización del Consejo en la forma establecida por el Reglamento el que fijará las normas a que deberán sujetarse dichas excavaciones y el destino de los objetos que en ellas se encontrare.

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En su Título V, Artículo 21° declara que: Por el solo ministerio de la Ley son Monumentos Arqueológicos de propiedad del Estado los lugares, ruinas, yacimientos y piezas antropo- arqueológicas que existan sobre o bajo la superficie del territorio nacional. Para los efectos de la presente Ley quedan comprendidas también las piezas paleontológicas y los lugares donde se hallaren.

REGLAMENTO SOBRE EXCAVACIONES Y/O PROSPECCIONES

ARQUEOLÓGICAS, ANTROPOLÓGICAS Y PALEONTOLÓGICAS

En su artículo 1° expresa que: Las prospecciones y/o excavaciones arqueológicas, antropológicas y paleontológicas, en terrenos públicos o privados, como asimismo las normas que regulan la autorización del Consejo de Monumentos Nacionales para realizarlas y el destino de los objetos o especies encontradas, se regirá por las normas contenidas en la Ley N° 17.288 y en este reglamento.

En su Artículo 2°, define lo que se entenderá por prospección, excavación y sitios de especial relevancia:

Prospección: El estudio de la superficie de una localidad con el fin de descubrir uno o más sitios arqueológicos, antropológicos o paleontológicos que pueden incluir pozos de sondeo y/o recolecciones de material de superficie;

Excavación: Toda alteración o intervención de un sitio arqueológico, antropológico o paleontológico, incluyendo recolecciones de superficie, pozos de sondeo, excavaciones, tratamiento de estructuras, trabajos de conservación, restauración y, en general, cualquier manejo que altere un sitio arqueológico, antropológico o paleontológico y;

Sitios de especial relevancia: Aquellos que definirá el Consejo de Monumentos Nacionales sobre la base de criterios, de singularidad, potencial de información científica y valor patrimonial.

En su Artículo 5° establece que: Las prospecciones que incluyan pozos de sondeo y/o recolecciones de material de superficie y todas las excavaciones arqueológicas, antropológicas y paleontológicas, en terrenos públicos o privados, sólo podrán realizarse previa autorización del Consejo de Monumentos Nacionales, a través de los permisos correspondientes.

LEY 19.300 SOBRE BASES GENERALES DEL MEDIO AMBIENTE

Este cuerpo legal define en su artículo N° 1, letra K, el impacto ambiental como: “la alteración del medio ambiente, provocada directa o indirectamente por un proyecto o actividad en un área determinada”.

Por otro lado, en el artículo N° 11, se establece que “los proyectos o actividades enumerados en el artículo precedente requerirán la elaboración de un estudio de impacto ambiental, si generan o presentan a lo menos uno de los siguientes efectos, características o circunstancias:

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a) riesgo para la salud de las personas, b) efectos adversos significativos para los recursos naturales, c) reasentamiento de comunidades, d) alteración significativa de los sistemas de vida y costumbres de grupos humanos, e) localización próxima a población, recursos y áreas protegidas, f) alteración significativa del valor paisajístico o turístico de una zona, alteración de monumentos, sitios con valor antropológico, arqueológico, histórico y, en general los pertenecientes al patrimonio cultural.

Con base en esta última norma, cabe señalar que en la Resolución de Calificación Ambiental del proyecto quedó establecido que el titular tendría que resolver sectorialmente las caracterizaciones y rescates arqueológicos, conforme a lo indicado por el Consejo de Monumentos Nacionales en su Ord. N° 2493, de fecha 8 de junio de 2018.

Asimismo, durante el proceso de evaluación ambiental se comprometió la ejecución de pozos de sondeo una vez aprobada la RCA y, durante las obras, la realización de un monitoreo arqueológico permanente hasta los 4 m de profundidad durante el tiempo que duren los movimientos de tierra.

De igual modo, se indicó la obligación de realizar charlas de inducción arqueológica al personal de la obra y el procedimiento a considerar frente a hallazgos no previstos.

ANTECEDENTES ARQUEOLÓGICOS CHILE CENTRAL

La comuna de Huechuraba, donde se inserta el proyecto, al igual que toda la Región Metropolitana, es considerada por la investigación arqueológica como parte de una macro región geográfica, ambiental y cultural, conocida como Chile Central. A modo de síntesis, se indican a continuación los cuatro grandes periodos que caracterizan la prehistoria de esta macro región:

Periodo Paleoindio (13.000 a 8.000 a. C.) Las evidencias más tempranas para la presencia humana en el valle central de Chile se sitúan en los sitios Tagua-Tagua 1 y 2, en el valle central de la Región de O’Higgins, aproximadamente 100 km al suroeste del área de estudio. Emplazados en la ribera de una paleo-laguna, ambos sitios presentan restos vinculados a la caza, faenamiento y consumo de megafauna actualmente extinta, con fechados que lo sitúan entre los años 11.380 a 9.710 a.p., conformando de esta manera un sitio considerado como Paleoindio Clásico (Núñez 1989). La ocupación paleoindia de Tagua-Tagua 1 y 2 se dataría en un momento climático de progresiva aridización, donde la antigua laguna favorecería la concentración de recursos de caza y recolección, conformando de esta manera un ambiente relictual. En este contexto, la escasa variedad de taxones identificados en estos sitios, sumado al hecho de que sitios contemporáneos como Piuquenes, situado en la cuenca del río Aconcagua y El Manzano 1, emplazado en la cuenca alta del río Maipo, presentan evidencias de consumo exclusivo de fauna moderna, insinuando que la caza de megafauna en Tagua-Tagua 1 y 2 habría sido producto de un comportamiento de carácter marginal y oportunista para las poblaciones que habitaron en este momento, y no una actividad de carácter generalizada (Labarca et al. 2005), lo que en parte podría explicar los escasos registros con que se cuenta para este tipo de yacimientos a la actualidad. A estos sitios, se suma el hallazgo de una punta cola de pescado descontextualizada en los niveles basales del sitio Santa Inés, situado en las riberas de la antigua laguna de Tagua-Tagua (Jackson et al. 2012).

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Periodo Arcaico (10.000 a 300 años a.C.). En general, las evidencias mejor documentadas para este periodo se sitúan en la cordillera de la Región Metropolitana, las que registran ocupación humana con fechas que se remontan entre los 12.000 años a.p. y los 2.400 a.p. La información arqueológica de esta área clasifica el Periodo Arcaico, en cuatro grandes fases (Cornejo et al.

1998), a saber:

Arcaico I. Da cuenta de las primeras evidencias de ocupación humana en el espacio cordillerano del Cajón de Maipo, destacando en este contexto el sitio Manzano 1, situado en la confluencia de los esteros El Manzano y La Batea, en la cuenca alta del río Maipo. Este sitio registra en sus niveles basales las evidencias más tempranas de ocupación humana en la Región Metropolitana, con fechas que lo sitúan entre los 12.365 y el 10.570 a.p. El conjunto de materiales líticos y osteo- faunísticos recuperados de este sitio, dan cuenta de una ocupación de carácter exploratorio motivada por la caza de fauna moderna y la obtención de recursos líticos, y que eventualmente conformarían una red logística que involucraría el valle y costa central de Chile (Cornejo et al.

2003). Es destacable el hecho de que estas ocupaciones sean contemporáneas a los registros paleo-indios reportados en Tagua-Tagua en Chile Central, lo cual señalaría el carácter relictual de esta última tradición en esta área (Cornejo et al. 2003).

Arcaico II. Este momento se caracteriza a partir del nivel II del sitio el Manzano 1 y en el Sitio 3, con fechas que lo sitúan entre los años 7.970 y 7.540 a.p. Esta ocupación registra sitios que señalarían la existencia de grupos dedicados a la caza de fauna moderna y a la recolección de vegetales, los que dan cuenta del uso reiterado de ciertos espacios. Entre los materiales diagnósticos, destacan las puntas de proyectil lanceoladas pedunculadas, así como las manos de moler pequeñas y de planta circular (Cornejo et al. 1998).

Arcaico III. Se registra en los niveles medios del Alero El Manzano 1 (5.690 al 3.800 a.p.), el sitio La Batea 1 y Caletón de Los Queltehues (5.140 al 4.920 a.C.) (Cornejo et al. 1997, Galarce y Peralta 2003). Este momento presenta sutiles diferencias respecto del anterior, evidenciadas por la incorporación de puntas de proyectil triangulares de base recta, cóncavas y convexas en reemplazo de las puntas lanceoladas con pedúnculo del Arcaico II; se incrementan los instrumentos de molienda, en particular las manos de moler de planta sub-rectangular y de menor tamaño, así como también artefactos óseos como punzones (Cornejo et al. 1998). Los tipos de asentamiento registrados para este momento corresponden a campamentos de carácter transitorio, con actividades limitadas solo al consumo y faenamiento de fauna, así como en la elaboración de instrumentos líticos, tal como evidenciaría el sitio La Batea 1; y campamentos base que presentan una mayor diversidad de actividades, así como pruebas de ocupaciones más prolongadas, destacando en este sentido el sitio El Manzano 1 (Cornejo et al. 1997).

Arcaico IV. Se identifica en los sitios Cortaderas 2 y 3, La Paloma y Condominio 1, Caletón Los Queltehues y Las Morrenas 1, con fechas que los sitúan entre los años 4.540 a.C. y 3.140 a.C.

(Galarce y Peralta 2003). Esta fase presenta diferencias estratigráficas con las etapas anteriores;

además que es contemporánea para sus momentos más tardíos con las primeras ocupaciones del Periodo Agro-alfarero Temprano (Cornejo et al. 1997). No obstante, es posible discernir diferencias en los tipos de asentamientos, identificándose campamentos de uso transitorio

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vinculados a rutas de paso (Cortaderas 2 y 3, La Paloma y Condominio 1); campamentos enfocados a la obtención directa de recursos, específicamente de caza (Caletón Los Queltehues) y campamentos de tareas específicas con un fuerte componente residencial (Las Morrenas 1). A partir de las categorías funcionales de desechos líticos y las materias primas empleadas se propone que estos sitios estarían relacionados en una red de movilidad inter-local complementaria a la explotación de recursos bióticos y abióticos, asociados a las rutas de paso cordilleranas (Galarce y Peralta 2003). Vinculado a lo anterior y a diferencia de lo observado para momentos anteriores, a partir del Arcaico IV se observa una intensificación del uso del espacio cordillerano, que se manifiesta en una mayor cantidad y variabilidad de asentamientos (Cornejo et al. 2004).

En tanto, para el valle central de Chile, son escasos los contextos vinculados al Periodo Arcaico y que hayan sido objeto de estudios sistemáticos. Destacan los sitios como el cementerio Cuchipuy y Santa Inés, ambos situados en las riberas de la antigua laguna de Tagua-Tagua y aproximadamente 120 km al suroeste del área del proyecto. El cementerio de Cuchipuy, registra cuatro momentos ocupacionales, que abarcan desde el Arcaico Temprano hasta momentos agro- alfareros, entre el 8.070+-100 años a.p. y el 1.320+-80 años a.p. (Kaltwasser et al. 1986). Estas ocupaciones tienen tres niveles con contextos funerarios sobrepuestos y que manifiestan significativas diferencias entre sí. De esta manera, para el nivel cuatro, se identifican dos sepulturas, asociadas a puntas de proyectil con pedúnculo, pendientes líticos con perforaciones y un instrumento óseo pulido que podría corresponder a una sección de estólica (Kaltwasser et al. 1980). La fauna registra restos óseos de roedores, coipo, rana y escasas aves (Kaltwasser et al.

1986). En cuanto al tercer nivel, este presenta un conjunto artefactual conformado por puntas de proyectil de base recta, adornos en lítico y concha, instrumentos elaborados en hueso y morteros de piedra cónicos con manos de moler planas (Kaltwasser et al. 1980). Asimismo, registra restos óseos de rana, coipo, aves acuáticas y de rapiña, guanaco, peces y moluscos marinos (Kaltwasser et al. 1986). El segundo nivel presenta la mayor cantidad de contextos fúnebres, los que alcanzan a una cincuentena de individuos cuyo patrón de entierro se caracteriza por el recubrimiento de los cuerpos por acumulaciones de roca. El conjunto artefactual, presenta materiales similares al tercer nivel, diferenciándose en la mayor cantidad de instrumentos de molienda (Kaltwasser et al.

1980). Presenta a su vez las mismas especies descritas en el nivel anterior, aunque en menor cantidad para el caso de mamíferos de gran tamaño y el coipo (Kaltwasser et al. 1986). Las ocupaciones arcaicas de Cuchipuy darían cuenta de un creciente proceso de sedentarización en torno a este espacio, vinculado a una progresiva especialización en las prácticas de caza y recolección en torno a la laguna de Tagua-Tagua, espacio que para estos momentos concentraba una amplia gama de recursos animales y vegetales en un contexto de progresiva aridización (Kaltwasser et al. 1986).

En el caso del sitio Santa Inés, excavaciones sistemáticas han permitido documentar ocupaciones adscritas al Arcaico Medio y Arcaico Tardío. De esta manera, el Arcaico Medio, entre el 5.999 al 4.983 a.p., da cuenta de un espacio ocupado por grupos cazadores recolectores portadores con puntas de proyectil triangulares y lanceoladas elaboradas en materias primas locales y foráneas (Jackson et al. 2012). Dichos grupos habrían poblado este espacio en forma semipermanente,

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explotando recursos terrestres como guanaco y lacustres, como coipos, ranas, aves y algunos peces. Asimismo, en este espacio son recurrentes las prácticas funerarias, las que registran al menos 17 entierros, los que en gran parte presentan cuerpos flexionados, en algunos casos cubiertos por guijarros y clastos angulosos, a modo de pequeños túmulos, con escasas ofrendas conformadas por puntas de proyectil con pigmento rojo, piedras horadadas, tajadores, lascas de obsidiana y algunos instrumentos óseos. La presencia de fragmentos de moluscos plantea eventuales vínculos con el litoral. Para el Arcaico Tardío, entre el año 4.294 y el 3.699 a.p., se registra la presencia de cazadores recolectores portadores de puntas de proyectil apedunculadas, notándose una significativa disminución de contextos fúnebres, en relación con la ocupación previa, y sin que se constaten vínculos con el litoral (Jackson et al. 2012). Las ocupaciones arcaicas de Santa Inés se correlacionan cronológica y culturalmente con los niveles intermedios de Cuchipuy, datados entre el 8.870 al 5.750 a.p. Asimismo, el empleo de esta zona con fines habitacionales y funerarios que plantea la presencia de unidades sociales distintas, donde las prácticas mortuorias diferencian y distinguen identidades de bandas unidas por parentesco (Jackson et al. 2012).

A los contextos reseñados se suman los sitios Las Chilcas 1 y 2, en el cordón de Chacabuco a más de 60 km al norte del área de estudio. El primer sitio, fechado en el 880 a.C., corresponde a un campamento de cazadores recolectores, asociado a la extracción y elaboración de materias primas líticas. En las Chilcas 2, se presentan, además de la preparación de instrumentos líticos, evidencias asociadas a prácticas antropofágicas de carácter presumiblemente ritual. Ambos contextos son interpretados como parte de un circuito longitudinal de alta movilidad y uso poco intensivo del espacio por parte de poblaciones cazadoras recolectoras (Hermosilla et al. 1997).

Más cercano al área de estudio, específicamente en la cuenca del estero Lampa y a aproximadamente 20 km al noroeste del proyecto, se han documentado una veintena de sitios arqueológicos adscritos a momentos arcaicos. Estos corresponden a campamentos, canteras talleres, aleros y abrigos rocosos, piedras tacitas y hallazgos aislados (Jackson y Thomas 1994).

Destacan en este contexto los sitios RML053 y el sitio Estero Chacabuco. El primero, situado en la falda suroeste de los cerros de Polpaico, corresponde a un sitio superficial con presencia de material lítico conformado por núcleos, lascas con y sin modificaciones y desechos de talla, en sílex y cuarzo, lo cual señala la elaboración de instrumental en el sitio. El yacimiento de Chacabuco, en tanto, se emplaza próximo a la confluencia del estero Polpaico y ha sido descrito como una dispersión superficial de material lítico que incluye núcleos con astillamiento multidireccional, lascas sin modificaciones y con modificaciones, piezas con astillamiento bipolar y/o cuchillos, fragmentos de puntas de proyectil aparentemente triangulares de base convexa o cóncava. Las materias primas empleadas consisten en basalto, andesitas y sílex. Asimismo, se han identificado instrumentos de molienda correspondientes a manos de moler (Jackson y Thomas 1994).

Período Alfarero Temprano (300 a.C. 1.200 d.C.). Corresponde a un extenso periodo de tiempo caracterizado por una fuerte variabilidad cultural, que se expresa por la presencia de grupos con diferentes énfasis en las estrategias de subsistencia, expresiones funerarias y conjuntos alfareros (Pavlovic 2000). La investigación desarrollada hasta el momento ha identificado la

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existencia de al menos tres grandes unidades arqueológicas en Chile Central: Comunidades Alfareras Iniciales, la Tradición Bato y Complejo Llolleo.

Comunidades Alfareras Iniciales. Esta unidad arqueológica se registra a partir del 200 a.C. al 100 d.C. y se identifica con los primeros grupos portadores de cerámica, pero con una fuerte vinculación con grupos arcaicos, evidenciada a través de la mantención de una tradición lítica de raigambre pre-cerámica y un marcado énfasis cazador en sus patrones de subsistencia, aun cuando presentan incipientes prácticas hortícolas representadas por cultivos de quínoa. Ha sido caracterizada a partir de los sitios Lonquén E/8040, en la comuna de Talagante, a 40 km al suroeste del área del proyecto; y el sitio Radio Estación Naval, en la comuna de Quinta Normal, a aproximadamente 10 km al suroeste del área del proyecto, con fechas entre el 189 a.C. y el 175 d.C. El conjunto cerámico que le caracteriza presenta tratamientos de superficie tanto alisada como pulida; una importante cantidad de paredes delgadas; perfiles en general inflectados, con asas del tipo mamelonar o sin ellas; en lo que refiere a la decoración, solo presentan pintura roja o hierro oligisto. En general los contenedores cerámicos se presentan de tamaño pequeño o mediano, con formas simples, a menudo sin decoración, apropiados para la cocción y consumo de pequeñas cantidades de alimentos, a una escala que va de lo individual a lo familiar (Sanhueza 1999-2000), lo cual señala una organización a través de unidades sociales relativamente independientes y con bajo nivel de integración (Sanhueza et al. 2007). El conjunto lítico se encuentra conformado por puntas triangulares de base escotada, de tamaños medianos, así como otros restos, elaborados principalmente en andesita y basaltos, aunque con presencia de piedra de grano fino (Sanhueza y Falabella 1999-2000).

Tradición Bato y Complejo Llolleo. Con posterioridad a las Comunidades Alfareras iniciales, hacia el 200 d.C., se desarrollan en la zona central de Chile la Tradición Bato y el Complejo Llolleo, los cuales representan la consolidación de la tradición cerámica y de las prácticas hortícolas. Ambos grupos se presentan como dos unidades independientes, con diferencias en cerámica, adornos corporales, funebria, patrón de subsistencia y asentamiento (Falabella y Stehberg 1997).

En cuanto a los grupos Bato, estos tienen presencia tanto en el litoral de la Región de Valparaíso como en el valle central de la Región Metropolitana, destacando en este último ámbito los sitios de Príncipe de Gales en La Reina, Casa de Moneda en Quinta Normal, Algarrobal en Alto de Colina, Parcela del Italiano en Lampa y Quilicura en comuna homónima. En general los sitios funerarios Bato se presentan con entierros de pocos individuos, presumiblemente acotados a los miembros de la unidad doméstica, sin ofrendas cerámicas y acompañados de adornos corporales como tembetás cerámicos o de piedra (Benavente et al. 1994). En cuanto a movilidad y subsistencia, los grupos Bato presentan una alta movilidad residencial, así como una mayor dependencia de recursos silvestres. (Sanhueza et al. 2007).

Los grupos Llolleo han sido comprendidos como una unidad arqueológica que registra un conjunto cerámico característico, un conjunto lítico particular, adornos corporales propios, un patrón de funebria y una orientación económica determinada. En términos espaciales, abarca al menos la cuenca de Santiago y Rancagua en el interior y la desembocadura del río Maipo, con una extensión temporal de 900 años (200- 1.100 años d.C.) (Sanhueza y Falabella 2009). En

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comparación a los grupos Bato, las poblaciones Llolleo son más sedentarias y con un patrón de subsistencia de carácter mucho más dependiente de los cultivos (Sanhueza et al. 2007). En lo que se refiere a la organización social de los Llolleo, son grupos afines, que mantienen redes sociales en distintos niveles de integración, las que son actualizadas mediante juntas periódicas y en lugares definidos. Las diferencias internas que existen en algunos de sus elementos se deberían a que la base de su organización se sustenta en comunidades locales. El análisis de los elementos diagnósticos de cerámica de varios sitios Llolleo, se detectaron al menos 4 agrupaciones que aparentemente coinciden con comunidades, las cuales a su vez tienen un referente espacial (Sanhueza y Falabella 2009).

En cuanto a la distribución espacial de los grupos agro-alfareros tempranos que ocuparon el valle central de Chile, prospecciones sistemáticas en la cuenca Santiago-Mapocho han permitido configurar una serie de elementos referidos a su patrón de asentamiento. Estos se distribuyen en los extremos norte y sur de esta cuenca, concentrándose en la localidad de Colina, en la confluencia del río Mapocho- Maipo, en algunos sectores del tramo medio del río Mapocho, en torno al estero San Ramón y en el estero Angostura y sus afluentes. La asociación de estos asentamientos a cursos de agua menores o tributarios es coherente con una economía de carácter hortícola, por las facilidades que presentan para el manejo de los recursos hídricos. Existen espacios vacíos, en sectores de los ríos Maipo y Mapocho, los cuales, a pesar de presentar disponibilidad de recursos hídricos no son ocupados por los grupos Agro-alfareros tempranos. Esta situación sugiere que la ocupación de ciertos espacios se vincula no sólo a la disponibilidad de recursos hídricos, sino que también por una suerte de territorialidad vinculada a la estructuración de las relaciones de parentesco y linaje (Sanhueza et al. 2007).

En lo que refiere al área de estudio y su entorno inmediato, específicamente en el interfluvio de los ríos Maipo y Mapocho, se observa que los sitios adscritos al Periodo Agro-alfarero Temprano tienden a situarse en las inmediaciones de estos cursos de agua, sin que se presenten en el sector central de este espacio. En este contexto, destacan el sitio Radio Estación Naval (REN), emplazado en el interior de la Quinta Normal, a 10 km al suroeste del trazado del Proyecto. Este sitio presenta un depósito cultural que inicia en los 70 cm y alcanza los 240 cm de profundidad. Destaca la presencia de un entierro de un individuo adulto femenino, en posición flectada decúbito lateral derecha, la que descansaba sobre un emplantillado de piedras rodadas de tamaño mediano.

Acompaña al individuo un ajuar conformado por un tembetá, orejeras, piedras trabajadas, puntas de proyectil, conanas, una pipa y piedras horadadas (Stehberg 1976). A su vez, en las inmediaciones del Parque O´Higgins, en dependencias de los Arsenales de Guerra, a 9 km al sur del área del proyecto, actividades de salvataje permitieron identificar un contexto fúnebre conformado por un individuo en posición hiper-flectada lateral, sin asociación a materiales culturales. Asociado al río Maipo, en tanto, en la localidad de Nos y a aproximadamente 30 km al sur del área del proyecto, se ha documentado el sitio Santa Filomena. Este yacimiento presenta un depósito de carácter habitacional en donde destaca la cerámica con decoración incisa lineal punteada, con pintura roja, hierro oligisto y asas mamelonares. Asociados a este depósito, se identificaron 5 contextos fúnebres con 4 adultos y un infante, los que presentaban un ofertorio conformado por tembetás líticos y cerámicos, fragmentos maxilares de camélidos y derivados de

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núcleo. Estos elementos plantean que se trataría de un contexto adscrito al complejo Bato (Sanhueza 2016).

Periodo Intermedio Tardío (900 a 1.500 d.C.). Este período se caracteriza principalmente por el grupo cultural Aconcagua, muy distinto a los conjuntos tempranos tanto en lo que se refiere a sus manifestaciones de funebria, cultura material y patrón de asentamiento (Pavlovic 2000). Hacia el 1.000 d.C. el grupo Aconcagua alcanza una preeminencia en el valle central, reemplazando a los grupos Bato y Llolleo, sin que exista una vinculación genética entre los grupos de ambos momentos (Massone 1980).

Si bien el grupo Aconcagua fue definido como unidad cultural a partir de los hallazgos en el valle del río homónimo, el examen de la cerámica y los patrones fúnebres de este grupo para la cuenca de Santiago señalan que esta última correspondería a su área nuclear (Sánchez 1998), en tanto que para la cuenca del río Aconcagua, el tipo Aconcagua salmón sería un tipo intrusivo, escaso e inexistente (Sánchez 1998).

El estudio de la distribución de los asentamientos Aconcagua la cuenca del Maipo - Mapocho, señala que existe una clara preferencia por la planicie aluvial propia de este valle, en asociación a sus principales cursos de agua y afluentes. Existe una concentración de sitios Aconcagua hacia el centro sur de Santiago y en Melipilla, en este último caso, situados entre los ríos Maipo y Mapocho (Cornejo et al. 2004).

Los elementos detectados en estos sitios indican que se trata de asentamientos habitacionales, dada la presencia de fragmentería cerámica de uso doméstico, desechos líticos de carácter expeditivo, artefactos de molienda y restos óseos de lama guanicoe. En general estos yacimientos presentan gran extensión superficial, alcanzando en ocasiones 1 km². Sin embargo, la concentración superficial y sus depósitos asociados no son homogéneos, presentado diferentes grados de concentración. A partir de estos antecedentes, se plantea que los grupos Aconcagua poseían un patrón de asentamiento disperso, nucleado en torno a familias que operarían como la unidad social básica, las cuales se integraban en diferentes grados de cohesión, en base a un sistema social igualitario con núcleos de pares que se vinculaban sin mayores jerarquías políticas, sociales o económicas (Cornejo et al. 2004).

Al igual como se observa para el Periodo Agro-alfarero Temprano, el espacio central del interfluvio Maipo Mapocho no presenta sitios asignables al Periodo Intermedio Tardío. En ese contexto, los registros asignados al Complejo Aconcagua más cercanos al área del proyecto se sitúan en el sitio Puente Carrascal 1. Consiste en un enterratorio en donde se recuperaron 4 individuos, situados entre los 230 a 280 cm de profundidad (Cáceres et al. 2010).

Período Alfarero Tardío u Horizonte Inca (1.400 - 1.536 d.C.). Si bien la presencia Inca en Chile Central se manifiesta por la presencia de una arquitectura de carácter monumental, evidenciada a través de los sitios Cerro Grande de la Compañía, Mercachas, Pucara de Chena y Chada (Stehberg 1977), la significativa cantidad de cementerios como La Reina, Quilicura, Plaza Italia, Marcoleta, Matucana y una serie de hallazgos en el centro de Santiago señalan que el dominio del Inca se materializó a través de estrategias de eficacia simbólica (Uribe 2000). Ahora bien, la

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presencia del Inca en la región no habría sido homogénea ni habría interactuado de igual forma con los diferentes grupos locales, los cuales habrían sido asimilados en diferentes grados a partir de núcleos poblacionales específicos, con una presencia Inca de carácter discontinua o difusa (Correa et al. 2007). En ese contexto, durante el Periodo Tardío, Chile Central correspondería a un espacio intercultural en donde distintos grupos tienden a ordenarse en forma segregada, la presencia del Inca si bien no es hegemónica, sí influye en las manifestaciones de la cultura material (Sánchez 2004).

En general, la mayoría de los sitios adscritos al Periodo Tardío se presentan articulados por la red vial Inca, ocupando el territorio en forma discontinua, presentándose además espacios carentes de elementos vinculables al Inca (Pavlovic et al. 2012). Si bien existe cierta contigüidad con los asentamientos de los desarrollos locales, los contextos incas son mono-componentes, manifestando una segregación del espacio de ocupación inca de los grupos locales (Sánchez 2004). Esta situación se observa claramente en los tipos cerámicos, ya que estos no dan cuenta de mixturas entre los componentes locales y los del Tawantinsuyo. Al contrario, aparentemente se trataría de implantaciones directas de componentes poblacionales venidos del Norte Chico (Sánchez 2004). En este contexto, el componente Diaguita Inca sería un ente mediador de la relación entre el Tawantinsuyo y las poblaciones locales, las cuales paralelamente presentarían cambios en sus tradiciones tecnológicas (Pavlovic et al. 2012).

Los sitios adscritos a momentos tardíos y en particular para el horizonte Inca se concentran en sectores adyacentes al río Mapocho y el río Maipo. Destacan para el primer caso los sitios Cementerio Incaico de Quinta Normal, situado a más de 10 km al suroeste del área del proyecto.

Excavado en el marco de la construcción de la Estación intermodal de la Línea 5 del Metro de Santiago, este cementerio consta de 12 contextos funerarios situados a profundidades que oscilan entre los 150 y 308 cm. Acompañaban a los cuerpos 22 vasijas cerámicas, entre las que se identificaron piezas Inca Provincial, Inca Mixta, Aconcagua Fase Inca y Diaguita Mixta de Chile Central (Stehberg y Sotomayor 2012, Reyes et al. 2005). A este sitio se suman una serie de hallazgos realizados en las inmediaciones de Quinta Normal. Es el caso de un ceramio tipo aribaloide, encontrado en excavaciones realizadas en la esquina de la calle Compañía y Chacabuco; en el interior de la Quinta Normal, en la Escuela Dental se tiene registro del hallazgo de varios vasos aribaloides encontrados a 400 cm de profundidad (Stehberg y Sotomayor 2012).

En el centro de Santiago, en tanto, se han documentado una serie de hallazgos de filiación incaica, como el cementerio Marcoleta, con bóvedas subterráneas a las que se accedía a través de un túnel, en donde se identificó cerámica inca local; en la calle Bandera se identificó un cementerio que contenía restos con influencia incaica; en la calle Catedral, en tanto, se señala el hallazgo de 2 aríbalos y una placa de oro, todos estos elementos de filiación incaica (Stehberg 1975); en el actual Museo Chileno de Arte Precolombino, en calle Bandera, se registró un depósito ocupacional con abundante cerámica decorada Inca, cuya inusual concentración y alta restaurabilidad sugiere una ocupación Inca Local asociada a un Centro Administrativo (Saavedra y Cornejo 2015); al sur de San Bernardo, en Nos, se identificó un cementerio conformado por 28 sepulturas, con alrededor de 100 cántaros del tipo Inca Local (Stehberg 1976).

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También en el sector sur de la ciudad de Santiago se localiza el pucará de Chena, estructura constructiva instalada en la cima del cerro, caracterizada por un conjunto de espacios en torno a una plaza central, conformando un recinto perimetral compuesto (RPC) dispuesto en forma de damero. En la plaza, a su vez, se presenta una estructura monticular que ha sido interpretada como un ushnu. En torno al RPC y en la medida que se desciende del cerro, se presentan dos muros perimetrales de eventual funcionalidad defensiva. Intervenciones estratigráficas en el RPC arrojaron como resultado cerámico decorada, restos óseos de camélidos, varios fogones y una punta de proyectil triangular apedunculada (Stehberg 1995).

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

La ciudad de Santiago se ubica geográficamente en una cuenca a 520 m.s.n.m. que se caracteriza por un extenso valle con algunos cerros aislados; la cuenca se forma a partir de cordones montañosos que cruzan la depresión intermedia, modelando un espacio deprimido entre dos cordones, Chacabuco por el norte y Angostura de Paine por el sur, mientras que, entre las cordilleras de la Costa y los Andes, la delimitan al oriente y poniente (Sánchez, 2008).

El territorio que actualmente comprende la zona norte de la ciudad de Santiago, concentraba parte importante de la población indígena del valle del Mapocho, quienes desarrollaron la agricultura en el sector. La fertilidad de estas tierras no solo dependía de las aguas de lluvia, también, desde este período prehispánico, los cultivos debieron ser mejorados mediante el uso de acequias que captaban y dispersaban por diversos causes el agua del río (Ruiz, 2006).

La acequia llamada Huechuraba tuvo su origen en el río Mapocho. Los colectivos indígenas residentes del lugar abrieron un cauce entre el río y el cerro San Cristóbal, en el sector llamado actualmente como “La Pirámide”, donde hay un gran desnivel con altitud hacia el valle. El agua sacada del río Mapocho hacía un “salto” y bajaba por las faldas del cerro para ser encauzada en dirección hacia el poniente, hasta al menos el sector conocido como Los Pasos de Huechuraba, donde cruzaba el camino del Inca, fertilizando las chacras vecinas (Ruiz, 2006).

La excelencia de estas tierras situadas al norte del Mapocho fue uno de los motivos para que el conquistador español Pedro de Valdivia se auto-adjudicase una extensa merced de tierra entre el río, la cadena del cerro San Cristóbal, la acequia de Huechuraba (al pie de los cerros de Conchalí), hasta los llamados “pasos de Huechuraba”, y los terrenos a ambos lados del camino del Inca (actual Avenida Independencia) (Ruiz, 2006).

Las mercedes de tierras en la zona fueron concedidas por Valdivia desde el mes de octubre del año 1545; las primeras mercedes beneficiaron principalmente al propio Valdivia, sus oficiales y criados, y, en segundo lugar, se cedieron a algunos conquistadores de un menor rango jerárquico (Abarca, 2017). Valdivia, se asignó para sí la mayor extensión de tierras por la necesidad de mantener un gran número de criados, allegados y yanaconas.

Durante este mismo año, Inés de Suárez, quien fue la única mujer española en formar parte de la expedición conquistadora de Chile (DIBAM, 2019), mandó a construir una ermita en la cima del

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actual Cerro Blanco, en la actual Recoleta, transformándose en la primera construcción católica del territorio (Abarca, 2017).

Antes de emprender su segundo y último viaje al sur del país, el 2 de enero de 1550 Valdivia deja como administradora de parte de sus chacras a Inés de Suárez, quien en 1558 deja las tierras en manos de eclesiásticos del Convento Santo Domingo, los que levantaron la viña que dio nombre a todo el predio conocido como “la Viñita de los Padres de Santo Domingo” (Ruiz, 2006).

Este tipo de propiedad, la chacra, constituida por hasta cien hectáreas, sería la base del sistema de producción colonial, con características mercantilistas, debido a que la producción agrícola se destinaba al comercio interno de la ciudad y los excedentes eran exportables a otros centros urbanos, dentro y fuera del reino. La agricultura suburbana se caracterizó por abarcar cantidades limitadas de productos, entre los que se destacan vinos y licores (Ruiz, 2006).

Entre los acompañantes de Valdivia, se destaca uno de los pioneros de la agricultura de tipo europea en Chile central, Rodrigo de Araya, a quien Valdivia le hace entrega de una encomienda y las tierras del Salto. De Araya se dispuso a ser el primer conquistador en trabajar la tierra y entregar pautas en cuanto el aspecto técnico de este nuevo tipo de agricultura. Fue el primero en producir vino en forma sistemática y la explotación de las viñas se difundió por la comarca de Santiago de modo que, a unos quince años de su puesta en práctica, permitía abastecer de vino a la ciudad e incluso a regiones (Ruiz, 2006)

En 1772, los sectores ubicados en la periferia de la ciudad de Santiago estuvieron expuestos de manera crítica a problemas de comunicación con el centro de la villa, pues, si bien existía una pasarela que los unía, ésta era de madera y solía destruirse de manera repetitiva con las crecidas del río Mapocho. Con el fin de mejorar dicha situación se empieza a construir el puente Cal y canto, una de las obras más ambiciosas ejecutadas hasta entonces en la ciudad. El Cerro Blanco, durante los siglos XVII y XVIII, fue utilizado como cantera de piedra blanca para muchas obras de urbanización de la capital (Abarca, 2017)

Durante el siglo XIX, se conformó la condición popular de La Chimba, ubicada en las actuales comunas de Recoleta e Independencia, cuando comenzó a formarse una activa “vega” de vendedores de mercaderías que se remontaba desde la Colonia. Asociados a este comercio también se constituyeron chinganas, bares y burdeles, entre otros espacios de sociabilidad popular (Abarca, 2017).

En el siglo XX, los barrios de La Chimba y Recoleta mantuvieron un carácter más autónomo respecto de la ciudad de Santiago, concentrando una creciente inmigración árabe y luego coreana que se radicó en el sector de Patronato, generando un activo polo comercial dentro de la región (Abarca, 2017)

Durante dicho siglo, también comenzó un incipiente desarrollo industrial que tuvo lugar a lo largo del río Mapocho, próximo a la línea férrea que unía a Santiago con Valparaíso. Paulatinamente, se desarrolló el poblamiento de toda la zona norte de la ciudad.

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Hasta la década de los cincuenta, el área de estudio constituyó parte de un territorio fuera del área urbana, cuya conexión con Santiago estaba asegurada a través de la avenida Independencia, El Salto y Recoleta, mientras el Camino de la Pirámide comunicaba con las áreas semi-rurales del sector oriente.

La comuna de Huechuraba surge en 1981 de la subdivisión administrativa de Conchalí, sin embargo, mucho antes de ser una comuna se consolidó en sus orígenes como un barrio popular y de “tomas de terreno” que comenzó a formarse a fines en 1949 cuando arribaron los primeros habitantes de la población Santa Victoria, siendo la primera y más antigua de la comuna.

La conformación geográfica de la comuna se ubica en sus orígenes en las tierras del cacique de Huechuraba que corresponden al sector de Avenida Américo Vespucio (Parque del Recuerdo) hasta el Antiguo canal El Carmen (D. Garcés, 1997).

Previo a la conformación de las primeras poblaciones en el sector, destacaba el paisaje rural que existía en la zona, que a consecuencia de los sucesivos poblamientos para la década de los 70 había perdido tal condición, disminuyendo notoriamente el suelo para uso agrícola en un área que era de las más fértiles de la región.

Un factor importante en el desarrollo de esta población, situada al oeste del eje de Recoleta, en torno a la calle José Joaquín Aguirre Luco, fue que el gobierno de esa época estimulo el concepto de

“autoconstrucción” y trabajo comunitario entre los pobladores. Para el año 1959 se conforma la Población “28 de Octubre”, que se ubica al sur de la Santa Victoria y con posterioridad comienzan a surgir las primeras tomas de terreno, mientras que en el año 1969 se produce la creación de las poblaciones Las Pincoyas y Pablo Neruda, iniciándose un proceso de urbanización extensiva de la comuna de Huechuraba a partir de la década de 1970 (D. Garcés, 1997).

ANTECEDENTES ESPECÍFICOS DEL ÁREA DEL PROYECTO

El área ha sido estudiada por Stehberg y Sotomayor en el año 2012 y, posteriormente, por Mankuk S.A., quienes realizan la caracterización arqueológica del área del proyecto de Metro. Los dos primeros autores informan sobre la dificultad de establecer un trazado definitivo del Camino del Inca en el área, a partir del estudio de pleitos históricos entre dueños de los terrenos de la zona, los que señalan que este camino cruzaría desde el centro de la ciudad rumbo a Huechuraba y Colina. Por otra parte, Rosales (1948) nombra también el trazado del Camino del Inca pasando cercano a los cerros de Huechuraba, cerca del área del proyecto. Además, De Ramón (2000, p.10) menciona tres acequias o canales prehispánicos para Santiago, incluyendo “la de Vitacura, que se prolongaba en corte por la base del cerro San Cristóbal cayendo en cascada o ‘salto’ en la falda noroeste del mencionado cerro para regar los campos de Conchalí, Huechuraba y Quilicura, ubicados al norte de la actual ciudad”.

Mankuk S.A. (2018) menciona en particular la existencia de dos canales incas en la zona, basado en Stehberg y Sotomayor (2012):

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• Acequia Madre de Guachuraba (Huechuraba),“un canal de origen prehispánico que tenía su bocatoma cercana a la desembocadura del estero de Arrayán con el río Mapocho y la que siguiendo al pie del cerro Tupahue, aprovechaba la diferencia de nivel para pasar al otro lado del cerro en el lugar conocido en ese entonces y ahora como El Salto, siguiendo desde ahí hacia el poniente casi en línea recta hasta llegar más allá de las primera estribaciones del sector norte del cerro de la Huaca (actual cerro Navia)” (Stehberg y Sotomayor 2012, p. 114).

• Acequia Antigua de Tobalaba” (Apochame) o la “Acequia Vieja del Inga, “correspondía a la de Aponchame de la que se desprendía la de Incagorongo que regaba las tierras del sector de Vitacura. Esta acequia también se denominaba “acequia antigua de Tobalaba” la que regaba ese sector para luego hacerlo en el sector del tambo de Macul o tierras del cacique Martín y luego pasó a llamarse del cacique Don Fernando o Hernando” (Stehberg y Sotomayor 2012, p. 138).

Iniciativas ingresadas al SEIA en la comuna de Huechuraba, cercanas al área del proyecto Cocheras no han registrado recursos arqueológicos en sus líneas de base. Estas son: Condominio Hacienda de Huechuraba 6, 7 y 8 ubicado en la calle Berta Correa S/N (2008) y Depósito y Terminal de vehículos Huechuraba- Recoleta Troncal 2 EXP. N°115/2005.

El MAP aquí descrito corresponde a un trabajo de supervisión posterior a los trabajos de sondeos, los que se realizaron en dos campañas efectuadas por MANKUK S.A en 2018, en cada una de las cuales se excavaron 5 pozos. Dichos trabajos dan cuenta de una estratigrafía más bien homogénea que presenta un sedimento limo-arcilloso en todas las unidades excavadas, hasta profundidades de entre 1 a 1,5 m y que se caracteriza por contener un alto contenido orgánico en los primeros niveles.

A mayor profundidad disminuye la presencia de arcillas y se incorpora arena, que va aumentando paulatinamente.

El material cultural registrado durante la caracterización arqueológica fue escaso y se encontró principalmente hasta los 50 cm de profundidad, identificándose algunos restos cerámicos posiblemente históricos y material subactual de diversas tipologías (loza, metal, osteofauna, vidrio y malacológico).

Mientras se realizan los monitoreos arqueológicos permanentes, durante el mes de febrero del año en curso se observó un primer hallazgo no previsto, el cual correspondía a una estructura de piedras canteadas, posteriormente se identificó el hallazgo no previsto Nº2, el cual corresponde a una canal de piedras canteadas. El día 15 de abril 2019 mediante el ORD N°1999 se autoriza el rescate de los hallazgos antes nombrados. El rescate fue realizado de la quincena de abril al 7 de mayo 2019, posterior a lo cual continúan las labores de monitoreo en el área.

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3 OBJETIVOS

• Mantener vigilancia sostenida de las actividades del proyecto durante la ejecución de trabajos de escarpe y excavación, considerando toda actividad que conlleve la remoción superficial y subsuperficial del suelo, hasta los 4 m de profundidad.

• Realizar charlas de inducción a los trabajadores del proyecto, antes del inicio de cada obra y apertura de un nuevo frente de trabajo, sobre el componente arqueológico que se pudiese encontrar en el área del proyecto y los procedimientos a seguir en caso de hallazgo.

4 METODOLOGÍA

REGISTRO DE LOS DISTINTOS FRENTES DE EXCAVACIÓN Y SUS ETAPAS DE AVANCE

Para realizar las labores de monitoreo arqueológico, se utilizó metodología estándar de registro considerando la observación directa de cada uno de los frentes de trabajo, además de la realización de anotaciones de campo, dibujos a escala de perfiles, fotografías específicas de materiales diagnósticos (en caso de detectarse), plantas, perfiles y rasgos relevantes, donde se ocuparon jalones, miras topográficas y norte. Para efectos de establecer la ubicación de los distintos frentes, el presente informe considera el sistema utilizado por ingeniería y topografía. En este sentido, el Km 0 se ubica en el acceso al predio por la caletera Avenida Américo Vespucio y a medida que se avanza hacia el norte los kilómetros aumentan.

CAPACITACIÓN ARQUEOLÓGICA AL PERSONAL

Se realizaron charlas de inducción arqueológica al personal de la empresa OFC - Colas Rail, correspondientes a personal de maquinaria, cargos directivos y responsables de la obra. En dichas charlas se informó sobre las características de los sitios arqueológicos de la zona de la cuenca de Santiago, hallazgos presentes en las cercanías, así como el material cultural posible de encontrar en la obra. Además, se hizo hincapié en la protección legal de los Monumentos Arqueológicos y los procedimientos y protocolos a seguir frente a hallazgos durante la ejecución del proyecto. Todo lo anterior se registra en listas de asistencia.

5 DESCRIPCIÓN DE LAS ACTIVIDADES REALIZADAS POR FRENTE DE TRABAJO

A continuación, se detallan las distintas actividades supervisadas durante el mes de septiembre, en un frente de trabajo: OFC (Vías-Galpón).

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OFC - VÍAS - GALPÓN

Durante la jornada del 9 de septiembre se continuó con la excavación iniciada el mes anterior, consistente en la instalación de un poste encargado de sostener una cámara de vigilancia. El material de relleno extraído estuvo compuesto únicamente por balasto, hasta los 90 cm de profundidad, seguido de un sedimento arenoso mezclado con el mismo balasto hasta los 135 cm. de profundidad máxima alcanzada desde el nivel de la caminería. A dicha profundidad se observa una malla negra procedente de anteriores intervenciones que tuvieron lugar en el sector. No se registraron restos de valor patrimonial.

La excavación tuvo una dimensión de 130 cm x 130 cm y 135 cm de profundidad.

Figura 1. Inicio intervención. Orientación sur.

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Figura 2 Excavación finalizada.

CHARLAS DE INDUCCIÓN

Durante el mes de septiembre, no se realizaron charlas de inducción en arqueología a personal presente en el pique ya que todos contaban con ella.

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6 RESULTADOS

El monitoreo arqueológico permanente en cocheras Vespucio Norte – Línea 2 consistió en la supervisión de excavaciones realizadas en el frente de trabajo: OFC (Vías – Galpón) las cuales fueron realizadas de forma manual.

En el sector de trabajo de OFC (Vías y Galpón), la actividad fue efectuar una excavación para la instalación de un poste para una cámara de vigilancia, durante la que se extrajo únicamente material de relleno, consistente en balasto y un sedimento compuesto principalmente por arena y algo de limo carente de inclusiones.

En ninguno de los trabajos supervisados se registraron hallazgos arqueológicos.

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7 CONCLUSIONES

De acuerdo con lo observado durante el período supervisado, correspondiente al mes de agosto, se señala lo siguiente:

Durante las excavaciones efectuadas en el frente de trabajo, se continuó observando un estrato de textura limo arenosa, en general con alta densidad de grava, gravilla, clastos, cantos rodados y rocas de mayor tamaño (bolones), estas últimas en menor densidad, correspondiente a material de relleno sin presencia de restos culturales. Dicho material de relleno compactado se encuentra dispuesto en toda el área desde el mes de junio del año 2019, siendo esta labor supervisada por Ámbito Consultores.

Cabe señalar que, durante las labores efectuadas en el mes, y debido a los propósitos de éstas y las profundidades alcanzadas, se removió únicamente el mencionado material de relleno, no llegándose a observar el siguiente estrato limo arcilloso, caracterizado por no apreciarse alterado, sin presencia de gravas u otras inclusiones.

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9 ANEXOS

ANEXO 2. ASISTENCIA DEL PERSONAL ARQUEOLÓGICO TRABAJOS POR PARTE DE ARQUEOLOGÍA

Frente Días trabajados

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 Túnel falso

Edificio Galpón

Vías-OFC PH

Gabinete

Tabla 1. Descripción de las actividades durante el mes, por Paula del Hierro (PH).

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ANEXO 3. LIBROS DE OBRA

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ANEXO 4. FICHAS DE REGISTRO DIARIO COCHERAS OFC-COLAS RAIL

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29 ANEXO 5. CERTIFICADO DE LICENCIATURA O TÍTULO DE ARQUEÓLOGO MONITOR

Referencias

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b) El Tribunal Constitucional se encuadra dentro de una organiza- ción jurídico constitucional que asume la supremacía de los dere- chos fundamentales y que reconoce la separación