Boletín de Medicina y Traducción
ISSN 1537-1964
Boletín de Medicina y Traducción
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V o l 2 . N ° 5 . S e p t i e m b r e 2 0 0 1 ISSN 1537-1964
V o l 2 . N ° 5 . S e p t i e m b r e 2 0 0 1
ÍNDICE
EDITORIAL
Sobre la formación de términos técnicos
Valentín García Yebra 2
TRADUCCIÓN Y TERMINOLOGÍA
Fichas de Medtrad: buffer
Ariel F. Martínez 8
Minidiccionario crítico de dudas
Fernando A. Navarro 11
TRIBUNA
The synthetic genitive in medical eponyms:
Is it doomed to extinction?
John H. Dirckx 15
Nociones de neología.
La formación de derivados y compuestos a partir de nombres propios de persona
José Antonio Díaz Rojo 25
Calcos científico-técnicos: entre la precisión y la confusión
José María Álvarez Blanco 31
El ciberespanglish, el español comercial y el español neutro en la red
Xosé Castro Roig 36
Venéreo, venerable, veneno, venado y otros primos hermanos del vanadio
Fernando A. Navarro 42
REVISIÓN Y ESTILO Tripletes prácticos
Ernesto F. Martín-Jacod 45
EL LÁPIZ DE ESCULAPIO Neurocirujano
Rodolfo Alpízar Castillo 48
CARTAS A PANACE@
Publicando en español
J. Antonio Aldrete 50
RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Diccionario dermatológico bilingüe
Aurora Guerra Tapia 52
El plumero
Gustavo A. Silva 54
ARTÍCULO ESPECIAL Prefacio
Fernando Pardo-Manuel de Villena 56
Genomic Imprinting
María Verónica Saladrigas 57
Glosario fraseológico de genomic imprinting
María Verónica Saladrigas 73
CONGRESOS Y ACTIVIDADES
Laura Munoa 83
ENTREMESES
¿Quién lo usó por vez primera?
Fernando A. Navarro 7, 49, 51, 82
Evento: de barbarismo al porvenir develado
Daniel Ibarra 55
Ciberenlaces: bioquímica y biología molecular
María Verónica Saladrigas 10
Vericuetos: apoptosome y apoptotic body
Luis Pestana 24
Boletín de Medicina y Traducción Boletín de Medicina y Traducción
Vol 2. No 5. Septiembre 2001 ISSN 1537-1964
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Coordinación de contenidos :
José Antonio Díaz Rojo, Ernesto Martín-Jacod, Laura Munoa, Fernando Navarro, Luis Pestana y Verónica Saladrigas
Revisión:
Laura Munoa, Mónica Noguerol, Federico Romero y Karen Shashok
Edición electrónica:
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Las opiniones expresadas por los autores en esta publicación son de su exclusiva responsabilidad.
ISSN 1537-1964
ISSN 1537-1964
La mayoría de los términos técnicos usa- dos por los científicos proceden de las len- guas clásicas. Son, en general, de origen grie- go. Pero no han llegado a las distintas len- guas modernas directamente desde el griego;
han pasado antes o bien por el latín o bien por alguna lengua moderna. Por ejemplo, el sustantivo botánica, definido por el DRAE como «ciencia que trata de los vegetales», procede, en último término, del gr. botaniké, que no era en esta lengua un sustantivo, sino la forma femenina del adjetivo botanikós,
«relativo a las hierbas o plantas». Que no llegó a las lenguas modernas directamente desde el griego se ve ya por su acento, que en griego iba sobre la última sílaba. Llegó a través del latín medieval, que acentuaba la antepenúltima por ser breve la penúltima:
botani˘ca. No existió esta palabra en latín clá- sico.
El Diccionario de autoridades, el prime- ro que redactó la Academia, define la botá- nica como «el arte de conocer las hierbas», y le da como equivalente en latín: «Res herbariae peritia», es decir, «conocimiento de la cosa herbaria». La primera documen- tación de botánica en español está, según el Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico (DCECH) de J. Corominas y J.
A. Pascual, precisamente en el Diccionario de autoridades (1726), y, aunque tiene la acentuación latina correcta, es probable que el término haya sido sugerido por el fr.
botanique, documentado ya en Cotgrave 115
años antes (1611). El influjo del francés so- bre el español fue más intenso en la segunda mitad del siglo XVIII que en la primera.
Usan términos técnicos todas las ciencias. Sus mismos nombres suelen ser términos técni- cos. Entre las que tienen por objeto el estu- dio de la naturaleza están, además de la bo- tánica, la biología, la geología, la zoología.
El DRAE incluye unas doscientas palabras cuyo último componente es -logía, del gr.
-logía a través del latín -logi˘a y del fr. -logie.
Muchas de estas palabras designan ciencias o bien partes o aspectos de alguna ciencia.
Sucede lo mismo con los nombres termina- dos en -grafía, como geografía, cosmogra- fía, uranografía , oceanografía. Con este componente, que era en latín -graphi˘a hay en el diccionario académico algo más de cien palabras. Algunas tienen el componente -nomía, también procedente del griego, a tra- vés del lat. -nomi˘a, como astronomi˘a. Creo haber demostrado en mi Diccionario de galicismos prosódicos y morfológicos (Ma- drid, Gredos, 1999) que el origen próximo de todos los términos españoles cuyo último componente es -logía, -grafía o -nomía, que en latín no llevaban el acento fonético sobre la i, sino en la sílaba anterior, está en el fran- cés y no en el griego, aunque en esta lengua llevaran acento gráfico y fonético sobre la i de la penúltima sílaba.
Sobre la acentuación de las palabras de origen griego hay en nuestros científicos un desconocimiento notable. Recientemente es- cribió uno de ellos, bien acreditado, que Mitridates no debía acentuarse sobre la antepenúltima sílaba, sino sobre la penúlti- ma, porque así se acentuaba en griego:
Mithridátes y no Mithrídates. Pero la razón de que la acentuación etimológica sea en es- pañol Mitridates y no Mitrídates, aunque se vea con más frecuencia la acentuación es- drújula (según el Corpus de Referencia del
Sobre la formación de términos técnicos
Valentín García Yebra
Real Academia Española Madrid (España)
Editorial
Español Actual de la Academia, hay 31 tes- timonios de Mitrídates c o n t r a 1 6 d e Mitridates), no es que en griego se acentuase la sílaba penúltima, sino que se acentuase fonéticamente esa sílaba en latín. En mi ci- tado diccionario (págs. 54-55) puede verse una lista de más de cincuenta nombres pro- pios esdrújulos en griego que en español se acentúan en la penúltima sílaba porque así se acentuaban en latín, como gr. Aléxandros, Kórinthos, Polýkarpos, pero lat. y esp.
Alexander, Alejandro; Corinthus, Corinto;
Polycarpus, Policarpo.
Por lo demás, actúa entre científicos y no científicos la llamada «manía esdrujulista», que acentúa en la antepenúltima sílaba nom- bres propios como Arístides, Arquímedes, Ganímedes , Éufrates o e l y a c i t a d o Mitrídates, que debieran acentuarse en la penúltima por ser esta en latín (y en griego) sílaba larga.
Pero nos interesan ahora en particular los términos técnicos. Los procedentes del grie- go a través del latín, que son la mayoría, si- guen en la acentuación una misma norma: si la penúltima sílaba es breve, deben ser es- drújulos, aunque en griego se acentúe la pe- núltima sílaba o incluso la última. Por ejem- plo, el gr. theológos se acentúa en la penúlti- ma sílaba, pero la vocal de esa sílaba es una ómicron, que es breve; por consiguiente, el lat. theolo˘gus y el español teólogo serán vo- ces esdrújulas. Y el sustantivo gr.
katastrophé, acentuado en la última sílaba, tiene también ómicron en la penúltima; por eso el lat. catastro˘phe y el esp. catástrofe son voces esdrújulas.
Si en la penúltima sílaba tienen una vocal larga, aunque en griego sean voces esdrúju- las, en latín y en español serán graves o lla- nas; es decir, se acentuarán en la sílaba pe- núltima. Por ejemplo, el gr. Aníke¯tos será en lat. Anice¯tus y en esp. Aniceto, y el gr.
Theodo¯rus será en lat. Theodo¯rus y en esp.
Teodoro. Y lo mismo sucederá con nombres griegos esdrújulos que tengan en la penúlti- ma sílaba una vocal seguida de dos conso- nantes no pertenecientes a la misma sílaba, como Polýkarpos y Theópompos, que serán en latín Polycarpus y Theopompus, y en es- pañol Policarpo y Teopompo.
Es esta una norma general para la acen- tuación de palabras griegas, y, por consiguien- te, de términos técnicos formados con pala- bras de origen griego. Pero esta norma tan sencilla la quebrantan con muchísima frecuen- cia nuestros científicos, sobre todo haciendo llanas, por influjo del francés, palabras que deberían ser esdrújulas. En mi Diccionario de galicismos prosódicos y morfológicos hay cientos de ejemplos.
Así, debieran ser esdrújulas todas las que tienen como componente final ‘-trofo, que en griego tiene ómicron, es decir o breve, en la penúltima sílaba, y en el DRAE lleva ante- puesto un guión acentuado para indicar que el acento fonético recae en la sílaba anterior a tro . Siguen la norma autótrofo y heterótrofo; pero en el Vocabulario científi- co y técnico (VCT) de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, aun- que aparece heterótrofo a c e n t u a d o etimológicamente, figuran como palabras lla- nas o paroxítonas autotrofo, biotrofo, diazotrofo, ectotrofo, entotrofo, fototrofo, genotrofo , metanotrofo , m e t a z o t r o f o , metilotrofo, psicotrofo y quimiotrofo.
En el DRAE aparecen diez palabras cuyo último componente es ´-foro; pero el VCT incluye bioforo y blastoforo.
El DRAE incluye casi dos docenas de tér- minos formados con el componente ´-fago, como antropófago; pero en el VCT figuran cianofago y colifago, definido este allí mis- mo como bacteriófago.
Están en el DRAE el componente ´-grafo y más de cien palabras esdrújulas compues- tas con él, como ágrafo, biógrafo, calígra- fo; pero el VCT registra digrafo e hipergrafo.
Figuran en el DRAE el componente ´-lisis y las nueve palabras siguientes, de acentua- ción esdrújula: a n á l i s i s , c a t á l i s i s, c r i p t o a n á l i s i s , d i á l i s i s , e l e c t r ó l i s i s, hemólisis, hidrólisis, parálisis y psicoaná- l i s i s . P e r o e l V C T , q u e a c e n t ú a etimológicamente análisis, autocatálisis, ca- tálisis e hidrólisis, incluye más de dos do- cenas de términos con el mismo componen- te final y acentuados en la penúltima sílaba, entre ellos electrolisis y hemolisis. Peor aún, hemólisis, ahora acentuado etimológicamente en el DRAE, figura como hemolisis en las
«enmiendas y adiciones» aprobadas para su próxima edición.
Igualmente, figuran en el DRAE con acen- tuación etimológica biótopo, isótopo y radisótopo; pero en el VCT aparecen biotopo, litotopo, paralelotopo y politopo.
Y en las «enmiendas y adiciones» del DRAE se propone la sustitución de biótopo por biotopo.
En la edición del DRAE de 1984 figura- ban con acentuación etimológica antiperístasis, apocatástasis, catástasis, éx- tasis, hipóstasis, homeóstasis, metástasis y perístasis. Sólo hemostasis con acentuación antietimológica. En la edición de 1992 se au- torizó también la de homeostasis, por influ- jo del VCT, que acentúa hemostasis y homeostasis1.
Los términos cuyo último componente es -lito, del gr. líthos «piedra», cuya i es bre-
ve, deberían ser esdrújulos, como crisólito.
Pero aerolito (aerólito en el Diccionario de la lengua castellana dirigido por Carlos de Ochoa, París, 1910), astrolito, coprolito, eolito, megalito, monolito, oolito, osteoli- to, trilito y uranolito figuran como voces llanas en el DRAE, y el VCT incluye otras trece igualmente llanas.
También deberían ser esdrújulos los tér- minos cuyo último componente es ´-fito, del gr. phytón «planta». El DRAE acentúa etimológicamente m i c r ó f i t o , n e ó f i t o , rizófito , sínfito , xerófito y zoófito , pero antietimológicamente briofito, epifito, esper- mafito, pteridofito o teridofito, saprofito y rizofito , este último en competencia con rizófito. En el VCT figuran, con terminación masculina, o con la femenina referida a plan- ta, como briofita y carofita, casi docena y media de términos con acentuación antietimológica en la penúltima sílaba. En el DRAE de 1984 estaba esporofita; en 1992, esporófita o esporofita , esporófito o esporofito, gametófito o gametofito.
Resulta casi penoso este desbarajuste acentual, esta discordia lingüística entre tér- minos técnicos estrechamente emparentados, que, precisamente por ser voces cultas, de- berían atenerse a la norma con especial rigor y no estar sujetos al arbitrio infundado de quienes las usan. Tal desorden no se ha pro- ducido, o ha sido mucho menos intenso, en lenguas tan próximas a la nuestra como el portugués y el italiano. He aquí algunos ejem- plos.
Anodino, término de la medicina, procede del gr. anódynos a través del lat. anody¥nus.
Debiera, pues, ser voz esdrújula. Lo es en italiano anòdino y en portugués anódino.
En la serie de términos cuyo componente final es -fito, hallamos en el excelente Novo dicionário da língua portuguesa, de Aurélio Buarque de Holanda Ferreira, con acentua-
1 No parece normal que los científicos impongan su prác- tica lingüística, cuando es errónea, contra el criterio de los filólogos. Lo normal sería que los científicos delimitaran el contenido de los términos técnicos de sus respectivas cien- cias, y que los filólogos establecieran su acentuación y es- tructura.
ción etimológica: b r i ó f i t o , e p í f i t o , espermáfito, pteridófito, saprófito y rizófito, y en los compuestos con -lito: aerólito, astrólito, coprólito, megálito, monólito, oólito, osteólito y uranólito.
Como palabras aisladas, tenemos en el DRAE con acentuación antietimológica:
anquilostoma (port. anquilóstomo, i t . anchilòstoma), antistrofa (port. antístrofe, it. antìstrofe), diadoco, en la próxima edi- ción diádoco (port. diádoco, it. diàdoco), en- docrino (port. endócrino , it. endòcrino ), erebo (port. érebo, it. èrebo), medula o mé- dula2 (port. medula, it. medùlla, midòlla), triunviro (port. triúnviro , it. triùmviro o triùnviro).
Pero las irregularidades antietimológicas de nuestros términos técnicos no se dan sólo en su acentuación, sino también en su forma o estructura.
Del gr. akro¯t ér i o n , que dio en lat.
acroteri˘um, no puede salir el esp. acroteri˘a;
tampoco del plural neutro lat. acroteria, que daría en esp. acroteria. De donde sale acrotera es del fr. acrotère. El port. acrotério y el it. acrotèrio sí son derivación normal del lat. acroteri˘um.
Según el DRAE, bípedo procedería del lat.
bipe˘dus, bipe˘dis. Sin duda bipe˘dus, que no fi- gura en los diccionarios latinos, es errata o error en lugar de bipes, del cual es genitivo bipe˘dis. Pero de esta palabra latina saldría en español bípede, como en port. bípede y en it. bìpede. Bípedo, que, según el DCECH de J. Coromines y J. A. Pascual, no se docu- menta hasta el segundo cuarto del siglo XIX, es calco del fr. bipède, cuya -e se ha conver- tido en -o.
Figura odómetro en el DRAE desde 1889 como compuesto del gr. hodós «camino» y
´-metro. Y esa es ciertamente su etimología.
Pero no se explica por qué ha perdido la h inicial de hodós, representante del espíritu áspero griego. El DCECH, s. v. episodio, registra «odómetro u hodómetro, compuesto culto de hodós con métron ‘medida’»; pero tampoco explica por qué esta palabra se es- cribe generalmente sin h. El DRAE sólo re- gistra odómetro. Se trata, en realidad, de un error ortográfico francés al escribir odomètre (1678), en el que se pone de manifiesto la capacidad del influjo del francés sobre otras lenguas: esta grafía errónea fue aceptada por el esp. odómetro, y hasta por el inglés, aun- que en esta lengua se escribe también alguna vez hodometer, pero remitiendo a odometer.
En italiano sería normal omitir la h, pero se reconoce la procedencia francesa de la voz odòmetro. El portugués, en cambio, se atie- ne a la forma etimológica escribiendo única- mente hodómetro, como también el alemán Hodometer, aunque en esta lengua se acen- túa la sílaba me, como en francés.
También parótida es, en español, voz for- mada irregularmente. Según el DRAE, viene del gr. parotís, a través del latín paro¯tis. En tal caso, vendría del acusativo lat.
paro t i˘de(m) . Pero de aquí no saldría parótida, sino parótide, como salió en it.
paròtide. El inglés tiene parotide y parotid, ambos procedentes del fr. parotide, docu- mentado por el Grand Larousse de la langue française hacia 1363 con el sentido latino de
«inflamación próxima a la oreja», y en el sen- tido actual hacia 1560. Del francés vendrá también el esp. parótida, que está ya en Au- toridades (1737) con el significado antiguo, y en Terreros (1778) con el antiguo y el mo- derno. El portugués tiene la forma etimológica parótide, pero también la afrancesada parótida.
2 R. Menéndez Pidal (Manual de gramática histó- rica española, 12.ª ed., & 5 bis, llama «acentuación disparatada» a la de médula .
La azarosa interpretación de la -e france- sa, que unas veces corresponde a términos griegos acabados en -a, como gr. alle¯goría, fr. allégorie; otras, a términos griegos aca- bados en -e¯, como gr. syllabé, fr. syllabe, y otras, a términos griegos acabados en -os, como gr. kýlindros, fr. cylindre, ha sido cau- sa de muchos errores en la formación de los términos correspondientes en español, for- mados sobre el término francés equivalente, sin conocer el término griego en que el fran- cés se basaba.
He aquí una lista, que no pretende ser com- pleta, de términos españoles procedentes de términos griegos acabados en -os, que en es- pañol debieran terminar en -o, pero termi- nan en -a porque en francés acaban en -e:
gr. aktinotós, fr. actinote, esp. actinota; gr.
aoidós, fr. aède, esp. aeda; gr. autodídaktos, fr. a u t o d i d a c t e, e s p . a u t o d i d a c t a; gr.
chore¯g ó s, fr. chorège, esp. corega; gr.
strate¯gos, fr. stratège, esp. estratega; gr.
hermaphróditos, fr. hermaphrodite, esp. her- mafrodita; gr. rhapso¯idós, fr. rhapsode, esp.
rapsoda; la serie de términos que tienen como componente final el gr. iatrós «médico», fr.
-iatre, esp. -iatra, como fisiatra, foniatra, geriatra, pediatra, podiatra, psiquiatra, que deberían terminar en -o, pero terminan en -a porque el fr. -iatre termina en -e. Los térmi- nos etimológicamente correctos serían en es- pañol aedo, autodidacto, corego, estratego, fisiatro , foniatro , geriatro , pediatro , podiatro, psiquiatro.
Figuran en el DRAE aedo preferido a aeda, autodidacto (autodidacta sólo como feme- nino), corego remitiendo a corega, estratego preferido a estratega, y hermafrodito remi- tiendo a hermafrodita. Algunos de estos tér- minos podrían funcionar como masculinos, con la terminación en -o: un aedo y una aeda, un corego y una corega, un estratego y una estratega, un fisiatro y una fisiatra, etc.
Las dos lenguas más próximas al español –el portugués y el italiano– se han dejado influir por el francés, en esto, menos que el español: en portugués se dice aedo, corego, estratego y rapsodo, y en italiano, aedo, corego (también corago), stratego (también, pero menos, stratega) y rapsodo. En portu- gués se dice psiquiatro, pero remitiendo a psiquiatra, y geriatra, no geriatro.
En español y en italiano se dice, antietimológicamente, autóctono, del lat. tar- dío autochth o˘ne(m) ; e n p o r t u g u é s , etimológicamente, autóctone. En español lla- mamos, antietimológicamente, bólido a lo que en portugués y en italiano se llama bólide, del acusativo lat. boli˘de(m), procedente a su vez del gr. bolís, bolídos3.
El lat. styloba˘tes tenía dos formas para el acusativo: styloba˘tam o styloba˘tem, según se ajustase a la primera o a la tercera declina- ción. Serían, pues, legítimas en español las formas estilóbata o estilóbate (esta es la adoptada por el it. stilòbate), pero no estilóbato, que sólo se explica por galicismo contrario al de corega, estratega etc., con- sistente en tomar la -e francesa por -a cuan- do debía ser -o, mientras que aquí se toma por -o, cuando debía ser -a o bien -e.
El trío crisálida, nómada, parótida de- biera terminar en -e, pues los correspondien- tes acusativos latinos son chrysalidem, nomadem, parotidem. En español, únicamen- te parótida tiene también, aunque menos usual, la forma parótide. El portugués admi- te en los tres casos, junto a la forma etimológica en -e, la antietimológica en -a.
Solo el italiano tiene en los tres casos exclu- sivamente la forma etimológica: crisàlide , nòmade, paròtide. Las formas en -a del por- tugués y el español vienen probablemente de la -e final de las formas francesas correspon- dientes.
Podrían aducirse muchos más ejemplos de términos técnicos mal formados en español por desconocimiento del griego y del latín, y por interpretación errónea de la estructura de los términos franceses correspondientes. Los citados bastan sin duda para demostrar que no puede formarlos bien cualquiera, ni aun los científicos acreditados como grandes co- nocedores de sus respectivos campos de tra- bajo, si no conocen también las normas
3 Lo mismo en griego que en latín, bolís era femeni- no. En español e italiano pasó al masculino. En portu- gués bólide es femenino; pero tiene también bólido , quizá por influjo del español, y es, como terminado en -o, masculino.
lingüísticas que rigen la derivación de las vo- ces cultas procedentes de las lenguas clási- cas.¢¢
¿Quién lo usó por vez primera?
Crush Syndrome F. A. Navarro
Nada hay tan sumamente malo que no pueda encontrársele algún aspecto bueno. La gue- rra, por ejemplo, con toda la carga de muerte, odio, destrucción, hambre y miseria que acarrea, ha desempeñado un papel fundamental para el desarrollo y el avance de ciencias como la cirugía o la traumatología. De hecho, la figura cimera de Ambrosio Paré no podría entenderse sin tener en cuenta su experiencia como cirujano militar en el regimiento del mariscal de Montejan.
De forma parecida, en agosto y septiembre de 1940, la nueva táctica empleada por la Luftwaffe alemana durante la Batalla de Inglaterra marcó una nueva forma de combate –el bombardeo indiscriminado de objetivos militares, industriales y civiles– que habrá de utili- zarse a partir de entonces en todas las guerras modernas (desde el bombardeo masivo para arrasar las grandes ciudades alemanas o las explosiones atómicas de Hiroshima y Nagasaki, al final de la II Guerra Mundial, hasta los recientes bombardeos de objetivos civiles en Serbia y Palestina), sí, pero también nos dejó nuevos conocimientos médicos que todavía hoy aprovecha la moderna medicina humanitaria para hacer frente a las catástrofes natura- les.
Y es que, en efecto, en marzo de 1941, en plena guerra mundial, Bywaters y Beall descri- bieron en Inglaterra un nuevo síndrome de insuficiencia renal aguda por acción refleja desde un foco traumático, que habían observado entre los numerosos heridos de los bombardeos alemanes sobre Londres. No le dieron nombre concreto en su artículo, pero hoy seguimos llamando crush syndrome o «síndrome de aplastamiento» a lo que ellos describieron como
«crush injuries with impairment of renal function».
Amongst air-raid casualties seen at this hospital have been four cases of crush injury of the limbs which, because of the general similarity of their clinical course, were thought to represent a specific and hitherto unreported syndrome, and one which has been and will be seen elsewhere during the war. Such a condition may have been observed in civil practice, but we have been unable to find any account of it in the literature.
Bywaters EGL, Beall D. Crush injuries with impairment of renal function. Br Med J 1941; 1: 427-432.
Se suele atribuir la paternidad del término buffer al célebre químico danés S.P.L. Sørensen, inventor de la escala de pH1. Sin embargo, es probable que los primeros en referirse a este concepto por escrito hayan sido los franceses A. Fernbach y L. Hubert con la voz tampon2,3, en 1900. Mientras estudiaban la amilasa y la dias- tasa proteolítica de la malta, estos autores notaron que una solución parcialmente neutralizada de ácido fosfórico actuaba como «protection contre des changements brusques d’acidité ou d’alcalinité: les phosphates leur servent en quelque sorte de tampon»4. Fernbach y Hubert emplearon probablemente este vocablo para ha- cer una analogía entre ese tipo de solución y el tope (tampon) de ferrocarril, dispositivo metálico montado sobre resortes y colocado de a pares en las partes delantera y trasera de un vagón o automóvil para amortiguar los choques5 , 6 (v.
cuadro). Años después, Sørensen tradujo esta voz al alemán –puffer– y luego al inglés –buffer–
y, dado su prestigio internacional, la difusión de este último quedó garantizada.
El término buffer forma parte del lenguaje habitual de diversas disciplinas, como la quími-
Fichas de MedTrad:
buffer
Ariel F. Martínez
Editorial Delfos Scientiae, La Habana (Cuba)
Traducción y terminología
FICHA N.° 5: buffer
Traducciones posibles:
– tampón, (di)solución tampón, amortiguador de pH, (di)solución amortiguadora de pH, regulador de pH, (di)solución reguladora de pH, corrector de pH, (di)solución correctora de pH.
Traducción objetada:
– neutralizador de pH
ca, la bioquímica, la biología, la fisiología, la medicina, la odontología y la agricultura. Varios diccionarios especializados de lengua inglesa, com o el Dorland7 y el Stedman8, recogen la acepción de buffer en la esfera química.
Aunque muchos autores hispanohablantes in- sisten en emplear el término inglés –probable- mente por el hábito de utilizar este término en la jerga de laboratorio–, en castellano existen di- versas opciones de traducción. Una de las más generalizadas es el galicismo tampón (v. cuadro), que figura en muchos documentos oficiales y libros especializados, entre ellos, la Real Far- macopea Española9, el Diccionario de quími- ca y productos químicos de Hawley10 (v. cua- dro) y el Diccionario de química de Miall- Sharp11, lo que alienta su uso por parte de mu- chos médicos y científicos de habla hispana. Asi- mismo, se utilizan los vocablos derivados tampo- nado(a) y tamponamiento, como traducción de buffering12, para referirse a los efectos de estas soluciones químicas.
Sin embargo, el término tampón presenta un delicado problema de polisemia. En efecto, como dice F. Navarro, se trata de una palabra «que se usa con otro sentido muy distinto en medicina»13, a saber, según el Diccionario de la Lengua Es- pañola14, la de un «rollo de celulosa que se intro- duce en la vagina de la mujer para que absorba el flujo menstrual». Afortunadamente, el traduc- tor dispone de otras alternativas de traducción, por ejemplo, amortiguador o (di)solución amor- tiguadora15-17, regulador de pH o (di)solución reguladora de pH12. Con menor frecuencia, se encuentran los términos corrector de pH y neu- tralizador de pH12, pero resulta evidente que este último no es apropiado, puesto que neutra- lizar una disolución significa ajustar su pH a 7,0, y esa no es la función de estas soluciones.
En la esfera científica, pues, y por lo expues- to anteriormente, las voces tampón, amortigua- dor de pH, (di)solución amortiguadora de pH,
regulador de pH, (di)solución reguladora de pH e, incluso, corrector de pH son traducciones per- tinentes de buffer. De todos modos, no sería de extrañar que, tarde o temprano, se termine in- corporando oficialmente la voz «búfer» a nues- tro léxico, debido a la presión inevitable y pode- rosa del uso del término inglés, lo cual siempre será preferible al anglicismo buffer que utilizan los que padecen, como dijera Joaquín Segura,
«de pereza mental y afán anglicista»12.¢¢ Bibliografía
1. Skinner HA. The Origin of Medical Terms. 2a. ed.
Baltimore: Williams & Wilkins; 1961.
2. Beynon RJ y Easterby JS. Basic Concepts. En: Buffer Solutions: The Basics. Oxford: BIOS Scientific Publishers; 1996.
3. Biographie d’Auguste Fernbach. Ann Inst Pasteur 1939; 62(3): 249-52.
4. Fernbach A y Hubert L. De l’influence des phosphates et de quelques autres matières sur la diastase protéolitique du malt. Compt Rend Acad Sci 1900; 131:
293-295.
5. Le Dictionnaire Hachette Encyclopédique Illustré. 3a.
ed. París: Hachette Livre; 1993. Tampon; p. 1827.
6. Le Grand Robert. 2a. ed. París: Le Robert; 1985.
Tampon; p.149.
7. Dorland’s Illustrated Medical Dictionary. 29a. ed..
STEDMAN Buffer: a mixture of an acid and its conjugate base (salt), such as H2CO3/HCO3-, H2PO4-/ HPO42-, that, when present in a solution, re- duces any changes in pH that would otherwise oc- cur in the solution when acid or alkali is added to it; thus, the pH of the blood and body fluids is main- tained relatively constant (pH 7.45) although acid metabolites are continu- ally being formed in the tissues and CO2 is lost in the lungs.
HAWLEY
Tampón (buffer). Solución que contiene un ácido débil y su base débil conjugada, cuyo pH sólo cambia ligeramente al añadir un ácido o álcali. El ácido débil se vuelve tampón cuando se añade un álcali y, por su parte, la base débil se vuelve tampón cuando se añade un ácido. Esta acción se describe con la reacción A + HOH →→ B + H3On, en la cual la base B se forma por la pérdida de un protón del correspondiente ácido A. El ácido puede ser un catión como el NH4+, una molécula neutra como CH3COOH o un anión como H2PO4–. Cuando se añade una base se eliminan iones de hidrógeno que forman agua, pero mientras la base añadida no exceda al ácido tampón, muchos de los iones de hidrógeno son sustituidos por una ulterior ionización de A para mantener el equilibrio. Cuando se añade un ácido, esta reacción se invierte ya que los iones de hidrógeno se combinan con B para formar A. El pH de una solución tampón se puede calcular mediante la ecuación de ley de masas, pH=pK’ + log Cb/Ca, en la cual pK’ es el logaritmo negativo de la constante de ionización aparente del ácido tampón y las concentraciones son las de la base tampón y su ácido conjugado.
HACHETTE ILLUSTRÉ Tampon n. m. II. 1. CH de F
Disque métallique monté sur ressort, placé par paires à l’avant et à l’arrière d’une voiture, d’un wagon et destiné à amortir les chocs. FIG. Ce qui sert à amortir les chocs, à éviter les affrontements. Servir de tampon entre deux adversaires. État tampon, placé entre deux États en conflit, pour éviter la lutte armée. 2. (En appos.) CHIM
Solution tampon: mélange sensiblement équimolaire d’un acide faible et de sa base conjuguée, dont le pH ne varie quasiment pas lors d’une dilution ou lors de l’ajout d’un acide ou d’une base.
Filadelfia: W.B. Saunders Company; 2000.
8. Stedman’s Medical Dictionary. 27a. ed. Baltimore:
Lippincott Williams & Wilkins; 2000.
9. Ministerio de Sanidad y Consumo. Real Farmacopea Es- pañola. 1a. ed. Madrid: Ministerio de Sanidad y Consu- mo; 1997.
10. Hawley GG. Diccionario de química y productos quími- cos. 3a. ed. Barcelona: Omega; 1993.
11. Miall-Sharp. Diccionario de química. Madrid: Alhambra;
1989.
12. Segura J. Buffer. MedTrad (grupo electrónico de discu- sión), mensaje 845 [24 de diciembre de 1999]. URL: http:/
/groups.yahoo.com/group/medtrad.
13. Navarro F. Diccionario crítico de dudas inglés-español de medicina. Madrid: McGraw-Hill/Interamericana de Es- paña; 2000.
14. Real Academia Española.Diccionario de la Lengua Espa- ñola. 21a. ed.[CD-ROM, Versión 1.0]. Madrid: Espasa- Calpe; 1995. Tampón.
15. Silva G. Buffer. MedTrad (grupo electrónico de discu- sión), mensaje 842 [23 de diciembre de 1999]. URL: http:/
/groups.yahoo.com/group/medtrad.
16. Avendaño J. Buffer. MedTrad (grupo electrónico de dis- cusión), mensaje 848 [24 de diciembre de 1999]. URL:
http://groups.yahoo.com/group/medtrad.
17. Piqueras M. Buffer. MedTrad (grupo electrónico de dis- cusión), mensaje 856 [26 de diciembre de 1999]. URL:
http://groups.yahoo.com/group/medtrad.
Ciberenlaces
Bioquímica y biología molecular Verónica Saladrigas
Novartis Pharma, AG. Basilea
Bio Tech no es una compañía biotecnológica. Nació como una herramienta educativa en el laborato- rio del Dr. Andrew Ellington, de la Universidad de Tejas. En su página de acogida (http://
biotech.icmb.utexas.edu) el cibernauta dispone de varios recursos gratuitos e interesantes, entre los que destaca este Life Science Dictionary, que recoge algo más de 8300 términos de bioquímica, biotecnología, botánica, biología ce- lular y genética, y unos pocos de ecología, limnología, farmacología, toxicología y medicina. Las defini- ciones de los términos contienen hiperenlaces a otras voces. Muy útil y completo.
Esta nueva edición revisada del Glossary of Biochemistry and Molecular Biology (Portland Press Ltd., 1997) de David M. Glick, pro-
fesor en The Hebrew University of Jerusalem, recensa unos 3000 tér- minos tradicionales y de reciente cuño en la esfera de la bioquímica y de la biología molecular. Está pensa- do para estudiantes avanzados de las disciplinas indicadas. La mayoría de las entradas incluye alguna referencia bibliográfica para que el lector am- plíe sus conocimientos sobre el tema (mayoritariamente revisiones). La
Editorial Acribia lo vertió recientemente al castellano, con resultados menos convincentes (Glick DM, Glosario de bioquímica y de biología molecular. Zaragoza: Editorial Acribia S.A; 1997). Fiable y de consulta gratuita. Excelente.
La tercera edición del The Dictionary of Cell and Molecular Biology, publicado por primera vez en 1989 y traducido a varios idio- mas (Lackie JM, Dow JAT. The Dictionary of Cell & Molecular Biology. 3rd ed.
London: Academic Press; 1999), puede consultarse gratuitamente en la dirección in- dicada, aunque por tiempo limitado. Tiene más de 7000 entradas e hiperenlaces a otras voces. Viene con un motor de búsqueda y tam- bién se puede consultar por áreas temáticas haciendo dos clics en la zona rosa de interés (v. cuadro). Muy bueno.
(Continúa en la página 14) http://biotech.icmb.utexas .edu/search/ dict-search.html
http://db.portlandpress.com/glick/search.htm
http://www.mblab.gla.ac.uk/~julian/Dict.html
- anuria.
1 No deben confundirse los términos oliguria (diu- resis inferior a 400 ml/día o, para otros autores, 500 ml/día) y anuria (diuresis inferior a 100 ml/día).
Hay incluso quienes dividen este último concepto en otros dos: oligoanuria (diuresis mensurable, pero inferior a 100 ml/día) y anuria (ausencia com- pleta de orina).
2 El término ‘anuria’ se aplica sólo a la ausencia casi completa de orina por incapacidad de los riñones para formarla. La ausencia casi completa de orina debido a un obstáculo en las vías urinarias se llama retention of urine en inglés y ‘retención urinaria’
en español. Por motivos de claridad y precisión, con- viene no confundir nunca ambos términos, aunque muchos médicos de habla inglesa llamen de forma impropia anuria (u obstructive anuria) a la reten- ción urinaria.
- atopy. Aunque el uso vacila todavía ligeramente, en nuestro idioma es muchísimo más frecuente la for- ma con diptongo, ‘atopia’, que la forma con hiato,
«atopía».
- double pneumonia. [Resp.] La expresión «neumonía doble» tiene una larga tradición en medicina, pero en la actualidad es preferible evitarla por motivos de claridad, ya que se está utilizando con dos sentidos bien distintos:
1 Neumonía bilateral (que era su sentido clásico).
2 Neumonía bacteriana que se complica con una neu- monía vírica.
- glucuronic acid. [Quím.] El traductor no debe confundir las expresiones inglesas glucuronic acid (ácido glucurónico) y glycuronic acid (ácido urónico).
- glucuronide. [Quím.]
1 En la nomenclatura química moderna, el término clásico glucuronide que se daba a los glucósidos
del ácido glucurónico ha sido sustituido por glucuronoside. Al traductor corresponde decidir en cada ocasión si utiliza en español ‘glucurónido’ (que sigue siendo, con mucho, la forma más habitual en el lenguaje científico) o ‘glucuronósido’, pero en cualquier caso debe saber siempre que ambos tér- minos son estrictamente sinónimos. Véase también
GLUCURONYL.
2 No debe confundirse con el término inglés glycuron- ide, que corresponde a lo que en la nomenclatura química actual se llama glycosiduronic acid en in- glés y ‘ácido glucosidurónico’ en español.
- glucuronyl. [Quím.] De forma parecida a lo comen- tado en GLUCURONIDE1, en la nomenclatura química moderna, el término clásico glucuronyl (glucuronilo) que se daba al grupo glucosílico obte- nido a partir del ácido glucurónico ha sido sustituido por glucuronosyl (glucuronosilo). Ej.: glucuronyl transferase o glucuronosyltransferase (glucuronosiltransferasa).
- Indian tobacco. [Bot.] Este nombre recibe en in- glés la especie Lobelia inflata, campanulácea tóxi- ca exclusiva de los Estados Unidos y Canadá. Siem- pre que se pueda, es preferible evitar el calco «tabaco indio», que puede inducir a confusión por doble mo- tivo: en primer lugar, porque no tiene nada que ver con la planta del tabaco ( Nicotiana tabacum); en se- gundo lugar, porque no tiene nada que ver con la In- dia. Que yo sepa, esta planta carece de nombre vulgar en español, pero su nombre científico puede castellanizarse sin problemas a ‘lobelia inflada’. Véa- se también TOBACCO.
- ironophore. Para referirse al ionóforo de hierro, en inglés es perfectamente lógico recurrir al término inglés iron (hierro), pero en español es mucho más claro, por analogía con infinidad de tecnicismos mé- dicos, recurrir al griego síderos (hierro). La forma correcta en nuestro idioma, pues, no es «ironóforo», sino ‘sideróforo’.
- lysin. Este nombre genérico dan en inglés a los anti- cuerpos, toxinas, enzimas u otras sustancias que pue- den provocar citólisis. Para evitar confusiones con el aminoácido que en inglés llaman lysine (lisina), en la mayoría de los casos es preferible traducir el inglés lysin no por «lisina», sino por ‘citolisina’.
Véase también LYTIC.
Minidiccionario crítico de dudas
Fernando A. Navarro
Servicio de Traducción, Laboratorios Roche, Basilea (Suiza)
- lytic. Este adjetivo inglés puede tener tres significa- dos:
1 Lítico (relativo a la lisis, capaz de producir lisis o producido mediante lisis).
2 Lisínico (relativo al aminoácido lisina).
3 Citolisínico (relativo a las citolisinas).
- mechanism. Puede tener dos significados:
1 Mecanismo (en cualquiera de sus acepciones).
2 Mecanicismo: doctrina que pretende explicar los fenómenos biológicos mediante leyes mecánicas de causa y efecto, en virtud de fenómenos puramente fisicoquímicos.
- moulage. Palabra francesa de uso internacional en medicina para referirse a las figuras modeladas o va- ciadas en cera (o escayola) de estructuras anatómi- cas o lesiones dermatológicas, muy utilizadas en la docencia médica hasta la II Guerra Mundial (esto es, en la era previa a la generalización de la fotografía en colores). También en español se ha utilizado mu- cho el galicismo «moulage», que puede sustituirse sin problemas por ‘molde’, ‘modelo’ o ‘vaciado’
cuando haga referencia a la propia figura, y por ‘mo- delado’ o ‘vaciado’ cuando haga referencia a la téc- nica.
- oncovirus. [Micr.]
1 De acuerdo con lo comentado en VIRUS, la palabra inglesa oncovirus, a diferencia de la española ‘onco- virus’, es siempre singular (su plural es oncoviruses).
2 Los retrovirus oncógenos recibieron antiguamen- te en inglés los siguientes nombres: leukoviruses (o leucoviruses), oncornaviruses, RNA-tumor viruses y rousviruses. Todos ellos deben evitarse en los textos actuales, puesto que en la nomencla- tura virólogica moderna su nombre oficial es oncoviruses en inglés y ‘oncovirus’ en español (subfamilia Oncovirinae).
- overseas. [GB] Desde el punto de vista etimológico, esta palabra inglesa es sinónima del español ‘ultramar’. Es fácil de entender, no obs- tante, que en un país insular, como el Reino Uni- do, el término overseas se use en la práctica como sinónimo de ‘extranjero’. Una expresión como to go overseas, por ejemplo, se usa en el inglés bri- tánico en el sentido de ‘viajar al extranjero’ o ‘ir al extranjero’, mientras que en España es perfec-
tamente posible –y de hecho es lo más frecuen- te– viajar al extranjero sin necesidad de hacerlo allende el mar. Ej.: overseas divorce (divorcio concedido por un tribunal extranjero).
- peracid (o per-acid). [Quím.] Puede tener tres sig- nificados:
1 Perácido: ácido inorgánico cuyo elemento central se halla en estado máximo de oxidación.
2 Peroxoácido: ácido que contiene un grupo –O–OH (peroxo). Sinónimo en inglés: peroxoacid.
3 Peroxiácido: ácido que contiene un grupo –CO–
O–OH (peroxi). Sinónimo en inglés: peroxy acid.
- postauricular. Para indicar que algo está situado por detrás de la oreja, en español, a diferencia de lo que suce- de en inglés, es muchísimo más frecuente el adje- tivo ‘retroauricular’ que «postauricular» o
«posauricular».
- pseudopodia (plural latino de pseudopodium).
[Micr.] Las prolongaciones protoplásmicas que emi- ten las amebas y otros protozoos para caminar y cap- turar alimentos no se llaman en español
«pseudopodia», sino ‘seudópodos’ (mejor que
‘pseudópodos’; v. PSEUDO-1). Existen cuatro tipos de seudópodos: axopodia (axópodos), filopodia (filópodos), lobopodia (lobulópodos) y reticulopodia (reticulópodos).
- rDNA. [Gen.] Puede tener dos significados:
1 Abreviatura de ribosomal DNA (ADN ribosómico, ADNr).
2 Abreviatura de recombinant DNA (ADN recom- binado; v. RECOMBINANT1). Para evitar confusiones con el ADN ribosómico, algunos autores prefieren usar en inglés las abreviaturas recDNA o rtDNA para referirse al ADN recombinado, pero la Unión In- ternacional de Bioquímica y Biología Molecular considera que no hay necesidad de acuñar una abre- viatura oficial para este concepto.
- sprue. Este tecnicismo de origen holandés (del ho- landés spruw), que se ha incorporado al lenguaje de la medicina en los principales idiomas modernos, plantea dos problemas principales al traductor:
1 El uso culto y las principales obras de referencia dudan en español tanto a la hora de acentuar esta palabra –¿esprue o esprúe?– como a la hora de otor- garle género gramatical –¿masculino o femenino?–
con el resultado de que en la práctica alternan las cuatro formas siguientes: ‘el esprúe’, ‘la esprúe’,
‘el esprue’ y ‘la esprue’. En ausencia de criterios etimológicos y analógicos de peso, lo más lógico parece intentar unificar el uso dando preferencia a la forma más habitual entre los médicos: el esprúe.
2 En el inglés médico, las expresiones sprue y sprue syndrome se están utilizando para referirse al me- nos a tres variantes etiopatogénicas bien definidas:
a) esprúe o esprúe tropical (en inglés, tropical sprue); b) celiaquía (en inglés, celiac sprue o nontropical sprue); c) esteatorrea idiopática o celiaquía del adulto (en inglés, sprue nostras). En español, el término ‘esprúe’ suele reservarse tradi- cionalmente para la primera de estas tres formas, que corresponde también a la descripción original holandesa del cuadro clínico.
- sulfur granules. [Hist.] De forma semejante a lo comentado en CHOCOLATEAGAR o CHOCOLATEFLUID, estos gránulos de intenso color amarillo como el azufre, característicos de las lesiones actinomicóticas, no se llaman en español «gránulos de azufre» (lo cual sería un disparate, puesto que no contienen azufre), sino ‘gránulos amarillos’.
- theranostics. Neologismo acuñado en inglés por contracción de therapy y diagnostics para designar la moderna tendencia a asociar las pruebas diagnósticas y el tratamiento farmacológico en una estrategia diagnóstico-terapéutica integral. Se trata de una tendencia iniciada y estimulada por los gran- des laboratorios farmacéuticos, que persiguen con ella dos objetivos: uno proclamado a los cuatro vien- tos, que es el beneficio último del paciente, y otro sólo admitido con la boca chica, que es el aumentar las ventas tanto de los productos diagnósticos como farmacéuticos propios. Es el caso, por ejemplo, de una prueba diagnóstica que permita el diagnóstico precoz de cierta enfermedad crónica (p. ej.: diabe- tes sacarina) para así instaurar lo antes posible un tratamiento farmacológico de por vida, que a su vez precisa de nuevas pruebas diagnósticas periódicas para ajustar correctamente la dosis de los medica- mentos utilizados. Está claro que ello puede redun- dar en beneficio del diabético, pero también que el diagnóstico precoz aumenta considerablemente las ventas de antidiabéticos y éstos, a su vez, aumentan las ventas de todos los productos diagnósticos de determinación de la glucemia.
Fuera de estas consideraciones, lo que interesa al
médico de habla hispana son los problemas que plan- tea la traducción de theranostics a nuestro idioma.
Suponiendo que el contexto exija en español el uso de un neologismo equivalente (y no de un circunlo- quio del tipo ‘complementación diagnóstico-terapéu- tica’), yo desde luego no usaría el calco
«teranóstico», por el motivo siguiente.
De acuerdo con lo comentado en THERAPY1, en espa- ñol se ha utilizado tradicionalmente mucho más ‘tra- tamiento’ que ‘terapia’. Además, la relación directa con therapy queda expresamente reflejada en inglés con el elemento compositivo thera-, pero no suce- de igual en español con ‘tera-’, que es el prefijo de origen griego (t›rav, ‘monstruo’) usado tradicio- nalmente en medicina para expresar relación con las malformaciones (p. ej.: teratología, teratógeno, tera- toma). Obsérvese que en inglés, a diferencia de lo que sucede en español, la h etimológica evita todo riesgo de confusión entre thera- (como en therapy o therapeutics) y tera- (como en teratology y tera- toma). Puestos, por lo tanto, en la necesidad de acu- ñar en español un neologismo equivalente al inglés theranostics, me gusta mucho más ‘tratanóstico’ que
«teranóstico».
- vade mecum. [Bibl.]
1 Este latinismo (del latín vade mecum, literalmente
‘ven conmigo’) se escribe en español todo junto y con acentuación a la española: vademécum.
2 Tanto en inglés como en español se utilizó inicial- mente en su sentido etimológico, para referirse a un manual de pequeño tamaño que podía llevarse en el bolsillo y tenerse siempre a mano para consultar rápidamente las informaciones más importantes, como las guías de uso de antibióticos o los manua- les del médico de guardia que tanto se emplean en los hospitales. El inglés vade mecum sigue conser- vando este sentido original, pero entre los médicos españoles la palabra ‘vademécum’ ha pasado a de- signar casi exclusivamente el libro en que se des- cribe con detalle toda la información que necesita el médico sobre las especialidades farmacéuticas de venta en su país (v. PHYSICIANS’ DESK REFERENCE), por haberla utilizado en el título los editores del más vendido de estos libros en España. Al hecho de que este vademécum español no sea ya de pequeño ta- maño ni pueda llevarse en el bolsillo no debería dársele más importancia que al hecho de que la ma- yoría de los ‘manuales’ actuales a duras penas pue- dan sostenerse en la mano.
- yellow enzyme. [Quím.] Evítese siempre el calco
«enzima amarilla». Este nombre coloquial se dio an- tiguamente a una flavoproteína (prefijo griego fla- vo-: amarillo) con acción enzimática, que en la no- menclatura química moderna recibe el nombre ofi- cial de ‘NADPH-deshidrogenasa’. La cosa se com- plicó cuando los científicos descubrieron una segun- da flavoproteína enzimática, con lo que la antigua
yellow enzyme pasó a llamarse old yellow enzyme (nombre oficial: NADPH-deshidrogenasa), para dis- tinguirla de la new yellow enzyme (nombre oficial:
D-aminoácido-oxidasa). En los textos modernos, la expresión inglesa yellow enzyme puede verse utili- zada indistintamente para cualquiera de ellas, o como término genérico para referirse a ambas de forma simultánea.¢¢
http://genomics .phrma.org/lexicon/
(Continuación de la página 10) El Genomics Lexicon de Pharma Genomics, un recurso de Pharmaceuti- cal Research and Manufacturers of America, es una recopilación de voca- blos en la esfera de la genética médica, con sus respectivas definiciones e hi- perenlaces a otras voces. Interesante.
Un glosario de términos de uso frecuente en el ámbito de la genética microbiana, con definiciones precisas y bien explicadas. Muy útil.
http://www.life.uiuc.edu /micro/316resources/glossary/
El A primer on Molecular Genetics fue elaborado por Denise Casey (Human Genome Manage- ment Information System, Oak Ridge National Laboratory) en 1991-1992 en ocasión del DOE Hu- man Genome Program Report. Incluye un
interesante glosario de términos vinculados al proyecto Genoma Humano en sus páginas 32-44.
El contenido del glosario fue extraído (o modificado) directamente de las definiciones del documento: Mapping Our Genes—The Genome Projects: How Big, How Fast? OTA-BA-373, Washington, D.C.: U.S. Government, Printing Of-
fice, April 1988. Bien elaborado. http://www.genome.iastate.edu/edu/doe/
Los laboratorios Aventis Pasteur han puesto a disposición del público este completo diccionario bilin- güe francés-inglés con más de 4000 tér- minos vinculados con las vacunas del cam- po inmunológico, genético, del desarro- llo clínico, la estadística y el control y la garantía de la calidad. Los términos no se definen, pero se indica siempre el contexto de uso y la traducción es generalmente acertada. Puede sacar de apuros más de una vez.
http://209.37.191.29/us/function/a.html
The synthetic genitive in medical eponyms:
Is it doomed to extinction?
John H. Dirckx
University of Dayton, Ohio (U. S. A.)
Eponyms, which can be broadly defined as words that are based on or derived from the names of persons, are perhaps more prevalent in the terminology of medicine than in that of any other discipline. The English language has several ways of forming eponyms. Some of these are exemplified by Bell’s palsy, the organ of Corti, the Krebs cycle, and addisonian anemia.
Until recently, eponyms containing synthetic genitives (formed on the pattern proper noun + apostrophe + s) were the most numerous in medical English. The language is presently under- going a change, not entirely spontaneous, in which eponyms of this “possessive” type are being replaced by variants containing proper nouns in uninflected form (Bell palsy). As I will show, this construction consists of adjective (substantival adjunct) + principal noun rather than unmarked genitive + principal noun.
The reader, editor, or translator of medical material who is a non-native speaker of English may find it interesting to trace the history of the
’s genitive, to survey its use in eponyms, to note some common difficulties arising from that use, and to review recent changes.
The synthetic genitive in English
“Tell me, o Muse…” Homer, Odyssey, I, 1
Although d’el and Sant’Iago appear in old books and manuscripts, the apostrophe (’) is vir-
tually unknown in modern Spanish. It is, how- ever, as indispensable in writing English as the dot on the i. In fact, it is more so: we dispense with the dot in writing a capital I, but omitting the apostrophe, either in lower case or in capi- tals, changes he’ll (él va a [hacer algo]) to hell (infierno) and who’re (quienes están) to whore (puta).
Speakers of Spanish call this mark of punc- tuation apóstrofo (from Greek apostrophos), clearly distinguishing it from apóstrofe, (Greek apostrophe), the figure of speech by which one addresses someone who is absent—as when Homer invokes the Muse before telling of the wanderings of Ulysses, or when Don Quijote addresses a prayer to the absent Dulcinea be- fore venturing into the cave of Montesinos. In English, however, both the mark of punctuation and the figure of speech are called “apostrophe”
(pronounced with four syllables).
One function of the apostrophe in English, as in French, Italian, and Catalan, is to show that one or more letters have been omitted, usually because one or more phonemes have been elided at the junction of two words (I have > I’ve, they will > they’ll). Whereas, in the Romance lan- guages, such contractions are appropriate in for- mal writing (Mais où sont les neiges d’antan?
Lasciate ogni speranza voi ch’entrate), most of the elisions shown by apostrophes in English represent colloquial or at least informal usage.
Can’t, we’ve, you’ll; she’s diabetic; she’s lost seven pounds would be expressed in formal lan- guage as cannot, we have, you will; she is dia- betic; she has lost seven pounds.
The uniquely English use of the apostrophe to form the genitive of nouns is, however, ap- propriate in strictly formal usage, even though, as will be explained later, the analytic genitive formed with of may sometimes be preferred to it on stylistic grounds.
Other uses of the apostrophe in English are Tribuna
to form the plurals of numerals (the 1920’s ), letters (spell it with two d’s), and proper nouns (the McPherson’s, the Reilly’s ), but these prac- tices are popular rather than standard, and all of them are going out of fashion.
The use of the apostrophe + s in English to form the genitive or possessive case of nouns has an interesting history, which deserves a brief review. In Anglo-Saxon (Old English) at its ear- liest known period, nouns in some but not all declensions formed their genitive singulars by adding –s or –es. About one-third of all Anglo- Saxon nouns, all of them masculine, were de- clined like sta¯n ‘stone’, from the paradigm of which the following forms are selected.1
nominative singular sta¯n genitive singular sta¯nes nominative plural sta¯nas
But by the end of the Anglo-Saxon period, in the eleventh century of our era, both the genitive ending –es and the nominative plural ending –as had been extended to the inflection of all nouns.
After the Norman Conquest (A.D. 1066), as Anglo-Saxon evolved into Middle English under the influence of Norman French, a further process of leveling altered the nominative plural to –es, making it identical to the genitive singular.2 This ambiguous inflectional pattern was well estab- lished by the time of Chaucer (died 1400).
During the Middle English period, the vowel of the termination –es gradually ceased to be pronounced in some words, and the e was there- fore deleted from the spelling of those words (dayes > days, lordes > lords). The e was re- tained in spelling when the corresponding sound was needed for proper articulation (fishes, foxes).2
In the seventeenth century some writers and printers began to distinguish the genitive singu- lar from the nominative plural by placing an apos-
trophe before the final –s of the genitive, and by the eighteenth century this practice had become standard. Somewhat later came the further dis- tinction of placing an apostrophe after the –s of the genitive plural, so that, for example, the genitive singular boy’s (del muchacho) and the genitive plural boys’ (de los muchachos), though pronounced alike, are distinguished in writing.2
Samuel Johnson, the compiler of the first authoritative dictionary of English on historical principles (1755), mentions in his preface a widely held theory to the effect that “the ’s of the En- glish genitive is a contraction of his, as the soldier’s valour for the soldier his valour.”
Johnson tried to reduce this false notion to an absurdity by citing the use of the ’s genitive with feminine nouns: “Woman’s beauty, the Virgin’s delicacy, Haughty Juno’s unrelenting hate…”3
The use of the apostrophe to show posses- sion in English is thus of comparatively recent date—far more recent than the invention of print- ing. The older genitive s termination, without the apostrophe, is preserved in modern English in possessive adjectives formed from some pro- nouns (his, its) and in the possessive pronouns his, hers, its, ours, yours, and theirs.
It also survives in adverbs such as those in
“Evenings we like to stroll along the river” and
“Thursdays he only works five hours.” Although speakers of English may now perceive these as plurals, historically they are genitives, according to The Oxford English Dictionary (OED).4 (Compare the corresponding German expressions,
“Abends spazieren wir gern am Fluß entlang”
and “Donnerstags arbeitet er nur fünf Stunden.”) Further examples of the genitive s without apostrophe appear in beeswax, St. Albans (=
Sancti Albani), and statesman. One might also mention many surnames derived from patronym- ics (Robert’s son > Robertson > Roberts;
William’s son > Williamson > Williams).
As with the inflectional s of the English plu- ral, the pronunciation of the genitive s depends on the sound that immediately precedes it. After an unvoiced stop, the s represents an unvoiced sibilant (Pick’s, Pott’s ). After a nasal, a liquid, a voiced stop, or a vowel, the s is voiced like the s in French chose and German lesen: Addison’s, Alzheimer’s, Broca’s, Fallot’s, Freiberg’s . Af- ter a sibilant or an affricate, the speaker inserts schwa before the (voiced) s for euphony, thus adding a syllable: Aldrich’s, Cruz’s, DiGeorge’s, Mikulicz’s, Ross’s, Spitz’s .
Even among well-educated native speakers of English, there are many who cannot or will not correctly pronounce the awkward final con- sonant group of a plural noun such as cysts, desks, and tests. Besides the correct pronuncia- tion of tests, one may also hear “test,” “tess,”
“tessiz,” and “testiz.” Hence it is not surprising that, when a word ends in a sibilant, some speak- ers fuse the genitive s to it instead of inserting schwa, pronouncing the genitives of James and Thomas exactly like the nominatives.
English language authorities disagree as to the correct spelling of these phonetically undistin- guished genitives. The more conservative rec- ommend writing s after the apostrophe in every case (James’s, Thomas’s ), while the more radi- cal advise omitting the inflectional s after a sibi- lant even when virtually all speakers pronounce it (Fitz’, Fox’, princess’).
Errors in the use of the apostrophe are extremely common among native speakers of English. An apostrophe is often wrongly inserted to form the plural of a noun (Parking for Customer’s Only, Thank’s) or the third person singular of the present tense of a verb (He want’s to go home).
The apostrophe is often misplaced in the genitive of a personal name ending in s (Dicken’s works) or in a genitive plural (familie’s ); inserted where it is not needed (’til, written instead of till on the mistaken assumption that this word is an abridg- ment of until); and omitted when it is needed to
show deletion of a letter (rock ’n roll, where ’n is all that remains of and).
The synthetic genitive in modern English grammar
“Possession is nine-tenths of the law.”
Old maxim
As in other Indo-European languages, the English genitive denotes possession. But the term possessive case, favored particularly by English grammarians and educators who wish to distance themselves from the intricacies and rigors of Latin grammar, is unfortunately much too narrow. Just as, in Greek, the genitive took over the func- tions of the proto-Indo-European ablative, while the Latin genitive assumed many adverbial and attributive roles, the English “possessive” case performs a broad range of functions—most of them closely paralleled by those of the analytic genitive (with de or di ) in the Romance lan- guages—that have nothing to do with posses- sion in the social or legal sense.
It is true that denoting possession, no matter how strictly defined, is a major function of the
’s genitive in English: Elizabeth’s new car, Dr.
Smith’s country house. But, in addition, the genitive is regularly used as an attributive modi- fier to show a broad range of collateral relations.
The sense of proprietorship is gradually lost as we progress through the series Harrison’s Text- book of Medicine, Bach’s partitas, Halley’s comet, Joseph’s brothers, St. Paul’s second jour- ney, Penelope’s suitors, Henry Ford’s rivals, St.
John’s wort, St. Mary’s Hospital, Louise’s ab- sence from the meeting, Dr. Fischer’s difficul- ties with the authorities, Friday’s menu. In a separate class is the use of the genitive to de- note quantity: a month’s hard work, a dollar’s worth of gasoline, three weeks’ delay.
Certain idiomatic uses of the synthetic genitive in English seem to defy logic. The apos- trophe + s termination is often appended to the last word of a phrase, rather than to the word in