UNIVERSIDAD ANDINA SIMON BOLIVAR
SEDE ECUADOR
PROGRAMA DE DOCTORADO EN HISTORIA
PODER LOCAL EN LA TRANSICION DE LA COLONIA A LA
REPUBLICA: Riobamba 1750-1820
ROSARIO CORONEL FEIJÓO
Al presentar esta tesis como uno de los requisitos previos para la obtención del grado de doctor de la Universidad Andina Simón Bolívar, autorizo al centro de información o a la biblioteca de la universidad para que haga de esta tesis un documento disponible para su lectura según las normas de la universidad.
Estoy de acuerdo en que se realice cualquier copia de esta tesis dentro de las regulaciones de la universidad, siempre y cuando esta reproducción no suponga una ganancia económica potencial.
Sin perjuicio de ejercer mi derecho de autor, autorizo a la Universidad Andina Simón Bolívar la publicación de esta tesis, o de parte de ella, por una sola vez dentro de los treinta meses después de su aprobación.
ROSARIO CORONEL FEIJÓO Quito, diciembre del 2009
UNIVERSIDAD ANDINA SIMON BOLIVAR
SEDE ECUADOR
PROGRAMA DE DOCTORADO EN HISTORIA
ROSARIO CORONEL FEIJÓO
Quito, diciembre 2009
DIRECTOR DE TESIS
RESUMEN
¿Qué es el poder local? y ¿Cuáles son las potencialidades de estos actores para la construcción nacional? son las dos preguntas clave que articulan este trabajo, realizado en el Corregimiento de Riobamba, entre los años 1750 y 1820. Espacio con población predominantemente indígena, ubicado en la sierra centro de la Audiencia de Quito y especializado en la producción obrajera. En esta temporalidad, abordamos la constitución del poder local y el comportamiento de los actores en coyunturas producidas antes, durante y posteriores a la revolución de Quito de 1809, que es el hito fundacional de la construcción del estado nacional, para lo cual, hemos revisado una gran cantidad de fuentes primarias, rescatando la fuerza de la narrativa histórica y el análisis estructural de su principales elementos económicos, sociales e ideológicos.
El estudio analiza el funcionamiento del poder local que se basa en elementos de antiguo régimen: venalidad, exclusión indígena, transgresión, corrupción y control ideológico. Analiza las continuidades y los modestos cambios que ese pensamiento experimentó, sobre todo en algunas de sus facciones más dinámicas. Analiza las redes cerradas integradas por facciones familiares y grupos de interés, que mantienen una serie de disputas y/o alianzas en las diversas coyunturas, donde las facciones plantean proyectos para procesar la crisis obrajera, desarrollar un proyecto minero, la consolidación de la hacienda, el traslado de la ciudad y la participación en las primeras guerras de la independencia. Hemos encontrado una elite periférica, poco activa y de escaso peso en las transacciones en la construcción del estado nacional, tanto por su dependencia con la administración de Quito y Bogotá, como por su carácter tradicional, que terminó construyendo una hacienda que impidió el desarrollo de ese espacio. Al mismo tiempo, vemos una elite con escasa potencialidad para construir una nación incluyente, que en la transición profundizó prácticas raciales que los llevó a excluir a los mestizos, a los indios e incluso a los caciques, como por su alineamiento con el pensamiento de antiguo régimen, que los hizo desechar cualquier reforma. Sin embargo, los acuerdos de las diversas facciones y los distintos alineamientos con las elites de otras regiones, les permitió mantener el control de la provincia, sujetar a los subalternos y participar a través de una serie de enlaces con facciones inter-regionales en la construcción del estado.
DEDICATORIA
A Arturo Antonio y Elena Amalia Por siempre
AGRADECIMIENTOS
Mi gratitud, especialmente al Dr. Enrique Ayala Mora, Rector de la Universidad Andina “Simón Bolívar”, por acogerme entre los alumnos del primer Doctorado de Historia, y como maestro de la cátedra “La Iglesia y la formación de los Estados nacionales de la América Latina”, me permitió debatir las primeras ideas en una monografía que fue el inicio de este trabajo. A mi Director de Tesis, Dr. Juan Marchena Fernández, quien se empecinó en que esta investigación valía la pena continuarla, por tanto fue mi principal soporte en estos años de trabajo. A mi Lector de tesis, Dr. Alonso Valencia Llano, por sus observaciones, y por la utilidad de sus investigaciones históricas sobre Quito, que sirvieron para comparar y discutir el proyecto político riobambeño en juego.
A Ecociencia, que me incluyó entre sus becarios como parte del Proyecto Bioandes y junto a Comunidec, me crearon un espacio donde fue posible discutir las ideas de los dos primeros capítulos de esta tesis. Al Centro Andino de Acción Popular, que gestionó una beca para la primera fase de investigación archivística. En estas instituciones y en la Universidad Andina están amigos y colegas, que en su momento me dieron apoyo y creyeron en mí. No olvido al grupo de profesores y a mis compañeros de aula, que estimularon mi regreso al oficio de la historia.
Al personal del Archivo “Juan Félix Proaño” de la Casa de la Cultura Ecuatoriana “Benjamín Carrión”- Núcleo del Chimborazo. A la Sra. Judith Zabala de Ortiz, que generosamente me proporcionó los correspondientes materiales del Archivo Histórico del I. Municipio de Riobamba. En Quito, al personal del Archivo Histórico del Banco Central del Ecuador; y, del Archivo Nacional, repositorio donde he localizado la mayor parte de mi información. Mi especial gratitud al Padre Francisco Piñas S.I., que sirvió de puente y ayuda para ingresar al Archivo Histórico “Aurelio Espinoza Pólit”, esas valiosas horas sirvieron para localizar documentos inéditos, que fueron el soporte principal de mi propuesta en el capítulo indígena.
Finalmente a mis hermanos, a Pablo por acercarne a las lecturas jurídicas de varios de los documentos y a Marco, por la paciencia con los trazos en mapas y perfiles longitudinales. A Leonardo Venuti, que desde la lejanía ponía en orden mis bases de datos y junto a mi hija Adriana, han sido mi sustento afectivo para finalizar esta investigación.
ÍNDICE
INTRODUCCION ... 11
CAPITULO I ... 19
EL ESPACIO EN LA PERCEPCION DE LOS TESTIGOS DE LA EPOCA OBRAJERA: 1740-1797 ... 19
a. El espacio geo-ecológico: territorio, límites y paisajes ... 21
b. El Conteo de la población y la centralidad de Riobamba y su Cabildo ... 36
c. La posición de Riobamba en la Audiencia ... 42
Conclusiones ... 46
CAPITULO II ... 48
CRISIS DEL MODELO OBRAJERO Y BUSQUEDA DE ALTERNATIVAS, 1740-1797 ... 48
a. La economía obrajera: un modelo de articulación regional ... 49
b. El costo de una región periférica: el saqueo continuo ... 52
c. Crisis obrajera: medidas fiscales y búsqueda de alternativas ... 55
d. Barajando alternativas: el sueño minero ... 59
Conclusiones ... 68
CAPITULO III ... 70
LA REPÚBLICA DE BLANCOS: los actores sociales ... 70
a. El Corregidor ... 71 b. Los Cabildantes ... 82 c. Curas y diezmeros ... 86 d. Obrajeros ... 97 e. Hacendados ...100 f. Comerciantes ...102 Conclusiones ...109 CAPITULO IV ... 111
LA REPUBLICA DE INDIOS: los actores sociales ... 111
a. La situación de los indios antes del impacto Borbónico ...114
b. El impacto de las Reformas Borbónicas: el reordenamiento de Don Bernardo Darquea ...142
Conclusiones ...155
EL PODER LOCAL EN EL TERREMOTO DE 1797 ... 160
a. El sismo: las pillerías de nobles y plebeyos ...165
b. Los “Nobles” y los indios en el terremoto: los supuestos saqueos de los indios ...181
c. Blancos, plebe e indios en Cajabamba: de la convivencia a la apropiación ...191
Conclusiones ...196
CAPITULO VI ... 199
EL PODER LOCAL POST-TERREMOTO: reacomodo y negociaciones de las elites ... 199
a. El debilitamiento de la elite y su reacomodo en los tiempos del Presidente Muñoz ....201
b. El Cabildo de Riobamba en la época de Carondelet ...213
Conclusiones ...222
CAPITULO VII ... 224
LA CONSTRUCCIÓN DE LA NUEVA CIUDAD ... 224
a. La zona escogida: la llanura de Tapi ...225
b. La negociación con los caciques circunvecinos a Tapi ...232
c. La nueva ciudad ...235
d. La arremetida sobre la tierra ...237
e. El problema del Agua ...240
f. El problema de la mano de obra para construir la ciudad ...252
Conclusiones ...268
CAPITULO FINAL ... 270
EL PODER LOCAL Y LA REVOLUCION DE QUITO: realistas, independentistas, caciques e indios del común ... 270
a. La sublevación de 1803 ...273
b. La revolución de Quito de 1809-1812 ...281
c. Los alineamientos de los indios en la revolución quiteña ...285
Conclusiones ...298
A N E X O S ... 302
ANEXO No. 1: Pueblos, Cacicazgos Fijos y Caciques del Corregimiento de Riobamba, antes de la reforma de Bernardo Darquea, 1780 ... 303
ANEXO No. 2: Número de Indígenas repartidos en las Haciendas de Guamote, Punín y San Andrés. Riobamba, 1778 ... 306
ANEXO No. 4: Nombres y apellidos de los caciques de la jurisdicción de Riobamba, antes de las reformas de Darquea, 1780 ... 311
ANEXO No. 5: Nombres y apellidos de caciques, gobernadores, administradores y caciques degradados de Riobamba, según plan general de Bernardo Darquea, 1786 ... 315
ANEXO No. 6: Reducción del número de caciques de forasteros y dispersos y caciques de llactayos con sus indios forasteros y real corona agregados, según reforma de Darquea, Riobamba 1786... 318
A N E X O No. 7: Indios tributarios llactayos y dispersos a cargo de mujeres cacicas, Corregimiento de Riobamba 1786 ... 320 ARCHIVOS Y ABREVIATURAS ... 321 BIBLIOGRAFIA ... 322
INTRODUCCION
Desde hace quince años, Riobamba y su Provincia forman parte de mi vida laboral. Trabajos con mujeres de las Asociaciones de Columbe y Guamote, proyectos productivos como los de Cacha-Yaruquíes, o el censo de organizaciones indígenas de primer y segundo grado, formaron parte de esta intensa relación laboral, que de hecho consolidó mi compromiso con el destino de esos pueblos. Por tanto, nada ha sido gratuito, Chimborazo era mi punto de partida, un espacio importante que motivó, por este encuentro de razones, su selección para este trabajo.
En el mosaico provincial, ciudad, cabeceras cantonales y pueblos, mis trabajos me señalaban lo que parecía obvio, una antigua, contínua y mayoritaria población indígena, que persiste a pesar de los avatares; una enorme polarización entre los autodenominados blancos, los mestizos de diversas gradaciones y los indios, también diversos, que aún continúan como “los otros”. Las preguntas, en esos momentos eran las de siempre: ¿Por qué persistía semejante desigualdad? ¿Qué hace que ese viejo fraccionamiento entre blancos e indios, se haya alargado tanto en el hilo temporal? ¿Cómo funciona esa sociedad escindida y atravesada por los conflictos?
Pese al avance del Movimiento Indígena en la Provincia del Chimborazo y a las luchas políticas por controlar gran parte de los Municipios, éstos se ubican en los cantones de población predominantemente rural, a diferencia de la vieja Corporación Municipal de la ciudad, donde la presencia política indígena aún es reducida. Más todavía, para mencionar un acontecimiento reciente, el cabildo riobambeño mantiene una abierta disputa política con los indígenas de la parroquia de Licán (antiguos dueños de la mayoría de tierras de Tapi donde se asentó la actual Riobamba), por reducirlos a un simple barrio urbano (y periférico), quitándole hasta su antiquísimo nombre heredado de la época de los señoríos étnicos, para suplantarlo por el apellido criollo de uno de sus detractores, Don José Antonio Lizarzaburu. Esto significa, que estamos asistiendo al cierre definitivo de un proceso de apropiación por parte de los blancos-criollos, que
comenzó hace doscientos años en la microcuenca del Chimborazo. Suficiente para hacerme otras preguntas ¿Quiénes son los actores de estas fuerzas del poder local? ¿Cómo actuaron en el tiempo hasta convertir a Riobamba en una especie de patrimonio de los blancos que excluye al mundo rural indio?, en definitiva ¿qué es este poder local? ¿cómo funciona?
Las respuestas desde luego, había que buscarlas en la historia, con el inconveniente de que los estudios tradicionales tienen visiones fragmentadas, que exaltan el papel de la elite criolla como protagonista de la historia, que con su esfuerzo han creado idearios en el que destacan su aporte a la construcción del estado-nación, al extremo de celebrar los triunfos de las elites blancas locales, o hablar de hermosas y blasonadas ciudades, en detrimento de otros actores, particularmente los indígenas1. Vista así, la ciudad y su Cabildo aparecen como producto de un continuum entre poder local y nación y, los pueblos y parroquias indias como algo marginal, como “los otros” que viven alejados, que no son actores históricos ni participan políticamente. Aquí nos preguntamos ¿cuál ha sido precisamente la participación de los diversos actores, tanto de las elites, como de los excluidos en la construcción de su microregión?
Otras perspectivas desarrolladas en trabajos recientes sobre la historia regional y local cuestionan estas ideas tradicionales. Destacan las negociaciones entre los sistemas de poder local, regional y central en la construcción del estado nacional2; las economías diferenciadas de las regiones y sus enlaces comerciales3; algunos elementos ideológicos que articularon a las elites regionales4; el fortalecimiento de los cuerpos intermedios, los cabildos, en los procesos de
1
Alfredo Costales, “Fernando Daquilema” Llacta, Año I, No. 2, 1956. Eudófilo Costales, “Riobamba a través de los siglos”, en: Riobamba en el Tiempo, Casa de la Cultura Ecuatoriana-Núcleo del Chimborazo, Riobamba, 1966.
2
Juan Maiguashca, “El proceso de integración nacional en el Ecuador: el rol del poder central, 1830-1895”, en: Juan Maiguashca, editor, Historia y Región en el Ecuador, 1830-1930, Flacso-Corporación Editora, Nacional, Quito, 1994, pp. 355 a 420.
3
Silvia Palomeque, “La Sierra Sur (1825-1900)”, en Juan Maiguashca, Editor, Ibid, pp. 69 a 142. Carlos Contreras, “Guayaquil y su región en el primer boom cacaotero (1750-1820)”, en Juan Maiguashca, Editor, Ibid, pp. 189 a 250.
4
construcción del estado en el siglo XIX5; y en general la actitud excluyente de las elites locales y su papel controvertido en la construcción de la nación, examinado por varios autores6.
Sin embargo de estos significativos avances, en la mayoría de estos abordajes el poder local aparece como un elemento homogéneo y compacto, como un sistema articulado, sin fisuras, que maneja su territorio y negocia con otros actores territoriales y funcionales externos, cuando en realidad al revisar las fuentes históricas, inmediatamente son visibles sus fisuras y su marcado carácter faccional. En nuestra opinión, no contamos con estudios que muestren el funcionamiento interno y los enlaces externos del poder local, que muestren por dentro la construcción, naturaleza y alineamientos de las facciones, el papel generalmente controvertido de los caciques, las relaciones entre la ciudad y la periferia de los pueblos y la zona rural, y el papel de los diferentes actores indios, tanto en el funcionamiento del poder local, como en su aporte a la construcción nacional. Por ello me propuse indagar estas preguntas sobre el poder local, sus cambios y continuidades, en el espacio donde se asentó el Corregimiento de Riobamba entre los años 1750 y 1820, temporalidad complicada no sólo por la decadencia obrajera local, la competencia con productos externos, las fuerzas climáticas, los tiempos telúricos, sino también por el sinnúmero de protestas indígenas en medio del ocaso colonial y los intentos por delinear la estructura nacional criolla.
Los individuos que encarnan la constitución de este o estos poderes se construyen y reconstruyen en medio de una relación de dominación y exclusión étnica, en obrajes, haciendas y comercio, que operan desde la ciudad hacia los pueblos indios donde a su vez, las autoridades cacicales se relacionan en medio de alianzas y/o conflictos; en estos escenarios observamos como
5
Federica Morelli, “¿Regiones o ciudades regionales? Una revisión del concepto región: el caso de la Audiencia de Quito (1765-1809)”, en: Procesos Revista Ecuatoriana de Historia, No. 12, Quito, 1998, pp. 37 a 42.
-“Entre el antiguo y el nuevo régimen: el triunfo de los cuerpos intermedios. El caso de la Audiencia de Quito, 1765-1830”, en Historia y Política, No. 10, Madrid, 2003, pp. 163 a 189.
6
estas microhistorias tejen poderes, adhesiones o rechazos o como diría Levi7 podemos captar el “pequeño indicio como paradigma, el papel de lo particular y la atención al relato”, y en ellos a su vez, analizar el enlace dialéctico con espacios mayores, donde la historia regional toma sentido (Quito-Bogotá), en tanto lógica de funcionamiento y articulación. Es decir un conjunto de poderes, de una sociedad estamental, que buscaba legitimarse en medio de usos y costumbres de antiguo régimen, donde la palabra clave es el patrimonialismo en el sentido weberiano, de una elite que se divide en faccionalismos y grupos familiares como parte de la república de los blancos, para actuar contra la otra república, la de los indios y sus autoridades cacicales, que pese a las transacciones y alianzas, terminan con los cacicazgos desestructurados, para dar paso al triunfo del mayor actor social del siglo XIX, el hacendado gamonal, con la mayoría de indios concertados en sus unidades de producción y el resto de los indios excluidos. Actores locales de las dos repúblicas, que a su vez, son saqueados económicamente por ser una subregión de Quito, la misma que dependía de un poder superior, el Virreinato de Santa Fe de Bogotá. Sujetos históricos que ingresan al siglo decimonónico, con diferentes actitudes políticas, al respaldar o repudiar a los realistas y/o rebeldes de la revolución quiteña de 1809.
En este tiempo-espacio, con estos actores locales que transitan entre el siglo XVIII y los primeros veinte años del siguiente siglo, se redefine el poder local riobambeño. Se configura una nueva relación entre facciones locales y los indígenas en medio de una gran conflictividad y disputa por los espacios territoriales; al pasar de un modelo obrajero a un modelo hacendario, se ensancha la grieta entre criollos e indios. Los poderes confabulados pasan una mayor factura de la crisis a los indígenas, cuya estructura es reorganizada y se renegocia la relación de autonomía y centralidad entre la localidad y los centros de poder (Quito y Bogotá). En este proceso, se evidencia la naturaleza de las facciones y la incapacidad para construir una comunidad política local.
7
Geovanni Levi, “Sobre microhistoria”, en: Peter Burke (editor), Formas de hacer Historia, Editorial Alianza, Madrid, 1994
Este estudio se elaborará en medio de construcciones históricas dinámicas, teniedo como eje articulador lo social y lo político, tratando de comprender una sociedad étnicamente diferenciada; entendiéndose como historia social la práctica de individuos y grupos en ámbitos de acción; y, como historia política el ejercicio de poderes (reales o simbólicos), vistos como “un campo de fuerza” en alianzas y conflictos (Bordeau: 1995).
A la vez, combinaremos una historia narrativa, con personajes (autoridades criollas e indígenas) que se encuentran al mando de sus gobiernos. Historia que puede ser leída desde el poder local en relación a los poderes conformados por los criollos y, al de los indígenas, donde se entrelazarán, en diversas correlaciones de fuerzas, y en distintas coyunturas, las perspectivas individuales y grupales, recuperando así la agencia histórica de estos sujetos.
Este trabajo fue desarrollado en siete capítulos, concatenados entre si, pero a la vez divididos, con un antes y un después de la revolución de 1809, por coyunturas clave; y, un capítulo final, que a manera de conclusiones recoge los puntos más importantes de los eventos estudiados, para poner en perspectiva ciertos elementos históricos que se desencadenarán en el siglo XIX.
El primer capítulo busca indagar, desde la mirada de sus actores, el ambiente, el territorio y las expectativas de los actores en el espacio riobambeño del siglo XVIII y cuáles fueron los factores que se conjugaron, entre este siglo y el siguiente, para cambiar las miradas y las visiones del espacio, desde el científico, el de las elites que bregaban por salir de la crisis y, entre líneas, el de los pueblos indios.
El segundo capítulo busca nuevas causales de la crisis del siglo XVIII al interior de la localidad, en tanto Riobamba constituyó un espacio periférico, sus recursos fueron repartidos entre la Corona, el Virreinato de Santa Fe de Bogotá, la administración central quiteña y, la dispendiosa actitud de su propia elite. Con el terremoto vemos que la conflictividad local aumenta, del lado indígena un resurgimiento del pachakutic y la deslegitimación de la iglesia; del lado criollo, un desnudamiento de su elite de mentalidad patrimonial, “corrupta” y estructurada en
facciones, los mismos que dan el salto de obrajeros a hacendados, pasando por un fallido intento de poner en marcha un proyecto minero.
En el tercer capítulo, previo al análisis del poder local y las diferentes coyunturas, proponemos un mapeo de los principales actores del sector criollo, que nos permite identificar su estructura y mostrar las características de los personajes más connotados como las autoridades del Corregimiento y el Cabildo, curas, obrajeros, hacendados y milicias. La división es pedagógica, porque en los hechos veremos que funcionan como facciones emparentadas, pero conflictuadas entre si.
El cuarto capítulo, llamado “La república de los indios”, cuya construcción nos demandó un enorme desafío, por las existencia de diversas clasificaciones de los indios de Riobamba de la segunda mitad del siglo XVIII, a los que hemos dividido por su origen, grado de cercanía a la ciudad, por el destino que daban las autoridades a los tributos, por la relación con la hacienda y, hasta por la posición política de las autoridades étnicas. A esto se agrega el reacomodo de los cacicazgos efectuado por Bernardo Darquea, como fruto de las reformas de los Borbones. Por ello ajustamos nuestra metodología ciñéndonos a la cronología, para en la coyuntura mostrar la situación y el impacto que sufrieron estos cacicazgos antes y después de dichas reformas.
En el capítulo quinto nos hemos centrado en el desastre telúrico, ello nos permitió analizar en medio de tres eventos, no sólo como se trastocó la vida de los riobambeños, sino como se destaparon las viejas mentalidades de la elite, que mostraron su patrimonialismo, la apropiación de bienes públicos, la complicidad entre autoridades y la secular exclusión a los indios. En el traslado de los sobrevivientes hacia Cajabamba, vemos la imposibilidad de la convivencia entre blanco-mestizos e indios. En conjunto analizamos la naturaleza de estas elites, sus intereses comunes y sus diferencias dentro y fuera del Corregimiento, lo cual les permitió disputarse el poder local entre facciones, apoderarse de los papeles legales a través de Notarias y Escribanías, cuestiones que se dirimieron con las autoridades de Quito y Bogotá.
El capítulo sexto sobre “Poder local post-terremoto” aborda, un tema poco tratado en la historiografía: la descomposición y rearticulación del poder local luego del desastre, removiendo antiguos y nuevos conflictos de una sociedad estamental, especialmente entre antiguas y viejas facciones que gozaban de derechos de antiguo régimen, las que iniciaron de inmediato nuevas negociaciones y/o se rearticularon con grupos emergentes como los comerciantes. En medio de ello vemos, la inoperancia de la Audiencia de Quito en tiempos del Presidente Muñoz de Guzmán versus la firmeza, pero también las limitaciones del Presidente Barón de Carondelet para imponer nuevos pactos faccionales y negociaciones con las facciones criollas y las autoridades indígenas.
En el capítulo séptimo sobre la construcción de la ciudad, veremos como se producen las negociaciones entre poder central y local, para favorecer a la facción que dirigirá la edificación de la nueva Riobamba, facción que entrará en conflicto con antiguos grupos disputándose la llanura de Tapi, pero especialmente la mano de obra indígena, que en adelante tendrá la enorme tarea de construir obras públicas y privadas, dotar de agua a una llanura semi-árida donde se expandirán alfalfares, frutales y otros, para favorecer a negociantes y hacendados criollos que buscaban expandir sus haciendas apropiándose del páramo y de las últimas tierras de los valles de la microcuenca.
El capítulo final, aborda a Riobamba en las coyunturas producidas antes, durante y posterior a la revolución de Quito de 1809, ello nos permite proponer la existencia de fracturas entre facciones criollas, las mismas que se borran cuando se trata de velar por sus intereses y enfrentarse a los indígenas. Indagamos también en las grietas que se profundizaron entre facciones criollas y caciques, hasta terminar aniquilándolos. Vemos a un poder local criollo que incluye a caciques aliados, que finalmente arremete con brutalidad contra los indios del común, excluyéndolos totalmente, los mismos que terminan alzándose contra criollos, realistas e independentistas. Este abordaje lo haremos, siguiendo a cuatro personajes clave: dos prominentes criollos y dos indígenas (un cacique y un indio del común).
El apoyo documental para realizar nuestra investigación tiene como columna vertebral a tres importantes fuentes: las actas del Cabildo riobambeño, que nos ha permitido conocer de cerca el pensamiento, las actitudes y el tipo de legitimación política de las facciones criollas. Los enlaces entre poder local, la administración de la Audiencia de Quito y el Virreinato de Santa Fe de Bogotá, fueron identificados básicamente siguiendo la inmensa correspondencia entre la Presidencia de Quito y las autoridades de la localidad, que contiene el llamado Fondo Especial del Archivo Nacional-Quito. El abordaje de las autoridades cacicales tiene como fuente básica, los importantes datos de los administradores de tributos entregados al reformista Bernardo Darquea que se encuentran en el Archivo Jesuita “Aurelio Espinosa Pólit”-Quito.
Desde luego, lo anterior ha sido alimentado con otros importantes documentos: juicios civiles y criminales, correspondencia e informes de las autoridades locales dirigidas al Presidente de Quito, Virreinato de Santa Fe de Bogotá y la Corona española, que reposan en varios fondos de los diferentes archivos de Quito, Riobamba y Sevilla. Ha sido un trabajo de construcción minuciosa, en el que hemos intentado poner en orden los numerosos ladrillos fragmentados, no tanto por el terremoto sino por el desorden premeditado provocado en los archivos locales.
CAPITULO I
EL ESPACIO EN LA PERCEPCION DE LOS TESTIGOS DE LA
EPOCA OBRAJERA: 1740-1797
El Corregimiento de Riobamba, en la época aborígen, fue una zona diversa, complementaria y próspera, que dio lugar al desarrollo de importantes señoríos étnicos y confederaciones. A la llegada de los españoles, este territorio de alta densidad de población indígena, terrenos con extensos pajonales, valles irrigados y de privilegiada situación geográfica, se convirtió en la zona ideal para la producción obrajera, logrando convertirse en el corazón de la economía textil de la Audiencia hasta finales del siglo XVII, tal que parecía vivirse una proto-industria, con posibilidades de saltar a una industria sostenible.
Esta etapa provocó un nuevo ordenamiento y percepción del espacio que había entrado en crisis a comienzos del siglo XVIII, por una conjugación de factores: en lo económico, la caída de la producción obrajera como consecuencia del reordenamiento de la división del trabajo en los espacios andino y mundial, con el consiguiente deterioro de la elite obrajera tradicional en beneficio de un emergente sector comercial interno y externo. En general una economía estancada, cuyo deterioro se agudizó con el ajuste de las Reformas Borbónicas, lo que se reflejó en la iliquidez de su población, a la par que se asistía al resquebrajamiento definitivo de los cacicazgos indígenas, en medio de un reguero de levantamientos. En lo ambiental, se produjeron cambios climáticos que iban del extremo de las sequías a las excesivas lluvias y fríos glaciales que repercutieron negativamente en la agricultura especialmente en la de valle, dando como resultado hambre y enfermedades. El cuadro se completó con las erupciones volcánicas y los frecuentes temblores, hasta llegar al gran terremoto de 1797 que causó gravísimos estragos en la región, siendo la más afectada la Villa de Riobamba. Esta nueva versión del espacio, muy influenciada por la crisis de la actividad textil, provocará un conjunto de miradas que se
debatieron con entusiasmo en el siglo XVIII, especialmente entre 1740 y 1797, antes del gran terremoto de la zona, que cambió la naturaleza de estas discusiones.
Reseñar en la temporalidad del siglo XVIII, lo que fue la Audiencia de Quito y de manera específica el Corregimiento de Riobamba, interesa porque el escenario geográfico, no sólo está determinado por los datos duros de la naturaleza, sino es también el resultado de la transformación de su sociedad, lo que Oliver Dollfus (1982) diría la memoria de la naturaleza. Es decir, hablamos de paisajes cambiantes y dinámicos, donde la historia de sus habitantes está en relación con el medio que los rodea, en sus gélidas montañas o sus páramos de altura, en sus tierras onduladas o sus valles templados, en sus ríos torrentosos o sus acequias escondidas, escenarios todos, donde la vida de indios, españoles, criollos, mestizos y plebeyos hicieron posible una historia local y regional.
Particular importancia cobraron los debates frente a la crisis por el aparecimiento de un conjunto de propuestas, animadas desde visiones diversas: la de un nuevo pensamiento, el ilustrado científico, muy influido por las misiones europeas que dialogaron con los científicos locales; pero también es visible un pensamiento de antiguo régimen atrapado en lo tradicional; a la par que, también es perceptible entre líneas, fracciones del pensamiento indígena. Tres problemas se debatieron con cierta consistencia: el primero, la delimitación, los recursos y la organización interna del espacio; el segundo, el conteo de la población y la centralidad de Riobamba y su Cabildo; y, el tercero, la posición de Riobamba frente a la Audiencia. El debate de estos problemas, revelan diversas preocupaciones que se entremezclan: la de las autoridades de la Audiencia por aplicar las Reformas Borbónicas, que demandaban un mejor conteo de la población y una mejor organización del espacio; las preocupaciones de le elite local por encontrar alternativas a la crisis y por mejorar su posicionamiento como poder local frente a la Audiencia. Estas preocupaciones, como hemos dicho, convocaron no sólo a funcionarios, a las facciones locales, sino también a intelectuales de la iglesia, a las misiones europeas y a los científicos locales.
a. El espacio geo-ecológico: territorio, límites y paisajes
El espacio del Corregimiento fue percibido en el siglo XVIII desde tres preocupaciones centrales: 1) La búsqueda por delimitar con mayor precisión el espacio, para establecer un mejor orden tributario; 2) La necesidad de analizar con mayor profundidad los recursos disponibles, sobre todo los minerales, para sustentar una propuesta minera alternativa a la producción obrajera en crisis; y 3) Desde la necesidad administrativa por organizar con mayor precisión una red de pueblos, doctrinas y caminos de conexión para establecer autoridades jerárquicamente organizadas que permitan un mayor control del espacio. Todas ellas, eran preocupaciones de la administración colonial, no siempre compartidas con las élites locales e incluso la iglesia. Por su parte, las percepciones indias del espacio no son visibles en los documentos, pero podemos leerlas a través de las preocupaciones de los caciques.
La delimitación del Corregimiento
Hasta mediados del siglo XVIII, los linderos utilizados por los funcionarios de la Real Audiencia, para definir el territorio del Corregimiento de Riobamba, eran bastante difusos y vagos para decir lo menos. Dionisio Alcedo, el observador más perceptivo de los funcionarios de la Audiencia señaló que “tiene su situación en el extremo del mismo llano [Riobamba], al pie de la sierra, en frente del terrible páramo nevado de Chimborazo... e inmediato a un cerro que tiene en la cumbre la laguna de Colta...”1 De su lado, el criollo riobambeño Juan de Velasco trata de poner linderos al decir: el Corregimiento de Riobamba “confina por el norte con el de Latacunga: por el poniente con el de Chimbo: por el sur con el Gobierno de Cuenca; y por el oriente los gobiernos de Quixos y Macas”.2
1
Relaciones Histórico-Geográficas de la Audiencia de Quito (Siglo XVI-XIX), Estudio Introductorio y transcripción por Pilar Ponce Leiva, T.II, 1994: 439. (En adelante RHGAQ).
2
Juan de Velasco, Historia del Reino de Quito en la América Meridional, T. III, Ed. Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1979: 169
Frente a estas definiciones vagas que muestran una escasa acuciosidad por el cobro de tributos y la organización del Corregimiento, la delimitación que realiza el funcionario real Juan Pío Montúfar es cualitativamente más precisa: “Está situada la provincia de Riobamba en un grado 42 y medio minutos de latitud meridional y 22 segundos al occidente de la ciudad de Quito; su jurisdicción tiene la longitud cerca de 30 leguas y de latitud hasta 16; está su población inmediata al famoso cerro Chimborazo...”3
En este mismo tono un jesuita, el italiano Mario Cicala, entre los años 1763 a 1765, señala hitos más claros del Corregimiento: “comienza su distrito en el páramo o llano llamado Sanancajas, hasta donde llega el último término del territorio de Ambato, y se extiende hasta Guamote y Columbe, donde… comienza el de la Provincia llamada de Alausí. De oriente a occidente tiene mayor extensión pues comienza desde la cima más alta de la cordillera nevada llamada la Candelaria y se extiende más allá de la otra cordillera que corre desde el monte Chimborazo y desciende hasta el límite de la provincia llamada Chimbo… en algunas comarcas alcanza su anchura a 40 leguas… la cima o cresta de la cordillera de la Candelaria no es el límite establecido… pues se extiende… hasta los confines del distrito del gobierno de Macas, es decir, mas de veinte leguas de montañas, bosques, selvas espesísimas habitadas por fieras, por indígenas gentiles y cristianoshuidos por deudas, o por delitos, o por capricho”4
Como se advierte, los funcionarios de la Audiencia y el intelectual jesuita, muestran un Corregimiento transversal que ocupa una zona central andina, con sus respectivos pisos ecológicos (valle y páramos); el flanco externo de la cordillera occidental que va hacia la costa, más o menos delimitado (Chimbo); y una zona amazónica de grandes montañas y selvas, aún muy imprecisa. Esta mirada transversal del espacio, se parece, en cierta forma, a la lógica incaica que integraba también a los tres pisos ecológicos (zona caliente, templada-fría y flanco selvático),
3
Juan Pío Montúfar y Fraso, “Razón sobre el estado y gobernación política y militar de las provincias, ciudades, villas y lugares que contiene la jurisdicción de la Real Audiencia de Quito”, en: RHGAQ, 1994: 328.
4
Mario Cicala, S.I., Descripción Histórico-Topográfico de la provincia de Quito de la Compañía de Jesús, Biblioteca Ecuatoriana “Aurelio Espinoza Pólit”, IGM, Quito, 1994: 450, 451
pero va más allá, en el sentido de percibirla continua (no como un archipiélago como entre los incas) y es más amplia por el lado amazónico. Sin embargo, es una delimitación de papel, puesto que sigue siendo imprecisa y en los hechos no ocupada, ni controlada, sino en sus principales asentamientos. Sin embargo, ello representa un notorio cambio de las percepciones, puesto que, los criollos de la primera mitad del siglo XVIII, tendían a entender a su territorio como el territorio de sus haciendas, o a lo sumo, de sus ciudades o patrias chicas.
La delimitación del territorio por el lado indígena, como hemos dicho, no es visible en las fuentes. Como ha sido demostrado en trabajos sobre la última fase del Tahuantinsuyo, los incas manejaban esta zona de manera transversal, accediendo a la zona del subtrópico, entre lo 1.200 a 1.400 m.s.n.m., a zonas como Pallatanga, Chimbo y Penipe de donde se proveían de algodón, ají y frutas; a las zona de valle andino, entre 2.600 y 3.200 m.s.n.m., donde los indígenas sembraban maíz y legumbres con la ayuda de técnicas de riego y terrazas muy bien construidas; a la zona de altura, es decir al páramo, desde los 3.200 hacia arriba, en donde sembraron de manera no intensiva papas,
incorporaron camélidos, y aprovecharon los recursos del páramo (paja, animales de caza y leña). Adicionalmente, en el tiempo de los incas también accedían a zonas de producción especializadas como la sal en Tomabela y la producción de coca en Patate5. Este amplio acceso a los recursos, que tenían los señoríos andinos, a través de complejos acuerdos organizados por los incas, que incluían algunas formas de intercambio, fue desbaratado con la invasión colonial española. Los señoríos, organizados en cacicazgos en la época colonial, perdieron este control amplio debiendo reorganizarse en espacios muy limitados. Para ilustrar ese cambio, veamos el territorio de Calpi, uno de los cacicazgos más importantes del Corregimiento, a través de un mapa confeccionado por un cura local.6
El mapa muestra que, el cacicazgo de Calpi accede a tierras de valle y de altura al interior de la cuenca interandina, es decir ha perdido el acceso a los flancos externos de ambas cordilleras. Sin embargo en estas precarias condiciones ha mantenido el acceso a dos pisos ecológicos, reproduciendo de manera restringida el control ideal de una variedad de pisos ecológicos complementarios.
La revaluación de los recursos naturales
El interés de los ilustrados por conocer la naturaleza produjo varias descripciones, que van desde las visiones románticas como la del Cura viajero Mario Cicala, hasta visiones científicas como la de la misión al mando de Alejandro Von Humboldt. Veamos lo que nos dicen sobre las poblaciones ubicadas en lo que actualmente conocemos como la microcuenca del Chimborazo, lugares donde se ubicaron parte de las tierras y aguas que servirían para el asentamiento de la nueva ciudad de Riobamba.
5
Galo Ramón, Tierras y manos indias: La recuperación del suelo en las comunidades andinas del Chimborazo, Comunidec-Abya-Yala, Quito, 1993.
6
Archivo Nacional-Quito, Religiosos, Caja 34, Expediente No.1, ff.88, Mapa 0316, 1780. (En adelante AN-Q).
El Cura Cicala tuvo la habilidad de observar en cortas distancias: cambios de suelos, clima, topografía, influencias de sus nevados y vientos, el comportamiento social de su gente y el detalle de la descripción de las haciendas donde pernoctó. Precisemos sus percepciones y lo que le impresionó al descender desde las faldas del gran nevado Chimborazo, coloso que domina todo el Corregimiento, pero especialmente, como a su paso por distintos pisos ecológicos, ubica pueblos y comarcas como las siguientes:
Comarca de “Chuiquiponllo”: El nombre se debe a una extensa y productiva hacienda de José de la Rea (Larrea), “comprende todas las faldas del monte Chimborazo, el gran llano… de mas de dos leguas de longitud y otras tantas de anchura y luego prosigue en semicírculo, según que dan vueltas las faldas del monte Chimborazo… hacia las faldas del monte , tiene una longitud de 8 a 10 leguas, por la parte de abajo está limitada por el camino real a cuyo borde corre paralelo un profundo canal con agua… el frío es intolerable, por tener sobre ella a todo el monte Chimborazo… se cosechan cebadas y papas… muchísimos rebaños y ganado. Añade, que desde el camino real, para abajo, existen predios que pertenecen a varios dueños, donde se cultiva trigo, cebada, maíz y frutas.
Llano de Luisa: Describe a estas tierras como “planicie bien nivelada…rodeado por uno y otro lado por colinas y montes. Su clima no es tan riguroso ni tan frío, sino mas bien fresco y agradable… terrenos fértiles en trigo, cebadas y otros grano. Bajo el camino… hermosos predios con florestas de árboles frutales, con regadíos…tampoco faltan pastos abundantes y grandes rebaños de ovejas y otro ganado…” Cicala prosigue su camino hacia la derecha, y se encuentra con tierras que se asemejan a un “lomo de pez”, tierras que se constituyen en la base del gran monte Chimborazo. Y como preparándonos nuestro camino, observa que una legua antes que se termine esta hermosa llanura “hay una bifurcación de caminos uno que lleva a Calpi y otro en
dirección al río y a la comarca llamada San Juan…” río alimentado a su vez, por los ríos San Luis y Guano.
Comarca de San Juan: Continuando su descenso por los diferentes pisos, señala que “desde el filo de la explanada de Luisa comienza una bajada muy abrupta y empinada de una legua de largo, toda de arena con cascajo y piedra. En la orilla del río se extiende una… hacienda… con huertos renombrados por su fruta… bellos jardines de flores, cítricos y huertos de hortalizas y alfalfares… también existe una fábrica de paños y otros géneros de lana. El clima es muy suave, agradable, benigno e igualmente sano. Muchos se dirigen allá en plan de descanso…”
Pueblo de Calpi: Siguiendo el cauce del río, Cicala observa que al pasar por esta comarca de gran población, el río San Juan, que se vuelve estrecho, cambia al nombre de Calpi. Trepando la cuesta, desde la orilla del río, una legua hasta el comienzo de la llanura de Luisa “está en un pequeño llano la población de Calpi, toda de indígenas, sin mestizos. Es grande y hay de 2.000 a 3.000 indígenas de constitución fuerte, de carácter osado e inquieto. La renta de ese Curato llega a 5.000 escudos. El clima es sano y agradable. Hay muchísimos huertos de árboles frutales, jardines y, por el espacio de 3 leguas, todas esas orillas… están llenas de huertas grandes y de casas. Hay cantidad de gallinas, granos, legumbres, maíz, trigo, cebada. Según el Cura viajero, le informaron que existían 7.000 habitantes.
Pueblo de Licán: El río Calpi continúa su curso, llegando a Licán para convertirse en río del mismo nombre. Su población es “en su mayor parte de indígenas… algunos mestizos…todos los alrededores son terrenos arenosos pero muy fértiles para el maíz y toda suerte de granos y legumbres… árboles frutales europeos. En este punto Cicala, nos muestra que gran parte de la importancia de esta zona, radica precisamente, en el aprovisionamiento y el manejo del agua: “particularmente… tiene mucho agua sacada desde el río y conducida por canales y acueductos de cal y piedra”.
Como se advierte, a pesar del incurable romanticismo de Cicala, el jesuita advierte una serie de potencialidades de valles, páramos y nichos ecológicos, que comienzan a sustentar una
mirada agrícola, más que pecuaria, sobre cuya lectura se fundamentará más tarde la hacienda agropecuaria que reemplazará a la hacienda ovejera que predominó en la época textil.
A casi 40 años de distancia de la visita del Jesuita Cicala y luego del gran sismo de 1797, arriba al Corregimiento de Riobamba, el científico alemán Alejandro Von Humboldt y su comitiva conformada, entre otros, por el ilustrado quiteño Carlos Montúfar. Aunque esta mirada, en rigor, deberíamos ubicarla en el territorio post-terremoto, pero nos parece oportuna recogerla en este punto, porque refleja el pensamiento de las diversas misiones europeas que llegaron en los siglos XVIII y comienzos del XIX. Como se sabe, la preocupación principal de las Misiones científicas europeas era descubrir las causas que permitan entender el comportamiento de la naturaleza, luego de más de un siglo de terremotos en los andes; por otro, muestra una apertura del grupo de ilustres quiteños, y ciertas simpatías de algunos miembros de la sociedad riobambeña a las comitivas de viajeros científicos, lo cual revelaba cambios de mentalidad en una sociedad de antiguo régimen.
En efecto, uno de los objetivos de la misión de Humboldt en esta zona, era medir trígonométricamente el Chimborazo. Aunque su ascenso parte de Licán, al hablar de esta población, sus apuntes sobre la historia de los indígenas Puruay, poniendo como capital a Licán, costumbres y tradiciones de la gente, le fueron proporcionados por el Cacique, Don Leandro Sefla y Oro, de quien Humboldt tuvo la mejor de las opiniones. En Calpi se detiene, y casi con ojo antropológico, describe con detalle el ceremonial de recibimiento y sus diabladas, destacando que “esta idea no es cristiana sino muy local”, añade su admiración por “la desenvoltura y la ausencia de timidez con la que los indios declaman”. Por supuesto, no le faltó anotaciones sobre la riqueza de su producción textil, pero observa que “estas telas de algodón se habían tejido en Calpi [y] mantiene con ellas un importante comercio con Guayaquil”7. Es decir, Humboldt nos
7
Alexander von Humboldt, Diarios de viaje en la Audiencia de Quito, Editados por Segundo Moreno Yánez/ Traducidos por Christiana Borchart de Moreno, Colección Itinerarios de la Ciencia, No.1, OXY, Quito, 2005, pp. 194.
confirma que para 1802, había cambios en el uso de la materia prima de los obrajes, ya que la producción local estaba siendo reemplazada por el algodón. Aunque a su paso por San Juan, cuando visitó la manufactura de telas, señaló que allí se consumía cantidad de lana y se confeccionaba “bayetas rayadas muy bonitas”. Para estos años, funcionaba en esta Comarca el gran Obraje de San Juan, propiedad de la familia Chiriboga.
De hecho, la visión de Humboldt se amplia, cuando se trata de observar a la gente y, pone especial cuidado en la utilización indígena de los animales de carga, “especialmente las mujeres, cabalgan sobre ´llamas´. Cuando son bastante grandes y robustos, van como ´mulas´ y mejor”. El científico no concibe que los antiguos indígenas peruanos “no tuvieran la idea tan simple de sentarse sobre el lomo de este animal, y una prueba… es la admiración que, durante la Conquista, les debe haber causado… un hombre a caballo8.
Mientras descansaba en Calpi, el viajero alemán escuchó entre sus habitantes, la existencia de un monte, “del cual nadie ha hablado y que según la tradición india ha ´reventado´”, se trataba del Yanahurco: “Los indios de Calpi y Licán tienen la tradición de que poco tiempo después de la erupción del Altar cayó una estrella, otros dicen un globo de fuego, sobre el Yanahurcu y lo encendió. Es difícil explicar esta tradición; quizá significa solamente que el Yanahurcu se inflamó sin que se sepa cómo”9.
Yanahurcu o montaña negra, Humboldt, al observarlo desde Calpi, calculó que debe estar a 60 toesas10, su figura “desde el pueblo parece ser un cono como el Panecillo…al subir vimos que forma con el Naguangachi, situado más al norte, una sola montaña semicircular, puesto que la parte opuesta al llano de Tapia [Tapi] (la nueva Riobamba) parece derrumbada. En el centro hay un hundimiento cónico… y en medio de este… se eleva un montículo… se debería creer que esto es el cráter cegado del volcán, así lo afirman los indios por tradición.”11
8 Ibid., pp. 202. 9 Ibid., pp. 196. 10
Toesa, antigua medida de longitud francesa que equivale a 1.949 m. 11
Al Yanahurcu se llegaba atravesando una llanura cubierta de rocas negras. Cuando el Científico y sus acompañantes arribaron al pie de este cerro, observó que se trataba de un volcán extinguido, al que le describe como “una peña en la cual se ven los vestigios de un socavón hecho artificialmente. De él sale un viento bastante fuerte y ya a dos toesas de distancia se nota un ruido subterráneo continuo y muy fuerte. Este ruido indica ya sea un viento terrible al interior o una masa de agua en ebullición… o un considerable río que se precipita. De estas…la última nos parece la más probable… [el] agujero ha sido cavado por un fraile párroco, que ante la falta de agua en el pueblo, quiso aprovechar este río subterráneo . Siguió una grieta, pero la dureza de la roca (un pérfido) le hizo abandonar el proyecto…no hay una relación entre la masa de nieve del Chimborazo y la poco agua que tienen los ríos que nacen en él, como el río Licán que inicialmente se llama Chimborazo…por lo tanto, estas aguas del Chimborazo caen probablemente en cavernas subterráneas…y el ruido del Yanahurco indica que el hueco está bastante cerca de la corteza exterior de la tierra…”. En este punto, Humboldt establece un antes y un después del terremoto de 1797, tiempo en el que cambió el paisaje del Yanahurco, porque según los indígenas “al sur occidente de Calpi salía un riachuelo que… formaba parte de las aguas subterráneas del Yanahurco. Desde el 4 de febrero este riachuelo se ha perdido”12.
A Humboldt también le llamó la atención, que el Chimborazo haya formado lagos de magnitud a manera de escalones, que una vez secados, han formado grandes llanuras, de ahí, llanos como el de Luisa, el de Sisgun, el de Gatazo y por supuesto, el de Tapi, donde se asentó la nueva ciudad de Riobamba. Describe con precision el llano de Tapi: “al occidente del río Chambo y al pie del Altar, una llanura cubierta de arenas de piedra pómez de la erupción del Altar… La villa está ubicada en una hermosa llanura; al horizonte el Tungurahua, el Chimborazo, el Altar, el Carihuairazo ofrecen una hermosa vista a todos los lados. Sobre todo el
Altar… de rara belleza… parece un palacio encantado. Contrasta la mirada del viajero, al señalar una de las mayores dificultades de la zona: el viento y la erosión de su suelo, que afecta
12
sobremanera a esta llanura: “Pero lo que estorba terriblemente en la nueva villa son el viento y el polvo ... cuando [esté] terminada, el viento se sentirá menos, especialmente si se plantan muchos cercados de cactus, de agave, de Euphorbia…Recién se ha hecho el…descubrimiento que… la piedra pómez, reducida a arena, no alcanza en todas partes una profundidad tan grande como se cree. Se han descubierto bancadas de pórfido…la arena de Tapia… es singularmente fértil desde que se la abona un poco. Es una vista hermosa ver el verde hermoso y la fuerza de la vegetación de la ´alfalfa´ alrededor de la nueva villa.”13 Claro que el científico, al comentar sobre el pórfido, teme que se despierten los deseos de construir casas de piedra, debido a que:
“Los habitantes de Riobamba tienen la fama de ser extraordinariamente nobles, y este odio aristocrático de las familias les hace más daño que todo el fuego volcánico”14.
Como lo veremos más adelante, la descripción de Tapi será muy importante en la historia que reconstruímos porque se convertirá en el nuevo sitio de disputas y transacciones. Tanto Cicala como Humboldt, en su recorrido por los distintos pisos ecológicos de la microcuenca del Chimborazo, presentan visiones diferenciadas con respecto a: cambios de suelo, clima, efectos eólicos, agua, producción, entre las tierras que se encuentran en las faldas del Chimborazo, y las ubicadas en otras microcuencas (vgr. las de la cuenca del Santiago). Pese a ciertas dificultades: escasez de agua en Calpi y Tapi, transformación del paisajes luego del terremoto, vientos en las llanuras bajas, etc., sigue siendo una microcuenca con mayores ventajas, frente a las tierras altas, de climas de intenso frío como las de Columbe, Colta, o las mismas de Sicalpa y Cajabamba, donde estuvo asentada, antes de 1797, la antigua Riobamba.
La mirada administradora: el control de pueblos y zonas periféricas
A esta mirada le interesa destacar la ubicación de los pueblos al interior del Corregimiento de Riobamba. Según las descripciones, el Corregimiento se componía de una
13
Ibid, pp. 203-204. 14
ciudad nuclear, Riobamba, de un Tenientazgo, Ambato y de 27 pueblos (18 en Riobamba y 9 en Ambato). Estos pueblos, desde el grado de control administrativo, podían clasificarse en tres: aquellos de control definido, como los ubicados cerca de Riobamba y Ambato respectivamente; los de control ambiguo, como Mocha y Pallatanga, que se encontraban en la frontera de Riobamba y Ambato; y, los de control a distancia como Alausí y Macas. En estas zonas distantes, los criollos riobambeños construyeron redes de poder, que semejaban los archipiélagos incaicos, constituídos por pueblos habitados por blancos y mestizos que competían con una periferia más bien controlada por los indios, como era el caso de Macas en la que los shuar (llamados jíbaros en la época) controlaban una basta región no delimitada.
En esta búsqueda por precisar el número de pueblos, los funcionarios de la Audiencia lograron una mejor organización del espacio interno, que supera la ambigüedad que en el pasado tenían tanto los funcionarios de la Audiencia como las doctrinas de los clérigos. En 1754, el Presidente de la Audiencia, Montúfar y Fraso, como portavoz oficial de la Corona, contabiliza 18 pueblos que se denominan: Calpi, Licán, Yaruquíes, San Luis, Cajabamba, San Andrés, Punín, Pungalá, Licto, Guano, Ilapo, Guanando, Penipe, Chambo, Quimiac, Cubijies, Cebadas y Pallatanga. En Ambato se identifican los siguientes pueblos: Izamba, Quisapincha, Quero, Pelileo, Patate, Santa Rosa, Tisaleo, Baños y Píllaro.
A estos pueblos, treinta años más tarde, el también Presidente de la Real Audiencia de Quito, Juan José de Villalengua, añade dos pueblos adicionales, Columbe y Pangor. Ello revela un interés enorme por controlar a cada uno de los pueblos con una autoridad muy clara, Tenientes Pedáneos, Alcaldes y Gobernadores de indios”15.
15
Juan José de Villalengua, “Relación exacta y circunstanciada de todos los empleos políticos, de Real Hacienda y Militares que hay en la ciudad de Quito y toda su Provincia, con división de los Gobiernos, Corregimientos y Tenencias que hay en los lugares de su distrito, la cual se forma en cumplimiento de Real Orden de 12 de marzo de 1783”, en: Boletín del Archivo Nacional de Historia, AN-Q, T. 6-10, Año IV, No. 6, enero-diciembre, Quito, 1956, pp. 105.
MAPA 1: DELIMITACIÓN DEL CORREGIMIENTO DE RIOBAMBA SIGLO XVIII
(Trazado sobre el Mapa de Pedro Vicente Maldonado-1750)
En la mirada administrativa, las zonas de control definido, estaban alrededor de la capital del Corregimiento, Riobamba, y del Tenientazgo de Ambato. En el caso de Riobamba, los pueblos de su entorno eran aquellos situados en los valles circundantes: Calpi, Licán, Yaruquíes, San Luis, Caxabamba, San Andrés, Chambo, Guano y Quimiac. Conforme nos alejamos del centro, el control de la ciudad se expande hacia los pueblos más alejados, es decir aquellos pueblos en especial los ubicados en las zonas intermedias y altas del páramo: Punín, Pungalá, Licto, Ilapo, Guanando, Penipe, Cubijies, Cebadas, Pallatanga, Pangor y Columbe (Guamote).
En este caso hablamos de un poder local que mantiene su control en zonas permanentes y definidas territorialmente.
COREMA 1: ZONAS DE CONTROL DEFINIDO
En este proceso de organización espacial del territorio, la zona de Ambato fue ganando autonomía frente a Riobamba. En el siglo XVII “Ambato era gobernado por un teniente de Corregidor de Riobamba”16; todavía para 1754 Montúfar describe que el Corregidor de Riobamba no percibía el sueldo completo ya que una parte entregaba a “un Teniente de este Corregidor que asiste en el Asiento de Ambato”.17 Sin embargo, para 1783 encontramos que el Asiento de Ambato estaba gobernado por un Teniente nombrado por los Virreyes y en su lugar,
16
Federico González Suárez, Historia General de la República del Ecuador”, Vol. II, Ed. Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1970, pp. 382.
17
Juan Pío Montúfar, RHGAQ, 1994: 328.
RIOBAMBA CHAMBO QUIMIAG SAN ANDRES PUNGALA SAN LUIS LICTO YARU-QUÍES ILAPO GUANANDO CALPI LICAN PENIPE CAJABAM BA CUBIJÍES GUANO
ZONAS DE VALLE Y CERCANAS
ZONAS DE PARAMO Y/O LEJANAS
interinamente, intervenía en su elección la Real Audiencia de Quito. Es decir, que para la época el Corregimiento de Riobamba había perdido casi en su totalidad el control político-administrativo sobre este Tenencia. En general Ambato y su jurisdicción mantuvieron vida propia a través del control de una elite local diferente a la de Riobamba, hasta 1831 en que se anexa como cantón a la Provincia de Pichincha. Empero, los criollos riobambeños controlaron determinadas propiedades ubicadas en algunos pueblos de Ambato, además, entre Ambato y Riobamba existieron lazos comerciales, siendo dos polos a la vez diferentes pero complementarios.
Volviendo al análisis interno de la organización de los pueblos, en la percepción local, la zona de control ambiguo estaba integrada por los pueblos o ciudades pequeñas, con los cuales el Corregimiento riobambeño mantenía relaciones comerciales, de intercambio o complementariedad, aunque en ocasiones se producían fricciones y contradicciones. Ambiguos porque son producto de los cambios jurisdiccionales a lo largo de la colonia, tenemos determinados pueblos como Patate, Pelileo, Baños, Mocha, ubicados en los antiguos Partidos de Mocha y Ambato al norte de la jurisdicción, que para el XVIII formaban parte del Corregimiento de Riobamba pero sin control político de su elite, aunque varios de sus criollos mantenían propiedades en algunos de estos pueblos.
De otro lado, tenemos pueblos como Pallatanga y Pangor ubicados en la franja occidental del Corregimiento, para 1783 las autoridades los delimitan territorialmente en Riobamba, sin embargo, sólo 13 años antes (1770) todavía formaban parte del Corregimiento de Chimbo (Guaranda), empero la presencia de los criollos riobambeños eran de antigua data como propietarios de haciendas, especialmente en las tierras cálidas de Pallatanga. Entre los siglos XVIII y XIX, el pueblo de Simiatug (Guaranda) adquiere importancia por su riqueza minera y entra a formar parte del proyecto minero de los riobambeños.
COREMA 2: CONTROL AMBIGUO, CONTROL A DISTANCIA
Las zonas a distancia se ubican hacia el sur como al oriente. Hacia el sur, el Corregimiento de Riobamba limitaba con la Tenencia de Alausí, que política y eclesiásticamente pertenecía al Corregimiento de Cuenca, sin embargo, en esta zona de frontera muy distante al centro de Riobamba, varios de los criollos riobambeños mantuvieron ligazones económicas en la época obrajera, con pueblos como Alausí, Tixán (conocido en épocas prehispanas como Tiquizambi, frontera entre las etnias puruháes y cañaris).
Otra zona a gran distancia era la ciudad de Macas ubicada en la parte oriental del Corregimiento, que aunque mantenía su propia jurisdicción político-administrativa ya que pertenecía al Gobierno de Quijos, era centro de proveimiento para la Audiencia de Quito de
Riobamba Ambato Baños Pelileo Mocha Patate Tixán Alausí Macas Zuñac Canelos Paira Chimbo Gua-randa Pangor Pallatanga
varios productos, especialmente canela y tabaco, este último cosechado en los pueblos de Suña y Paira pero controlado y administrado por el Corregimiento de Riobamba como parte del Real Ramo del tabaco, a su vez Riobamba entregaba a Macas otros productos y controlaba militarmente la zona. (Ver Corema No.2).
En la transición entre los siglos XVIII y XIX, estas zonas de páramo se convirtieron en referentes clave para la explotación minera en los sitios de Condoratzo, Cuvillín, Chesa, Simiatug, Canelos. Para la época de la Gran Colombia y República, Macas y Alausí pasan a formar parte de la Provincia del Chimborazo (Riobamba).
b. El Conteo de la población y la centralidad de Riobamba y su Cabildo
Como hemos señalado otra de las preocupaciones de la Audiencia para aplicar las Reformas Borbónicas, fue contar con mayor prolijidad la población y clasificarla con mayor rigor para aumentar la masa tributaria y los tributantes. Esta preocupación se mezcló con el interés de la elite local por fortalecer su Cabildo para negociar con mayor éxito con la Audiencia y, para construir una frontera más clara entre lo urbano y lo rural, que aún no tenía claras connotaciones étnicas, puesto que en los pueblos también residían blancos y en la propia ciudad habían barrios de indios.Según el padrón efectuado en el año de 1783 por José Corral y Narro18, Riobamba y su Corregimiento tenía un total de 62.894 personas lo cual significa un 19% del total de pobladores de los Corregimientos ubicados en los andes septentrionales y meridionales de la Audiencia incluyendo Loja al sur y Macas al oriente. Del total de habitantes del Corregimiento, el 77% corresponden a indios y el 22% a blancos, apenas el 1% se distribuyen entre libres de varios colores y esclavos, es decir, nos encontramos frente a una sociedad polarizada, donde blancos y
18
José Corral y Narro, “Padrón de habitantes hecho en el año de 1783 del número de almas de todas clases, estados y castas, en virtud de Real Orden de 10 de noviembre de 1773”, RHGAQ, 1994, pp. 701 a 703. Este padrón no incluye los gobiernos de Popayán, Guayaquil, Cuenca, Jaén Maynas y Quijos, por tanto, nuestros porcentajes fueron calculados tomando las cifras de los Corregimientos andinos, más Loja y Macas que incluye dicho padrón.
mestizos se miran así mismo como blancos, frente a ese otro, representado por los indios como grupo mayoritario. Por su parte, el Tenientazgo de Ambato y sus 9 pueblos sumaba un total de 48.649 habitantes19, de los cuales el 39.5% correspondían a blancos, el 60% a indígenas y apenas el 0.5% eran libres y esclavos de varios colores.
También es muy visible la búsqueda por establecer, con mayor precisión, el número de integrantes del vecindario de Riobamba y su clasificación étnica. Montúfar señala para 1754, que el vecindario de la ciudad “consiste en muchas familias ilustres de españoles y crecido número de mestizos e indios, que en prudente estimativa se computan hasta 20.000 almas”20. Lo cual significa, respecto del total de habitantes del Corregimiento, que el 32% de pobladores se encontraban en el centro urbano, en tanto que el 68 % estuvieron en las periferias de los pueblos rurales.
Como se recordará, la Villa del Villar Don Pardo como se la conocía desde la colonia temprana, Villa de San Pedro Apóstol de Riobamba, o simplemente la Villa de Riobamba fue fundada y repoblada en el siglo XVI. Entre fundaciones y repoblamientos se señalan 1534, 1575 y 158821. La ciudad de Riobamba asentada hasta fines del siglo XVII en una antigua planicie junto a la actual población de Cajabamba, mantuvo las características de su trazado original que data del siglo XVI. Para el XVIII “la ciudad constituía una prolongación de la forma en que quedó dispuesta originalmente”22, y como señalaba Juan de Velasco, una ciudad con cuatro barrios, espacialmente “concebida como centro de irradiación del poder y como centro de organización de la estructura jerárquica de la sociedad”23.
Añadiríamos que se trató de un centro urbano que empezó a tener importancia desde fines del siglo XVI, dada su ubicación geográfica en los andes centrales que sirvió de enlace entre la
19
Ibid, pp. 701-702. 20
Juan Pìo Montúfar, Ibid, pp. 328. 21
Alfredo Costales, Historia de Riobamba y su Provincia, Ed. Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito1972. 22
Rocío Pazmiño, “La configuración urbana de la Villa del Villar Don Pardo: Riobamba en la época colonial”, en: La Antigua Riobamba: historia oculta de una ciudad colonial. Municipalidad del cantón Riobamba, Ed. Abya-Yala, Quito, 2000. pp. 52.
23
costa y la sierra, logrando paulatinamente organizar y controlar, a través de su Cabildo, los pueblos circundantes donde se asentaron sus principales unidades de producción y que para el siglo XVIII, después de dos siglos de experiencia obrajera-hacendaria, contaba con suficientes elementos sobre el manejo y control de su medio geográfico; sin embargo, aun le faltaba obtener ciertas preeminencias que le permitiera reafirmar sus vínculos de identidad como ciudad.
Mapa de la antigua Riobamba, 1698 Fuente: AN-Q.
Para 1743 el Cabildo de Riobamba presentó ante la Corona, un Memorial solicitando “se sirva conceder a dicha Villa de Riobamba el título de Ciudad con el goze de todas las exempciones, gracias y preeminencias correspondientes a éste título; y al Cura... de la Iglesia