Monografía
Formación en Neurosicoeducación
Alumna: Irene Ferreyra
www.asociacioneducar.com Mail: [email protected] Facebook: www.facebook.com/NeurocienciasAsociacionEducarLa Inteligencia emocional y su relación con el paradigma Ser - Hacer - Tener
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La Inteligencia emocional y su relación con el paradigma Ser-Hacer-Tener
En su proceso evolutivo, la UCCM, esa unidad indivisible compuesta de tres partes que se relacionan entre sí en todo momento: cuerpo, cerebro y mente, siempre cumplió con el fin de asegurar la Supervivencia. Cualquier acción tiende, en primera instancia a cumplir con este mandato de preservación.
A pesar de la atadura a los automatismos evolutivos, el ser humano, gracias a la potencia y al desarrollo de su UCCM, es capaz de transformar los impulsos primitivos y conducirse hacia la Trascendencia.
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¿En qué consiste este camino hacia la Trascendencia personal? En aumentar la capacidad de controlar los instintos de Supervivencia mientras cobra mayor relevancia el altruismo, la colaboración, el compartir y el paradigma Ser-Hacer-Tener.
El escritor Michel Domit, en su libro “Ser, hacer y tener”, describe que “el Ser está formado por la realidad de lo que somos en esencia: por nuestra energía, nuestro pensamiento, nuestra memoria y nuestro interior, incluyendo las capacidades y características intrínsecas a la conciencia individual, como la bondad, el amor, el cariño…” Para este autor, la dificultad principal para llegar a Ser, consiste en la escala de valores imperante en Occidente, la cual tiene un orden diferente a como debería ser. Actualmente, el orden es el siguiente: 1) Tener. 2) Hacer para lograr Tener más. 3) Ser como sea necesario, para lograr Hacer lo que sea necesario, para Tener más. De acuerdo a este sistema “recolector”, la persona daña su propia integridad, sus valores y su Ser mismo.
¿Es la Inteligencia emocional el “secreto” que debemos develar para iniciar el camino hacia la Trascendencia y llegar a Ser?
Para contestar esta pregunta, veamos en primer lugar, la raíz etimológica de la palabra emoción. Este término viene del latín emotio, que significa “movimiento o impulso”, “aquello que mueve hacia”.
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Todas las emociones son impulsos que nos llevan a actuar y que siempre se manifiestan en el cuerpo. Son programas de reacción automática con los que nos ha dotado la evolución.
Las emociones constituyen fuerzas poderosas que ejercen una gran influencia sobre la conducta de las personas. Participan en nuestras decisiones vitales y por esta razón, vale la pena conocerlas, para aprender a controlarlas cuando nos bloquean o perturban negativamente, impidiéndonos la búsqueda de nuestro Ser, sometiéndonos a los mandatos imperantes de la sociedad, por los cuales se paga el alto precio de olvidar nuestra Inteligencia emocional y atrapándonos en escalas de jerarquías y de poder que no contemplan en lo más mínimo, la Supervivencia de los demás.
Daniel Goleman, psicólogo estadounidense, destaca un conjunto de habilidades al que denominó Inteligencia emocional. Esas habilidades son: el autocontrol, el entusiasmo, la empatía, la perseverancia y la capacidad para motivarse a sí mismo; todas ellas son susceptibles de aprendizaje y de perfeccionamiento a lo largo de la vida, si se utilizan métodos adecuados.
En este sentido, la Neurosicoeducación se presenta como una herramienta valiosa, porque a través de ella, accedemos a los nuevos conocimientos neurocientíficos y obtenemos una visión objetiva de nuestra mente y de la mente de nuestros semejantes.
Una observación apropiada de la mente propia y ajena, nos permite adquirir una disposición emocional más neutral, aumentar la percepción de nosotros mismos y de los demás y desarrollar una mayor tolerancia ante las diferencias que nos dividen como personas.
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Joseph Ledoux, profesor del Centro de Ciencias Neurológicas de la Universidad de Nueva York y miembro de la Sociedad de Neurociencia, sostiene que para la ciencia ha sido problemático estudiar la emoción porque es un concepto subjetivo e intangible.
Actualmente y con el avance tecnológico, se puede analizar cómo el cerebro procesa estímulos emocionales para producir una respuesta emocional, clarificando qué sucede en nuestro organismo cuando pensamos, sentimos, imaginamos o soñamos. Gracias al escáner cerebral se ha podido exponer el funcionamiento del cerebro y, de esta manera, la ciencia cuenta con una poderosa herramienta para hablar del vínculo que sostienen la emoción y la razón.
El arcaico diseño biológico que rige nuestro repertorio emocional ha contribuido, con demostrado éxito, a nuestra Supervivencia como especie. Por lo tanto, no hay que sorprenderse si en algunas ocasiones, respondemos instintivamente con los procedimientos emocionales de un Australopithecus.
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El cerebro humano, esa masa de tejido que si la desplegamos mide 1m2, está
formado por varias y diferentes zonas que evolucionaron en distintas épocas. La naturaleza no desechó ninguna de ellas, al contrario, las conservó, formándose la sección más reciente encima de la que se encontraba con anterioridad. “Aún tenemos en nuestras cabezas estructuras cerebrales muy parecidas a las del caballo y el cocodrilo”, expresó el neurofisiólogo Paul McLean.
Alrededor del tronco encefálico, que es la región más primitiva de nuestro cerebro (reguladora de las funciones básicas como la respiración, el metabolismo, las reacciones y movimientos automáticos), se conformó el Sistema límbico o Cerebro emocional, situado inmediatamente debajo de la Corteza cerebral y poseedor de importantes estructuras: el tálamo, el hipotálamo, el hipocampo y la amígdala cerebral. Esta nueva zona le suma al repertorio de respuestas del cerebro, las emociones propiamente dichas. La evolución del Sistema límbico nos permitió incorporar como especie, dos valiosas herramientas para contar con respuestas más adaptadas a las exigencias del medio ambiente y como consecuencia, favorecer la Supervivencia: el aprendizaje y la memoria.
El Cerebro emocional está en constante interacción con la Corteza cerebral, la nueva y más importante zona del cerebro humano que recubre y engloba las más viejas y primitivas. En esta zona, se destacan los Lóbulos prefrontales, el asiento de las cualidades cognitivas-ejecutivas y éticas del ser humano. En ellos se manifiesta la autoconciencia, las emociones se transforman en sentimientos subjetivos y son los que nos permiten crecer y mejorar como personas. Juegan un papel preponderante en la asimilación neocortical de las emociones, moderándolas y desarrollando planes de acción concretos frente a ellas. Son la computadora dentro de la computadora y si los entrenamos y desarrollamos, inciden poderosamente en nuestra Inteligencia emocional, tanto a nivel personal como social.
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El Cerebro emocional es el soporte en el que se desarrolló nuestra Corteza cerebral y ésta permanece vinculada a él por miles de circuitos neuronales, estableciendo esa estrecha relación entre emoción y pensamiento.
Para armonizar la cabeza y el corazón y adoptar una filosofía de vida basada en el Ser-Hacer-Tener debemos comprender lo que significa utilizar inteligentemente las emociones. Veamos algunas de ellas:
Autocontrol, el dominio de uno mismo.
El autocontrol depende del área más evolucionada de nuestro cerebro y la que más energía consume: Los Lóbulos Prefrontales. Las investigaciones de la Doctora Kathleen Vohs, demuestran que la fuerza de voluntad se ve afectada por:
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2) Por los niveles de azúcar en sangre, ya que el descenso de glucosa afecta las áreas del cerebro que se encargan de la planificación, el monitoreo de la conducta, la supervisión y el autocontrol.
3) Por las hormonas.
Somatotropina, hormona de crecimiento.
4) Por la falta de descanso que disminuye las habilidades cognitivas y ejecutivas.
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El Autocontrol se puede aprender y desarrollar. Tenemos una posibilidad limitada de Autocontrol. Por tal razón, debemos concentrarnos en un solo tema por vez y luego de una actividad de autocontrol, saber que éste se ve disminuido y que necesitamos reponernos con descanso y con la realización de tareas rutinarias. Cuando vayamos a tomar decisiones importantes, analicemos si descansamos lo suficiente, si nos alimentamos correctamente cumpliendo los horarios en las comidas y si realizamos esfuerzos cognitivos y ejecutivos.
El Autocontrol va de la mano con la vida en comunidad. Un exceso emocional que se prolongue más allá de lo prudente, pone en riesgo la propia estabilidad y puede ocasionar consecuencias nefastas.
El optimismo.
Esta habilidad emocional, el gusto por lo que se hace o el entusiasmo, representa un estímulo ideal para el éxito.
El optimismo es una actitud que impide caer en la apatía, la desesperación, la ansiedad, la pesadumbre o la depresión frente a los contratiempos. Con una Inteligencia emocional debilitada, estos estados anímicos actúan como una profecía que conduce al fracaso.
El optimista ubica la causa de sus fracasos en factores que se pueden cambiar y enfrentar en el futuro, el pesimista se culpa a sí mismo de sus infortunios, atribuyéndolos a alguna característica personal inalterable.
Optimizar las emociones requiere el control de los impulsos, demorar la gratificación, regular los estados de ánimo para facilitar el pensamiento y la
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reflexión, motivarse a sí mismo para afrontar con tenacidad las adversidades. El
optimismo determina la eficacia de nuestros esfuerzos… ¿y sin él?...
La empatía
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La palabra empatía proviene del griego empatheia, que significa “sentir dentro”, y expresa la aptitud de percibir la experiencia subjetiva de otra persona.
La persona empática descarta su “escala de importancia” para entender el sufrimiento del otro desde “su escala de importancia”.
Este concepto está estrechamente relacionado con el altruismo - el amor y preocupación por los demás - y la solidaridad. Hace que las personas se ayuden entre sí, se reconozcan y se respeten, sin abandonar su propio yo.
Ser empático es tener afinidad e identificarse con otra persona. Es saber escucharla, entender sus problemas y sus emociones. Es una habilidad que alimenta la conexión entre los seres humanos. Gracias a ella, comprendemos que nuestros problemas no son los únicos que hay en el mundo, nos impide juzgar y herir susceptibilidades y cada vez que hacemos algo por el prójimo, no esperamos nada a cambio.
Ofrecer una sonrisa, un gesto amable o una caricia…
Conclusión
Es evidente que la Inteligencia emocional nos aporta las cualidades que nos convierte en un auténtico ser humano. Favorece la felicidad en nuestra vida, nos permite construir contextos enriquecidos y velar por nuestra Trascendencia.
Esa inteligencia dirigida a conocer nuestro mundo interior y sus emociones, no confunde el Ser con el Hacer o el Tener y aprecia la Supervivencia del otro.
Sin dudas, las funciones ejecutivas de los Lóbulos prefrontales nos conceden posibilidades esenciales: planificar a largo plazo, perseverar, predecir los problemas, resolver los conflictos, retardar la gratificación, vetar los impulsos emocionales y ser empático, ético y altruista.
Para superar las restricciones impuestas por los genes o los instintos de Supervivencia, para flexibilizar las propias creencias y poseer una actitud más
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compasiva y cooperativa, debemos otorgarle más importancia a los valores pro-frontalizadores que a los materiales, más estimación al Ser que al Tener.
El camino hacia la Trascendencia es encontrar el sentido de la vida. La desigualdad entre ella y la Supervivencia puede ser modelada y para eso hay que conocer, comprender, controlar y supervisar el mundo de las emociones.
Hacemos propia esta frase del Dr. Logatt Grabner: “El arte de saber cómo crear buenos seres humanos debería ser el principal objetivo de la educación que reciba una persona”.
Por lo tanto, la alfabetización emocional nos ayuda a tomar conciencia de nuestras emociones y a dotarlas de inteligencia, nos encamina hacia los valores fines, aquellos que satisfacen necesidades reales y por los cuales adoptamos la filosofía de vida basada en el Ser-Hacer-Tener, transformándonos en personas íntegramente desarrolladas.
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Bibliografía
DOMIT, MICHEL (1991) “Ser, hacer y tener”. Editorial Diana.
GOLEMAN, DANIEL (1996) “La Inteligencia emocional. Por qué es más importante
que el cociente intelectual”. Editorial Kairós.
LOGATT GRABNER, CARLOS – CASTRO MARITA (2011) “El Libro de las reglas
mentales. Neurociencias aplicadas al cambio y desarrollo humano”. Editorial LPF.
Material de estudio de Asociación Educar perteneciente a la Carrera de Neurosicoeducador.