ARQUEOLOGIA
Y SOCIEDAD
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Publicación trimestral del Museo de Arqueología y Etnología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
PRESENTACIÓN
Al cumplirse el 3 de junio último, el XIIIº aniversario de la muerte de su fundador, Dr. Julio C. Tello, el Museo de Arqueología y Etnología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos le rindió homenaje, realizando un conjunto de actividades que inspiraban en la labor misma desarrollada por el eminente sabio peruano.
Gracias al apoyo de la Corporación Peruana del Santa salió a luz la publicación Los templos de Chavín” – Guía para el visitante, escrita por nuestro Director. Las características gráficas y el lenguaje didáctico de su texto, permiten, como deseaba el Dr. Tello, que los resultados de las investigaciones arqueológicas estén al alcance del público en general.
Como parte del referido homenaje incluimos en el presente número de nuestro Boletín Ar-queología y Sociedad, un documento de trabajo; el Proyecto de Organización y Fines del Museo. La realización de las tareas que allí se esbozan, se dirigirán a lograr, lo mejor posible, el cumpli-miento de los objetivos que son propios a todo museo universitario.
PROYECTO DE ORGANIZACIÓN Y FINES DEL
MUSEO DE ARQUEOLOGÍA Y ETNOLOGÍA DE LA
UNIVERSIDAD NACIONAL MAYOR DE SAN MARCOS
Organizacióny Fines:
El Museo de Arqueología y Etnología es un órgano de la Dirección Universitaria de Pro-yección Social. Por desarrollar actividades de investigación está ligado a la Dirección Uni-versitaria de Investigaciones y, a través de sus servicios para la docencia, al Departamento de Ciencias Histórico-Sociales (Sección de Ar-queología) de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
Su estructura económica y administrativa depende del presupuesto y organización de la Dirección Universitaria de Proyección Social; el funcionamiento de los proyectos de inves-tigación, si bien se integra al funcionamiento global del Museo, depende de las disposiciones emanadas de la Dirección Universitaria co-rrespondiente.
Las relaciones con el Departamento de Ciencias Histórico-Sociales (Sección Arqueo-logía) y con otros Departamentos (Ciencias Biológicas, Humanidades-Arte, etc.), están sujetas al pedido que hagan los Jefes de Depar-tamento ante la Dirección Universitaria, a fin de usar de los servicios del Museo para fines de docencia o investigación (local, laboratorios, personal, información, etc.).
El Museo podrá ligarse también, previa for-mulación de un plan, a los Programas
Acadé-micos, a solicitud de sus Directores o del Mu-seo, para la organización de cursos o cursillos de post-grado o de extensión.
El Museo es un servicio universitario para la conservación, presentación y estudio de los restos materiales de las sociedades prehispáni-cas del Perú, entendiendo como tales aquellas que se dieron antes de la llegada de los españo-les a este territorio y aquellas que, aún después del siglo XVI conservaron los rasgos propios de su cultura, en forma dominante, incluidas las del área selvática.
Para dar cumplimiento a sus fines, el Mu-seo está organizado por:
a. Una administración central (Dirección), dependiente de la Dirección Universitaria de Proyección Social;
b. Los servicios propios del Museo, que cum-plen las funciones de:
1. Conservación, tratamiento y registro de los objetos (Servicio de Conservación); y,
2. Presentación y divulgación de los mis-mos (Servicio de Difusión y Promo-ción);
c. Los Servicios de apoyo, que, a través de la actividad permanente deben permitir el enriquecimiento de los fondos del Museo,
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así como la clasificación sistemática de los materiales depositados. Ellos son:
1. El Servicio de Exploraciones y Excava-ciones,
2. El Servicio de Arquitectura y Urbanis-mo,
3. El Servicio de Osteología y Craneome-tría; y,
4. El Servicio de Etnografía.
Finalmente, en relación con los servicios de apoyo, aunque no necesariamente depen-dientes de ellos, se desarrollan programas de investigación científica que pueden a su vez estar integrados dentro de Centros de Investi-gación de la Universidad o de otras Institucio-nes y que se adscriben al Museo a partir de un convenio. El Museo puede, por su lado, mon-tar proyectos de investigación con financiación propia o extraña, en relación con la Dirección Universitaria de Investigaciones.
A. Dirección del Museo
La Dirección del Museo es el organismo cen-tral administrativo, técnico, que tiene la res-ponsabilidad de las actividades del Museo. Depende de la Dirección Universitaria de Pro-yección Social. La Dirección del Museo está integrada por:
– El Director – El Subdirector
– El Comité de Coordinación – La Secretaría; y,
– El Patronato del Museo, como organismo de apoyo y consejo.
Director y Subdirector
El Director del Museo es nombrado por el Rec-tor, a propuesta del Director Universitario de Proyección Social y, si lo considera necesario, en consulta con la Sección de Arqueología del Departamento de Ciencias Histórico-Sociales de la Universidad. Para ser Director se requie-re ser arqueólogo profesional, con grado de Doctor. El Director puede ser un profesor de la Universidad.
El Director resuelve todos los asuntos re-lacionados con la marcha de la institución y se asesora con el Comité de Coordinación; mantiene las relaciones con las autoridades universitarias y refrenda documentos oficiales del Museo.
Cuando el Director se ausenta por un pe-riodo menor de noventa días, lo reemplaza en sus funciones el Subdirector del Museo y, en caso de ausencia de éste, el Conservador del Museo. Cuando la ausencia del Director, por motivos de licencia, viaje de estudios u otro, es mayor a los 90 días, el Director Universitario de Proyección Social designará, por el tiempo necesario, a un Director Interino.
El Subdirector es uno de los jefes de los Servicios de apoyo que es designado para tal función, colabora con el Director en las fun-ciones de Dirección del Museo y lo reemplaza en caso necesario.
Patronato del Museo
Este es un organismo de apoyo del Museo. Su función es la servir como medio de ayuda y consulta para el desarrollo de las activida-des del Museo, así como vehículo de contacto directo con otros organismos afines del país y el extranjero. El Patronato tiene una función consultiva y al mismo tiempo asume la tarea de contribuir a la solución de los problemas económicos y de desarrollo de la institución.
El Patronato funciona en plenario y en co-misiones. El Pleno del Patronato está consti-tuido por todos sus miembros y se reúne dos veces al año: el 21 de octubre, día de la fun-dación del Museo, para escuchar las Memorias del Presidente del Patronato y del Director del Museo y el Discurso de Orden conmemora-tivo, y un día en el mes de setiembre, con el objeto de elegir al Presidente del Patronato y resolver los asuntos de su competencia.
El Patronato tiene una Comisión Perma-nente, constituida por el Presidente y seis miembros. El Presidente es elegido por el Ple-no y los otros miembros son designados por el
Museo de Arqueología y Etnología - UNMSM Presidente. El Director del Museo actúa como
Secretario y el Conservador como Tesorero. Dicha Comisión cumple permanentemente las tareas del Patronato y está capacitado para constituir Comisiones especiales, para objeti-vos concretos, tales como eventos de arqueo-logía, actividades científicas, etc., contando con todos los miembros del Patronato. La Co-misión Permanente se reunirá por lo menos una vez cada dos meses.
El Patronato tiene tres clases de miembros: de Honor, de Número y Correspondientes.
La calidad de Miembros de Honor del Pa-tronato del Museo, es un reconocimiento de la institución a las personas vivas o fallecidas, que han contribuido al desarrollo de la institución y/o al de la arqueología andina en general.
El Museo ha establecido una Galería para la memoria de tales personas, las que serán incorporadas en tal condición, en ceremonia pública. La designación de los Miembros de Honor se hará a propuesta del Comité de Co-ordinación, por el Pleno del Patronato.
Por constitución, el Museo reconoce como Miembros de Honor natos, al Dr. Julio C. Te-llo, fundador del Museo, Dr. Max Uhle, Dr. Luis E. Valcárcel, Dr. Jorge C. Muelle, Prof. Toribio Mejía Xesspe, Dr. Pedro Weiss y Sr. Ra-fael Larco Hoyle.
Los Miembros de Número son designados, a propuesta del Director, por el Comité de Co-ordinación del Museo, hasta completar el nú-mero veinticinco.
Los Miembros correspondientes son de-signados por el Comité de Coordinación en-tre los amigos y colaboradores del Museo, que se encuentran fuera de la ciudad de Lima, en el país y el extranjero. El Patronato en pleno, acordará su estructura interna y las obligacio-nes de sus miembros. El Pleno está constituido por todos los Miembros, con iguales derechos, pero el quórum será computado por la mitad más uno de los miembros de número.
Comité de Coordinación
El Comité de Coordinación es el organismo asesor de la Dirección y está integrado por el Director, que lo preside (o el Subdirector en su reemplazo), el Conservador, el Jefe de los Servicios de Difusión y Promoción, el Jefe de Exploraciones y Excavaciones, el jefe del Ser-vicio de Arquitectura y Urbanismo, el Jefe del Servicio de Osteología y Craneometría y el Jefe del Servicio de Etnografía.
Además participan los Coordinadores de Catalogación y Registro, de los Servicios Ge-nerales y los Servicios de Laboratorio. En la misma condición podrán participar, a solicitud del Director, los encargados de los proyectos de investigación, cuando ello sea necesario.
El Comité de Coordinación debe reunirse por lo menos una vez al mes para conocer de la marcha del Museo, los proyectos de inves-tigación, la solicitud de servicios del Museo, los programas de extensión, etc. Anualmen-te debe hacer el estudio del presupuesto del Museo para elevarlo a las autoridades com-petentes; igualmente, debe estudiar la forma de encauzar las donaciones, convenios con el exterior, programar y ejecutar actividades de investigación científica y de Museo, etc.
Secretaría del Museo
Es la Sección que canaliza el trámite adminis-trativo y económico del Museo; se encarga de los archivos, actas, contabilidad de gastos, co-rrespondencia, control de personal y almacén de útiles de escritorio.
B.- Servicios del Museo
Los Servicios del Museo son los de Conser-vación y Promoción y Difusión. En ellos se centraliza una de las actividades principales del Museo, la referida a la conservación, tra-tamiento, catalogación, registro gráfico, expo-sición y difusión de los objetos culturales que posee y obtiene con la ayuda de los Servicios de Apoyo.
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Conservación
Está es una de las secciones más completas y más importantes del Museo. Está bajo la res-ponsabilidad del Conservador, que es el fun-cionario que sigue al Director en autoridad. Trabaja con un grupo de Coordinadores de los Servicios de Conservación y el personal a su cargo. Le toca supervigilar y garantizar el man-tenimiento y limpieza del local; organizar los depósitos de objetos culturales y sus respecti-vos catálogos de ingreso y sistemático; man-tener los servicios de fotografía, dibujo, biblio-teca, etc. Y los laboratorios para el análisis y preparación de los objetos.
Servicio de Mantenimiento y Vigilancia
Está a cargo de un Coordinador del Servicio, dependiente del Conservador del Museo, se encarga de las tareas inherentes al manteni-miento del local, limpieza, vigilancia, guardia-nía y recepción.
Limpieza y Vigilancia
Con personal de servicio se encarga de man-tener limpio el local y los objetos culturales en depósito y exposición; asimismo, en horas de atención al público, se encarga de la vigilancia de las colecciones.
Recepción y guardianía
Cuenta con un guardián y una recepcionis-ta. El guardián cuida el local y los objetos ar-queológicos, la recepcionista se encarga de la orientación a los visitantes, de las informacio-nes sobre el Museo, y en las horas que no hay visitantes trabaja con el Servicio de Difusión y Promoción. El guardián se encarga del alma-cén general de materiales de trabajo.
Jardines
Cuenta con un jardinero. Se encarga del cuida-do y presentación de los jardines del Museo.
Carpintería, albañilería y gasfitería
Es un servicio de gran importancia para la con-servación del local y para la preparación de las exposiciones. Debe contar con especialistas que a su vez, trabajan en el servicio de lim-pieza y vigilancia. Aquí debe agregarse, en lo posible, un electricista y luminotécnico.
Depósitos y Catálogos
Está bajo la dirección de un Coordinador de Catalogación y Registro. Casi se puede decir que es el núcleo de la actividad del Museo. Es en este servicio donde se centralizan todos los demás y del que se sirven quienes acuden al Museo para la investigación y el estudio: obje-tivo final de la institución. Por eso, la organi-zación de los Depósitos y Catálogo requiere de personal técnico y de mucho esfuerzo.
El Museo pretende organizar sus depósitos de manera sistemática, tratando de resolver tanto el problema de la preservación de los ob-jetos, como de su adecuado registro. En el pro-ceso de catalogación se pretende establecer un sistema de registro con fichas perforadas para su clasificación electrónica. El registro-inven-tario del Museo será hecho en un libro espe-cial, por ingreso (modificando parcialmente el ya existente). Las piezas son almacenadas tomando el criterio geográfico (región-valle-sitio). Se incluye las siguientes regiones:
CN – Costa Norte.- Río Tumbes – Río Huarmey.
SN – Sierra Norte Marítima.- Río La Chi-ra – Río Huarmey.
CC – Costa Central – Río Pativilca – Jahuay.
SC – Sierra Central Marítima.- Pativilca – Río Cañete.
CS – Costa Sur.- Río Chincha – Acarí. MR – Hoya del Marañón.
CH – Callejón de Huaylas. AP – Hoya del Apurímac. MT – Hoya del Mantaro. UR – Hoya del Urubamba. TK – Hoya del Titicaca. ES – Valles del Extremo Sur. HU – Hoya del Huallaga.
Museo de Arqueología y Etnología - UNMSM UC – Río Ucayali. MD – Madre de Dios Depósitos: MR-CH (Sierra Norte) 1.
MT-AP-UR- (Sierra Central y Sur). 2. CC-SC (Costa Central) 3. CS-SS (Costa Sur) 4. CN-SN (Costa Norte) 5.
ES-TK-HU-UC –MD (extremo Sur y 6.
Oriente).
Los valles son numerados de norte a sur, los de la costa de acuerdo a un criterio interna-cional ya adoptado por el Museo previamente (p.e.CC47: Costa Central-Rímac o SC47: par-te alta del Rímac) y concluye con la indicación del sitio (los sitios numerados por valles). En el depósito los objetos son separados por región, por valle y por sitio y con criterio cronológico dentro de cada región; igualmente, por natura-leza y material del objeto.
En el catálogo estas divisiones se expresan con dos referencias separadas: La geográfica y la cronológica, lo que finalmente determina un cifrado corrido. (CC 7-5-FR, quiere decir Cos-ta Central-Valle del Rímac, Sitio 5-Formativo o CS-DR: Costa Sur. Desarrollos Regionales o simplemente CS). En el espécimen va la indi-cación el número del registro de ingreso, pre-cedido de las letras USM p.e. USM-001047: objeto 1047 del Museo, número del catálogo que sirva de referencia para la historia del ob-jeto. El catálogo de ingreso general es un libro con numeración corrida que contiene las prin-cipales referencias de cada objeto y la indica-ción de su ficha correspondiente. Los ficheros son separados por áreas geográficas, por cro-nología y por materiales técnicos. Los objetos fragmentados son ingresados en otro libro, por unidades de procedencia (región, valle-sitio- número de ingreso).
Servicios Generales
Estos son servicios dirigidos principalmente a los fines de Registro y clasificación de los materiales.
El Gabinete y Archivo Fotográfico
Es uno de los más importantes y tiene, en pri-mer lugar, la responsabilidad de mantener el catálogo gráfico de todos los especimenes del Museo. Además, es un órgano de Difusión y Promoción y un servicio para la investigación. Igual función cumple el Gabinete de Dibujo.
La Biblioteca especializada y el Archivo Central
Son dos servicios complementarios del Mu-seo, cuya finalidad es la información que en ellos pueda obtener cualquier investigador y el personal del Museo. Es indispensable que el Museo cuente, en su propio local, con una biblioteca de referencia para museología, tra-tamiento de objetos, y, finalmente, para la ar-queología andina y general. El archivo centra-liza toda la información del Museo, incluidos los documentos de todas las dependencias, informes, libros de campo, ficheros, catálogos, etc. Estos servicios estarán temporalmente a cargo de la Secretaría.
El Servicio de Reproducciones
Es un servicio de Difusión y Promoción, pero, al mismo tiempo, deberá cumplir la función de dotar al Museo de reproducciones de objetos originales que el Museo no puede obtener y sean considerados importantes.
Este Servicio, se encarga, igualmente, de todo lo relacionado con la elaboración de las “maquetas” de monumentos arqueológicos, cuya difusión compete al Museo.
INFORME DE RECONOCIMIENTO
DEL VALLE DE CHINCHA
En los meses de setiembre, octubre y noviem-bre del presente año se llevó a bajo un recono-cimiento del Valle de Chincha por el suscrito, bajo los auspicios de la Comisión Fulbright y del Instituto de Arqueología y Etnología de la Universidad de San Marcos. Mis competentes auxiliares de campo fueron, la Srta. Isabel Flo-res y los SFlo-res. Luis Lumbreras y Carlos Guzmán; todos estudiantes de arqueología de esta Uni-versidad. El propósito del proyecto arqueológi-co Fulbright en arqueológi-conjunto, es la investigación de las relaciones existentes en las áreas costeñas principales; y el de mi participación en él, de-terminar si la parte norte de la costa sur mos-traba extensas relaciones con áreas externas en épocas anteriores a la Conquista, y si esto fuera así, en que dirección. El presente informe debe ser considerado como preliminar sobre la parte del trabajo que ha sido completado. El recono-cimiento será continuado en los valles del sur, especialmente en el valle de Pisco.
El valle de Chincha está localizado a unos 200 kilómetros al sur de Lima, entre los de Ca-ñete, unos 40 kilómetros más al norte, y el Pis-co, a unos 39 kilómetros más al sur. El valle es relativamente pequeño y compacto. Forma un triángulo de 20 kilómetros tierra adentro, en donde el valle se estrecha a menos de medio kilómetro, estando rodeado de montañas bien empinadas.
El piso del valle es relativamente llano y está extensamente cultivado desde las orillas del océano hasta los bordes de los cerros cir-cundantes. Además hay grandes áreas de cul-tivo en las mesetas que limitan la parte norte del nivel del valle. Esta área incluye la ciudad principal del valle, Chincha Alta.
Existen ahora dos brazos del río que fluye hacia el valle, el Mata Gente al Sur y el río Chico hacia el Norte. Entre estos dos brazos existe un antiguo cauce y al Sur del brazo más meridional del presente río, entre las haciendas San Pedro y Lurinchincha, aparece un cauce del río todavía de más antigüedad.
Los trabajos arqueológicos preliminares llevados a cabo en este valle están casi entera-mente limitados a aquellos llevados a cabo por Max Uhle en 1900 y que han sido publicados por Kroeber y Strong en 1924. Uhle pudo en-contrar solamente materiales últimos, con la excepción de algunos pocos fragmentos más antiguos.
Con respecto a la cerámica que hemos en-contrado en Chincha, el método usado para identificar estilos distintos cronológicamente, fue su aislamiento en sitios particulares, en áreas dentro de grandes sitios, o en depósitos de basura que podían ser examinados por los
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cortes que se habían llevado a cabo en ellos. Estas formas de identificación podían ser ve-rificadas repetidamente en diversos sitios, ya que el plan del reconocimiento indicaba la ve-rificación de todos los sitios que pudieran ser localizados. Como el estudio de los fragmentos colectados está siendo llevado a cabo todavía, muchos puntos ahora dudosos, serán aclarados en su oportunidad.
La cerámica más antigua encontrada en Chincha consiste en un tipo con muchas ca-racterísticas de la cerámica Paracas Cavernas. Esta situación sugiere una similaridad con los niveles inferiores de las excavaciones de Lan-ning en Jahuay, al Norte del valle de Chincha. Los tipos Paracas Cavernas, incluyendo la pin-tura post-cocción y la decoración en negativo, cerámica simple con marcas conspicuas de pu-limento, ollas con bordes simples y engrosados y ceramios con el gollete típico de Cavernas fueron encontrados en varios sitios. El tipo principal con decoración que pudo ser identi-ficado como siguiendo los materiales tipo Ca-vernas, a pesar de que no necesariamente en forma inmediata, está caracterizado por open gambreled bowls con un diseño de líneas diago-nales rojas y blancas sobre un fondo negro en la parte exterior de los bordes. La pintura es del tipo pre-cocción. Algunas de estas vasijas presentan complejos diseños en sus interiores, pero ninguno de los fragmentos son suficiente-mente grande para poder identificar los dise-ños. Este tipo es único para el área y han sido encontrados solo en Chincha, Nasca y, por lo menos en pequeñas cantidades en Cañete. La forma y la combinación de los colores ocurren en estilo Nasca, en sus fases más antiguas. La evidencia para fijar la antigüedad de este tipo consiste en el hecho de que se presenta asocia-do en los basurales con cerámica simple muy similar a la del tipo Paracas Cavernas; es, por lo tanto, poco probable que estén muy sepa-rados en función del tiempo. También están asociados con una cerámica muy fina, mono-croma, de engobe color naranja, presentándo-se mayormente en forma de vasijas gambreled las cuales se extienden por los menos hasta las fases postreras del Paracas Cavernas, y que son reminiscentes en calidad con la cerámica tipo Necrópolis. Los tipos Necrópolis puros no han sido claramente aislados, a pesar de que han hallado fragmentos tipo post-Cavernas, tales
como vasijas con interiores en negro ahumado y pulimentados, así como también en “patrón bruñido” (pattern burnished) o con diseños de-corados con estilos (styllus decorated). Ninguno de los tipos decorados post-Cavernas encon-trados por Strong en Nasca –diseños incisos combinados con pinturas pre-cocción– pudie-ron ser encontrados, pero este tipo tampoco ha podido ser hallado en Ica o en Pisco.
El estilo que aparece siguiendo directamen-te a esdirectamen-te tipo rojo y blanco sobre negro, está caracterizado por open gambreled bowls más profundos que los tipos anteriores, decorados en su parte externa por medio de líneas diago-nales negras y blancas sobre un fondo natural naranja. Los interiores son de color rojo en los costados con un diseño circular blanco en la base o fondo de la vasija, o también completa-mente blanco con un diseño pintado alrededor de la parte interna de los bordes. Tales diseños son pintados en rojo y negro, algunas veces se añade el naranja y el gris. A parte de la simila-ridad en la forma y en las bandas diagonales, la evidencia de que este tipo es cronológicamen-te el siguiencronológicamen-te nos lo proporciona el hecho de que los diseños han sido fijados como las fases 2 y 3 del estilo Nasca en las series estilísticas de Dawson, así como las combinaciones de colores que corresponden al Nasca Temprano (Early Nazca) de Strong. Debe, por lo tanto, estar muy próximo en tiempo con el rojo y el blanco sobre negro, tipo post-Cavernas. Está claramente aislado de tipos más tempranos en los depósitos de basura y ocurre, o se presenta, con diferentes tipos de cerámica simple.
Con respecto a sus relaciones con los esti-los Nasca, deberá señalarse que las líneas dia-gonales en el exterior de las vasijas no ocurre, que yo sepa, ni en el valle de Ica ni en el valle de Nasca. Por el momento me referiré a este tipo en el sentido del Nasca Temprano (Early Nazca) de Strong, a pesar de que los dos tipos no son idénticos.
Siguiendo a este tipo hemos encontrado fragmentos en Chincha de los estilos Nasca B e Y, o se de los estilos Nasca Último y Huaca Loro de Strong. No hay indicios de mucha va-riación local en estos estilos, esto es, que pa-recen ser muy similares a la cerámica de los valles al sur.
Museo de Arqueología y Etnología - UNMSM Evidencias de cerámica del estilo
Tiahua-nacoide, o el Horizonte Medio, están confina-das a unos pocos fragmentos encontrados en lo que parece ser un pequeño grupo de tumbas profanadas. La falta de mucha evidencia para estos tipos también ha sido encontrada por Stumer en el valle de Cañete.
Esta situación es difícil de explicar tenien-do en cuenta la amplia difusión de estos tipos en la costa peruana. La ausencia de las cerámi-cas Tiahuanacoides clásicerámi-cas de la Costa podría deberse a que no se han encontrado todavía cementerios en Chincha en este periodo, o de los anteriores, ya sea por arqueólogos o por huaqueros. Este tipo nunca es frecuente en los depósitos de basura. Lo mismo no puede de-cirse, sin embargo, de los fragmentos del estilo Epigonal.
Los estilos cerámicos tardíos fueron aisla-dos en los lotes de tumbas por Uhle. Consisten del estilo Chincha Tardío I, el que está íntima-mente relacionado con los estilos tardíos del valle de Ica, específicamente en las fases Soni-che y Tajaraca determinadas por Riddell. Las similitudes más notables se presentan en los así llamados “diseños textiles” y en las vasijas de bordes biselado (beveled lip bowls). Sin embar-go, se pueden identificar varias características locales.
Chincha y las formas de jarra alargadas de este periodo, no están relacionadas con Ica sino con el estilo postrero de Cañete. En el estilo Chincha Tardío II, las características compartidas con el valle de Ica tienden a des-aparecer, en cambio, la influencia Inca se hace evidente. También aparecen ejemplares en el más puro estilo Inca, así como réplicas muy próximas a ese estilo.
Tomando ahora otro aspecto de la arqueo-logía del valle de Chincha puede observarse que la variedad de tipos de adobe presentan indicios adicionales para fijar las fechas de los sitios. También se hacen de considerable im-portancia en aquellos sitios con diversos pe-riodos de ocupación y en donde es de mucho interés determinar la fase particular de ocupa-ción a la cual se podría atribuir una porocupa-ción particular de arquitectura.
El tipo más temprano de arquitectura con-siste en paredes de adobe en la forma de un grano de maíz, o en forma de cuña; estos ado-bes colocados sobre sus costados. Tales paredes se presentan solas. Posiblemente como paredes de casas, así como también como paredes de terrazas para montículos ceremoniales, en cuyo caso la mayor parte del montículo está compuesto por relleno de toscos adobes irre-gulares. Adobes en forma de cuña han sido hallados en directa asociación con basura Pa-racas Cavernas. En cierto sitio un depósito de basura con fragmentos del tipo Rojo y Blanco sobre Negro, post-Cavernas, se ha acumulado contra el costado de un montículo de este tipo de adobe. Por lo tanto, el tipo parece ser que comienza en el periodo Cavernas y que ha du-rado hasta las primeras influencias del estilo Nasca, a pesar que el uso de un relleno de ado-bes irregulares que tenga precisamente la mis-ma duración, es muy difícil de determinar. El tipo de fragmento Rojo y Blanco sobre Negro es encontrado en asociación con los adobes hemisféricos, los cuales son usados solamente para paredes, y nunca para construcciones ma-sivas y sólidas.
El tipo que fue usado para montículos, y que sigue cronológicamente a los tipos de cuña horizontal y a los de forma irregular, es también en forma de cuña, pero más estrecho en su forma y es usado verticalmente, con la base hacia abajo. Los montículos son construi-dos sólidamente de este tipo por un proceso de eliminación, este tipo puede ser correla-cionado con el tipo cerámico Rojo y Blanco sobre Negro o con los comienzos del Nasca Temprano de Strong. El tipo Nazca Temprano, así como los tipos de estilo Nasca subsiguientes están asociados con los adobes semicilíndricos. Debería ser posible en el futuro distinguir cro-nológicamente subtipos específicos dentro de este periodo. Los subtipos anotados incluyen un verdadero semicilindro, un arco parabólico y uno con la parte superior cóncava o en forma de medio carrete (half spool type).
En el periodo post-Tiahuanacoide u Ho-rizonte Medio, toda la construcción es de barro sólido o tapia. Sin embargo, al tiempo de la ocupación Inca fueron introducidos los grandes adobes rectangulares. La construc-ción Inca edificada en la huaca principal de La
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Centinela y que es identificable por los nichos trapezoidales y las puertas de doble jamba, está construida completamente de adobes rectan-gulares, incluyendo las paredes de las terrazas. Este el único sitio en el que se presenta un uso tan completo de adobes rectangulares. Este tipo ocurre, sin embargo, en pequeñas canti-dades, en algunos otros lugares, normalmente asociado con fragmentos de cerámica Inca. La Centinela de San Pedro muestra la interesan-te caracinteresan-terística de presentar varias hiladas de adobes rectangulares usadas como cimientos para las paredes de tapia.
En todos los periodos se utilizó un enlucido de barro para cubrir las superficies de las pare-des y terrazas. Las parepare-des con pintura amarilla ocurren en asociación con los adobes semici-líndricos del periodo Nasca y paredes blancas algunas veces en los edificios tardíos.
La construcción Inca en La Centinela tie-ne pintados patie-neles con diseños en las paredes como ha sido reportado por el Dr. Uhle. Una nueva e interesante característica es la ocu-rrencia de una pared en la huaca de La Centi-nela propiamente dicha, y que corresponde al periodo tardío de Chincha, la cual está deco-rada en un friso idéntico en técnica a aquellos de Chanchan, pero con típicos diseños de la Costa Sur. Se deberá mencionar ahora que el uso arquitectónico de la piedra ocurre en casi todos los periodos. En muchos casos parece ha-ber sido usada como sustituto de los adobes en aquellos lugares en donde la piedra podía con-seguirse con facilidad; en otros casos esto era, aparentemente, una cuestión de gusto el que se usara piedra o adobe. El único caso de un uso amplio de la piedra para habitaciones ocurre en un grupo de sitios en la parte superior del borde de la meseta que domina la parte superior del valle, cerca de El Carmen. El mayor de estos si-tios muestra un amplio uso de las piedras del campo en la construcción de paredes, a pesar de que también se usa los adobes hemisféricos. La basura asociada contiene fragmentos del tipo Rojo y Blanco sobre Negro de la cerámi-ca Temprana Nascerámi-ca. En otros sitios del periodo Nazca, la abundancia de cantos rodados de río, sugiere que eran usados para algún propósito arquitectónico, pero no pudimos notar que se hicieran paredes con ellos. En los periodos tar-díos, se usaban cantos rodados de río y piedras
del campo en la construcción de tumbas del periodo tardío Chincha, como revestimiento de las cámaras cúbicas subterráneas que han sido construidas sobre las verdaderas cámaras fune-rarias. Los mismos materiales fueron usados en el periodo incaico para la construcción de tum-bas rectangulares semi-subterráneas parecidas a chullpas y que ocurren al lado de estructuras idénticas hechas de tapia.
En base a las fechas que hemos asignado a los diversos sitios es posible fijar algunas con-clusiones con respecto al plan o patrón de asentamientos (settlement patterns) en el valle. Un gran número de asientos tempranos son claramente ceremoniales, de acuerdo con la presencia de grandes montículos sólidos. Estos sitios tienen casi siempre basura de ocupación acumulada a sus costados, en tal forma que es lógico esperar que haya habido algún tipo de habitación en estos sitios. Los sitios de habita-ción pura de este periodo son raros, y aquellos que existen no muestran indicaciones super-ficiales del plan de habitación. Sin embargo, cualquier sitio relativamente llano o bajo en el piso del valle debería estar actualmente des-truido. La única excepción es la de un sitio previamente mencionado como existente en el borde del desierto que domina el valle, que muestra un área de 500 por 250 m cubiertos de cuartos contiguos de varios tamaños, con una gran plaza cerca de su centro. A este sitio se le ha fijado una contemporaneidad con el Nazca Temprano de acuerdo con los fragmentos y los adobes asociados. El sitio sugiere fuertemente un plan o patrón de asentamiento del tipo de una pequeña ciudad, lo cual es realmente algo extraordinario para un periodo tan temprano, y que pudiera ser comparado con las ciudades amuralladas del periodo Nasca, tales como las de Tambo Viejo en Acarí. Volviendo a la ar-quitectura ceremonial, existen cinco grandes montículos de construcción de adobes del tipo cuña e irregulares, y que, por lo tanto, pue-den ser atribuidos al periodo entre Cavernas y Nasca Temprano. Los montículos promedian de 10 a 12 m de altura y presentan área sobre la superficie, en forma rectangular, de 150 x 80 m. Todos están orientados de Este a Oeste, con el extremo más alto al Oeste, y que bajan en dos o tres terrazas hacia el Este. En perio-dos subsiguientes pre-Tiahuanacoides, existen solo pocos montículos de igual tamaño,
aun-Museo de Arqueología y Etnología - UNMSM que hay varios de más pequeñas dimensiones.
En los periodos tardíos, todos los sitios se pre-sentan en forma de montículos, pero varios de estos, que han sido profusamente cortados por las actividades de los hacendados locales, muestran basura de ocupación y paredes en to-dos los niveles, así que muchos de estos mon-tículos son sitios de habitación puros, cons-truidos hasta alturas de consideración durante periodos prolongados de ocupación. En base a la regularidad del plan de asentamiento, o a la monumentalidad de la arquitectura, unos pocos sitios tardíos pueden ser clasificados como ceremoniales, entre ellos tenemos La Centinela (de Tambo de Mora), La Centinela de San Pedro y la Huaca de Tambo de Mora. En la mayor parte de otros casos será imposi-ble determinar la función de los montículos, a menos que no se hagan excavaciones. Treinta o cuarenta montículos del periodo tardío, de diversos tamaños, ocurren en diversos lugares del valle; éstos están aislados o se presentan en pequeños grupos de dos a cuatro unidades, sin embargo, existen cinco grupos concentra-dos de diez o más montículos que pudieran ser clasificados como pequeños centros urbanos, a pesar de que carecen de una planificación central. Por lo tanto, parece ser que ambos si-tios de habitación, centralizados y descentra-lizados, coexistieron durante estos periodos, ya que no existen indicaciones de diferencias cronológicas entre ellos.
Como último tópico, debemos decir algu-nas pocas palabras referentes a la distribución de los sitios dentro del valle. Primero, la mayo-ría de los sitios se encuentran localizados en el piso del valle. Aquellos que quedan fuera del área cultivada no están lejos de ella. No se ha localizado sitios dentro de las pampas hacia el sur ni hacia el norte.
La mayoría de la ocupación Cavernas cae hacia el sur del brazo sur del río, y todos ellos a menos de tres kilómetros de distancia del océano; tres sitios adicionales ocurren hacia el norte, todos dentro de la misma distancia con respecto al océano. Los dos sitios ocurren tierra adentro, sobre el borde de la pampa, son posiblemente cementerios.
En los periodos posteriores, pre-Tiahua-nacoide, el centro de ocupación se desplaza
gradualmente valle arriba, a lo largo del río, a pesar de que la ocupación continuaba en las áreas bajas. Los sitios post-Tiahuanacoides es-tán dispersos a través de todo el valle. La ocu-pación del periodo Inca, a base de la distribu-ción de los adobes rectangulares, parece estar centrada alrededor de La Centinela de Tambo de Mora y de La Centinela de San Pedro.
Los resultados del recorrido del valle de Chincha han mostrado, según creemos, la va-lidez del plan original de recorridos extensos. A base de estas investigaciones y utilizando el conocimiento que tenemos de otras áreas, se hace posible delinear la historia cultural del valle y estimar así las relaciones externas. Es posible ahora indicar los puntos sobre los que se deberá concentrar la atención en el caso de que se puedan hacer excavaciones de en-vergadura, así como también en lo referente a aquellos lugares en que las excavaciones no serían de gran provecho. La cuestión de las relaciones externas del valle de Chincha, que era una de las tareas principales del proyecto, podrá ser sumarizada como indicando una co-nexión básica con el área hacia el Sur, en todos los periodos, a pesar de que las variaciones lo-cales distantes, al menos en los estilos cerámi-cos, fueron desarrollados en los periodos post-Cavernas al Nasca Temprano y, de nuevo, en el periodo Chincha Tardío. La única excepción apreciable se encuentra en las relaciones en-tre Chincha y Cañete en el periodo Chincha Tardío.
Debemos esperar que se arroje más luz sobre estas cuestiones como resultado del re-corrido del valle de Pisco, que se iniciará en breve plazo, así como por las excavaciones que se llevarán a cabo en las fases subsiguientes del proyecto. El total de los 108 sitios que hubie-ron de ser localizados en el valle de Chincha sugiere la gran riqueza de datos arqueológicos a colectarse, realizando otros trabajos en el área.
TRABAJO DE CAMPO EN LA COSTA SUR DEL PERÚ
Dwight Wallace
El plan del Proyecto Arqueológico Fulbright ha sido trabajar en áreas no estudiadas de la Costa Peruana, a fin de relacionarlas con se-cuencias conocidas de las áreas costaneras del norte, centro y sur; de manera que puedan co-rrelacionarse estas secuencias entre sí. El tra-bajo fue organizado a manera de un estudio de conjunto que delinearía las secuencias arqueo-lógicas por medio de un trabajo más intensivo, incluyendo excavaciones.
Resolví comenzar el trabajo en el centro mismo de la costa sur-central y trabajar en di-rección sur hacia el área Ica-Nasca. Esto fue previsto para coincidir con el trabajo de Stu-mer, que debería comenzar en el siguiente va-lle al Norte y continuar en la misma dirección hasta el valle del Rímac.
Por consiguiente, se comenzó el trabajo en el valle de Chincha continuando en Pisco el siguiente valle hacia el sur.
El único trabajo significativo previamente hecho en estos valles fue el de Max Uhle en Chincha, publicado en 1924 por Kroeber; y el de Engel en Pisco, publicado en American An-tiquity en 1957. El trabajo de Uhle determinó los periodos de estilos cerámicos Inca y el in-mediatamente anterior a éste (Chincha Tardío I) basado en agrupaciones de tumbas. En Pisco,
Engel encontró cerámica Paracas y Nascoide cerca del yacimiento arqueológico de Tambo Colorado. La arquitectura de este interesante yacimiento ha sido también descrita y fotogra-fiada en las publicaciones de varios autores.
Con la ayuda de fotografías aéreas se hizo un reconocimiento sistemático de los yaci-mientos de Chincha y Pisco. Se localizaron 110 yacimientos arqueológicos en Chincha; y 104 en Pisco. Todos los datos relativos a estos yacimientos fueron apuntados en formularios preparados, las colecciones de fragmentos de cerámica y otros materiales pertinentes fueron hechos para cada yacimiento y los yacimientos mismos fueron ubicados en mapas a escala de 1/40000, mostrando las vías de acceso y otras informaciones para facilitar su reubicación. Es-tos mapas fueron especialmente dibujados de las fotografías aéreas, ya que no existían mapas apropiados a la escala necesaria.
A medida que progresaba el reconocimien-to, se hizo evidente que las relaciones cultura-les de los valcultura-les de Chincha y Pisco se encon-traban principalmente hacia el Sur, particular-mente en el valle de Ica, Fue posible, por consi-guiente, usar nuestros conocimientos sobre las relaciones cronológicas de la cerámica en Ica para poder agrupar los diferentes tipos de cerá-mica hallados en Chincha y Pisco, en su orden
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cronológico. Con esta secuencia basada en la cerámica, fue posible construir secuencias para métodos de construcción, patrones de pobla-miento y otros rasgos de la arqueología.
Hasta este punto los conocimientos obte-nidos sobre Chincha y Pisco, resultaron a me-nudo ser más completos, aunque menos deta-llados que los datos anteriores que se puedan obtener de los valles de Ica y Nasca. Por ello creí conveniente permanecer algún tiempo en Ica, ya que podía ampliar los datos requeridos. Este trabajo todavía continúa. Se han agregado 30 nuevos yacimientos a los aproximadamen-te 60 que habían sido anotados anaproximadamen-teriormenaproximadamen-te por Rowe, Menzel, Strong y Dawson, los yaci-mientos más antiguos están en proceso de ser revisados nuevamente, si es necesario. Se han hecho formularios de informes y colecciones de fragmentos de cerámica para todos estos yacimientos, y han sido anotados en el mapa a escala 1/40000 previamente dibujados por Rowe. El resultado será un juego de datos para Ica que es comparable al obtenido en Chin-cha y Pisco. Los datos y las colecciones estarán permanentemente accesibles en el Museo de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en Lima.
Además del trabajo de reconocimiento, se han hecho algunas excavaciones con el objeto de aclarar interrogantes de importancia que el reconocimiento dio a luz. Dos excavaciones fueron hechas en Chincha y una está todavía en realización en Ica. Una en cada valle. Es un corte estratigráfico de basurales, la tercera, en Chincha, resultó no tener una estratigra-fía cultural, pero si ha brindado una excelente muestra de cerámica. Todas las excavaciones están hechas en basurales de Paracas.
Para delinear las secuencias de cerámi-ca del área, la más temprana conocida hasta ahora ha sido encontrada en las excavaciones hechas en Chincha y en Ica. La decoración consiste en dibujos geométricos simples en in-cisiones poco profundas, círculos estampados e incisos, líneas cóncavas estampadas en for-ma zonada (zoned rocker stamping) y también dibujos geométricos simples en pintura post-cocción. Las vasijas están cocidas a fuego bajo y las superficies son negras o marrón oscuro. Una forma decorada característica, es una
va-sija de costados rectos, con bordes inclinados y/o ligeramente ensanchados. Las unidades de estos dos yacimientos comparten muchos ras-gos, pero también difieren en muchos otros. El estilo general tiene muchas similitudes con las cerámica chavinoide de la costa central. Las unidades de Ica carecen de incisiones en zig-zag estampadas (rocker stamping), pero en cam-bio tiene dibujos en negativo y la combinación de pintura e incisión del estilo Paracas. Por consiguiente, está más cercano a dicho estilo y en realidad yace directamente debajo de los basurales de Paracas Temprano; e indicaría que se trata del antecedente del estilo Paracas.
Para el estilo Paracas, hay una colección proveniente tanto de Chincha como de Pisco, que es suficientemente grande, de manera que se puede establecer una comparación con las diferentes fases que han sido distinguidas den-tro del estilo Paracas en Ica. Las dos unidades son generalmente similares; no es exactamen-te igual a la cerámica Paracas de Ica, pero tipo-lógicamente podrían ser seriadas entre Paracas Temprano y Paracas Tardío. Alternativamente podrían representar una variación local. Una de las características notables es la frecuente combinación del negativo o inciso con pintura post-cocción en la misma vasija.
En el periodo siguiente, equivalente al Pro-to Nasca de Strong o al Nasca I de Dawson, parece haber habido diferentes locales entre las áreas de Nasca-Ica y Chincha-Pisco. En la última ocurre un estilo que consiste princi-palmente en una cerámica delgada, pulida de color anaranjado y sin decoración. Los tipos relativamente raros con decoración incluyen bruñido de molde, engobe crema, puntuación interior y ocasionalmente un engobado rojo e inciso exterior. Se pueden aislar dos fases den-tro del estilo. Han sido denominados Chungos A y B, de la localidad tipo en el valle de Pisco. Las características principales que distinguen a estas dos fases, es la ocurrencia de dos tipos de vasijas en Chungos B, una vasija o plato de bordes en ángulo.
Chungos A comparte muchas característi-cas con el estilo Jahuay, descubierto por Lan-ning a 20 km al Norte de Chincha, cuando puede ser convenientemente definido, Chun-gos A parece ser idéntico al estilo Jahuay.
Museo de Arqueología y Etnología - UNMSM Chungos B está aislado en varios yacimientos
del valle de Pisco y puede ser bien definido. El estilo Chungos en general, es similar a lo que se conoce como estilo Necrópolis. Como se ha definido el estilo ocurre también en el valle de Chincha, asimismo ocurre en Ica pero allí está asociado a tipo engobado con decoración inci-sa en el contorno, característico del tipo Nasca I y Proto Nasca de Dawson y Strong respecti-vamente, así como otros tipos decorados, no encontrados en Pisco o en Chincha.
El siguiente estilo de cerámica encontrado en Chincha y Pisco es policroma, de estilo en-gobado. El yacimiento tipo es El Carmen, en Chincha. El rasgo más característico son líneas diagonales de color rojo y blanco, alternado en una base negra en los exteriores de un plato con paredes en ángulo, bajas (gambreled). Un tipo de decoración muy similar por su forma al Chun-gos B con el exterior completamente negro y el interior completamente rojo, (solid black...) es temprano dentro del estilo en general; puede probar que sea exclusivamente anterior a la ce-rámica con dibujos pintados o alternativamen-te, asociado con el estilo policromo en sus fases más tempranas. La decoración en este estilo in-cluye dibujos geométricos policromados y dibu-jos representativos, en negro, rojo, púrpura, rojo naranja y algunas veces gris en un fondo negro. Vasijas de tipo abierto son las formas decoradas más comunes. El estilo tiene varios rasgos simi-lares con la cerámica de Ica y Nasca, específica-mente con Nasca 2 de Dawson.
El rasgo más característico de el estilo si-guiente: La Estrella, son vasijas abiertas con líneas diagonales de color blanco alternando con negro con un fondo oxidado, no engoba-do, en los exteriores. Los interiores de las vasi-jas de esta forma y las superficies decoradas de las otras formas de este tipo tienen un engobe blanco, con dibujos geométricos y dibujos re-presentativos en negro, rojo púrpura, rojo na-ranja y algunas veces dibujos de pigmentos gri-ses. Zonas con engobe rojo sin dibujos también ocurres. Este estilo comparte varios rasgos con los estilos Nasca Temprano y Nasca Medio de Strong y también con Nasca 3 y 4 de Dawson.
Para las fases posteriores del estilo Nasca la cerámica de Pisco y Chincha parece ser muy similar a la encontrada en Ica y Nasca.
En general, los rasgos locales que distin-guen los estilos El Carmen y La Estrella de las fases correspondientes del estilo Nasca, se encuentran con mayor fuerza en Chincha, ocurren con bastante frecuencia en Pisco, son raros en Ica, y puede no ocurrir en absoluto en Nasca. Contrariamente, rasgos que carac-terizan al estilo Nasca tal como es encontrado en Nasca e Ica, se encuentran más frecuente-mente en Pisco que en Chincha. Por añadidu-ra, las similitudes se vuelven más específicas y más frecuentes en Chincha y Pisco, en las fases tardías del estilo Nasca.
El Periodo Medio, en cierto modo, parece corresponden a una laguna, tanto en el valle de Chincha como en el de Pisco. Uhle reco-lectó un poco de cerámica de estilo Wari puro, en la parte alta del valle de Pisco y Lanning ha encontrado algunas tumbas del mismo estilo en Jahuay. A pesar de ello, no se ha encontra-do arquitectura o restos de habitación que pu-dieran ser identificados con este periodo. Los únicos fragmentos de cerámica pertenecientes a este periodo que fueron encontrados en am-bos valles son unos fragmentos Epigonales de unas tumbas removidas en Chincha. Este va-cío puede ser explicado, por lo menos en parte, por la existencia de algún factor que pudiera ser difícil la localización e identificación de los yacimientos de este periodo. Sin embar-go, la reciente teoría de Lanning y Menzel de que habían dos centros distintos de influencia Wari, en Pachacamac y en Nasca, sugiere que la situación se puede interpretar como evi-denciado una ligera influencia en las áreas in-termedias, que incluirían Chincha y Pisco. Es significativo anotar que la falta de influencia Wari ha sido también encontrada en Cañete, el valle siguiente al Norte de Chincha.
Sin embargo, hay algunas indicaciones de que un estilo local relacionado existió en el área durante ese periodo.
En los periodos Intermedio Tardío, Tardío y Colonial Temprano, la cerámica de Chincha y Pisco es distinguible. La secuencia en Pisco si-gue a la de Ica, sin diferencias locales, excepto alguna marcada influencia de Chincha, que la que se encuentra en Ica. Esta secuencia inclu-ye los estilos Chulpaca, Soniche, Tacaraca A y Tacaraca B identificados por Menzel (ms). En
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Chincha la situación es menos clara. Las tum-bas Chulpaca y Soniche existen en Chincha, pero tampoco en la cantidad o asociaciones que podrían indicar que estos fueron estilos dominantes en el valle. Sin embargo, los es-tilos locales correspondientes no han sido to-davía claramente identificados, desde que las colecciones de superficie para este periodo son pocas y en pequeña cantidad. En contraste, es-tán los lotes de tumbas excavados por Uhle, así como varias colecciones superficiales de frag-mentos de cerámica, de las cuales se pueden definir los estilos más recientes. El primero de estos, el Chincha Tardío de Kroeber y Strong, ha sido colocado por Menzel como contempo-ráneo con una fase de estilo transicional entre los estilos de Soniche y Tacaraca A y por ello inmediatamente preinca en fecha. El estilo muestra fuertes influencias tanto de Ica como de Cañete, pero también tienen ciertos rasgos propios. El estilo de cerámica siguiente, del pe-riodo de la ocupación Inca del Valle, es distin-ta del estilo previo y distin-también de los estilos con-temporáneos de los valles adyacentes. Aparen-temente este estilo persistió en los principios del periodo Colonial Chincha. Fragmentos de cerámica de trueque de Inca, de estos estilos Tacaraca A (Inca) y Tacaraca B (resurgimien-to local, post-conquista) ocurren también con alguna frecuencia.
Para volver a otros materiales referiremos que una secuencia de construcción de muros de adobe ha sido estudiada para Chincha, en base a la cerámica asociada. Hay un tipo de adobe, que llamo tipo “cuña horizontal”, que presenta la forma de un grano de maíz y des-cansa de costado con una parte plana hacia afuera y está asociado con la cerámica de es-tilo Paracas. Es usado para cubrir paredes, con un relleno de terrones de adobe de tamaño de una toronja a un melón. El siguiente tipo es también en forma de cuña, pero más apla-nado, largo, ancho y colocado verticalmente, descansando en un costado de tope aplanado –el tipo “cuña vertical”–. Es usado en masas sólidas, no exactamente para cubrir paredes como el tipo anterior. Aparentemente distinto y posterior en tiempo que el adobe tipo “cuña vertical”, es el adobe hemisférico; usado con la base hacia abajo y solamente en paredes sin techo. Este está definitivamente asociado con la cerámica de estilo El Carmen. Siguiendo a
este tipo hay una forma semicilíndrica (de base rectangular, la parte superior curva, extremos semicirculares) que, con varios subtipos, es la firma asociada con los varios subestilos tardíos de Nasca, hasta el fin de este estilo general. La construcción en el periodo Intermedio Tar-dío es de tapia, barro sólido, probablemente en forma vaciada. Los adobes vuelven a aparecer en asociación con la ocupación Inca, de forma rectangular grande, hecho con molde.
Más o menos la misma secuencia de ado-bes se aplica al valle de Pisco. Por lo menos se han encontrado los tipos hemisféricos y se-micilíndricos, asociados a la misma cerámica que en Chincha. Ha sido más difícil observar la forma de adobe en Pisco, dada la naturaleza y condición de los yacimientos. Pero también se observa que hubo un mayor uso de la pie-dra, particularmente en las áreas en que las hay en abundancia. Esto es especialmente ve-rídico para los yacimientos de Chungos y Nas-ca Temprano; además, uno de los principales yacimientos Inca en el valle, está construido con piedras del campo. Una nueva clase de adobe fue observada en Pisco, de forma larga y cónica, variando de 1 a 2 pies de longitud, descansando con el extremo aplanado hacia la cara de la pared.
La secuencia a base de formas de adobe en Chincha es en general similar a lo que se cono-ce hasta la fecha en Inca; algunas formas son idénticas, otras solo análogas. Las asociaciones con la cerámica son generalmente las mismas, con respecto a este periodo.
Son de gran interés los tipos de estructura para estos métodos de construcción y los pa-trones generales de población, para los cuales estos métodos de construcción son usados. Los tipos de adobe de “cuña horizontal” y terrones irregulares ocurren en grandes montículos sóli-dos, de los cuales hay cinco en Chincha, todos orientados en una línea Este-Oeste y con la misma forma. El fechado de estos yacimientos no puede ser posterior a la cerámica de estilo Chungos y más parece ser Paracas. Los montí-culos con indudablemente función ceremonia; las habitaciones parecen haber sido bastante pequeñas, la población dispersa. En Chincha el tipo de adobe de “cuña vertical” es usado para un tipo idéntico de montículo ceremonial
Museo de Arqueología y Etnología - UNMSM al mencionado anteriormente, y
probablemen-te perprobablemen-tenezca aproximadamenprobablemen-te al periodo de la cerámica estilo Chungos. Sin embargo, el yacimiento tipo de Chungos que está situado en Pisco, consiste de dos grandes estructuras rectangulares, subdivididos uniformemente en recintos rectangulares y demasiado grandes para ser llamados cuartos.
Las dos estructuras están construidas sobre suaves elevaciones, y la depresión entre for-ma más o menos una plaza. El yacimiento fue, obviamente, el resultado de un planeamiento completo, y ha sido probablemente un centro ceremonial o administrativo. Hay un sitio si-milar de este periodo en Cabeza Larga, cerca del yacimiento de Paracas Cavernas, son restos de habitaciones, pero las estructuras son más pequeñas y de un planeamiento menos regular que el yacimiento de Chungos.
Asociada con la cerámica de estilo El Car-men, hay poblaciones bastante grandes que consisten de cuartos contiguos de varias for-mas y tamaños; no se distinguen calles rectas, pero las ciudades tenían una o más plazas entre ellas. Hay tres de estas ciudades en Chincha y Pisco, para las cuales los planos están todavía muy bien preservados.
Ningún yacimiento que pueda clasificarse como ceremonial ha sido identificado para este periodo, ni tampoco hay muchos para las si-guientes fases de Nasca. En suma, los yacimien-tos de estas fases son difíciles de interpretar con respecto a su función y tipo de población.
En el periodo Intermedio Tardío el tipo bá-sico es un montículo levantado en varias fases sucesivas de construcción, alcanzando los mis-mos, alturas considerables. Estos montículos están cubiertos con habitaciones, terrazas y patios, distribuidos más o menos al azar. Ocu-rren aislados (en este caso, son generalmente de tamaño pequeño) y en grupos de tres o cua-tro. Además, hay cinco grupos separados en Chincha en número de veinte o más montí-culos. La disposición de estos montículos no tiene un orden discernible, y pueden estar uno al lado del otro o distanciados entre sí, a dis-tancias variables. Generalmente un montículo puede ser identificado como un centro cere-monial especial o un centro administrativo. En
suma, se puede clasificar a este tipo de yaci-miento como un centro urbano, junto con las ciudades Nasca más tempranas.
Este patrón general persistió durante el pe-riodo Colonial Temprano y Tardío. Solo dos si-tios se pueden clasificar como de construcción pura o mayormente Inca: Tambo Colorado y Lima La Vieja, ambas en el valle de Pisco. En Chincha, las construcciones Inca se sumaron a los yacimientos existentes, incluyendo un “pa-lacio” edificado en una de las plataformas del montículo ceremonial de La Centinela, que es parte de un centro urbano. Un sistema de carreteras conectaba los dos centros de admi-nistración Inca en el valle, incluyendo una que llevaba directamente al centro Inca en el valle de Pisco.
Un detalle adicional de interés es que exis-ten frisos de adobe en algunos yacimientos del periodo Intermedio Tardío. Son muy similares a aquellas de la costa Norte en técnica y dibu-jos geométricos que llenas la superficie, pero los motivos específicos son diferentes.
Los aportes que el trabajo hecho en los va-lles de Chincha, Pisco e Inca han dado a la his-toria general de la cultura del área de la Costa Sur, son de considerable interés. Para resaltar lo más importante, la identificación de la cerá-mica más temprana conocida, relacionándola cercanamente al Chavinoide de la Costa Cen-tral y anterior al estilo local de Paracas, indican que las influencias que dominaron gran parte del Perú en este periodo, también se extendie-ron hasta la Costa Sur, con fuerza considerable e indudablemente formaron parte del desarro-llo de los posteriores. Parece haber habido una mayor uniformidad aún, en el desarrollo cultu-ral del Perú que el que se había sospechado.
La mayoría de los estilos posteriores fue-ron básicamente locales, pero, comenzando con el estilo Paracas, el grado de localidad no fue muy restringido. En la parte restante del periodo Temprano y en todo el periodo Inter-medio Temprano, la uniformidad de la cerá-mica y otros patrones culturales se extendió a lo largo de una gran área, comprendiendo los valles de Chincha, Pisco, Ica, Nasca y, para el estilo Nasca, Acarí. Además, la existencia de grandes estructuras ceremoniales que datan
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desde temprano en este periodo, implican un sistema social y religioso más organizado que el que previamente se había pensado. Siguien-do a éstas, la presencia de centros urbanos en el periodo Intermedio Temprano contradice la teoría de que este tipo de población fue in-troducido en la Costa en una fecha posterior; estas son las poblaciones más tempranas en el Perú que caben dentro de las clasificaciones de centros urbanos (específicamente estable-cimientos urbanos), y ocurren desde Chincha hasta Acarí.
Parece haber habido menos independencia local dentro del área de la Costa Sur en el pe-riodo Intermedio Temprano que en el pepe-riodo Intermedio Tardío, para el cual tenemos evi-dencias históricas de que Chincha, Ica (junto con Pisco) y Nasca fueron políticamente inde-pendientes. En el periodo Intermedio Tardío, el cuadro para toda el área es de rasgos locales
distinguibles, además de una gran cantidad de interinfluencias. La influencia del estilo de ce-rámica Inca fue un fuerte factor unificador en la cerámica de toda el área, pero, por lo menos en la parte más reciente de este periodo, ha-bía una influencia de aproximadamente igual fuerza en Chincha, proveniente del valle de Cañete hacia el norte. Por ende, junto con sus rasgos locales, el valle de Chincha tiene una cierta independencia en este periodo. Sin em-bargo, hay una unidad básica dentro del área, y, excluyendo las influencias a lo largo de toda la Costa que se difundieron por toda ellas en los periodo Medio y Tardío, las influencias ex-ternas de áreas restringidas y cercanamente adyacentes. Por lo tanto, hoy se puede consi-derar, con base, a toda el área entre Chincha y Acarí, como una unidad geográfica que guardó una independencia básica y una uniformidad a través de su historia.
Tanto el Informe sobre el Reconocimiento del valle de Chincha como el presente Informe Preliminar, presentados por el Dr. Dwight T. Wallace, corresponden al Proyecto Arqueo-lógico auspiciado por la Comisión Fulbright y dirigido por el Instituto de Arqueología y Etnología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en 1957 y 1959.
LA SOLUCIÓN DEL PROBLEMA
DE LA ESCRITURA PERUANA
Victoria De La Jara
Según opinión muy difundida, tanto en el Perú como en el extranjero, las antiguas civiliza-ciones peruanas no habrían alcanzado la in-vención de las escritura. El presente artículo sostiene una tesis opuesta y afirma que los sis-temas peruanos de escritura son los más anti-guos del continente americano. El análisis del material arqueológico, las citas de los cronistas de los siglos XVI y XVII y ciertas palabras de los vocabularios quechuas antiguos, apoyan esta tesis.
Las pruebas que he recopilado han parecido convincentes a ilustres científicos extranjeros, especialistas en la materia y constituyen el inicio de un estudio que había quedado postergado en el Perú por la falta de cátedras universitarias y de investigadores consagrados al análisis de los problemas de las escrituras primitivas.
el imperiOdelOs incas
Como veremos más adelante, el uso de la es-critura fue muy anterior al imperio de los In-cas, que comienza aproximadamente en el año 1350 y termina en el año 1532 con la conquis-ta española, que debió su éxito al hecho de que el Perú estaba dividido por una sangrienta guerra civil.
Hay que recordar que el imperio incaico abarcaba, además del territorio peruano actual, tierras que hoy pertenecen a Bolivia, Ecuador, Chile y Argentina. Los conquistadores incas difundieron sus leyes, sus costumbres, su len-guaje y sus técnicas, pero supieron aprender mucho de los pueblos vencidos.
Estos pagaban un tributo y estaban incluidos en lo que hoy llamaríamos un plan general de de-sarrollo. Los chasquis (mensajeros pedestres) se alternaban para trasmitir las noticias o las órde-nes hasta las fronteras del imperio. ¿Se confiaba solamente en su memoria?, ¿No se vio el peligro de que corrieran por territorios recién conquista-dos? No lo creo. Tampoco me parece que las leyes del Cusco se aplicaran a todo el imperio sin exis-tir textos. Este problema ya preocupó al cronista Acosta, que sin embargo se encuentra entre los que han negado la existencia de la escritura pe-ruana. Acosta escribe: “...podrá con razón dudar alguno como tenían noticia de todos sus reinos, que eran muy grandes, los reyes de Méjico y del Perú; o que modo de despacho daban a negocios que ocurrían a su corte, pues no tenían letras ni escribían cartas; a esta duda se satisface con sa-ber que de palabra o por pintura o memoriales se les daba muy a menudo razón de todo cuanto se ofrecía” (Hoy sabemos que las “pinturas” mexi-canas son los diferentes sistemas de escritura que existieron en ese país).
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Para los eruditos españoles de aquellas épo-cas, solo una escritura con “letras” era una ver-dadera escritura. José de Acosta afirma que la escritura china es una “pintura” por carecer de ellas, y ahora comprendemos que fueron en el Perú los “testamentos dibujados”, la “historia pintada” y las “señales” para conocer y aplicar las leyes.
Debemos destacar que fue en el siglo XIX –al descifrarse las escrituras egipcias y de Me-sopotamia– cuando se descubrió el valor fo-nético de los jeroglíficos. Dejaron de conside-rarse “escritura simbólica” y nació en Europa la ciencia de las escrituras primitivas. Todo lo escrito antes de esta fecha debe interpretarse considerando su grave problema cronológico. Los grandes sistemas de escritura de Sumeria, Egipto, Babilonia, Asiria, Creta, el Indo, Hiti-tas, Mayas y Aztecas son como los sistemas de escritura peruanos: “escritura sin letras”. Y los inventores de las letras no son los inventores de la escritura.
Pero los limitados conocimientos de la épo-ca no impidieron que se reconociera oficial-mente el valor documental de las “pinturas” peruanas y en la Real Cédula al Presidente y Oidores de la Audiencia Real de las Provincia del Perú, de fecha 20 de diciembre de 1553, se lee: “Y demás de la información que hubiére-des de los testigos haréis traer ante vosotros cualquier pintura o tablas u otra cuenta que haya de aquel tiempo por do se pueda averi-guar lo que está dicho”. La Real Audiencia tes-tifica su conocimiento de que por las “pinturas o tablas” peruanas se podía confirmar una de-claración verbal anterior.
estudiOdel material inca
En el año 1962 inicié una investigación inte-gral de los materiales arqueológicos y textos que podían ayudar a identificar y reconstruir la escritura perdida de los Incas. Del análisis de los antiguos vocabularios quechuas y las cróni-cas surgió el dato coherente de la existencia de una escritura con signos de colores y que los tejidos sirvieron como base principal para los textos. Solo faltaba identificar estos signos con el material arqueológico.
El cronista Martín de Morúa al referirse a la forma exterior de los signos Inca dice que Atahualpa tenía: “...un signo como de escribir cuadrado los llamados ‘tocapus Inca’, son cua-drados y forman conjuntos con características de textos: falta la simetría, aspecto ‘caótico’ en conjunto, pero con ‘combinaciones medi-tadas’”. Pudimos apreciar como los mismos signos se repetían parcialmente en diferentes textos o en uno mismo, y encontramos muchas veces la “cruz atravesada” descrita por Morúa. No cabía duda, los tocapus eran los signos de la escritura Inca. (Fig. 1).
En el año 1966 pudimos estructurar el pri-mer catálogo de signos Inca. Hay en él 294 sig-nos diferentes (Figs. 2 y 3). Hasta ahora hemos registrado más de 350, pero calculamos que su número fue inferior a los 500 o 600 superando a la Cultura Maya, cuya escritura alcanzó 400 signos aproximadamente.
Los Keros con inscripciones facilitaron los primeros desciframientos de la escritura inca. El catálogo de signos de los keros, que estamos estructurando tiene ya cerca de 200 signos, a parte de las variantes de color. Más adelante nos referiremos a estos signos.
No existe notación numérica dibujada en el Imperio Inca. Esto también concuerda con los relatos de los cronistas. Bernabé Cobo ha-bla claramente del doble sistema de “quipus y pinturas”, de modo que los documentos in-cas estaban registrados en los quipus, desde el punto de vista contable y los textos con signos-palabra.
De acuerdo a las técnicas modernas, el nú-mero de signos permite determinar el tipo de escritura, de allí que los catálogos que hemos estructurado –los primeros que existen– co-bren mayor importancia y utilidad.
Al conocer el material con que habíamos trabajado, el famoso científico francés, Marcel Cohen, opinó en 1966, que “de acuerdo al nú-mero de signos y en razón de sus alineamientos sobre ciertos documentos, me parece evidente que estamos ante una verdadera escritura, qui-zá ideo-fonográfica, como la de Egipto y Meso-potamia”.
Arqueología y Sociedad 2
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