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Redalyc. Bolívar, Wilfredo

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Red de Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal

Bolívar, Wilfredo

Salutación del Señor Wilfredo Bolívar, Cronista de Araure, a Monseñor Baltazar Porras Cardozo, en nombre de la Feligresía Araureña

Boletín del Archivo Arquidiocesano de Mérida, vol. XII, núm. 30, julio-diciembre, 2008, pp. 292-295

Archivo Arquidiocesano de Mérida Mérida, Venezuela

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Página de la revista Boletín del Archivo Arquidiocesano de Mérida ISSN (Versión impresa): 1316-9173

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Archivo Arquidiocesano de Mérida Venezuela

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2008, octubre 23. Araure

Salutación del Señor Wilfredo Bolívar, Cronista de Araure, a Monseñor Baltazar Porras Cardozo, en nombre de la Feligresía Araureña.

Araure, 23 de octubre de 2008

De nuevo nos visita Monseñor Baltazar Porras Cardozo. Se ilumina nuestra esperanza y se complace nuestro espíritu.

Araure, nuestra iglesia, nuestra pequeña historia, guarda con celo célebres visitas de prelados que tuvieron una determinante influencia en los destinos humanos y provinciales. Así recibimos en 1731 la visita del Obispo José Félix Valverde, quien enseñó a los araureños orar una salve frente a ese antiguo cuadro colonial de Nuestra Señora de las Angustias; así nos visito en 1778 el Obispo don Mariano Marti dejándonos una extraordinaria crónica del templo y de la villa, así nos visitó en 1828 el combativo Obispo barines Ramón Ignacio Méndez, quien no se le enredó la lengua cuando fue necesa-rio poner a su sitio -por igual-, tanto al Libertador Simón Bolívar como a nuestro paisano José Antonio Páez; y así también nos visito el 14 de agosto de 1998, antes de convertinos en diócesis Acarigua-Araure, Mons. Leonardo Sandri, Nuncio Apostólico de Su Santidad el Papa Juan Pablo II.

Unas visitas se registran y otras permanecen en el anonimato. De las se-gundas, como monaguillo, a nuestros doce años recordamos la visita de un prelado que vino apenas acompañado solo por su chofer y se nos se identi-ficó como Arzobispo de Coro. Simplemente, pasaba por aquí de incógnito: Dígale al Padre (era el Padre Gasparini), -me dijo-, que solo vine a conocer la iglesia. Mis ojos no querían dejar de admirarla.

Esta vez, el pueblo e iglesia de Araure, con la emoción que encierran estos antiguos muros y pilares, venimos públicamente a recibir a un prelado que abriga en su corazón una particular dedicación, interés y amor por Venezue-la. Y el motivo de esa visita, compartida entre Araure y San Rafael de Onoto, está asociada a las Bodas de Plata Episcopales de Monseñor Porras. De aquí que, reunidos para dar gracias a Dios por este suceso, sea propicia esta ocasión para compartir con la feligresía de Araure una ligera semblanza de este prelado que empuña el báculo de la esperanza.

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Esto es lo que el mismo monseñor ha contado en estos días:

Tuve el deseo de ser monaguillo, cuando iba de vacaciones a visitar a mi abuela y a mi tía a Táriba. Mi papá era nativo de esa zona. Pasaba allí las vacaciones de agosto en medio de las fiestas de la Virgen de la Consolación. Mi familia y el Padre de Táriba (el Padre Nerio) y su Vicario recién ordenado, el Padre Osvaldo García tenían muy buena relación, y con él nos reuníamos muchos niños en la plaza para jugar, junto a un primo que era monaguillo. Y allí me entró ese deseo de ser monaguillo. Posteriormente me fui a estudiar a Caracas al colegio Fray Luís de León, y luego, en la escuela parroquial de Santa Teresa, en esta céntrica parroquia caraqueña donde se venera al Nazareno de San Pablo, con Monseñor Carrillo. Los domingos por la tarde, Monse-ñor Carrillo gustaba visitar el seminario Interdiocesano de Caracas, y los monaguillos le acompañábamos. Así fue como entre al Seminario. Entré en Septiembre de 1955, al concluir mis estudios de primaria. Después hice el Bachillerato y Filosofía en el Seminario Interdiocesano de Caracas.

Concluidos los estudios de bachillerato y filosofía en 1962 es enviado a la Pontificia Universidad de Salamanca, España, donde obtiene en 1966 la li-cenciatura en teología pastoral, Mención “Magna Cum laude”. Terminó muy joven sus estudios, antes de cumplir 22 años, de tal suerte que, no permitien-do entonces el Derecho Canónico la ordenación sacerpermitien-dotal antes de los 24 años, estuvo un año como Diácono en Calabozo, dando clases en el Semina-rio y apoyando la pastoral juvenil. Después del año, el 30 de julio de 1967 es ordenado sacerdote en Calabozo por Monseñor Miguel Antonio Salas. Un largo y honroso historial llena la hoja de vida de nuestro ilustre visitante, nacido el 10 de octubre de 1944 en la ciudad de Caracas, feliz coincidencia: día en que celebramos en Portuguesa, la tradición de las “Orquídeas Coromotanas” de Piritu. Nacido, decimos, en el cristiano hogar de su homó-nimo padre Baltazar Porras Porras, ya fallecido, y doña Blanca Luz Cardoso Heredia (su oración silenciosa por Venezuela) dedicada a la preocupación del mayor de ocho hermanos que se fueron criando entre San Juan de los Morros, Calabozo y Caracas. Concluida la Teología Pastoral en Madrid, en 1977, se ha desempeñado como presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar (1984-1987), Comisión Episcopal de Educación (1987-1991). Por estos y otros méritos que omitimos, por solicitud del Arzobispo de

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Mérida, Miguel Antonio Salas, se solicitó al Papa Juan Pablo II, que Monse-ñor Porras fuese ordenado Obispo Auxiliar de Mérida, responsabilidad en la que se recibió el 17 de septiembre de 1983. Y es esta fecha la que precisa-mente estamos celebrando, que le ha honrado recienteprecisa-mente en Mérida y que ahora muchos pueblos de Venezuela desean compartir con misas de acción de gracias como esta de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza y Araure.

Finalmente, el 30 de octubre de 1991 fue oficializado como el sexto Arzobis-po de Mérida, tomando Arzobis-posesión de la diócesis en una fecha muy ligada al sentimiento de los araureños, el 5 de diciembre de 1991, para nosotros, ani-versario de la Batalla e Araure.

Por una antigua tradición o coincidencia, en Mérida se convierte en Cronista Oficial de la Ciudad de Mérida, cargo curiosamente ocupado anteriormente por sacerdotes. De modo que en la ciudad serrana, la crónica oficial por lo menos ha estado tan bien escrita como humildemente bendita; y ello se traduce en una ardua labor editorial y de investigación, desarrollada desde el Archivo Arquidiocesano de Mérida que el mismo Monseñor Porras dirige a través de libros y publicaciones que contribuyen a la ilustración de los andes y la intelectualidad venezolana.

Mientras nuestro párroco araureño el Padre Pedro Loyo le conoce desde su condición de discípulo y alumno del Seminario, como cronista le conocemos en nuestras actividades anuales dentro de la Asociación Nacional de Cro-nistas Oficiales de Venezuela, muy especialmente por haber compartido entre 1999 y 2003, el honor de haber sido electos directivos de dicha asociación: la presidencia en Araure y la Vice Presidencia en su Mérida cordillerana. Le hemos aprendido a admirar por su integridad e inteligencia, pero espe-cialmente por su sencillez. Mientras más elevados son sus conocimientos, más cálido y más sencillo es su trato de venezolano integral, de prelado, de historiador y de amigo. En estos días le preguntaron sobre sus Bodas de Plata Episcopales y ha respondido a un periodista de Mérida:

Ser sacerdote significa estar en medio de la gente y querer servirle en lo espiritual y muchas veces, en lo material. Lo que le va llenando a uno la vida es sembrar alegría y esperanza en los corazones.

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espíri-tu... ¡Bienvenido Monseñor Baltazar Porras!... Aquí está también la senci-llez del araureño, la humildad Pilarica, que quiere encontrarse con su andar activo y reflexivo... De pequeños sucesos están construidos los grandes acontecimientos. Y siendo este un encuentro humilde y de corazón, hagá-moslo grande en nuestro andar cotidiano. La iglesia, los jóvenes, los venezo-lanos, le admiramos, pero también le escuchamos. Siembre siempre, que Dios, a su manera, hará la cosecha. Sume a sus oraciones por la Venezuela silenciosa, nuestros corazones.

Elevamos a Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza su protección y bendicio-nes, y nos acogemos a las luces que pedimos al Espíritu Santo derrame sobre su andar decidido, de venezolano que escribe, pero también nos ense-ña que se puede hacer historia, en el nombre del Padre y del Espíritu Santo, Amén

Wilfredo Bolívar Cronista de Araure

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