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Instrucción programada: Una alternativa para el desarrollo de software educativo

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(1)

UNIVERSIDAD VERACRUZANA

Instituto de Psicología y Educación

Maestría en Investigación en Psicología Aplicada a la

Educación

Instrucción programada: Una alternativa para el desarrollo

de software educativo

TESIS

Para obtener el grado de:

Maestro en Investigación en Psicología Aplicada a la

Educación

Presenta:

Edson Miguel Escalante Zepeda

(2)

Dedicatoria

(3)

Agradecimientos

A mis padres, Miguel Escalante y Georgina Zepeda, y a mi hermana Daniela Escalante, por el

apoyo que siempre me han brindado. Sus consejos, cuidados, y constantes sacrificios constituyen

la base sobre la que descansan mis logros. No exagero al afirmar que mis triunfos son igualmente

suyos.

A mi directora de tesis, Mtra. Esperanza Ferrant Jiménez, por su inagotable paciencia y absoluta

confianza en el éxito de nuestro proyecto de investigación. Agradezco también todo el apoyo, no

solo académico sino también personal, que me proporcionó a lo largo de estos dos años.

A mis asesores, Mtro. Martín Luis Ortiz Bueno, y Dr. Sergio Francisco Juárez Cerrillo, cuyas

observaciones y recomendaciones terminaron por enriquecer el presente trabajo.

Al Dr. A. Daniel Gómez Fuentes, por la ayuda que me brindó desde el inicio de este proceso

formativo. En la estrecha relación que guarda con sus alumnos se hace patente su genuino

compromiso con la formación de nuevos investigadores en el marco de la psicología científica.

Al Dr. Carlos A. Bruner Iturbide y Dr. Laura Acuña Morales, por las amables atenciones que

tuvieron hacia mi durante la estancia de investigación que realicé bajo su supervisión en su

laboratorio. Esta experiencia me permitió estar en contacto y establecer vínculos con personas en

extremo valiosas.

A la Mtra. Rosalía Ortega Cortés, por las innumerables ocasiones en las que me brindó su ayuda,

así como por sus constantes muestras de cariño y simpatía.

A mi amigo Alejandro López Uscanga, a quien admiro y respeto como colega, pero, sobre todo,

estimo como a un hermano. Gracias por estar ahí para hacer más entrañables los buenos momentos,

y por permanecer durante los malos para hacerlos más llevaderos.

A mi amiga Connie Roa, una persona realmente excepcional, que nunca ha dudado en ofrecerme

su apoyo en aquellos momentos cuando más lo necesito, cuya amistad atesoro en demasía.

A mis amigos, Daniela Morales, Alejandro Romero, Sandino Peralta y Mauricio Espejo, por los

(4)

A todas aquellas personas que directa o indirectamente contribuyeron con mi formación académica

y cuyo auxilio me facilitó concluir satisfactoriamente mis estudios.

Por último, agradezco al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) por su apoyo al

otorgarme una beca de manutención sin la cual me hubiera sido imposible cursar estudios de

(5)

Resumen

Ante los pobres resultados derivados de la introducción de las tecnologías de la información y

comunicación (TIC) en los procesos educativos, se plantea la posibilidad de emplear los

conocimientos del análisis conductual como base para el desarrollo de aplicaciones educativas de

las TIC eficaces. Esta propuesta se llevó a la práctica en el presente estudio, cuyo objetivo consistió

en elaborar un software educativo con base en la metodología de la instrucción programada, y

evaluar su efecto sobre el nivel de conocimientos de principios y conceptos básicos de análisis

conductual en aspirantes a la Maestría en Investigación en Psicología Aplicada a la Educación

(MIPAE) de la Universidad Veracruzana en la ciudad de Xalapa, Ver. Participaron 17 aspirantes

a la MIPAE para la generación 2017-2019, de los cuales nueve eran psicólogos y ocho procedían

de otras disciplinas académicas. Se utilizó un diseño pre-experimental de grupo único con

preprueba y posprueba, y para el análisis de los datos se empleó la prueba t de student para muestras pareadas. Los resultados indican que el software educativo es una herramienta eficaz

para la enseñanza de principios y conceptos básicos de análisis conductual, lo cual pone de

manifiesto la conveniencia de emplear los conocimientos del análisis conductual y la instrucción

programada como base para el diseño de aplicaciones educativas de las TIC. Se recomienda

construir una segunda versión del software con la finalidad de realizar mejoras tecnológicas y

variaciones en el programa, lo cual abriría la posibilidad de realizar nuevas preguntas de

(6)

Índice General

CAPÍTULO I Introducción ... 1

Planteamiento del problema ... 5

Justificación ... 11

Marco teórico ... 15

¿Qué se entiende por Instrucción Programada? ... 15

Antecedentes y origen de la Instrucción Programada ... 17

Características de la Instrucción Programada ... 21

Tipos de Programas ... 23

Datos Empíricos de la Instrucción Programada ... 27

Objetivos ... 31

Objetivo General ... 31

Objetivos específicos ... 31

Hipótesis ... 32

Hipótesis nula ... 32

Hipótesis alterna ... 32

CAPITULO II Método ... 33

Participantes ... 33

Situación Experimental... 33

Herramientas ... 33

Materiales ... 33

Equipo ... 35

Variables ... 36

Variable Independiente ... 36

Variable dependiente ... 36

Procedimiento ... 38

CAPITULO III Resultados ... 44

(7)

Referencias ... 63

Apéndices ... 70

Apéndice A ... 71

Apéndice B ... 73

Apéndice C ... 74

Apéndice D ... 75

(8)

Lista de Figuras

Figura Página

1 Distribución general de los puntajes obtenidos en la preprueba y

posprueba. 46

2 Respuestas correctas obtenidas por cada sujeto durante las evaluaciones

de la preprueba y posprueba. 48

3 Respuestas aceptables obtenidas por cada sujeto durante las

evaluaciones de la preprueba y posprueba. 48

4 Respuestas incorrectas obtenidas por cada sujeto durante las

evaluaciones de la preprueba y posprueba. 49

5 Desempeño de cada sujeto en las evaluaciones de la preprueba y

posprueba. 50

6 Desempeño general de los participantes psicólogos. 51

(9)

Lista de Tablas

Tabla Página

1 Estructura del software educativo. 37

2 Diseño pre-experimental de grupo único con preprueba y posprueba. 38

3 Fuentes bibliográficas consultadas y empleadas en la elaboración del

programa. 40

4 Puntaje obtenido por cada sujeto en las evaluaciones durante la

preprueba y posprueba. 45

5 Indicadores obtenidos por la prueba t de student para muestras

(10)

CAPÍTULO I

Introducción

El acelerado progreso tecnológico suscitado durante las últimas décadas es uno de los factores que

mayor influencia ha ejercido en la configuración de las sociedades contemporáneas. De esta

manera, innovaciones como el aumento en la capacidad de procesamiento y transmisión de datos,

la miniaturización de componentes electrónicos, la reducción de costos de producción y el

desarrollo de software amigable con el usuario facilitaron la introducción de una gran variedad de

dispositivos tecnológicos en básicamente todas las áreas de la actividad humana, lo cual ha

modificado sustancialmente en nuestras maneras de hacer las cosas (Escobar & Twyman, 2014).

Dentro de esta amplia gama de nuevas herramientas, son las tecnologías de la información

y comunicación (TIC) las que mayor impacto han producido. Hoy en día, el concepto de TIC se

emplea para hacer referencia al conjunto de herramientas, vías o canales que permiten adquirir,

acceder, almacenar, procesar y transmitir información en formato digital. Bajo esta categoría se

encuentran comprendidas las computadoras, los teléfonos inteligentes, el internet, los sistemas

multimedia, las redes sociales, entre muchos otros (Sánchez, 2014).

De manera general, las TIC se caracterizan por su capacidad para trabajar con grandes

volúmenes de información, de diferentes tipos (e.g. texto, imagen, audio, video), de manera

simultánea y en muy poco tiempo (St-Pierre & Kustcher, 2001). Por esta razón, no es de extrañar

que las TIC se hayan consolidado rápidamente como elementos indispensables para la

optimización e innovación de tareas y procesos gestados al interior de diversos ámbitos, desde los

culturales y de ocio hasta los económicos e industriales.

No obstante, el ámbito educativo constituye una notable excepción a lo anterior pues, hasta

el momento, la incorporación de las TIC en los procesos educativos no ha producido efectos tan

rápidos, evidentes o profundos como en otros contextos (Twyman, 2014). De hecho, la

investigación al respecto parece poner de manifiesto que la introducción de estas tecnologías en

los escenarios escolares no ha repercutido significativamente en el nivel de aprendizaje de los

alumnos, lo cual podría indicar que los efectos de las TIC en el rendimiento escolar son inocuos,

(11)

Los factores que contribuyen al bajo desempeño de las TIC aplicadas a la educación son

numerosos y de diversa naturaleza. Por ejemplo, a menudo se argumenta que los docentes carecen

de competencias que les permitan emplear la tecnología de una manera eficaz en su labor

profesional, también se ha dicho que es necesario replantear el objetivo y funcionamiento de las

instituciones educativas ante el advenimiento de la denominada sociedad del conocimiento, o se denuncia la presencia, en el discurso académico, de posturas radicales (tecnofilia y tecnofobia) que

dificultan la valoración objetiva de los efectos producidos por la irrupción tecnológica en la

educación. Sin embargo, existe un factor que se destaca de entre los anteriores debido a su

importancia, el cual se relaciona con la naturaleza de los marcos conceptuales sobre los que se

desarrollan tecnologías educativas.

En este sentido, las aplicaciones educativas de las TIC se suelen diseñar con base en

prácticas y modelos educativos tradicionales (mentalistas) caracterizados por su naturaleza

metafórica dualista, razón por la cual no proporcionan los elementos suficientes para el desarrollo

de programas educativos eficaces. Como resultado cada vez se hace un mayor énfasis en la

necesidad de generar y ofrecer marcos conceptuales alternativos que logren superar estas

limitaciones y sobre los cuales sea posible diseñar aplicaciones educativas de las TIC eficaces.

Desde la psicología, el trabajo realizado por Skinner (1976) en la aplicación de los

conocimientos derivados del análisis experimental de la conducta para la resolución de problemas

prácticos de la enseñanza escolar, adquiere un renovado interés debido a tres de sus características

esenciales: a) su ruptura con los modelos educativos tradicionales (mentalistas), b) el empleo de

un riguroso análisis científico en el estudio de la enseñanza y el aprendizaje, y c) la integración de

dispositivos tecnológicos en su propuesta educativa.

Dos de los elementos de la denominada tecnología de la enseñanza de Skinner, la

instrucción programada y las máquinas de enseñar, ejercieron una notable influencia en el panorama educativo de su época contribuyendo, tanto directa como indirectamente, al surgimiento

y posterior desarrollo de campos educativos como el diseño instruccional y la enseñanza asistida

por ordenador. Además, la propuesta educativa de Skinner produjo un cambio permanente en la

manera de concebir el desarrollo de tecnologías educativas (Luján & Salas, 2009).

Con base en lo anterior, en el actual contexto de auge, pero también de crisis de las TIC

(12)

conducta, así como los principios metodológicos de la tecnología de la enseñanza de Skinner, se

perfila como una alternativa viable para el desarrollo de aplicaciones educativas eficaces. De esta

forma, el marco teórico-metodológico integrado por estos conocimientos podría constituir una

base sólida sobre la cual sería posible incrementar la calidad de los procesos formativos mediados

por TIC.

En este sentido, resulta evidente la necesidad de llevar a la práctica dicha propuesta pues,

en última instancia, sus alcances, beneficios e implicaciones reales sólo pueden estimarse mediante

su aplicación en escenarios concretos, generando aplicaciones tecnológicas en respuesta a

problemas y necesidades específicas de instrucción.

La presente investigación se realizó en el marco del proceso de ingreso a la Maestría en

Investigación en Psicología Aplicada a la Educación (MIPAE) de la Universidad Veracruzana

(UV), teniendo como objetivo elaborar un software educativo con base en la metodología de la

instrucción programada, y evaluar su efecto sobre el nivel de conocimientos de principios y

conceptos básicos de análisis conductual en aspirantes a la Maestría en Investigación en Psicología

Aplicada a la Educación de la Universidad Veracruzana en la ciudad de Xalapa, Veracruz.

Para cumplir con este objetivo, partiendo de las características del contexto de aplicación,

y de las consideraciones metodológicas expuestas por Bijou (1978), quien aboga por verificar la

efectividad de los programas de intervención educativa con enfoque conductual antes de

contrastarlos con otros métodos de enseñanza, el presente estudio siguió un diseño

pre-experimental de grupo único con preprueba y posprueba.

Mayores detalles de esta investigación se presentan en los cuatro capítulos que integran el

presente documento:

El primer capítulo contiene el planteamiento del problema, la justificación de la

investigación, la exposición del marco teórico que fundamenta la propuesta de intervención, así

como los objetivos y las hipótesis que guían el presente estudio.

El segundo capítulo corresponde al apartado del método, el cual incluye la descripción de

las características relevantes de los participantes, de la situación experimental, de las herramientas,

materiales y equipo empleados, la definición operacional de las variables y las acciones realizadas

(13)

En el tercer capítulo se presentan, mediante figuras y tablas, los datos obtenidos tras la

aplicación del software educativo. Además, se presentan los resultados obtenidos mediante el

análisis estadístico y descriptivo de dichos datos.

Finalmente, el cuarto capítulo incluye las conclusiones generales derivadas del análisis de

los resultados, la discusión de los resultados, reflexiones acerca de las ventajas y limitaciones del

estudio, así como recomendaciones diversas que han ser consideradas en la realización de

(14)

Planteamiento del problema

En una reciente publicación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos

(OECD, por sus siglas en inglés) se concluyó, con base en datos recogidos en 2012 por la prueba

del Programa Internacional de Evaluación de los Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés) que, en

promedio, en los últimos diez años no ha habido una mejora apreciable en el aprovechamiento de

los estudiantes en lectura, matemáticas o ciencias en los países que han realizado fuertes

inversiones en tecnologías de la información y la comunicación para el sector educativo (OECD,

2015).

En este sentido, la experiencia de América Latina y el Caribe de los últimos 20 años resulta

representativa pues, según un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la

Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés) a pesar de que esta zona

geográfica presentó el crecimiento más acelerado del mundo en las tasas de incorporación de

tecnología y conectividad en sus sistemas educativos, no ha sido posible conectar esta inversión

con mejores resultados en el aprendizaje de los estudiantes (UNESCO, 2014).

En nuestro país el ejemplo más destacado de esta tendencia es la inversión de más de mil

millones de dólares para la implementación de pizarras inteligentes (Smart-boards) como parte del

proyecto Enciclomedia, el cual, tras siete años de funcionamiento, fue suspendido en 2011 tras evidenciarse que las escuelas con mejor rendimiento académico eran, paradójicamente, aquellas

en las que no se contaba con estas modernas herramientas (Mateus, 2013).

Los factores que contribuyen al bajo desempeño de las TIC aplicadas a la educación son

numerosos y de distinta índole. Sin embargo, uno de ellos se destaca en importancia debido al

papel fundamental que desempeña en el desarrollo de tecnologías educativas: la naturaleza

limitada de los marcos conceptuales que usualmente se emplean como base para el diseño de

aplicaciones educativas de las TIC.

Durante un largo tiempo la educación ha escapado a un genuino análisis científico de sus

procesos básicos, situación que no se debe tanto a la falta de rigor en los métodos de investigación

(15)

metafórica que subyace a los marcos teóricos y conceptuales que históricamente han guiado la

investigación educativa.

En este orden de ideas, Skinner (1976) identificó las tres principales metáforas que han

sido empleadas para caracterizar el proceso educativo y sobre las cuales descansan la mayor parte

de las teorías del aprendizaje tradicionales (mentalistas):

Crecimiento o desarrollo: En esta metáfora se analiza el comportamiento del alumno en analogía con el crecimiento de una planta. Los cambios en la conducta se atribuyen a una

maduración (de estructuras físicas o mentales) y, por tanto, estos se estudian en función del

tiempo registrando aspectos de la conducta a diferentes edades y estableciendo como

norma los logros típicos de un gran número de sujetos. Los resultados obtenidos pueden

servir para predecir el comportamiento, pero no para cambiarlo, y en consecuencia se

considera que el docente no puede enseñar nada, por el contrario, sólo puede ayudar al niño

a desarrollarse. Bajo esta metáfora enseñar es nutrir o cultivar al niño o sostenerle y

enderezarle (como se endereza un árbol), es decir, dirigir o guiar su crecimiento.

Adquisición: En esta metáfora, se incluyen las variables ambientales que no se tienen en cuenta en la anterior. Aquí, el estudiante obtiene su saber y habilidades tomándolos del

mundo que le rodea. El aprendizaje es registrado en curvas de adquisición. El maestro desempeña un papel aparentemente activo como transmisor de información, pero sólo

logrará enseñar en la medida en que el alumno cuente con las estructuras y habilidades

mentales necesarias, por ejemplo, un entendimiento fértil, una curiosidad innata, un alto nivel deinteligencia, una memoria sobresaliente, etc.

Construcción: Aquí la función del maestro consiste en instruir al alumno en el sentido de hacer que se comporte de determinadas maneras. Sin embargo, para ello busca dar forma,

fomentar o desarrollar algunos precursores de la conducta tales como conocimientos, ideas,

hábitos, intereses, etc. Por lo tanto, el comportamiento del alumno no se considera

importante en sí mismo, sino que se toma como indicador del potencial cognitivo del

alumno.

Como puede observarse, en estas metáforas se asigna al docente un papel bastante modesto e

incluso ponen en duda su capacidad para enseñar. Por supuesto, de estas metáforas no es posible

(16)

consecución de objetivos educativos específicos. Finalmente, la predominancia de estas metáforas

en la educación condujo a la aparición de enfoques pedagógicos en los que la posibilidad de

mejorar la enseñanza se considera poco viable (incluso poco deseable), y en los que los fracasos

escolares se atribuyen a deficiencias de los alumnos, antes que al empleo de métodos, sistemas y

prácticas educativas deficientes (Skinner, 1981).

La manera en que esta situación afecta el desempeño de las TIC aplicadas a la educación

resulta evidente considerando que, desde hace algunas décadas, el cognoscitivismo y el

constructivismo han servido como los principales marcos conceptuales para el desarrollo de

tecnología educativa. Ambos modelos descansan sobre las metáforas descritas por Skinner y, en

consecuencia, ambos presentan limitaciones similares.

Por ejemplo, desde estas posturas se sostiene que el acceso ilimitado a múltiples fuentes de

información (incluso la simple presentación novedosa de la misma), es un factor de gran relevancia

para promover un aprendizaje en los alumnos. Así lo manifiesta Hernández (2008) al indicar que

la investigación sobre el papel que juega la tecnología en el aprendizaje constructivista ha

demostrado que “esta relación [constructivismo-ordenador] es ideal, probablemente debido al

hecho de que la tecnología proporciona al estudiante un acceso ilimitado a la información que

necesita para investigar y examinar sus vidas” (p.29).

De manera similar, desde ambos marcos conceptuales se plantea que el objetivo de la

educación no consiste en la enseñanza de contenidos específicos, sino en el desarrollo de

habilidades mentales que de una u otra manera se deducen del dominio de dichos contenidos.

Desde el cognoscitivismo se especifica que la educación debe “contribuir a desarrollar los procesos

cognitivos de los alumnos, para ello es primordial que los alumnos aprendan a aprender, esto es, a

emplear las habilidades de autorregulación del aprendizaje y del pensamiento” (Serrano & Troche,

2001, p.66). Mientras que en el constructivismo lo esencial es exponer a los alumnos a experiencias

“que desafíen su pensamiento y los obliguen a reorganizar sus creencias” (Schunk, 2012, p. 234).

Este tipo de práctica, es decir, el establecer objetivos educativos deliberadamente ambiguos, fue

denunciada por Skinner (1981) al considerar que en última instancia su finalidad consiste en

disimular los fracasos al alcanzar objetivos educativos específicos debido al empleo de métodos

(17)

Por supuesto, estos señalamientos carecerían de sentido si no fuese posible ofrecer

alternativas teórico-metodológicas que contribuyan a mejorar el panorama actual de las TIC

aplicadas a la educación. Así, los conocimientos del análisis experimental de la conducta se

perfilan como una alternativa viable para cumplir con dicha finalidad. Dos elementos principales

dan al análisis conductual superioridad sobre otros marcos conceptuales: a) su naturaleza

experimental, y b) el hecho de que estos conocimientos ya han sido aplicados al desarrollo de

tecnología educativa, obteniéndose de ello buenos resultados.

Con base en los hallazgos de sus estudios experimentales, Skinner (1975a) desarrolló un

modelo que permite identificar funcionalmente los elementos más relevantes que intervienen en el desarrollo, mantenimiento y extinción de nuevas formas de comportamiento. De igual forma,

enlistó una serie de principios conductuales orientados a la descripción y explicación de una amplia

variedad de comportamientos en los términos de la relación entre la conducta y las variables del

ambiente.

Hacia la década de 1950, tras varios años de trabajo teórico y conceptual, Skinner comenzó

a desarrollar maneras de aplicar su modelo para la resolución de problemas prácticos en el campo

de la educación. Estos esfuerzos culminaron en una propuesta educativa conocida como tecnología de la enseñanza, cuyos productos más conocidos son la instrucción programada y las máquinas de enseñar.

En su concepción más restringida, la instrucción programada consiste en una metodología

para la organización sistemática de los elementos estructurales y funcionales de los materiales

didácticos, siendo los materiales programados su producto final. De igual manera, se denomina

máquina de enseñar a todos aquellos dispositivos tecnológicos cuya función general es servir como

apoyo para la presentación controlada de los materiales programados (Skinner, 1976).

En su conjunto, la tecnología de la enseñanza de Skinner reportó excelentes resultados

como técnica educativa. La investigación de la eficacia de la instrucción programada, comparada

o no con la de otras técnicas educativas, demostró que los materiales programados son altamente

eficaces para la enseñanza de diversas materias y habilidades, además que permiten reducir el

(18)

La irrupción de la tecnología de la enseñanza en el panorama educativo de su época ejerció

una considerable influencia en el ámbito de la educación. Prueba de ello es que, al margen de sus

diferencias teóricas, la mayoría de los sistemas de enseñanza contemporáneos están influenciados

por las características esenciales de la instrucción programada, de entre las que destacan: a) la

especificación clara y concisa de los objetivos educativos, b) el respeto por el ritmo de aprendizaje

individual de los alumnos, c) la ruptura con el modelo de transmisión de conocimientos

(favoreciendo la noción del estudiante activo y regulador de su proceso formativo), y d) la

necesidad de considerar las diferencias individuales de los alumnos en la planeación de los

procesos formativos (Cruz, 1988).

Por otra parte, dado que en la propuesta educativa de Skinner los dispositivos tecnológicos

desempeñan un papel secundario en comparación con la aplicación del conocimiento psicológico,

la tecnología de la enseñanza de Skinner produjo un impacto considerable en el campo de la

tecnología educativa, la cual pasó de un enfoque instrumentalista, es decir, centrado en la mejora

de las máquinas y aparatos tecnológicos, a un enfoque orientado a la aplicación sistemática del

conocimiento de distintas áreas de la ciencia para utilizarlos en la resolución de problemas de la

enseñanza y el aprendizaje (Cruz, 1988).

No obstante, una propuesta como la de recuperar los conocimientos del análisis conductual

para el desarrollo de aplicaciones educativas de las modernas TIC no puede sostenerse únicamente

el análisis de experiencias pasadas de aplicación o de consideraciones conceptuales que señalen

apriorísticamente sus posibles ventajas o beneficios.

De esta forma, en concordancia con el enfoque conductual de esta propuesta, se deben

examinar sus alcances a través de su aplicación en escenarios concretos como una herramienta en

respuesta a necesidades educativas específicas. Con base en ello, el proceso de ingreso a la

Maestría en Investigación en Psicología Aplicada a la Educación (MIPAE) de la Universidad

Veracruzana constituyó un marco ideal para llevar a cabo la presente investigación.

Debido a su naturaleza aplicada y su pertenencia al Programa Nacional de Posgrados de

Calidad (PNPC) del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), la MIPAE no solo

suscita el interés de aspirantes con formación en psicología, sino también de un gran número de

(19)

conocimiento psicológico integrándolo a sus actividades como una herramienta para la resolución

de problemas humanos presentes en sus respectivos campos de acción.

Ahora bien, considerando que como parte del perfil de ingreso a la MIPAE se considera

deseable que los aspirantes posean conocimientos básicos de psicología, y en específico de análisis

de la conducta (Salas et al., 2012), los profesionales de campos disciplinares distintos a la

psicología (incluso los propios psicólogos) se enfrentan al desafío de obtener dichos conocimientos

en el menor tiempo y con el mayor aprovechamiento posibles.

La situación a la que se enfrentan estos aspirantes no es tan sencilla como pudiera parecer

pues presenta algunas dificultades. Por ejemplo, a pesar de que la bibliografía sobre análisis

conductual en nuestro idioma es relativamente abundante, las obras más importantes sobre esta

materia dejaron de comercializarse desde hace varios años. Además, aun cuando se pudiera

conseguir acceso a tales fuentes de información, algunas de ellas resultan poco útiles para los

lectores poco familiarizados que buscan aprender de manera rápida los rudimentos de la materia,

pues para tal finalidad la extensión, la variedad y la profundidad con que se revisan los temas

pueden resultar excesivas.

Con base en las consideraciones precedentes, resultó evidente la necesidad de desarrollar

una herramienta que respondiera a las necesidades de instrucción específicas para los aspirantes a

la MIPAE, lo cual condujo a la siguiente pregunta de investigación: ¿Cuál será el efecto de un

software educativo, elaborado con base en la metodología de la instrucción programada, sobre el

nivel de conocimientos de principios y conceptos básicos de análisis conductual en aspirantes a la

Maestría en Investigación en Psicología Aplicada a la Educación de la Universidad Veracruzana

(20)

Justificación

La experiencia generada a partir de la irrupción de la tecnología de la enseñanza en la educación

sugiere que los conocimientos del análisis conductual podrían ser un elemento clave para producir

cambios sustanciales en la educación a través de aplicaciones educativas de las TIC eficaces. No

obstante, a pesar de la influencia ejercida por la instrucción programada y las máquinas de enseñar,

el enfoque conductual no logró mantenerse como paradigma predominante en el desarrollo de

tecnologías educativas.

De manera sorprendente, el declive de la tecnología de la enseñanza, y por extensión del

análisis conductual aplicado a la instrucción, no se debió a sus resultados como técnica educativa,

los cuales como se ha señalado con anterioridad fueron excelentes, sino por diversos factores

distintos de su efectividad.

Escobar (2013) identifica uno de estos factores al describir la manera en que las críticas de

numerosos educadores hacia las máquinas de enseñanza y la instrucción programada generaron un

ambiente hostil hacia la tecnología de la enseñanza de Skinner. Este autor enfatiza que la mayor

parte de tales críticas tuvieron su origen en la deficiente comprensión del modelo conceptual

Skinneriano.

Otro de los factores que tuvo su origen en el desconocimiento general de las bases teóricas

y metodológicas de la instrucción programada y las máquinas de enseñar fue la elaboración de

“materiales programados” deficientes. Cataldi (2000) ofrece una visión general del problema al

relatar el surgimiento de una corriente de “programadores” que, tomando un libro de texto común

y corriente, borraban algunas palabras de determinadas frases, y las sustituían por un espacio en

blanco para que el alumno escribiera su respuesta, dicha frase se repetía varias veces, pero con el

cuidado de borrar una palabra diferente en cada ocasión, con lo cual buscaban emular el aspecto

de los materiales programados genuinos. Ellison (1978) resume el resultado final de este tipo de

prácticas al explicar que “se produjo tanto material de calidad inferior, que no sólo ahogó a los

almacenes [de las escuelas que los compraron], sino que actuó con mucha efectividad para eliminar

(21)

Finalmente, otro factor determinante fue el rudimentario estado tecnológico de la época en

que fueron concebidas la instrucción programada y las máquinas de enseñanza. Algunos problemas

derivados de este factor fueron los elevados precios de las máquinas de enseñar, su poca

portabilidad (eran demasiado pesadas para ser comercializadas por los vendedores de casa en

casa), la fabricación de máquinas de enseñar con defectos de fábrica, y problemas en el uso de las

máquinas de enseñanza (que en su mayoría operaban mediante rodillos y resortes) como los

constantes atascos de papel, la dificultad para alinear las hojas dentro de las máquinas, entre otros

(Johnson 2014b).

No obstante, el efecto negativo más importante derivado de la dimensión tecnológica de

las máquinas de enseñar fue el limitar la evolución e innovación metodológica de la instrucción

programada. Esta situación es ilustrada por Markle (1973) al indicar que históricamente, el primer

modelo de programación fue el denominado lineal, lo cual se debió en parte a las sugerencias de Skinner, pero también a las características mecánicas de las primeras máquinas de enseñar y su

limitado rango de funciones. Cabe mencionar que aun cuando las técnicas de programación se

emplearon en otros formatos, por ejemplo, en la construcción de libros o diapositivas, el control

ejercido en tales medios sobre el trabajo del alumno era mucho menor que en un programa

presentado por una máquina de enseñar (Holland, 1972).

Con base en lo anteriormente expuesto podemos afirmar que la propuesta de recuperar los

conocimientos del análisis conductual y los principios metodológicos de la instrucción programada

y emplearlos como base teórico-metodológica para el desarrollo de aplicaciones educativas de las

TIC, constituye el retorno a una de las propuestas más eficaces e influyentes en el ámbito del

desarrollo de tecnología educativa, y en esa medida, con el mayor potencial para promover los

profundos cambios que la educación actual requiere.

A manera de resumen, las implicaciones del presente estudio pueden dividirse en tres

dimensiones básicas:

Ciertamente los trabajos orientados a cambiar el panorama educativo mediante el empleo

de las TIC han logrado producir algunos cambios, por ejemplo, la creación de nuevas modalidades

de acceso a los servicios educativos, la ruptura de las barreras espacio-temporales en los procesos

de enseñanza, el desarrollo de nuevas herramientas, plataformas y materiales de apoyo en la

(22)

los procesos educativos mediados o apoyados por las TIC. El presente estudio busca ofrecer una

alternativa teórico-metodológica que contribuya a mejorar esta situación y de esta manera, ayude

a combatir los múltiples problemas por los que actualmente atraviesa la educación. En esta

consideración radica la implicación social de la investigación.

Hoy en día, las modernas TIC poseen tal poder de procesamiento de información, y tan

amplio rango de funciones, que la fusión entre estas tecnologías y los conocimientos del análisis

conductual puede conducir a la innovación metodológica en el campo de la instrucción

programada. Escobar (2013) apuntó en esta dirección al concluir que “la combinación de los

principios del condicionamiento operante y la tecnología disponible nos permitiría mostrar

materiales, registrar respuestas y presentar retroalimentación de una forma que los [antiguos]

programadores (…) ni si quiera se imaginaban” (p. 39). Esto constituye la implicación

metodológica del estudio.

Desde luego, las implicaciones hasta ahora mencionadas son bastante generales, y

probablemente cobren mayor relevancia en la medida en que se realice un mayor número de

trabajos de investigación con la misma orientación que la del presente estudio. Sin embargo, es

posible señalar una implicación mucho más concreta y específica que las anteriores, la cual

consiste en los posibles beneficios que los aspirantes a la MIPAE pueden obtener como resultado

de este trabajo.

Para comprender lo anterior resulta indispensable analizar los resultados obtenidos en un

estudio realizado por Martínez, Gómez & Salas (2008) en el cual se analizaron los efectos de la

implantación de un sistema de supervisión para incrementar las actividades de investigación en 18

alumnos de la MIPAE de los cuales ocho eran psicólogos, cinco pedagogos, y un estudiante de

cada una de las siguientes licenciaturas: educación secundaria, educación superior, educación

especial, lengua francesa y contaduría. Entre las conclusiones, además de comprobarse la

efectividad del programa para elevar la calidad, cantidad y puntualidad de las actividades

académicas de los participantes, se encontró que, en promedio, los psicólogos registraron una

ejecución superior a la de los otros profesionistas. Por ejemplo, la elaboración del marco teórico

de los proyectos de investigación fue mucho más coherente en el caso de los psicólogos, lo cual

indica la existencia de variaciones en el desempeño de los estudiantes en función de su formación

(23)

De lo anterior se desprende la posibilidad de que la adquisición de conocimientos básicos

de análisis conductual ayude a disminuir las diferencias en el desempeño de los aspirantes (y

futuros alumnos) de la MIPAE, optimizando y enriqueciendo de esta forma su proceso formativo.

(24)

Marco teórico

¿Qué se entiende por Instrucción Programada?

De manera general, se puede establecer que la instrucción programada (IP) es una metodología

educativa desarrollada por B.F. Skinner con el propósito de solucionar, mediante la aplicación de

los conocimientos derivados del análisis experimental de la conducta, problemas prácticos de la

enseñanza escolar. Debido a ello, una de sus características principales es el establecimiento de

pautas, sustentadas en los descubrimientos realizados en el estudio experimental del aprendizaje,

para la elección, ordenamiento y sistematización de los contenidos de los materiales educativos

(Taber, Glaser & Schaefer, 1974).

Por otra parte, establecer con claridad lo que debe entenderse por instrucción programada

no es una tarea sencilla. En la literatura sobre el tema existen numerosas definiciones que, aun

cuando poseen algunos elementos en común, por lo general muestran discrepancias entre ellas.

Esto provoca que los elementos que se consideran definitorios de la instrucción programada

muestren también variabilidad entre una definición y otra.

Por ejemplo, Espich & Williams (1971) afirman que la instrucción programada puede

caracterizarse como “una secuencia planificada de experiencias conducentes a obtener un dominio

de la materia utilizando las relaciones que existen entre el estímulo y la respuesta” (p.7). Los

autores complementan esta definición, la cual reconocen como incompleta, pero “adecuada” con

relación a los aspectos técnicos de la IP, señalando que “un programa es un recurso educativo

gracias al cual [el alumno] pasa por una serie de experiencias que, a juicio del programador, le

darán un buen dominio de la materia” (p.7). No obstante, ambas definiciones, aun en su conjunto,

resultan incompletas e incluso erróneas.

Por otra parte, en la opinión de Taber, Glaser & Schafer (1974), la instrucción programada

es un proceso para construir secuencias de material instructivo, de manera que “se lleve al máximo

la tasa y profundidad del aprendizaje, se fomente la comprensión y la habilidad para transferir el

conocimiento a nuevas situaciones, se facilite la retención y se acreciente la motivación del

(25)

el enfoque conductual en general, resulta dudosa, por ejemplo “transferencia de conocimientos”, “retención de conocimientos” y “profundidad del aprendizaje”.

La misma línea parece seguir Salas (1990) quien entiende a la instrucción programada

como “un proceso en el que se arreglan y construyen secuencias de material instruccional que conducen al establecimiento de conocimientos, habilidades y actitudes terminales” (p.123). La

generalidad de la definición la hace susceptible de aplicarla a casi cualquier técnica de planeación

educativa, y además entra en conflicto con lo expuesto por Vargas (1974) quien sostiene que los

objetivos destinados a fomentar actitudes no deben ser considerados como requisitos

indispensables en la elaboración de materiales programados.

Por otra parte, Dorrego (2011) caracteriza a la instrucción programada como una técnica

de enseñanza autodidacta que consiste en “la presentación de la materia a enseñar en unidades

didácticas, seguidas de preguntas cuya verificación inmediata, si la respuesta es correcta,

contribuye a afianzar el conocimiento adquirido, o si es incorrecta conduce a la corrección del

error” (p.75). En esta definición la autora busca alcanzar cierto grado de especificidad mediante la

inclusión de algunos aspectos del funcionamiento de los programas y las máquinas de enseñar,

como la verificación inmediata y el trabajo autónomo (sin la necesidad de un maestro) del alumno.

Una estrategia similar es seguida por Lysaught & Williams (1975) quienes indican que la

programación es el proceso de disponer las materias que deben aprenderse “en una serie de pasos

pequeños, o etapas, diseñadas para hacer avanzar al estudiante por medio de la autoinstrucción,

desde lo que ya se conoce hasta lo que ignora respecto a principios nuevos y complejos” (p.14).

No obstante, esta definición puede resultar inadecuada pues, según lo expuesto por Markle (1973),

en el proceso de programación no es requisito indispensable que los cuadros consistan en

fragmentos cortos de información (pasos pequeños).

Para Fernández de Castro (1973) la variabilidad entre las definiciones de la instrucción

programada se debe a dos razones principales: 1) El término definido por los autores no suele ser

el mismo, es decir, toman como sinónimos términos que tienen significación propia, por ejemplo,

instrucción programada, programación, programa, etc., y 2) Existen distintos marcos conceptuales

desde los que se aborda a la instrucción programada, por ejemplo, el humanístico, el cibernético,

(26)

El propio Fernández de Castro (1973) propone una definición que elaboró con base en los

elementos más importantes de las definiciones realizadas desde los marcos conceptuales

anteriormente mencionados. Este autor concluye que la instrucción programada debería definirse

como “una tecnología o parte de la tecnología de la educación que, partiendo de unos principios

generales y de unas leyes científicas, expone normas o técnicas que dirigen la construcción y

aplicación de programas didácticos (pp.49-50). Aun cuando esta definición se realizó en un

esfuerzo de conciliar los puntos de vista de distintos marcos conceptuales, con el peligro de caer

en errores categoriales o el uso inadecuado de conceptos, en lo general captura la esencia de la

concepción Skinneriana de la instrucción programada.

Finalmente, considerando que para Skinner (1976) enseñar a un estudiante consiste en

“inducirle a adoptar nuevas formas de comportamiento, a actuar de determinados modos en determinados casos” (p.47), no es de extrañar que hubiera definido a la programación como aquella técnica consistente en “la creación de secuencias cuidadosamente preparadas que llevan [al

estudiante] a las respuestas finales que son el objetivo de la educación” (Skinner, 1975b, p.217).

Desde luego, aun cuando la propia definición de Skinner no parece lo suficientemente rigurosa,

pues la ordenación de secuencias didácticas es una característica común de otras metodologías

educativas, lo que distingue a la instrucción programada son los criterios sobre el cual se realiza

dicha sistematización, los cuales se fundamentan sobre los conocimientos derivados del análisis

experimental de la conducta.

Antecedentes y origen de la Instrucción Programada

La diversidad de marcos conceptuales desde lo que se aborda a la instrucción programada no solo

genera confusión en lo que respecta a su definición, también ocasiona dificultades al momento de

establecer los orígenes y antecedentes históricos que influyeron en su concepción y posterior

desarrollo. En este contexto, el error más común consiste en identificar como orígenes y

antecedentes genuinos de la instrucción programada, los trabajos y propuestas educativas de

autores clásicos o contemporáneos de Skinner que comparten de manera superficial y/o aislada,

(27)

De esta manera, bajo el argumento de que “el sostener que la programación es producto del

siglo XX equivale a pasar por alto que la forma actual surge de procesos evolutivos en el curso de

la historia, y a subestimar las contribuciones de eruditos de hace más de dos mil años” (Lysaught

& Williams, 1975, p.15), se ha pretendido establecer como antecedentes de la instrucción

programada a la mayéutica de Sócrates, la retórica de Platón, la retórica de Quintiliano, los trabajos

de Comenio, la retórica de Cicerón, las reglas del método de Descartes, el método desarrollado por

Pestalozzi, el sistema monitorial de Lancaster, el método preceptorial de Wilson, la instrucción

individualizada de Washburne, algunos trabajos de Thorndike, entre muchos otros (Cruz, 1985;

Fernández de Castro, 1973; Hingue, 1969; Lysaught & Williams, 1975; Salas, 1990).

No obstante, Skinner (1976) manifestó su descontento ante la situación anterior y negó que

los antecedentes de su tecnología pudieran encontrarse en la teoría clásica de la educación. En

cambio, argumentó que tanto la instrucción programada como las máquinas de enseñanza son

producto directo del análisis experimental de la conducta, y en consecuencia, sus antecedentes y

orígenes genuinos se encuentran tanto en los dispositivos tecnológicos empleados en sus estudios

experimentales (e.g. la denominada caja de Skinner), así como en los diversos arreglos contingenciales que desarrolló durante tales estudios (e.g. programas de reforzamiento,

moldeamiento, aproximaciones sucesivas, formación de discriminaciones).

Por otro lado, un movimiento que ejerció cierta influencia en la génesis de la tecnología de

la enseñanza de Skinner es el de las denominadas máquinas didácticas, el cual se inició en el siglo XIX y alcanzó su auge en las primeras décadas del siglo XX. Los trabajos realizados desde este

movimiento tenían como objetivo la construcción de dispositivos que, a diferencia de los medios

audiovisuales de instrucción como el cine, la radio o la televisión, se diseñaban específicamente

para cumplir con funciones de enseñanza y producir por sí mismo un aprendizaje en los alumnos.

Para cumplir con este objetivo, se tornó evidente la necesidad de apoyar la construcción de dichos

aparatos en los hallazgos realizados en la investigación psicológica sobre el aprendizaje.

El representante más destacado del movimiento de las máquinas didácticas fue el psicólogo

Sidney L. Pressey, quien en 1924 presentó ante el congreso de la Asociación Americana de

Psicología (APA, por sus siglas en inglés), una máquina para calificar pruebas psicológicas.

Posteriormente, y luego de algunas modificaciones menores, presentó su aparato en el congreso

(28)

dispositivo podía ser empleado para la enseñanza de distintas materias (Fernández de Castro,

1973).

El aparato era del tamaño de una máquina de escribir. Consistía en un tambor alargado con

papel que rotaba para exponer material escrito en formato de pregunta de opción múltiple a través

de una ventana estrecha. Para contestar, el alumno debía elegir entre las distintas opciones de

respuesta pulsando uno de los cuatro botones marcados con una letra que se encontraban a un lado

del aparato. La máquina podía operar de dos maneras distintas, como máquina examinadora o

como máquina didáctica; si se empleaba como examinadora y la respuesta del alumno era

incorrecta, se registraba el error y se presentaba el siguiente reactivo (lo mismo ocurría si la

respuesta era correcta); si se empleaba como máquina didáctica, el aparato sólo permitía pasar al

siguiente reactivo hasta que el estudiante hubiera dado la respuesta correcta, y se registraban tanto

los errores como los aciertos (Benjamin, 1988).

El funcionamiento de la máquina de Pressey, cuando se le empleaba como máquina

didáctica, se encontraba fundamentado en las leyes del aprendizaje más importantes de su tiempo:

cuando la máquina permitía al estudiante avanzar al siguiente reactivo hasta que hubiera

respondido correctamente, buscaba dar cumplimiento a la ley de la recencia, según la cual cuanto más reciente es una respuesta ante un estímulo, más probable será que esa respuesta vuelva a

presentarse en el futuro. Por otra parte, cuando el estudiante respondía correctamente a todas las

preguntas de una serie, esta se repetía hasta que la dominaba completamente, con esto se buscaba

cumplir con la ley del ejercicio, según la cual las respuestas que más a menudo se presentan, se fortalecen. Finalmente, en versiones posteriores de la máquina, un accesorio adicional permitía

entregar al estudiante un caramelo o alguna otra recompensa cada vez que respondía correctamente

a un número determinado de reactivos, esta función pretendía cumplir con lo estipulado por la ley del efecto, según la cual las respuestas que son seguidas por consecuencias positivas tienen mayor probabilidad de repetirse nuevamente (Cruz, 1988).

Los posibles beneficios derivados de la introducción de sus máquinas en el ámbito

educativo llevaron a Pressey a considerar como inminente el estallido de una “revolución

industrial” en el campo de la educación, lo cual para su desgracia no ocurrió. En realidad, salvo

por algunos de sus estudiantes universitarios, los trabajos de Pressey pasaron prácticamente

(29)

1930, los Estados Unidos de América atravesaron por una profunda depresión económica, lo cual

constituyó un contexto poco favorable para el desarrollo de sus máquinas (Cruz, 1985). Un par de

décadas después, la tecnología de la enseñanza de Skinner haría su aparición para renovar el interés

por el empleo de la tecnología en beneficio de la educación.

El interés de Skinner por los problemas de la educación, y en especial los de la enseñanza

escolar, se produjo como consecuencia de un hecho fortuito. En 1953, como parte de las

actividades para conmemorar el día del padre, Skinner realizó una visita a la escuela de su hija

menor. Durante su visita pudo presenciar de primera mano la manera en que se desarrollaba una

clase de aritmética de cuarto grado, y de inmediato se percató que en ella se incumplían varios de

los principios conductuales que había descubierto en sus estudios experimentales (Johnson,

2014b).

Esta experiencia produjo una notable impresión en Skinner, pues al año siguiente publicó

un artículo titulado La ciencia de aprender y el arte de enseñar, en el cual, con base en lo observado durante su visita escolar, enlistó las principales deficiencias de las prácticas educativas escolares,

de entre las que destacan: a) el establecimiento de objetivos educativos vagos o ambiguos, b) la

baja frecuencia del reforzamiento de las respuestas de los alumnos, así como su administración no

contingente, y c) la carencia de un programa cuidadosamente diseñado que lleve al alumno, a

través de aproximaciones sucesivas, a los complejos repertorios que son el objetivo de la educación

(Skinner, 1976). En este artículo, Skinner presentó por primera vez su tecnología de la enseñanza,

sin embargo, no produjo consecuencias educativas inmediatas y pasó básicamente desapercibido.

El auge de la propuesta educativa de Skinner se inició hasta 1958, es decir, cuatro años

después de publicado su primer artículo sobre el tema, con la publicación del artículo Máquinas de enseñar. Al respecto, Salas (1990) explica que el lanzamiento del primer satélite ruso, el

spuntnik, en octubre de 1957, despertó un interés generalizado en los Estados Unidos, por el desarrollo de mejores y más eficientes sistemas educativos para sus jóvenes, lo cual produjo un

contexto social, cultural y económico propicio para el desarrollo de trabajos de investigación en

materia de instrucción programada y máquinas de enseñar.

A partir de ese año, la progresiva aceptación y popularidad de la tecnología de la enseñanza

crecería exponencialmente en los Estados Unidos y el mundo. En Europa se interesan por el tema

(30)

deseosos de beneficiarse de los buenos resultados producidos por este nuevo método de enseñanza

(Hingue, 1969).

El desarrollo posterior de la tecnología de la enseñanza se extendió hasta finales de 1970,

momento en el cual la instrucción programada y las máquinas de enseñar se integran en un campo

más amplio y comprensivo conocido comúnmente como tecnología educacional o tecnología de

la instrucción (Cruz, 1988).

Características de la Instrucción Programada

A pesar de las dificultades en su definición y en el establecimiento de sus antecedentes históricos,

en lo que respecta a la identificación de las características esenciales de la instrucción programada,

parece haber un mayor grado de consenso. De esta forma, Vargas & Vargas (1991) identificaron

los cinco principios esenciales sobre los que descansa el desarrollo de materiales programados:

1. La especificación de objetivos conductuales: En el proceso de programación es necesario especificar los repertorios conductuales que el alumno desarrollará después de haber sido

expuesto al programa. Los objetivos conductuales describen la conducta del alumno, y

establecen criterios mínimos de ejecución que deben cumplirse para acreditar el programa.

2. Principio de reforzamiento: El análisis conductual establece que es posible incrementar la frecuencia con que ocurren ciertos comportamientos modificando el tipo de

consecuencia que sigue a los mismos. En los materiales programados, el principio de

reforzamiento se emplea para incrementar la frecuencia con que se emiten las respuestas

correctas ante ciertos estímulos y para mantener elevado el nivel de actividad del estudiante

a lo largo del programa.

3. El alumno como sujeto activo en el aprendizaje: Para que las respuestas correctas sean emitidas, y posteriormente reforzadas, es necesario que el alumno no sea un mero receptor

de información. Por el contrario, es indispensable que mantenga una interacción constante

(31)

4. Aproximaciones sucesivas: Este principio consiste en alcanzar objetivos conductuales complejos, mediante “pequeños” cambios en la conducta del alumno. Esta acción permite

optimizar tanto el tiempo como la eficacia del proceso educativo.

5. Progresión del alumno con base en el dominio de los contenidos: En un material o curso programado, el alumno avanza a través de las unidades del programa únicamente cuando

ha alcanzado los objetivos de la unidad previa. Esto implica que, al terminar el programa,

el alumno ha alcanzado cada uno de los objetivos instruccionales establecidos desde el

inicio.

De igual manera, analizando lo expuesto por diversos autores, Salas (1990) enuncia tres

características de la instrucción programada, las cuales complementan los principios expuestos

anteriormente:

1. Realiza consideraciones acerca de los alumnos: En la elaboración de materiales programados se identifican y establecen los repertorios conductuales mínimos, también

llamados precurrentes, que el alumno debe poseer antes de ser expuestos al programa y que

facilitarán su trabajo con el mismo. En la programación también se considera importante

conocer las características de los sujetos que conforman la población objetivo con la

finalidad de adaptar mejor los materiales a las características individuales de los sujetos.

2. Tasa de aprendizaje individual: Desde la instrucción programada se favorece que los alumnos trabajen con los materiales instruccionales a su propio ritmo, y se les ofrece la

libertad de regular su ritmo de trabajo. Esta consideración libera a los alumnos de la presión

de avanzar a la par que sus compañeros de clase más (o menos) aventajados.

3. Evaluación constante: La instrucción programada demanda una demostración objetiva y constante de la eficacia del programa y del nivel de aprendizaje del alumno. Por este

motivo, y a diferencia de otros materiales como los libros, los materiales programados se

someten a evaluaciones periódicas con la finalidad de identificar errores o elementos en la

estructura y sistematización de sus contenidos que podrían modificarse para optimizar el

programa.

En lo que respecta a las máquinas de enseñar, su función esencial consiste en facilitar la

presentación controlada de los materiales programados. Skinner (1976) especificó las

(32)

óptima su función: a) el aparato debe permitir la interacción entre el alumno y el programa, b) la

máquina debe prevenir que el alumno avance a las unidades siguientes sin haber acreditado las

anteriores (garantizar la presentación secuenciada del material), c) animar y reforzar al estudiante

informándole lo acertado o no de sus respuestas (dispensar los reforzadores de manera

contingente), y d) permitir que las respuestas del alumno sean construidas antes que seleccionadas

de un formato de opción múltiple.

Los requerimientos de la máquina de enseñar muestran un marcado paralelismo con los

principios y características de la instrucción programada, lo cual no es de extrañar toda vez que,

en la propuesta de Skinner, los dispositivos tecnológicos juegan un papel secundario en

comparación con la aplicación sistemática del conocimiento psicológico. En última instancia, el

empleo de máquinas de enseñanza tiene como finalidad garantizar que los principios conductuales

implícitos en los materiales programados se cumplan en la práctica.

Tipos de Programas

En el contexto de la instrucción programada, se denomina programa a una secuencia cuidadosamente ordenada y organizada de material, la cual tiene como propósito procurar un

aprendizaje en los alumnos y en cuya elaboración se utilizan los principios del condicionamiento

operante (Lysaught y Williams, 1975).

A su vez, los programas se componen por unidades básicas denominadas cuadros. Un cuadro consta de aquellos estímulos necesarios para evocar la respuesta del estudiante, la cual

constituye un requisito conductual necesario para lograr una ejecución final de mayor complejidad

(Taber, Glaser & Schaefer, 1974).

Con el objetivo de modificar la conducta de los alumnos, distintos cuadros se unen entre sí

formando secuencias. Dependiendo de los objetivos del programa, las secuencias de cuadros pueden cumplir distintas funciones. Taber, Glaser & Schaefer (1974) describen los principales

tipos de secuencias con base en la función que desempeñan dentro del programa:

(33)

principios que deben ser aprendidos. Algunas veces se emplean para dar al alumno

información antecedente que necesitará para empezar su trabajo con el programa.

b) Secuencias de discriminación: Como su nombre lo indica, su función consiste en formar discriminaciones en los alumnos, es decir, poner comportamientos o respuestas específicas

bajo el control de los estímulos apropiados.

c) Secuencias de generalización: Su función consiste en poner respuestas específicas bajo el control de un gran número de estímulos que comparten características similares, pero

no idénticas.

d) Secuencias de práctica: Con estas secuencias se busca mejorar la amplitud del aprendizaje mediante una práctica que cubra distintas variaciones de las reglas, métodos,

y conceptos de la materia estudiada. En general, constituyen secuencias adicionales de

discriminación y generalización.

e) Secuencias para la conducta terminal (evaluación): Localizados al final de una unidad o del programa, estos cuadros examinan la consecución de los objetivos conductuales

planteados en dicha unidad o programa.

En el proceso de construcción de un programa, el número, proporción y tipo de secuencias de

cuadros que lo integrarán dependerá tanto de la materia a enseñar, así como a los objetivos

conductuales planteados.

Actualmente se dispone de una gran variedad de técnicas y modelos de programación, sin

embargo, al margen de sus diferencias, la mayor parte de los programas pueden clasificarse como

pertenecientes a una de dos categorías principales: los programas lineales y los programas

ramificados. Los criterios sobre los que se realiza esta distinción se relacionan con la manera de disponer secuencialmente los contenidos del programa (cuadros y secuencias), del contexto del

cual se originó cada uno, y de la manera en que los autores de ambos tipos conciben al proceso

educativo.

En primer término, la programación lineal, que en ocasiones recibe el nombre de

programación extrínseca, tuvo su origen en las consideraciones originales de Skinner, en el marco de su tecnología de la enseñanza, sobre la manera en que los materiales programados debían

construirse. Los programas construidos bajo este modelo se caracterizan por presentar un

(34)

ordenados uno detrás de otro, es decir, el alumno responde al primer cuadro, recibe información

acerca de la exactitud de su respuesta, pasa al segundo cuadro donde se repite la misma situación,

y así procede hasta el final del programa (Lysaught & Williams, 1975).

Otras características destacadas de estos programas son: sus cuadros suelen ser cortos, es

decir, contienen la información estrictamente necesaria para cumplir con su función; la

secuenciación de los cuadros se suele realizar en orden de dificultad creciente, es decir, desde los

temas más simple hasta los más complejos; las respuestas que se piden al estudiante suelen ser

construidas evitando así el empleo del formato de respuestas de opción múltiple; y finalmente, los

cuadros se diseñan (con excepción de los cuadros de evaluación) de tal manera que se induzca al

estudiante a emitir siempre las respuestas correctas, procurando de esta manera que cometa la

menor cantidad de errores posible (Skinner, 1976).

Las características anteriores tienen como finalidad dar cumplimiento a propósitos muy

específicos, por ejemplo, la brevedad de los cuadros y su secuenciación en orden de dificultad

creciente se diseñó con base en el principio de moldeamiento de repertorios complejos por la

técnica de aproximaciones sucesivas, lo cual permite aumentar la eficacia del proceso

instruccional. De manera similar, la brevedad de los cuadros aumenta la emisión de respuestas

correctas e induce un reforzamiento constante, lo cual tiene como efecto aumentar la motivación

del alumno al trabajar con el programa. Además, las respuestas construidas ayudan a establecer

repertorios complejos pues las preguntas de opción múltiple solo son útiles en la formación o

evaluación de discriminaciones. Finalmente, el que los alumnos cometan el menor número de

errores posibles optimiza el tiempo de instrucción y evita la aparición de respuestas emocionales

suscitadas al cometer errores constantes, tales como ansiedad y frustración (Skinner, 1976).

En contraste, la programación ramificada, también denominada programación intrínseca, se originó de la experiencia y las necesidades de trabajo de Norman Crowder en el adiestramiento

de personal de las fuerzas armadas para el manejo de equipos electrónicos complejos. Los

programas ramificados se caracterizan por seguir una secuencia principal de cuadros, la cual, en

ciertos puntos específicos, se ramifica dando lugar a que el alumno pueda seguir secuencias secundarias de material que generalmente terminan por llevar al alumno de vuelta a la secuencia

principal del programa. Su funcionamiento se resume de la siguiente manera: a cada unidad sucede

(35)

pero si su respuesta es incorrecta, el alumno es enviado a una secuencia alternativa de cuadros

diseñada para corregir el error particular que haya cometido, razón por la cual al finalizar el

programa es posible que los alumnos hayan seguido secuencias instruccionales distintas (Lysaught

& Williams, 1975).

Algunas de las características destacadas de este tipo de programas son: la cantidad de

información contenida en los cuadros suele ser mayor que en la de los programas lineales, el tipo

de respuesta que se solicita al alumno suele ser principalmente de opción múltiple, y los cuadros

no se diseñan con la finalidad de facilitar la emisión de respuestas correctas, pues se considera que

cometer errores es útil para el proceso de enseñanza, entre otras.

Al margen de las diferencias y similitudes entre ambos tipos de programa, Dorrego (2011)

ha identificado las principales desventajas de cada uno de ellos. De esta forma, y sintetizando de

algún modo lo expuesto por Rubbens (1975, citado por Dorrego, 2011), indica que en los

programas lineales las preguntas suelen resultar demasiado sencillas de responder, razón por la

cual pueden llegar a ocasionar fastidio a los alumnos más aventajados, además en ocasiones una

misma información se repite en distintos cuadros generando aburrimiento en los alumnos, y

finalmente, debido a que la información expuesta en los cuadros es muy breve, la programación

de una materia resulta en secuencias muy largas de cuadros.

Por su parte, una de las principales desventajas de los programas ramificados, la cual es

compartida por todos los programas conformados en su mayoría por preguntas de opción múltiple,

es la posibilidad de que los alumnos contesten correctamente por la simple selección al azar de

una opción de respuesta, es decir sin que la elección se deba a la comprensión del tema estudiado.

Asimismo, se ha señalado que las situaciones a las que se enfrentan los alumnos en un programa

ramificado son demasiado diferentes a las situaciones problemáticas que se les presentan en los

escenarios naturales ya que estos exigen soluciones que muy raras veces se limitan a la simple

elección entre dos o más alternativas. Además, en un programa ramificado la similitud entre la

opción correcta y las incorrectas de respuesta puede conducir al estudiante a equivocarse

constantemente con lo cual se alarga el tiempo requerido para completar el programa. Finalmente,

el método intrínseco requiere mayor tiempo y esfuerzo por parte del programador, el cual puede

Referencias

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