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Historia general de España

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(9)

HISTORIA GENERAL

COMPUESTA, ENMENDADA

Y

ANADIDA

P O R

EL PADRE

JUAN

DE MARTANA,

ilustrada

con

notas hist6ricas y críticas, y

nuevas

tablas cronolhgicas

desde

los tiempos mas antiguos

hasta

la

muerte del

Sr.

Rey

D.

Carlos

111

P O R E L

DOCTOR

DON J O S ~

SA

BAU

-Y

BLANCO,.

IníDZMDUO DE L A R E A L ACADEJMIA DE L A HISTORIA.

TOMO

VI.

. . . f

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r ,

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2eu-

L * /

--Y

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/

----

./--

-

C O N S U P E R 1 0 R P E R M I S O .

MADRID MDCCCXVTII.

EN LA IMPRENTA DE D. LEONARDO NVÑEZ DE VARGAS,

CALLE DE LOS REMEDIOS N. PO* %. : I -

.

(10)
(11)

PTCEFACIO

DEL

EDITOR

En

c?

difcicrfo de2

tomo

anterior fiemo$ demoarn-

do

Zas carrsns de

la

revolucion espantosa

que,

des-

truyendo

el

imperio glorioso

de

los Godo$, puso

la

mu-

y m

parte

de la

Espat'ia en manos

de los

Arabes.

A b

ra

es

nc'cer~rio

rnaniye~tar c ó m se reftablecid este

mismo trono

en

?as montaña$ inaccesibles

de

Astu-

rias,

y

de pegueffns principios

con

$u valor

y

es-

fuerzo

llegó

d

tanta grandeza

y

alturn

,

que

fd

e l

terror

de los

enemigos,

y

la

admiracion del universo.

La

famosa batalla del Guadalete,

en

la

quab

perecid

D.

Rodrigoy la mdyor parte

de

la nobleza, disipd

las

fuerzas de la nacion, y puso la cmtfusion y

el

desdrden

en

el

r e y m de

manera

que no W i a

quim

mnndnxe ni

quien ohedecjefe.

LOS

Arabes corriéron

con rupindz

lu.r pronincias,s~rjetando las

ciudades

p w

fuerza

d

por

artificio. Muchos Gobernadores se rin-

diéron

sin

ninguna

resistencia, capitulando

que

se

le8

dexarinn libres los

bienes

á

los sitiados,

el

uso

de

/a

religion, de las leyes y

de

su gobierno, y que no se

Irr

impondrian mar

rnktor

que

los que Úntes

paga-

ban d

SUS

Soberanos. E s t a capitulacima

se

concediu

generalmente

d

todas las ciudades que

se

rendian

sin resistencia, ~írvibndose

de

este medio para redu-

cirlas sin detenerse

ni

perder

gente,

y

poder

con-

tinuar

sus conq«istas.

'

Mas no faltaron hombres generosos

qrie

en e!

desastre general, prefiriendo

el

honor

d

todos

los

bien&$,

defendikran

las

pluxas

mieqras

tuvid-

(12)

11

PREFACIO

ron

fkerzas,

,y

quisic'ron

mas

sepultarse

&6am

de sus ruírias que

capitular

con

gente

tan

phrfida.

Un

Gobernador que

entrega

la plaza sin hacer

nin-

guna

resistencia no puede justificame jamds

rS

los

ojos de la tracion

y

de

las generaciones futuras,

por

mas fuerxas que tenga el enemigo

que

In

atacit. S u

nombre será exacr~lble

en todos los siglos,

y

In

bis-

toria

k

representard como un pérftdo

,

un traydor y

un

hombre vil

que quebranta las obligaciones

mas

sagradas que ha contraido con el Rey, la patria

y

In

religion.

Mas

por

J

contrario,

el

qtle

ZR

defiende

coa

walor hasta ed término que prescriben las Zeyes de

k

guerra se llena de gkwia, y los enemigos

le

n ~ i -

.van con respeto, reconociendo que

la

falta

de fuerxas

j(

de medios ke kan obligado cr' tomar esta resolucion

contra su voIuntad.

Capitula

con

fionor

porque ha

cun~plido con todas las obligaciones, llegando fiastn

el

tév.mino

en que

la

ley

natural Ze manda

que

no

exponga

inhjlmente

Za

vida y

los

bienes de

t m t o s

misernbles a l furor de

un

soldado

Jdrharo

y

cfuer!

Los

que

trasportado$

del

amor

de

IR

patria

del

Soberano toman la resolucion fiero'ica

de

s~prcZ-

tarse baxo las ruinas

de

Zr

plaza, nos

Z k a n

de

U J O ~ ~ O

y

de udmiracion. S u defensa será honesta,

y

merecer^

los mayores

efugio#,

con t a l que se

haga

con

cmsentimiento

de los

ciudadafio~

y

de

Za

tropa, es-

tando todos animados de los mismos senthientos

para debilitar Ins f u m s del enemigo, inspirarle

terror, y animar

d

los defensore~

de

la ppatriu.

Qrwndo

e!

Gokrnador tenga estos motivos para

hít-

ccr

una defensa tan a s o n t h s a que parece

excede

los Zhites

que

b s Zeyes prcscdben,

siempre

será

digna de elodos su conducta, porque es conforme

d

(13)

DEL

EDITOR.

IU

SaIur populi suprema

lex

esto,

la

quid

es el

alrr~a,

el

espfritu

y el

fin

de

todas las otras. De estos

he'-

roes

hubo

algunos en estos t i $ m p o ~

desgraciados,

pues

s e e n los

historiadores Arabe5 fuéron arra-

sudas algunas

ciudades,

y

sepultados

baxo

sus

rui.

nas

srrs

generosos defensores,

Theudimero

d

Theudmiro, que

?hdia

dado tan-

tas

pruebas de valor en tiempo de Witixa y de

D.

Rodrigo,

desptres

de

tu

batar'Ea de GuadaZete

se

re-

tird

d

Murcia, donde habiendo recogido

algunas

tropas qrrifo hacer resistencia d

una

division de

ZOS

Moro$ que

iba

d

atacarle;pero mudando de

re-

pentc

de

propósito, porque era inferitw en fuerxas,

se

entrd

en

Za

plaza

de

Orcllis, que es O r i h u e i ~

g

sin

hacer ninguna defeensa capitutó. IMasdeu,

dpurtkndose de

da

cornun

opinion

de

todos Zos his-

t o r i d o r e ~ ,

pone

d

T h e u d i w o por sucesor i n m

.

ditito

de

D.

Rodcigo

en el trono de los Godo$.

Pero

%por qub

tftulo

lo

era2

i q ~ é

&recho tenia

d

Za

corona? E.std era

electiva,

y

las Zeyes

del

Fuero

Juzgo

habian d e t e r m i d o con Za

mayor

precision

e!

modo de esta eleccíon, el lugar, y personas que

de-

áian h e r l a ; de manera que

no

h i d n d o ~ e

confw-

me

b

e k s ,

era

nula, y el elegido

no

tenia deue-

CITO

ñZ

trono,

y

nadie esta& obligado d okdecev-

le

nni reconocerle? por

tal.

se podrd decir que Theu-

dimero

fue'

ele&do conforme

d

la ley? En dónde

fue'

ctegido?

Cerca

de

Orcilis, dice Masdeu.

i

Por quié'n?

Por

tos soldados fugitivos.

t

Es

esto

lo

que prescri-

6e

Z'

ley?

i

Concede d los soldados eE dwecho de

de-

gtr al

Soberano?

No,

sino tos Obispos, d los

G a t ~

des

y

Señores principales

del

reyno. Es evidente,

pues,

que

esta

eleccion

,

aun quando se

hribie~u

hecho,

20

que

ne

consta

P M

ningun

testimonio, era contra-

(14)

IV

PREFACIO

ria

d

la

ley,

y asf no

k

daba

derecho

ninguno

a2

trono,

iQui&t~

podrá persuadirse que en la confusion

en

que estabd el Estado un pequeño número

de

sol-

dados tuviesen el pensamiento

y

la temeridad de ele-

gir

Rey

d

un

Gobernador

que

estaba sin fuerzas?

Y

quanclo

Aubiwan

sido

tan

Zocos

que

queriendo

po-

nerle el cetro en

Zar tnanos,

y

la corona en la cabe-

za,

i l ~

hubiera consentido

jamds

un hombre tan

pru-

denze?

Desechemos esta opinion como

un

delirio,

y

dexemos

2

Theudimero

en la

clase

de

Gobernador,

que despues

de hnherse

IZettado

de

gloria

en

las

ex-

pediciones contra

los

~ m k s

en

los

ar7os

anteriores,

al#n

de

su

vida

puso

una

muncñrs

en

su

reputacim

entregando torpemente

su prvvincia d los enemigos

sin haber hecho

nniguna

defensa.

El

mismo juicio

debe

formarse del reynado szcpuesro

de

Athnnahifdo.

Zsídoro de Beja y el Moro Rasis les drín

el

n m -

bre

de

Prfncipes,

y

aun

de

Reyes, es

porque

eran

los prtncipales Gobemadwes

que

se habian

distin-

guido ma$ que los otros

en

/as

batallaJpor

su

v~Zor,

O

por otras causas que ignwan~os.

En

la

confusion general que

se

Aallaba

e2

rey-

no los soldados

de

valor,

tos oficiales

ma$

resuel-

tos,

y

muchos del pueblo, animados

del

deseo

de

vengar las injurias

y

los males

que

ellos

y

sus

fa-

milias

hbian

sufrido por estos bárbaros,

d

p i e -

nes miraban con horror,

se

forrnlfron

en

ziurias par-

tidas para hacerles una guerra eterna.

Persiguieíldo-

los por todta~

partes les incomoddun

,

Zes

atacaban

de

repente

con

seguriddd

en

lugares oportuaos,

les

mu-

tuhan mucha

Rente,

y

retarduban sus

conquistas.

Los

(15)

DEL EDITOR.

Y

puir, porque estando todo

t?t

sembrado

de montes

y

bosques, es myy

d propósito para este

g

é

de

~

~

guerrilla,

que

consume lentamente los &rcitos,

ler

quita

lo$

convoye~, les

nlatrt

nucfia gente, y

oblign

al

enemigo

d

tener en varios punto$ Eueqos conside-

rables de tropa para

b

seguridad de los caminor

y de

tus ~ o r n ~ n i ~ u c i o r w ;

y de esre ntodo quedan muy

disminuidas

y

divididas sus fuerza$,

y son

mas

fá-

n l e ~

de vencer.

Entre lo$ que mandaban estps par-

tidas

sin dirda

a / p n a fuC

de los mas ilustres, y

el

que

Te Bend mas

de

gloria en sus expediciot~es,

D.

Pclagto,

el qiral

hahiu dado

antes

muchas pruebas

de su

valor

y

prirdencia, y tenia grandes talentos

mi-

litares.

Este

hombre

capáx

de

restablecer

el

trono,

lleno de

nobles

y

altos pensamientos,

t m d

fa

gene-

rosa resolucion de juntar las gentes

que

pudo

reco-

ger en la C a n t a b r i u , ~

se

fu6

d

Asturias como

pair

muy

o p u n o

para resistir

d

los enemigos: sabia muy

Bien que sars

habitawtes

eran

beiicoso~,

y

en todos

ricempus habian

mostrado

mzrclro

valor

E!

intrepidér

m

los

combates

y

en

la

defensa

de

la

patria.

iQuk

no podia prometerse

D.

Pelayo con estas gentes

que

estaban

animadas

de

los mismos sentimientos de de-

fender

la patria, las Zgtes ~ f t

da

Religion

?

Arreglado

un

cuerpo de tropas considerable,

em-

p ~ x d

lar hostilidades contra los enemigos, que no ha-

bian Zlegndo sino al pie de las montañas de Zeon. Es

muy verosimiI que se p s a r i a

a@n

t 9 o

en este

&-

w o

deguerrilla, porque estando tos AraJes ocupados

en canquistnr lds provincias mas ricas y mas fgrtites

de

la España, no tendrían fuerzas ni interés en redti-

cl+ m

enentigo

dt%ily

un pais miserable. Mrrnuzd

,

quc

mandaba

en

h n , y tenia una guarnicion competente

*

para contener los pueblos sometidos, enviaria algtt-

(16)

VI

PREFACIO

ms

peqr~eñas divisiones para contener estas

tmp-

t i m e s de los Asturianos.

D.

Pelayo manifestaba en

&$tos encuentros $u pericia militar, y siempre dexrt.

Bu

muy

escarmentados d los enemigos;

de

maneru

que

y a

f«é

preciso enviar co?itra

éZ

un

General de

reputacion con un cuerpo bueno

de

tropa. E s t e

fué

jflchaman que hnbia servido en el exdrcito

de

20s

Moros desde

el

principio de

la

conquista de Espa-

710.

Pdsose

en

busca

de

D.

Pelngo

con

todas

tcis

pre-

cauciones posibles en un

pais

tnn qrtehrado,

y

te-

niendo que cort1L4atir

con

un

Copitan

tan

experimen-

tado.

Al

pie de

un

monte altfsimo,

donde

estd

la

ruma de

Covadonga,

se

encsntráron

con los

Asta-

rianos y se

empezó

el combate,

el qunl

fue' tan funes-

t o para los M w o s que Zu mayor parte fuCCon muer-

tos con

su

General,

y

los pocos que qtreddron vivos,

quando

se crefan seguros huyendo, una parte

de

la

htonta%z que domina

a2

rio Deva se

desgsjd

y los

dexd seprtltndo~ en

sus

minas.

.No

se

puede dudar

que

D.

Pelayo tomd con la

mayw

prudencia todas

las medidas para

el

buen h i t o

de

esta

batalfa

fa-

vnosn; pero como

tbdd

esta

trOQfl

generosa con su

Ca-

pitan estaba animada de sentimiento$

de

piedad

y de

religim

,

confiaba

en

que

Dios les

lidia

de

crmparav

de

un

modo maravillo~o;

y

as$

ze

ha

creido

con mu-

cha razon que Dios le protegid y

d e s t w d

h

sus

enemigos.

N o es verosImN que

ZOJ

Moros ncometiesm

¿

;D.

Pelqya con un exército de quarmta d cincuenta

mil

hombres, porque para reducir

un

peqiietro

nzíme-

r o

d e

Vandidos

6

Salteadores,

como ellos Ilnmaban,

no $e necefitan fuerzas t a n f m i d a b I e s . i C h o

se

(17)

DEL

EDITOR.

vlr

t u m h a d o ~

2

venc,er con poca tropa exdrcitos nuvre-

rosos

en

Asia, Afkica y Eapalla

,

llenos de

w g u h

con tantas victorias corno habian conseguido,

je+

vjarinn

un

exé'rcito etttero para sujetar ochocientos

d

mi/

hon~hcs

que

miraban

con el mayor despecio?

*Qué

consegu'ian conqui~tando

un pais lleno

de

rocas,

de

montañns,

rlc

bosq~res

,

y

de pueblos rniserafiles?

Por todas estas consideraciones nos persuadimos

que

esta accton no

fue

sino entre dos pequeñas

ppr-

tidas

;

y

que

habiendo perecido en ella ¿a de los Ara-

bcs,

sin

embar~o

de

ser mticRo mas numerosa, se

celcbró

en

A~rirrias

Id

victoria

como

un

favor

sin-

gular

del

cie(o,

y

una prueba evidente

del

valor

y

dcl

talcrrto militar

del

Capitun qae la ntandaáa. Des-

prres de

esta

victoria

guedhrim tan e~carmentador

los enemigos,

que

dexúron mucho tiempo en

paz

d

los

Asturianos. Como nos

falrun

noticias ciertas

y

po-

titivas

de

unos tienrpos tan antiguos3 o b s ~ u ~ o ~ , y

tenmios

tda

POCOS

e~crit0re.r

t p d e

se

ttayan ocupado

en

dar

relaciones

cxn'cta~

de

tos

hecho$ herdicos

de lor

defeensmes

de

In

patria,

/o$ qrtales

ciertamente mere-

cian pasar hasta la

posteridad

mas remota, es

nece-

sario entrefarnos

d j

las conjeturas. Los dos Cmnico-

ner

de

aquel tiempo que ihan llegado h m t u nuestros

dias

son

tan secos,

que

reperen

muy

pm

mayor

los

sucesos, de manera

que

es

may

diffci2

entender

lo

que quieren decir;

y

de algunos, nunque muy notaJles,

como de

la

batalla de Covadonga, no

hablan

nada. E l

continuador

de

la Crónica del Yiclarense, qrre

la

con-

cluyd

el año

7

24,é

Isidoro Pacense, que

Z@Ó

hasta

el

7

5 4,

no hacen mencion

de

las acciones

de

D.

Pe-

&O, ni aun

le nombran;

y

solo ~abernos

estos suce-

sos

pw

los autores

que

escribihon sigko

y medio

despues de

este

tiempo.

QrrízL

el

primero

no

había

(18)

VIII

PREFACIO

de Pelayo porque

dun

no

haliia

sido elegido Rey; y

el

segundo porque hallúrtdose en tierra

de

Moros,

no

se

atreveria

1S

referir unos sucesos que les eran

tan

perjudiciales, por

no

exponerse

d

perder

la

vida

co-

mo

perturbador

de

Ia quietud príbiica.

Sea

lo

que se fuere de este asunto,

no

debemos

detenernos rrras en

6k

no

es

fhcil

u v e r i ~ u a r

la

ver-

dad;

y

los historiadores y crfricos modernos no ha-

cen mns

que

proponer conjeturas wns d

ménos

pm-

bables.

Lo

cierto es grte

muc&os

de lo$

Christinnos

que

vivian baxo

e/ poder

de los

Moros,

viendo

que

en

A s t u r i a s

se goxaba

de

s e p i d u d ,

y

creyendo

que Dios

habia

empezado

b

proteger

su

causa,

nhan-

dm'ron sus casas y sus bienes, y se

fudron

d

es-

te

asilo con

esperanxa de restnblecer el

trono.

L a

libertad que gonnban

en virtud

de

Iris

capitulaciones

h e c b

con elenemigo

les facilitaha

la

emi~.racitm.

Por

este medio se aumenthron

en

tanto

grnda

l u ~

fuer-

zat

de

los

Chistianos

M

Asturias,

que

D.

P c t w o

se

puso

en

estado, no s o l a m t e

de

defender

eZ

p i s ,

sino

de

atacar

a/

enemigo.

asf

este

principio

de

pdí-

tjca,

que

dexaba

en

las ciudades do$ cuerpos

Ían

opuestos

y

tan desunidos,

fué

la primera

c a u ~ u

del

restablecimiento

de /a

M m t q d a .

Reunidos

muchos

Obispos y

Grandes'en

A s t u -

rias trathron sin

duda

algrrm

de establecer

una

for-

ma

de gobierno

firn

y

estable;

y

con

arreflo d las

leyes del

Fuero

Juzgo

eligiP'ron Rey

d

D.

Pelnyo

para

&r

mayor

v i p t

y energfu

a

sus áperacione~,

y

establecer

el

&den

en

el nuevo

y

pequerío

Esta-

do.

No

se

sohe gutindo

rc hizo

esta

clcccion,

pues

(19)

DEL

EDITOR.

I x

m a ~

antiguos de que se valiéron

;

y

hafiiendo escrito

ellos

I

S

o azos despues de estos sucesos,

sin

em8ar-

go

de que estaban poco distantes de ellos, no

es

bastante su autoridad para #xar este punto de cro-

nologia con tanta precision. Merecen algrrna

f6

por

lo que respecta a l hecho en general

de

que

AuJo un

Pelayo que se distinguid por acciones gloriosas,

y

que

era de sangre real, y el primer

Rey

que

se eli-

gió; pero las demús particularidades no era

0-

cil conservarlas

en

la memoria por la tradicion sin

akerarlns

por

/u$

preocupaciones, por la ignoran-

cia,

y

For

la

demasiada

credulidad

y

pasion por

10

maravilloso; vicio

de

que adolecen la mayor parte

de

las nociones

y

de los particulares p a n d o

lfrny

po-

ca ilustracion. Los Moros los desprcciúron porque

no tmian fuerzas bastantes para entrar

en

Ecn

pnis

montaiíoso: de un clima duro

y

áspero, poco fgrtil,

muy

pobre,

y

sin can~inos para marchar los exdr-

cito$,

porque

habiendo

sida rechaxados muchas

ve-

ces con gran pFrdida,

teminn

la

feracidad

de

sus

&abitantes,

que animados de/ espfritu

de

venganza

se habian

de

defender con el

rnoyor

valor,

O

porque

crefan que siempre rendrian tiempo para reducirlo$,

siendo el Estado nuevo

qrce

acababan de f m m a r t a n

débil,

comparado con el gran poder que ellos tenian.

Esta

deMlidad

fud tambien otra causa que contribu-

j d

ti

la subsistenciay engrandecimiento

de da

nueva

Monarqufa.

Una

potencia poderosa hace poco caso

de

SU

vecina quando es

dtebily

sin firerzas

; y ésta

mu-

chas

reces se aproveclia de esta seguridady descui-

do para tomar las medidas

de

sir elevacion.

D.

Pelayo,

el tiempo que

gozd

de esta tranquili-

dd,no lo pasd en diversiones ni

en

el Ocio, sino como

(20)

x

PREFACIO

Zjtico profundo, Aizo los nrajoves esfuerzos

pnru

afr-

mentar

las

tropas, exhortando,

6

por ntejor decir,

mandando

ci

todos srrs sdbditos tomar las arrnas para

librar

d

¿a

E.rpntTn

del yz~go

&

los infieles ,

repre-

sentándoles el interes de

la

religion

,

el de

la

patrin,

y

el

de

la libertnd. Tenia carrespondencias secretas

con

las ciudades sometidas

2

los

enemigos:

pro-

curnba

perstzadirIes que sncudiesen el ytlgo

y

en-

trasen

en

fa Zíga

comicn

:

hacia excursiones con

sus

tropas en las tierras

de

los enemigos,

tala-

ba 10s campos, saqtlealha los puefilos,

mntondo

mu-

chas gentes,

y

llevríndose muchos cautivas. Esto

¡o

hacia por dos motjvos, es

2

saJer, parque sus solda-

dos fueran mas animosos3 atrevidos con la esperan-

za

de/

botin, y por acostumbrarles

d

la disciplina

militar,

d

la subordinacian,y

d

la obediencia, para

q4re quando fuese necesario empreirdet rrna guerrd

abierta estuviesen aguerridos. Reedificd

muchos

pueblos

, e

hizo

construir

algunas

Iglesias

;

pero

no

quiso,

ni

cercar

de

mrrratlas Icts ciudades,

ni levan-

tar

ninguna

fortaleza

en

sus

dominio^,

con

el

fi

de

que entendiesen todos que mientras

no

pusiesen su

coqfianza

en su

valor no estatian libres de 20s

in-

s~tltos

y

ataques

de

los

enemigos.

Tal f u f este

hb-

roe fundador de

u n

peque50 Estado,

que

con

su

pru-

dencia

y

valor dexd en

el

mejor

brden;

y

despues

de

sil largo reynndo

murid

llorada

de

todas:

sus

grandes virtudes lo

hicikon

tan ilustre,

que

algu-

nas gentes lo tuviJran por Santo.

Este Reyno

hrrhiern

perecido desde

srr~

princi-

pios,

si

no

se hubieran sentado en

et

trono hombres

crlpnces por

SUS

talentos

y

virtudes de sostenerlo.

(21)

DEL

EDITOR.

XI

las pasiones trastornaban

e l

juicio de /os electores.

BZ

bien de la patria

y

Iiz

conservacáon del tronó

era

el dnico abgeto que excifaha los deseos de todos;

y

a s f vemos ocuparle una

mrikitud

Re honzbres

gran-

des

que

merecen con

justa

razon

el tftrclo

de

h6roes.

Alfonso,

que

despues de

Favila

ocrlpd el trono, me-

rece compararse

con

los Ambres m a s grnndes

de

la

antigüedad. Parece que la Providencirt

divina

lo des-

tinaba para

reparar

las

pCrdidas

de

Espnza.

;

Qrré

valor,

qut.'

intrepid&,

qué

prudencia,

qué

religion

y

qué

humutridad en este hombre!

;Qrk política

tan

p r o f u r h

!

;Co»

quc'

nrre sabia g o b e r ~ a r

ri

los sdbdi-

tos

y

ganarse

la est ín~ncion

dc

todos ellos!

j

Cómo se

aprouechaba

de

la ~pol-tunidad que le ofiecian

las

circunstancias

en

que sus enemigos se hallaban pava

dilatar los términos de

sus

estados! V é q u e tos

Me

ros estnn divididos entre

si, junta stis fuerzas,

y

acmpairado

de

Froila

su hern~ano,

que

era Genera2

excelente, entra

por

la

parte

septeatrianal

de

Cali-

cia, .te

apodera

d~

toda

ella hasta l k a r

n'

Lugo,

y

zwelve

(i

su

capkul

lleno de gloria

y

de

riquezas.

N o

bien

había descansado de

las

fatigas

de

esta

campaña, quando medita una expedicion mucho mas

gloriosa,

d

la qual le excitan los misvlos súbditos con

gran contento

y

alegria.

;

Qun'nto puede

un

Soberano

que

se hace estimar manifkstando por su conducta

que

no

tiene mas interes que el de la nacion, ni se

propone otro fin

en

todo

lo

que

hace

sino la felicidad

comun

y la

particular!

A s t o r e a , Leon

,

Saldaña, Montes de

Oca,

Amaya,

A l a v a , todo se rinde

d

srrs armas

:

llega

hasta

las

Sierras

qrre

separan las dos

CastiZZa , y

(22)

xt r

PREFACIO

prtrdencia el renombre de gran Cupitun

,

y el

de

64-

b f l

y

consurtrado polftico. Mas como no puede

defender

el pais llano

que

ha

conqtristado, destruye los pue-

blos,

y se

lleva

¿

todos sus habitantes, C h r i s t i a w

g

Moros,

ú'

estos

como

esclavos, y

á

aquelhs parta

poblar sus áierrtrs: providencia dictada por

/a

ne-

cesidad

y

la

poJftica para impedir

d

los enentips

de

venir d atacar

sus

estados, no dexhndoles

medior

de

sustentar su ex8rcito en

un

pais enteramente

de-

Jierto. El

=lo que tnanifesrd por la

relipion

con$-

truyendo templos,

y

convirtiendo en IR/esias lar

Mezquitas, le merecid el renomhe de Catdiico, con

el gual es conocido

en

la Aistwiu.

Froiln

su

hijo, heredero del trono, no mhnos

&e

de las virtudes

de

su padre, tenia en

un

grado

mas

alto las que

son mas

brilhntes y

necesariar

para

e/

gobierno de un Estado que

esti

de

cantinuu amena-

d

o

de

unos enemigos poderosos mnpeiiados en des-

truirle. N m a r r a

y

A k v a , que se

le

habian t e k l a -

do,

las sirjeta

cn rtn

momento,

y

de~puc.s

de

ca.cti-

gudos los reboltosos vuela con sus tropas d Galicia,

destruye el exkrcito formidable

de

los

M m

,y

he-

cho prisdnero sa Gmeral fe manda quitar

la

vida.

Abdwramen

,

Califa de Córdwa, lleno

a%

rabia,

junta un exdrcito poderoso

para

vengar

esta

afrenta,

y entra

en

Castilla con grande orgrrlZo. El prudente

Froilu,

que

tmfa

méms fuemar,

k

dexu adelantar

Zibrmnte hasta las montailas

&

Leon: despues cae

sobre

62

con

tanto

fmpetu

,

que

lo derrota y le obli-

ga

12

(hacer una

paz

vergonzosa

Si

este Prfncipe

hubiera

juntado

d sus grandes virtudes la

suavidad

y

la dulzura, rnerecwia ocupar un

lugar

myp

di$-

tinpido

en

e2

número

de los hdroes que han

lleva-

(23)

DEL

EDITOR,

XIII

?e liixo perder

la estirnacion

de

sus su'hditos

,

y

Zle

d

ser vfctima infeliz de su nversion. ;Tanto iinpor-

t u

al

Soberano mczclar

la

suavidad

y

cleniencia

con

la

dureza

y

severidad,

de

manera

que siempre

merezca m s

la reputacion de clemente

y de

Ibrrma-

no, que

la

de jñsticiero

y

rigoroso! E l Prfmipe

no

necesita hacer

n i n p n

esf'rzo

pnra

ser severa

yi

duro; mas no será

humano

y suave sino consigrciendo

triunfos

y uictorias sobre su coraxon.

A m s o

Segrtndo,

su hijo,

d

quien

lns

d c s p t -

cins

hici6ron

n~rry

paciente,

go6ernd

e/

trono con

ran-

tu

prtcdettcia

y

rncrt(.rncicn,

grie

arrepentidos

y

aver-

onzad dos

sus enemigos de los insultos

que

le

habian

hecho, fuéron despues los sdbditos mas

f i k ~ .

Tenia

valor,

prirdencia

,

actividdd

,

justicia,

tnoderacion,~

pureza

de

costumbres

t a n

grande que le

mereció

e2

renom8re de

Casto

:

deseaba

tanto

la felicidad

de

sus

pueblos

que

parece

que

no

estaba ocupado

en

otro 06-

geto. nestrt<ye un

exkcito

formidable

de Mmos

que

h x o /a cnndi/cta

de

i/n G e n ~ r n l mtry

wperimentado

Irabin

entrado

en

Galícia;

y

libre

de

los cuidados

de

Zagtierra,.re octrpa

en remediar

los

abvms que

se habian

introducido

en

el gobierno. Despires, aprovechándose

de las

discordias

civiles que # d a n entre

sí los

Mo-

ros,

hace

repohlary fwti#car

d

Braga; se entra en

srrs estados

;

derrota

un ex8rcitoque

le sale al

enctien-

tro;

y Zle~ndo

d

LisAoa,

t w a

por

asalto esta

ciu-

dad, y vuelve d

su

capital Z?e?ro de riqzrexas

y

de

gloria.

Este

xrnn Prfncipe, despues

de

haber

go&er-

nado sus

estados

de

una manera ccpaz

de

conciZiar-

se

la

venerncion, el respeto

y

amor

de

todos sus súh-

ditos,

posó

e l

cetro

a'

mnnos de

su

hijo

D. Rmjiro,

pie

era digno de

ocupav

el

trono

por l a r praitnes

(24)

xxv

PREFACIO

D.

Aiffonso Tercero que les sircediEton, se

hiciéroR

admirar tarnbien por sus grandes virtuder. To-

dos dexaban d sus sucesore$

el

estado

tnas

dihtado,

mas

rico

y

mas floreciente

qzre

lo habjan recibida.

Los

hijos

que recibian de

h

mano de sus padres este

cetro inmortal, edt~cados

en

su

compañia, hacian es-

fuerzos para imitar los

exemplos

que les

hubian

dado de

valor y prudencia;

y

no degenerando de los

nobles sentimientos que les habian inspirado con su

conducta, siempre hacian

el

estado mns

firep.fr

y

mas poderoso.

;

Tanto

impmta

qrre

tos Reyes

ii6n

buen

exemplo

d

sus

hijos, para que los pueblos sean fe&

ces, y el cetro se conserve lleno

de

gloria

en

la

mis-

ma

familia

!

D.

Garcia y

D.

Ordoao

Segundo,

hijos

de

D.

AIfonso

el Grande, continuhron cm

la

misma felici-

dad

ba

guerra contra los

Moros,

debilitando siern-

pre

el poder de los Califas de

Cdrdova.

Alfonso

Quarto era

rnás

propio para v i v f r en

un

c!austro

que

para gobernar

un

reyno

;

y

as#

o c q d

e l

t f ~ n b

D. Rd-

miro Segrindo, que

ni m valor ni

en actividad y

prrc-.

dencia fué inferior

¿

ninguno

de

los

predecesores:

consiguid victorias ilustres c m w a los Moros,

~ C P

paso que lo Zlendron

de

gloria

lo hiciéron

temible

y respetable: reprimid b s alborotas

de

sirs estados;

y

srqo contener en

la

sumision

g

la

obediencia

d

los

Condes

de Castillir. S u hijo

D.

Ordoña Tercera

el

poco

tiempo que estuvo

en

el trono

se

hizo respetar

y

temer, y

no

pudiendo reducir

r3

los rebeldes de

Galicid con

b

drs!zuru

y suavidad, les o b l . d

so-

meterse con ta fuerza, haciendo sufrir

h

Zax

princi-

pales cabezas el castigo

que

merecia su infidelidad

y

su

perfidia.

D.

Sancho

su

krmano, P r i d p e de

(25)

DEL

EDITOR.

xv

cede en e2 trono, digno de ocuparle por

sus

gratzdes

virtudes, que todas estaban templados con

?n

~Iemen-

h a , dulxrrra y moderacion. Sometió nl Conde Gonxa-

lcz que se le habia rebelado, y despues

de

haberle

perdonado

con la mayor generosidad, este mónstrw

le

qtritd la vida dándole veneno,

lo

que ZIend de luto

y

de indignncion

(i

todos tos vasallos.

D.

Bermudo Segundo, que subid a l trono,

ten&

luces

y

talentos para gobernar

en

tiempo de pnx

y

de guerra. Restableció el

buen

&den en

el Estado;

corrigfó

mil

ahsos con

sus exhortaciones

y

con

su

exemplo;

y

no omitid

n n h

para hacer entender

a

los

peqiretlos

y

u

los grandes que

el

modo de ser invenci-

bles, y

poder atacar con suceso

ti

los

enemigos, era

volver

ti

las costumbres de sus mayores, que kabian

abandonado entregándose

d

los vicios

que las

hnhian

afeminado

y corrompido. Ninguno

de

sus predece-

sores

le excedió

en

valor

y

prudencia; pero sus

fuerzas

.w;bnwqy infwiwes

ti

las

de

20s

Moros,

que

P S ~ O J ~

mandada$

pos uno de

los

nlejores Generales

qne ha tenido

e/ mundo, Mnfiamet

A/manzor

pcnetró

ha~tcl

cerca

de

Leon

con un exército formidable:

Bermtido le salío'

al

encuentro: se dío'

la

bittnl/a

en

las riberas del

Exla;

y aunque tenia muchas

rnénos t r o p ~ s

que

los etiemigos, ¿as vence

al

prin-

cipio. AZmanzor desespwndo inspira

valor

d

sus

tropas que hufan vergonzosamente,

y

volviendo

a l

ataque, arranca la palma de las menoS de este

Prfncipe

haciendo psduxos

su

rxr7.cito.

E s t a pérdida la reparó despues

con

mucha

glo-

ria

en da batalla que se di6 cerca de

Osmn,

en

la

qunl e2 poder de

los

Cialífns de

Cdrdova

quedo'

abatido

por

los dos héroes de Leon

y

de Navarra.

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