Dewey, John - La Reconstrucción de La Filosofía-Byn-opt

223 

Loading.... (view fulltext now)

Loading....

Loading....

Loading....

Loading....

Texto completo

(1)

ο

£

ο Χν i· Λ· Μ 1 "Μ % ■μ λ : m <

Obras Maestras

<ld

IVnsíimiento

(NMlkMllpOninCO

m m m m m m m m m m m í

John

La reconstrucción

ile la filosofía

fi 1 ,{ Μ . . . . . . ... ...M... l ' raíMí . W-^fcV'sy;„',. ¿yj’ámiC··¿ 1

■’ « I I

^'ÉfÉlÉ lW ;

Ä n ' i f i Íi''í¡‘¡ ''·1'''· */>i/.

^I f S

·*'.' í \ · ■ ·.

i ¿ / ^ :;

■>' '■- /.y:“':

■·.-· ’.· -‘|Υ /*?.· j : ' , J t t ., ■ ¡..ANETiÖföf vG O ST IN Í» V.'. >'í ·.:,■ V ‘.Η;·':·’,"":/: / ¿ti'A ; y . ··1 'Vk MvÄ;i%0/· ■::/í >■'.!'..·>:■! fit ;.v:?·

(2)
(3)

Obras Maestras

del

Pensamiento

Contemporáneo

(4)
(5)

LA REC O N STR U C C IO N

D E LA FILOSOFÍA

(6)
(7)

JOHN DEW EY

LA

RECONSTRUCCIÓN

DE LA FILOSOFÍA

(8)

Título original: Reconstruction in Philosophy (1920) Traducción: Amando Lázaro Ros

Traducción cedida por Aguilar, S.A. de Ediciones

Directores de la colección:

Dr. Antonio Alegre (Profesor de H? Filosofía, U.B. Decano de la Facultad de Filosofía) Dr. José Manuel Bermudo (Profesor de Filosofía Política, U.B.)

Dirección editorial: Virgilio Ortega

Diseño de la colección: Hans Romberg

Cobertura gráfica: Carlos Slovinsky

Realización editorial: Proyectos Editoriales y Audiovisuales CBS, S.A.

© The Beacon Press

© Por la traducción Aguilar, S.A. de Ediciones © Por la presente edición:

© Editorial Planeta-De Agostini, S.A. (1993) Aribau, 185, 1? - 08021 Barcelona

© Editorial Planeta Mexicana, S.A. de C.V. (1993) Av. Insurgentes Sur # 1162. México D.F. © Editorial Planeta Argentina, S.A.I.C. (1993)

Independencia 1668 - Buenos Aires

Depósito Legal: B-40.350/92

ISBN : 84-395-2217-7

ISBN Obra completa: 84-395-2168-5

Printed in Spain - Impreso en España (Febrero 1994)

(9)

Nota preliminar

Invitado a dar una serie de conferencias en la Universidad Imperial del Japón, en Tokio, durante los meses de febrero y marzo del año actual, traté de interpretar en ellas el m ovi­ miento de reconstrucción de las ideas y modos de pensar que actualmente se lleva a cabo en la filosofía. Es imposible evi­ tar que las conferencias en cuestión no delaten las señales del punto de vista personal de su autor, pero la finalidad que se persigue en ellas es el exponer los contrastes generales entre los tipos de problemas filosóficos antiguos y los recientes, y no el de hacer una defensa partidista de una u otra solución específica de dichos problemas. He procurado m uy especial­ mente poner de relieve las fuerzas que hacen inevitable una reconstrucción intelectual, y prever algunas de las direccio­ nes en que forzosamente ha de realizarse.

Cualquier persona que haya gozado de la hospitalidad sin par del Japón se sentirá abrumada de confusiones, si trata de agradecerla de una manera que corresponda a las am abi­ lidades de que fue objeto. A pesar de ello, tengo que expresar en un desnudo blanco y negro de papel impreso m i más ren­ dido reconocimiento, dejando especial constancia de la in­ deleble impresión que en m í produjeron la cortesía y la ayuda de los miembros de la facultad de filosofía de la Universidad de Tokio, y de m is queridos amigos el doctor Ono y el doctor Ni tobe.

Septiembre, 1919.

J. D. 7

(10)
(11)

Introducción

La reconstrucción, tal como la veo

veinticinco años más tarde

I

El texto del presente libro se escribió h a rá unos vein ti­ cinco años —es decir, poco después de la P rim era G uerra M undial—; ese texto se im prim e aquí sin que haya sufrido ninguna revisión. E sta Introducción se h alla an im ad a del m ism o esp íritu del texto. Ha sido escrita con el firm e con­ vencim iento de que los acontecim ientos de ese interregno de años h an creado u n a situación que hace tal reco n stru c­ ción infinitam ente m ás acuciante que cuando se com puso el libro prim itivo; m ás concretam ente, estoy convencido de que la situación actu al señala con c larid ad m u ch o m a ­ yor aún cuál h a de ser el p u n to céntrico de esa necesaria reconstrucción; cuál ha de ser el p u n to de arra n q u e de lo s - nuevos y detallados desenvolvim ientos. M ejor que Re­ construcción en la Filosofía le convendría hoy el títu lo de R econstrucción de la Filosofía. Lo ocurrido de entonces acá h a definido n etam en te, h a llevado a p u n to de crisis, el postulado básico del texto del libro, a saber: que la ta re a característica, los problem as y la m ateria de la filosofía surgen de las presiones y reacciones que se originan en la vida de la com unidad m ism a en que surge un a filosofía

(12)

d eterm in ad a y que, p o r tal razón, los problem as específi­ cos de la filosofía v arían en consonancia con los cam bios que se producen co n stan tem en te en la vida h u m an a, los que, en d eterm in ad o s m om entos, dan lu g ar a u n a crisis y form an un recodo en la h isto ria de la h u m an id ad .

La Prim era G uerra M undial fue u na sacudida violenta p ara el período de optim ism o que la precedió. E ra en to n ­ ces extensísim a la creencia en un avance continuo hacia una m u tu a com prensión en tre los pueblos y las clases, que llevaría de m an era segura hacia la arm o n ía y la paz. Aque­ lla sacudida es hoy casi increíblem ente m ás fuerte. La in ­ seguridad y la lucha se h an hecho tan generales, que la a c titu d d o m in an te es de zozobra, de ansiedad y pesi­ m ism o. La zozobra de lo que p u eda reservarnos el porve­ n ir proyecta u na som bra negra y espesa sobre todas las facetas del presente.

No son m uchos en el cam po de la filosofía los que m ues­ tra n confianza en que aq u élla sea capaz de ab o rd a r de u n a m an era com petente los graves problem as actuales. M a­ nifiéstase la falta de confianza en la preocupación refe­ ren te a la m ejora de las técnicas, y en la rigurosa discusión a que se som eten los sistem as del pasado. T anto u n a a c ti­ vidad com o o tra están en cierto sentido justificadas. Ahora bien, y p o r lo que se refiere a la p rim era de ellas, no se llega a la reconstrucción si se atien d e a lo form al a ex­ pensas del contenido su stan cial, com o ocurre con las téc­ nicas cuando se em plean ú n icam en te en d e sa rro llar y afi­ n a r aú n m ás las hab ilid ad es p u ram en te form ales. Por lo que se refiere a la segunda de estas actividades, tam poco se llega a la reconstrucción p o r el increm ento de los e stu ­ dios eru d ito s acerca de un p asad o que no arro ja luz sobre los problem as que hoy tra e n in q u ieta a la hu m an id ad . No exageram os al decir que en ta n to que predom ine el interés p o r esas dos actividades que acabam os de m encionar, este a p artam ien to cad a vez m ayor del escenario de la a c tu a li­ dad, que se ad v ierte claram en te en la filosofía, constituye en sí m ism o u n a señal del alcance a que h an llegado la in q u ietu d y la in seg u rid ad que hoy c aracterizan a los de­

(13)

más aspectos de la vida del hom bre. Podem os ir m ás lejos todavía, afirm ando que tal a p artam ien to es u n a m anifes­ tación de los fallos de los sistem as pasados, que los hacen de muy poca u tilid a d en la confusa situación actual: con­ cretam en te, que n o responden al deseo de en co n trar algo inconm ovible y firm e que sirv a de refugio seguro. Los p ro ­ blem as con que ha de en cararse u n a filosofía que tenga en cu en ta el presente son los que surgen de las m utaciones que tienen lugar, con rap id ez cad a vez m ayor, en un á m ­ bito hum ano-geográfico cad a d ía m ás am plio, y con u n a in ten sid ad de p enetración cad a vez m ás profunda; este hecho viene a señalarnos con fuerza la necesidad de u n a clase de reconstrucción m uy d istin ta de la que en la a c tu a ­ lid ad se d ib u ja de m odo m ás destacado.

C uando, en ocasiones an terio res —u n a de ellas el texto de este libro— , hem os expuesto esos puntos de vista, se nos h a hecho objeto de censuras po r a d o p ta r u n a « actitu d agria» hacia los grandes sistem as filosóficos del pasado —y cito la frase'de uno de los críticos m ás bondadosos— . i Es, pues, oportuno, al tr a ta r del tem a de la reconstrucción necesaria, que digam os que los ataq u es a las filosofías del pasado no tienen por blanco los sistem as en cu an to éstos se h a lla b an ligados a los problem as in telectuales y m o ra­ les de su tiem pn-Y lu g a r , s i n o en cu an to son ineficaces dentro de u n a situación h u m an a d istin ta ^ Son precisa­ m ente las cosas q u e m c ie ro n dignos de aprecio v de a d ­ m iración a los grandes sistem as den tro de sus contextos sociales y culturales^ las-q u eip s despojan de toda « a ctu a ­ lidad» en un m undo cuyas pn££ipale&. c aracter ís ticas d i- fieren m uchísim o de aq u éllo sr com o lo .dem ostram os al h a h la r de la «revolución científica», la «revolución indus­ t r i a l l y la «revolución política» de^estos-últim ossiglos. Y o no veo que p ued a tra ta rse de u n a reconstrucción sin p res­ ta r considerable atención crítica al p an o ram a dentro del cual, y con relación al cual, ha de ten er lu g ar esa recons­ trucción. Muy lejos de ser u n a señal de m enosprecio, esa atención crítica es un indispensable factor de interés en el desarrollo de u n a filosofía que rep resen tará p a ra nuestro

(14)

tiem po y lugar el papel que las grandes doctrinas del p a ­ sado rep resen taro n d en tro y p a ra el m edio cu ltu ra l del que surgieron.

O tra censura m uy em p aren tad a con la que acabo de ex­ poner, es la de que el criterio que aquí adopto sobre la ta re a y la función de la filosofía, se basa en una_exagera- ción ro m án tica de lo que es capaz de re a liza r la «inteli- gencia». Si se em please este ú ltim o vocablo com o sinó­ nim o de lo que u na im p o rtan te escuela de o tras épocas llam ab a «razón» o «puro intelecto», esa crítica e staría so­ b ra d a m en te ju stificad a. Pero con aquel vocablo dam os a en ten d er algo m uy d istin to de lo que está considerado com o el órgano o «facultad» m ás elevada p a ra adueñarnos de las verdades ú ltim as. Es u n a designación taqu ig ráfica con la que indicam os m étodos elevados, y cad a vez m ás extensos, de observación, experim entación y razo n a­ m iento reflexivo, que h an revolucionado en un breve lapso las condiciones físicas de la vida —y, en un grado im p o r­ tan te, las fisiológicas— , pero que h asta ah o ra no han sido puestos a p u n to p a ra su aplicación en lo que es carac te rís­ tica y básicam ente hum ano. Esa «inteligencia» es u n a re ­ cién llegada, incluso en el cam po de la investigación física, y h a sta ah o ra no h a sido ejercitad a en los varios aspectos del escenario hum ano. La reconstrucción que hay que acó-f m eter no consiste en a p lic ar la «inteligencia» como pro-! ducto de confección, sino en a p lic ar a todas las investiga-; ciones relacionadas con tem as hum anos y m orales laj m ism a clase de m étodo (el m étodo de observación, la teo-f ría sobre las hipótesis y la com probación experim ental)] gracias al Cual los conocim ientos sobre la n a tu raleza físicat

h an alcanzado su a ctu a l a ltu ra . J

De m an era idéntica a com o las teorías relativ as al co­ nocim iento, que fueron expuestas y tra b a jad a s con a n te ­ rio rid ad a la existencia de la investigación científica, no nos proporcionan un p atró n o m odelo p a ra u n a teoría del conocim iento asen tad a sobre la m an era actu al de llevar u n a investigación, tam bién los sistem as filosóficos p a sa ­ dos son un reflejo de puntos de vista pred eñ tiH co s“acerca

(15)

del m undo n a t u r a l ^ e j y m j s t a d o ^ de la in-dustriaTy de un estado predem ocrático de la política, pro- píos del periodo en que esas doctrinas se rorm ularon. Las] condiciones de vida que rein ab an eñ G recia, especial-m ente en Atenas, cuando se forespecial-m uló la filosofía clásica europea, establecían un a división ta ja n te en tre el o b rar y el conocer, y esta división se extendió h a sta co n v ertirla erT una separación com pleta en tre la teo ría y la « p ráctica» . Esto venía a ser u n reflejo de la organización económ ica de aquel tiem po, en la que el tra b a jo «utilitario» era en su m ayor p a rte realizado p o r esclavos, q uedando de ese modo los hom bres libres relevados del trabajo; «libres» por esta razón. S alta a la vista que esa situación es ta m ­ bién pred em o crática. Ahora bien: los filósofos m an tu v ie­ ron en los asuntos políticos esa separación en tre la teo ría y la p rá c tica h a sta m ucho después de que el h e rra m e n tal y los procedim ientos derivados de las actividades indus­ triales h ab ían llegado a ser elem entos indispensables p a ra poner p o r o b ra las observaciones y la experim entación, que constituyen el m eollo del conocim iento científico.

R esulta razonablem ente evidente que u n aspecto im ­ p o rtan te de la reconstrucción que es preciso llevar a cabo en la a ctu alid ad se relaciona con la teo ría del conoci­ m ien to . Se requiere un cam bio rad ical en la m ism a, p o r T o q ú e s e refiere a la m a te ria su stan cial en que h a de b a ­ sarse dicha teoría; esta nueva teo ría estu d iará de qué m a ­ nera se lleva a cabo el conocim iento (es decir, la investi- gación adecuada), en lugar de p a r tir de la suposición de que tiene que realizarse de acuerdo con p u ntos de vista relativos a las facultades u órganos que se h a n form ado de una m an era independiente. Pero, au n q u e el su stitu ir la « razón » p o r la «inteligencia », to m ad a la p a la b ra en el sen- tido que acabo7Íe'1«tftcar, es un elem ento im p o rtan te en el cam bio que pedim os, la reconstrucciónm o se lim ita a eso. Las llam ad as teorías «em píricas» del conocim iento, aunque rechazaban la posición de la escuela racio n alista, actu ab an de acuerdo con lo que creían que era u n a fa c u l­ tad necesaria y suficiente del conocim iento, a d ap ta n d o la

(16)

teoría del conocim iento a creencias previam ente form a­ das sobre la «percepción de los sentidos», en lu g ar de ex­ tra e r su criterio sobre la percepción sensorial de lo que ocurre en la realización científica.1

Obsérvese qúe las críticas que se exponen en los p á rra ­ fos an terio res no tienen p o r objeto co n testar a las o tras críticas, sino que son, en p rim er lugar, ejem plos ilu stra ­ tivos de po r qué es tan urgente llevar a cabo la reco n stru c­ ción: y, en segundo lugar, ejem plos ilustrativos de dónde es necesaria.

Porque no hay esperanza de que su rja y se desarrolle 1 un a filosofía que guarde relación con las condiciones que su m in istran en la actualidad los m ateriales de las cuestio­ nes y problem as de la filosofía, a m enos que la tarea de reconstrucción tom e seriam ente en cu en ta el cóm o y el dónde los sistem as filosóficos del pasado señalan la nece­ sidad de reconstrucción en el presente.

Se afirm ó m ás a rrib a que la filosofía surge de los p ro ­ blem as hum anos, y que está ligada en intención a ellos. Este p u n to de vista lleva im plícito otro m ás, el de que m ien tras el reconocim iento de este hecho es condición previa de la reconstrucción que hoy hace falta realizar, significa, con todo, algo m ás que el que la filosofía debería

1. La evidente insuficiencia de las teorías psicológicas sobre este punto, ha desempeñado un papel en el desarrollo de los formalismos que hemos hecho notar. En lugar de servirse de esa insuficiencia como de argumento para la reconstrucción de la teoría psicológica, se dio por bueno el error, por el hecho de ser psicología, y sirvió efe base para una teoría «lógica» del conocimiento que hizo a un lado por completo toda referencia a la realidad de los modos que tiene de progresar el conoci­ miento. ^ UiWv<? o.

«ν'-ll

(17)

e sta r ligada en el po rv en ir a las crisis y tensiones que se m anifiestan en la m a rc h a de los problem as hum anos. P or­ que se afirm a que los grandes sistem as filosóficos del Oc­ cid en te h an surgido de ese m odo y m a n tu v ie ro n e s in ig a - z ó u en la re a lid ad, aunque no hiciesen confesión p ú b lica de e lla . Sería, desde luego, ab su rd o el a firm a r que esos sistem as tuvieron siem pre perfecta conciencia de que, en efecto, d esem peñaban ese papel. Ellos creyeron, y así se lo hicieron ver al público, que tra ta b a n de algo que h a reci-i bido nom bres variados, tales com o el Ser, la N atu raleza o ! í el Universo, el Cosmos en general, la R ealidad, la V erdad. N C ualesquiéra que fuesen los nom bres em pleados, todos ellos ten ían u n a cosa en com ún: em pleábanse p a ra desig­ n a r algo que se consideraba com o fijo, in m u tab le, y po r consiguiente, fuera del tiem po; es decir, eterno. Este ser eterno, al que se concebía com o universal y que lo ence­ rra b a todo d en tro de sí, h alláb ase p o r encim a y m ás allá de to d a clase de cam bios en el espacio. Los filósofos refle­ ja b a n y g eneralizaban en este asu n to las creencias p o p u ­ lares corrientes de que los hechos se realizab an den tro del espacio y del tiem po, los que venían a ser com o envoltorios que lo a b arca b an todo d en tro de sí. Es u n hecho conocido de todos el que los hom bres que iniciaron la revolución en las ciencias n a tu ra les estab an convencidos de que el es­ pacio y el tiem po e ra n independientes el uno del otro, y que d en tro de ellos existen las cosas y ocu rren los hechos. No es, pues, de e x tra ñ a r el que, im p eran d o en las ciencias «naturales» esas in m u tab ilid ad es básicas —de las que la m a te ria del espacio y del tiem po y los átom os in m u tab les pueden servir de ilu stració n — , constituyesen tam b ién , en u n a form a m ás generalizada, el fundam ento sobre el que la filosofía d ab a p o r cosa acep tad a que debía le v an tar su p ro p ia estru ctu ra.[L as d o ctrin as filosóficas, que estab an v irtu alm en te en desacuerdo acerca de todo lo dem ás, coin­ cidían en p a rtir del supuesto de que su lab o r c aracterística era la de la bú sq u ed a de lo in m u tab le y ú ltim o ^ ^ H e c i r r HeTlo que es—, sin preocuparse ni de lo te m p o ra l ni d e lo

espacial. Así e stab an las cosas en las ciencias n atu rales, y ^

(18)

tam b ién en la cuestión de las norm as y principios m orales, cuando advino, no hace m ucho, el descubrim iento de que el desarrollo m ism o de las ciencias n atu rales obligaba a <5 / éstas a ab an d o n a r el supuesto de la estab ilid ad , p a ra acep- ' ta r el de que lo efeHí^am ent^"«üni\rér p a ra ellas es el proceso; a h o ra bien, esta realid ad de la ciencia m ás re ­ ciente no ha en tra d o h a sta ah o ra en la filosofía ni en el sen tir p o p u lar, p a ra los que sigue siendo u n a cuestión téc­ nica y no lo que realm en te es, a saber: el descubrim iento m ás revolucionario hecho h a sta hoy.

Pues bien, el supuesto de que se p a rtía , el de que la m o­ ra l exige principios, patrones, norm as, finalidades in m u ­ tables y ex tratem p o rales, com o única defensa segura con­ tra el caos en la m oral, no puede ya b u scar apoyo en la ciencia n a tu ra l, ni c o n tar con que la ciencia justifique el que la m oral (tan to en la p rá c tica com o en la teoría) se independice de consideraciones relativas al tiem po y al lugar, es decir, dé los p rocesos dé m u ta b ilid a d . Las reac­ c io n e s'd é 'tip o e ñ K o sen tim en tal seguirán sin d u d a resistiéndose a reconocer este hecho y negándose a ap licar a la m oral el p u n to de v ista y la perspectiva que se h an im puesto ya en las ciencias n atu rales. Desde luego, la cien­ cia y la m oral trad icio n al h an vivido en com pleta disen­ sión m u tu a sobre las cosas que, según la u n a y la otra, son in m u tab les. De ahí que se haya producido u n a sim a p ro ­ funda e insalvable en tre la m a te ria natural de la ciencia y la m a te ria extra-n a tu ra l, y h a sta sobre-n atu ral de la m oral. S eguram ente son m uchos los pensadores a los que esta separación produce desaliento p o r las inevitables conse­ cuencias que acarrea, y ellos acogerán con satisfacción un cam bio de p u n to de vista que hace que la m o ral teórica y p rá c tica pueda beneficiarse de los m étodos y de las con­ clusiones de la ciencia n a tu ra l. Lo único que p a ra ello se requiere es la aceptación del criterio de que la m a te ria de lo m oral se h a lla tam b ién condicionada p o r el espacio y el tiem po. Si se tiene en cu en ta lo controvertido del estado actu al de la m oral y lo que ésta ha desm erecido en el a p re ­ cio popular, sem ejante exigencia no resu lta am enazadora

(19)

en m odo alguno p a ra quienes no a ctú a n m ovidos por in ­ tereses institucionales establecidos.

Por lo que se refiere a la filosofía, su preten sió n decla­ ra d a de que actú a sobre la base de lo eterno e inm utable, la obliga a u n a función y a u n a m a te ria que son la fuente prin cip al del m enosprecio y de la desconfianza popular, cad a ve¿ m ayores, hacia ella; porque actú a escudada en algo que hoy rep u d ia la ciencia, y sin otro apoyo real que el de añejas instituciones cuyo prestigio, influencia y dis­ frute de po d er dependen de la conservación del orden antiguo; y esto ocurre en el preciso m om ento en que las condiciones en que vive la h u m an id ad se en cu en tran tan p e rtu rb a d a s e inseguras, que están pidiendo con m ayor aprem io que n u nca ese exam en com prensivo y «objetivo» que h a sido la función de los sistem as filosóficos h istó ri­ cos. ¡El m an ten im ien to de la creencia en la trascendencia del espacio y del tiem po, y p o r lo tan to , la anulación de lo que es «sim plem ente» hum ano, constituye p a ra los inte- T, reses adq u irid o s un req u isito previo indispensable a fin de re ten er u n a a u to rid a d que en la p rá c tica se convierte en poder p a ra reg lam en tar to talm en te los asuntos hum anos: desde lo m ás alto h a sta lo m ás bajoTJ

Ahora bien, la u n iv ersalid ad relativ a, es decir, relacio- nal. es un hecho. Las condiciones y opo rtu n id ad es reales de la vida h u m an a difieren g randem ente en lo que res­ pecta al ám b ito que ab arca n y a la p rofundidad en que calan. Para co m prender la razón de ese hecho, no es p re ­ ciso re c u rrir a u n a teo ría científica, ya d esacreditada, de unas fuerzas autom ovidas y au to m o to ras que lo controlan todo desde fuera y desde a rrib a. Todo lo contrario; la teo­ ría em pezó a ten er im p o rtan cia en la astronom ía, en la física, en la fisiología, alcanzando a sus m últiples y v aria­ dos aspectos, cuando se sustituyó esta actitu d dogm ática con el em pleo de hipótesis p a ra la p u esta en p ráctica de observaciones experim entales encam inadas a u n ir los he­ chos concretos y fo rm ar sistem as de a m p litu d tem poral- espacial cad a vez m ayor. La u n iversalidad de q u e gozan las teorías científicas no es la de u n contenido inherente a

(20)

las m ism as, señalado po r Dios o por la N aturaleza; es la del alcance de su aplicabilidad; la de su cap acid ad p ara sacar a los hechos de su a p aren te aislam iento, p a ra ord e­ narlos den tro de sistem as que (tal y com o ocurre en todas las cosas vivas) dem u estran que tam b ién los hechos tienen u n a vida: la de la m u tab ilid ad , que c o n stitu y e jd creci- miento'. Desde él p u n to Be v ista de la lh v e stig a c ió n cientí- v, ✓ j ^ y n ad a tan fatal p a ra su derecho a ser acep tad a,

com o la pretensión de que sus conclusiones son definitivas y, p o r lo tan to , im posibles de todo desarrollo u lte rio r que no sea p u ram en te cu an titativ o .

H allándom e yo entregado a la tarea de escrib ir esta In ­ troducción, me llegó un ejem p lar de una conferencia que h a dado recientem ente un distinguido hom bre de ciencia inglés. Refiriéndose concretam ente a la ciencia, dijo que «es frecuente el no d a r im p o rtan cia al descubrim iento científico, considerándolo como un nuevo conocim iento obtenido y que hay que ag reg ar al gran cuerpo de lo ya conocido. Esto es exacto cuando se tra ta de descu b rim ien ­ tos triviales. Pero no es cierto tratán d o se de descubri­ m ientos fundam entales, com o p o r ejem plo, el de las leyes de la m ecánica, de la com binación quím ica, de la evolu­ ción, en las que se apoya en últim o térm in o el progreso científico. E sta clase de descubrim ientos e n tra ñ a n forzo­ sam ente la destrucción o la desintegración de viejos co­ nocim ientos antes de que puedan ser creados los nuevos»}

Siguió el conferenciante señalando ejem plos concretos de lo im p o rtan te que es el salirse de la huella hacia la que el brazo poderoso de la costum bre tiende a e m p u jar a to­ das las form as de la activ id ad h u m an a, sin excluir la de la investigación intelectual y científica: «No fue casu alid ad el que un ingeniero de canales fuese el p rim ero en tener idea de las bacterias, y el que un m inistro U nitario aislase el oxígeno, el que un profesor-m onje estableciese la teoría 1

1. C. D. Darlington, Conway Memorial Lecture sobre La pugna entre la sociedad y la ciencia (Londres, Watts and C°, 1948); el texto original no está unlversalizado.

(21)

de la herencia, y el que un hom bre incapaz de desem peñar el cargo de p asan te u n iv ersitario en b o tán ica y zoología descubriese la teoría de la evolución.» Y te rm in a diciendo: «Está haciéndonos falta.-un. M inisterio jd e P e rtu rb ac ió n , una fuente reg lam en tad a de desazones: un d e s tr ú c to r d e rutinas; un socavador de J a

tie n e .» La rn tin a d e lh á b ito tiende a am o rtig u a r incluso la investigación científica; es un a b a rre ra en el cam ino del descubrim iento y del tra b a ja d o r científico activo. Descu­ b rim iento e investigación son vocablos sinónim os cuando se refieren a una ocupación. La ciencia es u n a persecución de lo in m u tab le, no u n a to m a de posesión; m ayor valor lienen las nuevas teorías como puntos de m ira, que los descubrim ientos que vienen a acrecen tar el depósito de que ya se dispone. Con el tem a de la fuerza de la costum bre se relaciona la afirm ación hecha po r el conferenciante de que los grandes innovadores científicos «son los prim eros en tem er y poner en d u d a sus descubrim ientos».

Pero lo que m e interesa aquí p rin cip alm en te es el a l­ cance que tiene en las tareas de la filosofía lo que el con­ ferenciante dijo sobre los hom bres de ciencia. La línea d i­ vi s o ria e n tre lo que en la ciencia se llam a h ipótesis y lo qu e en fílosófía se califica (en tono de m enosprecio) de especulación, suele ser delgada y difum inada en el m o­ mento de láTñTciacióñ de niió v ó s~ m o v im ^ , si se les com para con «las aplicaciones y desarrollos técnicos» que lienen lu g ar com o cosa n a tu ra l en cu an to un p u n to de vista nuevo y revolucionario consigue ser aceptado. Con­ tem pladas den tro de sus contextos cultu rales, las «hipó­ tesis» p lan tead as p o r los que hoy son considerados como grandes filósofos difieren de las «especulaciones» de los hom bres que llevaron a cabo en la ciencia innovaciones grandes (y «destructoras»), en que tienen un ám b ito m ás ex tenso de referencia y de posible aplicación; en que p re ­ tenden que no son hipótesis «técnicas», sino profunda y am p liam en te h u m an as. De m om ento no existe m edio se­ guro de afirm a r que esa nueva m an era de ver y de tra ta r las cosas, re su ltará un caso de ciencia o de filosofía.

(22)

dando el tiem po, suele realizarse la clasificación con re­ lativa facilidad. Pertenecerá a la «ciencia» siem pre y cuando su cam po de aplicación sea tan concreto, tan li­ m itado, que el paso a la m ism a resulte relativ am en te in ­ m ediato, a p esar de todo el clam oreo em otivo que levante psu aparición. Sirva de ejem plo lo ocurrido con la teoría de D arw in. Se designará com o filosofía cuando su ám b ito de] aplicación es tan extenso que resulta im posible p a sa r di-1 rectam en te a expresarla en form a y contenido tales que ¡ puedan aplicarse inm ed iatam en te a la realización de in­ vestigaciones concretas.

Esto que decim os no equivale a calificar a esa:s hipótesis de fútiles. Al contrario: quiere decir que el estado de las condiciones cu ltu rales del m om ento se in terp o n ía eficaz­ m ente en el cam ino del desarrollo de hipótesis capaces de llevar de inm ediato hacia observaciones y experim entos concretos tan definidam ente reales que co n stitu irían una «ciencia». La histo ria de las investigaciones científicas nos m u estra claram en te que la investigación adoptó la form a de discusión d u ra n te la época «m oderna», pero que esa discusión no fue ni ociosa ni inútil desde el pun to de vista científico. Como la etim ología del vocablo lo da a entender, la discusión actuó de revulsivo, de excitante, gracias al cual la ciencia se desasió de la g arra de la vieja cosm ología. Ese período de polém ica, con el consiguiente desasim iento, señala el paso p au latin o de lo que figura como «filosofía» a lo que ha adq u irid o en la a ctu alid ad la categoría de «ciencia».1 Lo que llam am os «clim a de opi nión» es algo m ás que u na sim ple cuestión de opiniones los hábitos cu ltu rales d eterm in an las actitu d es in telectu a­ les, ta n to como las em otivas y volitivas. La ta re a llevada a cabo por ciertos hom bres que figuran hoy en la h isto ria de la filosofía y no en la de las ciencias, desem peñó un

1. Es oportuno recordar aquí que durante bastante tiempo figuró Newton como filósofo, perteneciente a la categoría de la llamada filoso­ fía «natural», para diferenciarla de la metafísica y de la moral. Incluso sus seguidores trataron como tema de «filosofía natural» sus desacuer­ dos con Descartes, y no como tema de ciencia física.

(23)

papel im p o rtan te en la creación de un clim a favorable p a ra la iniciación del m ovim iento científico cuyo resu l­ tado h a sido u n a astro n o m ía y u n a física que h an d esp la­ zado a la a n tig u a cosm ología ontológica.

No es preciso h a b er realizado estudios profundos p a ra sab er que esta nueva ciencia fue considerada en su tiem po com o u n ataq u e deliberado co n tra la religión y co n tra la m oral, que en aquel entonces halláb ase ín tim am en te li- ~gada~a la religión en la E uropa O ccidental. La revolución que se inició en la biología d u ra n te el siglo diecinueve suscitó ataq u es parecidos. La re a lid ad h istórica dem ues­ tra que ciertas discusiones que no se llevaron h a sta el de­ talle característico de la ciencia, debido a la extensión y p ro fu n d id ad de su alcance, realizaro n a p e sa r de todo una ob ra sin la cual no sería la ciencia lo que es hoy.

III

Sin em bargo, la im p o rtan cia de las consideraciones que acabam os de h acer no está en la valorización de las doc­ trin as filosóficas pasad as. Su u tilid a d en esta In tro d u c­ ción rad ica en su alcance sobre la reconstrucción de tareas y m aterias que es indispensable llevar a cabo p a ra d a r hoy a la filosofía la v italid ad que tuvieron las filosóQas de otros tiem pos. Lo que ocurrió en los albores de la h isto ria de la ciencia fue de tal g ravedad que llegó a ser calificado de «guerra en tre la ciencia y la religión». Sin em bargo, si com param os el alcance de los acontecim ientos calificados de esa m an era con lo que está ocurriendo hoy, debido a que la ciencia h a e n trad o de u n a m an era m ás general en la vida, aquello resu lta lim itad o y casi exclusivam ente técnico. El alcance y la p royección d elo jq u e tie n e su p rin ­ cipio como ciencia deja sen tir hoy su influencia de un m odo desazonador en todos los aspectos de la vida con­

(24)

te m poránea, desde la situación de la fam ilia y la posición "ele la m u jer y de los hijos, pasando p o r el sistem a y los problem as educativos, las bellas artes y las artes indus­ triales, h a sta a lca n z ar las relaciones políticas y económ i­ cas de asociación, lo m ism o en el terreno nacional que en el in tern acio n al. Son esas influencias ta n v ariad as y tan m últiples, y se d esarro llan con tal rapidez, que no se p res­ tan a un a afirm ación generalizada. Además, a rra stra n con ellas tan to s y tan graves problem as prácticos que req u ie­ ren atención in m ed iata, que han obligado a los hom bres a dedicársela de una m an era aislada, im pidiéndoles llevar a cabo un estudio general o intelectual de los m ism os. Se nos echan encim a com o lad ró n en la noche, so rp ren d ién ­ donos.

En vista de todo lo an terio r, el requisito prim ero de la reconstrucción es el llegar a u n a hipótesis sobre cóm o ha sobrevenido este enorm e cam bio de u n a m an era tan am ­ plia, tan profunda y tan ráp id a. La hipótesis que aquí p re ­ sento yo es la de que todos estos trasto rn o s que, tom ados en conjunto, constituyen la crisis en que el hom bre se ve hoy envuelto por todo el m undo y que a b arca todos los aspectos de su vida, se deben a q u e jia n e n trad o en la d i­ rección de las co tid ian as actividades de la vida ciertos procedim ientos, m ateriales e intereses que tienen su o ri­ gen en Tos trab ajo s llevados a cabo po r investigadores fí­ sicos en esos talleres técnicos, relativ am en te ap artad o s y lejanos, que se conocen con el nom bre de lab o ra to rios. ΝοΊ se tra ta ya de un tra sto rn o en cuestión de creencias y de p rácticas religiosas, sino del de todas las instituciones es­ tablecidas con a n terio rid a d a la aparición de la ciencia m oderna, hace unos pocos siglos. La «guerra» de aquellos prim eros tiem pos no term in ó con la victoria decisiva y a p lastan te de ninguno de los dos contendientes —ciencia y religión— , sino m ediante una transacción consistente en u na división de cam pos y de jurisdicciones. Se reservó la sup rem acía a lo antig u o en los cam pos de lo m oral y de lo ideal, que perm anecieron v irtu alm en te inm utables en su form a an terio r. Como la nueva ciencia y sus aplicaciones

(25)

re su ltab a n beneficiosas en m uchos asuntos de índole práctica, se toleró la nueva ciencia física y fisiológica, que-

j

dando enten d id o que se o cu p aría ú n icam en te de los bajos j m enesteres m ateriales, y que se a b sten d ría de p e n e tra r en j el alto «reino» e sp iritu al del Ser. Este «arreglo», basado

j

en u n a división, dio lu g ar a que surgiesen los dualism os que h a n con stitu id o la preocupación p rin cip al de la filo­ sofía «m oderna». Ahora bien, el desarrollo de la situación q u e lfa ^ ü lm in a d o p rin cip alm en te en el tran scu rso de la generación p asad a, trajo com o consecuencia que esa p a r­ celación de cam pos y de jurisdicciones fallase p o r com ­ pleto en la p ráctica. Ese fracaso se d em u estra en la vigo­ rosa y agresiva cam p añ a a ctu a l de quienes acep tan la d i­ visión en tre lo «m aterial» y lo «espiritual», sosteniendo al propio tiem po que los rep resen tan tes de las ciencias n a ­ turales no se h an m an ten id o d en tro del terren o que les correspondía, y que h an u su rp ad o en la p rá c tica real —y con frecuencia tam b ién en la teo ría— el derecho a fijar actitu d es y procedim ientos que pertenecen a las a u to ri­ dades m ás «altas». De ah í nace, según ellos, el estado ac­ tu al de desorden, inseguridad e in certid u m b re, con la lu ­ cha y la an sied ad que son sus consecuencias inevitables.

No m e corresponde c o m b atir aq u í de u n a m an era d i ­ recta sem ejante p u n to de vista. A decir verdad, m e re cía que se le diese la bienvenida, tom ándolo com o u n a in d i­ cación de cuál es el centro del p ro b lem a de la reco n stru c­ ción en la filosofía. En efecto, ese p u n to de v ista nos indica por co n traste la ú n ica dirección que, en las presentes c ir­ cunstancias, se ab re an te nosotros en el cam po intelectual y en el m oral. En p u rid ad ,Jb conxluslQn a que lleg an quie­ nes ju zg an q u ed a ciencia n a tu ra l es la fuente y o r ig e n ,de los m ales graves e in n eg ab les del presente es la necesid ad de som eterla a alguna « autoridad» in stitu cio n al especial. ILajdjtgDlá^ p u n to de vista es llevar a cabo u n a

reconstrucción general ta n a fondo, que h ay a que guiarse en ella p o r el reconocim iento de que, si bien es cierto que no pueden negarse los m ales que de m om ento se h an p ro ­ ducido p o r la e n tra d a de la «ciencia» en nuestros modos

(26)

de vida corrientes, ellos son debidos a que h a sta ah o ra no se h an llevado a cabo esfuerzos sistem áticos p a ra som eter a un a investigación y crítica científica la «m oral» en que se fu n d am en tan las viejas costum bres institucionales. Ahí es, pues, donde tiene que realizarse po r la filosofía la tarea de reconstrucción. Debe llevarse a cabo en favor del der sarrollo de la investigación en los asuntos hum anos y, p o r consiguiente, en la m oral, lo que los filósofos de los ú lti­ mos siglos llevaron a cabo p a ra prom over la investigación científica de las condiciones y de los aspectos físicos y fi­

siológicos de la vida h u m an a. _

Este criterio sobre lo que le corresponde a la filosofía p a ra hacer sen tir su influencia en los problem as hum anos actuales, no n iega que la e n tra d a de la ciencia en las a c ti­ vidades e intereses hum anos“ tiene su p ro p ia etapa* dés^" tru c to ra . Más aún, el p u n to de arra n q u e p a ra el criterio aq u í expuesto sobre la reconstrucción necesaria en la fi­ losofía es que esa en tra d a, que equivale a un a invasión hostil de lo viejo, es el factor p rin cip al que concurre p a ra p ro d u cir el estado actu al en que se en cu en tra el hom bre. Y, en ta n to que los ataq u es co n tra la ciencia, p resen tán ­ dola como ú nica responsable y culpable, resu ltan te rrib le ­ m ente u n ilaterales, ya que ponen únicam ente de relieve la destrucción que trae como consecuencia, en ta n to que h a ­ cen caso om iso de los m uchos y grandes beneficios que ha traíd o al hom bre, nosotros sostenem os que el problem a no p u ede resolverse sim plem ente haciendo un balance de las p é r d id a s ^ ’gañancias h u m an as, au n q u e se dem uestre que estas ú ltim as son m uy superiores a aquéllas.

En realid ad , el p ro b lem a es m ucho m ás sencillo. La pré ^ m isa en que se funda el a ta q u e actu al co n tra la ciencia es quedas viejas costum bres institucionales, en tre las que se incluye la creencia institu cio n al, p roporcioñañ un en te r io adecuado, m ás aún, definitivo, p a ra juzgar el valor de las c tm se ü ú e ñ c d a ^ en tra d a de la ciencia, ha producido. Quienes defienden sem ejante p rem isa cie­ rra n sistem áticam en te los ojos al hecho de que la «cien­ cia» tiene un asociado en esta creación de un estado de

(27)

crisis. No hace falta m ira r con los dos ojos p a ra darse cuént'á“tle"0'ilS'laxieiK ^T ro'opera:sola“y 'é n el vacío, sino que tra b a ja d en tro de un estad o de cosas institucionales que se^desarrollo en epoc^ precientíficas, en un estado que no h a sido m odificado m ed ian te u n a investigación científica sobre los principios m orales que se form aron en aquellas épocas y que eran ap ro p iad o s a ellas, según toda presunción.

B asta rá u n ejem plo p a ra h a ce r ver q ue el ex am in ar ais­ lad am en te a la ciencia tra e com o consecuencia errores y ais to rsi ones. E l a fg u b ñ ^ to ln á s lm a n id o al que se recu rre en este a taq u e a la ciencia es el del em pleo d e stru cto r que se h a hecho de la ru p tu ra del núcleo del átom o. Lo que al hacer eso se p asa p o r alto y parece que se negase es que esos efectos destru cto res no sólo tuvieron lu g ar d u ra n te u na g u erra, sino que tuvieron lu g a r p recisam en te a con- secuencia de un a guerra,, y que la g u erra es u n a in stitu ció n que d a ta de tiem pos an terio res en u n a c a n tid a d descono­ cida de m ilenios a la ap arició n en el escenario h u m an o de algo que se pareciese siq u iera rem o tam en te a la investi­ gación científica. Es ta n evidente en ese caso el que las consecuencias d estru cto ras se debieron d irectam en te a condiciones institu cio n ales que ya existían, que no es cosa de apoyarlo con razonam ientos. Ello no d em u estra que el caso es el m ism o siem pre y en to d as p artes; pero debe, desde luego, ponernos en g u ard ia c o n tra los dogm atism os irresponsables e irreflexivos que hoy circu lan . Nos ad- \ vierte de u n a m a n era c lara que debem os te n er presentes las condiciones no-científicas en que to m aro n form a y c()nreñtdó lasmDrmás d e l^ m oral, ta n to en el sentido prác- tico com o en el teórico de esta p a la b ra . Al lla m a r la aten- ¡ ción h acia u n hecho innegable, pero del que se hace caso 1 om iso de u n m odo sistem ático, no nos guía el propósito, que sería fútil po rq u e a n a d a conduciría, de ju stificar las tarcas de los investigadores científicos en general, o en algunos casos p articu lares. Lo hacem os p a ra llam ar la atención h acia u n a re a lid ad de ex tra o rd in a ria im p o rtan ­ cia intelectu al. El progreso de la investigación científica

(28)

es incom pleto; no h a ido aún m ás allá de los aspectos fí­ sicos y fisiológicos de los problem as, intereses y tem as h u ­ m anos. Produce, en consecuencia, efectos parciales y exa­ gerados. Las condiciones institucionales dentro de las cua-[ les se produce y que son las que determinan sus consecuenA cías hum anas, no han sido todavía objeto de ninguna inves- tigación seria y sistem ática que merezca el calificativo del

científica. j

La influencia de sem ejante estado de cosas en la condi^ ción actu al de la filosofía y en la reconstrucción que de­ b ería acom eterse, constituye el tem a y la tesis de esta In ­ troducción. Pero an tes de re a n u d a r decididam ente el tem a, he de decir algo referente al estado actu al de la mo- raf^ p alab ra ésta, no se olvide, con la que se designa indis1“ tin ta m e n te la m o ralid ad , hecho práctico social-cultural en las cuestiones de lo ju sto o lo injusto, lo bueno y lo m alo, y tam b ién las teorías relativas a los fines, norm as y p rin ­ cipios p o r los que nos debem os g u iar cuando exam inam os y juzgam os el actu al estado de cosas. Pues bien: el hecho sencillo y m ondo es que cu alq u ier investigación que s e ^ q u iera re a liza r en todo lo que es profunda y com prensi­ vam ente hum ano, cae p o r fuerza den tro del terren o espe­ cífico de la m oral. E n tra, queriéndolo delib erad am en te, y lo m ism o si nos dam os cu en ta de ello que si no lo ad v er­ tim os. C uando se rehúsa to m a r en consideración —al tr a ­ ta r de los intereses y problem as básicos— las finalidades activas y en m ovim iento de una c u ltu ra h u m an a, ale­ gando que, de hacerlo, se to caría la cuestión de los «valo­ res», sjendftjasí que u n a investigación que quisiera ser científica n ad a tie n e que ver con los valores, la consecuen­ cia inevitable de sem ejante a ctitu d es que la investigación, e n e ! á rea de lo h u m an o q u eda circu n scrita a lo superficial; y co m p arativ am en te triv ial, p o r grande que sea la habili-j dad técnica que se exhiba. Por otro lado, siem pre y cuandcj la investigación tra ta de p e n e tra r en a c titu d de crítica eú lo que es hum ano, dando a esta p a lab ra su plena signifi-l cación^choca con un bloque de prejuicios, tradiciones y costum bres institucionales que se consolidaron y

(29)

Rieron en épocas precientíficas. R esulta u na tautología y no el anuncio de un descubrírTiiento o de u n a deducción razonada, el afirm a r que la m oral, en los dos significados del vocablo, es precientífica si se ha form ado en una época a n terio r a los albores de la ciencia, tal com o hoy se e n ­ tiende ésta y se p ractica. Y el ser no-científica, cuando las realidades de la vida h u m an a han sufrido alteraciones in­ m ensas, equivale p a ra el caso a oponerse a que se ideen m étodos de investigación en los problem as m orales que puedan poner en evidencia que la m oral existente —en los dos sentidos del vocablo— es anticientífica.

El p ro b lem a resu ltaría re la tivam ente sencillo si disp u ­ siésemos ya del pu n to de vista intelectual, del ángulo de visióñTÓ de lo que la filosofía llam a «categorías» que nos sirviesen de in stK m é n tó s de investigación. Pero el supo- ricFque disponem os decesos in stru m en to s eq u iv ald ría a suponer que un desarrollo intelectu al que es reflejo de un estado precientífico de las cosas, problem as, intereses y finalidades h u m an as, pueda servirnos p a ra m an ejar una situación h u m an a que es en gran p arte, y cad a vez m ás, producto de u na ciencia nueva. En u n a p alab ra, tal su­ puesto equivale a decidir la prolongación del actu al es­ tado de in estab ilid ad , de vaivenes forzados y de in certi­

dum bre. I

Si las afirm aciones precedentes jhan sido en ten d id as en el sentido que hem os querido darles, d estacará ya cotí gran fuerza el p u n to de vista q u e p ro p o n e m o s se adopte en cu an to a la reconstrucción derítro de la filosofía. Acep­ tada la posición en que nos colocam os aquí, la reco n stru c­ ción no puede ser m enos que la tarea de desarro llar, de lorm ar, de p ro d u cir (en el sentido literal de este vocablo) los instrum entos intelectuales que h a b rá n de llevar de una^ m anera progresiva la investigación hacia las realidades profunda y to talm en te h u m an as —es decir, m orales— de¡ la situación y del p an o ram a de nuestro tiem po. j El p rim er p a s o —requisito previo de nuevos avances enj la m ism a dirección general— consistirá en reconocer que, hablando de una m anera que responde a los hechos, el

(30)

p a n o ra m a h u m an o de nu estro tiem po es el que es, p a ra bien y p a ra m al, p a ra daño y p a ra beneficio co n ju n ta­ m ente, porque, según ya hem os dicho, han en trad o en n u estra m an era de vivir co tid ian a y com ún (en el sentido de cosa vulgar y com p artid a) u n a c an tid ad de cosas que se h an derivado de la investigación física. Los m étodos y las conclusiones científicas no perm anecen confinadas d en tro de la «ciencia». Ni siquiera quienes conciben la ciencia com o una en tid ad en cerrad a den tro de sí m ism a, que actú a po r m óviles propios suyos, independiente y ais­ lada, pueden n eg ar que es eso lo que ocurre en la p ráctica. El considerarla, y eso es lo que hacen los que culpan a la ciencia de ser la fuente y el origen de las actuales calam i­ dades h u m an as, como un a en tid ad , no pasa de ser un ejem plo de m itología teórica an im ista. La ciencia que de m an era tan profunda y extensa h a pen etrad o en las reali­ dades presentes de la vida h u m an a es p arcial e incom ­ pleta; ab o rd a con com petencia las condiciones físicas, y cad a día m ás las fisiológicas (como lo d em u estran los p ro ­ gresos recientes en la m edicina y en la san id ad pública), pero es como si no existiera cuando se tra ta de problem as de im p o rtan cia su prem a p a ra el hom bre; de problem as que son característicam en te del hom bre, p a ra y p o r el hom bre. De cu alq u ier m an era que se tra te de m ira r y de com prender inteligentem ente el estado actu al del hom ­ bre, se ad v ertirá po r fuerza la ex trao rd in aria ru p tu ra que existe en la vida, a causa de la rad ical in co m p atib ilid ad entre modos de o b ra r que ponen de m anifiesto y que p e r­ petúan la m oral de un a época precientífica, y modos de o b ra r de una realid ad actu al que ha sido d e term in ad a sú ­ bitam ente, con una velocidad inm ensam ente acelerada y que lo p en etra todo, p o r u na ciencia que es todavía p a r­ cial, incom pleta, y que actú a forzosam ente de u na m an era unilateral.

(31)

IV

Nos hem os referido varias veces en los ap artad o s a n te ­ riores a lo que ciertos seres hum anos llam ados filósofos llevaron a cabo en el tran scu rso de los siglos diecisiete, dieciocho y diecinueve, en el sentido de d esem b arazar el terreno de ruinosos restos cosmológicos y ontológicos que habían sido asim ilados em otiva e intelectu alm en te en la e stru ctu ra m ism a y en las funciones de la c u ltu ra occiden­ tal. No pretendim os afirm a r con ello que corresponde a los filósofos el m érito de las investigaciones concretas que revolucionaron de una m an era progresiva la astronom ía, la física (incluyendo en ella'ja quím ica) y la fisiología. Nos lim itam os a d ejar constancia de un hecho histórico: el de que los filósofos desem peñáron un papel que, dados el clim a cul tu ra l y el factor de la costum bre establecida, vino a ser un p rerreq u isito indispensable p a ra lo que realiza­ ron los hom bres de ciencia. Q uerem os ag reg ar ah o ra a esa afirm ación, relacionándola con la reconstrucción de la fi­ losofía, que los hom bres de ciencia, al re a liza r sus tareas específicas, elab o raro n un m étodo de investigación de un alcance tan grande y tan profundizador, tan im p reg n ad o r y tan universal, que nos ofrece un p a tró n y m odelo que perm ite, que es una invitación, que parece incluso exigir una form ulación que caiga den tro de las funciones de la filosofía. Es un m étodo de conocim iento que se corrige a sí propio en su funcionam iento: un m étodo al que los fra­ casos enseñan, lo m ism o que los éxitos. El m eollo del m é­ todo es el descubrim iento de la m ism idad de la investi­ gación con el descubrim iento. Esta función del descubri­ m iento que consiste en descu b rir lo nuevo y en d ejar a trá s lo viejo, es cosa que se da por acep tad a den tro de las a c ti­ vidades especializadas y relativ am en te técnicas de la ciencia n atu ral. Sin em bargo, no en todas las form as de la actividad intelectual es acep tad a, ni m ucho m enos, una

(32)

posición cen tral de ese estilo; m ás aún, en m aterias que se sitú an a p arte y se clasifican com o «espirituales», «idea­ les», y característicam en te m orales, la sim ple idea de a p li­ c ar m étodo sem ejante repugna a m uchos que consideran esa aplicación com o la cosa m ás n a tu ra l en sus propias tareas de especialización. Es cosa fam iliar a todos, que cuando se tra ta de descubrim ientos científicos y teóricos, el hecho práctico correlativo de descubrim iento

— vento, y que hoy m ism o existe en m uchos de los aspectos Tfísicos de las actividades h u m an as un m étodo generali­ zado p o r el invento de inventos. R ara vez se produce un invento en el cam po característicam en te hum ano, y \cuando se produce es únicam ente en los extrem os de u n a situación grave. La sim ple idea de un invento, tratán d o se de actividades h u m an as y de relaciones de ám b ito extenso y que calan profundam ente, despierta sentim ientos de m iedo y de h o rro r, porque se la considera com o peligrosa y d estru cto ra. Se da p o r supuesto que este hecho im p o r­ tan te, pero al que pocas veces se le p resta atención, p e r­ tenece a la N atu raleza m ism a y a la esencia de la m oral como tal m oral. Este hecho constituye un testim onio de la reconstrucción que es preciso acom eter y de la dificultad ex trem ad a de toda te n ta tiv a de ponerla p o r o bra.

El arreglo que p o r fin redujo, aunque sin su p rim irla por com pleto, la separación que existía en tre la ciencia y las costum bres institucionales aceptadasfueoiria-tregua, dis­ tando m uchísim o de acercarse a u n a integración. Más bien resu ltab a un xlisnositivo com pletam ente co n trario a una integración, puesto que funcionaba sobre la base de una división rígida y tajan te de intereses, problem as y propósitos de la activ id ad h u m an a, en dos «reinos», o, po r un curioso recurso de lenguaje, en dos «esferas»; no en dos hem isferios. Una de esas esferas se d ab a por supuesto que era «elevada» y por esa razón poseía jurisdicción suprem a sobre la o tra, considerada intrínsecam ente «baja». A la esfera elevada se le dio el nom bre de «espiritual», ideal, y se la identificó con la m oral. La o tra era la esfera «física» y estaba d eterm in ad a por lo que a b arca b a la nueva

(33)

cia de la N atu raleza. Por baja, era m aterial; sus m étodos

j

eran únicam ente adecuados p a ra lo m a te ria l y p a ra el ! m undo de la percepción sensorial, no p a ra el m undo de la j razón y de la revelación. Se autorizó a reg añ ad ien tes a la \ nueva ciencia n a tu ra l p a ra que operase con ese m étodo, a condición de que no se saliese de su propio co m p artí- ¡ m iento y de que se ocupase de sus propios asuntos, d en tro / de los lím ites que se le h ab ían señalado. Lo que de esa ac titu d sacó la filosofía fue to d a u n a cría y u n a n id ad a de / d u a lism o s que h an venido a co n stitu ijren ^o n ju p to los pro- /

blem as de la filosofía llam ad a «m oder n a »; ló cual es un jreflejo de las condiciones cu ltu rales que explican la ru p ­

tu ra básica que se ha producido en tre lo rqoral y lo físico. Estos vocablos corresponden en la re a lid ad a u n a ten ­

tativa p a ra d isfru ta r de las ventajas p rácticas que en cuestión de com odidades, holgura, conveniencia y poder resultaban de la «aplicación» de la ciencia nueva a las realidades de la vida, pero m anten ien d o no o b stan te in ­ ta cta la a u to rid a d su p rem a de lo viejo en los asuntos de a lta m oral, calificados de «espirituales». Fueron las ven­ tajas de índole m a terial y u tilita ria de la ciencia nueva, y no el reconocim iento de la im p o rtan cia intelectu al —p a ra no h a b la r de la im p o rtan cia m oral— del nuevo m étodo, el aliado m ás firm e de los hom bres que lo h ab ían creado revolucionando lo que se h ab ía juzgado h a sta entonces una explicación científica de la N atu raleza y del cosmos.

La treg u a funcionó p o r algún tiem po. El equ ilib rio que ofrecía era resu eltam en te inestable. Podría aplicársele el proverbio de que p reten d ía g u a rd a r el pastel y com erlo al m ism o tiem po. R epresentaba el esfuerzo p a ra gozar de las ventajas m ateriales, p rácticas y u tilita ria s de la ciencia nueva, evitando al m ism o tiem po su acción sobre los vie­ jos hábitos institucionales —en tre los que se incluyen las creencias, acep tad as com o base de las norm as y de los principios de la m oral— . Esa división no resistió a la prueba. Sin propósito deliberado (aunque con gran estí­ m ulo deliberado de un grupo de pensadores filosóficos «avanzados») los resultados que surgían del em pico que

(34)

se d ab a a la nueva ciencia invadieron en g ran n ú m ero el cam po n o m in alm en te reservado a las activ id ad es y valo­ res de lo « espiritual». La consecuencia violenta de esta invasión constituye lo que se h a llam ad o secularización, m ovim iento éste que a m ed id a que fue extendiéndose, se le consideró com o sacrilega profanación del sagrado de lo esp iritu al. Hoy m ism o, son m uchos los hom bres que no están p rácticam en te identificados con viejas instituciones eclesiásticas, o con la m etafísica asociada a las m ism as, que h ab lan con p esar y, en el m ejor de los casos, com o pidiendo disculpas, p o r esa secularización. Pues bien, la o p o rtu n id ad de que ad q u iera u n a au tén tica u n iv ersalid ad el m étodo —y el e sp íritu — de la ciencia, com o investiga­ ción que nos lleva al descu b rim ien to forzoso de que las actitu d es y conclusiones intelectuales ceden c o n stan te­ m ente el puesto a o tras d istin ta s y nuevas, e strib a p reci­ sam ente en h a lla r la m an era de que los factores de esta

se£u la riza eió rij£ cjh a n J a ~ fQ rn ia ^ L ca n J t^ ^

_4ad que se asigna nom in alm en te a la m o ra l;.pero que en realíd ad no es ejercida p o r esa m oral que nos h a sido tjansjEnitida a nosotros desde u n a x p p c a préeléntífica. Lá"~ re a lid ad de esta p érd id a de a u to rid a d viene a q u e d ar re­ conocida p o r el resurgim iento, hoy corriente, de la vieja d o ctrin a de que la n a tu ra lez a h u m a n a es congénitam ente d ep rav ad a, con lo que se explica la susodicha pérdida; y tam b ién p o r el pesim ism o am p liam en te difundido acerca del futuro de la h u m an id ad . E stas quejas y d u d as tienen que producirse forzosam ente m ien tras se dé p o r supuesto que las costum bres in stitu cio n ales en acción y las creen ­ cias de la época precientífica, son definitivas e in m u ta ­ bles. Pero, si se to m an de esa m an era, constituyen tam b ién u na excitación p a ra el desarrollo de u n a teoría de la m oral capaz de d a r dirección in telectu al positiva al hom b re en el desarrollo de la m oral p rá c tica —es decir, con au tén tica eficacia en la re a lid ad — que utilice los recursos que hoy tenem os a n u e stra disposición p a ra llevar el orden y la seguridad al cam po de las actividades y de los intereses de la vida h u m an a, no sólo de m an era que desap arezca la

(35)

confusión existente, sino en u n a escala m ucho rñás am p lia de lo que h a sta ah o ra h a existido. /

En las lam entaciones y prédicas que hoy pstán m ás en boga van ligadas ín tim a m e n te tres cosas. S/ón éstas(J2 j£ l a taq u e c o n tra la ciencia n a tu ra l Í2 ) l¡a d o ctrin a de que el hom bre es ta n cóñgéni tam en te niafvado q ue resu lta im ­ posible p ro m u ig a rlm a m brarqüe^cfue^eri favor de la es­ tab ilid ad , de la eq u id ad y de la (verdadera) lib ertad , sin re c u rrir a alg u n a a u to rid a d e x tra h u m an a y e x tra n a tu ra l, j^ S ^ la preten sió n p ro clam ad a po r los rep resen tan tes de u n a clase especial de organizaciones institucionales, de que ú n icam en te e llo sj>on capaces de llevar a cabo lo que se necesita. No traig o este asu n to a colación aquí con la idea de som eterlo a u na c rítica directa. Lo m enciono p o r­ que nos ofrece u n a posición ta n generalizada, que nos in ­ dica con c larid ad u n a de las direcciones en que la filosofía puede salir de la a p a tía de las cosas sin im p o rtan cia. Esa m ism a preten sió n nos indica, p o r un agudo co n traste, la o tra dirección en que la filosofía puede avanzar, a saber: la del esfuerzo sistem ático p a ra ver y a firm a r lo que de alcance constructiyó^^para él futuro del hom bre se deriva cíe La revolución p ro d u cid a en p rim er lugar p ö f ’la nueva cien c ia fe so a cóndíclóñ~de que dem os p ru e b a 3e u n a re ­ su elta c o rd u ra al d e sa rro llar un sistem a de actitudes- creenciales, u n a filosofía que esté form ada sobre la base de los recursos de que en la actu a lid a d disponem os.

J

El p ro b lem a p lan tead o actu alm en te p o r la cam p añ a co n tra la nueva ciencia y los resu ltad o s de la m ism a, m e­ d ian te u n a condenación to tal de la n a tu ra lez a h u m an a, y m ed ian te la petición de que vuelva a in sta u rarse en toda— su p len itu d la a u to rid a d de las an tig u as instituciones me- dTevñTesT sé TécTüce sim plem ente a d ecid ir si hem os de a v an zar en u n a dirección que los nuevos recursos hacen posible, o si estos últim os son p o r su esencia m ism a tan poco dignos de confianza, que nos es preciso ponerlos bajo control som etiéndolos a u n a a u to rid a d que afirm a ser ex­ tra h u m a n a y e x tra n a tu ra l, h a sta donde la investigación científica d eterm in a el alcance de lo «n atu ral» . El

(36)

tado de la percepción sistem ática de esta separación de direcciones, sobre la filosofía, consiste en que nos hace ver que lo que llam am os «m oderno» es algo que está aú n sin form ar, en es ta d jiin c ip i en fe . S u lu c h a c o n fu sa y sus in es ^ tables inseguridades reflejan la m ezcla de un algo viejo y ¡ de un algo nuevo que son incom patibles. Lo au tén tica- í m ente m oderno está todavía p o r nacer. No es función ni ¡ resp o n sab ilid ad d é l a filosofía la ta re a de traerlo a T a re a - | Jidarl. Ésa ta re a sólo puede ser realizad a po r las activi da- | des resueltas, pacientes, cooperativas, de hom bres y m u- | jeres de b u ena voluntad, elegidos en todas las profesiones | útiles, d u ra n te u n espacio de tiem po indefinidam ente ¡ largo. No tenem os la a b su rd a pretensión de p ro clam ar | que los filósofos, los científicos, o cu alq u ier otro grupo de

i

hom bres form e un sacerdocio sagrado al que hay que en- I com en d ar esa ta re a. Ahora bien, com o los filósofos h a n ¡ realizado en los últim o s siglos u n a lab o r ú til y necesaria p a ra el fom ento de la investigación física, tam b ién sus su ­ cesores tienen en la a ctu a lid a d la o p o rtu n id ad y a ellos se dirige la llam ad a p a ra que desem peñen u na ta re a sim ilar en el fom ento de la investigación m oral. Las conclusiones de esa investigación no co n stitu irían po r sí m ism as u na teo ría com pleta de la m o ral ni un a ciencia activa con u n a m a te ria característicam en te hu m an a; tam poco las a c ti­ vidades de sus predecesores trajero n d irectam en te a la vida, en su pleno desarrollo, las condiciones físicas y fisio­ lógicas de la vida h u m an a. Pero ten d rían , en cam bio, un a p articip ació n activa en la ta re a de c rear u n a ciencia m oral h u m a n a que sirviese de im prescindible p recu rso ra p ara la reconstrucción del estado actu al de la vida h u m an a, con vistas al orden y a o tras condiciones necesarias p a ra el desarrollo de u n a vida m ás com pleta que la que h a sta hoy ha disfrutado la h u m an id ad .

La^exposición siste m á tica descom o, cuándo y po r qué razón unas filosofías ta n adecuadas p a ra las condiciones de la an tig ü ed ad y del Medievo, re su ltan, a?pesar del co ito num ero de siglos que han tra n scu rrid o desde la aparición en el p a n o ra m a h u m an o de la ciencia n a tu ra l, tan sin

(37)

p o rta n d a que llegan incluso a ser un obstáculo p a ra el m anejo in te le ctu a l d e l p an o ra m a h u m ano ~de~nuestro t i e mpo7 e s e nsFm Ts m a u n a ta re a intelectu al que está p i­ diendo ser ab o rd ad a. Ya hem os dicho antes que la recons­ trucción no debe llevarse a cabo con censuras o con la ­ m entaciones. Se tra ta de u n a labor estrictam en te intelec­ tu a l que exige un estudio lo m ás am plio posible de las conexiones que tienen los sistem as filosóficos del pasado con las condiciones cu ltu rales en que les fueron p la n te a ­ dos sus problem as, y un conocim iento de la ciencia actual que no se lim ite al de libros de divulgación. Este aspecto negativo de las actividades in telectuales que será preciso realizar, ab arca forzosam ente un a exploración sistem á- tica de los valores que corresponderTaTo que es a u té n ti­ c a m e n te nuevo éñ~lüs m ovim ientos científicos, tecnológi-

cos y politicos del p asad o inm ediato y del presente, des­ pués de lib ertad o s de la pesadilla de los h áb ito s form ados en un período precientífico, pretecnologicoindustrial y po­ líticam en te predem ocrático.

Con b a sta n te frecuencia se tropieza ya con señales de u n a tendencia cada vez m ás fuerte a reaccio n ar co n tra el p u n to de vista que sostiene que laxiencia-y-ia nueva tcc- nología son las culpables de los m ales que sufrim os en la a ctu alid ad . Se reconoce que, en su condición de m edios, son ta n poderosos, que nos proporcionan recursos nuevos y de gran valor. Y se afirm a que lo único que se precisa es llevar a cabo un a renovación m oral igualm ente eficaz, que em plee tales m edios p a ra finalidades au tén ticam en te h u ­ m anas. E sta posición m arca, desde luego, un proceso frente a la de u n sim ple a taq u e co n tra la ciencia y la tec­ nología con la pretensión de som eterlas a u n a su b o rd in a­ ción específicam ente institucional. Hay que felicitarse de ella, porque d em u estra darse cuenta de que el p ro b lem a a resolver es m oral o hum ano. Sin em bargo —p o r lo m enos en los casos que yo he conocido de cerca— , sufre de u na grave deficiencia. Se d iría que da por supuesto que noso­ tro s p oseem os ya, confeccionada como si d ijéram os, la m oral que señala las finalidades en que ha de em plearse - r ~ k

(38)

ese crecidísim o a lm acén de m edios o in stru m en to s. Se hace caso om iso de la dificultad p ráctica que supone el co n v ertir a unos «medios» rad icalm en te nuevos en servi­ dores de finalidades que fueron señaladas cuando los m e­ dios de que d isponía el hom bre eran de clase m uy d istin ta. Pero m ucho m ás im p o rtan te que eso, desde el p u n to de v ista de la teoría o filosofía, es que sem ejante posición m an tien e in tacto el divorcio en tre algunas cosas en su con­ dición de m edios, y n ad a m ás que m edios, y o tras cosas que son fines, y n ad a m ás que fines, p o r su pro p ia esencia y n a tu raleza in trín seca. Y de esa m an era se esquiva, no v o lu n tariam en te pero sí de un a m an era efectiva, un a cues­ tión que tiene suficiente gravedad p a ra ser moral.

E sta separación de unas cosas que son fines en sí m is­ m as, de o tras cosas que son m edios en sí m ism as, po r su m ism a n atu raleza, es u na herencia que hem os recibido de u n a época en la que se calificaba de «útiles» ú nicam ente a las actividades que servían p ara vivir fisiológicam ente, m ás bien que m oral men te, y que eran realizadas p o r es­ clavos o siervos en beneficio de otros hom bres que eran libres en cu an to que de ese m odo se lib rab an de realizar trab ajo s que se consideraban bajos y m ateriales. Pues bien: lo p rim ero que tiene que hacer el nuevo E stado, en el que disponem os de recursos que difieren enorm em ente, lo m ism o c u alitativ a que cu an titativ am en te, de los a n ti­ guos, es c re ar nuevos fines, ideales y patrones, a los que lig ar nuestros nuevos m edios. R esulta im posible, m oral y TogícáméñTeTque una clase de m edios que ha cam biado to talm en te, se vea en ganchada a unos fines que en el m ejor de los casos se supone que han cam biado ú nicam ente por lo que respecta a la facilidad con que pueden ser alcan za­ dos. La secularización com pleta de los m edios y o p o rtu ­ nidades, que h a venido teniendo lugar, ha revolucionado de tal m an era los modos de ser de la vida h u m an a, que ha tra sto rn a d o el p an o ram a antiguo. No hay nada m ás fútil intelectu alm cn te (adem ás de ser p rácticam en te im posi­ ble) que el suponer que se puede establecer la arm o n ía y el orden, si antes no se desarrollan, con un grado razo n a­

Figure

Actualización...

Referencias

Actualización...

Related subjects :