La influencia que ha ejercido ese cam bio de m étodos del pensam iento científico sobre las ideas m orales es, en ge neral, evidente. Se han m u ltip licad o los bienes, las finali dades. Las norm as se h an suavizado convirtiéndose en principios, y los principios se h an m odificado co n v irtién dose en m étodos de conocim iento. La d o ctrin a ética em pezó en tre los griegos com o un in ten to de en co n trar u na norm ación de la conducta que tuviese u n a base y un de signio racional, en lu g ar de que se derivase de la co stu m bre. Pero, en su condición de su stitu to de la costum bre, la razón se h allab a obligada a p ro p o rcio n ar objetos y leyes tan fijas como lo hab ían sido las de aquélla. Desde en to n ces la ética ha vivido ex trañ am en te h ip n o tizad a p o r la noción de que su tarea consiste en d escu b rir alguna fina lidad o algún bien últim o, o alguna ley su prem a y ú ltim a . En todas las d istin tas teorías se descubre este elem ento com ún. Algunas han sostenido que el fin es la lealtad u obediencia a un poder o au to rid a d m ás elevado; y h an descubierto de un a diversidad de m aneras ese principio más elevado en la V oluntad Divina, en la voluntad del gobernante laico, en el sostenim iento de instituciones en las que está encarnado el designio de los superiores, y en la conciencia racional del deber. Pues bien, todos ellos han
diferido los unos de los otros precisam ente porque existía un p u n to en el que todos concordaban: el de un a fuente única y ú ltim a de la lev. Otros han afirm ado que es im posible s itu a r la m oral en la conform idad con el poder que d icta la ley, y que debe ser buscada en ciertos fines que son buenos. Algunos han buscado el bien en la realización de sí m ism os. Otros en la san tid ad , otros en la felicidad, y otros en la m ay o r sum a posible de placeres. Pues bien, todas esas escuelas h an concordado en el supuesto de que existe un bien único, fijo y últim o. Y precisam ente por h a b er p a rtid o todas ellas de esta prem isa com ún han po dido d isp u ta r en tre sí.
Surge aquí la p reg u n ta de si p a ra salir de sem ejante confusión y pugna no será lo m ejor el ir h a sta la raíz del problem a, interro g an d o a ese elem ento com ún a todas las escuelas. ¿No es acaso esta creencia en loBú n igp-definitivo 1 y ú ltim o (Io^mismosTlö~ööncebimos com o el bien o com o la T e y a u to rita ria ) un producto TñTefgjp^ or^ '~gan^acióm feudal que está desapareciendjo^JiiiiiQrica-
•'Tneñtejjy de aq u ella creencia en uíTcosmos lim itado, o r d e ñ a d o , que ha desaparecido ya de la ciencia n a tu ra l, en
el que se considera el descanso com o su p erio r al m ovi m iento? He ap u n tad o rep etid as veces la idea de que lo lim itad o de la actu al reconstrucción intelectual rad ica en que todavía no h a sido aplicad a seriam ente den tro de las disciplinas m orales y sociales. ¿No exigirá acaso esta m ás am p lia aplicación el que progresem os h a sta u n a ^ reencia pn la p l u r a l i d a d dp hienas v~de fines m udables, m ovibles—. ind iv id u alizados, y h a sta la creencia de que los principios, íos crrtenóS ,iasTeyes son in stru m en to s intelectuales p a ra a n alizar las situaciones individuales o ú n icas?—
Es posible que la ta ja n te afirm ación de que toda s itu a ción m oral es ú n ica y que tiene su propio bien irreem p la zable, p u eda p arecer no sólo tajan te sino adem ás a n ti cuada. La trad ició n establecida enseña que es p recisa m ente la irreg u larid ad de los casos especiales la que hace necesario que la conducta sea guiada po r los universales, y que la esencia de la disposición virtuosa consiste en la
b u ena volu n tad p a ra su b o rd in ar cu alq u ier caso p a rtic u la r a la decisión de un principio fijo. De ello se d ed u ciría que el som eter u na finalidad y u n a ley genéricas a lo que de term in e la situación concreta, trae com o consecuencia u na to tal confusión y un lib ertin aje sin freno. Sin em bargo, vam os a seg u ii/la no rm a p rag m ática, y p a ra des c u b rir el significado de la idea vam os a b u scar sus conse- c u en c ia ^ E n to n c e s se nos aparece de un a m an era so rp ren dente que el significado del c arác te r único y m oralm ente últim o de la situación concreta no es o tra cosa que una transferencia del peso y de la carga de la m o ral a la in te ligencia. No destruye la responsabilidad, sino que ú n ica m ente la localiza. Una situación m oral es aquella en que se exige el juicio y la elección com o antecedentes p a ra l a acción. El sentido p ráctico de la situación —es decir, la acción que se p recisa p a ra satisfacerlo— no es evidente “p o r sí m ism o. Es preciso buscarlo. Existen deseos en 'pugna y bienes ap aren tes que constituyen un dilem a. Lo t¡ü e necesitam os es d escu b rir el curso verdadero de la ac ción, el bien verdadero. Es preciso, p o r consiguiente, lle v ar a cabo un a investigación; observar la conform ación d etallad a de la situación; el análisis de sus d istintos fac tores; la aclaración de lo que es oscuro; el a p artam ien to de los rasgos m ás vivaces e insistentes; el ra s tre a r las con secuencias de los d istintos m odos de acción que se nos sugieren; el m ira r la decisión a que hem os llegado com o hipo tética y de tan teo h a sta que hayam os hecho la cuenta de las consecuencias previstas o supuestas que nos lleva ron a su adopción p a ra ver el saldo que presentan con las consecuencias reales. Esa investigación es inteligencia. N uestros fracasos m orales se rem ontan a alguna debilidad de carácter, a alguna falta de sim p atía, a algún prejuicio u n ilateral que nos lleva a re alizar con descuido o con m ala intención el juicio del caso concreto. Los rasgos distintivos m orales, las virtudes o las excelencias éticas son una a m plia sim p atía, una aguda sensibilidad, la terquedad en en frentarse con lo desagradable, un equilibrio de intereses
V
que nos p e rm ita em p ren d er de un a m a n era inteligente la ta re a de a n a liz a r y decidir.
Vale la p en a h acer n o ta r una vez m ás que el problem a que se o cu lta debajo de todo esto es, en fin de cuentas, el imismo que hem os tra ta d o a fondo en la investigación fí
sica. T am bién en ésta pareció d u ra n te largo tiem po que sólo podía alcan zarse la seguridad y la dem ostración r a cionales p a rtie n d o de conceptos universales y ag ru p an d o bajo ellos los casos p articu lares. Los hom bres que in icia ron los m étodos de investigación que hoy están adoptados en todas p artes, fueron en su tiem po acusados (sincera m ente) de subvertidores de la verdad y de enem igos de la ciencia. Si ellos a cab aro n p o r triu n fa r fue, com o ya hem os señalado, porque el m étodo de los universales confirm aba prejuicios y san cio n ab a ideas que h a b ían alcanzado acep tación general sin que tuviesen en su favor p ru eb a n in guna; porque, colocando el peso inicial y el final sobre el caso individual, estim u lab a u na investigación concien zuda de los hechos y un exam en de los principios ú l tim o térm ino, la p érd id a de las verdades etern as se vio so b rad am en te com pensada con el acceso a las d iarias re a lidades. La p érd id a del sistem a de definiciones y géneros superiores y fijos se resarció con exceso m ed ian te el sis tem a creciente de las hipótesis y leyes em pleadas en la clasificación de los hechos. Vemos, pues, que, después de todo, sólo pedim os que se adopte, al m e d ita r en la m oral, la m ism a lógica que al decidir sobre fenóm enos físicos ha dem o strad o conducir a la seguridad, a la rig u ro sid ad y a la fertilidad. La razón es la m ism a. El m étodo antiguo, a p esar de que ren d ía culto nom inal y estético a la razón, p erju d icab a a esta m ism a razón, porque esto rb ab a el fun cionam iento de la investigación escrupulosa e incansable. Más concretamehteTaTtrahsTerTFeTpesö de la νκΠΓτηο- ral desde la bú sq u ed a de reglas o la persecución de fines in m u tab les, h a sta el descub rim ien to de los m ales que ne cesitan r em edio en cad a caso esp ecial, y h a sta la form a ción de planes y de m étodos con que tra ta rlo s, elim in a las causas que convirtieron la teoría de la m oral en m a te ria
de controversia, y que la h an m an ten id o tam b ién alejad a del co n tacto beneficioso con las exigencias de la p ráctica. La teoría de los fines fijos lleva de u na m an era inevitable al p ensam iento h a sta el ato llad ero de d isp u tas im posibles de zan jar. Si existe un único su m m u n bonum , un único fin suprem o, ¿cuál es? El a b o rd a r este pro b lem a equivale a situ arn o s en el centro de controversias que son hoy tan agudas com o hace dos m il años. Vamos a to m ar un p u n to de v ista que parece m ás em pírico, y d ig am os q ue no existe un fin único, p ero que tam p o co hay tan to s fines com o son IaíT situaciones espeeificas aué~e¿láll uidiélldonnéTora7 pero si que existen bienes n atu rales com o la salud, la ri- qNucza, el honQrju,l^Euahármpú1Sción. l^ amistadL la a p re ciación estética »..el saber^ y o tro s bienes m orales cóm o la ju sticia, la tem p lan za, la.b^cvoleP fcia, etc. ¿Quién o qué haTde d ecid ir la serv id u m b re de paso en Tasocasiones en que estos fines estén e n jm g n a -n n o s-e o n ^ com o segu ram en te lo estarán ? ¿R ecurrirem os al m étodo que de tal m an era d esacreditó el p ro b lem a todo de la ética, es decir, a la C asuística? ¿O tendrem os que re c u rrir a lo que Ben- th a m llam ó con ex actitu d el m étodo del ipse d ixit: el de la f p re ferencia a rb itra ria de esta o de aqueTIaTpersona por "este o aquel fin? ¿O nos verem os obligados a disponer to
dos los fines en un orden escalonado, desde el bien m ás alto h a sta el m enos valioso? N uevam ente nos e n co n tra mos en m edio de d isp u tas irreconciliables y sin ninguna indicación de salida.
En todo ese tiem po, las perp lejid ad es m orales concretas que req u ieren la ayuda de la inteligencia siguen sin a c la ra r. No podem os b u scar ni a lcan zar la salud, la riqueza, el saber, la ju stic ia o la bondad en térm inos generales. El o b ra r es siem pre específico, concreto, individualizado, único. Por consiguiente, tam b ién los juicios que se refieren a los actos que tenem os que re a liza r h a b rá n de ser concre tos. D ecir que un hom bre busca la salud o la ju sticia es lo m ism o que d ecir que busca el vivir salu d ab lem en te o ju s tam en te.
Estas cosas».lo piismo
quela verdad.
.pertenecen,.·.aTadverbio.
Sonmodificadoras del obrar en los casos es-
peciales. Cómo vivir salu d ab lem en te o ju stam en te es p ro b lem a que difiere de u na persona a o tra. V aría con la ex periencia p a sa d a de cad a uno, con sus o p ortunidades, con sus debilidades y capacidades tem p eram en tales y ad q u i ridas.(Q uien busca vivir saludablem ente no es el hom bre en general, sino un hom bre individual que padece alguna indisposición concreta, y, p o r consiguiente, la salu d no puede significar p a ra ese hom bre exactam ente lo que sig nificaría p a ra todos los dem ás mortales^ El vivir salu d a blem ente no es cosa que haya de conseguirse p o r sí m ism a, con independencia de las o tras m an eras del vivir. Un ho m b re necesita ser sano en su pro p ia vida, no con indepen dencia de ésta, ¿y qué significa la vida sino la sum a de sus actividades y de sus tareas? El hom bre que busca la salud com o fin aislado se convierte en un valetudinario, en un fanático, en un realizad o r m ecánico de ejercicios, o en un a tle ta ta n u n ila te ra l que su em peño en conseguir el desarrollo físico llega a d a ñ a r su corazón. C uando el em peño de d a r re a lid ad a un supuesto fin no da tono y color a todas las dem ás actividades, la vida queda fraccionada en tiras y porciones. Unos actos y unos m om entos d e te r m inados se consagran a la adquisición de la salud, otros al cultivo de la religión, otros a la persecución del saber, a convertirse en un buen ciudadano, en un aficionado a las bellas artes, etc. Esta.es la ú nica a lte rn ativ a fógi£a_que_ n frp rf la sqbqrdinación de to d o sló s fíTTüS^lá'consecución
_ Hf» na» f a n a t ! "
m oda el fanatism o, pero ¿quién puede decir h a sta qué p u n to ha producido extravíos m entales y desgastes in ú ti les en la vida, y h a sta qué p u n to su d u ra y estrech a rigidez son consecuencia del fracaso de los hom bres en com p ren d er que cad a situación tiene su propio fin único y que ese fin único debe alcan zar a to d a la personalidad? Una vez m ás podem os a firm a r que lo que el hom bre necesita es vivir salu d ab lem en te, y que esta consecuencia afecta de tal m an era a todas las actividades de su vida, que no puede p ro clam arse com o un bien aislado e independiente.
Sin em bargo, las ideas generales de salud, enferm edad,
ju sticia, c u ltu ra a rtística, tienen gran im p o rtan cia; pero no la tienen porque este o aquel caso p u ed a colocarse en su to ta lid a d bajo un solo encabezam iento, prescindiendo de sus rasgos específicos, sino porque la ciencia generali zada p roporciona al hom bre como m édico, com o a rtis ta y como ciudadano, cuestiones que p la n te ar, investigaciones que hacer, y lo cap acita p a ra com prender el significado de lo que ve. En el m ism o grado en que el m édico es a rtis ta en su trab ajo , em plea su ciencia, por m uy extensa y exacta que sea, p a ra que le su m in istre in stru m en to s de investi gación en los casos individuales y m étodos de prever el m étodo que ha de em p lear en los m ism os. En el m ism o grado en que, p o r grande que sea su saber, su b o rd in a el caso individual a alguna regla genérica de tra ta rla s, se reb aja h a sta el nivel de la ru tin a m ecánica. Su inteligencia y su acción se hacen rígidas, dogm áticas, en lu g ar de ser ágiles y flexibles.
I Los bienes y los fines morales existen únicam ente I cuando es preciso hacer algo. El hecho m ism o de que haya
que h acer algo es u n a p ru eb a de que en la situación exis- I ten te hay deficiencias y m ales. Este m al es precisam ente
e h ria L c o ñ c re to ^ ü ^ es. N cTesnunca un duplicado exacto de ningún otro m al. En su consecuencia, es preciso des cu b rir, p ro y ectar y a lcan zar el bien de esa situación sobre la base del defecto y de la dificultad exacta cuya rectifi cación se im pone. Es im posible inyectarlo de u na m an era inteligente y desde fuera den tro de la situación. Sin em bargo, corresponde a la cord u ra co m p arar los distintos casos, a g ru p a r los m ales de que sufre la h u m an id ad , y generalizar los bienes correspondientes, dividiéndolos en clases. La salud, la riqueza, la ind u strio sid ad , la te m planza, la bondad, la cortesía, el saber, la cap acid ad esté tica, la iniciativa, la valentía, la paciencia, el esp íritu de em presa, la perfección y u n a m u ltitu d de otros fines ge neralizados están reconocidos com o bienes; pero el valor de esta sistem atización es intelectual o analítico. Las cla sificaciones sugieren posibles rasgos que es preciso e sta r al acecho p a ra estudiarlos en cad a caso p a rtic u la r; sugie-
ren m étodos de o b ra r que es preciso in te n ta r p a ra a p a r ta r las causas del m al que se han deducido. Son in stru m en to s de p en etració n del problem a; su valor está en provocar u n a resp u esta ind iv id u alizad a d en tro de la situación in dividual.
La m oral no es un catálogo de actos ni un conjunto de reglas que es preciso a p lic ar com o recetas de farm acia o de libro de cocina. Lo que en la m oral se necesitan son„ m étodos específicosU e investigaciöiT ^ d e a E ^ n c ib 'n : m é todos de investigación para-localizar la s jiif im lta d e s y los, m ales; m étodos de invención p a ra tra z a r p lanes de los que -Tros" servirem os com o h ^
lös.~ E aIm p o rtan cia p ra g m á tic a de la lógica de las situa- -individualizadas, cada u n á de lás cuales tie n e s u propio bien y prin cip io irreem plazables, estrib a en tra s la d a r la atención de la doctrina, desde el preocuparse de conceptos generales, h a sta el problem a de d e sarro llar m é todos eficaces de investigación.
Es preciso que nos fijemos en dos consecuencias éticas de gran im p o rtan cia. La creencia en valoresJijQs^dioma- cím iento a u n a divisióiTtleHk55~fníesnBirm trínsecos^ep in stru m e n ta le sre n fines que vcrdadeiram entc tienen ím- ~4)0rt1ancia po r sí m ism os, y los que ú n icam en te la tienen com o m edios h acia bienes intrínsecos. Se llega con fre cuencia h a sta p en sar que el hacer esa distinción es el p rin cipio m ism o de la sab id u ría, del criterio m oral. Sem ejante distinción es in teresan te desde el p u n to de vista dialéctico y parece inofensiva; pero llevada a la p ráctica adquiere u n a im p o rtan cia trágica. H istóricam ente, es la fuente y la justificación de u n a diferencia rígida y ta ja n te en tre los
bienes ideales po r un lado y los bienes m a te ria les^xm .d_ o tro . En la actu alid ad , los que se precian de liberales con ciben los bienes intrínsecos com o de n a tu raleza estética y no como exclusivam ente religiosos o com o in telectu al m ente contem plativos. Pero la consecuencia es la m ism a. Los titu lad o s bienes intrínsecos, lo m ism o si son religiosos que estéticos, están divorciados de los intereses de la vida d ia ria que po r su constancia y aprem io constituyen la
y
preocupación de la gran m asa h u m an a. Aristóteles se sir vió de esta distinción p a ra p ro clam ar que los esclavos y la clase tra b a jad o ra, au n q u e son necesarios para el Estado —es decir, la com unidad— , no son elem entos constituyen tes del m ism o. Todo aquello que se considera como sim
p lem en te ins1^mÖntäIZ150i^ ^ no
^ñiede exigir C onsideración y respeto intelectuales, a rtís ticos ni m orales. Todo aquello en lo que se piensa com o caren te de m érito es indigno. Esa es la razón de que los