• No se han encontrado resultados

Carmen Codoñer, El Comentario de Textos Griegos y Latinos

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2021

Share "Carmen Codoñer, El Comentario de Textos Griegos y Latinos"

Copied!
278
0
0

Texto completo

(1)

CARMEN CODOÑER

(coordinadora)

EL COMENTARIO DE TEXTOS

GRIEGOS Y LATINOS

(2)

La práctica del com entario de textos d eb e abarcar p o r igual a las obras literarias en lenguas vivas que a las escritas en len­ guas clásicas. Incluso dicha práctica cobra m ás sentido en estas últimas, p ues sólo ella pu ed e devolvernos el sentido cabal, el sus­ trato cultural e histórico y los valores artís­ ticos que los textos grecolatinos encierran. Precisam ente esta tarea se han im puesto, al redactar esta obra, un grupo de profesores de la Facultad de Letras de la Universidad de Salamanca. El resultado de este esfuerzo colectivo no es nada desdeñable. Diferen­ tes géneros analizados, diferentes lenguas y, sobre todo, diferentes presupuestos teó­ ricos, m uestran un panoram a variopinto de logros y, fundam entalm ente, de las posibi­ lidades que conlleva la aplicación de las m ás m odernas corrientes teóricas de la críti­ ca filológica al legado literario del m undo clásico.

(3)

C. Codoñer (coordinadora), V. Bécares, F. Pordomingo,

C. Castrillo, R. Cortés, J. C. Fernández Corte, C. Giner,

J. de Hoz, R. Castresana, B. García-Hernández, A. Agud,

F. Romero, G. Hinojo, J. Lorenzo, I. Moreno, A. López Eire,

M. J. Cantó, C. Chaparro, A. Ramos

El comentario de textos

griegos y latinos

S E G U N D A E D IC IÓ N

CÁTEDRA

(4)

R eservados to d o s los derechos. El co n ten id o d e esta obra está p rotegido p or la Ley, q u e esta b lece p en a s d e prisión y / o m ultas, adem ás d e las

corresp on d ien tes in d em n izacion es por d añ os y perjuicios, para q u ien es reprodujeren, plagiaren, distribuyeren o com unicaren

p ú b licam en te, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecu ción artística fijada en cualquier tipo d e so p o r te o co m u n ic a d a a través d e cualquier m ed io, sin la preceptiva autorización.

© S o c ie d a d E sp a ñ o la d e E stu d io s C lá sico s. S e c c ió n lo c a l d e S alam an ca E d ic io n e s Cátedra, S. A ., 1998 J u a n Ig n a c io Luca d e T en a, 15. 2 8 0 2 7 M adrid D e p ó s ito legal: M. 4 1 .6 0 2 -1 9 9 8 I.S.B.N.: 8 4 -3 7 6 -0 1 8 0 -0 Printed in Spain Im p r e so e n G ráficas R ogar, S. A.

(5)

índice

Pr e s e n t a c i ó n... 9 Lí r i c a. I n t r o d u c c ió n ... 13 L ír ic a g r ie g a . S a fo , F r. 2 D = 31 L .- P ... 27 L ír ic a la t in a . C a tu lo , 5 ... 47 Co m e d i a. I n t r o d u c c ió n ... 8 9 C o m e d ia g r ie g a . A r istó fa n e s, Aves 7 3 7 - 8 0 0 ... 101 C o m e d ia la tin a . T . M a c . P la u to , Báquides 3 5 - 1 0 8 ... 133 Hi s t o r i o g r a f í a. I n t r o d u c c ió n ... 1 7 9 H isto r io g r a fía g r ie g a . T u c íd id e s , I I I , 8 2 ... 195

H isto rio g ra fía la t in a . T á c it o , A m a le s I, 4 - 6 ... 221

Or a t o r i a. I n t r o d u c c ió n ... 251 O r a to r ia g r ie g a . D e m ó s te n e s , D e Corona 1 6 9 - 1 7 0 ... 2 63 O r a to r ia la tin a . M . T u lio C ic e r ó n , Pro A . Cluentio 1 - 8 ... 2 7 9

(6)

Presentación

Este conjunto de com entarios q u e a continuación se ofrecen al lector son el resultado de las actividades realizadas a lo largo del curso 1977-78 en el seno d e la Sociedad E spañola de Estudios Clásicos, y m ás concretam ente de su Sección Local de Salam anca.

L a decisión de dedicar todas las sesiones, a p a rtir de enero, al com entario de textos, fue to m ad a colectivam ente, así como la de qu e los com entarios se agrupasen siguiendo u n criterio externo com o es el de los géneros literarios, válido p a ra la A ntig ü ed ad Clásica en m ayor m edida que actualm ente. Los grupos encargados de eleborar los com entarios se conform aron de acuerdo con la dedicación a uno y otro cam po de los particip an tes, con lo cu al q u ed ab a asegurado el nivel científico de las com unicaciones. D e este m odo se hicieron c u atro grupos: L írica, C om edia, H isto ria y O ra to ria. Q u izá p u e d a echarse en falta la presencia de la épica y d e la tragedia; en el p rim er caso fue la ab u n d an cia de trabajos sobre el tem a lo q ue nos hizo desistir, en el segundo la descom pensación evidente entre el tr a ta ­ m iento de la tragedia en G recia y en R om a. Criterios quizá discutibles, pero que en cierto m odo justifican la ausencia de dos puntos claves en la L ite ra tu ra Clásica.

Las ocho sesiones que dedicam os a este fin, fueron seguidas de discusiones en las q u e intervinieron los asistentes, discusiones q u e tal vez h a n servido p a ra ilu m in ar o com pletar en la redacción definitiva ciertos aspectos de los com entarios. Esto por sí solo es síntom a d e la aceptación · del p ro g ram a tra z a d o com o algo q ue a todos afectaba y del especial interés despertado p o r el tem a: C om entario de textos. En este p u n to h ay q ue h ace r n o ta r q ue el m undo de la Filología Clásica no es u n m u ndo m arginal a los intereses científicos del m om ento, sino q u e p artic ip a d e inquietudes com unes a to d a la Filología actual. Y que, en consecuencia, así como u n com entario sobre Shakespeare y las reflexiones científicas que lo sustentan pueden y deben ser u ti­ lizadas por el com entarista de las tragedias de Séneca, tam bién la situación inversa es posible.

(7)

Los presupuestos de que p a rte u n com entario de textos no tienen p o r q ué diferir básicam ente por el hecho de tratarse de lenguas no h abladas, puesto qu e el fenóm eno de lo literario les afecta p o r igual.

P artien d o del supuesto de la existencia de m últiples tendencias en el enfoque de u n com entario, se pensó que sería interesante que cad a u n a d e las com unicaciones fuese preferentem ente labor de varias personas, ya q ue ello supondría, d en tro de cad a u n a de ellas, u n germ en inevitable de discusión qu e p o d ría resultar fructífero, atrib u y e n d o al trab ajo en equipo, en este caso, ese interés sobre todo. M ás tard e, la posibilidad de publicación exigió la p rep aració n de introducciones y, siguiendo ese mismo criterio, preferim os que cada u n a de ellas sirviera de m arco al género, y no introducciones aisladas a cad a u n a de las m uestras del género en G recia y R om a. De esa m a n era el grupo se am pliaba, y los criterios m etodológicos aplicados, p o r ejem plo, en lírica griega y latin a p o r separado al hacer el com en­ tario, se co n trastab an y discutían buscando p untos de referencia com partidos al hacer la introducción. E n ese sentido q u e d a claro la progresión hacia u n a abstracción teórica q ue sustenta el com entario. Se observarán, evidentem ente diferencias entre las distintas in tro ­ ducciones en el sentido de q ue unas respondan de m odo conjunto a am bos com entarios, tan to el del texto griego com o latino, m ientras otras suponen u n planteam iento por separado. Las razones de esta diversidad son variadas, au n q u e casi pued e decirse q ue en últim o térm ino h ay q u e pensar en la im posibilidad d e red u cir a u n com ún d en o m in ad o r realizaciones distintas de un único género.

T a m b ié n en lo q ue se refiere al com entario son divergentes las líneas seguidas p o r los distintos autores : las aportaciones van desde el «com entario filológico», de ta n acusada trad ició n d en tro de nuestros estudios, h asta el com entario «literario», au n q u e siem pre se h a partido del dom inio de los m étodos filológicos*

Q uisiera por últim o agradecer vivam ente la colaboración a todos los p articip an tes y tam bién m iem bros de la Sociedad E spañola de Estudios Clásicos en Salam anca que con su asistencia a las sesiones h a n a y u d ad o y ap oyado esta iniciativa.

Ca r m e n Co d o ñ e r

Presidente Sección Local de Salam anca de la S. E. E. C .

(8)

LÍRICA

Vi c e n t e Bé c a r e s Fr a n c i s c a Po r d o m i n g o Ca r m e n Ca s t r i l l o Ro s a r i o Co r t é s Jo s é Ca r l o s Fe r n á n d e z Co r t e

(9)

Introducción

Estas líneas in tro d u cto rias constituyen u n in ten to de explicación m etodológica, de criterios, y justificativa, si fuese necesario, d e esa actividad cultural q ue se llam a com entario de textos literarios (o poé­ ticos), especialm ente cu an d o los poem as en cuestión han recibido u n a atención privilegiada p o r p a rte de com entaristas y lectores de todas las épocas.

I. C U E S T IO N E S P R E L IM IN A R E S Ι.Λ. E lección d el texto

E n el caso que nos ocupa (Safo 31 L P , C atulo 5), se podría ju sti­ ficar u n a elección a rb itra ria de los poem as p o r el carácter mismo de la poesía. Al ser textos in ten cio n ad am en te concluidos por el au to r, nuestra elección no cu artea la u n id a d de la obra. No se tra ta de sacar u n a p arte de u n todo, q ue es la ob ra literaria, y por esto no es preciso explicar que esa p a rte se h a elegido con arreglo a unos criterios válidos, no falsificadores del a u to r ni de su obra.

N o obstante, la elección del poem a de Safo no se h a hecho al azar, pues si el núm ero de poem as conservados es relativam ente grande, su estado es m u y frag m en tario ; si a ello añadim os qu e el com entario ib a destinado en u n prim er m om ento a u n a sesión de Estudios Clásicos, cuyo m arco sería rebasado pór la discusión de cuestiones laterales a la propia valoración literaria (la discusión de pasajes textualm ente m u y problem áticos exigiría gran especialización), el cam po de elección se veía sensiblem ente reducido a unos pocos poem as b astante com pletos y a la oda a A frodita, el único que p o r el m om ento se nos h a conservado íntegro. C o n trib u ía tam bién a la lim itación de nuestras posibilidades el hecho de q u e esta últim a cuenta con u n estudio m uy reciente en esp añ o l1.

1 J. S. Lasso de la V ega, «La oda primera de Safo», Cuadernos de Filología Clási­

(10)

I.B. C rítica textu al

T o d o el q ue se propone h acer u n com entario debe fijar el texto, sobre to d o si se tra ta de uno tan m a ltra ta d o por la tradición como es el de Safo, 31. Si p a ra un a u to r como C atulo contam os con ediciones que resuelven el problem a, de la oda de la poetisa lesbia no poseemos un texto definitivo. E n varios versos existen corrupciones e irregula­ ridades diversas ju n to con otras lecciones ofrecidas p o r los investiga­ dores m odernos, siem pre insuficientes. Las posibilidades se reducen, p o r tan to , a la aceptación convencional de u n texto ya dado, o a ju g a r con todo el sistem a de elecciones en tre las diversas formas transm itidas y nuevas conjeturas q ue representa to d a fijación de u n texto antiguo.

Com o n u estra ta rea principal no es e d itar el texto, sino com en­ tarlo , hem os o p tad o por a cep tar la edición de P a g e 1. Sin em bargo, no dejarem os de ten er en cu en ta las diversas conjeturas. C on esto querem os sim plem ente ad v ertir que no trab ajam o s sobre un texto seguro.

I.C . T rad ucción

O frecem os u n a traducción de los poem as pensando en los lectores q ue no p u ed an seguir los textos en su lengua original. Lo ju sto sería no d a rla desde el supuesto de q ue toda trad u cció n es traición, pues, a p a rte de las dificultades filológicas de en co n trar las correspondencias en n u estra lengua a la griega y latin a, están las particu lares de la poesía. T iene razó n C ohén cuando establece u n a diferencia entre la tra d u c tib ilid a d de los textos literarios y la d e los científicos: «El lenguaje científico es en sí traducible y en algunos casos incluso p er­ fectam ente tra d u c ib le » 2. Se tra ta sólo de p asar a otro código un d e term in ad o contenido. Pero, ¿puede h a b e r trad u ctib ilid a d de los textos literarios y m ás concretam ente de la poesía? «T odo el problem a consiste en saber cuál es el origen de la in trad u ctib ilid ad p o ética» 3. L a traducción de la sustancia del contenido es posible, la d e la form a no lo es. L a diferencia reside en q ue p a ra u n texto científico lo decisivo es sólo el contenido, m ientras q u e p a ra el poético lo es la form a, tanto de la expresión como del contenido. Es ésta la traicio n ad a desde el m om ento en q ue to d a la riq u eza de relaciones y am bigüedades que encierra el poem a no se recogen en u n a traducción. C om o m ucho se puede, en los casos más felices, recoger algunas, pero de cualquier m an era lo q ue se hace es fijarle u n sentido al poem a.

1 D . Page, Lyrica Graeca Selecta, Oxford 1968, págs. 104-105. 2 J . C ohén, Estructura del lenguaje poético, Madrid 1974, pág. 34. 3 Ibid.

(11)

En cierto m odo las actividades del com entarista de textos y del tra d u c to r están en relación inversa. M ientras que al prim ero le está perm itido y hasta obligado p resen tar el m ayor núm ero de alternativas, p a ra el segundo to d a elección es excluyente. El prim ero acum ula posibilidades, el segundo se ve constreñido p o r u n a sola a la vez que p o r las imposiciones de su p ro p ia lengua. U n o debe inexcusablem ente descubrir, en determ inadas posiciones del poem a, correspondencias de orden fónico y sem ántico (que constituyen u n a de las principales características del lenguaje poético), el otro, inexcusablem ente tam bién, tiene que o ptar, en ocasiones, por ser fiel a u n rasgo fónico relevante, a u n a oposición sem ántica o, sim plem ente, al contenido, con lo que destruye lo poético del original. Digám oslo de form a rad ical: hay pasajes de m uchas traducciones (o incluso poem as enteros) qu e n ad a tienen de poético. E inversam ente, h a y traducciones que tienen m ucho de poético, pero poco ya d e traducciones. Son, sencillam ente, poem as distintos.

I I . M É T O D O

II.A . D escrip ción

Los principios que inform an nuestro m étodo se definen en el análisis objetivo y form al d e los poem as. C on esto q u ed a anticipado lo q ue nuestra aproxim ación será y no será.

Estam os an te unos poem as seleccionados y separados del resto de la obra de sus autores. N o se tra ta de e n tra r en polém ica alguna relacionada con la n atu raleza del lenguaje poético en general o de las estructuras propias de la Poesía (con m ayúscula), p o rq u e esto corres­ pondería a u n p lan o de generalidad, la teoría de la lite ra tu ra , que no puede ten er cab id a aquí. D icho de otra form a, no se tra ta de hacer teoría, au n q u e la ya hecha h a am pliado nuestra perspectiva a la ho ra de enfrentarnos con los textos y nos servimos de ella en la m edida en q ue ayuda a explicarlos.

D e esta teoría extraem os los siguientes principios:

1) L a poesía es de n atu ra le z a lingüística, sin em bargo posee características específicas que la diferencian del lenguaje cotidiano.

2) L o distintivo entre aquélla y éste reside en la diferente fun­ cionalidad de ambos.

3) El lenguaje ordinario, el científico, el no literario en una p a la b ra , privilegia la función referencial; su finalidad se reduce a tran sm itir u n contenido; en el artístico p redom ina la función poética, es decir, el lenguaje está cen trad o sobre sí mismo, forma y contenido se h allan indisolublem ente im plicados; es fin y no medio, y de ahí su esencia perm a n en te e in m u tab le.

(12)

4) E n el hecho de estar centrado el lenguaje sobre sí mismo reside su especial sistema de relaciones internas. E sta peculiar estructura es la q ue ha p reten d id o form ular el conocido teorem a d e Jakobson : «L a fonction poétique p ro jette le principe d ’équivalence de l ’axe de la sélection sur l ’axe de la com binaison»1.

5) D e esta form ulación que define la n a tu ra le z a del lenguaje poético se deduce que la relación básica existente en el poem a es la recu rren cia de estructuras paralelas o equivalentes.

6) D a d o q ue el lenguaje se encuentra estratificado en diversos niveles, la recu rren cia ab arc a a todos ellos crean d o posiciones equi­ valentes. Este principio se concreta en cad a ocasión de m an era dis­ tin ta según las peculiaridades del poem a elegido. D e o tra m a n era, ¿por dónde se h a de com enzar la descripción?

Se pued e em pezar por u n análisis sintáctico q ue establecería partes en la ob ra según p red o m in ara la sintaxis referencial, p reocupada p o r la c la rid a d tem poral y lógica de las relaciones entre frases (abun­ dan cia d e nexos, an áfo ras...), la em otiva (exclam aciones, supresiones de térm inos, valoraciones...) o la conati va (vocativos, im perativos...). A c o ntinuación se consideraría el aspecto m étrico (m etro, cesuras...) y la relación en tre clases morfológicas (sustantivos, adjetivos...) y posiciones d en tro del verso (inicial, fin a l...). R esalta así lo ya co­ nocido: en el poem a se com binan la id en tid ad (de m etro o d e clases morfológicas) con la diferencia (sem ántica, fónica...).

D esde L e v in 2 se h a puesto gran atención en posiciones equiva­ lentes basadas en la sintaxis. E n un p lan o práctico, de análisis, se ha cu ad ricu lad o el poem a p a ra m ostrar en cad a colum na los términos equivalentes correspondientes a cada posición: colum na de sujetos, verbos, objetos, etc. Sobre estas equivalencias posicionales es posible observar cóm o se engarzan form as q ue perten ecen a otros niveles del lenguaje: el fónico y el sem ántico. Las posiciones funcionan como m arco p a ra form as fónicas o sem ánticas ya de por sí equivalentes: así, p o r ejem plo, u n a aliteración —o repetición del mismo fonem a en lexem as contiguos— co b rará especial relieve si am bos lexemas o cupan posiciones equivalentes; y viceversa, si en posiciones equi­ valentes coinciden térm inos sem ánticam ente m arcados (en relaciones de an to n im ia, antítesis, etc.) su falta d e coincidencia fónica con­ tra sta rá con los anteriores paralelism os. Pues en ca d a poem a aislado «...les corrélations créés p a r les couplages m etten t en relief les con­ trastes, et inversem ent, les contrastes p e rm e tte n t d ’échapper au côté m écanique ou banal du je u des couplages laissé à lui-m em e»3.

1 R . Jakobson, «Linguistique et poétique», en Essais de linguistique générale, Pa­ ris 1963, pág. 220.

2 S. R . Levin, Estructuras lingüisticas de la poesía, M adrid 1974, págs. 37 ss. y passim. 3 N . R u w et, «L ’analyse structurale d e la poésie» en Langage, musique, poésie, Pa­ ris 1972, pág. 169 (nota 1).

(13)

Esto tiene consecuencias notables en el estudio de poem as p a rtic u ­ lares.

E n resum en, p a ra iniciar el análisis hemos aprovechado la estra­ tificación del lenguaje en niveles lingüísticos. C ad a uno, p o r separado, m anifiesta u n a configuración diferente en ca d a poem a. Estas con­ figuraciones perm iten esbozar u n a división en partes. Sabemos tam bién que u n poem a es u n delicado ju eg o de analogías y contrastes. T al interacción es producida, precisam ente, p orque los criterios de se­ m ejanza fónicos o sem ánticos no siem pre se ven respaldados por hechos métricos, de sintaxis, etc. D e esta m an era cada contexto de u n poem a se individualiza gracias a u n a superposición de niveles lingüísticos q ue n u n ca coinciden totalm ente entre sí: valoram os, pues, en él la sim etría y la asim etría.

7) El que todos los signos estén ta n estrecham ente relacionados en tre sí y subsum idos en la función poética p redom inante, nos lleva inevitablem ente a analizarlos sin salim os del poem a. N o podem os explicar ninguno de ellos refiriéndonos a lo qu e individualm ente y fuera del contexto d en o tan , con arreglo al código de la lengua a q ue p erten ecen ; el poem a no significa n a d a externo a sí mismo. Com o dice F erraté, «el poem a en conjunto es u n signo cuyo denotado o referente es la p ro p ia connotación del signo»1; o L evin, « ...c a d a poem a genera su propio código cuyo único m ensaje es el p o em a» 2. Según se h a visto a propósito de los niveles, en el com entario se tra ta tan to de explicitar las relaciones entre los signos y el valor actual q ue ad q u ieren en ellas, como de explicar el valor o valores del poem a como totalidad.

8) D e la im posibilidad de referir el m ensaje poético a un código fijado de an tem an o y exterior a él, se concluye la am bigüedad d e la poesía, m otivada, como es sabido, p o r la inhibición de la función referencial del lenguaje. El m ensaje no se b o rra in m ed iatam en te ni se transciende, enviando a u n contexto exterior; es su propio con­ texto. L a consecuencia ha sido enun ciad a de m últiples m aneras; Jak o b so n : «A u n message à double sens correspondent u n destinateur dédoublé, u n destinataire dédoublé, et, de plus, une référence dé­ d o u b lé e ...» 3; R iffaterre: « ...e l contexto es reconstruido a p a rtir del m en saje...» 4

H em os optado po r in tro d u cir aq u í, como vehículo de la a m b i­ g ü edad eng en d rad a p o r el poem a, la m ención de unos elementos, los shifters, que tam bién p o d ría n h a b e r sido estudiados en el p u n to sexto, al tra ta r el nivel sintáctico. Son signos lingüísticos cuya refe­

rencia es im posible de realizar sin el concurso a la vez del m ensaje

1 J . Ferraté, «Lingüística y poética» en Dinámica de la Poesía, Barcelona 1968, pág. 386. 2 S. R . Levin, op. cit., pág. 63.

3 R . Jakobson, op. cit., págs. 238-239.,

(14)

y del có d ig o 1: tiem pos y modos verbales, pronom bres personales, deícticos, adverbios, etc., q ue nos inform an con c larid ad sobre los procesos de la enunciación y del enunciado y sus respectivos p ro ta ­ gonistas. T odas estas circunstancias d e la com unicación se confunden v o lu n tariam en te, p o r cuestión de principios, principios del lenguaje poético, y con la conjunción de los niveles sintácticos, m étricos, posi- cionales y de sustancia de la expresión y del contenido (fónico y se­ m ántico), p ro d u cen la polivalencia del poem a y justifican que se le preste u n a atención redoblada, p lasm ada en el com entario.

II.B . In terp retación

E n la sección anterior, la descripción lingüística, las funciones del lenguaje y la peculiaridad de la función poética h an sido glosadas suficientem ente.

C onsecuencia, en tre otras m uchas, d e esta últim a función es la am b ig ü ed ad que in tro d u ce en los niveles lingüísticos: sus analogías y contrastes d en tro de cada poem a son el p rim er paso p a ra su m ulti- valencia significativa, que es la que d eterm in a la v aried ad de in te r­ pretaciones que h a sufrido.

U n a descripción estructural basada en los diversos niveles lin ­ güísticos (fonético, morfológico, sintáctico, etc.) resulta a todas luces insuficiente y de hecho los críticos estructuralistas m ás minuciosos no se lim itan a la descripción exclusiva de elem entos y avanzan significados e im plicaciones estéticas. El desplazam iento metodológico de la p u ra descripción a juicios crítico-literarios es evidente y puede p la n te a r problem as epistemológicos, pero, inversam ente, el ren d i­ m iento práctico del m étodo estructural p ru e b a su validez en su utilidad p a ra lo segundo.

O tra cuestión es ,1a de la pertinencia de este tip o de análisis p a ra la poesía. Sin em bargo, el p u n to de p a rtid a definitorio d e to d a ap ro ­ xim ación form al a u n texto se fu n d am en ta sobre el principio de que su objetivo es p o n er de manifiesto estructuras q ue p o r ap arecer en u n poem a llam am os estructuras poéticas o poem áticas. Q u ed a, pues,

1 ’ «T out code linguistique contient une classe spéciale d ’unités gram maticales q u ’on peut appeler les embrayeurs (shifters): la significación générale d ’un embrayeur ne peut être définie en dehors d ’une référence au message». R . Jakobson, «Les embrayeurs, les catégories verbales et le verbe russe» en op. cit., pág. 178.

« ...S e lo n Peirce, un sym bole (par exem ple le mot français “rouge”) est .i^ocié à l ’objet représenté par une règle conventionnelle, tandis q u ’un index (par -xemple l’acte de montrer quelque chose du doigt) est dans une relation existentielle aveu l’objet q u ’il représente. Les embrayeurs com binent les deux fonctions et apparüi îit.ent ainsi à la classe des sym boles-index». ídem, pág. 179.

« ...E n réalité, la seule chose qui distingue les embrayeurs de tous les autics consti­ tuants de code linguistique, c ’est le fait q u ’ils renvoient obligatoirem ent au message».

(15)

clara de esta form a la pertinencia m etodológica, pero al mismo tiem po sus intenciones en m odo alguno totalizadoras de la descripción: pueden existir en el poem a estructuras literariam ente poco o n a d a funcionales en su econom ía, como, al revés, p asar otras desaperci­ bidas por in cap acid ad de la lingüística p a ra descubrirlas.

Pues el problem a fu n d am en tal se reduce a esto: ¿cómo se pasa de u n a descripción solam ente lingüística de u n poem a a los sentidos poéticos que h a recibido?, ¿son significativos en el mismo plano poético todos los elementos lingüísticos?

El p u n to de p a rtid a en el q u e nos hemos centrado consiste en el enfoque del poem a como estructura lingüística, con especial atención a su am bigüedad.

A dem ás de los elem entos constitutivos de esta estructura-objeto, conjunto de relaciones lingüísticas, la ob ra poética concita todo un sistem a de referencias que p u ed e n funcionar como alternativa crítica posible y necesaria desde el supuesto de la insuficiencia de la descripción lingüística estructural. L a o b ra in co rp o ra al suyo propio toda u n a ó rb ita de sistemas, contexto socio-cultural organizado en ella, q u e se define en el conjunto de sentidos y reacciones interpretativas que, en tre otros posibles, provoca.

Las explicaciones culturales (estéticas, epistem ológicas,...) las hacen lectores de distintas épocas. E n cierto m odo transcienden el poem a, superan la función poética, pues hacen alusión a «realidades». Conviene precisar qu e estas «realidades» culturales tienen u na obje­ tividad evidente. O tra cuestión es si exceden los límites del análisis literario, pero nos movemos en la siguiente ap o ría: la lingüística estructural proporciona bases inequívocas p a ra el análisis poético, p ero insuficientes; la crítica a q ue acabam os de hacer alusión, in te r­ p retativ a y cultural, es m ás to talizadora pero menos objetiva.

E n relación con esto acuden a n uestra observación los temas del poem a —en poesía an tig u a todavía se tra ta de algo, al contrario de la poesía m oderna, según C ohén ** c a d a vez m ás antirreferencial y p o ética— . E n el sentido en q ue hablam os aquí, no pertenecen al nivel sem ántico del mismo, form alizado desde supuestos lingüísticos2. T am poco equivalen a códigos culturales. Estos últim os en su acepción m ás estricta aspiran a u n g ra d o de rigor y de sistem atización de q u e carecen los temas. P or sistemas o códigos culturales entendem os «lenguajes» de u n a época d a d a con sus sistemas de conceptos. El psico­

1 Cf. J. Cohen, op. cit. passim.

2 Cf. N . R uw et, «Sur un vers de Charles Baudelaire», en op. cil., pág. 210: « ...le s

linguistes ad m etten t... que tout ce qui relève de la «connaissance du monde» q u ’ont les sujets parlants —connaissance du m onde que ne se confond pas avec l ’objet d e la sém antique— n ’est pas de leur com pétence. O r, cette connaissance du monde jo u e évidem m ent un rôle capital dans la littérature et, pour en rendre com pte, les études littéraires devront faire appel à des sciences distinctes de la linguistique, sociologie, psychologie, etc.». v

(16)

análisis, p o r ejem plo, es uno de estos lenguajes o referencias sobre los que se proyecta la estructura de la obra litera ria. N uestros temas son, pues, u n p u n to de p a rtid a : el am or, la m uerte, la m agia, etc., en el caso de C atulo. O cu rre, sin em bargo, q u e los diversos com entaristas, traductores e intérpretes, que se o cupan de los sentidos de u n poem a, flu ctú a n en tre niveles q ue lin d an con la m era paráfrasis, explicación del texto, la intuición —a veces g enial— o u n elaborado sistema de referencias (sociológico, psicológico...). L a la b o r q ue se nos p lantea es así difícil. El poem a provoca respuestas, es fuente de estímulos. A ceptarlas sin discusión, es com prom eterse dem asiado con sentidos efímeros o insuficientem ente elaborados.

El análisis se ve obligado a flu ctu ar entre dos cotas lím ite. Por u n lado, la semiología. A ceptaría el p oem a entero com o signo, en u n nivel prim ero, q ue a u n segundo nivel se convertiría en signifi­ can te cuyo significado sería uno de estos lenguajes que n uestra época ofrece. N atu ralm en te, el control de este segundo lenguaje ya no lo ejercería el poem a, sino sus propias norm as de validez. Si se aceptara la reducción semiológica se ganaría* seguro, en coherencia y rigor, p ero rebasaríam os los objetivos que nos hemos im puesto.

P or otro lado está la descripción lingüística d e cuyas lim itaciones ya hem os tratad o .

¿Cuál es, pues, nuestro com etido? Nos encontram os con «sentidos» en distintos grados de elaboración. E n la m ed id a de lo posible mos­ trarem os cu ándo el análisis desautoriza esas interpretaciones. En otros casos, como ya hemos dicho, somos im potentes p a ra asignar a determ inados rasgos lingüísticos la responsabilidad de los efectos poéticos que los com entaristas h a n notado. E n tre la estru ctu ra poética y sus traducciones a sentidos se extiende el abism o, tan tas veces señalado, qu e m edia entre estructura e historia.

Se pued e decir q ue se h a n ejercido diversos tipos d e actividad sobre el texto literario :

1) A proxim ación histórico-literaria.

E n u n a p rim era etapa, que llam arem os filológica, se atiende a problem as de lenguaje (sintaxis, morfología) q u e facilitan la exacta com prensión del poem a, así como a factores exteriores a los lingüísticos, de tipo cu ltu ral, histórico, de realía, q u e a rro ja n luz sobre pasajes del mismo. T a n to u n a como o tra explicación no son en absoluto específicas de la poesía. Se producen con m otivo de cualquier texto an tiguo, por el m ero hecho de estar escrito en u n a lengua distinta de la n u estra y en u n a sociedad tam bién distinta. Son datos objetivos y, p o r ello, valiosos; y de alguna m an era, previos a u n enfoque p ro ­ p iam en te literario.

U n segundo aspecto igualm ente im p o rtan te de la actividad filo­ lógica es el p roblem a del género. In teresa p oner de m anifiesto algunas ideas útiles p a ra nuestro propósito:

(17)

(histó-ricas, literarias — tradiciones, influencias—, biográficas) son sin d u d a alguna causas de los rasgos form ales que se descubren al investigar intrínsicam ente su estructura. El género, se ofrece como u na síntesis de factores extrínsecos e intrínsecos a la ob ra literaria. C ualquier pro d u cto histórico debe m ucho a su época, afirm ación evidente. A su contexto cultural. A h o ra bien, notem os la am bigüedad del térm ino contexto. Es lo exterior, lo incodificable, lo individualizad or im posible de ser aprehendido. A su vez, es lo que precede o sigue, aquello a lo que se hace referencia, lo q u e encuadra —lingüísticam en­ te — la frase que se considera.

C uando u n a ob ra incluye en el sistema de relaciones formales que com ponen su estructura la presencia de elementos am bivalentes, que se explican dentro de ella m ism a y q ue al propio tiem po, inexcusa­ blem ente, rem iten a circunstancias contem poráneas, esa existencia bifronte, la conjunción inestable de funciones d en tro del poem a (que, a su vez, se com prenden m ejor cu an d o se to m a n en consideración instituciones literarias, culturales, etc. ajenas al mismo), es el género.

Se entiende, así, q u e la investigación histórico-literaria pase insensiblem ente de lo pro p iam en te lingüístico o de historia de la cu ltu ra a circunstancias biográficas, form ación estética y literaria 4el escritor, y de ellas, consideradas como determ inantes, a los rasgos formales de su obra.

Así pues, la filología o el com entario filológico tiene por objeto a n o ta r toda clase de factores lingüísticos y culturales que contribuyan a la explicación de u n texto. E n este estadio, lo q ue es válido p ara u n a ob ra poética lo es tam bién p a ra u n a o b ra en prosa.

Por otro lado, en cu alq u ier pro d u cto cu ltu ral, están presentes, como causas del mismo, la historia y cu ltu ra contem poráneas y las circunstancias biográficas de su au to r. N o obstante, en un a etap a descriptiva, u n poem a determ in ad o pued e ser considerado con in d e ­ pendencia de estos factores históricos y culturales.

A l h a b lar de independencia no resucitam os las viejas tesis de los form alistas rusos sobre la au tonom ía de la ob ra de arte. U n icam ente querem os decir qu e hay m uchos enfoques del fenóm eno literario y cultural y q ue u n a descripción de su estructura es necesaria, a la vez que debe com pletarse con otras m uchas investigaciones convergentes: por eso la historia de las ideas estéticas o de las tradiciones culturales que confluyen en u n a u to r son indispensables p a ra su ob ra pero son u n enfoque diferente de la consideración intrínseca de la misma.

Lo m alo es que estas distinciones, inteligibles en teoría, ofrecen dificultades según los casos. H ablam os de la o b ra, po r dentro, in te r ­ nam ente, y de su contexto (histórico; cultural, estético, biográfico). L a o b ra literaria tiene algo d e 1 citacional. U n a cita se entiende, pero en su contexto cobra nuevo sentido. Y el térm ino contexto hace alusión a la vez a lo lingüístico y a lo extralingüístico, a lo q ue precede o sigue en la cadena h ab la d a a la cita y q u e incide sobre ella, o a

(18)

fac-tores am bientales, externos al lenguaje, pero q ue m odifican su sentido. Pues bien, toda obra es u n a cita. Y cuando, en su estructura, hay elem en to s1 que contraen relaciones in tern as y rem iten, adem ás, a algo exterior q u e presentan abreviada o lateralm en te, nos hallam os p ró ­ ximos al género2.

Este es u n a síntesis de factores intrínsecos y extrínsecos a la obra de arte. P o r su insistencia en los últim os, los estudiosos se deslizan insensiblem ente de la obra al contexto: historia, biografía, historia de la lite ra tu ra , etc. pasan a u n p rim er plano, descuidándose la des- cripción de la ob ra misma. A dem ás, consecuencia del deslizam iento, es la traducción de rasgos form ales a explicaciones biográficas, his­ tó rica s..., por lo que, au n en los casos en q u e la atención a estos aspectos se acom paña de la descripción form al, se tiende —por in ­ fluencias culturales q ue h a b ría q ue explicar— a considerar esta ú ltim a com o m ero auxiliar o indicio de la prim era.

2) U n a segunda actividad es la de los q ue consideran al poem a en su in d iv id u alid ad . Recogen sentidos parciales (no todos). O rela­ cionan estructuras de este poem a con otros. O no h a n hecho una descripción exhaustiva. Gomo la eta p a an terio r ésta es im prescindible. Sólo q ue es parcial.

D e estas actitudes básicas frente al texto, que, es obvio, no form an com partim entos estancos, está claro que la ú ltim a se sitúa a u n nivel c u alitativ am en te diferente: m ientras qu e la p rim era tiene como objetivo básico la búsqueda de «sentidos», la segunda, la que nos interesa, se orienta a u n análisis descriptivo de elementos, o propiedades del discurso literario, acep tan d o el carácter p arcia l q u e le hemos reconocido.

Después de estas palabras puede deducirse nuestro procedim iento m etodológico. H ab lan d o en general, la diversidad de acercam ientos al texto puede dividirse en dos grandes actitudes : la «histórica» o «literaria» frente a la «formal» o «estilística». D e la p rim era, la que an aliza la ob ra desde la perspectiva del a u to r y de la época, vam os a decir algo más.

P rete n d er hallar historia en la poesía no sólo es em peño inútil,

1 Piénsese en los llam ados shifters, supra, pág. 6. El género, a caballo entre la lengua (el poem a) y el habla (el contexto), sería un tipo de shifter literario.

2 Lo que decimos del género no debe entenderse en general, valga la redundancia, esto es, válido para cualquier género o cualquier época. Lo lim itam os aquí al período en que circunstancias am bientales son reflejadas de manera indirecta, como lateral, en el propio poem a de suerte que llevan una existencia a la vez literaria y externa. Durante cierto tiempo, en poesía antigua* ésta surgía en una situación determinada, no siendo libre el poeta para expresarse en cualquier circunstancia ni sobre cualquier tema. C uando esta libertad adviene, paulatinam ente, el condicionam iento de situación se convierte en un hecho tradicional, de tradición literaria, y el poeta lo im ita por razones que hay que extraer de su propia cultura, por ejem plo estéticas, y no de la cul­ tura originaria en que actuaba el condicionam iento.

(19)

es p a rtir de u n plan team ien to erróneo que la destruye, es, sencilla­ m ente, desconocer su función. A p rio ri, ni la poesía tiene que ver con la historia, ni la historia con la poesía. En u n poem a no se afirm a n a d a externo, no hay verdades o m entiras ; no hay hechos, hay senti­ m ientos. Y si hay algún hecho histórico, éstos no p u eden ser predom i­ n antes so pena de pasar a ser historia. Lo relevante d entro del poem a no puede alcan zar la categoría de hecho histórico o se debe afro n tar el riesgo de tom ar po r historia lo que probablem ente no lo sea. Este riesgo es m ucho m ayor en u n caso como el de Safo en el que los p re ­ juicios biográficos, rom ánticos, acechan siem pre al com entarista. El solo nom bre de la poetisa lesbia a rra stra consigo unas connotaciones m uy difíciles de dejar a u n lado.

Lo histórico-biográfico no pertenece al texto en sentido estricto: ni la vida del a u to r explica el texto ni viceversa; o si lo explican no es algo que interese directam ente al crítico, ni es por tanto necesario. E n cualquier caso no com pensa los riesgos de tal análisis. P or ejem plo: se ha tra ta d o «psiquiátricam ente» la o da de Safo. Sin em bargo, la o b ra literaria no es u n acto involuntario. Desde el m om ento en que el poeta puede enfrentarse al poem a, elegir las palabras, m odificarlo, no existe el derecho a h a b la r de los complejos de su autor. Q uizás lo que no sea más que u n recurso técnico, la perspectiva lírica subjetiva, es lo que ha propiciado todas las interpretaciones autobiográficas. No es el prim ero ni el único caso en q ue sucede que, p orque el poeta utilice el p u n to de vista de la p rim e ra persona, se identifique ésta con él. Recuérdese tam bién, a este respecto, las palab ras de C atulo, 16,4-5: ... / Mam castum esse decet pium poetam / ipsum, versiculos nihil

necesse est; / ... U n poem a no es algo espontáneo, m ientras no se de­

m uestre que uno determ in ad o lo es. Com o fruto de elaboración cons­ ciente, es susceptible de todo proceso de ficción1.

El fundam ento lógico del rechazo d e la postura historicista reside en la exigencia de un análisis objetivo, es decir, intrínseco del texto, que no puede depender de la hipótesis de u n a incidencia vital d e su autor. El texto tiene sentido p o r sí mismo y no por referencia a u n a circunstancia externa. El a u to r y su o b ra son dos entes com pletam ente distintos y cada uno con vida propia desde el m om ento en q u e el segundo está acabado. E specular sobre la génesis de u na obra es labor del historiador de la lite ra tu ra y no del crítico. Este existe en función del texto, del análisis directo de su estructura in tern a y no de consi­ deraciones biográficas externas indem ostrables.

C on esto no querem os decir que no existan relaciones autor-obra. Es evidente que existen y no podría ser de o tro m odo: lo que afir­

1 Relaciónese con códigos culturales de la época del receptor; ahí sí cobra su validez el poem a, com o síntoma tal vez privilegiado para que el receptor ponga en marcha los sentidos que su cultura ha depositado en él. Su validez cultural es innegable. En cam bio, su carácter explicativo com o «causa» del poema es indemostrable.

(20)

m am os es que el carácter de estas relaciones no es textual, sino his­ tórico y erudito y por tan to ajeno a nuestro interés, pero no falto de interés.

E n cu an to al género, en el caso de la o da de Safo, ha sido tran s­ cendental p a ra su tradición crítica, im posible po r ello de desechar, au n q u e esté fuera de nuestra preocupación m etodológica.

I I I . S ÍN T E S IS

Q u e d a n de sobra claras nuestras preferencias. El núcleo del co­ m en tario está cen trad o en el análisis form al del poem a en sus dis­ tintos niveles lingüísticos, es decir, descriptivo en u n p rim er acerca­ m iento m ás que in terp retativ o (por in terp retació n entendem os la determ inación del sentido total). L a in terp retació n es, n atu ralm en te, posible y p a ra ello contam os con la ay u d a de otros filólogos que nos h a n precedido en esta labor. Lo que no será es evaluativa o valorativa de sus posibles «bellezas». Eso a un clásico se le supone. D e esto ta m ­ bién se puede prescindir con la seguridad d e q u e , logrado lo prim ero, el com entario está de sobra justificado.

E n sum a, los principios en q ue se apoya nuestro com entario son: —L a i traducción puede ser fiel en cuanto transm ite la sustancia del significado; en la m edida en que el lenguaje poético vulnera o, al m enos, no privilegia la función referencial, la traducción, más que n u n ca, es u n a traición.

—L a descripción lingüística del poem a es objetiva, general, ne­ cesaria e insuficiente.

—L a consideración del poem a, en el circuito de com unicación, in tro d u ce elem entos de habla, fuente, a través de sucesivas m ediacio­ nes, de la am bigüedad del mismo.

—E l análisis lingüístico de las estructuras de u n poem a es incapaz de explicar cómo se form an los sentidos «poéticos». M ás que nunca hay q u e insistir en que los sentidos son culturales y h an de ser a b o r­ dados desde bases más am plias que las lingüísticas.

—Los sentidos, por así decir, son la historia del poem a. Esta historia es ta n objetiva como las estructuras lingüísticas si bien tiene otro m odo de ser. Se expone en un lenguaje referencial.

—C u alq u ier «sentido», por el m ero hecho de su form ulación, debe ser tenido en c u e n ta ; y sobre su ju steza o sobre si se corresponde a d e term in ad a «estructura» del texto no podem os decidir con entera exactitud.

—A spiram os a ser totalizadores; p o r u n lado describim os «lin­ güísticam ente» u n a estru ctu ra; apuntam os elementos q ue engendran en ella am bigüedad interp reta tiv a. P or otro, anotam os los sentidos que esta estru ctu ra vacía ha originado.

(21)

—N uestra aspiración supone que los intérpretes que nos h an p re ­ cedido h an sido parciales en la aplicación de los principios que deben inform ar u n com entario poético p articu lar.

—A su vez, la nuestra n o es u n a síntesis suprem a. N o vemos por qué nosotros, a diferencia de los dem ás, íbam os a poder librarnos de los condicionam ientos culturales de nuestra p ro p ia época. Nos h a la ­ garía, eso sí, ser u n m om ento, por modesto, q ue fuera, de la síntesis siguiente.

(22)

LÍRICA GRIEGA

Safo, Fr. 2D = 31 L.-P.

Vi c e n t e Bé c a r e s

(23)

Texto *

φ α ίνετα ι μ ο ι κ ή ν ο ς Ίσος θ έο ισ ιν εμ μ εν' ώ ν η ρ , σ τ τ ις ε ν ά ν τ ιό ς το ι ισ δ ά ν ει και π λ ά σ ιο ν &δν φ ω ν ε ί-4 σ α ς υ π α κ ο ύ ει I κ α ι γ ε λ α ίσ α ς ιμ έ ρ ο ε ν , τ ό μ ’ η μ ά ν κ α ρ δ ίαν εν σ τ ή θ ε σ ιν ε π τ ό α ισ ε ν ώ ς y à p ες σ ’ Ίδω β ρ ό χ ε ’, ω ς μ ε φ ώ ν α ι-8 σ ’ ο ν δ ’ εν ε τ ’ είκ ε ι, ά λ λ ’ α κ α ν μ ε ν γ λ ώ σ σ α ffia y s f, λ έ π τ ο ν δ ’ α ν τ ίκ α χ ρ ώ ι π ν ρ ν π α δ εδ ρ ό μ η κ εν , ό π π ά τ ε σ σ ι δ' ο ν δ ' εν ο ρ η μ μ ', ε π ιρ ρ ό μ - 12 β ε ισ ι δ ’ α κ ο ν α ι, ϊέ κ α δ ε μ ’ ίδ ρ ω ς ψ υ χ ρ ό ς κ α κ χ έ ε τ α ϊ\, τ ρ ό μ ο ς δε π α ίσ α ν α γ ρ ε ι, χ λ ω ρ ο τ έ ρ α δ ε π ο ια ς εμ μ ι, τ ε θ ν ά κ η ν δ ’ δ λ ίγ ω ’π ιδ εύ η ς 16 φ α ίν ο μ ’ ε μ ’ α ντα ι ά λ λ ά π ά ν τ ό λ μ α τ ο ν επ εΐ f x a i π έ ν η τ α ϊ

Traducción

P a r é c e m e ig u a l a lo s d io se s a q u e l h o m b r e q u e e n fr e n te d e tí se sie n ta y a r r o b a d o , a tu v e r a tu s p a la b r a s d u lc e s e sc u c h a y tu risa a m o r o s a ; q u e a m í, lo ju r o , m e h a h e r id o e l c o r a z ó n en el p e c h o : p u e s c a d a v e z q u e te m ir o u n in s ta n te m i v o z se q u ie b r a , in e r te q u e d a m i le n g u a y u n fu e g o p e n e tr a al p u n to su til e n la p iel, p o r lo s ojos n o v e o , lo s o íd o s z u m b a n sin fin , u n su d o r frío m e e m p a p a , u n te m b lo r m e d o m in a t o ta l, m á s q u e la h ie r b a p á lid a e s to y ; sin fu e r z a , c a si m u e r ta y a m e p a r e z c o ; m as n o c a ig a s r e n d id a , p u e s al p o b r e ...

* El texto es el de D . L. Page, cit. M ás reciente es la edición de E. M . Voigt, Sappho

(24)

Comentario

El poem a se nos h a trasm itido en el Π ερι 'ύφους (De sublime, X , 3) de Pseudo-Longino en u na cita con la que se p reten d ía ejemplificar la excelencia de Safo en la selección y com binación en u n todo de los síntom as de la pasión am orosa (τά συμβαίνοντα ταϊς εροηικά ις

μ α ν ία ις)1. A lgunos versos por separado se h allan citados en diversos

autores antiguos : P lutarco, A polonio Díscolo, Anécdota Paridna, Anéc­

dota Oxoniensia; y en u n com entario a este poem a proporcionado por

u n p ap iro recientem ente e d ita d o 2 h a n sido anotados desde el 14b al 16 (el p ap iro no incluye, po r tan to , el ta n discutido verso 17). M u y valioso h a sido este hallazgo p o r venir a colm ar con εμ'αΰτα la la g u n a del final del 16 objeto de tan tas conjeturas y m anipulaciones por su g ran repercusión p a ra el sentido del p o e m a 3. Esto puede d a r cu en ta de lo accidentado de la trasm isión, de las dificultades de los editores p a ra reconstruir u n texto en el q ue a lo largo de todos sus versos existen im portantes variantes y sobre el q ue sigue flotando el enigm a de su conclusión en el v. 16, o si el 17, d ado por Pseudo-Longino, fo rm ab a p a rte en su origen de la oda, con lo q ue h a b ría que postular al m enos u n a q u in ta estrofa.

M u y d e b atid a ha sido la autenticidad de este v. 17. E n contra de la id ea de que inicialm ente formase p a rte del texto, se ha pensado en u n a corrupción o interpolación debida al propio a u to r del tratado. R azones a favor y en contra existen: p o r ejem plo, G. T h o m so n 4 aduce motivos form ales: la u n id ad , g a ra n tiz a d a po r la responsión vv. 1-16 φαίνεται - φαίνομαι (treinta años antes de la publicación del p ap iro m encionado conjeturó u n a m a ), hace perfectam ente com ­ p leto este p o em a; y literarios: el verso en cuestión es del todo irrele­ v ante en relación con la cita en q ue se encuentra, siendo sólo p erti­ nentes 1-16; de ahí q ue no com prenda el p o r q u é de este comienzo roto de la nueva estrofa. Sin em bargo, existen razones contrarias p ara ad m itirlo : paralelism os literarios p a ra inv o car u n motivo de consuelo a continuación de las estrofas del sufrim iento,; la traducción, o como qu iera llam ársele, catuliana, etc. C onsecuente con estos puntos de vista, y basándose en la form a externa de otras odas del libro, H . J . M .

' Para este com entario de Pseudo-Longino cf. G. A . Privitera, «II com m ento del

Π ερι οψοος al fr. 31 L. Ρ. di SafTo», Quaderni Urbinati di Cultura classica, 1969, 26-35.

2 M . M anfredi, «Sull’ode 31 L.-P.» en N . Bartoletti (ed.), D ai papiri della società

italiana, Florencia, 1965, 16-17.

3 Por citar la más im portante, "Αγαλλι, vocativo del nom bre de una m uchacha, gozó d e especial fortuna, em pezando por W ilam ow itz, Sappho und Simonides, Ber­ lin, 1966 (1913), pág. 56.

4 G. T hom son: «T w o notes on greek poetry. I : T h e second ode o f Sappho», Classical

Quarterly X X I X , 1935, 37s. Tam bién K irkwood habla de «ring-form» en Early Greek Monody, Londres, 1974, pág. 257, η. 36.

(25)

M iln e 1 llega a la conclusion d e que poseen u n a estructura p aralela a lo que en la actu alid ad llam aríam os u n «rondó». El esquem a sería el siguiente : tem a - transición - variación - transición - recapitulación. El άλλα παν τόλματον sería según esto u n a transición a la recap itu ­ lación. R ecapitulación q ue este a u to r reconstruye, y de m an era desdeñable por p reten d er justificar la atribución a u n género d e te r­ m inado sobre la base de esta apreciación subjetiva.

Sin preten d er ag o tar los problem as de la crítica textual, nos lim itarem os a los dos pasajes más controvertidos.

V. 9. D e las lecturas antiguas, el m anuscrito parisino griego P 2036 del De sublime (siglo X ) d a p a ra el texto de L ongino: άλλάκάνμεν-

γλώ σαεαγελεπτάνδ’; otro apógrafo άλλακάμμενη y P lu tarco κατά μεν γλω σ σ ά γε por κατά μεν γ λ ώ σ σ ’ εαγε.

Page ha leído del parisino ά λ λ ’άκαν μεν γλώ σ σ α εαγε, que c u en ta con varios puntos oscuros: el del h ia to γλώ σσ α εαγε, que puede no ser tal problem a si la p ronunciación de la digam m a hubiese persistido aún como caso aislado, lo qu e no es obstáculo p a ra que alguien h ay a preferido < μ ’ > εαγε (μ’ = μοι) a γλώ σ σ α Ρέαγε, las dos contrarias al uso lesbio. Segundo, es in acep tab le p oner en contacto el adverbio άκαν (hom. ακήν = ήσνχώ ς, «en silencio») con el verbo αγνυμι, por eso Page d a tam bién como posibles γλώ σ σ α πέπαγε y ακαν... γέγα κε ( = ακήν... γέγονε) p o r ser είμί, γϊγνομαι, αγω ,los com patibles. No son desechables las traducciones latinas, sobre todo el infringi linguam de L ucrecio 3,155 y en m enor m edida el lingua sed torpet d e C atulo 51,9, que parecen suponer u n κατάγννμι. R esulta por ello lo m ás probable u n :

άλλα καμ (o καν) μεν γλώ σ σα εαγε

V. 13. N o menos dificultades p lan tea la lectu ra inter cruces del 13 ofrecida po r los m anuscritos, hasta el p u n to de no ser inteligible en su to ta lid a d 2. Longino d a εκ α δ εμ ’ΐδρώ σψΌ χροσκακχέεται. L a v arian te

ά δεμ 'ΐδ ρώ ς κακός χέεται, An. Ox., presenta el uso insólito del artículo

fem enino con ïôpcaç, siem pre m asculino; el κα κός se h a entendido como u n a glosa al ιδρω ς ψ ΰχρος, causante de la corrupción del

κα κ χέετα ι3. G oza de m ayor aceptación κάδ δε μ Ί δ ρ ω ς ψΰχρος εχει*.

1 H . J . Μ. M ilne, «The final stanza o f Φ Α ΙΝ Ε Τ Α Ι M O I», Hermes 71, 1936, 126-128. R . Lattimore, «Sappho 2 and Catullus 51», Classical Philology 39, 1944, 184-187, busca un antiguo tipo poético sobre la base de Safo 16 L .-P., C atulo 51 y el nuestro. En cada caso una experiencia personal es seguida por una generalización que sale de ella.

2 Para una mayor precisión en estos versos, ver J. H eitsch, «Sappho 2,8 und 31,9 L .P .», Rheinisches Museum 105, 1962, 284s; C. S. Floratos, «Observaciones al fr. 31 L .P . de Safo», Athena 61, 1957, 223-239 (en griego m oderno); A . J . Beattie, «Sappho fr. 31», Mmmosyme IV , I X , 2, 1956, 103-111; M . L. W est, «Burning Sappho», M ata 22,

1970, 307-330.

3 Beattie, cit. ; A. G. Privitera, «Sappho fr. 31, 13 L.'P.», Hermes, 97 ,1 9 6 9 , 267-271. 4 D . L. Page, Sappho and Alcaeus, Oxford, 1955, pág. 19.

(26)

κάδ δέ μ 'ΐδ ρ ω ς κακχέεται cuenta con el inconveniente de la repetición

del preverbio κάδ κακ-, T am b ién es verosímil εκ <5ε μ Ί δ ρ ο χ ψ υχρός

εχει ο εκ δέ μ ’ϊδρω ς κακχέεται. L a q ue no es posible es la del m anus­

crito, ni m étricam ente ni p o r el sentido de εκαδε. Y a advertim os que éstos no eran los únicos au n q u e sí los m ás graves problem as textuales.

N uestro poem ita está escrito en lesbio, dialecto del grupo eolio, y ello crea u n a b a rrera lingüística incluso al conocedor de la lengua griega, m ás fam iliarizado con textos áticos. L a cuestión de si la lengua en q u e escribe Safo es el lesbio vernáculo y q u é se entiende por «lesbio vernáculo», si u n dialecto p u ro o más o m enos contam inado por rasgos morfofonológicos de la lengua épica, no es ésta la ocasión de discutirla; querem os sim plem ente in d icar q ue la p rim era concepción es defendida p o r L o b e l1, q u e distingue en tre poem as «normales» (el grueso de su producción poética) y «anorm ales» (aquellos q ue en u n a alta proporción utilizan rasgos de la poesía épica: morfofono­ lógicos, prosódicos y léxicos). G om m e2 y M arzu llo 3 h an criticado este concepto de lengua vernácula com o relativo a u n a lengua estática y aislada, y consideran que m uchos de estos rasgos épicos se deben más q ue a u n préstam o literario a la utilización inconsciente de ellos p o r Safo y Alceo en la m edida en q ue fo rm ab an p a rte de su bagaje lingüístico. U nos procederían del contacto con lenguas vecinas, otros de la lectu ra y recitación de H om ero en la escuela; p o r lo tan to ten­ d ría n cab id a en un concepto no ta n restringido de lengua vernácula. En cam bio, sí nos fijaremos en aquellas expresiones y térm inos que están d elatan d o claram ente el préstam o literario y a Safo como h ered era de la poesía épica.

D e los jrasgos dialectales, específicos o no del lesbio, dam os las equivalencias con el ático:

κήνος: εκείνος; εμμεναι: είναι; ώνηρ: ό άνήρ; δ ττις: δστις; τοι: σοι; Ισδά- νει: ϊζει, ιζάνει; πλάσιον: πλησίον; αδν: ήδύ; φωνείσας: φω νούσης; γε- λα ίσ α ς: γελώ σ ης; μάν: μ η ν ; έπτόαισεν: έπτόησεν; βρόχεα: β ρ α χ έα ; φώ ναισαι: φ ω νή σ α ι; ακαν: άκήν; νπαδεδρόμηκεν: νποδεδρόμηκεν, δ π π ά τεσ σ ι: δμ μ α σ ι; δρημ μι: οράω ; επ ιρ ρό μ β εισ ι: έπιρρομβ ονσι; άκοναι: ακοαί; παισαν: πάσαν; άγρει: αίρει; ’έ μ μ ι: είμί; τεΟνάκην: τεθνηκέναι; δ λίγω : ολίγον; έμ'αυται: έμοι αντη; τόλμ α τον: τολμητόν.

C uéntese igualm ente p a ra la com prensión con los fenómenos de baritonesis (retrotracción del acento) y psilosis (ausencia de asp ira­ ción) .

C onsta nuestro texto objeto de cu atro estrofas sáficas completas,

1 Σ Α Π Φ Ο Υ Σ Μ Ε Λ Η , Oxford, 1925, págs. X X V y ss.

2 A . W. G om m e, «Interpretations o f some poem s o f Alkaios and Sappho», Journal

o f Hellenic Studies L X X V II , 1957, 255 s.

(27)

cuya composición ind iv id u al son tres endecasílabos más u n p en tasí­ labo (adonio) como cláusula.

Prescindiendo por el m om ento d e ese últim o verso sujeto a con­ je tu ra s, q ue por m arcar u n a ru p tu ra con el continuum poético a n te ­ rio r tam poco resta n a d a a su in teg rid a d , el discurso contenido en los 16 versos restantes se h alla ap are n tem en te dividido en dos partes, de las cuales la p rim era a b a rc a los versos 1-6 y la segunda los vv. 7-16.

Siendo el poem a (vv. 1-16) claram en te m anifestación de unas re­ laciones personales, la diferencia en tre esas dos partes estriba en principio en la presencia de , u n a tercera persona (κήνος ώνηρ) en la prim era p arte, frente a la escueta relación bipersonal yo-tú con q ue al menos com ienza la s e g u n d a 1. Y decimos al menos, p o rq u e en realidad la relación yo-tú sólo se explicita en el p rim er verso de la segunda p a rte (σ’, 7); a p a rtir de a q u í es supuesta sólo im plícita­ m ente como desencadenante de las sensaciones que experim enta la o tra persona, el yo (entiéndase Safo o un trasunto poético de Safo).

Desde W ilam ow itz2 hasta el presente, h an sido los problem as del género la piedra de toque d e los estudios de este poem a, a m enudo desde reflexiones globales y externas poco esclarecedoras. C ada vez se h ab la menos de epitalam io, es cierto, pero con esto querem os reco rd ar la transcendencia crítica de esta cuestión q ue preferim os a p la z a r p a ra el final, cu ando el análisis descriptivo y porm enorizado del fragm ento, o poem a, tom ado como u n todo, nos haya proporcio­ n ad o los elementos p a ra un juicio m ás objetivo y libre de la m a ra ñ a de los resultados contradictorios que sobre ello h an aparecido. U n a som era aproxim ación nos va a poner al descubierto los elementos del contenido.

Se ha dicho que el elem ento decisivo de estructuración de este poem a, las relaciones personales, se realiza en u n esquem a tria n g u la r3; pero sólo ap arentem ente. A decir v erdad, la progresión de la oda m uestra de m odo claro que la p redom inante es la relación bipolar (tú-yo, m uchacha-S afo).

L a escena inicial, objetivada, q u e d a delineada en l-5 a; u n a transición bisagra doblem ente o rien tad a, 5b-6, d a paso a la segunda p arte, 7-16.

E n l-5 a , u n supuesto tem a de macarismós* sirve p a ra establecer

1 Para la im portancia de la segunda persona en la lírica arcaica, y sobre todo en la poesía erótica, com o rasgo heredado de la lírica preliteraria, cf. F. R . A drados, Orígenes

de la lírica griega, M adrid, 1976, págs. 14 y 24-7.

2 Sappho und Simonides, cit. U n panoram a d e là crítica de la poetisa lesbia en H. Saake,

Sapphostudien, Paderborn, 1972.

3 H . Saake habla de «personale Dreieckskonstellation» en %ur Kunst Sapphos, Paderborn, 1971, pág. 22.

4 D esde Snell, «Sapphos G edicht Φ Α ΙΝ Ε Τ Α Ι M O I Κ Η Ν Ο Σ » , Hermes, 66, 1931, 71-90, consecuente con su afirmación, siguiendo a W ilam ow itz, de que se trata d e un epitalam io, era obligada la presencia del m otivo del μακαρισμός (felicitación) d e la

(28)

la trip le relación de personas anónim as; de ellas sólo es reconocible la p rim era (φαίνεται μοι). L a transición 5b-6 recoge m ediante el τό p a rte de la escena e in tro d u ce en la descripción patográfica su b jetiv a1. R ea lm e n te la transición está rep resen tad a por 5b-8, q ue por u n a p a rte a p u n ta al factor desencadenante de la emociones, el com por­ tam iento de la joven, lo q ue indica el τό y confirm a 7a, y, por otro, inicia la sintom atología, 7b-8. L a tercera estrofa, 9-12, continúa la exploración fisiológica: dificultad en la articulación de sonidos, ausen­ cia de percepción, obnubilación. P o r fin, 13-16, la últim a estrofa, sigue con el crescendo hasta el lím ite vital to talizad o r, la proxim idad de la m uerte. El texto q u ed a claram ente cerrado p o r la explícita referencia al p rim er verso. E n v. 17 se iniciaría el m otivo del consuelo o resignación, si es que las cuatro estrofas no constituyesen el poem a com pleto.

E sta rá p id a aproxim ación al contenido ha dejado p aten te la divi­ sión en partes, estru ctu rad a sobre las relaciones de los personajes: la de los dos anónim os entre sí y con la a u to ra, Safo m ism a. En líneas sucesivas no harem os sino precisar dichas observaciones.

L a escena que se d ibuja en el p lan o objetivo q u ed a delim itada p o r la presencia de tres personajes: u n hom bre, u n a m uchacha y la a u to ra , qu e se reserva la p rim era persona g ram atical. Safo se coloca a sí m ism a desde el prim er m om ento en posición de observadora, posición qu e va a m antener a lo largo del poem a.

L a p rim era m irad a va dirigida al personaje anónim o κήνος ώνηρ in d eterm in ad o en el κήνος y a la vez d eterm in ad o en el ώνηρ. El

κήνος aleja al hom bre a u n plano de indeterm inación que excluye

toda posibilidad de referirlo a u n «esposo» o «novio» ; el mismo ίσος

θέοισιν es u n a expresión polivalente: el cam po en que se puede re a ­

lizar el parecido con los dioses es m uy am plio. A lejam iento que acentúa el δ ττις. L a am bigüedad se basa en q ue δ ττις, con valor indefinido, está contradicho por el ώ νηρ, concreto; y u n δ ττ ις relativo sería un uso ra r o 2. L a am bigüedad puede ser en este caso función poética bus­ cad a p o r Safo. Así, m ientras el κήνος y el δ ττις alejan al personaje m asculino, el το ι pone a Safo en relación con la joven.

pareja. Para el novio lo sería el ϊσος θέοισιν, para la novia la dulzura y el amor que se translucen en la escena. N o es más que una opinion inducida a partir del género atri­ buido; objetivam ente nada se puede afirmar.

1 M ucho se ha em pleado esta terminología m édica para caracterizar esta oda. Se puefe justificar ante la evidencia de un cam po semántico «fisiológico» : καρδι'α,

γλώ σσ α, χρώ ς, άκ ουα ..., com pletado por el «patológico»: έπτόαισεν, nop, ΐδροις, ψ οχρος, τρόμος, χλοιροτέρα. Am bos configuran eso que llam am os la patografía am o­

rosa desde la perspectiva de la primera persona, com o indican pronombres y formas verbales correspondientes. Por ej. Saake, cit., titula su com entario «D as patographische G edicht».

2 Com o en otros casos la interpretación fluctúa entre las dos soluciones : para los partidarios del epitalam io, el δττις es relativo, para los contrarios un indefinido que marcaría la indeterm inación.

Referencias

Documento similar