II. ANTECEDENTES
2.4 Índices para evaluar el impacto de los plaguicidas
Por varios años (principalmente en Estados Unidos (EUA) y la Unión Europea) se ha incrementado la atención hacia programas como el manejo integrado de plagas (IPM por sus siglas en inglés) y métodos alternativos de control de plagas con la finalidad de reducir el uso de plaguicidas en la agricultura y así minimizar contaminación de cuerpos de agua, cuidar la seguridad alimentaria y aumentar la conciencia ambiental (Kovach et al., 1992; Levitan et al., 1995).
En el pasado, los programas de manejo integrado de plagas solo se basaban en el costo y la eficacia, más no en el probable impacto ambiental inherente a la aplicación de un plaguicida en específico. Sin embargo, aunque las agencias en muchas naciones encargadas de supervisar este tipo de programas, llevaban un registro de plaguicidas permitidos, datos toxicológicos y ambientales, no tenían este tipo de información disponible u organizada de tal manera que pueda practicarse un manejo integrado de uso de plaguicidas. En años recientes, se ha incrementado el interés de conocer el destino e impacto ambiental de los plaguicidas de uso agrícola (Alister y Kogan, 2005).
La aplicación de indicadores de impacto o riesgo por el uso de plaguicidas tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo, ha ayudado a minimizar el impacto de la agricultura sobre el ambiente (Feola et al., 2011). Básicamente, hay dos tipos de indicadores de impacto ambiental, esos que utilizan
16 categorizaciones para generar puntuaciones que proyecten riesgos potenciales y los que utilizan una combinación de clasificaciones para predecir concentraciones ambientales (PEC por sus siglas en inglés) (Greitens y Day, 2007).
Son diversos los modelos que indican el impacto ambiental por el uso de plaguicidas que han sido desarrollados, siendo una herramienta muy útil para este fin (Maud et al., 2001; Reus et al., 2002), utilizando a menudo clasificaciones en términos de peligrosidad ambiental por criterios pre- específicos (Finizio et al., 2001). En general, puntuaciones son utilizadas con base a propiedades fisicoquímicas, toxicológicas y ecotoxicológicas. Entre las preguntas, que se hacen Levitan et al. (1995) sobre consideraciones para desarrollar un indicador de impacto idóneo son: ¿Cuáles parámetros ambientales deben considerarse? ¿Cómo debería el impacto, sobre diversos organismos y componentes ambientales, ser integrado y balanceado? ¿Qué tan confiable y accesible es la información sobre impactos ecológicos y ambientales de los plaguicidas? ¿Cómo los recientes avances tecnológicos sobre manipulación de datos, y el creciente entendimiento sobre los efectos ecológicos, afectan la ciencia de evaluar el impacto? ¿Qué propiedades fisicoquímicas, condiciones del sitio y factores de aplicaciones de plaguicidas deben incluirse en los sistemas de evaluación?. Preguntas que ellos mismos responden (Levitan et al., 1995) argumentando una poca o nula posibilidad de poder conjuntar un modelo que pueda ser utilizado de manera global, debido a la falta, a la organización y/o accesibilidad de la información.
La OECD (2001) sugiere una serie de criterios para desarrollar un modelo de impacto, entre los que se encuentran el que sea políticamente relevante, medible y de fácil interpretación. van der Werf (1996), concluye que el impacto de los plaguicidas en el ambiente depende de la cantidad de plaguicida aplicado, concentraciones ambientales, la tasa de degradación en cada componente y la toxicidad para las especies presentes.
17 Uno de los primeros índices son el creado por Kovach et al. (1992), quienes desarrollaron un sistema de puntuaciones para el uso de plaguicidas al que llamaron cociente de impacto ambiental –EIQ por sus siglas en inglés–. Higley y Wintersteen (1992) estableciendo conceptos como niveles de daño económicos. Reus et al. (1999; 2002), compararon y evaluaron ocho indicadores desarrollados en la unión europea.
Nilsson (1999) desarrolló el indicador PERI (pesticide environmental risk indicator) para evaluar el probable riesgo ambiental en Suecia, utilizando puntuaciones de 1–5 para valores de toxicidad y propiedades fisicoquímicas. De igual manera en Suecia, Bergkvist (2004) desarrolló los modelos de indicador de impacto a nivel nacional y de campo (PRI–Nation y PRI–Farm), haciendo una sumatoria de las diferentes puntuaciones consideradas para las diferentes variables. Pussemier (1999) creó –en Bélgica– el modelo SyPEP (System for Predicting the Environmental Impact of Pesticides) para evaluar el impacto ambiental sobre cuerpos de agua considerando valores de PEC clasificándolos con una escala de 0–5. El modelo SYNOPS_2 (synoptic evaluation model for plant protection agents) fue desarrollado en Alemania por Gutsche y Rossberg (1999), con la finalidad de calcular el riesgo potencial sobre el ambiente, obteniendo valores de PEC en suelo, mantos freáticos y superficie del agua.
Modelo similar a SyPEP y SYNOPS_2 es el desarrollado por Trevisan et al.
(1999) en Italia, siendo denominado como EPRIP (environmental potential risk indicator for pesticides), en el que multiplican de cinco a seis clasificaciones (suelo, manto freático, etc.) resultando un índice de entre 1–625.
En Holanda (Reus y Leendertse, 2000) se desarrolló el modelo EYP (Environmental yardstick for pesticides) para evaluar el riesgo potencial expresándolo como puntos de impacto, basándose en las PEC y las concentraciones máximas permisibles. En Francia, van der Werf y Zimmer (1998) desarrollaron un modelo de lógica difusa (fuzzy logic) denominado Ipest (pesticide environmental impact indicator) con el propósito de evaluar el impacto ambiental por la aplicación individual de un plaguicida. Un sistema basado en la
18 incorporación de puntuaciones en un programa de computadora, similar a EPRIP, es el desarrollado por Lewis y Tzilivakis (1998) denominado p-EMA, arrojando índices de -20 a -1.
En el caso de Bélgica, Penrose et al. (1994) consideraron el uso anual o temporal de ingrediente activo (Holanda; EYP) y la frecuencia de aplicación (Dinamarca; LI). Estos autores mencionan que no se puede sustituir las cantidades, frecuencias y dosis por propiedades fisicoquímicas para las evaluaciones del impacto.
Maud et al. (2001) evaluaron distintos índices aplicados en diversas partes del mundo para desarrollar uno que fuera adoptado por la política del Reino Unido.
Los índices fueron utilizados inicialmente en su forma original, sin embargo, dos de los índices requirieron ponderaciones definidas, por lo que el usuario se las asignó. En el caso del EIQ las clasificaciones sobre el impacto pueden ser modificadas de acuerdo con la percepción del individuo, asimismo, este índice está más preocupado por sustituir a los plaguicidas más peligrosos, pero también se puede utilizar para evaluar los impactos de las aplicaciones de los plaguicidas, esto lo ha llevado a ser el índice mayormente utilizado de manera global para el desarrollo de nuevos índices (Muhammetoglu et al., 2010;
Stenrød et al., 2008; Feola et al., 2011).
El Pesticide index (De Smet et al., 2005) es similar al EIQ solo que con más variables (de costos y eficiencia), e ingresa la cantidad de plaguicida aplicada.