RESULTADOS DE LA INVESTIGACIÓN
VI. 1.- PERCEPCIONES FEMENINAS Y MARENTALIDADES
El análisis inicial se orienta a la percepción de las mujeres respecto de sí mismas, de sus sentimientos, vivencias, sensación de controlabilidad de sus vidas y la percepción que tienen en torno a la marentalidad toda vez que han experimentado las situaciones asociadas a enjuiciamientos sociales y judiciales con el posible riesgo de perder la custodia de uno o varios de sus hijos e hijas, o bien ya habiéndolo perdido.
VI.1.a Percepciones de sí mismas
Respecto de la primera subcategoría, en el discurso de las entrevistadas se observó dos perspectivas, una negativa y una positiva. La visión negativa respecto de sí misma considera categorías tales como la sensación de minusvalía, incomprensión y decepción; y desde una mirada más positiva se observa la sensación de orgullo–
competencia y bienestar.
VI.1.a.1.- Sensación de minusvalía
Esta percepción apunta a un aspecto disminuido respecto de la apreciación que tienen las mujeres madres de sí mismas. La sensación de minusvalía se entiende como la falta o limitación de alguna facultad física o mental que imposibilita o dificulta el desarrollo normal de la actividad de una persona, lo que desde su discurso se traduce en diversas manifestaciones tales como:
En primer lugar, sentirse “chica”, acepción que es utilizada en dos sentidos, según se desprende de los testimonios. La primera de ellas para realizar determinadas acciones que no correspondían a su edad,
“yo me puse a pololear cabra chica, ni sabía en lo que me metía”. (E. 12)
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“Era muy re chica…. Jajajaja y golosa… así no más me llegó (refiriéndose al nacimiento de sus mellizas a los 16 años) y aquí me tienen”. (E.14)
Y una segunda muy relevante es que a pesar de los años aún se auto perciben como niñas pequeñas con dificultades para enfrentar los diferentes escenarios que debieran asumir acorde a la etapa de desarrollo como adulto joven en que se encuentran todas ellas…
“Hoy tengo 35 años y hago cosas de cabra chica, hablo estupideces, si me doy risa de mí misma… tengo alma de niña aún”. (E. 9)
Este sentirse “chica” también se refleja en su relación de esta entrevistada con la abuela, en el permanente deambular entre desobedecer y sentirse acogida por parte de ellas,
“En ese tiempo yo no entendí nada, pero al final igual me vine a vivir con mi mami, estaba súper sentida con ella, pero no tenía otra alternativa, entendí que era muy chica para estar metida en tema de juicios”. (E.12)
Dicha percepción de infantilismo claramente es adjudicada de manera externa a la mujer madre, cuyo principal referente son sus propias madres (las abuelas) quienes operan como verdaderas guardianas morales respecto de lo que es o no permitido para toda mujer una vez que se convierte en madre. La normativa social patriarcal hegemónica, casi intacta, propia de la época colonial, ha sido aprehendida en la primera infancia a través del proceso de socialización y opera de tal manera que nuestras formas de comportamiento son sujetas a cuestionamientos internos, muchas veces inconscientes, dadas por la introyección normativa de aquella socialización primaria. En las mujeres entrevistadas el discurso habla como si algo hubiese fallado en sus procesos, al no seguir el tradicional camino esperado para quien se convierte en madre. Sin duda el nacimiento de un hijo genera una serie de responsabilidades respecto de la nueva vida, sin embargo, existen múltiples maneras de ejercer la maternidad-marentalidad y a eso se debe agregar la real intención de constituirse en madre. No solo el acto de quedar embarazada16. Cuando la voluntad no acompaña el acto, una de las consecuencias puede
16 Cabe recordar que en Chile no existe el aborto voluntario y recientemente bajo el gobierno de la presidenta Michelle Bachelet en el año 2017 se logró legislar sobre el aborto en tres causales, protección de la vida de la mujer, inviabilidad fetal y violación. Ley que aún tiene una serie de dificultades para ser efectiva a lo largo de todo el país. Sin embargo, el aborto “terapéutico” siempre ha sido una práctica naturalizada por las mujeres desde los tiempos de la Colonia. Ya en el año 1874 aparece la primera ley en torno al aborto. La ilegalidad de este, legislada en 1989, no implica de manera alguna, su desaparición como práctica habitual dentro del territorio nacional, sin embargo, lo transforma en un procedimiento clandestino y peligroso para la vida de las mujeres (Dides et al., 2015).
ser el claro desinterés frente a ese hijo no deseado, pero asumido obligatoriamente al que además se le exige amar.
(...) Entre el repertorio de emociones posible, Maturana considera fundamental la que él denomina emoción del amor... El amor sería la emoción que especifica un dominio de acciones que nos hacen aceptar al otro como un legítimo otro en la convivencia. Las interacciones basadas en la emoción del amor amplían la convivencia. (Otero, 2006, p.29)
Una segunda caracterización es el sentido por ellas otorgado a sí mismas de “tonta”, que en todos los casos responde a una conducta poco pertinente, donde las mujeres madres se percatan en el tiempo que de una u otra forma han sido excesivamente confiadas, permitiendo que otros tomen decisiones y manejen situaciones en que ellas estaban directamente implicadas, lo que en la actualidad perciben como engaño. Se quedan con la sensación de haber sido utilizadas por terceras personas, pasadas a llevar, sin respeto por su persona…
“mi vida siempre ha sido la de los demás, siempre pagando deudas y cuentas de los otros, he sido muy tonta, ahora que ya no me queda plata para mi hijo, todos me tienen en la mira…”. (E.9)
En la mayoría de los casos se percibe una narrativa fragmentada con presencia de sentimientos y emociones opuestas de manera simultánea, oscilando entre la rabia y la decepción,
“Ahora me doy cuenta de lo tonta que fui, todos se arreglaron a costa de mis pulmones, de mi vida, de mi trabajo, y yo como tonta seguía trabajando”. (E.9)
“A veces me atontorrono y hago leseras, confío y me pasa por tonta, después me dan ganas de agarrarme a charchazos … como tan tonta”. (E.22)
A esta visión se agrega una tercera, la percepción de incapacidad entendida como la dificultad para desarrollar una actividad, sea por falta de conocimiento, preparación o medios. En sus relatos las entrevistadas manifestaban la sensación de incapacidad, desde lo que otros decían hacia ellas o en relación con su persona…
“Me da pena… rabia, que mis papás me digan por todo que tú eres una enferma, me hacen sentir incapaz...”. (E. 8).
“…siempre me dicen tu no haces nada bien”. (E. 16)
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En el discurso también se observa el uso de apelativos discriminadores, porque algunas de ellas tuvieron, y probablemente persisten en el tiempo, déficit atencional, siendo referidas como “tontorrona” (E.16), (E.22), (E.27); o:
“Cuando mi mamá me ridiculiza y me dice delante de todos “la pifiaita17” y después me dice que es de puro cariño”. (E. 5)
En relato queda en evidencia además que la percepción de los otros significantes adultos, familiares directos o no, tienen gran incidencia sobre su persona, con independencia de su actual condición de madre.
Se observa, además, que las mujeres madres presentan dificultad para sobreponerse a las críticas de los padres, situación en la que el sentimiento de menosprecio y pequeñez supera al de su molestia, dejando en evidencia las escasas herramientas emocionales que presentan y comienza a vislumbrarse el daño presente en su autoestima. Situación que es congruente, cuando las propias figuras de apego son quienes desconfían de las capacidades y en definitiva de la persona en sí misma.
Otra, una cuarta manifestación, es la narrativa fragmentada presente en esta línea fue el
“no entender”. Dentro del relato de las mujeres madres, aparece la sensación de perplejidad, de no lograr comprender lo que está ocurriendo a su alrededor. Si bien son capaces de comprender las explicaciones que se les entregan, no logran relacionarlas con los eventos vividos, puesto que los significan de manera distinta. No pueden comprender la encadenación y continuidad de sucesos:
“Hoy día estoy bien bloqueada con estas cosas en mi vida. Sé que algo me tiene estancada”. (E. 9)
“De repente me pasa que no entiendo cómo llegamos hasta aquí, creo que es una pesadilla, que voy a despertar y se me va a pasar, pero no pasa, nunca pasa”.
(E.25).
Por momentos sus discursos parecen caóticos, desesperanzadores, incongruentes e inconexos. Para algunos profesionales, dentro de la observación de las fichas clínicas, esto es advertido y entendido, como baja capacidad cognitiva, en otras ocasiones es percibido como baja tolerancia a la frustración y en el menor de los casos, algunas profesionales de las instituciones comprometidas, habitualmente mujeres, lo connotan
17 Pifiaíta, es un modismo que hace alusión al concepto de falla o algo erróneo, incompleto.
como shock frente a la realidad que implica ser sindicada como “madre negligente”, o bien al hecho que significa retirar los hijos e hijas de su custodia por “algún tipo de incapacidad o negligencia”. Sin duda estos relatos hablan del sufrimiento mental que las mujeres vivencian en su día a día, sin tener ayuda en el plano emocional, ni material, como tampoco aparece la solidaridad social de otras mujeres o sororidad. Y cuando dicha ayuda puede aparecer, las mujeres desconfían de manera natural.
“¿Y nunca le ha dicho a la Asistente Social o a la Psicóloga, lo que le pasa? Shiii, ni loca… ahí sí que no recupero nunca más a mis niños, no ve que todo se lo dicen al tribunal…”. (E.25)
En sexto lugar, una característica común a todas las mujeres entrevistadas es el sentimiento de soledad. Esta vivencia es percibida como un gran sufrimiento asociado a la desolación y abandono. Las mujeres madres tienden a sentirse solas, no solo en lo referido a su maternidad, sino que es un sentimiento que las acompaña desde su infancia,
“…es que yo era como sola”. (E.11)
En sus testimonios se percibe la ausencia de la madre afectiva, tanto en la infancia como en la vida adulta y permanece en el tiempo sin que puedan resolverlo adecuadamente.
“…ve poh, uno anda solita por la vida”. (E.1)
“…es difícil estar paradita cuando a uno no la quiso ni su mamá”. (E.11) “A mí no me tuvieron, me parieron como los perros”. (E.19)
Séptimo, la noción de fragilidad se evidencia como otra manifestación de la minusvalía que expresan las mujeres madres.
“Todo lo que yo hacía, ella me retaba y como estaba frágil, se lo acepté”. (E.7) En este caso se puede vincular a la subcategoría anterior ya que las personas tienden a sentirse muy frágiles psicológicamente y lo argumentan como motivo para permitir a otros que la pasen a llevar, sensación que proviene principalmente del sentido de soledad que ellas auto perciben.
“…. No poh señorita, uno no le queda otra que aguantar, que más voy a hacer, pa donde me voy a ir con mis chiquillas”. (E. 20)
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Esta fragilidad también se enmarca en el escaso tejido social que tienen y al que pueden acceder, donde la abuela y su territorio es connotado como el único sostén económico y habitacional al que pueden pedir protección.
Por último, la rebeldía aparece como una reacción a la percepción de minusvalía presente en el mundo de estas mujeres, una forma de defenderse ante la sensación de rabia, e impotencia por el daño sufrido y que no logran comprender, minando desde la infancia su autoconcepto y autoestima, fragilizándolas como personas frente a la vida.
Sin embargo, esta conducta rebelde, en la práctica, no siempre logra su objetivo y habitualmente lo que hace es perpetuar el circuito de la soledad y la sensación de inutilidad percibida desde los padres:
“Siempre que quería hacía la cimarra… jajaja, era la rebeldía”. (E.11) “…si, pero esa es mi vía de escape, yo grito no más”. (E.8)
“…más que rebelión contra mis papás… fue contra la iglesia de mis papás…”.
(E.8)
“Cuando chica, pensaba en puro morirme solo para hacerlos sufrir, jajaja era pura rebeldía”. (E15)
El esquema que a continuación se presenta, grafica el espiral que va encadenando y otorga sentido a las percepciones de las mujeres respecto de su sensación de minusvalía.
Cabe destacar que este modelo no es estático y por tanto la soledad, fragilidad y daño aumentan en la medida que la mujer se rebela a esta dinámica interaccional. Sin embargo, sus experiencias evidencian que a mayor rebeldía aparece mayor soledad en sus vidas, ya que, a pesar de las diversas edades, cada una sigue girando en torno a los discursos estereotipados patriarcales impuestos de generación en generación y frente a los cuales no encuentran salida; aún en aquellos casos donde las familias directas, responsables de esa particular socialización primaria, en la actualidad no tienen presencia física en sus vidas.