1. Marco teórico
1.4. A modo de problematización del marco teórico
2007; Annie E. Casey Foundation, 2014; Bradshaw et al., 2007; Currie et al., 2012; OECD, 2009;
Rees et al., 2010).
A nivel nacional, los organismos públicos, recientemente, están abordando el estudio del bienestar infanto-juvenil desde una perspectiva más amplia. En el Informe Infancia Cuenta (2014, 2015) se presentaron una serie de indicadores objetivos que contribuyen al bienestar infantil. INJUV (2012, 2013) en su encuesta nacional ha calculado el nivel de felicidad de jóvenes entre 15 a 29 años, evidenciando diferencias según nivel socioeconómico. Oyanedel et al. (2014) en el reporte del ISCWeB Chile presentaron resultados descriptivos de las escalas de bienestar y su relación con variables sociodemográficas.
La investigación del bienestar subjetivo marca sus inicios con estudios que examinan las propiedades psicométricas de escalas que miden el componente cognitivo del bienestar, esto es, la satisfacción con la vida. Se dispone de escalas para adolescentes como MSLSS (Huebner, 1994) y escalas diseñadas para el uso con niños y niñas como SLSS (Huebner et al., 2003; Huebner et al., 2000; Farrell, Valois, Meyer, & Tidwell, 2003; Huebner et al., 2005; Funk et al., 2006), y BMSLSS (Seligson et al., 2003, 2005). De forma paralela, se han adaptado y validado a la población infanto-juvenil escalas de bienestar subjetivo creadas para adultos como PWI (Cummins et al., 2003) y SWLS (Neto, 1993) y luego se diseñó una versión para escolares PWI-SC (Tomyn
& Cummnins, 2011a,b; Tomyn, Tyszkiewicz, & Cummins, 2013).
En Chile la revisión de la literatura científica muestra que la investigación se ha enfocado en el bienestar subjetivo de adolescentes, particularmente, las propiedades psicométricas de escalas de satisfacción con la vida (Alfaro et al., 2014; Casas et al., 2012a,b; Casas et al., 2014; Chavarría &
Barra, 2014). En menor medida estudios de este tipo con niños y niñas (Alfaro et al., 2015a,b;
Alfaro et al., 2016). Y otras investigaciones del análisis del bienestar de universitarios (Barra, 2011, 2012; Barra, Soto, & Schmidt 2013; Casas et al., 2014; Veliz-Burgos & Apodaca, 2012).
Los estudios muestran que la relación entre las variables sociodemográficas como edad, sexo y nivel socioeconómico y la satisfacción con la vida son débiles o contribuyen modestamente a su predicción (Gilman & Huebner, 2003; Huebner & Gilman, 2004; Huebner, Suldo, Valois, Drane,
& Zullig, 2004; Huebner et al., 2005; Proctor et al., 2009). El porcentaje de varianza explicada por estas variables oscila entre un 5% a un 10% (Bradshaw et al., 2011; Rees et al., 2010; Rees et al., 2012). En base a estos resultados se sostiene que la influencia de las variables sociodemográficas, no son capaces de explicar, por si solas, la variación del bienestar subjetivo (Huebner 1991b; Goswami, 2013; Rees et al., 2010; Rees et al., 2012).
Las investigaciones han señalado la importancia de incluir variables contextuales en el estudio del bienestar subjetivo (Gilman & Huebner, 2003; Jiang, Huebner, & Hills, 2013; Oberle et al., 2011;
Proctor et al., 2009). Gilman y Huebner (2003) apoyan la hipótesis de que es posible explicar mejor la satisfacción con la vida si se incluyen indicadores de varios microsistemas del desarrollo de niños y niñas. Oberle et al. (2011) identifican fuentes para impulsar el desarrollo positivo de la juventud fuera de la familia, en especial, si se considera el tiempo que los jóvenes pasan con sus compañeros, en la escuela y en sus comunidades. Proctor et al. (2009) señalan que es clave no formar relaciones positivas en un solo ámbito social, sino participar en relaciones de apoyo en el hogar, la escuela, la comunidad, y en otros entornos sociales. Jiang, Huebner, y Hills (2013) sostienen que las variables interpersonales y ambientales son los predictores más fuertes de la satisfacción con la vida de adolescentes.
Klocke, Clair, y Bradshaw (2014) muestran que no es la economía o el producto interno bruto (PIB) o el gasto en políticas familiares, lo que fomenta el bienestar infantil en países ricos, sino más bien es el contexto cultural y el clima escolar que surgen de características individuales los que influyen en el bienestar subjetivo de niños y niñas. Lee y Yoo (2015) encontraron que las variables económicas como el (PIB), el coeficiente GINI y el gasto público en educación, no son
factores que predicen el bienestar subjetivo de niños y niñas en países de Europa, Asia, América del Norte, América del Sur y África. Newland et al. (2015) concluyen que el poder predictivo de los factores contextuales como el hogar, la escuela, los compañeros y la calidad del barrio estuvieron relacionados con el bienestar subjetivo de niños y niñas de una zona rural de Estados Unidos.
Los estudios sobre la satisfacción con la familia han reportado altas puntuaciones en los ítems que miden este ámbito en distintos contextos geográficos (Casas & Bello, 2012; Dinisman & Rees, 2014, Huebner et al., 2005; Funk et al., 2006; Rees & Main, 2015) y también en niños, niñas y adolescentes de América Latina (Bernal & Acosta, 2016; Oyanedel et al., 2014; Sarriera et al., 2014a; Tonon et al., 2016).
También se ha reportado que existe una relación entre estructura familiar y satisfacción con la vida de los más jóvenes con resultados positivos para familias intactas o tradicionales en relación a otro tipo de estructuras (Bradshaw et al., 2011; Kwan, 2008; Gray et al., 2013; Goswami, 2013; Rees et al., 2012; Schütz et al., 2015; Zullig et al., 2005). La relación entre padres e hijos hace una contribución significativa en el satisfacción con la vida de los jóvenes (Ben-Zur, 2003; Bedin &
Sarriera, 2014a; Casas et al., 2008, 2012; Clair, 2012; Hoy et al., 2013).
Respecto a la capacidad predictiva del ámbito de satisfacción con la familia, si bien se ha comprobado que este ámbito contribuye alrededor de un 40% de la varianza explicada para adolescentes de diversos países (Bedin et al., 2015; Lee & Yoo, 2015; Sarriera, Schütz, Calza, &
Strelhow, 2013), no se encuentran suficientes estudios realizados con niños y niñas que permitan comprobar estos resultados.
El estudio de la satisfacción con la escuela se ha centrado, en primer lugar, en incorporar y poner a prueba ítems referidos al contexto escolar en muestras de adolescentes de diferentes países (Casas et al., 2013; Casas et al., 2014; Tomyn & Cummins, 2011b). Los estudios revisados muestran altos
niveles de satisfacción con la escuela (Casas & Bello, 2012; Oyanedel et al., 2014; Samdal, et al., 2004; Sarriera et al., 2014a) relacionados con altos niveles de bienestar subjetivo (Huebner &
McCullough, 2000; Karatzias et al., 2002).
La investigación también ha mostrado que el clima escolar se relaciona con la satisfacción con la vida (Currie et al., 2004; Jutras & Lepage, 2006; Suldo et al., 2008) y con la satisfacción escolar (Ito & Smith, 2006). Se ha comprobado que las interacciones entre familia y escuela son relevantes en la satisfacción con la vida de adolescentes (Danielsen et al., 2009; Siddall, Huebner, & Jiang, 2013).
En cuanto a los predictores del bienestar subjetivo se encuentran, principalmente, las relaciones y actitudes positivas con profesores (Gilman & Huebner, 2006; Jutras & Lepage, 2006; Suldo et al., 2008). Así también, en distintos estudios se ha informado diferentes niveles de predicción de la satisfacción con la escuela sobre la satisfacción con la vida de adolescentes (Da Lomba, 2014; do Santos et al., 2013; Elmore & Huebner, 2010; Huebner, 1994).
Niños y niñas de Estados Unidos, España, Brasil, Colombia, Argentina y Chile, tienen un alto nivel de satisfacción con el barrio, aunque más bajo respecto de la familia y escuela. Se ha comprobado que existe una relación entre lugar de residencia o barrio y satisfacción con la vida (Elvas & Moniz, 2010; Homel & Burns, 1987, 1989) encontrándose diferencias según las características físicas y sociales del barrio. Las reubicaciones familiares del barrio se relacionaron con la satisfacción con la vida de adolescentes (Bradley & Corwyn 2004). Otras investigaciones han mostrado que conectividad con los adultos del vecindario tiene una asociación con el bienestar de niños y niñas (Goswami, 2013; Paxton et al., 2006).
Respecto a las variables predictoras del ámbito satisfacción con el barrio sobre el bienestar subjetivo, se evidenció que son escasos los estudios que aborden esta relación, a excepción Rodríguez et al. (2014) con niños y niñas brasileños y Wilson et al. (1997) con adolescentes
estadounidenses. Se constata que el número de estudios centrados en el análisis de las influencias del barrio sobre el bienestar subjetivo es menor que las investigaciones que analizan las influencias familiares o escolares.
Si bien las investigaciones, recién reseñadas, han identificado la relevancia de los microsistemas familiares, escolares y barriales en el bienestar subjetivo en la infancia y adolescencia, mirando en su conjunto esta línea de estudio, aún es emergente y cuenta con escasas publicaciones y reportes de investigación a nivel público y privado. Estos estudios no consideran aún pruebas empíricas con niños, niñas y adolescentes en una gama amplia de países, en particular, aquellos en vías de desarrollo como Chile. Por ello, se hace necesario revisar cómo estos microsistemas en conjunto explican el bienestar subjetivo en la infancia y adolescencia.
Según la OECD (2009), es necesario avanzar en la generación de datos comparables de bienestar en toda su amplitud, sobre todo en la infancia temprana desde nacimiento hasta los 5 años y en la infancia intermedia entre los 6 a 11 años, ya que los reportes de bienestar en la infancia tardía o adolescencia de los 12 a 18 años, en la última década, han evidenciado un aumento significativo.
En el contexto nacional, se ha limitado la investigación en salud mental y el enfoque de las políticas públicas en la infancia intermedia. En Chile, se presta más atención a la investigación en los cuatro primeros años como la base para la intervención temprana y el período adolescente, en que las conductas que generan dificultades adaptativas, son una preocupación para la sociedad, ya que pueden conducir a un comportamiento problemático en la vida adulta (Larraín, 2011; Tello, 2003).
Se requiere mayor atención al estudio de los componentes de la salud mental de niños y niñas entre 6 y 11 años, ya que es un área escasamente explorada en el país y el bienestar subjetivo puede ser incluido como un indicador de salud mental positiva.
De esta manera, para desarrollar la comprensión de bienestar subjetivo desde la perspectiva infanto- juvenil, los investigadores reconocen que hay que preguntarles directamente a niños, niñas y
adolescentes con el fin de encontrar la explicación de las variaciones del bienestar en el contexto en que viven (Dex & Hollingworth, 2012; Fattore et al., 2007, 2009, 2012). Para aumentar la comprensión del bienestar subjetivo, crear perspectivas complementarias, o contradicciones en esta línea de investigación, la pregunta central que guía la investigación doctoral es: ¿Cuál es influencia de los microsistemas familia, escuela y barrio sobre el bienestar subjetivo de niños, niñas y adolescentes chilenos?
En cuanto a la relevancia práctica y/o aplicada de la investigación doctoral, cabe señalar que la medición del bienestar subjetivo es consistente con un enfoque más amplio del funcionamiento de niños, niñas y adolescentes, que va más allá de una enumeración y/o clasificación de los síntomas psicopatológicos, sino que refiere a las características positivas que contribuyen al desarrollo óptimo en esta etapa del ciclo vital (Gilman & Huebner, 2003; Huebner, Suldo, Smith, &
McKnight, 2004; Seligson et al., 2005). En este sentido, las escalas de bienestar subjetivo son medidas positivas y pueden ser utilizadas a nivel de promoción, prevención e intervención de salud mental infanto-juvenil
Gilman y Huebner (2003) señalan que las mediciones repetidas de bienestar subjetivo podrían mostrar los indicadores de riesgo y protección sugeridos por los cambios en la satisfacción con la vida de niños, niñas y adolescentes. Del mismo modo, se pueden observar mejoras en la satisfacción con la vida de moderadas a altas, lo que no se reflejaría por las técnicas de evaluación tradicionales que se centran exclusivamente en los síntomas que experimentan los jóvenes. Ben- Arieh y Frones (2007) agregan que la evaluación de la satisfacción con la vida puede ser usada para monitorear el bienestar a lo largo del tiempo y ayudar en la evaluación de las intervenciones dirigidas a fomentar el ajuste psicológico positivo de adolescentes.
El hallazgo de que las experiencias en múltiples ámbitos de satisfacción con la vida se relacionan con el bienestar apoya la recomendación de Sheridan y Gutkin (2000) de ir más allá de la
evaluación y tratamiento centrado en los más jóvenes, evaluando no sólo las variables en el niño o la niña, sino también los factores ambientales y el grado de que hay una coincidencia entre niño o niña y su entorno. Así, el diseño de intervenciones ecológicas, basadas en optimizar el potencial infantil sobre las estructuras de apoyo existentes en los microsistemas inmediatos del niño, niña y adolescente pueden ser más eficaces que las que se centran sólo en la intervención directa con el individuo (McDougall, Wright, Nichols & Miller, 2011).
Finalmente, señalar que las medidas de bienestar subjetivo deben estar en el centro de la política, ya que pueden complementar otros indicadores, como los económicos o sociales, pero no sustituirlos. Dado su bajo costo y facilidad de administración, es deseable que los gobiernos adopten medidas de bienestar subjetivo para complementar indicadores económicos y sociales.
Al mismo tiempo, hay que reconocer que las medidas de bienestar tienen límites claros, y proporcionar un solo tipo de información a los responsables políticos (Diener et al., 2013). Por lo tanto, se necesitan otros tipos de indicadores objetivos y subjetivos para evaluar las condiciones de vida de niños, niñas y adolescentes.