C. D., Trindade,
4. RESULTADOS
4.1. Abusos sexuales en la infancia y embarazo adolescente
La adolescencia es una fase de desarrollo biopsicosocial, donde la gestación, repercute en el desarrollo de las esferas que conforman esta etapa vital, afectando así a la capacidad de adaptación de los individuos. (Restrepo, Trujillo, Restrepo, Torres de Galvis y Sierra, 2017)
Según la OMS, a nivel mundial, en el año 2021, la tasa de nacimientos en la adolescencia se situó en 42,5 por cada 1000 mujeres, lo que representa un 11% de los
nacimientos a nivel mundial. Cabe destacar que, un 95% se producen en países con bajos o medios recursos socioeconómicos. (Souto et al., 2017)
Al comparar los datos de diferentes países, se observa una tendencia al alza en aquellos en desarrollo, como es el caso de Colombia, donde 1/5 adolescentes queda embarazada, siendo un 64% de las gestaciones no deseada y situándose la prevalencia por tanto en un 19,5%; o Ecuador, donde un 20% de las mujeres comprendidas entre las edades de 15 y 19 años quedan embarazadas. En cambio, en países desarrollados, como por ejemplo España, la tasa de gestaciones durante este periodo se sitúa en un 2,13%. Llegados a este punto, cabe destacar el caso de Estados Unidos, que, a pesar de ser un país desarrollado con amplios recursos socioeconómicos, un 7,5% de las adolescentes quedan embarazadas de forma anual. (Agnafors, Bladh, Svedin y Sydsjö, 2019)
Sobre el perfil socio-demográfico de la gestante adolescente, los resultados de los diferentes estudios concluyen que;
El grupo de edad comprendido entre los 16 y 19 años es el de mayor riesgo (15,6%
entre 13-15 años y un 84,4% entre 16-19 años), situándose la edad media de las gestantes en 17 años (Restrepo et al., 2017; Bessa et al., 2019; Silva et al., 2020). En los casos de incesto, la edad media es de 1,2 años menor, siendo más común encontrar casos en menores de 14 años (hasta un 83,3%). (De Cassia, Magalhaes, Veraci, Furtado y Veras, 2018)
En cuanto a la etnia, no se aprecian diferencias significativas (46,5-48,2% raza blanca vs 53,5-51,2% raza negra) lo que rompe con las creencias culturales de que es un fenómeno más frecuente entre la raza negra. (Restrepo et al., 2017)
Por otra parte, el medio en el que viven las adolescentes también constituye un factor influyente; un 75,6% de las adolescentes viven en áreas urbanas y un 54% en el medio rural (Restrepo et al., 2017). A pesar de que la frecuencia sea menor en el medio rural, un 61% de las adolescentes residentes en el han sufrido al menos una experiencia de abuso antes de los 20 años y , en estos casos, la edad de inicio de estas conductas es menor, entre 11,5 y 12 años. (Farias et al., 2015)
Sobre el nivel educativo, destaca el abandono precoz de los estudios hasta en un 66,7%
y en el ámbito laboral, los diferentes estudios concluyen que la responsabilidad financiera, en un 53,4% de los casos recae sobre sus padres y que solo un 6,7% de las adolescentes ha trabajado alguna vez. (Silva et al., 2020)
Por otro lado, este tipo de gestaciones son el resultado de múltiples factores de riesgo que se entremezclan:
En primer lugar, las desventajas socioeconómicas y el bajo nivel educativo, así como las estructuras y dinámicas familiares disfuncionales son factores que predisponen a la aparición de este fenómeno (Restrepo et al., 2017; De Cassia et al., 2018). Sobre la dinámica familiar, se aprecia una relación intergeneracional que indica que las adolescentes hijas de madres adolescentes presentan una mayor probabilidad. (Bessa et al., 2019)
Entre los factores sociales, se consideran de riesgo el estigma social y la baja autoestima emocional (Farias et al., 2015; De Cassia et al., 2018). El apoyo familiar en cambio, juega un papel de riesgo, pero también protector, puesto que la mayoría de gestantes reconocen la figura materna como una pieza clave en la transición de su gestación, aunque es esa misma gestación la que también puede provocar un gran impacto en la relación familiar y resultar en consecuencias negativas para el desarrollo psicológico de la adolescente. (De Cassia et al., 2018)
A pesar de todos los factores mencionados previamente, cabe destacar que la presencia de episodios de abuso y/o violencia intrafamiliar, así como las diferentes formas de maltrato, se sitúan como el principal factor de riesgo para el desarrollo de una gestación durante el periodo adolescente; actualmente, se estima que 4,5 de cada 10 adolescentes que sufren abusos en la infancia termina desarrollando una gestación, además de que una media de un 49,35% de mujeres afirman haber sido físicamente abusadas y un 5,5% haber sido violadas en más de una ocasión. (Farias et al., 2015;
Restrepo et al., 2017; De Cassia et al., 2018)
Se encuentran en cambio diferencias con respecto al tipo de abuso según el perpetuador sea un individuo desconocido o un miembro familiar (este último caso se conoce como violencia intrafamiliar o incesto; que se define como la violación de un tabú que prohíbe las relaciones sexuales entre los miembros del núcleo familiar y es por tanto una expresión de violencia de género basada en una relación de asimetría entre el agresor y la víctima). (Bessa et al., 2019)
Así pues, la tendencia indica que la violencia física es el tipo de agresión más común en los casos de abuso ejercido por un desconocido mientras que la violencia psicológica (coerción, amenaza y miedo) se da con más frecuencia en los casos de incesto.
(Restrepo et al., 2017)
Siguiendo en esta línea, el componente religioso es considerado como un denominador común en los casos de incesto (92,3% vs 78,7%), así como que la violencia se ejerce en espacios privados hasta en un 80,1% de los casos. (De Cassia et al., 2018; Bessa et al., 2019)
Por otro lado, en estas situaciones, el abuso tiende a cronificarse y el número de denuncias realizadas son menores; tan solo se denuncian un 23% de los abusos, porcentaje que incrementa con el paso de los años, lo que hace que no se pueda
Figura 5: Porcentaje de distribución de historia de abuso físico, sexual y negligencia durante la infancia.
Fuente: (Restrepo et al., 2017)
Por último, las consecuencias de los abusos sexuales en la infancia dependen del contexto en el que se producen y están influenciadas por: la edad de la víctima, la modalidad de abuso, cronicidad/duración del abuso, el tipo de vínculo establecido con la persona que ejerce el abuso, reacciones del entorno familiar y social, sistemas de apoyo y tratamiento de las víctimas. Todos estos factores inciden directamente en las repercusiones que tiene el abuso sobre las personas. (Restrepo et al., 2017)
Entre las consecuencias biológicas se encuentran tanto la discapacidad como la mortalidad materno-infantil, así como un incremento de las prácticas abortivas ilegales e inseguras. (Restrepo et al., 2017)
En el plano social, se altera el bienestar y las expectativas vitales, produciendo una disminución de la libertad, un contacto temprano con el mundo laboral (caracterizado por relaciones laborales inestables), desviación de los proyectos vitales e incremento en el consumo de sustancias tóxicas. (Farias et al., 2015)