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ALGUNAS CONCEPCIONES DE LA INTELIGENCIA DIFERENCIAL

ASPECTOS DE LA COMPETENCIOA INTELECTUAL____________________________

2. ALGUNAS CONCEPCIONES DE LA INTELIGENCIA DIFERENCIAL

Los comentarios anteriores se hicieron con la intención de caracterizar la inteligencia como una propiedad de los seres humanos como especie, sin implicar necesariamente que los seres humanos la tengan en exclusiva. Pero aunque reconozcamos que la inteligencia es una propiedad de nuestra especie, no hemos dejado de observar que los individuos se diferencian considerablemente en cuanto a su capacidad de llevar a cabo tareas intelectualmente exigentes. Gran parte del interes puesto en la inteligencia por parte de los investigadores y los educadores ha estado motivado por el deseo de entender mejor cómo y por qué las personas se diferencian tanto entre si en ese aspecto.

En el contexto de ese interés, se ha definido la inteligencia en una variedad de maneras diferentes. RESNICK (1976a) ha ilustrado recientemente este hecho observando la gran diversidad de definiciones dadas a ese término por los contribuyentes al simposio de 1921 del journal of Educational Psychology sobre ese tema:

Se ha definido la inteligencia de diversas maneras, como: la capacidad de desarrollar pensamientos abstractos”

(Lewis TERMAN); “el poder de dar una buena respuesta a partir de la verdad o la realidad” (E. L. THORNUIKE); el aprendizaje o capacidad de aprender a adaptarse al medio” (S. S. COLVIN); “la modificabilidad general del sistema

nervioso (Rudolf PINTNER); o un mecanismo biológico mediante el que se reunen los efectos de una complejidad de estímulos y se les da cierto efecto unificado en la conductan (Joseph PETERSON); una

“capacidad de adquirir” (Herbert WOO.

DROW); y un grupo de complejos procesos mentales definidos tradicionalmente...

como sensación, percepción, asociación, memoria, imaginación, discernimiento, juicio y razonamiento (M. E. HAGCERTY) (pag. 2).

Podríamos añadir a esa lista otras numerosas definiciones recientes: la facultad de autodirigirse y de aprender en ausencia de una instrucción directa y completa (BROWN y FRENCH, 1979); un acercamiento habitual aprendido a la solución de problemas (WHIMBEY, 1975);

habilidad en el análisis y reconstrucción mental de relaciones (BEREITER y ENGELMANN, 1966); la capacidad de emplear los conocimientos eficazmente:

(“o que puede uno hacer con lo que uno sabe” (DE avila y DUNCAN, 1985).

Los debates suscitados en torno a la naturaleza de la inteligencia se han enfocado en ocasiones en temas sumamente específicos. Uno de esos debates, que se inició casi con la introducción del concepto de inteligencia y que continua hasta nuestros días, se refiere a la cuestión de si es mejor considerar la inteligencia como una capacidad cognitiva general o bien como un conjunto de capacidades diferentes. Los primeros autores que se ocuparon de este tema, incluyendo a Spencer y a Galton, consideraron la inteligencia como una

capacidad general que podía manifestarse en una gran variedad de contextos. Otros autores, incluyendo a muchos investigadores contemporaneos, han favorecido la opinión de que la inteligencia es un conjunto de capacidades especiales y que las diferentes personas pueden ser inteligentes (o poco inteligentes) de diferentes maneras. Y todavía otros autores -Spearman entre los principales han presentado una concepción de la inteligencia que incluye una capacidad general así como un conjunto de capacidades especiales. En la influyente opinión de SPEARMAN (1923), la capacidad general, que identificaba como "9", interviene en mayor o menor grado en la ejecución de la mayoría de los tipos de tareas que se utilizan para valorar la inteligencia. Sin embargo, y además de ese factor general, el rendimienco en la ejecución de una tarea dada esta determinado en parte por un factor particular específico de ella. Esta diferenciación entre la capacidad "9" y las capacidades específicas nos recuerda un tanto la que ha hecho más recientemente (1963) R. B. CATTELL entre la inteligencia fluida y la cristalizada. De acuerdo con esta opinión, se supone que la inteligencia fluida es inata, no verbal, y aplicable a una gran variedad de con textos. La inteligencia cristalizada refleja las habilidades y las capacidades específicas que uno adquiere como resultado del aprendizaje.

THURSTONE (1924) ha restado importancia a la implicación omnipresente de un factor general y se la ha concedido en cambio a las capacidades mas específicas. Ha constatado además la

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inteligencia con la impulsividad. La conducta impulsiva es aquella que se desarrolla de un modo relativamente inconsciente para satisfacer, del modo mas obvio e inmediatamente factible, los deseos, motivos e incentivos del individuo;

“la satisfacción impulsiva y no inteligente de una necesidad da por buena cualquier solución que parece estar a mano, y no llega a descubrir las posibles soluciones que podrían haberse presentado planteando el motivo en su forma más abstracta y generalizada” (pág. 126). Sin embargo, la acción mas obvia e inmediatamente hacedera no es necesariamente la mas satisfactoria a la larga, por lo que la conducta impulsiva, en un sentido muy general, no es una conducta óptima,

Un aspecto clave de la inteligencia, según THURSTONE, es la inhibición de la impulsividad. Al inhibir los impulsos antes de que se traduzcan en una conducta manifiesta, y enfocarse en ellos de un modo conscience mientras son todavía relativamente generates, el individuo gana un abanico de opciones aplicables a las diferentes maneras en que se pueden satisfacer las propias necesidades y deseos.

La inteligencia es por lo tanto la capacidad de abstracción, que constituye un proceso inhibitorio. En el momento inteligente, se inhibe el impulso cuando esta organizado todavía de un modo muy vago” (pag. 159). Es esa capacidad de considerar y evaluar las líneas de conducta posibles sin abordarlas de hecho lo que establece la diferencia entre las formas de vida inteligentes y las no inteligentes, y

cuanto mas inteligente es un individuo, mas elevado es su nivel de abstracción y mayor el grado de flexibilidad de elección conseguido.

Un aspecto interesante, y tal vez paradójico, del enfoque de Thurstone es la idea de que la inteligencia puede, al menos en teoría, conducir a la inacción. Cuanto mayor es la urgencia de una situación, nos sugiere THURSTONE, mas difícil resulta el ejercicio de la inteligencia; la inteligencia se manifiesta al máximo cuando el apremio de una acción rápida es mínimo. La enunciación misma de Thurstone sobre el extremo a que puede verse llevada esa idea es un tanto peregrina: Si le fuera posible a un ser humano alcanzar la inteligencia perfecta, le sería imposible incluso moverse. Se moriría de inteligencia, porque sería tan dado a deliberar que no podría tomar ninguna decisión sobre nada”

(pag. 101). . Acaso el énfasis mas extremo puesto en facultades específicas se nos presenta en el modelo estructural de inteligencia propuesto por GUILFORD (1967). Ese modelo distingue tres componentes mayores de la inteligencia:

operaciones, contenidos y productos. Cada uno de esos componentes esta representado por varios tipos. Los tipos de operaciones que postula su modelo son la cognition, las operaciones convergentes, las operaciones divergentes, las operaciones de la memoria y las operaciones evaluativas. Hay contenidos conductales, fgurales, semánticos y simbólicos. Los productos son las unidades, las clases, las relaciones, los sistemas, las transformaciones y las implicaciones. Las 120 combinaciones posibles de las cinco

operaciones, los cuatro contenidos y los seis productos se exponen como representación de la “estructura de la inteligencia” completa. Y se supone que cualquier actividad intelectual es reducible a una o más de esas combinaciones.

Se deduce claramente de esta breve consideration de varias caracterizaciones influyentes de la inteligencia que sería muy dificil conseguir una definición que pudiera satisfacer a todo el mundo. Más aún, NEISSER (1979) nos indica que es imposible llegar a una definición satisfactoria de la inteligencia no solo debido a la naturaleza de la inteligencia, sino debido a la naturaleza de los conceptos. El concepto de “persona inteligente”, arguye Neisser, constituye un ejemplo del tipo de concepto (o categoría) natural sobre el que Rosch y sus colaboradores (ROSCH, 1978; ROSCH y METUIS, 1975) han Ilamado Ia atención en años recientes. Un concepto “roschiano”, por utilizar el término de Neisser, carece de rasgos definidores decisivos, y se lo podría describir idealmente mediante ejemplos “prototípicos”. Silla constituye un ejemplo de uno de esos conceptos, como lo son la mayoría de los conceptos con los que categorizamos los objetos corrientes que nos rodean.

En mi opinión, por lo tanto, persona inteligente es un concepto roschiano organizado prototípicamente. La confianza que tenemos en que una persona merezca ser llamada (“inteligente”) depende de la semejanza general de esa persona con un prototipo imaginario, del mismo modo que nuestra confianza en que a algún objeto se lo llame "silla" depende de su semejanza

con las sillas prototípicas. No existen criterios definitivos de la inteligencia, como tampoco los hay de la “silleidad”); se trata de un concepto de perfiles bocrosos en el que tienen importancia muchas características. Dos personas pueden ser sumamente inteligentes y tener sin embargo pocos aspectos comunes se parecen al prototipo según diferentes dimensiones. Concluimos de ello que no existe una cualidad susceptible de llamarse inteligencia con mas derecho a que algo se (lame silleidad -la semejanza es una circunstancia externa y no una esencia interna-. No puede haber una definicion de inteligencia basada en un proceso, debido a que no se trata de una cualidad unitaria.

Se trata de un parecido existence entre dos individuos, uno real y el otro prototípico (pág. 185).

Al tiempo que cuestiona la posibilidad de definir la inteligencia, o de medirla adecuadamente, NEISSER (1979) enumera agunas de las características de la persona prototípicamente inteligente: “no solo fluidez verbal, capacidad lógica y amplios conocimientos generales, sino también sentido común, ingenio, creatividad, ausencia de prejuicios, sensibilidad a las propiaslimitaciones, independencia inte- lectual, apertura a la experiencia, y otras similares. Algunas de esas características”), nos señala especialmente, “se manifiestan solo en situaciones únicas y prácticas; otras no pueden ser evaluadas a no ser que consideremos la vida del individuo en cuestión en su conjunto”) (pág. 186).

Estamos de acuerdo en general con las reservas de Neisser en cuanto a la

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posibiiidad de definir la inteligencia de un modo aceptable, al menos en nuestro tiempo. No queremos decir con ésto que sea difícil proponer definiciones: la plétora de ellas que se han presentado es testigo de lo fáciles que son de proponer.

Lo difícil es proponer una definición que a los ojos de todo el mundo, o siquiera de un subgrupo numeroso de las personas que trabajan en ese campo, capte en realidad la esencia de ese concepto. Más aun, y sin negar la posibilidad de que haya un factor general de la inteligencia, estamos de acuerdo en que la inteligencia se manifiesta de muchas maneras y en que es probable que las personas que por lo general consideramos como especialmente inteligentes den pruebas de poseer una serie de habilidades intelectuales.

A todas luces, la mayoría de los diseñadores de los tests de inteligencia han aceptado la idea de que la inteligencia es una cosa que tiene muchas facetas. Los tests empleados actualmente varían considerablemente en cuanto a detalles, pero la mayoría de ellos tienen en común el estar compuestos de muchos tipos diferentes de items. Esto equivale a decir que estan destinados a valorar la capacidad del individuo para llevar a cabo numerosos tipos diferentes de tareas cognitivamente exigentes: algunos de esos ítems exigen capacidad de memorizar, otros exigen que uno sea capaz de detectar patrones (por ejemplo, dentro de secuencias de letras o números), otros valoran el vocabulario o Ia facilidad del manejo de palabras, otros se centran en Ia facultad de visualizar relaciones espaciales,

y así sucesivamente.

Sin embargo, y de acuerdo con lo que señala HORN (1979), a pesar de ese tácito reconocimiento de la naturaleza multidimensional (o multicompuesta) de la inteligencia, no se ha desarrollado hasta ahora ninguna tecnología para una valoración multidimensional de la inteligencia. Aunque los tests de inteligencia compilan el rendimiento logrado en una serie de tareas con demandas cognitivas diferentes, están diseñados normalmente para arrojar una sola puntuación que se toma como indicación del nivel de inteligencia en un sentido general. Horn predice que esta situación va a cambiar y que los tests de inteligencia del futuro pondrán cada vez menos énfasis en la puntuación única para centrarse cada vez más en la medicion de capacidades diferentes encuadradas dentro del denominador común de inteligencia.

Una indicación de esa tendencia se evidencia en ei desarrollo de los tests cognitivos con referencia a factores, como el que ha publicado recientemente ei Educational Testing Service (ETS) de Princeton, Nueva Jersey. El conjunto de pruebas contiene 72 tests referidos a 59 factores de aptitúd y esta acompañado de un manual de administratión de los tests (EKSMROM, FRENCH, HARMAN Y DERMEN, 1976). Esos tests están destinados únicamente a la investigación y no a objetivos de asesoramiento, selección o predicción individual.

La tabla 2.1 enumera los 23 factores que figuran en la edición de 1976 de dichos tests y nos presenta tanto el nombre de cada factor como la definición de el que

proporciona el manual. La investigación que ha llevado a la preparación del conjúnto de prúebas de 1976 se resume en un informe final de ún proyecto de cuatro años realizado por HARMAN (1975). Los detalles references a los resultados de esa investigación pueden verse en una serie de informes técnicos (CARROl, 1974;

DERMEN, FRENCH y HARMAN, 1974;

EKSTROM, 1973; EKSTROM, FRENCH y HARMAN, operaciones, los cuatro contenidos y los seis productos se exponen como representación de la estructura de la inteligencia” completa. Y se supone que cualquier acrividad intelectual es reducible a una o más de esas combinaciones.

Se deduce claramente de esta breve consideración de varias caracterizaciones influyentes de la inteligencia que sería muy difícil conseguir una definición que pudiera satisfacer a todo el mundo. Mas aún, NEISSER (1979) nos indica que es imposible llegar a una definición satisfactoria de la inteligencia no sólo debido a la naturaleza de la inteligencia, sino debido a la naturaleza de los conceptos. El concepto de “persona inteligente, arguye Neisser, constituye un ejemplo del tipo de concepto (o categoría) natural sobre el que Rosch y sus colaboradores (ROSCH, 1978; ROSCH y METUIS, 1975) han llamado la atención en años recientes. Un concepto “roschiano”, por utilizar el término de Neisser, carece de rasgos definidores decisivos, y se lo podría describir idealmente mediante ejemplos “prototípicos”. “Silla constituye un ejemplo de uno de esos conceptos, como lo son la mayoría de los conceptós con los que categorizamos los objetos

corrientes que nos rodean.

En mi opinión, por el canto, persona inteligente es un concepto roschiano organizado prototípicamente. La confianza que tenemos en que una persona merezca ser llamada “inteligente” depende de la semejanza general de esa persona con un prototipo imaginario, del mismo modo que nuestra confianza en que a algun objeto se lo llame “silla” depende de su semejanza con las sillas prototípicas. No existen criterios definitivos de la inteligencia, como tampoco los hay de la "silleidad"; se trata de un concepto de perfiles borrosos en el que tienen importancia muchas características. Dos personas pueden ser sumamente inteligentes y tener sin embargo pocos aspectos comunes se parecen al prototipo segun diferentes dimensiones. Concluimos de ello que no existe una cualidad susceptible de llamarse inteligencia con mas derecho a que algo se flame silleidad la semejanza es una circunstancia externa y no una esencia interna. No puede haber una definición de inteligencia basada en un proceso, debido a que no se trata de una cualidad unitaria.

Se trata de un parecido existente entre dos individuos, uno real y el otro prototípico (pág. 185).

Al tiempo que cuestiona la posibilidad de definir la inteligencia, o de medirla adecuadamente, NEISSER (1979) enumera algunos de las características de la persona prototípicamente inteligente: “no solo fluidez verbal, capacidad lógica y amplios conocimientos generales, sino tambien sentido común, ingenio, creatividad, ausencia de prejuicios, sensibilidad a las

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propias limitaciones, independencia inte- lectual, apertura a la experiencia, y otras similares. Algunas de esas características”, nos señala especialmente, “se manifiestan solo en situaciones únicas y prácticas;

otras no pueden ser evaluadas a no ser que consideremos la vida del individuo en cuestión en su "conjunto" (pag. 186).

Estamos de acuerdo en general con las reservas de Neisser en cuanto a la posibilidad de definir la inteligencia de un modo aceptable, al menos en nuestro tiempo. No queremos decir con esto que sea dificil proponer definiciones: la plétora de ellas que se han presentado es testigo de lo fáciles que son de proponer.

Lo difícil es proponer una definición que a los ojos de todo el mundo, o siquiera de un subgrupo númeroso de las personas que trabajan en ese campo, capte en realidad la esencia de ese concepto. Mas aun, y sin negar la posibilidad de que haya un factor general de la inteligencia, estamos de acuerdo en que la inteligencia se manifiesta de muchas maneras y en que es probable que las personas que por lo general consideramos como especialmente inteligentes den pruebas de poseer una serie de habilidades intelectuales.

A todas luces, la mayoria de los diseñadores de los tests de inteligencia han aceptado la idea de que la inteligencia es una cosa que tiene muchas facetas. Los tests empleados actualmente varían considerablemente en cuanto a detalles, pero la mayoría de ellos tienen en común el estar compuestos de muchos tipos diferentes de ítems. Esto equivale a decir

que están destinados a valorar la capacidad del individuo para llevar a cabo numerosos tipos diferentes de tareas cognitivamente exigentes: algunos de esos ítems exigen capacidad de memorizar, otros exigen que uno sea capaz de detectar patrones (por ejemplo, dentro de secuencias de letras o números), otros valoran el vocabulario o la facilidad del manejo de palabras, otros se centran en la facultad de visualizar relaciones espaciales, y así sucesivamente.

Sin embargo, y de acuerdo con lo que señala HORN (1979), a pesar de ese tacito reconocimiento de la naturaleza multidimensional (o multicompuesta) de la inteligencia, no se ha desarrollado hasta ahora ninguna tecnología para una valora- cion multidimensional de la inteligencia.

Aunque los tests de inteligencia compilan el rendimiento logrado en una serie de tareas con demandas cognitivas diferentes, están diseñados normalmente para arrojar una Bola puntuación que se toma como indicación del nivel de inteligencia en un sentido general. Horn predice que esta situación va a cambiar y que los tests de inteligencia del futuro pondrán cada vez menos énfasis en la puntuacion única para centrarse cada vez más en la medición de capacidades diferentes encuadradas dentro del denominador comun de inteligencia.

Una indicación de esa tendencia se evidencia en ei desarrollo de los tests cognitivos con referencia a factores, como el que ha publicado recientemente ei Educational Testing Service (ETS) de Princeton, Nueva Jersey. El conjunto de pruebas contiene 72 tests referidos a 59 factores de aptitud y esta acompañado de

un manual de administración de los tests (EKSMROM, FRENCH, HARMAN Y DERMEN, 1976). Esos tests están destinados unicamente a la investigación y no a objetivos de asesoramiento, selección o predicción individual.

La tabla 2.1 enumera los 23 factores que figuran en la edición de 1976 de dichos tests y nos presenta canto el nombre de cada factor como la definición de el que proporciona el manual. La investigación que ha llevado a la preparación del conjunto de pruebas de 1976 se resume en un informe final de un proyecto de cuatro años realizado por HARMAN (1975). Los detalles references a los resultados de esa investigación pueden verse en una serie de informes tecnicos (CARROL, 1974;

DERMEN, FRENCH y HARMAN, 1974;

EKSTROM, 1973; EKSTROM, FRENCH y HARMAN,

Tabla 2.1

Factores mencionados par el conjuto de lets cognitivos de 1976 referidos a

factores del ETS

Flexibilidad de conclusión: Capacidad de retener en la mente una perception o configuracion visual dada, separandola de cualquier otro material perceptivo bien definido.

Velocidad de conclusión: Capacidad de unir un campo perceptivo aparentemente desorganizado para dar lugar a un concepto único.

Conclusión verbal: Capacidad de resolver problemas que exijan la identificación de palabras presentadasvisualmente cuando algunas de las letras faltan, están desordenadas o mezcladas entre otras letras.

Fluidez asociativa: Capacidad de encontrar rápidamente palabras que comparten determinada area de significado o alguna otra propiedad semanticas común

Fluidez de expresión: Capacidad de pensar rápidamente en forma de grupos de palabras o frases.

Fluidez figurativa: Capacidad de inferir rapidamente una serie de ejemplos, elaboraciones o restructuraciones basados en un estímulo dado; visual o descriptivo.

Fluidez de ideas: Facilidad de escribir una serie de ideas sobre un tema dado referido a ejemplares de una clase determinada de objetos.

Fluidez de palabra: Facilidad para encontrar palabras que cumplan con una o más restricciones estructurales, fonéticas ortográfricas que no tengan im portancia para el significado de dichas palabras.

Inducción: Este factor identifica aquellas capacidades de razonamiento implica das en la formación y puesta a prueba de hipótesis que cumplan con una serie de datos.

Proceso: integradores Capacidad de