Tendrá carácter de fundación, con personalidad jurídica propia o El conse- jero P. de Bellas Artes informó sobre la antigua iglesia de la Asunción
"El Instituto de Estudios Albaceteños es ya un hecho, tras la aprobación de sus Estatutos por el Pleno de la Diputación Provincial.
El diputado de Servicios Docentes y Culturales recordó que su aprobación había sido aprobada en una anterior reunión. A propuesta de la presidencia, se acordó decidir definitivamente su creación como servicio público de la Diputación, así como la prestación por el sistema de fundación, con personalidad jurídica propia. Asimismo, la consolidación oficial de los Estatutos, y, a partir de este año, integrar el Instituto en los presupuestos correspondientes con la consignación que se fije.
"En la próxima sesión de la Corporación se planteará la composición de una Junta de Fundadores, con nueve miembros, eligiéndose dos diputados provinciales que formarán parte de la misma en un primer período. La presidencia agradeció al presidente de la Comisión y a sus
miembros el trabajo realizado, que calificó de muy importante".
98 SÁNCHEZ DE LA ROSA, José: "Aprobados los Estatutos del Instituto de Estudios Albaceteños.
Será un servicio público de la Diputación. Tendrá carácter de fundación, con personalidad jurídica propia" En La Verdad, 29 enero 1977.
FRANCISCO FUSTER RUIZ
El diputado de Cultura tuvo en su intervención un lapsus lamentable, que, como veremos, tendría consecuencias: los dos diputados provinciales elegidos no formaban parte de la Junta de Fundadores, sino de otra comisión con menos poder decisorio, el Consejo Superior, del que formaban parte algunos representantes de las corporaciones e instituciones de la provincia, principalmente la Diputación Provincial, sin que fueran considerados como miembros del lEA. Esta confusión dio pie a un conflicto de competencias que se desarrolló en los días siguientes y que quedó reflejado en la prensa. Según los Estatutos aprobados, los nueve miembros fundadores elegirían directamente a los restantes miembros de la primera Junta Directiva y a los demás miembros de número, correspondientes y de honor del Instituto. Todos ellos serían los que de verdad formarían parte del mismo. Aparte estaba un Consejo Superior, de carácter más bien honorífico, que supervisaba todo teóricamente, y una Junta General, de la que formaban parte todos los miembros científicos del Instituto y los del Consejo Superior. Los dos diputados provinciales designados formaban parte del Consejo Superior, pero de ningún modo de la Junta de Fundadores, como se decía en la nota de prensa.
Se dejaba pues para una próxima sesión la elección de los primeros miembros fundadores del Instituto de Estudios Albacetenses. La Corporación Provincial barajaba una lista de personas que habíamos confeccionado también nosotros, los mismos redactores de los Estatutos, y todos esperábamos que fuera aprobada sin problemas, sin quitar ni añadir ningún nombre. En este sentido no esperábamos ninguna sorpresa, sobre todo pensando que ya habíamos conseguido oficialmente algo muy importante: la aprobación de los Estatutos.
Quizás nadie dentro de la Diputación se había dado cuenta de la maniobra que teníamos muy bien pensada. La redacción de los Estatutos la habíamos planificado al mínimo detalle, dejando manifiestamente todo el futuro poder y la composición del Instituto en manos de los primeros nueve miembros fundadores.
Ellos elegirían, libremente y sin tener que aceptar nunca la más mínima interferencia de nadie, a los demás miembros y a los componentes de la Junta Directiva, que sería quien tendría el verdadero poder de decisión. Esta maniobra casi maquiavélica tenía su justificación: de ninguna forma se podía dejar una institución científica en manos de los políticos provinciales y, mucho menos, en manos de los poderes fácticos que representaban los viejos santones de la cultura de la provincia, que hubieran aprovechado la ocasión para hacerse cargo de la nueva institución, llevándola en el futuro por unos derroteros que no eran los
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deseables. Había que crear una institución totalmente pura, sin contaminación, en la que primaran tan sólo elementos investigadores, dejando totalmente aparte las influencias políticas, sociales y culturales que no estuvieran dentro de esta línea de exigencia científica.
Todo esto, quizás, lo habían comprendido algunas personas que intuían que una institución de este carácter tan estricto se les iba a escapar de las manos. Por eso, junto a los que se alegraban por el nacimiento de la institución, también existían otros que se manifestaban como furibundos detractores. Veremos cómo, a lo largo del año 1977, empezaron a lanzarse fieros zarpazos y flechas envenenadas contra la institución que aún no había designado por completo su composición interna, intentando quizás que nunca se creara. ¿Por qué sucedió esto? Es verdaderamente inexplicable. Olvidaban estos detractores algo que estaba muy claro entre los medios intelectuales y políticos de la provincia: que se trataba de una institución de carácter investigador y que, para entrar en ella, era necesario demostrar antes ciertas cualidades en este sentido; por ejemplo, como se exigía en los Estatutos, "haber realizado obras artísticas o técnicas, o haber publicado obras o trabajos científicos, históricos, artísticos o literarios relacionados con la cultura albacetense". Quienes no estuvieran en estos supuestos, deberían darse automáticamente por excluidos.
El punto de vista del periodista y escritor José Sánchez de la Rosa sobre la creación del Instituto de Estudios Albacetenses, tan positivo, que lo definía certeramente como institución científica y que al mismo tiempo intentaba aportarle eficaces consignas para sus múltiples actividades en pro de la divulgación del pasado, el presente y el porvenir de la provincia de Albacete, sin embargo contrastaba con el punto de vista totalmente negativo de otro periodista local, León Cuenca, quien el 31 de enero de 1977 lanzó inesperadamente en el diario madrileño Pueblo, dentro de la sección regional sobre La Mancha, la que quizás sea la mayor diatriba que ha recibido la institución a lo largo de su historia: "El Instituto de Estudios Albacetenses, un arma de dos filos"." Veamos esta flecha envenenada, en la que se cuestionaba la creación del Instituto tan sólo por motivos meramente económicos. Según el viejo periodista, la Diputación no debería gastar el dinero de sus presupuestos en financiar y publicar estudios científicos sobre la provincia, que le parecían superfluos e innecesarios, mientras existieran en ella otras necesidades económicas más urgentes para la vida cotidiana de la población.
CUENCA, León: "El Instituto de Estudios Albacetenses, un arma de dos fflos" En Pueblo, 31 enero 1977.
FRANCISCO FUSTER Ruiz
"EL INTITUTO DE ESTUDIOS ALBACETENTES UN ARMA DE DOS FILOS.
"ALBACETE, 31, (PUEBLO, por León CUENCA).
"En el último pleno celebrado por la Diputación, se acordó dar luz verde a la creación del Instituto de Estudios Albacetenses, una vieja y necesaria aspiración de los intelectuales albacetenses. Será un servicio público de la Diputación por el sistema de fundación y con autonomía jurídica. Estará integrado en los presupuestos de la Diputación, y en breve se decidirá la composición de la Junta de Fundadores, en la que, en un primer período, formarán en ella dos diputados provinciales. ¿Pero qué va a ser este Instituto? ¿Es oportuna su creación? Trataremos de responder a estas dos preguntas. Según el planteamiento de los hombres que más han luchado por su creación —Francisco Fuster, Aurelio Pretel, y otros investigadores- el Instituto tendría por misión realizar todo tipo de estudios sobre esta provincia en todos sus campos —histórico, artístico, humano, socioeconómico, político- divulgando los trabajos e investigaciones que se lleven a cabo para un mayor conocimiento de la provincia.
"La Diputación se hará cargo de la idea incluyendo al Instituto en sus presupuestos, pero las cargas financieras de este organismo son muchas y sus disponibilidades no abundantes, de donde se deduce que pudiera plantearse el grave problema de dejar sin atender necesidades perentorias de muchos pueblos, para dar prioridad al Instituto —cuya misión seguimos reconociendo que es importante y necesaria-, pero que uno tiene dudas razonables si por ejemplo no será antes dotar de luz o de caminos a un pueblo que publicar un estupendo estudio sobre cualquier tema de los que plantea el Instituto. Todo dependerá en definitiva del dinero que la Diputación puede destinar a este proyectado Instituto, pues si es mucho, obligaciones diarias quedarán olvidadas, y si es poco, el Instituto llevará una vida lánguida y caminará hacia su desaparición.
La pregunta es si la Diputación ha meditado suficientemente sobre este tema, y sobre todo, si sabe aproximadamente cuánto le va a costar la obra que ahora pone en marcha. Creemos, sinceramente, que no.
"Estamos de acuerdo en que el Instituto de Estudios Albacetenses es un organismo necesario que puede hacer mucho por esta provincia en el aspecto cultural. Pero igualmente estamos convencidos que estas tierras y sus hombres tienen unas necesidades muy urgentes —la zona deprimida de Alcaraz, por citar un ejemplo próximo y actual- que no deben quedar descuidados y para cuya
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redención no hay que distraer recursos ni trabajos. Lamentaríamos mucho que su creación —que insistimos, creemos oportuna- pudiera convertirse con el tiempo en un arma de dos filos para la Diputación, que se ha responsabilizado de él. ¿No hubiera sido mucho mejor que junto a la Diputación la sociedad hubiera tomado sobre sí la carga de su funcionamiento? Porque ya va siendo hora de que este tipo de iniciativas dejen de ser patrimonio de los centros oficiales".
Los fundadores del Instituto de Estudios Albacetenses decidimos que nadie debía salir al paso de esta pobre diatriba contestando las ideas absurdas, tan cortas de miras, que en ella se manifestaban. Quizás este silencio nuestro fue lo que más molestó al periodista de Pueblo, que esperaba haber abierto con su artículo una agria polémica.
A nosotros nos preocupaban entonces otros asuntos más importantes. Sobre todo la aprobación de la lista de los nueve miembros fundadores del Instituto, que tenía que elaborar la Diputación. En este sentido, la Corporación estaba recibiendo en estos días muchas presiones desde varios ángulos distintos.
En primer lugar estaba la presión política, formada por algunos diputados provinciales del antiguo régimen franquista, que pretendían colocar como miembros fundadores a algunos personajes de sus mismas inclinaciones, como el que entonces era delegado provincial de Bellas Artes, o como un escritor de La Roda, a quien pretendía colocar como miembro fundador un diputado provincial paisano suyo. Por otra parte estaba también la presión de los viejos santones de la literatura y del periodismo local, que pretendían colocar como miembros fundadores a algunos de sus más ínclitos representantes, pensando incluso en uno de ellos como presidente de la institución, por el hecho incuestionable de que desde hacía mucho tiempo lo había distinguido con el título de "cronista oficial de la provincia" la misma Diputación Provincial que ahora creaba el Instituto de Estudios Albacetenses. También, por parte del Ayuntamiento de Albacete, se pensaba que debía incluirse a su "cronista oficial de la ciudad".
El diputado de Cultura Gabriel Sáinz de Baranda tuvo la deferencia de comentar en varias ocasiones estas presiones que recibía la Diputación con algunos de los principales promotores del futuro Instituto, y siempre recibió de nosotros la misma respuesta, tajante y definitiva: la lista tendría que ser la que le habíamos facilitado y nadie más. En caso contrario, nos negábamos a seguir adelante. Era, pues, un constante pugilato, un verdadero "tour de force", casi una auténtica partida de póker, lo que casi todos estos días teníamos que
FRANCISCO FUSTUR RUIZ
mantener con los representantes de la Diputación, sin abandonar nunca ni un ápice nuestras posiciones, que manteníamos irrevocables a pesar de que muchas veces pensábamos que por nuestra postura podría perderse todo.
Algunas de estas presiones, como veremos, se testimonian por los comentarios que iban apareciendo en la prensa local. El 2 de febrero de 1977 el colaborador de La Voz de Albacete Sebastián Moreno,'°° lanzaba alborozado dentro de otras "Noticias, bulos, rumores..." una puya malintencionada que, sin embargo, resulta ahora testimonial de aquella situación:
"Apenas nace y ya hay problemas. Hablo del Instituto de Estudios Albacetenses, donde existe cierto malestar si se incluye a determinado señor. Saltará el problema a la luz pronto".
Al día siguiente, una entrevista que Faustino López me realizaba para La Verdad en los locales del Archivo Histórico Provincial, aunque resultaba mucho más positiva, dejaba también testimonio de la preocupación del momento:
"Falta designar los nueve miembros del Instituto de Estudios Albacetenses.
Aconsejable que sean investigadores")0' Es muy posible que, en la entrevista, también aportaran sus opiniones algunos de los investigadores habituales que trabajaban en el centro. Posiblemente Aurelio Pretel, que en aquellos días era incansable en acudir a la cita diaria del Archivo.
"MORENO, Sebastián; "Noticias, bulos, rumores..." En su sección "Los aires de la calle", en La Voz de Albacete, 2 febrero 1977.
LÓPEZ, Faustino: "Falta designar los nueve miembros del Instituto de Estudios Albacetenses.
Aconsejable que sean investigadores. Se esperaba su nombramiento en el último Pleno" En La Verdad, Albacete. 3 febrero 1977.
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Aconsejable que sean investigadores