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Capítulo 1. Marco analítico-conceptual

1.3 La construcción social del espacio

1.3.3 Apropiación del espacio

La discusión arriba mencionada gira entorno a la relación entre los actores sociales y la manera cómo se apropian de los espacios para interiorizarlos y convertirlos en parte de su cotidianidad. Por lo que en principio es necesario entender el concepto de apropiación y cómo éste se fue relacionando con el espacio a través del tiempo. De acuerdo con Vidal y Pol (2005:282) “la apropiación es entendida como un mecanismo básico del desarrollo humano, por el que la persona se “apropia” de la experiencia generalizada del ser humano, lo que se concreta en los significados de la “realidad”.

33 La apropiación entendida como “interiorización” de las acciones humanas a través de sus significados, se produjo desde las visiones fenomenológicas aportadas por la denominada psicología del espacio encabezada por Abraham A. Moles en la década de 1960. A partir de entonces el concepto se hizo visible dentro de los círculos académicos en Europa (Vidal y Pol, 2005).

A través de la apropiación la persona se hace a sí misma mediante las propias acciones en un contexto sociocultural e histórico. Este proceso es también el del dominio de las significaciones del objeto o del espacio que es apropiado. No es una adaptación sino más bien el dominio de una aptitud, de la capacidad de apropiación (ibídem).

Para Vidal Y Pol (2005) “se trata de un proceso dinámico de interacción de la persona con el medio, lo que significa que es necesario considerar los cambios en la persona a lo largo del tiempo. Estos autores consideran que la inclinación por la apropiación del espacio da inicio en la conceptualización a partir del denominado modelo dual de la apropiación que parte de dos vías principales: la acción-transformación y la identificación simbólica. La primera entronca con la territorialidad y el espacio personal en la línea apuntada por Irving Altman (1975), lo que también es defendido por Sidney Brower (1980) al considerar la apropiación como un concepto “subsidiario” de la espacialidad”.

Recapitulando, los procesos transformadores del espacio se van modificando por varios factores tanto internos como externos en los que las relaciones socioespaciales son fundamentales. Se estudia cómo se va construyendo y reproduciendo los procesos sociales sobre espacios específicos, considerando aspectos como las instituciones, los actores adyacentes, el lugar, las experiencias vividas que van modificando la percepción y la apropiación de los actores sociales frente a ciertas problemáticas. En este sentido, Capel (1973) señala que el papel decisivo de la percepción en la formación de una imagen del medio real es la que influye directamente sobre su comportamiento.

En la construcción social del espacio los actores transforman esos espacios y los espacios transforman a los actores y crean medidas para adaptarse a sus contextos de manera local (Córdova y Romo, 2015; Harvey, 1985; Vidal y Pol, 1973). Las medidas que se llevan a cabo pueden verse rebasadas por fenómenos no contemplados como en el caso de los eventos hidrometeorológicos extremos que causan alteraciones en los espacios.

34 Los diferentes tipos de diseño espacial en una amplia variedad de contextos pueden afectar a la conducta humana y a los sistemas de actividad, implicando una forma específica de apropiación de los espacios. El espacio social está compuesto de un conjunto de sentimientos, imágenes y reacciones con respecto al simbolismo espacial que rodea al individuo (Harvey, 1985). Cada persona vive en su red de relaciones espaciales personalmente construidas, cimentadas en su propio sistema geométrico. Sin embargo, algunos grupos de gente parecen tener sustancialmente las mismas imagen con respecto al espacio que les rodea y desarrollan maneras parecidas de juzgar su significado y de comportarse dentro de un espacio. Harvey (1985) considera que debido a ello es viable hablar de modos de vida específicos de acuerdo con características compartidas de un grupo social determinado.

A partir de los elementos conceptuales en los que hemos ahondado, es necesario preguntarse si el marco analítico señalado se expresa en el espacio, lo transforman y lo construyen en su cotidianidad, es por eso que a través de los siguientes capítulos se intentara responder ¿Cuáles son las limitaciones de la participación social en las acciones? ¿Qué motiva a una comunidad para organizarse y llevar a cabo acciones? ¿Quiénes son los actores que pueden llevar a cabo acciones para el fomento de servicios ecosistémicos?.

Por lo que vincular los conceptos de los que hemos hablado a lo largo de este capítulo resulta conveniente para responder a estas preguntas y llevar a cabo un análisis integral de una realidad como la que se ha planteado. En ella destacan preguntas clave: cómo se llevan a cabo acciones para implementar servicios ecosistémicos desde la toma de decisiones; qué influyen en tales decisiones; cuál es el simbolismo inmerso en esas decisiones y la percepción de quiénes las llevan a cabo; cuáles son las expectativas de esos actores; cómo incide en esas decisiones la necesidad de tomar acciones frente a una realidad cada vez más tangible como la variabilidad climática. El esquema analítico en la figura 1.1 presenta de forma gráfica un modelo para estudiar los aspectos arriba mencionados y a partir del cual se plantea una metodología para esta investigación.

En este sentido, a lo largo de los siguientes capítulos se busca dar respuesta a todas las preguntas que se han planteado usando como marco de estudio los conceptos hasta ahora abordados, a través del estudio de una comunidad con características de vulnerabilidad

35 social en Tijuana. El trabajo buscando entender cómo perciben su espacio y su realidad los habitantes de esa comunidad frente a su exposición a eventos hidrometeorológicos extremos y qué activos tiene esa comunidad que pueden contribuir a implementar los servicios ecosistémicos de manera exitosa.

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