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Capítulo 4

Sonsón.

Canna indica

“Mi ciudad”. Así llamo a Sonsón, y allá tengo el tesoro de mis recuerdos”.99 Joaquín Antonio Uribe.

Además de los muchos ríos, son incontables las quebradas que, como nervios del cuerpo, cruzan la falda de El Capiro por entre las huertas del altiplano en el que se levanta Sonsón. En estas huertas abundan las matas de Canna indica, cuyo nombre vulgar es achira. A estos arbustos les encanta nacer donde hay abundantes aguas y, mejor, si son residuales. La Achira es la primera planta que aparece descrita en la Flora sonsonesa y el naturalista alaba sus bondades de todo tipo: “Las hojas de estas plantas se emplean en la economía doméstica para envolver ciertas preparaciones comestibles. Con las semillas suelen hacer los campesinos grandiosos graciosos collares y rosarios, y de las mismas puede extraerse un hermoso tinte purpúreo, poco usado en nuestra incipiente industria. Las raíces de las achiras son, además, diuréticas”. Una vez más se comprueban aquí los multifacéticos usos de una sola planta (ornato, industria, alimentación, medicina, etc.); es decir, cada vegetal en sí

99 La Defensa. Medellín, 17 de diciembre de 1932. No. 99. Página tres.

Recorte 3. Mapa de Sonsón donde se resaltan los múltiples ríos que lo bañan.

Publicado en la Flora sonsonesa, en 1928.

Dibujo de Benigno A. Gutiérrez y grabado de Vieco.

Fuente: Archivo del autor

Fuente: Archivo particular cortesía Rafael Botero Villa, cedido para La fiesta de la Naturaleza.

3 Ilustración 6.Mapa de Sonsón en 1930, la penúltima vez que Joaquín Antonio visitó su pueblo natal.

es un ser con múltiples funciones en la naturaleza; pluralidad que siempre se afa- naba en resaltar el botánico Uribe en cada planta que describía.

La descripción de la Achira en su Flora, se la dedica a la “venerada memoria de doña Victoriana Estrada de Velázquez, quien me enseñó a amar las flores”. La de- dicatoria de la primera planta a su maestra da indicios de la profunda admiración que sentía por ella y por las flores, generalmente anaranjadas y pequeñas como las de la prodigiosa achira.

Pero la trascendencia de estas plantas, sobre todo las de flores amarillas, además de la cualidad comestible de sus raíces, fue y sigue siendo, tal como lo atestiguan las palabras del naturalista hace cien años, la aceptación “en los jardines aristocráticos como hermosas plantas de adorno”100.

En el pueblo de Sonsón, que todavía vierte muchas de sus aguas negras a pequeñas quebradas que transitan por sus huertas, sigue siendo común encontrar la “achi- rilla” que, desde hace un siglo, llamó la atención del naturalista y que describe en su Flora sonsonesa como una “maleza” de los climas templados y cálidos con hermosas flores rojas. Lo anterior evidencia que también crece en climas fríos, pues los niños del pueblo hasta hace poco utilizaban sus pequeños y duros frutos negros a manera de proyectiles, metidos en la boca y empujados por los pulmones a través de un cañón de tubo de aluminio que obtenían de los restos de las antenas de televisión.

Quiere decir esto que en la actualidad (casi una centuria después) no ha cambiado mucho la Flora que tanto fascinó al botánico Uribe. Esto se debe a que hasta finales del siglo XX Sonsón era un pueblo congelado en el tiempo, el “angulos ridet de mis más gratos ensueños”, como él mismo manifestara en alguna ocasión. Pero más que congelado, un pueblo que no salía del aturdimiento que le produjo el terremo- to de 1962 que acabó con el adalid de su grandeza: su catedral de granito, la misma que vio germinar y florecer Joaquín Antonio Uribe.

100 FS1928, ACHIRA. p. 6.

Una de las plantas que el naturalista no menciona en su Flora son los llamados car- tuchos, que se encuentran en muchas de las huertas de las casas de Sonsón, junto a agapantos, llamas y acantos. Una flor de cartucho es coloridamente dibujada por Carmen Uribe Urrego, la esposa de Joaquín Antonio, en una lámina que, a pesar de no tener muchos méritos artísticos, coincide con lo que más tarde escribirá su hijo Lorenzo en una reseña que habla sobre los pintores de la Expedición Botánica: “La técnica de las láminas iluminadas era laboriosa: primero el delineado a lápiz; se cu- brían luego las hojas con una pintura verde-azulosa; para concluir con el modelado de los órganos y la coloración que retrata fielmente el original. Es tal la perfección de los órganos, y tan exactos los detalles de posición y estructura de mínimas semillas y estambres que, en ocasiones, es más cómodo el estudio de algunas especies en los icones [sic] que en las plantas vivas”101.

La bibliotecóloga Luz Posada de Greiff resalta la importancia que tuvo el ambiente de su pueblo natal en el camino de Uribe como naturalista: “Es muy posible que en la inmensa y constante vocación de don Joaquín Antonio por las ciencias natu- rales y en su afán de estudio de las más diversas disciplinas, hubiera tenido mucha influencia el ambiente cultural del Sonsón de los años de su niñez. Además de enseñar allí notables institutores antioqueños, algunos de ellos futuros rectores de la Universidad de Antioquia, tuvo Sonsón la suerte de recibir como director del Colegio de Santo Tomás de Aquino al ingeniero Alfredo Callón, quien agregó al pensum oficial la enseñanza de las Ciencias naturales, física, química, mineralogía, geología, zoología, historia natural y botánica. También Geografía, literatura fran- cesa, latín e inglés”102.

También en las Notas editoriales de la revista Pregón No. 44, dedicada, en su mayo- ría, a la memoria de Joaquín Antonio Uribe y de los demás naturalistas sonsoneños de finales del siglo XIX, se preguntan: ¿de dónde la afición del sabio antioqueño

101 URIBE URIBE, Lorenzo. Expedición Botánica del nuevo Reino de Granada: su obra y sus pintores.

Separata de la Revista de la Academia de Ciencias (Vol. VIII-Nos. 33 y 34 – mayo de 1953). Im- prenta del Banco de la República – Bogotá. p. 6.

102 VARIOS AUTORES. Grandes Forjadores. Auspiciado por Viviendas de Antioquia (VIDA). Medellín, 1985, p. 124.

Recorte 4. Dibujo tinta antigua catedral encontrado entre los papeles de Lucia Javier, poetisa sonsoneña. Autor desconocido.

Fuente: Archivo particular cortesía Rafael Botero Villa, cedido para La fiesta de la Naturaleza.

Fuente: Archivo del autor.

3 Ilustración 7.Calla Aethiopica. Comúnmente conocido como Cartucho. Lámina pintada por Carmen Uribe, esposa de Joaquín Antonio.

por estos estudios?, y se responden: “No faltan quienes digan que fue el ingenie- ro francés Alfredo Callón –“con ribetes de buen naturalista”– quien despertó en Sonsón el interés por el estudio de la naturaleza”. Y agrega la misma editorial que

“Sonsón siempre ha sido clima propicio al florecimiento de la cultura en distintas expresiones. Lo cual, indudablemente, se debe al afán que tuvo el Pbro. José Tomás Henao Duque, primer cura de Sonsón, por la educación de la niñez y de la juven- tud. Siempre hemos querido darle a este sacerdote el título de “fundador espiritual de Sonsón”103. El ideal de florecimiento educativo fue alcanzado porque, según el historiador Antonio Ángel Uribe, en la segunda mitad del siglo XIX llegaron a existir en Sonsón veintidós planteles pedagógicos, en muchos de los cuales dictó todo tipo de materias Joaquín Antonio Uribe.

Con las siguientes palabras, citadas por su sobrino Lorenzo Cadavid Uribe, des- cribe Joaquín Antonio su ciudad natal: “Yo, por mi parte –y perdonadme que de mí trate: es un corto desahogo– pienso cada día en el valle donde vi la luz por vez primera: frío, alegre, tallado como un nido de Cóndores entre los riscos de una montaña andina; creo ver su río bordado de Robles, Dragos y Sietecueros, y las vacadas que pacen en prados perfumados que salpican Violetas blancas, Salvias azules y Ranúnculos de Oro; oigo el canto de las aves que escuché de niño: caseros Pinches, festivos Cucaracheros, melancólicas Chilcaguas…”104.

(En esta biografía no sobrará ninguna imagen alusiva a los pinches porque son los pájaros más comunes en la tierra fría de la cabecera municipal de Sonsón y eran animales muy queridos por Joaquín Antonio; de hecho, un cuadro sobre este pajarito es el que le da ánimos al naturalista para seguir completando su (acabada) obra cumbre, y así escribe: “El afrechero [como también se le llama al pinche] hace frecuentes daños en los jardines, huertas y ciertas sementeras, pero deben saber los cultivadores que aquél es activo y eficaz destructor de insectos perjudiciales. Es un buen trabajador que desde que llega el día vuela a los sembrados a protegerlos de hordas feroces de artrópodos, pero como el patrón no se cuida de pagarle su

103 Revista Pregón No. 44. Contraportada.

104 Periódico El Correo, 27 de septiembre de 1958.

salario, el obrero no se deja burlar y lo cobra en los granos que devora. No es ladrón, gana su jornal honradamente. Y no lo digo por lisonjero.”105).

En un apunte suelto dedicado a Cristóbal Jaramillo y fechado en 1917 en Medellín, publicado por primera vez en el periódico Maitamá en 1955, el naturalista hace también una íntima descripción del que fue su solar nativo:

105 URIBE VILLEGAS, Joaquín Antonio. Cuadros de la Naturaleza 1958 (en adelante CN1958), p. 309.

Fotografía 7. Retrato de pinche.

Fuente: Fotografía Álex Pareja

¡Salve, mi vallecito nativo, rincón sonriente de mis queridas montañas, salve!

¡Cuánto me enorgullezco de ser hijo de tu suelo! Soy una hoja que el infor- tunio arrastra; la pluma de un ave que arrancó la tormenta; el eco fugitivo de una voz que se extinguió; el vago resplandor de una llama expirante. Pero el árbol era de tus bosques; la avecilla había anidado en tus vergeles; el sonido provenía de tus cascadas; la luz era de tu cielo. Todo cuanto hay en mí te per- tenece: mi voluntad, mi entendimiento, mi memoria, mi alma toda. ¡Adiós, nidal de afectos, paraíso de ensueños, santuario de esperanzas! Mis afectos de niño, mis ensueños de joven, mis esperanzas de viejo, adiós106.

Tampoco ahorra elogios para el modo de ser de sus coterráneos, cuando habla de su principal alimento, el maíz: “Las semillas son excelente alimento de que no prescinden mis paisanos, a la cual deben su fuerza muscular, y aún moral: jamás se ve a ninguno de ellos adulando a los que otros llaman “grandes” ni haciendo de la política una industria. Y valga la verdad”107.

Joaquín Antonio nació, estudió su primaria y bachillerato en Sonsón y, salvo algu- nas interrupciones, ejerció su profesión de maestro allí hasta la edad de cuarenta años: más de media vida transcurrió en su pueblo.

106 URIBE VILLEGAS, Joaquín Antonio. Periódico Maitamá, 10 de diciembre de 1955. No. 89.

107 FS1928, MAÍZ. p. 124.

Capítulo 5

El Totumo.

Crescentia cujete

“¡Qué bellas son las montañas en esos climas! Soplan las brisas perezosas, pero inquietantes; óyense los rumores del torrente en la quebrada de la montaña;

revolotean mariposas y libélulas; cantan los turpiales y los cucaracheros;

calienta el sol y zumban los insectos. Esta es la fiesta continua de la Naturaleza, que encanta a toda el alma contemplativa y hace estremecer la admiración al que ama lo bello y en lo bello a Dios”108

A mi Amigo, Gustavo Adolfo González Ceballos, como muestra de mi afecto y agradecimiento.

La finca de la familia Uribe Villegas, El Totumo, hoy convertida por las centurias en tapias ruinosas que, erguidas, aún conservan el nicho en el que alguna vez fue entronizado un santo o una virgen protectora, está “situada a orillas del riachuelo Sonsón, en una hondonada profunda cuya temperatura he calculado en 23.5°C, por el método de Boussingault”109, según relata el hijo mayor de su dueño, Loren- zo Uribe Botero. A la finca, ubicada en la actual vereda Guamal del municipio de Sonsón, Joaquín Antonio no solo volvería en repetidas ocasiones a contemplar la naturaleza, sino que este lugar lo inspiraría porque captó allí, de forma directa,

108 FS1928, CHIRIMOYO. p. 77.

109 FS1928, BALSO. p. 26.

las impresiones anotadas en dos de sus monografías botánicas, publicadas en el periódico Repertorio Municipal en diciembre de 1897 tituladas Balso y Corozo. La época en que están firmados los escritos indica que el maestro pasó en El Totumo las vacaciones escolares de finales de ese año, donde descansó y escribió acerca de los prodigiosos vegetales que nacen y crecen en esa tierra caliente del sur de Antioquia, especialmente en las cuencas de los ríos Arma, La Miel y Magdalena.

Fotografía 8. Estado actual de la finca El Totumo, Vereda Guamal, municipio de Sonsón, Antioquia. Al fondo chimenea de la molienda.

Fuente: Foto por el autor.

28 de septiembre de 2019, en el 161 aniversario del nacimiento de Joaquín Antonio Uribe.

El Totumo es (y sigue siendo) un sitio paradisíaco, que el naturalista describe de la siguiente manera en su Flora sonsonesa:

En el lugar donde escribo este corto bosquejo –El Totumo, 1898– tengo a la vista un bosque de elegantes carboneros en la orilla de un pequeño torrente que después de descender como una cinta de espuma por las breñas casi verticales, abandona su caída vertiginosa y se entretiene saltando y gritando en una playa. El paisaje no deja qué desear: hay río, cascadas de un torrente, bosque, flores, pájaros, ¿qué más apetecería el más exigente turista?

Allá veo los carboneros, erguidos en altos troncos con ramos horizontales, a modo de parasoles de verdura. Me parece contemplar un campamento de rústica y descuidada formación, donde se bañan a estas horas las ninfas que moran en las grutas de estos peñascos y en lo más oculto de las frondosida- des del boscaje. Hasta creo escuchar, por entre los rumores del torrente, sus alegres cantos y su risa estrepitosa, mientras descubren ante el misterio de la soledad sus desnudeces de alabastro medio veladas por cabelleras negras como las alas de los turpiales, príncipes de la armonía de las montañas.

Desde la copa de los árboles, dejan descender las Macunas (ojo de venado) sus gajos de legumbres oscilantes como las arañas de un salón; también cuel- gan airosos los nidos numerosos de los Cassicus (gulungo) que forman una especie de colonia aérea, que un poeta110 –que vivió cerca de ese lugar– com- paró con incensarios de capilla rústica…111

Hasta a Manuel Uribe Ángel le causaba admiración este paisaje aledaño a la finca de los padres del naturalista, y por eso, en su Geografía, lo describe de la siguiente manera:

110 “Cuelga el gulungo su oscilante nido de un árbol en las ramas extendidas, y se columpia blandamente al viento, incensario de rústica capilla”.

Gregorio Gutiérrez González.

111 FS1928, CARBONERO. p. 49.

La catarata de Sonsón, inferior un tanto a la célebre cascada del Guadalupe, y superior a la vistosa del Tapartó entre Bolívar y Andes, constituye un contras- te de terreno cuyos pormenores, de difícil descripción producen como síntesis profundas impresiones de horror y de placer, de espanto y de agrado, de admi- ración y de abatimiento, todo de una vez, porque aquellas tajadas peñas vertica- les, aquel ruidoso descenso de aguas, aquel atropellamiento de ondas, aquellos brincos colosales, aquel sorprendente cambio de temperatura entre la cima y el fondo, aquella variedad de vegetación, aquel hervidero de pozos, aquellas super- ficies espumantes y aquella trabazón intrincada de cerros despedazados por un formidable cataclismo prehistórico, se viene en conocimiento de la impondera- ble fuerza creadora y de la pequeñez humillante de la criatura112.

112 URIBE ÁNGEL, Manuel. Geografía y compendio histórico del Estado Soberano de Antioquia. Im- prenta de Víctor Goupy y Jourdan. París, 1885. p. 329

Fotografía 9. Finca cercana a El Totumo, en la vereda Guamal. Al fondo cascada descrita tanto por Manuel como por Joaquín Antonio, formada por el río Sonsón.

Fuente: Foto por el autor.

En El Totumo se vuelve a apreciar una vez más la faceta poética del naturalista, inspi- rada, como no podía ser de otra forma, en el esplendor e imponencia de la naturale- za. Esto lo evidencia en el escrito titulado Chagualo, de su Flora sonsonesa dedicado a su padre, en el que se refiere a su infancia y a “¡cuántas cosas aprendí que no he olvidado! Conocí en aquel tiempo muchas plantas que impresionaron mi imagina- ción ardiente: la Buenas-tardes (Mirabilis jalapa Linn) que ofrece el elegante cáliz de su flor a los genios de la noche y los cierra a los rayos del astro del día; la Palomita (Gonolobus macrophyllus Michaux), en cuyo fruto duerme escondida una avecilla de seda y plata; la Besleria sanguinea Persson, que conserva en su hojas una gota de sangre113, quizá de alguna ninfa que hirieron los espinos de la selva; el ojo de venao (Mucuna mutisiana D.C.) con sus inflorescencias a modo de arañas de los templos; el Guache (Crotalaria pterocaula Desvaux) lleno de cascabeles a cuyo són [sic] precioso bailarían en las noche de luna las hadas montañesas; y muchas más. ¡Qué bellezas en el mundo vegetal; cómo me atraía el estudio de la naturaleza!”114.

113 En los CN1916 (p. 16) escribe Joaquín Antonio que “los labriegos dicen que es la sangre del Re- dentor que cae, como rocío, la noche del Viernes Santo”. La mitología –la superstición religiosa–

no puede estar desprendida de un naturalista, porque hay fenómenos como este que solo pueden explicarse por medio del mito.

114 FS1928, CHAGUALO. p. 75.

Fotografía 10. Mirabilis jalapa. Al caer la tarde y en pleno día.

Fuente: Fotos por el autor

Con estas (“atractivas”) descripciones se constata de inmediato por qué el doctor Emilio Robledo llamó al naturalista sonsoneño “El poeta de la Naturaleza”. Afor- tunadamente, estas plantas se nombran en sus escritos porque, de lo contrario, se hubieran perdido para siempre, enmudeciendo sus atributos en la manigua del olvido, como los prodigios del dulumoco, que lo cita el botánico Enrique Pérez Arbeláez, en su Plantas útiles de Colombia, casi textual del libro de Uribe Villegas, debido a esta indolencia muy poca gente sabe distinguir este arbolillo de los bos- ques fríos andinos, y casi nadie sabe que son comestibles sus dulces frutos.

En las tierras templadas de Sonsón se está dando en los últimos años un auge por la siembra del aguacate (que está causando polémica por lo acelerado del progreso económico brindado a sus cultivadores), tal como ya lo había predicho Joaquín Antonio en 1928 aludiendo a esta fruta: “No desdeñemos el estudio de tantas riquezas vegetales que pueden ser fuentes de felicidad y comodidades en este Municipio, que, seguramente, está en vía de un brillante porvenir”115.

En El Totumo, el botánico Uribe aprendió a valorar el trabajo honrado de la tierra en tanto plasmaba, muchos años después, sus impresiones en su Flora sonsonesa: “La agricultura es la fuente de riqueza para un pueblo. En el campo; en plena naturaleza, donde el sol inunda el suelo y activa las energías de la vida; donde se respira aire saturado de emanaciones del humus removido y de la vegetación en flor; donde los ecos agrestes de la soledad se mezclan con el canto de los trabajadores y los gritos de las máquinas; en el campo –que hoy abandonan nuestros labriegos, por irse a la ciudad a gastar anteojos y fumar cigarrillos– en el campo está nuestra esperanza”116. Otra finca llamada El Roblal117, también en el municipio de Sonsón, en la que pasó sus primeros años de vida el naturalista, es descrita en un relato enviado a Mar- celiano Posada el 20 de enero de 1934, un año y medio antes de su muerte; testimo-

115 FS1928, AGUACATE. p. 10.

116 FS1928, COROZO. p. 68

117 Puede ser que Joaquín Antonio se refiera a la misma finca El Totumo, porque la vereda El Roblal limita con la vereda Guamal, en la que como se ha visto, aún se encuentra esta finca.

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