CAPÍTULO II. VOLUNTARIADO EN LA FRONTERA: IDENTIFICACIÓN
2.1. D IMENSIÓN HISTÓRICA DEL VOLUNTARIADO EN A MÉRICA L ATINA Y EN M ÉXICO
2.1.1. C ONSTRUCCIÓN DEL VOLUNTARIADO EN A MÉRICA
El voluntariado responde a contextos y necesidades diferenciadas, y el imaginario que se tiene de estas actividades está todavía anclado a sus raíces históricas, en particular en México y América Latina que se remontan a la época colonial (Serna, 2010).
Thompson y Toro (2000) revisitan la historia del voluntariado en la región latinoamericana apuntandoque las organizaciones voluntarias se desarrollan en principio para cubrir los vacíos dejados por los gobiernos colonizadores de España y Portugal, ya que estos se encargaban, junto con la Iglesia Católica, de proveer servicios de asistencia y caridad a los empobrecidos y menesterosos.
Durante los siglos XIX y principios del XX se crearon asociaciones voluntarias privadas que aún conservaban en su ideología y en su actuar una fuerte moral religiosa, y como indican los autores, los cambios y la transformación de las condiciones de vida en sus países no eran sus puntos de interés, sino incipientemente mitigar culpas como clase acomodada. Estos inicios del voluntariado en América Latina conllevaron a un imaginario social anclado a esta tradición construida con la modernidad, y simplemente se le asocie con este apaciguamiento de conciencias, llevando a que no se haya cuestionado y promovido la actividad voluntaria como actividad ciudadana, es decir como responsabilidad de la ciudadanía en torno al bienestar y desarrollo de la región, y por lo tanto ha dejado de lado su carácter cívico y de participación. Por lo tanto, el voluntariado desde sus inicios es conceptualizado más que como labor de participación como beneficencia o como un acto de caridad desde una cultura dominante en la que los sectores acomodados tienen una cierta idea de obligación por su condición de clase de ayudar a los desamparados en sus necesidades más inmediatas, obviando las necesidades de un orden más grande (Thompson y Toro, 2000: 4 y 5).
Sin embargo, en la región latinoamericana comienzan a tener auge organizaciones y movimientos políticos activistas y voluntarios a partir de la militancia de las izquierdas en los años sesenta del siglo pasado. Surgen movimientos mayormente compuestos por jóvenes siguiendo las ideas de la Teología de la Liberación, la Revolución Cubana, los movimientos contestatarios en Europa, en un contexto en el que la Guerra Fría estaba en auge, y se comenzaba a romper con la conceptualización clásica del voluntariado, a partir de lo cual entra una manera de verlo y ponerlo en práctica desde la transformación política y social expandida en varios países de América Latina. Los logros que tuvieron estas movilizaciones fueron el constituir organizaciones sociales voluntarias con las que pudieron hacer conquistas sociales en torno a estas ideas contra la explotación de las clases menos privilegiadas. A partir de esto, si bien no se rompe del todo con la acción religiosa como motor de la acción voluntaria, sí se incorpora la acción política y por lo tanto una noción colectiva más allá de valores y creencias particulares de las ideologías dominantes en un momento histórico donde se encontraban en disputa. En el caso de América Latina, los autores opinan que tanto la acción religiosa como la política son actualmente los motores más importantes de las actividades voluntarias en el continente, y se cristaliza a partir de
los cambios que sufren estas actividades con cada régimen político (Thompson y Toro, 2000: 5 y 6).
En los años setentas y ochentas del siglo pasado surgen de la misma manera otros movimientos sociales y políticos que llevan a la creación propiamente de organizaciones no-gubernamentales (ONGs) con el propósito de llenar vacíos dejados por la política y por las fallas de los mismos partidos políticos en garantizar los derechos ciudadanos y la funcionalidad de los sistemas. Esto dio puerta abierta para un involucramiento ciudadano directo en problemáticas relacionadas al orden público, paralelamente a las luchas sociales como los derechos de las mujeres, el cuidado del medio ambiente que ya se ha mencionado, y cristalizado tanto en trabajo voluntario como en cabildeo para la generación de políticas públicas. A partir de esto se diversifican los ámbitos de acción del voluntariado, el cual se dedicaba mayormente a atender el problema de la pobreza que sigue muy vigente en la región. Se comienza a optar más que por la caridad, por una participación activa de la ciudadanía en torno a estos asuntos y en la generación de políticas públicas favorables a estos fines.
(Thompson y Toro, 2000: 6).
En la actualidad el concepto más allá de participación que se emplea es el de solidaridad, entendiéndola como una manera de hacer frente a las desigualdades sociales y la distribución justa y equitativa de repartir los recursos confiando en la conciencia colectiva, apelando a suplir la acción del Estado. Ejemplos como el apoyo en casos de desastres naturales, la donación de órganos y de sangre a los que no tienen recursos para la atención médica urgente son en los que se basa esta convocatoria a la solidaridad, al mismo tiempo que una vuelta a la colaboración de las clases acomodadas hacia las menos privilegiadas. Se deja de esta manera la solución de problemas a la moral y a la conciencia de cada persona, con tintes de religiosidad. El voluntariado, por ende, es retomado ahora por las ideas políticas de la derecha, despojando la conceptualización del voluntariado como construcción de ciudadanía (Thompson y Toro, 2000: 8). Sin embargo, de igual manera en América Latina se han estado formando distintos tipos de organizaciones que responden a necesidades diferentes, los Estados del continente han adoptado paulatinamente políticas públicas a favor de las organizaciones voluntarias con la premisa de que las acciones solidarias son fuente de capital social (desde la definición de Robert Putnam, como se verá más adelante junto con su crítica más reciente) y por tanto de construcción de ciudadanía y
de gran apoyo al combate de las problemáticas que aquejan a la región, enfocándose en la pobreza, la atención al medio ambiente, los derechos de grupos sociales como jóvenes, mujeres, grupos étnicos, así como en el tema de la educación entre muchos otros. Sin embargo, a nivel sociocultural se conservan todavía anclajes a las raíces históricas del voluntariado que lo hacen, por la falta de información sistemática y por ser mayormente una actividad considerada y puesta en práctica de manera informal, una actividad subvalorada tanto en el imaginario colectivo como en su cristalización en políticas públicas, sobre todo en México hasta hace algunos años. (Butcher, 2008;
Serna, 2010).