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A finales del siglo XX y a principios del XXI se presentan una serie de replanteamientos conceptuales y teóricos para las cuestiones académicas sobre migración internacional. En su mayor parte esto se debe a los procesos progresivos de la globalización y sus consecuencias socioeconómicas y políticas. Aunque los cambios estructurales siempre habían influenciado al movimiento poblacional, sobre todo durante el periodo mencionado las migraciones internacionales empezaron a experimentar cambios profundos, no sólo en términos de flujos, formas y tamaño, sino también con respecto a las respuestas políticas de los Estados-nación y la situación de derechos humanos de los migrantes. Esto se debe al hecho que los movimientos migratorios internacionales constituyen una realidad social que tienen efectos fundamentales en diversas dimensiones de la vida social de los países de origen, de transito y de destino.

Frente a un panorama global de la movilidad humana y una multiplicidad de procesos transnacionales se está abriendo un nuevo debate acerca de las consecuencias y oportunidades que tiene la migración sobre el contenedor principal de la ciudadanía, el Estado-nación moderno. Desde este último, sobre todo en los países desarrollados, se están buscando medidas políticas y legislativas para ejercer cada vez más control sobre la inmigración irregular “no deseada”.

El contexto (socio)político del sistema migratorio México–Estados Unidos y la situación de derechos humanos de migrantes indocumentados y expulsados en la región fronteriza Tijuana-Mexicali-San Diego exigen, por un lado, una revisión puntual y selectiva de teorías y enfoques que aluden a las políticas migratorias en ambos lados de la frontera. Por el otro lado, un análisis como éste hace obligatorio adoptar una perspectiva de derechos humanos. El objetivo general de está investigación es investigar la contribución de las OSC a la defensa de los derechos de migrantes. Debido a que una serie de organizaciones defensoras han logrado establecerse en la esfera pública de esta región, es imprescindible partir desde una perspectiva política “desde abajo”, tomando en cuenta al mismo tiempo las respuestas políticas implementadas “desde arriba”. Para llegar a analizar el papel sociopolítico de la sociedad civil organizada y su influencia en las esferas pública y política, es necesario construir un vínculo

25 conceptual y analítico entre los tres temas principales de estudio, es decir, migración internacional, derechos humanos y sociedad civil.

En un primer momento se enfocará en el “nexo fundamental” entre migración internacional y derechos humanos. Se señalarán algunas de las principales causas de la migración laboral internacional. Éstas se deben a un conjunto de factores histórico- estructurales que en el ambiente actual de la globalización avanzada tienen fuertes implicaciones en el desarrollo humano y se manifiestan tanto en los países de origen como en los de tránsito y de destino. Estos factores no sólo determinan los desplazamientos económicos y forzados, y las diferentes dinámicas de expulsión y atracción, sino también las diferentes respuestas políticas hacia la migración. Dado que la migración internacional es un fenómeno social e internacional por naturaleza, se presentan una serie de consecuencias socioeconómicas y sociopolíticas tanto a nivel nacional como internacional, que no solamente inflyen sobre la direccionalidad y la forma de los flujos, sino de manera específica sobre la políticas Estado- nacionales dirigidas a promoverlos o inhibirlos. Además se puede argumentar que las relaciones entre los países involucrados en la migración hasta cierto grado se fundamentan en estos procesos histórico-estructurales. Por eso se requiere un enfoque holístico, partiendo de la teoría histórico-estructural con énfasis en derechos humanos y desarrollo humano. La ausencia, la privación y las violaciones a derechos humanos pueden concebirse como resultados de una serie de factores estructurales, los que al final dan inicio o hasta esfuerzan la migración internacional de trabajadores. En adición, este enfoque permite comprender la transformación de los viejos patrones migratorios y el aumento de la migración indocumentada a nivel mundial y hemisférico.

En un segundo momento se dará énfasis en la dimensión política del fenómeno, sobre todo tomando en cuenta el marco político y legislativo estadounidense. Esta dimensión incluye amplios desafíos que se presentan a nivel nacional (hablando del papel “decisivo” de los Estados-nación soberanos), a nivel local-regional y transfronterizo (las respuestas de la sociedad civil organizada y sus redes), así como a nivel internacional (el regimen de derechos humanos). Considerando el nexo entre el movimiento internacional de personas sin documentación legal y el movimiento de los derechos humanos, tenemos que reflexionar sobre la desafiadora y al mismo tiempo problemátia interrelación entre el derecho internacional, el derecho nacional, la soberanía estatal, la condición legal-formal de la ciudadanía y los

26 derechos de los migrantes indocumentados. Esta relación implica muchos elementos conflictivos, que a nivel nacional se traducen en políticas migratorias restrictivas y en políticas de admisión altamente excluyentes, en prácticas excesivas de control migratorio y vigilancia fronteriza, y en conductas discriminatorias hacia los inmigrantes “no autorizados”.

Actualmente, en la mayoría de los países que reciben el mayor número de migrantes laborales (los países industriales o desarrollados) se puede observar estas respuestas políticas, sobre todo dirigidas a “acabar” con la migración indocumentada o “limitar” el acceso a derechos sociales, económicos y culturales de migrantes indocumentados en su territorio. Por el otro lado, a veces son estas políticas restrictivas que contribuyen a un aumento del número de migrantes in situaciones irregulares. Entretanto, el enfoque central de estos países va más allá del mero cierre de fronteras y el fin de la migración “ilegal”, ahora se enfatiza en el mantenimiento de la “seguridad nacional” y la “lucha contra el terrorismo” (como es el caso de Estados Unidos).

Mientras a nivel internacional se han desarrollado una serie de mecanismos e instrumentos normativos de derechos humanos, es menester analizar su efectividad en cuanto a los derechos de migrantes indocumentados, y su capacidad de emitir normas hacia los Estados-nación soberanos que tratan de prevenir este tipo de inmigración. Desde este contexto se deducen algunas preguntas preliminares: ¿Con qué derechos cuentan los migrantes indocumentados (no-ciudadanos) como grupo altamente vulnerable? ¿Qué papel juega el sistema internacional de derechos humanos en estos procesos políticos? ¿Qué papel juegan los Estados-nación soberanos? ¿Dónde se ubican las responsabilidades a nivel internacional como nacional?

¿Cuál es la efectividad en cuanto a la garantía y protección de los derechos de migrantes?

Mientras la academia, los analistas, los organismos gubernamentales, las organizaciones no gubernamentales y los activistas de la sociedad civil organizada se dedican a la búsqueda de respuestas para estas preguntas, las políticas (y efectivamente la aplicación de la ley) de los Estados-nación receptores y de tránsito tienden a construir cada vez más obstáculos (físicos como jurídico-legales) para la migración indocumentada, resultando en distintas formas de violencia, violaciones, y muertos.

Tercero, podemos anticipar que frente a este panorama ha crecido la necesidad de un

“acuerdo migratorio7” basado en derechos humanos y justicia social. Por eso, también se

7Se considera necesario hablar sobre negociación bi o multilateral, basado en “reglas” y “responsabilidades”.

27 considera necesario presentar algunos planteamientos alternativos y propuestas que a nivel teórico intentan superar la realidad contemporánea del la gestión o administración de la movilidad territorial indocumentada entre dos o más Estados-nación. Estas reflexiones tienen la capacidad de ampliar el horizonte de la “realidad sociopolítica” que se está presentando actualmente. Por un lado se considera vigente discutir el “derecho al libre movimiento” (la migración como derecho), y la “migración sin fronteras”. Por el otro lado se tomarán en cuenta algunos elementos del “transnacionalismo”. En aspectos vinculados a la migración internacional y la defensa de los derechos de los migrantes es una perspectiva alternativa para discutir las limitaciones a las que están expuestos los Estados-nación en el mundo globalizado contemporáneo y para abordar nuevas formas de cooperación “desde abajo”, que ya en las décadas pasadas han demostrado la capacidad de superar las fronteras nacionales y políticas.

A base de la dimensión política de la migración internacional, la perspectiva de derechos humanos y los planteamientos alternativos, finalmente se busca vincular estas perspectivas con la unidad central de análisis: la contribución de la sociedad civil a la defensa de los derechos humanos de migrantes indocumentados. Se presentarán distintos enfoques sociológicos y políticos del concepto sociedad civil y se conceptualizarán los principales actores, sus formas de organización y sus particularidades en la esfera pública. En el mundo contemporáneo la sociedad civil juega un papel sociopolítico fundamental e innovador. Especialmente en materia de los derechos humanos han emergido nuevos movimientos sociales y ONG internacionales de derechos humanos, así como asociaciones o organizaciones civiles a nivel local-regional, las que de manera independiente o en forma de redes dan énfasis en la protección de los derechos humanos de los trabajadores migratorios indocumentados. Al mismo tiempo, los propios migrantes como sujetos a derechos humanos y miembros de la sociedad civil participan hasta cierto grado en diversos movimientos y organizaciones locales- regionales.

1.1 El cambiante panorama teórico en el estudio de las migraciones internacionales

Antes de pensar en la gran cantidad de aportes teóricos a la migración internacional es preciso decir que en el estudio de este “fenómeno social” los motivos o las causas de la migración, así como todo el trayecto de sus protagonistas –salida, tránsito, llegada, retorno (voluntario o

28 forzado) e incluso la migración circular– constituyen los componentes más importantes, que además de sus particularidades están condicionados por factores y condiciones histórico- estructurales e individuales tales como: conflictos bélicos o sociales, brechas en el desarrollo socioeconómico y humano entre regiones y países, fuerzas de la economía mundo (Wallerstein, 2005) y de la globalización, políticas migratorias, la falta de derechos y oportunidades en las regiones o países de origen, la idea de mejorar el bienestar personal, familiar y comunitario, y la falta de documentos o papeles legales para permanecer en el país de destino.

Tomando en cuenta las contribuciones teóricas al conocimiento sobre migración internacional, los aportes académicos en las ciencias sociales no pueden ser más diversos.

Según Douglas S. Massey et al. (2009: 17, tp)

en la actualidad no hay una sola teoría plenamente aceptada por los científicos sociales sobre la emergencia y perpetuación de la migración internacional a lo largo del mundo, sólo se cuenta con un conjunto de teorías que se han desarrollado de manera aislada la una de la otra, a veces pero no siempre segmentados por fronteras disciplinarias. Los patrones y tendencias actuales sugieren que para lograr la plena comprensión de los procesos migratorios contemporáneos se exige una teoría sofisticada que incorpore una variedad de perspectivas, niveles y suposiciones, debido a su naturaleza compleja y multifacética.

Mientras que la gran mayoría de las teorías se han desarrollado en la era industrial a finales del siglo XIX y a principios del siglo XX, se puede decir que medio siglo después se presenta una realidad diferente, con una serie de nuevos desafíos, ideas, conceptos e hipótesis. Tarde o temprano las teorías y enfoques tenían que modificarse o abrirse para poder reflejar las nuevas realidades sociales, económicas y culturales de la era post-industrial y de la globalización progresiva.

Después de la era post-industrial (años sesenta y setenta) y post-Guerra Fría (años noventa) Stephen Castles y Mark J. Miller (2003) hablan de la nueva “era de la migración”, que al mismo tiempo obligaba el desarrollo de nuevos enfoques, fundamentados en patrones y formas de la migración internacional para los finales del siglo XX. Especialmente los procesos de globalización están caracterizados por crecientes flujos transfronterizos como inversiones, comercio, productos culturales, ideas y personas, y por la proliferación de redes

29 transnacionales con nodos de control en múltiples lugares” (ibid.: 1; Sassen, 2001 y 2002).

Aunque la globalización ha resultado en un creciente transnacionalismo y en conductas o instituciones que al mismo tiempo afectan a más que un sólo Estado-nación, también se puede observar que “la nueva espacialidad de un mundo enormemente ensanchado por la globalización [...] ha suscitado un amplio debate sobre la decreciente soberanía de los Estados” (Velasco, 2005: 42).

Mientras algunos observadores argumentan que el orden global basado en Estados-nación está dando lugar a algo nuevo, otros dudan que vaya a ocurrir un cambio fundamental (Castles and Miller, 2003: 2). Los mismos autores consideran que a finales del siglo XX las migraciones internacionales están cambiando las sociedades. La perspectiva es internacional, porque vastos movimientos de personas emergen de procesos accelerados de integración global. Además, las migraciones no son concebibles como fenómeno aislado: el movimiento de mercancías y capital casi siempre causa movimientos de personas. Encima, el intercambio cultural global facilitado por mejores oportunidades de transporte y la proliferación de medios de comunicación también resulta en migración (ibid.: 4).

En la segunda mitad del siglo XX, no sólo se ha incrementado el número de migrantes sino también los orígenes de la emigración se han trasladado de Europa hacia Asia y América Latina (Massey et al., 2009: 5-6), incluso a regiones de África debido a los procesos de descolonización a partir del final de la Segunda Guerra Mundial. Cómo es el caso en otros sitemas migratorios, los migrantes internacionales que se dirigían a Argentina, Australia, Canadá, y los Estados Unidos en general provenían de países ricos en fuerza laboral pero pobres en capital. Una vez que estos países receptores imponían nuevas restricciones a la inmigración para limitar y regular los flujos expansivos, la migración indocumentada comenzó a crecer. Aunque las experiencias difieren a lo largo de los sistemas migratorios contemporáneos, según Massey et al. (2009: 6-7, tp) destacan algunos denominadores comunes:

(1) Hoy en día la mayoría de los inmigrantes provienen de países caracterizados por una disponibilidad limitada de capital, bajas tasas de creación de puestos de trabajo, y reservas abundantes de fuerza laboral.

(2) Hoy las sociedades receptoras de inmigrantes son mucho más intensivos en capital y mucho menos intensivos en tierra que los países destinos del pasado.

30 (3) La marginalización económica de inmigrantes se asocia con otra característica del periodo post-industrial: ya no se percibe a los inmigrantes como queridos o necesitados, a pesar de que persiste la demanda de sus servicios. Los líderes políticos de hoy ven a los inmigrantes como un problema social y político que se tiene que resolver.

(4) Algunos de los nuevos países de destino se volvieron países de inmigración de facto sin nunca haberse considerado a si mismos como tales, y continúan manteniéndo sistemas de jure que niegan esta realidad.

(5) La última característica distintiva de la migración internacional contemporánea es el verdadero tamaño de las disparidades existentes –en riqueza, ingresos, poder, tamaño, crecimiento, y cultura– entre las sociedades emisoras y receptoras.

Aunque hoy en día el número de personas en mobilidad internacional es mayor que en el pasado8, y considerando las crecientes disparidades socioeconómicas, de poder y demográficas entre las regiones del mundo, el tamaño actual de los flujos migratorios es más bien modesto, solamente una fracción pasado9 de lo que resultaría si los sistemas operarían sin intervención estatal. Esta es una de las razones porque los países desarrollados no tienen un interés obsesivo en el tamaño actual de los flujos, sino en el tamaño potencial (Massey et al., 2009: 7).

A raíz de estos nuevos procesos que se dieron en el último cuarto del siglo pasado, el panorama de la migración internacional ha llevado a cuestionar los enfoques y tipologías tradicionales, sobre todo los que se centraron en la economía neoclásica, basados en dos pilares: a nivel micro la conceptualización de migrantes como actores racionales que responden a disparidades económicas entre paises (teoría de la elección racional), y a nivel macro el enfoque push-pull (repulsión-atracción), que concibe la migración como medio de establecer un equilibrio entre regiones de oferta y demanda laboral. Los factores del enfoque push-pull se han criticado por ser exclusivamente económicos, dado que asumían que la migración posibilita un cierto equilibrio que tiene que alcanzarse entre fuerzas de crecimiento

8 Con respecto al número total de migrantes internacionales, para el año 2012 la Organización Internacional para las Migraciones (IOM por sus siglas en inglés) considera alrededor de 214 millones de personas viviendo fuera de su país de origen, un incremento de más que 60 millones en comparación al cambio del siglo. A través de los últimos 10 años el número total de migrantes internacionales se ha incrementado de un estimado 150 millones en el 2000 a 214 personas en la actualidad (IOM, 2010: xix).

9 Con respecto al número total de migrantes internacionales, para el año 2012 la Organización Internacional para las Migraciones (IOM por sus siglas en inglés) considera alrededor de 214 millones de personas viviendo fuera de su país de origen, un incremento de más que 60 millones en comparación al cambio del siglo. A través de los últimos 10 años el número total de migrantes internacionales se ha incrementado de un estimado 150 millones en el 2000 a 214 personas en la actualidad (IOM, 2010: xix).

31 económico y contrataciones en lugares geográficos distintos. Además se distinguen “por su falta de dinamismo a la hora de interpretar los cambios en los procesos migratorios. Estas teorías se han centrado principalmente en las formas de expulsión-atracción de la fuerza de trabajo [...]” (Ribas Mateos, 2004: 75).

Una de las razones porque los enfoques tradicionales se mostraron insuficientes es su unidimensionalidad y su inadecuación de aceptar las complejidades de la realidad actual.

Además, las decisiones para migrar no solamente se toman por el autointerés de individuos, sino también por enteras comunidades y grupos sociales que permiten estrategias colectivas a nivel transnacional, por ejemplo a través de las redes de migrantes o redes migratorias10. A través del capital social proveniente de estas redes se da una perpetuación de la migración internacional.

Otro enfoque teórico, que resalta la perpetuación de la migración, es el de la “causalidad acumulativa”. Según Massey et al. (1994: 733) “se refiere a la tendencia de la migración internacional a perpetuarse a si misma a través del tiempo, independientemente de las condiciones que la causaron al principio. A nivel individual, esta auto-perpetuación surge del hecho que cada acto de migración altera o cambia las motivaciones y percepciones de tal manera que estimula migración adicional”. Las experiencias laborales y de vida, el conocimiento y las habilidades adquiridos, las remesas, las redes, los gustos personales, todos estos son factores que pueden perpetuar la migración. La ventaja de este enfoque es que toma en cuenta los cambios acumulativos a través del tiempo, por lo que es muy útil para describir la perpetuación de la migración de México a Estados Unidos durante el siglo XX (véase capítulo II).

A consecuencia de lo anterior, las disparidades económicas en materia de diferencias salariales ya no son suficientes para explicar el movimiento internacional. Según Massey et al.

(2009: 9) la migración normalmente no ha terminado con la “equiparación de salarios”, sino con la “obtención de condiciones de vida soportables” en los áreas de origen, cuando la gente ya no concibe la migración como esfuerzo que valga la pena (Massey et al., 2009: 9). En el periodo post-industrial y de la globalización las “fuerzas de expulsión” parecen haber obtenido la ventaja. Ahora las diferencias del desarrollo entre eñ “Norte” y el “Sur” global ofrecen un

10 Según Massey et al. (1994: 728, tp), “las redes migratorias son conjuntos de relaciones interpersonales que conectan los migrantes, ex-migrantes y no-migrantes en los áreas de origen y destino a través de relaciones de parentesco, amistad y origen de comunidad compartido”.

32 incentivo constante para la migración. Por eso se observa la aparición de nuevas formas migratorias que no existían en la era industrial, es decir, la migración indocumentada y el movimiento de asiliados y refugiados. Ahora estas formas en su mayoría tienen que ver algo con la creciente desigualdad entre las regiones del mundo, por lo que se exige enfoques teóricos con perspectiva de derechos humanos y con un alcance que incluye la condición de los migrantes en los países de origen y de destino. Aparte de eso, hay que tomar en cuenta que en materia de migración indocumentada las políticas de admisión y de control fronterizo restrictivas son muy importantes, dado que condicionan el carácter y el volúmen de la migración internacional hoy en día (Massey et al., 2009: 11-14).

Con respecto a la mencionada relación entre el desarrollo humano y la migración internacional se puede argumentar que las disparidades entre los países desarrollados y subdesarrollados y en vías de desarrollo no se han disminuido despues de la época descolonización e independización de los países del “Sur” global. Según Stephen Castles y Raúl Delgado Wise (2007: 5-6), “en el último tramo del siglo pasado y en lo que va del presente, la relación entre migracón y desarrollo se ha tornado un tema central en el debate académico y político a escala internacional”. Mientras durante muchos años se descuidaba abrir un debate sobre migración entre el “norte” y el “sur”, y se veía la inmigración como problema en los países receptores, los autores sostienen que haya una “preocupación renovada” por los temas “migración y desarrollo”. Esto se debe al “hecho de que el crecimiento más reciente de la migración internacional ha seguido la trayectoria de sur a norte”. Castles y Delgado Wise (ibid.: 6) ubican la repentina preocupación por la migración y el desarrollo dentro del “surgimiento de un dilema”. Argumentan que

por un lado, la migración es vista como resultado de poderosos factores económicos y demográficos tanto en el sur como en el norte, mismos que son percibidos como consecuencia inevitable de la llamada globalización. Por otro lado, los migrantes provenientes del sur (en especial los trabajadores de escasa capacitación, así como quienes solicitan asilio) son percibidos como un problema –incluso una amenaza– para la seguridad, la estabilidad y los estandares de vida en el norte.

Los autores (ibid.) también mencionan la llamada “gestión de la migración”, que, una vez que la migración ya no es evitable, se mueve entre el control de los movimientos y la

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