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Las capacidades dinámicas y su relación con la innovación y el intraemprendimiento

CAPÍTULO II. EL INTRAEMPRENDIMIENTO DESDE LAS CAPACIDADES DINÁMICAS,

2.2. Las capacidades dinámicas y su relación con la innovación y el intraemprendimiento

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2.2. Las capacidades dinámicas y su relación con la innovación y el intraemprendimiento

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En la TDE se afirmaba que el desarrollo económico en las empresas sólo podía surgir tras el quiebre de las condiciones de equilibrio en los mercados, pudiéndose manifestar mediante múltiples dinámicas que involucran la participación de diversos agentes. El desarrollo económico representaba entonces en una consecuencia de las innovaciones, siendo el “empresario innovador”

o, lo que se conoce hoy como “emprendedor”, el individuo que propicia la innovación por medio de la combinación del conocimiento actual de la empresa y el aprendizaje incremental.

En este sentido, el desarrollo económico no estaría dado por mera espontaneidad o por resultado de las condiciones exógenas, sino por la base de conocimientos previos de la empresa y de la promoción activa de los emprendedores, que, dotados de capacidades para el aprovechamiento de los recursos empresariales, eran dados a innovar y competir bajo condiciones de incertidumbre. Lo anterior, se manifestaba en el reconocimiento de la existencia de combinaciones innovadoras de capacidades que poseían algunas empresas y que otras no podían igualar. De forma que, las mencionadas combinaciones partían de la dinámica de las características propias de las empresas y sus individuos, así como el proceso de competencia económica (Schumpeter, 1942).

Se sabe que las ideas Schumpeter resumidas brevemente en el presente, fueron de cierta forma olvidadas en la literatura sobre gestión de la empresa durante algunas décadas posteriores a su desarrollo (Yoguel, Barletta & Pereira, 2013), no obstante, gracias a autores como Nelson &

Winter (1982, 2003) y Teece & Pisano (1994), es que surgió un pensamiento neoshumpeteriano en torno a la innovación y las capacidades dinámicas. Esta visión es, por ende, la fundamentación teórica en el campo del emprendimiento empresarial o intraemprendimiento, y se manifiesta en gran cantidad de textos como el referente histórico del estudio del fenómeno de emprendimiento

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en la empresa (e.g. Antoncic, 2007; Guth & Ginsberg, 1990; Miller, 1983; Turró et al., 2014;

Zahra, 1991, 1993).

Nelson y Winter (1982), por ejemplo, retomaron las ideas del autor bajo la premisa de que el funcionamiento de la firma se basaba en el conocimiento y el uso de rutinas implementadas por individuos con características propias de los empresarios innovadores. Adicionalmente, con respecto al cambio, un planteamiento interesante de los autores es la noción de que es necesaria una modelación de las rutinas si se pretende la reestructuración en algún aspecto en la empresa; es decir, el cambio en la organización recae en la modificación de las rutinas organizacionales actuales o por nuevas combinaciones de subrutinas.

Los resultados de estas fluctuaciones, para los autores, no son previsibles dada la incertidumbre ambiental. La implementación de las rutinas es consecuencia de los esfuerzos en materia de conocimiento y aprendizaje. Es por ello que los individuos emiten y reciben información, misma que debe ser codificada e interpretada de forma tal, que el conocimiento tácito se transforma en parte de la memoria de la organización. El conocimiento acumulado de la empresa aumenta la capacidad de incorporación de nuevos conocimientos en dicha memoria, así como la capacidad cognitiva de recordar posibles soluciones al enfrentarse con un problema (Nelson &

Winter, 1982; Winter, 2003).

Por su parte, Teece et al., (1997), retomaron las ideas sobre la combinación de capacidades planteadas por Schumpeter e incorporaron el aspecto del dinamismo ambiental en su propuesta.

Analizaron las maneras en que las empresas que están inmersas en entornos de rápido cambio tecnológico logran la captación de la riqueza y el posicionamiento competitivo. Este último, como

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consecuencia de sus procesos distintivos de coordinación y combinación de activos únicos y específicos.

De forma general, las capacidades dinámicas pueden ser comprendidas como el

“…conjunto de conocimientos, habilidades, competencias, recursos, valores y procesos que permiten a la organización adaptarse de manera constante a los cambios del entorno y a la incertidumbre que impera en un momento o situación” (Hernández-Albuquerque, 2016, p. 254).

Las mismas, permiten a la organización la obtención de ventajas competitivas y, en su clasificación, consideran un amplio espectro de factores.

Por ejemplo, en una investigación empírica de Danneels (2008), cuyos datos fueron recopilados de 77 empresas manufacturas entre el 2000 y el 2004, se determinaron algunas características de dichas capacidades, como la tolerancia a la toma de riesgos, el escaneo ambiental y la combinación adecuada de recursos como tipos específicos de capacidades dinámicas.

Adicionalmente, en un estudio transversal de King y Tucci (2002) cuyos datos fueron recopilados en 174 empresas de industrias de manufactura tecnológica -específicamente de desarrollo de unidades de disco duro- entre 1976 y 1975, se llegó a la conclusión de que es la experiencia en los mercados previos lo que garantiza el éxito de la empresa al momento de introducir sus productos en nuevos mercados. Lo anterior refuerza los supuestos planteados en el marco de las capacidades dinámicas en lo que se refiere a la importancia del conocimiento existente y la incorporación de nuevo conocimiento en el desarrollo de innovaciones (Grant, 1996;

Kogut & Zander, 1992).

Dadas las condiciones que anteceden en materia de capacidades dinámicas, uno de los debates de la actualidad está dado por la posibilidad de abordar el fenómeno del

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intraemprendimiento desde esa perspectiva. Según Hernández-Albuquerque (2016), las capacidades dinámicas, ofrecen flexibilidad a la empresa para la obtención de ventajas competitivas. En sus palabras, si estas incluyen “… facilidad en el desarrollo y administración proactiva de alianzas, redes externas, esquemas de Joint Venture o incluso adquisición de Start Ups, entonces la empresa tendrá mayores oportunidades para el emprendimiento corporativo” (p.

255).

Salvato, Scuascia y Alberti (2009), se refieren al emprendimiento corporativo como un tipo especial de capacidad organizativa y hacen hincapié en la necesidad de una comprensión profunda de este fenómeno. Adicionalmente, la carente literatura, puesta en manifiesto en la revisión de Sakhdari (2016) con relación a los artículos publicados entre 1990 y 2015, replantea la necesidad de una agenda de investigación futura que relacione modelos de intraemprendimiento como una capacidad organizacional, estableciendo un vínculo coherente entre ambas literaturas.

Otro concepto que alude a las capacidades dinámicas es entonces “…el subconjunto de las competencias/capacidades que le permiten a la firma crear nuevos productos y procesos, y responder a circunstancias de mercado cambiantes” (Helfat, 1997, p. 339). Bajo tal conceptualización, se puede interpretar una relación implícita entre las capacidades dinámicas y la innovación empresarial, las competencias proactivas, la renovación estratégica, la creación de nuevas líneas de negocio y las capacidades de asunción de riesgos -dimensiones definidas ampliamente en la literatura sobre empresa intraemprendedora- (e.g. Antoncic & Antoncic, 2011;

Covin & Slevin, 1991; De Villiers‐Scheepers, 2012; Kearney et al., 2013; Schindehutte et al., 2000; Turró et al., 2014; Zahra, 1991).

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Este conjunto de aportaciones literarias, han señalado que las organizaciones que intraemprenden, son entes innovadores, dinámicos, flexibles y capacitados para el aprovechamiento de las oportunidades emergentes en su contexto (Kearney et al., 2013; Kuratko et al., 2014). Según Miller (1983) una empresa intraemprendedora es aquella que “…se ocupa de la innovación de productos y mercado; se compromete a empresas de riesgo, y la primera en llegar a las innovaciones proactivas superando a sus competidores” (p.771).

El intraemprendimiento involucra aspectos como el desarrollo de nuevos negocios o productos en mercados nuevos o existentes (Antoncic, 2007; Baruah & Ward, 2014; Parker, 2011);

el aprovechamiento oportunidades (Covin & Slevin, 1991; Kearney et al., 2013); la creación de valor hacía los involucrados (De Viellers-Sheepers, 2012; Guth & Ginsberg, 1990; Parker, 2011);

y la mejora en el rendimiento general de la organización (Baruah & Ward, 2014; Covin & Slevin, 1991; Parker, 2011; Pinchot, 1985).

Es por lo planteado que se argumenta, por un lado, que el intraemprendimiento como un conjunto de rutinas organizativas de alto nivel, debe ser considerado como una capacidad dinámica de las empresas y que su comprensión es factible en el marco de la teoría anteriormente descrita y, por otro, la importancia del estudio del fenómeno del intraemprendimiento de forma holística, a fin de delimitar y comprender, finalmente sus factores que le afectan directa o indirectamente (Antoncic, 2007; Antoncic & Hisrich, 2001; Kearney et al., 2013; Kuratko & Audretsch, 2013;

Schindehutte et al., 2000).