4. Referente(s) contextual(es)
4.1 Casos cercanos de resistencia a la desterritorialización urbana
4.1.2 Los Cerezos
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donde sé que es resistir con otras personas. Comunidad en la que he visto esa resignación cada navidad en la que tomando en fiestas siempre sale que si será la última que compartirán y en el que se preguntan si el barrio será igual antes de la engullida uniandina.
Y quería, liberarme del no haber sido fiel con todo las vivencias en el territorio al achacarle a los capítulos siguientes a las definiciones el marcado acento legal. Dejándome yo llevar por la jerga legal, siempre con apuntes mordaces pero muy cuadriculado y casi una mera denuncia sin aportes etnográficos que algún día espero juntar. Por lo que este capítulo también sintió los coletazos de ese adoctrinamiento al escribir, quizás mi coqueteo con la jurisprudencia sirva de excusa.
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organizativos que acudieron al lugar. Además de la llegada de prensa y el apoyo de diferentes políticos en visibilizar, así como la petición expresa a las entidades de dialogo y conciliación sobre la necesidad de participar en una mesa de negociación. Resistiendo desde diferentes acciones colectivas.
También el que no estuvieran entidades como el ICBF, control animal – en un conteo hecho se sabe que hay más de 33 perros viviendo feliz y tranquilamente en condiciones dignas (aseveración de quien les ha visto) pues varias fundaciones al saber que rescatan a perros abandonados en los cerros les colaboran gestionando el alimento-. Lo cual se conoció por fuentes informales y como se dijo en el punto 4.1 no se pudo comprobar documentalmente.
En esta comunidad la desterritorialización tuvo otro intento mayúsculo con pie armado militar incluso, escuadrones antibombas y el ESMAD que fue llevada a cabo el 2 de agosto del presente año en horas de la madrugada, desde las 5 de la mañana se metieron a amenazar con que iban a tumbar los ranchos. Suspendido por el litigio estratégico, tutela y acción de nulidad, que desde diferentes apoyos políticos se instauraron para la suspensión del mismo. Aún con la presencia de todas las entidades requeridas para que no fuera irregular.
Igualmente, el desalojo que violaba derechos constitucionales sobre asentamientos informales que llevan más de un periodo de permanencia, continua e ininterrumpidamente, no podía desconocer estos factores. Sin embargo, al estar en una zona de riesgo no mitigable, aparentemente pues nunca han sucedido desastres y en las partes edificadas no existe una pendiente para considerar la remoción en masa y de hecho el río Vicachá pasa debajo de la vereda cerca de donde fue el primer alcantarillado de la ciudad, el chorro de Padilla. No es posible acudir a la ley 2040. Pues la resolución que protege los cerros orientales producto de acciones interpuestas por la ciudadanía prima sobre el bien particular que a secas es como si fuera hasta lógico. Incongruencias como siempre pues estas se ceban sobre clases populares y no sobre otros habitantes de los cerros.
Lo que para el caso concreto de proteger la vereda implicó la propuesta de un ecobarrio y de ser guardabosques como lo han venido siendo por muchos años, impidiendo que se densifique el lugar y que estén sus habitantes, quienes por más de 20 años -estadía mínima- vivan en su territorio. Protección ambiental más acorde no hay. Se especula que se allanará el territorio la creación de un sendero “ecológico” que con cemento sería
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sumamente dañino si se compara con construcciones de madera sin pavimentar las comunes. Territorio que conocen como la palma de sus manos y lo han recorrido innumerables veces razón por la cual que cuando se extravió el entonces alcalde Enrique Peñalosa, las autoridades acudieron a la gente de la vereda para rescatarlo a él y su equipo. Territorio que no deterioran pues lo disponen para la subsistencia orgánica con gallinas, patos, cerdos, vacas incluso, además de abejas que tienen para producir miel.
Ahora bien, el acercamiento mío se dio desde la conexión territorial con Germania y con vínculos específicos que como en el caso del abuelo de mi hija se tiene sumamente consolidados con sus pares de la vereda. Tienen practicas similares de sustento. Siendo siempre uno atravesado por lentes etnográficos, pero más allá de una mirada investigadora al darse una camaradería del (re)conocerse desde tiempo atrás. Incluso antes de los intentos de desalojos por lo que, tampoco era lo pensado, la información que se tiene ha sido recolectada de manera natural como acompañante sin la organización de entrevistas, sean flexibles o no, sino desde el compartir para desmenuzar sentires e interpretar el contexto.
En donde con la misma colectiva, La Errática, se trabajó con los ramones, como se nombran en la vereda los descendientes de don Ramón que equivalen a 7 familias, así como con el resto con quienes se hicieron diferentes ejercicios en busca de compactar la comunidad. Se hicieron círculos de la palabra con un árbol de sueños y expectativas, se planearon diferentes videos a exponer la situación. Reuniones con la comunidad para ver la hoja de ruta frente a un desalojo, recomendaciones para resistir, alentando movilizaciones y la construcción de carteles de denuncia por el despojo. Se compartió una olla, también en medio de la contingencia la gestión para recoger fondos y así conseguir unos mercados cuando era prohibido salir a trabajar. Se hicieron jornadas de difusión de carteles, actividades de acompañamiento jurídico con agrupaciones políticas donde se presionaba en redes sociales, se impulsaron proyectos productivos. En donde se pudo conocer, de primera mano, historias de vida de la vereda. El conocer a las personas nacidas y criadas en este territorio. El cual siempre estará en disputa. Siempre se defenderá, en casos incluso anteponiendo la vida y estando dispuestos a consecuencias nefastas con tal de evitar la desterritorialización.
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Claro y porque las opciones ofrecidas por hábitat correspondían a un misero subsidio mensual de doscientos cincuenta mil pesos por seis meses. A lo que la gente de la vereda siempre insiste en se deben seguir haciendo convocatorias de solidaridad. Tejiendo redes que en el llamado de auxilio de los momentos exactos de desalojo ha surtido efecto pero que necesita alianzas más estratégicas que ayuden a solventar definitivamente la vivienda de Los Cerezos. Esas que han ayudado a que se sepa que los propietarios, el acueducto y la Universidad de Los Andes, ni siquiera tienen claro que parte del territorio es de ellos solo el porcentaje del mismo; 50% cada uno. Como saber si nunca se hizo un estudio para saber los linderos de sus predios y quienes están asentados ahí. Por cierto, el acueducto compró sabiendo la existencia de la vereda y sus habitantes. Nunca intentó sanear para bien o mal esta situación, sino que incluso se aprovechó de sus cercanía para contratar informalmente a varios para la revisión de sus tanques. Ahora aparecen con insistencia para vulnerar sus derechos.