3. Marco teórico
3.4 Competitividad en el sector agrícola
En los últimos años, las empresas del sector agrícola de los países en desarrollo han operado en un entorno competitivo altamente volátil que requiere la aplicación de estrategias claves para gestionar la competitivi- dad y, por ende, garantizar una posición competitiva a corto, mediano y largo plazo.
Para alimentar a la creciente población mundial, que se espera que alcance los 9600 millones de personas en 2050 (un aumento del 29 % con respecto a 2013), la sociedad debe incrementar la productividad agrícola (Huffman, 2018; Jin y Huffman, 2016; United Nations, 2013, 2015).
Para potencializar la productividad del sector agrícola, se deben considerar tanto componentes internos de las empresas como del micro y macro entorno donde se encuentran (Küpper et al., 2018). Es necesaria una proyección estratégica real y sostenible, a partir de la puesta en marcha de condiciones adecuadas para la organización y producción, en especial, de los micro y pequeños productores, que necesitan ser más competitivos para garantizar la continuidad de sus negocios, incrementar sus niveles de producción y vincularse a cadenas productivas dinámicas. Según la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Corpoica, 2015), para lograr la competitividad de las empresas agrícolas en
Colombia, se requiere la articulación de pequeños productores, empresas, asociaciones y gremios, universidades y organizaciones del Estado.
En concordancia con lo expuesto, una empresa agrícola competitiva no solo debe superar a sus competidores desde el punto de vista del uso más eficaz y eficiente de su potencial interno, sino también tener una respuesta flexible y adaptable a las oportunidades y amenazas externas.
El carácter asistemático y disperso de los ingresos en el desarrollo y la modernización de sus procesos de producción, la nula actividad inversora, la escasa aplicación integrada de tecnologías innovadoras, los ineficientes mecanismos de gestión administrativa y financiera en sus relaciones económicas con otras empresas, así como el insuficiente apoyo del Gobierno dificultan el desarrollo competitivo de las empresas agrícolas (Dovgal et al., 2017). No obstante, el sector rural latinoamericano se proyecta como un polo de desarrollo económico debido a que posee una gran riqueza como mecanismo de subsistencia, seguridad alimentaria y mejoramiento de las condiciones de vida de las familias y los pobladores locales.
La producción agrícola es una práctica relevante en el mundo debido al aumento de la población que necesita seguridad alimentaria, en especial, en países de desarrollo lento o con economías emergentes. La agricultura es la mayor fuente de empleo para los pobladores en zonas rurales; sin embargo, los ingresos rurales siguen siendo inferiores comparados con el sector urbano y el dinamismo de las empresas (Tenjo, 2015). Ante la situación planteada, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo Humano (PNUD, 2016) planteó para Colombia el Proyecto Desarrollo Económico Incluyente Rural (DEI Rural) para mejorar las condiciones de vida de la población rural colombiana en situación de pobreza a partir del fortalecimiento de las organizaciones productivas y de la cadena de valor de sus productos. A partir de allí, se promueve el fortalecimiento de las capacidades organizativas de las empresas, sus estructuras y sistemas productivos, y la innovación para agregar valor a sus productos y poder incursionar en mercados más exigentes y especializados. De esta manera, las empresas logran un incremento y diversidad en la productividad, con procesos más competitivos y eficientes; y las comunidades locales, el empoderamiento económico y la integración regional. De acuerdo con el índice de competitividad global (ICG), la productividad agrícola está siendo afectada por el cambio climático, mayor depreciación del capital
agrícola, escasez del agua, mano de obra que emigra de los campos a la ciudad por las pocas oportunidades rurales, mano de obra con baja cualificación para liderar y organizar las empresas, baja infraestructura física y tecnológica, entre otras causas (Schwab, 2019).
Además, han ido apareciendo otros elementos que se han integrado al éxito de las estrategias de las empresas. Steinfield et al. (2012) atribuyen el éxito actual de las empresas del sector rural a la integración de las TIC en sus procesos de comercialización. Establecen la importancia de no solo llevar la infraestructura de las TIC a las empresas agrícolas, sino también la de explotar el uso y el manejo de la información, para tomar decisiones acertadas en los procesos de negociación y comercialización de sus productos. La innovación en las empresas del sector rural no solo se debe entender como la integración de las tecnologías a los procesos o sistemas de producción, sino también como la integración de actores, la colaboración entre redes que intercambian información y conocimiento para mejorar la agricultura y el desarrollo rural sostenible.
Por su parte, Vasylieva y Pugach (2017) subrayan que los retos a los que se enfrenta el sistema mundial de seguridad alimentaria generan oportunidades y responsabilidades adicionales para que las empresas agrícolas aumenten la eficacia y eficiencia de su actividad productora. Los autores concluyen que la maquinaria agrícola anticuada o insuficiente, junto con los riesgos climáticos y la elección de tipos de cultivos poco productivos, afectan las pérdidas de cosecha hasta un 60, 25 y 50 %, respectivamente, lo cual impacta la competitividad de las empresas del sector agrícola.
Wästfelt y Zhang (2016) señalan que la agricultura periurbana se ha revalorizado recientemente por el reconocimiento de sus contribuciones económicas, sociales y medioambientales. Sin embargo, la rápida urbanización y la reestructuración agrícola global, que constituyen procesos complejos a múltiples escalas, tienden a amenazar su supervivencia y competitividad. Los resultados de sus estudios permiten concluir que la ventaja competitiva de este tipo de empresas agrícolas se mejora adoptando estrategias de producción enfocadas en el ahorro de costos de mano de obra.