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La concepción de educación en Kant

PARTE I. LA PEDAGOGÍA EN KANT

3. La concepción de educación en Kant

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escuela y que promueve aprender pensamientos en lugar de aprender a pensar166; esa es la propuesta de la concepción crítica del pensamiento kantiano.167

La filosofía crítica de Kant está presente sobre todo en tres obras que constituyen las columnas del criticismo, la Crítica de la razón pura (1781), la Crítica de la razón Práctica (1788) y la Crítica de la Facultad de Juzgar (1790). 168 Estas grandes obras y el sistema de pensamiento que en ellas se expone tienen, por supuesto, repercusión en las Lecciones de Pedagogía (1803).

Para Kant, el sujeto es (salvo por lo que ocurre en las primeras etapas infantiles) el agente activo de su propia educación, tanto en el ámbito teórico como en el ámbito práctico y se constituye en el elaborador de ciencia, en quien crea instituciones sociales y políticas de manera que, al instituirlas, se convierte en el constructor de su propia identidad personal, que se manifiesta en su cultura y su historia.

Lo anterior permite entender al sujeto que se educa como el agente que construye su propia identidad personal; el proceso educativo se convierte en un proceso humanizador que conlleva el desarrollo de su racionalidad reflexiva.

166 En las últimas décadas han aparecido con mayor frecuencia voces que hablan de considerar en los procesos educativos enseñar a pensar como un aspecto relevante en el desarrollo de competencias de lectura y escritura, además de las matemáticas; para el caso ver a Sara Melgar (2005) Aprender a pensar. Las bases para la alfabetización avanzada. Papers Editores, Buenos Aires, Argentina. Por otra parte, Eduard De Bono ha sido un autor cuyo trabajo lo ha enfocado en esta dirección y cuya aportación muestra la importancia de lo señalado por Kant.

167 Cf. Vandewalle (2004); 8 y ss.

168 Cf. Granja (2010); 20

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La concepción de educación de Kant responde a la pregunta de qué es el ser humano y, aun cuando la respuesta no está dada de manera concreta ni completa en las lecciones sobre educación tomadas de modo aislado, podemos indagar más respecto de ella por medio de un estudio más amplio de su filosofía:

A la filosofía le compete pensar el ser del hombre en el sentido de la determinación teorética de su esencia, a la educación le corresponde poner en obra dicha esencia, esto es, propender por su cumplimiento concreto.169

La educación, según Kant, es un proceso mediante el cual la humanidad transita desde un desarrollo de características iniciales que son comunes a los demás animales, hasta un estado en el que su conducta se rige por los principios de la razón y la libertad.170 La educación es cultura y disciplina porque la cultura hace menos rudos a los sujetos y la disciplina disminuye su salvajismo. La ausencia de disciplina en los primeros años ya no puede corregirse, dice Kant, es por esto que en los sujetos debe ser sumamente cuidada y con ello hacerlos oportunamente menos rudos.

La humanidad alcanza la perfección por medio de la educación.

Cada generación contribuye a tener un mayor conocimiento, lo que a su vez favorece a una progresiva mejor educación. Es en este marco que propone Kant el proyecto de una teoría de la educación y considera a su propuesta como surgida de una idea de perfección de la humanidad, de la que la experiencia aporta algún indicio, pero también a modo de una

169 Betancourt (2006); 256

170 Cf. P: 9:441; 437

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crítica de los modelos educativos operantes en su tiempo: “Con la educación actual el hombre no alcanza por completo el fin de su existencia”.171

Para que el proyecto kantiano de educación sea posible es necesario que asuma los mismos principios que dan consistencia a su ideal de perfección moral: “Pues, ¡de qué distintas maneras viven los hombres! Sólo se puede producir uniformidad entre ellos si actúan de acuerdo con los mismos principios”.172

Mediante este proceso de desarrollo, una generación se coloca delante de la otra en el mejor uso de sus facultades de entendimiento, lo que le permite también hacer mejor uso de la razón, conduciéndola así al abandono de un estado primitivo, en el que lo dominante era la rudeza y el salvajismo. Los sujetos reclamamos libertad desde niños, pero ésta, por medio de la educación ha de ser debidamente encauzada, porque: “…el hombre tiene por naturaleza una inclinación tan grande a la libertad que, una vez que durante un tiempo se ha acostumbrado a ella, lo sacrifica todo”.173

Así pues, hemos de comprender que los individuos tienen una natural inclinación hacia la libertad y que ésta es contenida al someterla a las prescripciones de la razón pues, sin el gobierno de ella, se mantendría a los sujetos para toda su vida en un perenne estado de salvajismo y los conservaría siempre en una disposición hacia la rudeza que los alejaría

171 P: 9:445; 440

172 P: 9:445; 440

173 P: 9:442; 438

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de todo interés por el valor de la humanidad en sí. La razón es la que conduce al género humano al logro de las peculiaridades que le dan el carácter de humano y es esto lo que explica que “el hombre tenga que acostumbrarse desde el comienzo a someterse a las prescripciones de la razón”, dice Kant.174

La educación, por tanto, es un arte, en cuanto que es un proceso de construcción del perfeccionamiento de una a otra generación, que se desarrolla de manera proporcional y en la adecuación coherente de las aptitudes naturales del hombre, porque es el ser humano quien ha de corregirse a sí mismo, cultivarse a sí mismo y, si es malo, asumir la indignidad de la inmoralidad en sí mismo.

La pedagogía debe orientarse también por un conjunto de conocimientos, señala Kant, que cada generación aporte y, además, tiene que ser juiciosa para que la naturaleza humana alcance su destino, por lo que también –aunque es innegable su dimensión de arte y de técnica–

tiene que tender a transformarse en ciencia al menos en la consideración de sus principios, para que sea un esfuerzo coordinado y de esta manera lo que una generación logre pueda ser aprovechada por la otra.175

La educación es para Kant un proceso decisivo en el desarrollo de las aptitudes de la humanidad y aclara que es a los expertos, a los doctos, quienes toca liderarlo, dado que tienen una visión del problema más

174 P: 9:442; 438

175 Cf. P: 9:446; 441

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amplia, que los capacita para dirigir el progreso como una transformación para la mejora de la humanidad.176

El proceso educativo de la humanidad, en su conjunto, tiene como propósito el desarrollo de la especie humana, la conducción del género humano hacia la adquisición y promoción de las características que lo hacen humano, que lo transforman hacia su plena humanización e involucran a todas las generaciones.

La educación de los seres humanos parece apuntar hacia un

“futuro género humano más feliz”.177 Este carácter de felicidad – que, no debemos olvidar, es un fin asertórico y seguro en todo hombre, pero no es el principio de la moralidad – en el ser humano puede ser efecto de un paulatino desarrollo y que Kant considera como un “gran misterio de la perfección de la naturaleza humana”.178 Este gran misterio es la posibilidad de pensar a la educación como una estructura teórica y práctica que esté encaminada al logro de la perfección de los seres humanos. Observemos que hay una orientación hacia la felicidad, pero subordinada a una más fundamental dirección hacia la moralidad, que es el fin último de la educación de la humanidad; orientación que, al conducir a los sujetos a la felicidad les imprime como exigencia de la razón misma la necesidad de hacerse dignos de ella.

176 Cf. González (2011b); 437

177 P: 9:444; 440

178 loc. cit.

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Kant hace notar las dificultades que entraña la elaboración de un proyecto de esta naturaleza dada la estrecha relación entre educación e inteligencia:

Pues la inteligencia depende de la educación, y la educación depende a su vez de la inteligencia… Son dos las invenciones de los hombres que se pueden

considerar las más difíciles: la del arte de gobernar y la del arte de educar; y sin embargo se sigue disputando aun respecto a la idea de ellas.179

Esta dificultad se encuentra, en parte, en conocer cómo los sujetos se intuyen interiormente a sí mismos dado que, como dice Kant, esta dificultad es común a toda teoría.180

Kant considera a la educación, en principio, como un arte que tiene su comienzo con el inicio de la escritura, porque es con la creación del arte de escribir que da inicio el arte de escribir historia, y son los hechos del pasado los que vienen en nuestro auxilio para la propia formación de nuestra identidad.181

La Historia de la humanidad, está conformada, en su colectivo, con los actos de los sujetos en el ejercicio de su autonomía, pero también –como ya hemos visto– es el marco de lo que les impone la naturaleza, es decir que: “la historia se construye como desarrollo de los actos de los individuos en el ejercicio de su razón y por la influencia que determina su insociable sociabilidad que es propia de la naturaleza humana”.182 La educación es concebida en la pedagogía kantiana como centrada en un

179 P: 9:446; 441

180 Cf. KrV: B69

181 Cf. Ricoeur (2009); vol. III: 907

182 Wood, A. 2009; 120

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progreso hacia lo mejor, así, el proceso histórico se convierte en condición del arte de educar.

El progreso de la Historia para Kant es el principio heurístico fundamental en la relación de una generación con otra, de manera que pueda concebirse que el individuo y la humanidad tienen la posibilidad de una formación y un progreso en conocimientos.183

La concepción de educación de Kant, si bien es parcialmente posibilitada por el mecanismo inconsciente de la insociable sociabilidad, se hace del timón y coloca al ser humano dentro de un horizonte en el que el progreso histórico del hombre es causa de sí mismo. Así pues, la educación, desde la filosofía kantiana, coloca al hombre como dueño de su propia libertad y, por tanto, a la capacidad humana como autora de su propio progreso y dirigida hacia un estado mejor.

La filosofía kantiana concibe la educación como un andamiaje que permite transitar a los seres humanos, por un lado, de la teoría a la práctica, y por otro, de una educación física a una educación práctica. La educación es el medio por el que los seres humanos evolucionan desde el ser (fáctico) a la mayor aproximación posible al deber ser (moral).

La filosofía pedagógica de Kant distingue a los seres humanos considerados fenoménicamente, fácticamente (homo phaenomenon), del ser humano tal como debe ser según la razón (homo noumenon), tomando esta distinción de su filosofía moral:

183 Cf. Vandewalle (2004); 35 y ss.

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El hombre, como ser natural dotado de razón (homo phaenomenon), puede ser determinado por su razón, como causa, a realizar acciones en el mundo sensible, y con esto todavía no entra en consideración el concepto de una obligación. Pero él mismo, pensado desde la perspectiva de su personalidad, es decir, como un ser dotado de libertad interna (homo noumenon), se considera como un ser capaz de obligación y, particularmente, de obligación hacia sí mismo (la humanidad en su persona); de modo que el hombre (considerado en el doble sentido) puede reconocer un deber hacia sí mismo, sin caer en contradicción consigo mismo (porque no se piensa el concepto de hombre en uno y el mismo sentido).184

Se concibe así a los niños y niñas que aprenden como seres que tiene un valor mucho mayor que el que las determinaciones naturales y sensibles les imponen. La filosofía educativa kantiana supone un progreso en el que el sujeto modifica la conciencia de sí mismo como ser humano sujeto a su naturaleza sensible, superándola. Ésta es una teoría educativa basada en lo que hoy llamaríamos antropología filosófica, o en términos kantianos, una “antroponomía” (una consideración de la naturaleza humana normada por lo que ésta debe ser) que está

“centrada en la idea del hombre y los fines esenciales de la razón humana”185.

184 MdS: 418

185 Vandewalle (2004); 16

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