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El confort ambiental

CAPÍTULO I. EFICIENCIA ENERGÉTICA EN EDIFICACIONES Y SISTEMAS DE

1.3 El confort ambiental

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lámparas es efectivo o contraproducente, sin mencionar lo que la implementación del programa implica, como podría ser la energía consumida en la transportación y distribución de las lámparas mismas. Aunado a esto y como se verá en el capítulo VI, estos mecanismos no tienen sentido cuando las lámparas ahorradoras son de mala calidad, duran poco tiempo y son finalmente restituidas por otra lámpara, aumentando aún más las huella energética del proceso.

Como apuntan Gómez-Paredes et al., (2013: 548), hay una limitación visual en considerar a la eficiencia energética una “bala de plata” que por sí misma acabará con todos los males de manera contundente. Aquí no se abraza a la optimización del uso de la energía como este remedio milagroso, se ve, más bien, como una vía para mejorar la calidad de vida de las personas a través del aumento en la calidad de sus condiciones de habitar mediante la búsqueda por construir viviendas más confortables.

Sin duda, puede haber un arduo debate teórico en torno al incremento de la EEE y sus implicaciones, no así para el aumento cualitativo de las condiciones en las que habitan las personas ni contra los beneficios que para el ambiente se pueden derivar de e llo. Como Heidegger apuntó en 1951, “La manera según la cual los mortales son en la Tierra, es el habitar” (Heidegger, 1994). Habitar es trascender. Y hemos olvidado el habitar.

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El confort acústico, lumínico y olfativo, se refieren, respectivamente, a la protección contra el ruido, a contar con iluminación dentro del edificio y a no exponerse a olores que puedan resultar desagradables o dañinos para la salud. De estos, el más difícil de conseguir en las construcciones convencionales es el acústico, ya que los aislantes acústicos representan una inversión considerable. Además, la práctica de muros compartidos en las unidades habitacionales y la utilización de muros delgados complica el problema. Esto no sucede tan fácilmente cuando se emplean muros densos, como los de adobe. El confort lumínico podría parecer fácil de alcanzar, sin embargo se debe tener cuidado en la calidez o frialdad de las luces a instalar, de los colores de la luz (macilenta o blanca) y de la distribución de los mobiliarios en torno a la luz. El olfativo no suele representar grandes problemas, a menos que la edificación se encuentre en las cercanías de alguna fuente de olores desagradables.

Por su parte, el confort térmico es una de las más variables más exploradas del confort ambiental y está comúnmente ligado a la EEE. De acuerdo a la American Society of Heating, Refrigerating and Air Conditioning Engineers (ASHRA E) 13, este se puede entender como el

“estado de la mente que expresa satisfacción con el ambiente térmico” (ASHRA E en Molina y Veas, 2012: 3)14, y sobre este se dice que:

“Este es alcanzado cuando el cuerpo está en balance térmico, es decir, cuando realizando cierta actividad, no se experimenta un estrés térmico para corregir la energ ía que produce el cuerpo internamente, manifestado a través de la transpiración excesiva o escalofríos” (Molina y Veas, 2012:3).

En otras palabras, el confort térmico se alcanza cuando dentro de una edificación no se experimenta una sensación de calor que nos haga sudar o una de frío que nos haga temblar mientras realizamos actividades. Habría que agregar, que estas no sean de alta demanda energética.

¿A todos nos hace sudar, temblar o nos molesta lo mismo? Sin duda, el confort térmico es una cuestión subjetiva, pues depende de la fisiología del individuo, parte de su percepción y es influido por experiencias previas. Una mujer tenderá a sentir más calor en su período de ovulación, situación que un hombre no experimentará. Una persona de edad mayor puede perder sensibilidad al calor, una persona obesa está recubierta por una capa de grasa lo que

13 La A SHRAE es una de las organizac iones más importantes en el ra mo de la energía, fue c reada en 1894 y actualmente tiene de 53,000 miembros en 132 Países (ASHRAE, s/f).

14 Obsérvese cómo inclusive en el confort térmico hay una presencia de cuestiones psicológicas.

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conlleva una mayor conservación del calor, una perso na acostumbrada a un clima frío difícilmente podrá encontrar en el corto plazo confort a las mismas temperaturas que una persona que ha vivido bajo un clima cálido o viceversa.

No obstante tales particularidades, desde 1950 con los hermanos Olgygay, se han desarrollado metodologías tomando en cuenta distintos datos climatológicos relativos a temperatura y humedad para determinar la “temperatura óptima” para las personas en ubicaciones geográficas determinadas. La temperatura óptima, también llamada zona de confort, representa el rango en el cual una persona debe sentirse, en promedio, cómoda. Diferentes autores señalan como autoridades actuales en el tema a Szokolay y Aulicems (Fuentes, s/f:

61). Con base en la metodología y los datos locales empleados, se desarrollan diagramas de las zonas de confort y cartas bioclimáticas, de acuerdo a la latitud y zona climática en la que se encuentra el edificio, como se aprecia en la Gráfica 1.9.

Gráfica 1.7. "Carta bioclimática de Olgygay para el mes de agosto en La Paz, BCS".

Este tipo de cartas además de servir de guía de diseño para obtener temperaturas que promuevan el confort térmico, muestran las posibles consecuencias en el individuo de la concurrencia de condiciones meteorológicas fuera de la zona de confort.

Fuente: Mejía y Morillón, s/f. Se convirtió a escala de grises

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Dentro del área de estudio, investigadores han documentado que la mayoría de la población de La Paz (60.7 %) manifiestan que no se sienten cómodas en verano (Tabla 1.3).

Tabla 1. 3. Percepción sobre confort térmico en viviendas económicas de México .

Algunos autores apuntan que también existen variables sociales externas que influyen en el individuo que no se pueden controlar en la conformación del confort como el “estrés por falta de trabajo o de dinero” (Fuentes, s/f: 59). Sin embargo, dentro de la arquitectura, a través de la manipulación y configuración del espacio, e incluso mediante aplicaciones tan sencillas co mo un color claro en la pintura, por supuesto que puede promoverse el confort psicológico, induciendo a los ocupantes a estados de relajación o por el contrario, si los espacios en que se habitan son muy reducidos, o están pintados con tonos que son agresivos a la vista, el edificio puede promover estados de tensión y angustia en el morador. De esta manera, si bien las variables sociales no se pueden controlar mediante la configuración de un edificio, sus efectos sí se pueden mitigar.

Respecto al sostenimiento de la salud en el edificio algunas personas pueden preguntarse ¿Y cómo puede afectar a la salud de los ocupantes un edificio? Se ha determinado la existencia del “síndrome del edificio enfermo”, que es la ocurrencia de enfermedades en los ocupantes de un edificio (como “dolores de cabeza, en los ojos, nariz o irritación en la garganta, tos seca, comezón, mareo y nausea, dificultad en la concentración, fatiga y sensibilidad a los olores”

EPA, 1991:1) derivada de las características constructivas de este, siendo las principales causas (no imputables a agentes externos) ventilación inadecuada, contaminantes químicos contenidos en los materiales de construcción (los adhesivos pueden ser un caso) o agentes biológicos presentes en el edificio (hongos, bacterias) (EPA, 1991:1-2). Inclusive se ha llegado a señalar que dentro del aire interior de los edificios se puede encontrar entre “dos y cinco –y

[Extracto] Fuente: Conafovi, 2006 en Romero et al., 2011

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en ocasiones más de cien- veces más contaminantes que en el aire exterior” (USGBC, 2007: 1) y que tal baja calidad del aire ha sido relacionada con “problemas de salud como cánceres, asma, enfermedad del Legionario e hipersensibilidad a la neumonía” (Ibídem).

Todas las variables de confort expuestas tienen en común la búsqueda del bienestar del usuario, ya sea de modo físico, psicológico y de su salud en general. Aquí se considera que el confort ambiental es la integración de estas variables, de modo que el aumento de la EEE

conlleva un aumento del bienestar general del individuo que se suma a los beneficios económicos que este obtiene por el ahorro de energía.