CAPÍTULO II. MARCO CONTEXTUAL
3.2 Compañeros de unidad, hommies, cuates, compadres y hermanos en la fe
3.2.3 De compañeros de trabajo a compadres y padrinos
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ancianos y que no tienen un familiar que les ayude. Me gustaba mucho ayudarles a los viejitos porque me nacía del corazón porque el Señor me cambió mi vida, entonces yo trataba de ayudarlos y sacarlos adelante… a mis hermanos (Pablo, 2014).
Según la información recolectada encontramos dos aspectos de nuestros casos de estudio. Por un lado, que los grupos sociales cerrados cimentados en relaciones sociales de “cuatismo”
articuladas en torno al consumo de alcohol y drogas parecieran formar amistades sólidas; y por otro, que la inversión de tiempo con los grupos de amigos tiende a separar a los integrantes de la familia y a debilitar los vínculos de parentesco.
Sin embargo, de los datos obtenidos se observa que los lazos fuertes en grupos cerrados enclaustran a sus miembros y no les permite acceder a recursos en momentos como la detención. Por el contrario, los lazos familiares que parecieran esfumarse son revalorados y resignificados como proveedores de recursos materiales y simbólicos; al tiempo que pueden surgir nuevos lazos como los relacionados con la iglesia cristiana que igualmente movilizan recursos.
Lo anterior no quiere decir que las coyunturas donde ocurre una separación familiar conlleven una inmediata movilización de los lazos; pues su desgaste o fragmentación puede derivarse de condiciones socioeconómicas estructurales en las que están inmersos, de las adicciones o de la demanda excesiva en las relaciones de intercambio recíproco entre los miembros de la red.
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Salvador accedió a oportunidades laborales en el sector de la construcción por medio de los amigos con los que cruzó la frontera a Estados Unidos. Uno de ellos ya tenía familiares asentados en Estados Unidos que se dedicaban al comercio de la fayuca13. Esas personas fueron para él los lazos débiles que le permitieron acceder a las redes sociales de trabajadores de la construcción, firmas, constructoras y otros actores insertos en ese nicho laboral: “Ellos sabían de qué te iban a conseguir jale14. Conozco a fulanito o fulanito conoce a menganito y allí te metemos” (Salvador, 2014).
Una vez que ingresó en las redes del sector de la construcción comenzó a adquirir recursos como el aprendizaje del idioma inglés, conocimiento técnico sobre las actividades de construcción y contactos clave (nodos) que le permitían ser recomendado en compañías. Esto le permitió ganarse reputación ante arquitectos, jefes de obra y trabajadores mexicanos que formaban parte de su cuadrilla; que convertía en beneficios monetarios a través de contratos.
Como lo cuenta: “Yo encaminé al trabajo a muchos de ellos, los metí a mi compañía cuando andaban batallando por trabajo […] aprendieron muchas cosas gracias a que yo los jalé.
Muchos me seguían […] mucha gente me procuraba para trabajar conmigo” (Salvador, 2014).
La consolidación de estas amistades llega a formalizarse por medio de la figura institucional conocida como compadrazgo (Kemper, 1982; Carlos, 1973). Así, a los compadres los vincula un lazo filial que establece un compromiso permanente de proteger y atender necesidades de muy diversa índole, se brindan apoyo en apariencia desinteresado fortalecido por el binomio amigo-pariente, adquieren responsabilidad de paternidad ante los hijos de sus compadres, así como autoridad ante los miembros de sus familias. Además, los compadres utilizan diversos mecanismos para mantener sus relaciones duraderas que les permitan acceder a recursos; tales como reuniones diversas, comunicación permanente, festividades, pasatiempos, entre otros.
13 De acuerdo con Sandoval (2012: 46, 56), se refiere a “[…] el comercio de mercancías de importación”.
Además, “La economía de la fayuca es una actividad considerada dentro de la economía informal o comercio informal […] El comercio de la fayuca, en particular el que se organiza por medio de la infraestructura de los mercados populares, funciona como un espacio para la construcción de algunas solidaridades aleatorias. En el mercado el comerciante se encuentra con otros, conversan, se auxilian en asuntos muy puntuales, se confían las cosas de la vida, se organizan tandas, se prestan dinero, se conocen a los hijos, a la familia, se ayudan a resolver problemas. Se trata de una solidaridad similar a la construida con vecinos y familiares”.
14 Este término se utiliza aquí para referirse a un empleo formal o cualquier otra actividad remunerada.
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Para Juan la relación con sus compadres representó un apoyo moral y económico importante mientras vivía en Estados Unidos: “Mi compadre me daba consejos porque él también había sido vicioso […] yo le arreglaba sus carros […] Una vez ocupaba acompletar una renta e incluso él y mi amigo, si yo no tenía dinero me ofrecían la oportunidad de buscar cómo. Ya si yo no tenía como pagarles y llegaba la fecha en que les había dicho, en ese transcurso les terminaba de pagar con autos” (Juan, 2014). Su relación era sostenida por convivencias como las peleas de gallos donde tomaban alcohol, platicaban de sus problemas personales y laborales o de necesidades familiares.
En términos de responsabilidades y derechos contraídos con sus compadres, Juan refiere que la ayuda que le proporcionaron a su ex esposa al permitirle quedarse en su casa cuando sufrió un desalojo o cuando ambos trabajaban y no tenían con quien dejar a su hija, se inscribía en relaciones de intercambio en las que él les arreglaba sus carros, les hacía composturas en su casa y siempre estaba dispuesto para emergencias monetarias o morales (Juan, 2014).
En el caso de Salvador, la reputación que había adquirido con amigos y diferentes empleadores le garantizaba acceder a empleo cuando tenía dificultades. Incluso uno de sus lazos más fuertes se generó con un amigo que también conoció a través de uno de sus compañeros de trabajo y se mantuvo sobre la base de un intercambio recíproco entre los dos.
Los favores, en apariencia desinteresados, que él hacia formaron un vínculo de confianza que se manifestaba en que pudiera hacerse cargo de las pertenencias, dinero y hasta de los hijos de su amigo. La fortaleza de la relación se institucionalizó cuando Salvador le pidió a su amigo que fuera su padrino (Salvador, 2014).
Esta institución generó un sistema de derechos y obligaciones entre ambos. Él, como ahijado, siempre tenía que estar dispuesto a apoyarlo en cuestiones de trabajo, a cambio de ganarse el respeto y la confianza de su padrino. Por su parte, su padrino no únicamente le garantizaba trabajo remunerado, sino que además le daba consejos y se portaba como si fuera un padre;
situación que le permitió ganarse el cariño y aprecio de parte de su ahijado (Salvador, 2014).
La unidad la mantenían con el trabajo y la convivencia: “[…] trabajábamos duro. Nos gustaba
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pasarla bien pero también le echábamos duro al trabajo, tarde trabajando pero valía la pena porque nos la queríamos pasar bien” (Salvador, 2014). Hacían diferentes actividades para pasar el tiempo libre como hacer días de campo en el rancho de su padrino, tener convivios, hacer peleas de gallos, etcétera. También refiere que su padrino fue un lazo que le permitió vincularse con otras personas: “Dependiendo el círculo en que te desenvuelves es con el tipo de gente que te relacionas. Ya al relacionarme yo con él es otro nivel de la gente, ya es gente de esas de que conozco al Grupo Norteño porque son camaradas, si me entiendes” (Salvador, 2014).
Un aspecto que se observa en los casos de Salvador, Pablo, Juan y Enrique es el fortalecimiento de sus lazos a partir de la relación entre el empleo y la confianza. En sus experiencias personales, el campo laboral fue donde iniciaron amistades que con el tiempo se transformaron en apoyos que les proporcionaron recursos materiales y simbólicos. La consolidación de relaciones duraderas de intercambio transcurrió por un proceso de institucionalización en el que ya no solamente eran amigos o conocidos; sino ahijados, socios, yernos, compadres o jefes de unidad militar.
Los intercambios recíprocos entre los lazos se sustentaban sobre una base de confianza que había sido obtenida pero que debía ser nutrida a lo largo del tiempo. Salvador lo expresa de la siguiente manera:
Yo los apoyaba trabajando, siempre trabajando […] Me he fijado que eso fue una suerte y un punto que siempre tuve a mi favor, que en el momento en que ellos siempre necesitaron una ayuda, yo iba pasando por allí y ellos lo vieron con buenos ojos, y una cosa que veo es la confianza. Lo que siempre he visto es que he cultivado la confianza y me la he ganado. Ganarte la confianza, que te tengan confianza y saberla cuidar, eso cuenta mucho […] Ese muchacho nos ayuda y puedes confiar en él, eso te jala (Salvador, 2014).
Empero, lo que en ocasiones impacta el funcionamiento de estas relaciones y rompe el lazo establecido es la incursión en el uso de drogas. Salvador lo expone en estos términos:
Perdí todo contacto porque entré por una racha mala […] A partir de allí dejé de tener contacto con él, porque por la situación que pasaba me sentía mal y pues me agüitaba, me daba tristeza que ellos fueran a verme en las condiciones que estaba, moralmente más que nada, entonces me alejé. Después me fui para Washington y pues allá perdí más contacto con más gente […] No me regresaba porque tenía
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como un año y medio, más o menos, que no usaba drogas ni tomaba, como antes de ese tiempo (Salvador, 2014).
De acuerdo con la información de nuestros casos se ha podido observar que diferentes lazos débiles como empleadores, compañeros de trabajo, amigos de los amigos, adquieren fortaleza en términos de acceso a oportunidades de empleo mejor pagadas, redes sociales que movilizan otro tipo de recursos, opciones de vivienda, cuidado de los hijos; e institucionalizan sus relaciones de intercambio por medio de figuras como el compadrazgo y los padrinos. Estos lazos instauran mecanismos de derechos y obligaciones que rigen las relaciones de intercambio y la movilización de recursos.
Según la información empírica recopilada, su persistencia en el tiempo pareciera depender de la provisión de recursos específicos inherentes a la institucionalización del lazo. Por ende, la separación o alejamiento físico entre los miembros trastocaría uno de los mecanismos fundamentales de la relación; esto es, la convivencia. Asimismo, dicha separación impactaría el intercambio de favores que conllevan las instituciones como la de padrino-ahijado. De esta manera, el evento de la expulsión por motivos migratorios valora la importancia de tales vínculos. En el siguiente capítulo se da cuenta de esto.
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CAPÍTULO IV. LLEGAS AQUI Y ENCUENTRAS UNA VIDA COMPLETAMENTE