4. MARCO CONTEXTUAL
4.6. Definición de indio; error histórico
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66 A pesar de la limitada visión que se tenía sobre los pueblos originarios; eran muchos los avances sociales y tecnológicos que se tenían del otro lado del océano. Las personas que habitaban en lo que ahora es México fueron constructores de una organización social efectiva y también de una arquitectura sin precedente en cuanto a sistemas de riego y agricultura, desconocidos para los españoles.
A pesar de que la Iglesia en ese momento tenía definidas sus líneas de fe para con sus feligreses, los pueblos originarios no fueron fáciles de convencer para practicar el cristianismo, dado que muchas culturas colocaron las imágenes de los santos que les impusieron sobrepuestos en los espacios sagrados y sus imágenes que representaban simbólicamente a los elementos de la naturaleza y que los españoles confundieron con dioses. Una práctica de la religión de ese entonces era no reconocer como humanos a los que no entendían ni conocían la religión predominante en España, como era el caso de los nativos recién “descubiertos”, quienes no conocían la religión, ni entendían la cultura española; por lo que comenzaron a definirlos como aborígenes y bárbaros.
En México se han denigrado las lenguas originarias de los pueblos originarios; en las comunidades otomíes no es la excepción, desde hace años que se da prioridad al aprendizaje de la lengua española por ser “oficial”. Los maestros imparten clase en español en las escuelas; en todos sus niveles. En la iglesia los curas celebran misa en español también y en todas las instituciones de gobierno que es donde la gente realiza diversos trámites administrativos de igual forma se pide que los tramites sean en la lengua oficial. No hay margen para que el otomí, el mazateco, el náhuatl y un sinnúmero de pueblos puedan hacer uso de su idioma original en su quehacer diario, lo cual ha motivado a las familias para que los hijos, en lugar de aprender la lengua originaria, aprendan el español como lengua imprescindible.
La educación ha jugado un rol que se podría equiparar a un sistema de control para el caso de los pueblos originarios. Se puede comentar al respecto que, aun los indigenistas mexicanos que tuvieron la buena intención de reivindicar los derechos de los pueblos originarios, también cayeron en la idea de la desaparición de las personas originarias en México, por ejemplo: “la rectoría de José Vasconcelos de la
67 educación pública en México (1920-1924) se caracterizó por el desdén hacia las formas tradicionales de cultura autóctonos en aras de “europeizar” a la población, especialmente en el caso de los grupos indígenas” (Brokmann, 2013, p. 4). Resulta complicado entender como los mismos mexicanos en un afán de ayudar a los pueblos originarios estaban convencidos de que su desaparición pudiera tener un resultado positivo en México. Siguiendo con la escuela y haciendo un análisis de la forma en que se impartía y se sigue impartiendo clases en los pueblos originarios, se entiende que las personas en las comunidades veían de forma diferente al objetivo mismo de la escuela “se acepta la escuela porque le da prestigio social al pueblo, más no porque se piense que pueda ser de alguna utilidad práctica. El niño ha nacido para acarrear la leña y el agua, para sembrar la milpa, para vivir con su mujer en una cabaña. (Benítez, 1982, p.52)
La forma en que se hacen los censos, el registro en las diferentes dependencias es diverso y no hay una normativa que priorice el uso de la lengua de los pueblos originarios para contabilizar y tener estadísticas apegadas a la realidad del número de personas de los pueblos originarios que existen en México. La misma forma de vida que viven los pueblos mexicanos, otomíes, mazahuas etc. hace que lleguen a negar su raíz originaria y que su identidad sea alterada “voluntariamente”. Para ser aceptados en esta sociedad es necesario negar que se pertenece a una cultura originaria.
No solamente en México pasa este fenómeno social. Se cita el siguiente caso que muestra las diferencias existentes en otras latitudes y que no es realmente diferencia, sino que la forma en que se realizan los censos o los registros no son tan fidedignos como se pensaría: “En Iberoamérica abundan los casos en que los censos oficiales clasifican como de raza diferente a individuos que siendo hermanos viven en comunidades culturales distintas. Este caso ha sido ilustrado para Otavalo, Ecuador (Esteva, 1964, p. 294) donde dos hermanos fueron clasificados, respectivamente, como indio y mestizo en consideración a que la forma de vestir del primero era indígena y urbana la del segundo” (Esteva, 1982, p.17).
68 El idioma de las comunidades originarias ha sido motivo de discriminación en el ámbito familiar, lo cual se ha vuelto, a través del tiempo, una costumbre. Los usos y costumbres de la comunidad se convierten en un instrumento de control: se acostumbró a las personas a hablarle en español a los hijos, los abuelos a los nietos y así es como ellos siguen hablando la lengua originaria; los hijos y los nietos la van perdiendo de manera paulatina, es cierto que la llegan a entender, pero no a dominar. También las políticas nacionales han sido duras para con los pueblos originarios de México, los políticos, los intelectuales y los investigadores son presuntos defensores de las culturas prehispánicas, presumen lo muerto y lo que es historia, mientras tanto desprecian lo presente como símbolo del retraso en la modernización “el indio ejemplar era el indio histórico. En cambio, las comunidades indígenas de carne y hueso sufrieron un ataque sistemático de parte de la legislación liberal contra su autonomía política, su organización económica, su cultura comunal y sus usos y costumbres. En algunos casos la ofensiva amenazaba con el exterminio, como lo padecieron los mayas y los yaquis. El indio bueno era el indio muerto.” (Irving, 2013, p.344)