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CAPÍTULO 6: ANÁLISIS E INTERPRETACIÓN DE RESULTADOS. 87

6.2 Observando la Plaza

6.3.1 Elementos del Mundo Narrado

6.3.1.3 Dimensión actorial

Partiendo de la idea de que “los actores de un relato son humanos, o por lo menos

“humanizables”, Pimentel considera que todo relato es la proyección de un mundo de acción específicamente humana” (Pimentel, 2005: 59).

Dado que no es la persona como tal la que actúa dentro un libro sino más bien es un personaje que el lector guiado por la narración se debe imaginar, la autora menciona que “un personaje no es otra cosa que un efecto de sentido que bien puede ser del orden de lo moral o de lo psicológico, pero siempre un efecto de sentido logrado por medio de estrategias discursivas y narrativas” (Pimentel, 2005:

59).

De tal suerte que si revisamos “El Corrido de Zapotitlán” bajo la perspectiva anterior, nos damos cuenta que no aparece un personaje explicito dentro de la pieza musical, no obstante, se hace referencia a un lugar (Santiago Zapotitlán) en torno al cual se realiza la narración, sin embargo, se percibe la voz del autor del corrido como narrador, quien en este caso no se describe, pero sí, se inserta como un participante más dentro del texto dejándolo claro al momento de despedirse….

“Mi orgullo es ser Zapoteco, señores ya me despido.”

De esta manera, Pimentel nos dice que el carácter construido del personaje, dependen también del nivel de abstracción por parte del lector, al respecto la autora menciona que bajo la perspectiva semiótica y la estructuralista puede ser difícil de identificar, esto debido a que “el personaje “cuando no “desaparece”, se

“esencializa”, por así decirlo, al ser descrito en niveles de abstracción muy altos”

(Pimentel, 2005: 60).

Otro punto a considerar dentro de lo que es la dimensión actorial del relato, es el retrato, la identidad física y moral del personaje, si bien es cierto que no podemos imaginarnos físicamente el pueblo de Santiago Zapotitlán a través de la letra del corrido, esto debido a que no existe la suficiente información descriptiva del lugar en el discurso analizado, sí podemos calificarlo como un pueblo cargado de aspectos culturales significativos para los habitantes de la región.

No obstante, al que sí logramos imaginar a partir de este texto en particular, es al narrador, moralmente se puede identificar que se trata de una persona adulta, que lleva muy arraigadas las costumbres y tradiciones de su pueblo, que las conoce y les guarda un determinado cariño y respeto, centra su atención en aspectos como

la belleza, la sinceridad y la grandeza de las costumbres y tradiciones que en Zapotitlán se llevan a cabo y aunque no las describe con gran medida, sabe perfectamente cuan importantes son como elementos culturales del pueblo.

Lo anterior tiene que ver con otro punto muy importante dentro de la dimensión actorial, el entorno, definido por Pimentel comoel espacio físico y social en el que evoluciona un relato, tiene una primera e importante función de marco y sostén del mundo narrado; es el escenario indispensable para la acción” (Pimentel, 2005:

79).

Es precisamente el pueblo de Santiago Zapotitlán el entorno donde se desarrolla la historia del corrido que lleva como título el nombre del mismo pueblo, lugar en el que se acostumbra realizar el baile del guajolote en algunas bodas, la realización de los carnavales por parte de las comparsas del pueblo y las festividades para venerar tanto a Santa Ana (por el barrio de Santa Ana) como al apóstol Santiago (por el Barrio de Santiago) Santo patrono del pueblo.

Siendo este el sitio en el que nace, vive y fallece el narrador “el entorno es, entonces, una forma indirecta de caracterizar al personaje, ya sea por reflejo, en una especie de repetición espacial de los rasgos físicos y morales del personaje, o bien por extensión complementaria...” (Pimentel, 2005: 82).

Finalmente, el discurso figural es la forma del ser y del hacer discursivo de los personajes “en un relato los acontecimientos narrados son, o bien de naturaleza verbal, o bien de naturaleza no verbal; es decir, el acontecimiento por narrar puede ser un discurso que se transmite de diversas maneras, o bien ese acontecimiento puede ser un acto no verbal (oler, correr, estremecer, sacar la pistola)” (Pimentel, 2005: 83).

En la letra del corrido es fácil identificar algunos rasgos de acontecimientos no verbales por ejemplo:

“Se me enchina el cuerpo.”

“Hombres sinceros.”

“Lo digo de corazón.”

“Mi orgullo es ser zapoteco.”

Mientras que la presentación del discurso figural, está dada bajo un modo de enunciación dramática, es decir, sin mediación narrativa.

“Todo discurso figural constituye un punto de vista sobre el mundo; una postura ideológica –entendida ésta como el conjunto de creencias que orienta toda percepción del mundo y toda acción- que el personaje declara implícita o explícitamente al asumir el acto del discurso” (Pimentel, 2005: 86).

Trayendo a colación frases que aparecen dentro de la letra de “El Corrido de Zapotitlán” tales como:

“Sus fiestas tradicionales de México las mejores.”

“No hay otra tierra que tenga sus bonitos carnavales.”

“El baile del guajolote es único en la región.”

“Zapotitlán eres puro corazón.”

Fácilmente nos podemos dar cuenta que se tiende a la idealización, es decir el corrido muestra a un pueblo más que perfecto, incomparable y único, sí bien es cierto que durante mucho tiempo las festividades de Santiago Zapotitlán fueron consideradas como una las mejores del Distrito Federal, los mismos cambios geográficos, económicos, políticos y sociales que se viven dentro de la misma población y pueblos aledaños, han hecho que la letra de la pieza musical rebase la realidad de lo que sucede hoy en día en esta población.

Zapotitlán ya no es único en carnavales, geográficamente es uno de los pueblos de Tláhuac más urbanizados, los fuegos artificiales se han expandido y son ya tradicionales en muchos lugares y en diversos eventos, por su parte, el baile del guajolote se realiza también en otras poblaciones tanto pertenecientes o no, a la Delegación Tláhuac.

Una vez revisado el mundo narrado desde la perspectiva modal que propone Pimentel, con la cual se llevó acabo el análisis textual de “El Corrido de Zapotitlán”, es momento entonces de retomar la otra parte que propone la autora con respecto a la división de un relato por su modo en enunciación, es decir, el narrador.

Conocemos la historia, ese mundo de acción humana construido por el relato, sólo a través de la mediación de un anunciador o narrador. Un relato verbal –oral o escrito- sólo se concibe en la medida en que alguien cuenta una historia o serie de acontecimientos, a alguien (Pimentel, 2005: 134).

Sabiendo entonces que entre la narración textual y el autor (narrador) de la misma existe una relación constitutiva, se inicia con el análisis temático correspondiente a esta segunda división.