• No se han encontrado resultados

Dimensión Sociocultural de la Sustentabilidad

2. MARCO TEÓRICO CONCEPTUAL Y METODOLÓGICO

2.1. Globalización, Sustentabilidad y Patrimonio

2.1.3. Dimensión Sociocultural de la Sustentabilidad

En el marco de la globalización, cuando se dejan de lado el protagonismo de las dimensiones medio ambiental y económica emerge una de las principales preocupaciones de los científicos sociales relacionadas con la dimensión social de la sustentabilidad en el contexto de la era global, la conservación de la identidad cultural de los pueblos (Molina Bedoya, 2007). Si bien es cierto que la identidad se va construyendo a lo largo del tiempo, actualmente existe una marcada tendencia hacia desear reproducir el modelo y las prácticas de la sociedad dominante, prácticas que van desde las actividades cotidianas hasta en la construcción y edificación de las ciudades. La sociedad del norte occidental representa el modelo de sociedad civilizada, y todo lo que

37 no corresponde a ese modelo no entra en el exclusivo término de civilización (Molina Bedoya, 2007:83).

Haciendo referencia a los modelos de regionalización y su relación con la identidad cultural se puede citar a Kravzov (2003), quien sitúa a la identidad nacional y sus orígenes en el momento en el que se definieron los estado-nación por medio de la construcción de las fronteras físicas, políticas, ideológicas y culturales; en este sentido, resaltar las diferencias fue producto de las necesidades políticas, así la identidad se definió a partir de la identidad de otro y permitió al Estado definir políticas de desarrollo (Kravzov, 2003:240). Pero actualmente las fronteras físicas a las que hace referencia Krazov (2003) son concebidas de forma distinta, se encuentran en proceso de redefinición pues el territorio es cada vez menos un dato preexistente y cada vez más un producto, es decir el resultado de una fabricación (Giménez 1996:11).

El Estado ha tenido una gran influencia en la concepción de la identidad cultural de los pueblos por medio de sus políticas como las relacionadas a las entidades educativas y culturales (Melgar Bao, 2000); por ello Krazov (2003) y Molina Bedoya (2007) mencionan como riesgo el hecho de que las sociedades obedezcan patrones manipulados para la construcción de su identidad cultural, marcando una tendencia hacia la uniformidad de un mismo modelo cultural, determinado por la prevalencia de una sola cultura para hacer del mundo un lugar más fácilmente gobernable.

Las posturas de los autores mencionados arrojan una clara percepción de las principales preocupaciones con respecto al tema globalización e identidad cultural; por un lado está el temor a la homogenización de la cultura, pero también la imposición de una cultura occidental y el riesgo a que los pueblos insertos en el mundo global puedan ser fácilmente dominados por la supremacía de la cultura norte occidental o americanización.

Por su parte existen otras posturas que difieren con las mencionadas en los párrafos anteriores. Autores como Véjar Paz (2004) ven en la globalización una oportunidad

38 donde se puede generar reforzamiento de identidades locales (Véjar Paz, 2004:1). En un mundo homogéneo la autenticidad, el folklor y el patrimonio se vuelven un objeto de valor incalculable, lo que ha derivado en la aplicación de múltiples políticas para salvar el patrimonio tangible e intangible de los pueblos.

Cuando se habla de identidad y cultura se hace referencia a dos conceptos indisociables, pues coexisten de manera condicionada y la identidad es el reflejo de la apropiación cultural de los miembros de una sociedad, es asimismo un rasgo distintivo cuya principal función es la de marcar un límite de diferencia entre grupos humanos (Giménez, 2005:1).

Para comprender el significado de identidad cultural es necesario entender en primera instancia el concepto de cultura, el cual ha evolucionado desde su aparición protagónica en las discusiones de intelectuales europeos que datan del siglo XVIII (Molano L., 2007:70). La cantidad de definiciones es basta, pero para efectos de la comprensión de la identidad cultural en el mundo global el análisis de las definiciones de Verhelst (1994) y Bonfil Batalla (2006) dan un escenario claro sobre el significado del concepto.

Verhelst (1994) considera como definición de cultura lo siguiente.

...es algo vivo, compuesta tanto por elementos heredados del pasado como por influencias exteriores adoptadas y novedades inventadas localmente. La cultura tiene funciones sociales. Una de ellas es proporcionar una estimación de sí mismo, condición indispensable para cualquier desarrollo, sea este personal o colectivo (Verhelst, 1994: 42).

El autor recalca que la cultura no viene dada per se, sino que es una construcción hecha a partir de elementos tanto exógenos como endógenos que fluctúan a través del tiempo en un intercambio social que resulta finalmente en las bases para la construcción de la identidad y se destaca el hecho de que el autor la considere como parte indispensable para el desarrollo.

39 Por su parte Bonfil Batalla (2006), define a la cultura desde una perspectiva antropológica como el conjunto de “símbolos, valores, actitudes, habilidades, conocimientos, formas de comunicación y organizaciones sociales; así como bienes materiales que hacen posible la vida de una sociedad determinada, y que le permiten transformarse y reproducirse como tal de una generación a la siguiente” (Bonfil Batalla, en CONACULTA 2005:46).

El análisis de las definiciones nos muestra que la cultura está intrínseca al ser humano, quien a final de cuentas satisface sus necesidades emocionales por medio de expresiones culturales que se guardan en la memoria colectiva de la sociedad y que con el tiempo pasan a ser parte del acervo cultural que finalmente es la piedra angular para la construcción de la identidad.

Según Calhoun (1994) la identidad cultural se puede entender como el resultado de la construcción de sentidos y significados que atienden a varios atributos culturales priorizados sobre otros y representa la autodefinición del individuo (Colhoun, 1994, citado en Castells, 2001:28). Jenkins (2004) hace hincapié en el sentido colectivo de la identidad, pues es la comprensión de quiénes somos y quiénes son los demás (Jenkins, 2004:1).

A pesar de que la identidad trasciende fronteras el origen del concepto se encuentra vinculado al territorio e incluso se considera que juega un papel importante en el desarrollo territorial (Molano, 2007:75) gracias a que la recreación de los elementos identitarios de una sociedad puede incidir en el interés local, en generar cohesión social y desencadenar actividades económicas generadoras de ingresos. Como ya se ha mencionado la globalización actúa en dos direcciones y en el caso de la cultura se deben tener en cuenta los niveles local y global para comprender su concepción y los distintos caminos que sigue durante su evolución (Mejía Navarrete, 2007:366). Otros de los principales autores que tratan el tema del desarrollo regional y la sustentabilidad, también coinciden en que la dimensión sociocultural es la que define el éxito del modelo

40 de sustentabilidad (Boisier, 1997; Gimaraes, Leff, 2002), pues sin un cambio en los patrones culturales dominantes en la población la articulación de la sociedad con una conciencia común responsable no será posible.

Manuel Castells precisa que “la oposición entre globalización e identidad está dando forma a nuestro mundo y a nuestras vidas” (Castells, 1996:23) y ciertamente la aseveración hecha por el autor durante los años 90s ha resultado en una nueva configuración de identidad, tal y como lo menciona Wong-González (2001): Identidad local con ciudadanía global parece ser la tendencia espoleada por los fenómenos analizados. El individuo contemporáneo se identifica con su territorio original–local, pero propende simultáneamente a desplegar y compartir hábitos y patrones de comportamiento globales (Wong-González, 2001:19)

2.1. Turismo y Globalización

No se puede hablar del proceso de la sinergia identidad cultural y globalización y sus consecuentes cambios sin hacer énfasis en el desarrollo de la ciencia y la tecnología.

Kravzov (2003) describe de forma casi poética como el hombre guiado por su sueño de conocer el mundo ha ido evolucionando sus métodos de exploración desde la tecnología náutica hasta la exploración espacial y como si el mundo y el territorio tangible ya no le fuera suficiente ha creado el ciber-espacio. Molina Bedoya (2007) menciona que las tecnologías de la información son el principal aliado de la globalización e incluso lo global pierde fuerza frente a lo virtual (Molina Bedoya, 2007:81).

La virtualización de los medios de información es la punta de lanza del capitalismo global y ha impactado a una gran cantidad de procesos manifestándose de distintas maneras (Wong González, 2001:7).

41 Entre los procesos es pertinente destacar actividades económicas que han despuntado y se han reconfigurado a la par de la era digital, como lo es el turismo. A la luz del despliegue de la actividad turística la organización Mundial del Turismo en 1991 acuñó su propia definición del término:

Comprende todas las actividades que realizan las personas durante sus viajes y estancias en lugares distintos al de su entorno habitual, por un periodo de tiempo consecutivo inferior a un año, con fines de ocio, por negocios y otros motivos.

(OMT, 2008:11)

Para la OMT la primera condición para que el ser humano lleve a cabo un movimiento turístico es el traslado de su lugar de residencia hacia otro distinto y que sea por períodos de tiempo ininterrumpidos; el turismo no discrimina los motivos de viaje, por lo tanto engloba aspectos tan variados como los económicos, sociales y académicos, entre otros.

Una definición más reciente de turismo ofrecida por Ledhesma enuncia que es:

…todo el espectro que se genera a partir de la idea y/o de la acción que implica el desplazamiento de los seres humanos a un lugar diferente al de su residencia con posibilidades recreativas, es decir, con intenciones de descanso, diversión y/o contacto con el destino receptor. El turismo se presenta entonces como un fenómeno complejo y multidisciplinar que comprende aristas económicas, sociales, políticas, artísticas, antropológicas, medioambientales, históricas, geográficas, educativas, psicológicas, comunicativas... que involucra simultáneamente al sector empresarial, al estatal, al no gubernamental, al sector profesional, a las poblaciones que habitan cada destino turístico y a los turistas.

(Ledhesma, 2016:13)

A diferencia de la definición de la OMT, la ofrecida por Ledhesma enriquece el concepto desde una perspectiva social, pues resalta la participación de actores dinámicos y determinantes que influyen de manera endógena en la actividad, la cual a su vez no escapa de las influencias externas del mundo global, pues se considera que la actividad

42 turística está determinada en gran parte por los patrones de diversión, ocio y consumo que en contexto actual del siglo XXI se han definido en gran medida por los recursos informativos que la sociedad tiene a su alcance (Molina Bedoya, 2007).

En relación con la globalización Brenes Leiva (2006) identifica los cambios que en consecuencia se han observado en la actividad turística. El primero es el crecimiento sostenido del sector terciario, el cual se ha convertido en el principal acumulador de capital en las economías de países desarollados.

La segunda característica es la consolidación de bloques políticos y económicos, lo que configura una globalización de regiones; el autor menciona que los grandes flujos turísticos de llevan a cabo en países desarrollados debido al desarrollo de los medios de comunicación y la capacidad de inversión, el ranking mundial de la OMT del año 2015 muestra que los primeros lugares donde hay una mayor afluencia turística en su mayoría son países desarrollados, Francia ocupa el primer lugar seguido por Estados Unidos, el tercer lugar lo ocupa España y el cuarto China. Aunque por mucho tiempo se consideró que los turistas de países desarrollados preferían viajar a destinos cuya situación era similar al de su país de origen, debido principalmente por seguridad, se ha visto un incremento en el número de visitas a países en vías de desarrollo, lo cual ha dado pie al análisis del surgimiento de un fenómeno, en donde se hace evidente una dinámica en la cual los países desarrollados son emisores de turistas y los subdesarrollados receptores (César & Arnaiz, 2003).

La tercera característica identificada por Brenes Leiva (2006) es la reconfiguracion de relaciones políticas y económicas, lo que trajo consigo mayor flexibilidad y liberalización facilitando la aglomeracion de actividades económicas de importancia global en distintos lugares. Con esto emergen nuevos destinos turísticos gracias a procesos de pacificación, desarrollo de los ya mencionados medios de comunicación e incremento en la competitividad entre las regiones. A su vez, la regionalización aunada al proceso de globalización desencandenó una enorme competencia por los mercados lo

43 cual deriva en cambios y ajustes, en el área del turismo ésta actividad se sustenta en los sectores más dinámicos de la economía.

Cuando el turismo se reconoció como en un recurso para el desarrollo y el crecimiento económico (Brida & Risso, 2009; Seetanah, 2011) la globalización se incorporó al estudio de su impacto en el crecimiento económico, sin embargo, a la fecha son necesarios más estudios específicos que profundicen en el tema. Resultados de investigaciones como la que llevaron a cabo Ivanov y Webster (2013) basados en la articulación del crecimiento económico y turismo en la globalización, concluyen que ésta no genera impactos determinantes pero si perceptibles en el crecimiento económico derivado de la actividad turística, en general los destinos turísticos receptores experimentan efectos positivos en cuestión de flujo de divisas, sin emabrgo cuando se deja por fuera el crecimiento económico se refleja la dualidad de la globalización como generadora de impactos positivos y negativos, como el generar fugas monetarias en la importación de bienes y servicios. Aunque el nivel del globalización del país no tiene una influencia estadísticamente significativa en la contribución del turismo al crecimiento económico, la apertura de un país al mundo puede actuar desde muchas vertientes, incidiendo indrectamente en los distintos factores que sí pueden tener una influencia significativa en las estadísticas, como los factores que integran la dimensión política y comercial.

Otro estudio que relaciona turismo y globalización fue publicado por Mihajlović &

Čolović en 2014, éstos autores exploran la relación globalización-turismo desde una perspectiva con mayor tendencia hacia los fenómenos sociales originados por dicha relación y sus conclusiones coinciden con la teoría que sitúa al avance de los medios de información como el eje de la relación mencionada, sobre todo porque en el contexto actual los intensos cambios físicos que se difunden por distintos medios y llegan al conocimiento de gran parte de la sociedad –como el cambio climático y la contaminación– afectan directamente en las nuevas tendencias de comportamientos turísticos. De acuerdo con los autores los cambios en el turismo generados por la globalización se manifiesta en tres áreas: la demográfica, cultural y política, lo cual a

44 grandes rasgos se puede sintetizar en el aumento de la demanda turística y el surgimiento de nuevas tendencias.

Al analizar el impacto de la globalización en el turismo es importante tener en cuenta las diferencias que existen entre los países desarrollados y no desarrollados. La apertura y acceso a la información, opciones de viaje y deseos de experiencias son cambios que la globalización ha suscitado en países desarrollados, mientras que en los países en vías de desarrollo donde las disparidades sociales son más evidentes, la fragmentación que sufren los cuerpos sociales hacen que se segmenten en grupos socio-profesionales con características y preferencias diferentes. Mazón Martínez (2001) expone que el turismo en la nueva sociedad globalizada es más heterogéneo y menos estandarizado, incluso hay autores que prevén en un futuro una especie de colonialismo en los países en vías de desarrollo que se llevará a cabo por medio del turismo, como por ejemplo, el caso de Álamos, Sonora, cuyo centro fue construido y habitado por turistas norteamericanos que decidieron elegir al pueblo como su lugar de residencia a partir de la segunda mitad del siglo XX (Balslev Clausen & Velázquez García, 2010:), lo cual trajo como consecuencia que los originarios del poblado habitaran las periferias de la ciudad.

Por otro lado la presión de organizaciones mundiales como la OMT, el Banco Mundial y la Organización Mundial de Comercio sobre los gobiernos para liberalizar el comercio y la inversión en los servicios beneficia a las grandes transnacionales y las coloca en una posición de ventaja sobre las empresas turísticas locales (Pleumaron, 1999), lo cual merma la participación de las mismas y el crecimiento de la economía local.

A pesar de que la definición actual del turismo envuelve a la sustentabilidad como una de las principales características para la práctica de la actividad, actualmente se enfrentan dos paradigmas que se conciben cono no coincidentes: globalización y sustentabilidad, que aunque en muchos casos pudieran conciliarse no sucede así para los países en desarrollo como México, pues sus necesidades son mucho mayores que las posibilidades de lograr un crecimiento equilibrado (César & Arnaiz, 2002:41). Eso hace

45 que todos los actores turísticos de destinos emergentes enfrenten retos que demandan ser resueltos en períodos cortos de tiempo, tal como evoluciona el mundo globalizado.

Si hubiera que destacar una característica del turismo en la era globalizada es el hecho de que el Estado ya no tiene poder autónomo sobre los destinos, sino que para poder potenciar un destino turístico es necesaria la articulación del gobierno con el resto de los actores.

2.2.1. Tendencias Actuales y Diversificación de la Oferta Turística

La evolución del turismo puede tomarse como un claro reflejo de los intereses económicos del mundo y para comprender a grandes rasgos cómo se desarrolla el actual paralelismo entre globalización y turismo basta con hacer un breve repaso histórico a los modelos turísticos preponderantes en el mundo durante cada época y el modelo económico por el que se rigieron cada una de ellas.

La aparición de las bases para el desarrollo del turismo moderno podría situarse hacia el siglo XVI a la par de la proliferación de la clase burguesa (Guerrero González & Ramos Mendoza, 2014:10); sin embargo, dichos cimientos vieron su madurez hasta el siglo XIX durante la era industrial y la aparición del ferrocarril (Álvarez Sousa, 1994 citado en Alvariño, 2010:2). La revolución tecnológica de aquella época permitió a los turistas trasladarse hacia sus destinos de una manera más sencilla y económica.

En los inicios del siglo XX el ejercicio del turismo continuó homogeneizándose, pero en los años treinta la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial causaron el estancamiento de la actividad (Linares Cervantes & Todd Sánchez, 2005:5). Décadas después, en los años postguerra y sobre todo en la década de 1960s, se elevó la calidad de vida de los países emisores de turistas, el ingreso per cápita aumentó, se establecieron derechos laborales donde el goce del tiempo libre y el salario fueron obligatorios, lo cual

46 se tradujo en vacaciones (Fernández Alvariño, 2010:3). Gracias a la reestructuración política y social permitieron que la actividad turística entrara en una nueva fase donde el producto turístico comenzó a producirse con los mismos patrones del sistema productivista predominante siendo masificado y estandarizado (Fernández Alvariño, 2010:4). Posteriormente, se pudo apreciar más claramente como el crecimiento de la actividad se fue dando de forma paralela al desarrollo de las tecnologías de comunicación y transporte, lo cual ayudó a disminuir los costos de viajes y generó una dinámica de magnitudes nunca antes vistas en la historia (Filardo, 2006:192).

En el turismo en el siglo XXI resaltan de sobremanera las diferencias entre cómo se ejerce la actividad actualmente y cómo se hizo en los siglos precedentes. Como se ha mencionado, la sociedad y economía actuales se mueven en el vórtice de la globalización, ya no se habla de una sociedad industrializada sino que ha pasado a ser una sociedad del conocimiento, donde el nuevo modelo dicta los patrones de las preferencias del mercado. La era actual se caracteriza por la economía de servicios que en muchas ocasiones comercia bienes intangibles y se pone en valor el conocimiento sobre el trabajo duro (Fernández Alvariño, 2010:5).

El turismo es más heterogéneo que nunca, pues ha dejado de ser una actividad exclusiva de las clases pudientes y dichos cambios han incidido en el número de personas que se mueven anualmente, en las preferencias de los destinos y en la afluencia de éstos (Morales Cortada, 2006:30-52), lo cual ha despuntado el movimiento de divisas en los países destinos. Tal modificación en los patrones y diversificación del turismo no son simple coincidencia, pues vienen de la mano con los cambios sociales de las dinámicas globales. La influencia de las tendencias internacionales en la sociedad es innegable y es por ello que se habla de un perfil del turista del siglo XXI que difiere en gran medida del perfil del turista de antaño.

Jenses (1999) menciona el término Dream Society, se trata de una sociedad en la cual su principal preocupación, relacionada con el turismo, es tener experiencias y vivencias especiales, sentimientos con emociones profundas que le permitan penetrar más en la