CAPITULO I MARCO TEORICO
1.2.7. EFECTOS DE LA CONTAMINACIÓN ACÚSTICA
exposición a 85 dB(A) durante 8h produce pérdida auditiva al cabo de 10 a 20 años (este ruido puede ejemplificarse como estar en una discoteca, un concierto, una avenida muy transitada, un autódromo o aeropuerto).
Züñiga (2018), refuerza esta postura al manifestar que el potencial de daño auditivo de una fuente de ruido no solo depende de su intensidad, sino también de su exposición, generalmente se acepta que un ambiente sonoro con ruidos con intensidades debajo de 75 dB no es dañino, mientras que un sonido simple superior a 140 dB, puede ocasionar severo daño auditivo permanente.
Tabla 1
Efectos de la salud según el nivel de intensidad de sonidos.
Fuente: (Ludeña, 2018: p. 36).
b) Efectos del ruido ambiental sobre el organismo.
Tobias (2002), aporta que en general el cuerpo humano y el de la mayoría de los animales reacciona de forma adversa a ruidos molestos. Las interconexiones sinápticas de las vías auditivas en el sistema reticular ascendente y en el hipotálamo son la base de uno de nuestros sistemas más básicos de alerta ante el peligro: El ruido desencadena una serie de reacciones neuronales y hormonales que predispone al
cuerpo al estado de latencia de lucha. En un inicio puede parecer normal, pero se vuelven perpetuas y se convierten en patologías tras exposiciones largas al ruido.
Todo ello es base del estrés. Aunque el cuerpo se puede acostumbrar o adaptar, los niveles sonoros altos, sumados con el estrés y ansiedad propias de la vida cotidiana, producen a la larga cuadros de ansiedad y estrés pudiendo llegar a cuadros graves de neuropatías, entre otros.
Reyes (2012), muestra, aparte de lo ya expuesto, algunos de los ámbitos donde el ruido impacta de manera más importante en el cuerpo de los seres humanos, entre los cuales destacamos:
Alteraciones Cardiovasculares: La exposición de seres humanos y animales a ruidos molestos producen elevaciones transitorias de la presión sanguínea. Es más las exposiciones más prolongadas causan hipertensión arterial. Jimenez (2010) manifiesta que el ruido es un factor más de riesgo cardiovascular; se calcula que una persona expuesta a ruidos molestos es en promedio 10 años mayor en su edad cardiovascular. De acuerdo a la OMS, si bien es cierto que no se detecta un aumento del riesgo de paro cardiaco, sí demuestra un aumento de los síntomas anómalos cardiovasculares.
Alteraciones Hormonales: A partir de niveles de ruido de 60 dB, el cuerpo humano considera que el estímulo es suficiente para la segregación de algunas hormonas, como la adrenalina y noradrenalina, ambas responsables de taquicardias y anginas.
Jimenez (2010) comenta que también es importante destacar el aumento de cortisol y la ACTH ambas contribuyentes al correcto funcionamiento del sistema neurovegetativo e inmunológico, facilitando procesos infecciosos víricos. También se encuentra en investigación la influencia de esta contaminación en la adquisición de cáncer.
Alteraciones respiratorias: De acuerdo a la OMS (2004) en investigaciones acerca del ruido, demuestran un incremento en procesos respiratorios y estos no necesariamente son ligados a bajas temperaturas y gases contaminantes en metrópolis. Tobías (2012) manifiesta que globalmente se ha demostrado que existe una estrecha relación entre procesos bronquiales y alérgicos en relación a la contaminación acústica como consecuencia de las alteraciones hormonales y fisiológicas descritas anteriormente.
Afectaciones al sueño: Diversos experimentos arrojan que los ruidos a partir de los 45 decibeles producen retardo para iniciar un sueño normal (estado de latencia), también se recorta la duración de la fase profunda del sueño y eso conlleva a la sensación de cansancio al levantarse. Jimenez (2010) aporta que se ha demostrado que el ruido incrementa de forma importante las afectaciones cardiacas (hipertensión y arritmias) durante el sueño.
Afectaciones al estado general del cuerpo: El no descansar bien o el estar alterado produce el aumento de la acidez estomacal y la disminución en los movimientos peristálticos en el intestino contribuyendo a alteraciones estomacales que sumadas con el estrés llevan a ulceraciones y hasta colitis. Tobías (2012) menciona que otras alteraciones en respuesta al ruido son el riesgo de úlcera duodenal, cólicos y de otras alteraciones gastrointestinales. También se han encontrado efectos negativos sobre la visión con poca luz, pérdida de la perceptibilidad del color rojo y disminución del campo de visión.
c) Efectos psicológicos del ruido.
Reyes (2011) manifiesta que la percepción del ruido varía en cada persona. Pero se puede generalizar el malestar y la aversión es directamente proporcional a los decibelios que posee el ruido. También se generaliza que la mayoría de personas se sienten incómodas ante aquellos ruidos originados por fuentes de actividades no indispensables para la sociedad, o que podrían controlarse y más aún cuando las autoridades no se preocupan en este tipo de contaminación y sus consecuencias como por ejemplo los bares, pubs, etc. A parte de este efecto colectivo, a nivel personal se han identificado dos consecuencias importantes de la exposición a niveles de ruido molesto so innecesarios:
Malestar: El malestar como efecto psicológico de la exposición al ruido se entiende como “el sentimiento de desagrado o rechazo experimentado por un individuo o un grupo como consecuencia de la acción de un agente externo no deseado, en este caso el ruido y es probablemente el efecto adverso más frecuentemente asociado a la exposición al ruido” (Tobías, 2012: p. 134).
Reyes (2011), enfatiza que el ruido provoca estrés y también causa diferentes reacciones conductuales que en su mayoría cesan cuando el ruido disminuye, pero en exposiciones prolongadas o al acostumbrarse a ello pueden volverse crónicos y manifestarse en forma de depresión, conductas paranoides, etc. Las reacciones más
repetitivas ante la contaminación acústica son: intranquilidad, agresividad, inseguridad, impotencia, desgano, abulia y apatía, siendo variables en su número, importancia e intensidad según el tipo de personalidad de la persona afectada. No raro que afloren problemas en las relaciones intrafamiliares e interpersonales.
“Es esperable ante la exposición prolongada a ruidos molestos que las personas modifiquen su conducta y sus hábitos para defenderse del ruido, en un intento de conseguir su bienestar físico y psíquico; esto es, evitando zonas especialmente ruidosas, poniendo ventanas o cristales dobles, cambio del dormitorio hacia el interior, cambio de domicilio, o recurriendo a fármacos hipnóticos y antidepresivos.”
(Tobías, 2012: p. 135).
Dificultades en el aprendizaje: Reyes (2012), muestra que los estudios realizados que evalúan la interferencia del ruido sobre el ritmo de aprendizaje, y sus elementos como la memoria y la atención, muestran resultados variables según el investigador y la metodología utilizada. “El ruido posee propiedades estimulantes a la vez que desestructuradoras sobre los procesos cognitivos. Los niños son la población de mayor riesgo para este efecto nocivo.” (Tobías, 2012: p. 138).
Brookhouser (1992) revela en el resultado de sus investigaciones tres consecuencias importantes acerca de la influencia del ruido sobre el aprendizaje:
- El ruido reduce drásticamente la comprensión lectora.
- El ruido capta atención de sujetos en etapa de aprendizaje, en donde lo mas relevante pasa a ser el ruido y lo que se está aprendiendo o estudiando pasa a un segundo plano.
- En presencia de ruido a pesar de centrarse sobre lo más prioritario de nuestras actividades, nuestro rendimiento global va a disminuir o va ser mucho menor que si lo realizáramos con un ambiente silente.
Añade además que de acuerdo a los resultados de sus investigaciones los estudiantes que realizan sus actividades en lugares ruidosos rinden académicamente hasta un 15% que los estudiantes que realizan sus actividades sin mucho ruido.
Aporta a ello Tobías (2012: p. 46) quien expone: “Tanto profesores como alumnos reconocen un mayor estrés y una mayor dificultad para la concentración en presencia de ruido ambiental. A esto se suma los esfuerzos vocales necesarios para lograr una comprensión del 100% por el auditorio y que son de 10dB por encima del ruido de
fondo. Si no se consiguen los alumnos perderán información y motivación. Es probable que tengamos que sumar a los efectos sobre el organismo las laringitis por esfuerzos vocales”.
d) Efectos en el medio ambiente y los ecosistemas naturales.
Villar (2017), manifiesta que la contaminación acústica afecta de forma primordial a las metrópolis, pero no es el único ámbito afectado. De acuerdo al Servicio de Parque Nacionales de los EEUU, el impacto ambiental de la contaminación por ruido se extiende a los ecosistemas y a la vida salvaje. EL nivel de ruido influye mucho en la elección del hábitat por parte de los animales. “Si un animal no puede tolerar el ruido del entorno, no tolerará ninguna de sus condiciones.
Eso hace que la contaminación acústica de vehículos, fábricas, talado de árboles o turismo altere el delicado equilibrio de los ecosistemas salvajes” (Villar, 2017: p. 2).
El mismo autor enfatiza que si los animales en los escalones más bajos de la pirámide alimentaria se ausentan por este tipo de contaminación, la misma suerte corren sus cazadores, y si son los carnívoros se ven afectados por la contaminación acústica, los herbívoros empiezan a proliferar en abundancia y en consecuencia el impacto se extiende también a la flora, modificando paisajes y zonas. Múltiples políticas vienen estudiándose e investigándose a fin de mantener este equilibrio en los ecosistemas;
de otro lado los impactos de la contaminación acústica afectan a los ecosistemas acuáticos como el mar que se ve impactado y se ha visto que los cetáceos se ven particularmente afectados por ruidos. La vida marina depende en gran medida de la de la emisión y detección de ondas sonoras para la caza y búsqueda de elementos de su misma especie, y que el ruido interfiere con esta habilidad dejándolos prácticamente “ciegos” ocasionando la destrucción del ecosistema, migraciones abruptas y en algunos casos extinción de especies debido a la perturbación de patrones de reproducción y amamantamiento.
Barti (2010) expone que, las plantas también con impactadas por la contaminación acústica, al interferir con los ciclos naturales de polinización, también muestra una postura crítica al manifestar que no solo el medio salvaje se ve impactado por el este tipo de contaminación. Evidencias de investigaciones muestran que el el ruido, y los desórdenes neuronales que causan, causan falta de apetito en los animales de granja, por ende, menor tasa de engorde y producción de lácteos y/o fibras, lo que hace impacto económico a los ganaderos. Del mismo modo, también afecta a la industria
aviar, el crecimiento de los pollos y gallinas se ve retardado, así como la velocidad de reproducción mediante huevos.
e) Los efectos en el ecosistema de las ciudades.
Villar (2017) sostiene que en las ciudades se concentran los impactos más importantes de la contaminación acústica y quienes la sufren son los seres humanos, aparte de ello se ve que se masifican nuevos comportamientos, hábitos anómalos, cambios en la conducta social y hasta horarios poco usuales para comer y dormir.
Todo ello sumado a las consecuencias del ruido en la salud propiamente, constituye actualmente en una grave problemática que lamentablemente no está siendo tomada en cuenta por entes gubernamentales. De hecho el “estrés social” es una enfermedad invisible en la que grandes masas de gente se encuentran inmersos sin saberlo.
Barti (2010) manifiesta que también los animales que forman parte de las ciudades sufren consecuencias de la contaminación sonora: las aves que habitan una ciudad se ven obligadas a cantar con mayor intensidad y frecuencia que ejemplares de su misma especie que viven en campos. Además, ha observado que, debido a la contaminación acústica, muchas especies como el petirrojo cantor europeo que suele vivir en ciudades cambió su horario de canto al nocturno, y con ello el horario reproductivo.
Entre los animales domésticos podemos citar a los canarios, loros, cotorras, perros, gatos, hurones y otros, se ven impactados por el ruido de la ciudad, causando una esperanza de vida mucho menor al de ejemplares libres, pese a contar con mejor alimentación y tener condiciones climáticas más favorables.
Como conclusión de este apartado podemos resaltar lo mencionado por Villar (2017): “Como vemos, la contaminación acústica no solo tiene efectos nocivos en la salud de las personas. También afecta gravemente a los animales y, a través de ellos, se altera negativamente el equilibrio de los ecosistemas, tanto terrestres, como marinos.
Por desgracia, la contaminación acústica es uno de esos problemas ambientales a los que no damos toda la importancia que realmente tienen. Por eso, cualquier acción para concienciar sobre esa contaminación, o reducirla, es fundamental para un futuro sostenible.” (Villar, 2017, pág. 4)