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El Agua en un Mundo Globalizado

La tradición privatista se cristalizó en lo que Barnekov (1989) en Castro (2005, p.3) denomina como la “suposición de que el sector privado es inherentemente dinámico, productivo y confiable; de la creencia de que las instituciones privadas son intrínsecamente superiores a las instituciones públicas para el suministro de bienes y servicios; y la confianza en que la eficiencia de mercado es el criterio apropiado para evaluar el rendimiento social en prácticamente todas las esferas de actividad comunitaria”.

Las ideas privatistas en el desarrollo de los servicios de suministro de agua surgen en Inglaterra, la cual se constituyó como proveedora de los modelos de suministro sustentados en los principios de libre mercado. El modelo de privatización fue asumido hasta mediados del siglo diecinueve en Inglaterra, Francia y Estados Unidos, y exportado posteriormente a otros lugares como América Latina, éste consistió en una proliferación de compañías de agua relativamente pequeñas, que operaban normalmente en los centros urbanos más grandes y ricos, con la premisa de que el agua debía ser solamente para aquellos que podían pagarla (Castro, 2005).

66 En Europa y Estado Unidos, hubo una reacción temprana en contra de la privatización ya que se consideraron los efectos sociales y medioambientales negativos que dicha acción podía generar, es así como, incluso desde finales del siglo XIX, inició un choque entre los defensores del libre mercado y un movimiento de carácter más universalista que consideraba que el agua era tan esencial para la salud y el bienestar de la humanidad como lo es el aire que se respira, por lo cual era esencial para la salud pública que existiera una mayor provisión de agua accesible mediante una tarifa pública que fuera calculada para recuperar el costo neto, no para generar tasas de ganancia privada del 30 por ciento Ward (1992) en Castro (2005).

Otra cuestión que jugó contra la privatización, también desde finales del siglo XIX, fue la necesidad de garantizar el acceso universal a la higiene y el saneamiento. Las epidemias de cólera, por ejemplo, garantizaron que las naciones pensaran en proteger a su población y se encargaran de los servicios necesarios para evitar que se esparcieran las enfermedades que, finalmente, no respetaban condición política ni social para causar estragos Goubert (1986) citado en Castro (2005).

Un ejemplo de lo anterior sucedió en la Ciudad de Preston Inglaterra, donde las alarmantes tasas de mortalidad causadas por enfermedades relacionadas con la falta de agua y drenaje, condujo a que el gobierno municipal comprara la empresa Preston Waterwords que solo se limitaba a atender un pequeño sector de la población. Estas medidas se generalizaron en Inglaterra, en más países europeos y en Estados Unidos, por medio de la regulación de contratos con las autoridades locales, y tras el fracaso de la regulación como método de inducir cambios en la conducta del sector privado (Castro, 2005) Aun cuando por múltiples razones en los países desarrollados (Europa, y Estados Unidos) se logró un modelo de gobernabilidad centrado en el Estado, el cual permitió alcanzar la universalización en el acceso a los servicios esenciales de agua y saneamiento, en general a mediados ya del siglo XX, en los países periféricos el Estado falló en alcanzar dichos objetivos. Un ejemplo de lo anterior es México, donde después de que en la Revolución se asentaran ideas por el bien común y prioritario del acceso al agua, el desarrollo de una

67 universalización de los servicios esenciales fue muy lento, y después de cien años, la promesa sigue siendo incumplida (Ibid).

De igual forma ocurre en otros países de América latina, por ejemplo en Argentina se había logrado un avance a principios del siglo XX en la cobertura total de la provisión de agua en la Capital Federal, en las últimas décadas han existido importantes retrocesos caracterizados por una desestructuración y polarización social en términos de una creciente desigualdad y exclusión de los sectores más desfavorecidos Azpiazu et al., (2003), citados en Castro, (2005).

“En los años 90 y a principios del siglo XXI, la ola de privatización del agua parecía imparable cuando las corporaciones adquirían servicios municipales de agua desde Bolivia hasta EE.UU. Gigantes corporativos como Suez y Nestlé se envalentonaron porque uno de los últimos bienes comunes del mundo podría encontrarse en breve bajo control corporativo. Pero su confianza no tenía fundamento”. El fracaso de las corporaciones al cumplir sus promesas ha sustentado nuevas soluciones público-privadas-pragmáticas donde se excluya a la empresa privada como la gran panacea (Feodoroff, 2014, p. 1).

Al menos 86 ciudades alrededor del mundo han sido testigos de los numerosos fracasos que han representado las grandes corporaciones, por ejemplo París, aun siendo la sede de compañías privadas de agua (Suez Enviroment y Veolia) la ciudad ha decidido establecer una nueva compañía pública (Eau de Paris) con el objetivo de suministrar agua sobre la base de justicia social y ambiental Uno de los logros más recientes de los activistas a favor del agua se dio en Barcelona en noviembre del 2013, de esta reunión surgieron importantes ideas sobre los desafíos futuros que deben impedir nuevas corporaciones en torno al agua, además, de la persistente necesidad de que se realice el Derecho Humano al Agua (Ibid, p. 2).

En el escenario de la privatización del agua a nivel mundial, no sólo se disputa quiénes deben ser los encargados de los servicios para usos productivos, existe también la amenaza sobre quién tiene el poder de decidir cómo se

68 utiliza dicho recurso. El agua es objetivo de las apropiaciones de tierras para la minería, la agricultura, la energía hidráulica y otras actividades que invierten mucho capital, es por esto que los actos de apropiación global de tierras, los protagonistas no solo obtienen el recurso hídrico de forma física, sino también pueden determinar cómo se usará, por supuesto a favor de su ganancia, y no tomando en cuenta las necesidades de las comunidades empobrecidas y marginadas, las cuales también dependen del recurso para sus costumbres diarias (Feodoroff, 2014).