LA PLAZA BOtERO DE MEDELLíN:
¿UN NUEVO REtO PARA LA CONSERVACIÓN?
Palabras pronunciadas en el Encuentro del Instituto Americano de la Conservación, AIC Miami. USA, 2002.
El pasado año en una reunión técnica con la Directora del Museo de Antioquia, Pila Velilla, responsable de 23 esculturas de bronce ubicadas en el centro de Medellín, Colombia, discutíamos la estrategia para conservar esta donación. ¿Debíamos poner algún elemento alrededor para que el público no tocara las esculturas? ¿Debíamos contar con vigilantes, silbatos y megáfonos, para que a nadie se le ocurriera acercarse a las obras? El museo tiene un sólo conservador para atender la colección, con limitaciones en equipo y presupuesto.
Como asesor del museo de Antioquia en conservación preventiva, yo proponía como única estrategia posible una campaña comunicacional que promoviera la conciencia pública para la preservación de las obras, apostando a su permanencia a largo plazo.
Más allá de los problemas regulares que un conservador de esculturas enfrenta en cualquier centro urbano, como contaminación, lluvia ácida, palomas, grafiti, sólo por mencionar algunos, Medellín se caracteriza por un alto grado de violencia urbana. Las acciones terroristas de los narcotraficantes y guerrilleros, además de la vida de inocentes, afectan edificios y obras de arte al aire libre. En el último año tres carros bomba explotaron en lugares de gran afluencia, lo que aseguró a los terroristas un lugar en la primera plana de los diarios al siguiente día. Las donaciones realizadas por Botero desde 1975 han permitido a la ciudadanía iniciar un proceso de rescate de la autoestima. En 1993 la destrucción de “Paloma”, escultura en bronce ubicada en la plaza San Antonio de Medellín, por una bomba, permitió conocer la posición del artista ante esta realidad. Los restos
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CÓRDOBA: UN ESPACIO HIStÓRICO, CENtRO DE LA AtENCIÓN MUNDIAL
Palabras pronunciadas en la apertura del curso internacional de conservación de bienes patrimoniales. Córdoba, noviembre, 2001.
Hace exactamente un año, al otro lado del mundo en una pequeña ciudad australiana, un grupo de expertos en el tema del patrimonio cultural, provenientes de los más remotos rincones del globo, se reunían a considerar las nuevas propuestas de sitios patrimoniales a ser incorporados por la UNESCO en la Lista de Patrimonio Mundial.
Un programa aprobado ya hace casi 30 años, ratificado por más de 130 naciones, que tiene por objeto celebrar y proteger la diversidad natural del planeta, así como conservar aquellos casos de espacios construidos con valor excepcional, destacando la responsabilidad compartida de la humanidad de proteger y difundir estos ejemplos del genio creativo de la cultura, realizados a todo lo largo y ancho de los tiempos y de la geografía del globo.
La provincia argentina de Córdoba se presentaba a este foro con un significativo legado. Un conjunto de edificaciones dispersas en un amplio territorio, que tenían en común la seña ideológica de sus promotores, la Compañía de Jesús, amén de la calidad conceptual, constructiva y ornamental de tales espacios. Las cinco estancias y la llamada manzana jesuítica ingresaron así en esta selecta lista, llenando de orgullo a esta productiva región del continente sudamericano, así como también atrayendo hacia estos monumentos la atención de propios y extraños. Una vez pasada la fiesta, los abrazos y las felicitaciones, pareciera tiempo de enfrentar los compromisos adquiridos. Estos requieren más que de recursos financieros, escasos en los actuales momentos, de la coordinada suma de voluntades para la construcción de planes y programas de gestión y conservación preventiva, que sólo serán posibles abriendo espacios de negociación entre propietarios, comunidades, entes de los gobiernos municipal, regional y nacional, empresas privadas, y muy especialmente todas aquellas instancias relacionadas con el turismo.
de la escultura fueron dejados en el sitio, al tiempo que se instalaba un nuevo vaciado a su lado. Esto habla de la voluntad de recuperación de la ciudad, del alma y espíritu de la mayoría de los ciudadanos de Colombia, víctimas inocentes del insensible tráfico mundial de cocaína.
Mirando por la ventana del Museo las diez esculturas instaladas para entonces, observábamos a los peatones pararse frente a ellas, tocarlas amorosamente, acariciar el pie de la “Venus reclinada” o agarrar la mano de un “Adán” para tomarse una fotografía a su lado sonrientes. Manos de pobre, sudorosas, quizá aún con los residuos de algún dulce y maduro mango, que fue lo único que tuvo como almuerzo el ocasional peatón. El daño que todo esto iba a causar a las esculturas era obvio. La pátina no duraría mucho tiempo, además de producirse abrasiones y ralladuras que tendrían que ser atendidas. Sin embargo, era necesario pensar también cuánto era el valor de cada una de esas sonrisas en una ciudad donde hay más de 500 muertos por violencia al año.
El pasado sábado se inauguró la plaza. El Museo ha realizado una campaña de prensa y radio que busca, a través de la valoración colectiva, evitar los robos de partes de las esculturas, los daños mayores, que la gente se trepe a ellas, pero aceptando que la caricia diaria y multitudinaria debe ser permitida... y también las sonrisas.
¿Cómo producir la protección de la superficie? ¿Cada cuánto limpiarlas?, ¿Cómo restituir la pátina?, son estas las nuevas preguntas.
Debemos responderlas junto a los técnicos en conservación, a fin de generar una nueva relación entre el arte público y la sociedad en América Latina.
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realizado para construir proyectos que permitan captar recursos para la conservación y el desarrollo de programas de activación de este patrimonio? Así como éstas debe haber una centena más de interrogantes similares.
La responsabilidad de conservar y activar este patrimonio, así como de transmitir las ideas y conceptos, a la vez de generar nuevas fuentes de empleo y recursos económicos, no recae exclusivamente en los propietarios de las edificaciones en forma individual, ni tampoco en los organismos de control municipal o estatal. Menos aún en las propuestas espasmódicas de la empresa privada. Es ante todo una responsabilidad de la comunidad, de todos los cordobeses. Esta comunidad ha logrado, a partir de esta declaratoria, un merecido reconocimiento mundial a su capacidad de trabajo, físico e intelectual.
Es la opinión pública, las universidades, los medios de comunicación, quienes debe abrir un serio debate, constructivo y efectivo, que oriente la gestión adecuada, con criterio contemporáneo, de estos bienes culturales, a fin de que realmente actúen como detonadores de procesos de cambio cultural y económico en esta provincia.
Felicitaciones Córdoba al conmemorarse un año de este merecido galardón. Latinoamérica se siente muy bien representada por ustedes y espera nuevamente poder seguir el ejemplo que den en el manejo del patrimonio cultural. Un capital formado por la capacidad de trabajo y la inteligencia que siempre ha caracterizado esta tierra asegura el éxito.
El objetivo primario de la incorporación de bienes culturales excepcionales a la Lista de Patrimonio Mundial, es el de generar a través de ellas un cambio en la actitud del hombre ante la compleja situación que vive la cultura en el mundo actual. Se busca por una parte reconocer que, en muy distintas épocas, con muy distintos materiales y recursos, y destinados a muy distintos fines, la humanidad ha buscado siempre, más allá de las crisis y los conflictos, manifestar lo mejor que lleva dentro mediante la creación artística y arquitectónica. Estas manifestaciones materiales no son otra cosa que la representación de las ideas y deseos de sus promotores, empecinados en transformar el mundo de su momento. En Córdoba, el patrimonio mundial nos habla de la propuesta jesuítica de construir un mundo mejor a partir del trabajo productivo en armonía con la naturaleza, así como de la importancia de la educación. Al mismo tiempo, estas declaratorias ponen las regiones donde se encuentran estos monumentos en sitio destacado en el mapa de destinos turísticos. Es esta una opción importante para el desarrollo económico de una nación con urgentes requerimientos de divisas.
Ahora bien, no será seguramente sentándose de brazos cruzados en las puertas de los monumentos declarados que se logre dar respuesta satisfactoria a estos requerimientos.
Una vez pasada la resaca del año de festejo es tiempo de comenzar a responder las miles de preguntas que en este primer aniversario surgen: ¿Qué esfuerzos se están haciendo para que estas ideas se transmitan a los visitantes de esos monumentos y sus comunidades inmediatas? ¿Cuáles son los discursos elaborados para que, a partir de lo existente, se pueda construir un mejor futuro para la región?
¿Quién asegura que dichos espacios y sus entornos inmediatos sean debidamente conservados sin intervenciones inadecuadas para disfrute de las nuevas generaciones? ¿Qué estructuras han sido construidas para que distintos propietarios e instancias públicas organicen programas de manejo comunes para este patrimonio, presentado hace un año al mundo como una unidad? ¿Cómo se armonizan los requerimientos del turismo con las actividades regulares de estos espacios? ¿Qué esfuerzos conjuntos se han