5. EL TEJIDO URBANO: DE LA AUTOCONSTRUCCIÓN A LOS POLÍGONOS DE VIVIENDAS
incompleto, pero que sigue la misma tendencia que el resto del conjunto al que pertenece.
Su configuración inicial puede obedecer a la parcelación de los terrenos de cultivo, aunque el viario actual pertenece al plan de alineaciones diseñado por las ordenanzas municipales. Las propiedades urbanas quedaron prefigura- das por la división rural anterior, ya que, en definitiva, la ciudad es la "here- dera del campo y mantiene todas las servidumbres de aquél" (BEAUJEU- GARNIER, J. y CHABOT, G., 1970). Como consecuencia de ambos factores las manzanas que actualmente se observan tienen un trazado geométrico.
Basados en caminos rurales están los planos de la Vereda, San Pedro, el Mortero, el Sepulcro y el pequeño barrio situado junto al antiguo parque de López Mateos, hoy Fiesta del Árbol.
El Barrio de la Vereda de Jaén está determinado por la vía pecuaria del mismo nombre y se extiende a ambos lados de ella, aprovechando también otros caminos. Si bien todo el conjunto tiende progresivamente a alinearse de modo regular, las manzanas que se dibujan en este barrio son bastante hetero- géneas.
La barriada de la Fiesta del Árbol, nació, en su día, influida por el cami- no de Barrax. La prolongación hacia extramuros de una calle procedente des- de el interior del núcleo (antigua calle Lope de Vega), también en sentido lon- gitudinal al barrio, puede permitir que todo el conjunto vaya adquiriendo un diseño más geométrico, aunque todavía hoy la trama de la zona está muy in- completa y presenta formas diversas e irregulares.
A lo largo del camino del Mortero se desarrolló en la década del setenta, el Barrio de San Pedro. Su otro eje longitudinal lo constituye la calle del Ama- necer. Las demás vías del barrio son transversales a las citadas, muy cortas, y al final de ellas, como en toda la periferia, de nuevo aparece el campo abierto.
Mucha mayor irregularidad encontramos en el trazado del Mortero Per- tusa y del Sepulcro. Son asentamientos más antiguos, donde quedan muchas de las viviendas tradicionales remozadas, pero adaptadas perfectamente al di- bujo marcado por los primitivos caminos, hoy convertidos en calles. Sirven de ejemplo la calle de Cuba que parte en dos al Barrio del Mortero, o la calle de la Arboleda en el Sepulcro.
En la Bolera y San José no se puede hablar de manzanas cerradas ya que la ocupación del suelo es demasiado inconexa y desordenada. La falta de con- tinuidad es quizá la característica más acusada. Las viviendas se alinean si- guiendo también el trazado de los caminos, muchos de ellos sin servicios ur - banos, como por ejemplo, la pavimentación de la calzada y aceras.
La espontaneidad del Barrio de la Estrella se manifiesta en la irregu- laridad de su plano. Las calles tortuosas (San Lorenzo, San Esteban), los
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vericuetos en la conformación de los alojamientos demuestran la ausencia de cualquier tipo de organización urbanística. En medio de este desorden apare- ce un pequeño sector que corresponde a las calles de San Joaquín y San Fran- cisco, compuestas por manzanas alineadas y rectangulares. Se trata de una im- plantación oficial, un conjunto de construcciones realizadas durante la autar- quía, alrededor de 1945, con el fin de mejorar las condiciones de vida de la población que aquí se asienta. A pesar de ser una pequeña parte del barrio contrasta claramente con la anarquía que la rodea y adquiere cierto protago- nismo pues constituye la principal vía de penetración en el barrio.
En el otro extremo de la ciudad los agrupamientos compactos de casas adosadas unas a otras caracterizan al Barrio de Santa Cruz. Se dibuja en el pla- no como un triángulo invertido, cuyo vértice apunta hacia el núcleo urbano, que se forma en el cruce de dos vías de tráfico. En un reducido espacio se aglomeran un conjunto de viviendas separadas por calles transversales a las dos carreteras.
5.1.2. LOS BARRIOS ORGANIZADOS: EL ORDEN ABIERTO
Los polígonos de viviendas que se insertan en la periferia se disponen con un entramado abierto. Responden al esquema de bloques aislados con al- turas medias (en general 4 o 5 plantas) que dejan espacios libres entre sí. En la práctica estos espacios quedan reducidos al mínimo y no permiten otros aprovechamientos.
El emplazamiento de la cooperativa de Pedro Lamata forma un rectán- gulo, con un lado apoyado en la ronda de circunvalación y otro en la carrete- ra de Las Peñas. Los edificios —bloques aislados— que se sitúan enfrentados entre sí, y con un aspecto monótono, determinan varias calles paralelas a cir- cunvalación y una en el centro, perpendicular a ella. La separación entre edi- ficaciones se limita a las exigencias de las vías de paso, sin permitir la creación de espacios destinados a otros usos.
La misma forma rectangular, y similar enclave, junto a dos vías de tráfi- co (circunvalación y carretera de Murcia), se repiten en el barrio de Hermanos Falcó ("Las Quinientas"). Sin embargo aquí la disposición de las construccio- nes presenta mayor movilidad sobre el plano y hace que el trazado de las ca- lles no sea rectilíneo. En el proyecto original se reservaron algunas exiguas parcelas, absolutamente insuficientes, para usos comunes (jardín), y aunque la superpoblación del barrio y el descuido hicieron olvidar su destino origi- nal, ahora se intenta su recuperación.
El tercer conjunto que responde a similares características es la pequeña barriada de Navidad y Reyes, cronológicamente la primera de este tipo de
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promociones sociales en la periferia (esta vez derivado de una iniciativa de la Iglesia), que se sitúa al noroeste de la ciudad. Sus reducidas dimensiones y un emplazamiento contiguo al límite del continuum urbano permite que se ate- nue la imagen de congestión que invariablemente ofrecen estas barriadas. Sin embargo el aspecto de los edificios, esta vez acentuado por la mayor antigüe- dad del conjunto, es el más deteriorado de todos.
El sector del polígono de San Antón incluido en nuestro estudio (la par - te más occidental de este amplio conjunto que se extiende así mismo hacia el este de la Avenida de la Estación), presenta también un ordenamiento abierto con bloques exentos. Sin embargo la mayor calidad de estas construcciones se manifiesta incluso en la configuración del plano. La trama es menos densa que en los modestos polígonos anteriores, permite mayores distancias, más suelo verde y de aprovechamiento comunitario. Pero también aquí, en el sec- tor más alejado de las vías principales (Avenida de la Estación y Paseo de la Cuba) hay espacios ocupados por promociones más sencillas que siguen man- teniendo el típico trazado de bloques pareados y enfrentados.
Más al oeste y junto al polígono, se encuentra una zona que ha heredado la configuración irregular del antiguo barrio aquí situado, y del cual procede el nombre actual de San Antón.
Por último, el barrio ubicado junto al Hospital de San Julián es la única zona de la periferia que queda dentro de la carretera de circunvalación. Su as- pecto urbano difiere algo de las restantes zonas periféricas porque ya se en- cuentra soldado al casco y está más consolidado. Dentro de un área aún bas- tante inconexa este sector tiene las mismas características en su trama que el
"ensanche" construido tras los años sesenta. Se organiza en manzanas cerra- das, aunque tampoco faltan aquí conjuntos de viviendas protegidas, instala- das antes de urbanizarse la zona y que naturalmente influyeron en su poste- rior desarrollo.