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El excedente económico y los incentivos a cooperar

3. La medición del capital social: el modelo teórico

3.1. El excedente económico y los incentivos a cooperar

y los incentivos a cooperar: generalidades Un miembro de un grupo, una organización o una sociedad in- vierte en capital social Is> 0 en sus relaciones con otros (desa- rrolladas en condiciones de información incompleta) si coopera y concede crédito a la actitud de los demás, confiando en que ellos cooperarán. El individuo coopera cuando espera obtener de esa conducta unos pagos netos(p) positivos a lo largo del ho- rizonte temporal considerado para sus relaciones (económicas o sociales), una vez valorados los resultados o beneficios B y los costesC,tanto de cooperarccomo de no cooperarnc.Así, en el caso simple de un solo periodo,

Is> 0 si p= (BcCc) – (BncCnc) > 0 (3.1) Los beneficios y costes de la cooperación para un individuo pueden ser muy diversos según el tipo de relaciones considera- das y muchos de ellos resultan difícilmente mensurables. Esta di- ficultad puede ser menor si la estimación de beneficios y costes se centra en el ámbito de las relaciones económicas. Considere- mos un recurso productivo (por ejemplo, el trabajo) que aparen- temente tiene similares características en diferentes economías pero obtiene distintas rentas en cada una de ellas, o en la misma economía en distintos momentos. Si el valor actual de los pagos netos esperados es distinto, es razonable pensar que las expecta- tivas sobre los resultados de las relaciones sociales no serán en todo tiempo y lugar las mismas, ni tampoco los incentivos a coo- perar, ni el esfuerzo por hacerlo. Por ello, para estimar la mayor o menor probabilidad de que los individuos cooperen (inviertan en capital social) y la contribución que hacen las relaciones so-

ciales a la producción correspondiente (los servicios del capital social), hemos de comenzar por considerar, en primer lugar, los incentivos a la cooperación que se derivan en cada circunstancia del funcionamiento de la economía. Estos incentivos depende- rán del ritmo de progreso económico.

En una economía estacionaria, escasamente productiva y en la que no hay progreso, cuyas condiciones de funcionamiento se re- piten a lo largo del tiempo, los miembros de esa sociedad no es- perarán mejoras. La retribución por sus aportaciones (de capital y trabajo) a la rentayque esa sociedad genera apenas compensará el coste de las mismas (un tipo de interés,r,y un salario de reposi- ción de la fuerza de trabajo,w). En esaeconomía sin excedente,se- gún la terminología clásica, se cumplirá que:

y=rk w+ (3.2)

dondek es la dotación de capital físico por trabajador. En estas circunstancias (que son las predominantes en economías subde- sarrolladas) no hay demasiado margen para un pago neto aso- ciado al esfuerzo de cooperar ni existen, por tanto, incentivos económicos importantes para hacerlo. Los pagarés correspon- dientes a las actitudes cooperativas, si existen, deberán ser más bien recompensas sociales de otro tipo. Si éstas son importantes, a pesar de los pobres incentivos económicos, quizás contribuyan a poner en marcha un proceso de acumulación en capital social que encienda el motor del crecimiento económico. Probable- mente, éste se verá favorecido si, además, se dan las circunstan- cias tecnológicas que permiten generar excedente y acumularlo productivamente.

Considérese, en cambio, el caso de una economía que sigue una trayectoria de crecimiento continuo dilatada como la que ha caracterizado a una parte del mundo en los dos últimos siglos (Maddison, 1995; 2001). Gracias al buen funcionamiento de la economía, la renta alcanzada es muy superior a la de simple re- posición de los factores productivos y, además, los resultados son crecientes en el tiempo. En la economía con excedentela relación anterior se escribe como una desigualdad,

y nrk w+ (3.3)

y la renta obtenida por los individuos puede ser interpretada como un resultado favorable, tanto más cuanto mayor sea su ni- vel en términos relativos (comparada con otras economías o con su propia trayectoria pasada). A diferencia del caso sin exceden- te, el mejor trato que una economía crecientemente productiva proporciona a los propietarios de factores puede promover, por si mismo, expectativas de trato favorable entre los agentes, que serán en muchos casos reciprocas y podrán incentivar la coope- ración. En este supuesto podemos decir que se dan las condicio- nes para que la inversión en capital social sea consecuencia de los resultados de las relaciones económicas (sin perjuicio de los incentivos que se deriven de otras relaciones sociales).

En las economías en crecimiento el producto también se agota contablemente, por definición, en la retribución a los fac- tores en tanto que todo va a parar a un factor u otro, pero el sig- nificado de la situación es muy distinto de aquella en la que sólo se alcanza a subsistir. No obstante, entender que los pagos a los factores, por elevados que sean, responden sólo a la estricta re- posición de los mismos o, en cambio, contienen una participa- ción en el excedente que esa economía es capaz de generar, de- pende de las opiniones de los agentes: es subjetivo. Si los individuos que participan en la vida económica de una sociedad observan que existe una expectativa de lograr mayores niveles de renta que en otras, o de conseguir más en el futuro que en el pasado, y consideran también que conseguirlo depende de las relaciones de cooperación y confianza entre los agentes, tendrán incentivos para invertir en capital social. Para ello se necesita que la valoración del coste de reposición de los factores no crezca tan rápidamente como eloutput11. Al contrario, si lo que se entiende que es el coste de reposición de los factores agota el producto, los agentes no tendrán incentivos para valorar positi- vamente las relaciones con el entorno social ni para cooperar.

11 El argumento es similar al que se utiliza para explicar si las variaciones de los salarios, o de los márgenes de las empresas que disfrutan de poder de mercado, son o no inflacionistas. Una inflación de costes refleja unas aspiraciones de los propieta- rios de los factores incompatibles con las mejoras de productividad de la economía y con una percepción detrato favorable.

La Economía tiene una larga tradición de investigar las fuen- tes de los excedentes que diferencian a las economías entre sí y la producción en un momento del tiempo y en otro. Desde la ex- plotación del trabajo al progreso tecnológico, pasando por la productividad incorporada a las máquinas y el papel de las insti- tuciones, distintas teorías han explorado muchos caminos. Con- siderar que las diferencias sean debidas al capital social es otra propuesta explicativa, que pone el acento en ciertos aspectos del comportamiento humano, en particular en el papel de las actitu- des y las expectativas en las relaciones sociales, en un contexto de información incompleta e incertidumbre.

Como sucedía con los conceptos manejados por otras in- terpretaciones (como la tasa de explotación o la tasa de progreso técnico), tampoco la disposición a cooperar es directamente observable. Sólo se puede aproximar mediante hipótesis auxi- liares como, por ejemplo, suponer una relación entre la inver- sión en capital social y los pagos netos adicionales que un in- dividuo espera al aportar (confiadamente) sus factores a la economía de una determinada sociedad, y que no esperaría si los aportara a otra.

Por todo ello, el punto de partida de nuestra teoría del capi- tal social se basa en suponer:a)que los individuos advierten la diferencia entre las rentas que obtienen en unas circunstancias de tiempo y lugar concretas y lo que obtendrían en otras menos favorables;b)que esa diferencia es determinante de los incenti- vos a confiar y desarrollar conductas cooperativas, es decir, a in- vertir en capital social. Partiendo de dicha hipótesis, el cálculo del valor del capital social se basará en la estimación del valor de esas diferencias de retribución.

Los costes en los que se debe incurrir para obtener ingresos en una economía son de dos tipos: por una parte se ha de parti- cipar aportando recursos productivos (a cambio de una retribu- ción esperada de los mismos a los costes de reposición,rk w+ );

por otra, se ha de realizar el esfuerzo de cooperar (en un am- biente de información incompleta) en las relaciones económicas de dicha sociedad, sin hacer incurrir en costes de transacción que impidan alcanzar su nivel de eficiencia productiva. Los cos- tes de cooperar deben interpretarse ampliamente, incluyendo

tanto los costes directos o monetarios, como los costes de tiempo y los costes psíquicos12.

Se denominaC(Is)al coste de cooperar, medido por su equi- valente en horas, valoradas según el coste del trabajo. Si consi- deramos querywmiden los costes de reposición de los servicios del capital físico y del trabajo yC(Is)los costes de invertir en ca- pital social, los pagos netos de la cooperación podemos expre- sarlos así:

p= y(r k+ w)w C(Is) (3.4) El individuo representativo de una sociedad invertirá en ca- pital social —y al aportar los factores productivos que posee lo hará cooperando— si los beneficios superan a los costes espera- dos; cooperará más —invierte más en capital social— cuanto mayor sea el valor de los pagos netos esperados, es decir13:

Is = f(p) con > 0 (3.5) Es preciso insistir en que los criterios de los agentes para me- dir el coste de reposición de los factores son clave para la inver- sión capital social. Una sociedad en la que las valoraciones sobre qué ingresos deben obtenerse para cubrir el coste de reposición de los factores se revisan al alza más deprisa de cómo mejoran los resultados, no deja margen para que existan pagos netos ni incentivos a la inversión en capital social, pues nada es percibido como trato preferencial. En cambio, en una sociedad que consi- dera que al menos una parte de las mejoras obtenidas son un premio o excedente social generado entre todos y en el que los individuos confían en participar por su pertenencia a esa socie- dad y su buen funcionamiento, habrá más incentivos a cooperar.

Gracias a ello se reducirá el coste de transacción y supervisión de las relaciones económicas, con las correspondientes ganancias de productividad que confirmarán lo acertado de haber con- fiado. Probablemente, esas percepciones sobre lo que es un fruto

12 En el mismo sentido, refiriéndose a los costes de señalización, véase Spence (1973).

13 Se debe advertir que, mientrasfno se especifique, quepsea un valor moneta- rio no equivale a queIs o ksestén expresados en términos monetarios. Se considerará esta cuestión al estudiar el modelo empírico.

individual o colectivo se derivan de la cultura o valores sociales predominantes y constituyan elementos de naturaleza no econó- mica que, sin embargo, influyen en el funcionamiento de la eco- nomía. Aprovechar este reflejo será la vía propuesta para medir el capital social en el modelo teórico de los apartados siguientes.

3.2. La decisión individual