UNIVERSIDAD DEL PAÍS VASCO/EUSKAL HERRIKO UNIBERTSITATEA (UPV/EHU)
5. EL SUJETO DESPLAZADO ANTE EL ESPACIO FRONTERIZO
En las entrevistas realizadas, tanto a técnicos como a personas solicitantes de asilo, vemos el recurso al periodo histórico de exilio español, como contrapartida al periodo actual de llegada de población:
«Lo que hay es un incumplimiento vergonzoso de, de tratados y de acuerdo que son personas que tienen unos derechos, y que no se están reconociendo, básicamente y la memoria, la memoria histórica, corta memoria tenemos.» [E. Técnica de ONG Do- nosti]
Ese «otro» es visibilizado como alguien que se encuentra en una situación en la que an- tes se ha estado, y en la que además se posiciona como un posible común, recordemos la campaña «No Entran» de CEAR 2012, en donde se hace referencia a esa posibilidad: «po- dría ser yo, podrías ser tú» al final del spot7. Dentro de esta misma labor de reciprocidad, el componente de retorno al relato del exilio, guarda también relación con lo que nos di- jera Raich (2004): «Nos sentimos retratados en las victimas cuando logramos imaginarnos en su lugar. Nos conmovemos porque nosotros también podemos experimentar dolor»
(p. 278-279)
Se trata de una interpelación a la acogida incluso como una cuestión humana, antes que política8 (Velloso de Santiesteban, 1998: 15). La reciprocidad aquí juega el papel de recono- cerse en la situación del «otro», como cuerpos de posible vulneración, el sujeto retorna so- bre experiencias pasadas similares. La atención que con anterioridad recibieron esos su- jetos de la comunidad de acogida, se coloca como contrapunto de lo que se espera como realizable para quienes piden asilo. Se cerraría así el círculo de reciprocidad en el que se apoya el consenso de la «gran familia humana» de la que habla la Declaración Universal de Derechos Humanos. Desde estas dos vertientes, reciprocidad y lazo contractual con los Derechos Humanos se vinculan también la visión humanitarista con la visión humanita- rianista, la primera heredera del humanismo tradicional y la segunda desde la perspectiva de los Derechos (Priego Álvarez et. Córdova Hernández, 2009).
La acción y concepción de la sociedad civil frente a ese sujeto que llega pasa por una lec- tura del mismo que opera sobre su propia existencia por cuanto que al pensar en ese otro se está pensando a sí mismo como ciudadano y a su entorno como un hábitat de derechos.
como simbólica, que no solo ha de atravesar, sino que ella misma le atravesará a él.
Ante fronteras cada vez más controladas coexistentes con el discurso de un mundo apertu- rista y fluido, producen sujetos capaces de moverse entre los entresijos de la estructura en donde para cada «candado» se valdrá de una «ganzúa»9. Se reivindica aquí por tanto la ne- cesidad de empezar a ver esa idea de sujeto a la deriva como una opción más de agencia y no como pasividad.
Otro elemento que el espacio fronterizo hace patente tiene que ver con la propia con- cepción del sujeto como ser viviente, como ser humano. Hamlet tenía razón. «To be or not to be, this is the question», «ser o no ser, esa es la cuestión». Para el caso de los des- plazados forzados en donde el reconocimiento juega un papel tan importante como po- sibilitador incluso de la supervivencia física, vemos como la frontera redefine incluso el significado de la frase, y es que el «estar en la indefinición» lleva a una especie de
«no ser» con un opuesto que sería «estar definido o clasificado», que le llevaría al su- jeto a «ser».
Fuera del reconocimiento se entra en el terreno de la no existencia social, en un sujeto convertido en un «no ser» porque no está dentro de una categoría que le defina más allá de la de ser un sujeto-cuerpo biológico, vulnerable. Se trata de otro ejemplo de expulsados de la vida social, como los que habla Sassen (2015).
La frontera se puede perfectamente visibilizar como ese espacio capacitado para producir tanto desapariciones como apariciones. Desapariciones en el caso de que no se produzca un reconocimiento del individuo, en el que no se le considere como «ser»; apariciones en el caso de que sea categorizado, en ese juego del reconocimiento, como algo en lo que nunca se había identificado, pero que ahora pasa a ser constitutivo de su «ser-sujeto», pro- duciendo así una aparición, un nuevo ser y un nuevo estar.
Para el caso del desplazamiento forzado el reconocimiento no se quedará solo en ese pri- mer paso que los diferencie de la migración sino que además luego se vinculará con una diferenciación de categorías dentro del tipo de refugiados (Refugiados «en órbita», de
9 Me valgo aquí de una película, concretamente de una secuencia, que plasma muy bien ese nuevo repertorio que ha de demostrar tener el sujeto desplazado, también el migrante, para enfrentarse a las fronteras. La se- cuencia en cuestión pertenece a la película «Por mis pistolas» (Miguel M. Delgado, 1968) y en ella Fidencio Ba- rrenillo (Cantinflas) se dispone a cruzar la frontera entre México y Estados Unidos por el desierto de Arizona.
En el camino se encuentra con un puesto fronterizo y un funcionario que le hará un riguroso cuestionario an- tes de dejarle pasar. Además de mostrar lo absurdo de esta delimitación geográfica, perfectamente ejemplifi- cada por un portón cerrado en mitad de un desierto, nos muestra también las trabas burocráticas plasmadas a través de un guardia que ha perdido la llave y no puede abrir el portón. Podría pasar por el costado pero eso violaría la ley, es ahí donde el sujeto hace valer su mayor capacidad de agencia sacando una ganzúa para abrir el candado: «y eso ¿qué es?» dice el policía al ver que Fidencio saca del bolsillo un pequeño artilugio, a lo que le responde: «Esto es una ganzúa made in México hecha para abrir candados made in EE.UU». Esta secuencia, com- pletamente al margen del propio discurrir de la película, nos muestra la cada vez más necesaria necesidad de herramientas para sortear los dispositivos fronterizos. Muestra un sujeto capaz de innovar frente a las accio- nes externas que lo pretenden constreñir a un formulario (como el que le presenta el guardia fronterizo mo- mentos antes).
facto, en masa, económicos, estatutarios) (Pérez, 2003: 229). Para el caso concreto actual quizás estas distinciones no sean las más urgentes, pero sí que se puede ver esa pugna por la categorización que muchas veces se relacionará con el país de procedencia, por la emer- gencia y proximidad de los acontecimientos.
Hablo aquí de un sujeto desplazado como agente también en la constante labor de presen- tar pruebas que certifiquen la veracidad de su relato. Nuevamente se hace valer esa es- tructura jerárquica en donde las normas para el reconocimiento de ese «otro» se estable- cen bajo un protocolo concreto, una estandarización del asilo (Unión Europea, 2014), como se puede ver con el Sistema Europeo Común de Asilo, tiene el objetivo de dar la imagen de orden y capacidad preventiva.
Es importante aquí volver a las fronteras no como fortalezas sino como espacios de ejerci- cio de una práctica política que se pretende capacitada para actuar como filtro, como una especie de dispositivo inmunitario (Espósito, 2002) que clasifica distintos tipos de desplaza- mientos y frente al cual decidirá el carácter de su decisión, tanto de dar paso hacia el inte- rior de esa delimitación como en la forma en la que ha de hacerlo. Una frontera que actúa como filtro en que se puede ver también en dispositivos como el registro de los demandan- tes de asilo en el primer país por el cual hayan accedido a la Unión Europea como contem- pla el acuerdo de Dublín II, o la identificación mediante huellas dactilares que se comparti- rán luego a nivel europeo (contemplado en el marco del Sistema Europeo Común de Asilo) que muestran esa necesidad de establecer instancias intermedias que señalen la nueva co- rrespondencia del sujeto en destino.
La frontera como filtro demanda un sujeto agencial al tiempo que un sujeto que inspire una compasión apoyada sobre la imagen de pasividad de ese sujeto «otro», la de un indivi- duo abocado a moverse en ese plano del reconocimiento como única salida de superviven- cia. En su propia concepción aparece la distinción con la población migrante y el aparato de reconocimiento marcará también la distinción entre ambos.
La frontera como forma y contenido muestra fundamentalmente su papel en el plano de la moral y el aparataje legal del que se dota para responder a las demandas humanita- rias, pero también en la manera de construir esta diferencia entre ambos sujetos muestra ese contenido moral de ese constructo llamado Europa, algo que queda patente en afirma- ciones como las mantenidas por Laurent Fabious, ministro de Exteriores francés al decir:
«Los que no pueden beneficiarse del derecho de asilo deben saber claramente que se en- contrarán con un rechazo y con la obligación a volver. Si se da a entender lo contrario, se alientan flujos todavía más masivos»10. Señalando además que: «Hay inmigrantes — subra yó— que tienen derecho al asilo y que, en nombre de la solidaridad, deben ser aco- gidos», lo que quiere decir que establece dos parámetros diferenciales en base a una dis-
10 http://www.eldiario.es/sociedad/Paris-solidaridad-refugiados-firmeza-inmigrantes_0_423107772.html [úl- tima consulta: 21/11/2017]
tinción que se apoya en la responsabilidad moral que parece adoptarse respecto a algunos sujetos, pero no a otros.
El sujeto desplazado podría decirse que se nos presenta como un sujeto que ha de mostrar y habitar su vulnerabilidad ejerciendo su agencia en este propio acto. Se trataría por tanto de un tipo de agencia particular enfocada a dar cuenta de una vulnerabilidad por defini- ción des-agenciadora, una especie de contradicción intrínseca pero que constituye el fun- damento de esa pugna por el reconocimiento en el contexto humanitario.