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RNF_rev.03 Página 73 de 86 25.3 Prestigio del trabajo doméstico e importancia del mismo en la calidad de vida de las
familias
Si consideramos globalmente el ámbito de la reproducción y del trabajo reproductivo que realiza la mujer es más fácil entender la sensación de esfuerzo excesivo que ésta siente hoy en el hogar. El trabajo reproductivo es invisible en la contabilidad nacional, no existe como trabajo y se presenta como una dádiva gozosa. Al mismo tiempo, no confiere prestigio ni relaciones de poder ni autoridad. Y, por supuesto, no está retribuido. Una mujer que hoy manifieste que se dedica a “sus labores” pierde de inmediato su interés como interlocutora en cualquier ámbito público.
Nos encontramos con una muy diferente valoración social del trabajo productivo (esfera de actividad considerada propia de los hombres) y del trabajo reproductivo (esfera considerada propia de las mujeres). Este último históricamente ha sido considerado un trabajo superfluo, casi denigrante.
Se ha producido un doble proceso:
a) Las mujeres son cada vez más admitidas en el trabajo productivo, en el mundo de lo público b) El trabajo reproductivo ha perdido toda consideración social: es negado, minimizado y ocultado
A juicio de la autora, la solución de las desigualdades que genera el trabajo doméstico no consiste en tener un mayor número de electrodomésticos o en simplificar el tipo de comidas; estos pequeños cambios ahorran tiempo y esfuerzo físico pero incrementan la tensión porque no evitan la necesidad de que la mujer se dedique también al trabajo productivo. Habría que sacar a la luz todo qué está implícito en el trabajo doméstico, realizar una revisión crítica, reevaluarlo, tratar de ver cómo se reequilibran estas dos esferas de la vida y cómo pueden compartirse. En el s. XXI debe llegar la igualdad en el mundo de la reproducción.
De la amplitud del trabajo reproductivo se deduce la importancia para la calidad de vida de todos los miembros de la familia
.
25.4 El trabajo doméstico como frontera para la igualdad de género
La resolución de la igualdad ante el trabajo doméstico es una necesidad para las mujeres. Ello por dos razones:
a) Porque nuestras posiciones en el mundo público dependen en gran medida de que haya una mayor igualdad en el mundo privado. Mientras no sea así, las tareas de la reproducción constituyen un límite casi absoluto para las posibilidades de las mujeres en el sistema productivo.
b) Porque el desprestigio de las tareas reproductivas conduce a muchas mujeres a abandonarlas. Ello puede conllevar un éxito profesional a costa de perder un punto de apoyo emocional en toda la trayectoria vital de la mujer.
Muchas de las controversias actuales del feminismo van en esa línea: las mujeres no debemos competir con los hombres, ser como ellos ni compartir exactamente su sistema de valores. La masculinización de los sistemas de vida supone una ventaja en el terreno económico pero también una pérdida vivida como dolorosa.
Estas resistencias frenan el avance de las mujeres en la esfera productiva. El problema, para muchas mujeres, ya no estriba en el temor a adentrarse en el mundo público sino en la convicción de que al hacerlo, al dejar atrás las tareas domésticas, están construyendo una vida más árida y contribuyendo a crear un mundo más hostil y carente de sentido.
25.5 Tareas domésticas de hombres y mujeres: su evolución
Todos los trabajos muestran que la mayoría de las tareas reconocidas como propias del trabajo doméstico recaen en forma predominante sobre las mujeres. Según la Encuesta de empleo del tiempo (EET), 2009-2010:
a) En su conjunto las mujeres dedican cada día 2 horas y cuarto más que los hombres a las tareas del hogar.
No obstante, en 7 años los varones han recortado esta diferencia en 45 minutos.
b) El 92,2% de las mujeres realizan tareas domésticas y se ocupan del cuidado de niños, ancianos y dependientes (durante casi 4,5 h/día), frente al 74,4% de los hombres (cuya duración promedio es de 2,5 h/día).
c) Aunque en su conjunto los hombres trabajan 1 hora más que las mujeres, la dedicación por parte de las mujeres al hogar y a la familia supera en más de 2 horas la de los hombres (4 horas frente a casi 2 de los varones).
d) Las mujeres disponen de casi 1 hora menos de tiempo libre que los hombres.
e) El tiempo contratado en el trabajo o comprometido en los estudios por las mujeres se mantiene estable respecto al avance de resultados de 2002-2003. Así, dedican media hora menos a las labores domésticas y disponen de casi un cuarto de hora más de ocio.
f) Por el contrario, los hombres reducen el tiempo contratado o comprometido en trabajo y estudios en más de media hora. De este tiempo, 20 minutos los emplean en aumentar su dedicación a las tareas del hogar.
RNF_rev.03 Página 74 de 86 Las investigaciones de SUBIRATS MARTORI, que corresponden al periodo 1985-1990 en el área de Barcelona, ponen de manifiesto las siguientes cuestiones:
a) Las tareas tradicionalmente consideradas propias de mujeres siguen estando mayoritariamente a su cargo en un 80% de los casos. Existe un ligero aumento del reparto de tareas y un más ligero aumento de la participación masculina, que tiene carácter residual.
b) Las tareas consideradas tradicionalmente masculinas, como las reparaciones domésticas, recaen mayoritariamente en los hombres. Sin embargo, son con cierta frecuencia compartidas por las mujeres; y también suele ser más frecuente que se encarguen a personas pagadas, ajenas al hogar. Ello consigue liberar a los hombres de “sus” tradicionales tareas domésticas, sin que aparezca con igual frecuencia el mismo cambio en las tareas domésticas tradicionalmente femeninas.
c) La administración del dinero familiar suele ir vinculada a posiciones de clase. Las mujeres suelen administrar el dinero pequeño (destinado a las necesidades domésticas) mientras que los hombres suelen administrar las cantidades importantes. Pero en la mayoría de los hogares donde no hay excedente de dinero es frecuente que las mujeres sean las que administren todo el dinero disponible.
d) En cuanto al cuidado de los niños pequeños, los datos revelan que las mujeres se ocupan menos de los niños porque hay menos niños pequeños. Solo 1/5 de los adultos viven en hogares donde hay niños pequeños.
e) La gran implicación de estos cambios es que la subvaloración del ámbito reproductivo hace difícil una redistribución de las tareas, y conduce a que también las mujeres que pueden elegir vayan abandonándolo. Por tanto, existe un debilitamiento de toda esta esfera de la actividad humana.
f) Se constata una disminución del tiempo utilizado por las mujeres en las tareas domésticas, básicamente por dos motivos:
1. La mecanización, principalmente encabezada por la lavadora
2. La realización del trabajo doméstico por otras personas: unas mujeres realizan más para que otras puedan realizar menos.
25.6 Relación entre el nivel educativo y nivel de ingresos de hombres y mujeres con el tiempo dedicado a las tareas domésticas
Son las mujeres que obtienen un trato, una consideración social y unos ingresos similares a los de los hombres las que escapan a la condición genérica, que no distingue características individuales, y pasan a tener singularidad, nombre y apellido propios.
Pero las otras son mayoría, y sobre ellas recae una parte cada vez más importante del trabajo doméstico, como trabajo por cuenta propia o ajena. Hoy las mujeres se hallan en condiciones más similares a los hombres por el hecho de que es la clase social la que marca su vida y las diferencia, en mayor medida que lo hizo en el pasado.
La EET (Encuesta de Empleo del Tiempo) 2002-2003 permite estudiar la dedicación a las tareas domésticas según el nivel educativo y los ingresos. Únicamente se hace referencia a las tareas rutinarias y repetitivas excluyendo:
a) Las tareas de cuidados de niños, ancianos y otros dependientes b) Las tareas de relaciones sociales
c) Los cuidados emocionales d) Las tareas de organización mental
e) Las tareas más esporádicas como jardinería, construcción o reparaciones
TIEMPO MEDIO TRABAJO DOMÉSTICO Hombres Mujeres EET 2002-3 1 h 55 min 3 h 47 min EET 2009-10 2 h 32 min 4 h 29 min
En su conjunto las mujeres dedican cada día 2 horas y ¼ más que los hombres a las tareas del hogar. No obstante, en 7 años los varones han recortado esta diferencia en 41 minutos.
Las diferencias entre mujeres según su nivel educativo son muy importantes. A mayor educación ellas dedican menos tiempo a las tareas del hogar, mientras que las diferencias son pequeñas entre los hombres. Las desigualdades de género están muy acentuadas en los niveles educativos de primaria y disminuyen a medida que aumenta el nivel educativo.
RNF_rev.03 Página 75 de 86 En el caso de las parejas hombre-mujer de 25 a 50 años, en las que ambas partes trabajan asalariadamente, se constata que los ingresos de los hombres no influyen prácticamente nada en el trabajo doméstico, mientras que sí se encuentran diferencias según los ingresos de las mujeres:
a) Salario inferior a 500 €/mes: 260 minutos de trabajo doméstico diario
b) Salario entre 500 a 2000 €/mes: alrededor de 200 minutos de trabajo doméstico diario c) Salario superior a 2000 €/mes: alrededor de 160 minutos de trabajo doméstico diario
En las mujeres encontramos diferencias según la edad, el nivel educativo y los ingresos personales. En cambio el comportamiento de los hombres es más uniforme.
Como conclusión podemos decir que el reparto más igualitario de las tareas domésticas se debe sobre todo a la reducción de la dedicación al trabajo doméstico rutinario de algunas mujeres y mucho menos al aumento del tiempo que le dedica el hombre a estas tareas. Lo que no excluye que haya una minoría de hombres que se desmarquen de estas medias.
25.7 Los dos segmentos de mujeres en cuanto al trabajo doméstico. El servicio doméstico en las parejas en las que ambos están empleados.
El colectivo de mujeres tiende a segmentarse: mientras unas mujeres pueden disminuir su parte del trabajo doméstico y reproductivo, otras tienden a aumentarlo. Mientras que unas están adquiriendo capacidad económica y voz propia, para otras la experiencia del trabajo no supone más que una sobrecarga y unas retribuciones económicas que no implican la autonomía. Las mujeres de clase baja tendrán menos oportunidades de que cambie su situación debido a sus propias características personales: baja cualificación educativa, pocos contactos sociales.
El modelo actual refleja la transición desde una situación tradicional, en el que las tareas domésticas eran asumidas por las mujeres en el ámbito privado, a una situación de mercado en la que un número creciente de servicios se presta bajo la forma de trabajo pagado. En efecto, la parte de trabajo reproductivo pagado es hoy creciente en la sociedad fundamentalmente debido a dos elementos:
a) El aumento de la posición laboral de algunas mujeres les permite disponer de recursos económicos para ser parcialmente sustituidas en su trabajo doméstico.
b) Las guarderías, los hospitales, los centros geriátricos son servicios atendidos mayoritariamente por mujeres, y realizan parcelas del trabajo reproductivo que antes se asumía en el hogar. La diferencia es que estos servicios ahora las mujeres ya no los realizan como una forma de “trabajo de amor” sino que actúan como profesionales y reciben un salario por ello.
Ello puede implicar también alguna desventaja: probablemente aumenta la calidad técnica de los servicios pero disminuye la calidad humana. Lo que sí queda constatado es que, a pesar de los cambios, se mantiene una desigualdad fundamental: las mujeres siguen asumiendo la mayor parte del trabajo reproductivo, sea en la forma tradicional de amas de casa sea como trabajo pagado. Y conociendo el escaso valor económico que se atribuye a las tareas reproductivas, ello implica que se mantengan las diferencias de recursos entre hombres y mujeres: las tareas reproductivas (aunque sean pagadas) reciben un salario inferior que las tareas productivas.
Por otro lado, el hecho de que una pareja en la que ambos trabajan fuera del hogar disponga de ayuda doméstica remunerada depende fundamentalmente del nivel salarial de ella. Cuanto más bajos son los ingresos personales de las mujeres más tiempo dedican a las tareas domésticas.
25.8 Soluciones que propone la autora para aumentar la realización de las tareas domésticas por parte de los hombres
Por ello, a juicio de la autora, una solución a esta desigualdad pasaría por, al menos, dos posibilidades:
a) Si se plantea la revalorización de las tareas reproductivas. Es decir, que se considere el trabajo reproductivo como trabajo socialmente útil.
b) Si se desarrolla una tendencia que haga desaparecer la división del trabajo en al ámbito doméstico, mediante políticas públicas que empujen este desarrollo.
Estas dos posibilidades podrían favorecer el mantenimiento de una gran parte del trabajo reproductivo en forma de trabajo no pagado, pero siempre que se tratara de un trabajo compartido que permitiera, además, el desarrollo y la creatividad personal.
La autora reconoce que propone soluciones razonables y razonadas a un problema que es, en definitiva, una cuestión de poder y en el que también inciden elementos culturales profundamente arraigados en la población.
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