INDICE GENERAL
CAPÍTULO 1. CAPÍTULO 1. INTRODUCCIÓN
2. EL VINO
2.4. EL VINO Y LA SALUD
Como se acaba de mencionar, existen efectos beneficiosos sobre el sistema cardiovascular derivados del consumo de alcohol de forma moderada. Sin embargo, otros estudios demuestran que los bebedores de vino, y más concretamente de vino tinto, obtienen un beneficio adicional atribuido a la presencia de compuestos bioactivos (Klatsky y col., 2003; Pearson, 1996; Pearson, 1997).
Se han propuesto tres mecanismos para explicar la menor incidencia de enfermedad cardiovascular en los consumidores regulares de vino. Dos de ellos se deben principalmente al etanol (anteriormente comentados), mientras que el tercer mecanismo estaría mediado por la capacidad de los componentes antioxidantes del vino de proteger de la oxidación las partículas de lipoproteínas de baja densidad, de acuerdo con la hipótesis oxidativa de la aterogénesis (Leigton F, 1999).
Además, el vino participa en el mantenimiento de la función endotelial, desempeñando un papel clave en la regulación del tono vascular y la reactividad.
La preservación de la función endotelial es un requisito indispensable para mantener la salud cardiovascular, y más en particular para evitar la aterosclerosis.
El óxido nítrico (NO) es el principal mediador de la relajación vascular, en un proceso muy sensible a la presencia de radicales libres. Estudios recientes muestran que los polifenoles del vino mejoran la respuesta endotelial mediada por NO (Andriambeloson y col., 1997; Leighton y col., 2006).
Otros estudios, indican que el vino tinto mejora la función y la expresión de la óxido nítrico sintetasa endotelial (eNOS) en un proceso dependiente de los compuestos antioxidantes, con marcadas diferencias de actividad entre ellos. Los antioxidantes son necesarios no sólo para la protección del NO, sino también porque protegen de la oxidación a la tetrahidrobiopterina (BH4), un cofactor de eNOS cuya oxidación conduce a su disociación y a la producción del anión superóxido (Martin y col., 2002; Wallerath y col., 2002; Wallerath y col., 2005).
Además, los compuestos fenólicos del vino tinto mejoran la función endotelial a través de la inhibición de la secreción de endotelina 1, un agente vasoconstrictor (Agewall y col., 2000). De hecho, estudios recientes relacionan el consumo de vino con la vasodilatación y el aumento de flujo sanguíneo (Agewall y col., 2000).
La adhesión de las plaquetas al endotelio dañado y la posterior agregación plaquetaria son las principales medidas en los procesos trombóticos y aterogénicos. Los compuestos fenólicos interfieren con el metabolismo del ácido araquidónico, produciendo una inhibición de la agregación plaquetaria y reduciendo la síntesis de mediadores trombóticos y proinflamatorios (Freedman y col., 2001; Pace‐Asciak y col., 1996; Polette y col., 1996). Los polifenoles también pueden regular la expresión de moléculas adhesivas y del factor de actividad
tisular resultando en la modulación funcional de las interacciones procoagulantes y actividades entre células (Rotondo y col., 1998).
Varios estudios han evaluado la posibilidad de que el consumo de etanol en forma de vino podría tener un efecto añadido sobre la función plaquetaria respecto a la ejercida por el etanol. Estudios previos han demostrado un efecto inhibidor del vino tinto sobre la agregación plaquetaria, tanto en ensayos in vivo como en ensayos in vitro. Sin embargo, otros estudios sobre la actividad antiplaquetaria de los polifenoles del vino (Kawashima, 2004; Pace‐Asciak y col., 1995), no parecen conferir un beneficio significativo por encima del ofrecido por el alcohol en sí.
Rimm y col. (1999) demostraron la relación dosis‐dependiente entre el consumo de etanol y los niveles plasmáticos de HDL. El colesterol HDL activa la eNOS (Gong y col., 2003) y, tal como se ha comentado anteriormente, es estrictamente dependiente de la presencia de antioxidantes, que impiden la inactivación de NO (Mineo y col., 2006). Aunque el etanol puede contribuir al efecto cardioprotector por el incremento de las HDL y el descenso de los niveles de fibrinógeno y de la reactividad plaquetaria (Pellegrini y col., 1996; Wollny y col., 1999), varios estudios recientes sugieren también un papel clave de los componentes fenólicos del vino. De hecho, el consumo de alcohol en forma de vino tinto potenciaría la función protectora de las HDL, por su contenido en compuestos fenólicos (Avellone y col., 2006; DellʹAgli y col., 2004; Estruch y col., 2004; Stoclet y col., 2004).
De la misma manera, en un estudio realizado por Estruch y col. (2004), se ha comprobado que tras el consumo de vino o de ginebra se reducían los niveles sanguíneos de marcadores sanguíneos de inflamación, como la proteína C reactiva, el fibrinógeno y la interleuquina1α, indicando que este efecto es debido al contenido de etanol en ambas bebidas. No obstante, sólo tras el consumo de vino apreciaron una reducción significativa de las moléculas de adhesión monocitarias y endoteliales, por lo que este mayor efecto anti‐inflamatorio del vino debería atribuirse a los componentes no alcohólicos del vino.
En este mismo sentido, un estudio realizado por Badía y col. (2004) analizó la capacidad de adhesión al endotelio de monocitos en humanos tras el consumo de 30 g de alcohol al día en forma de vino o de ginebra durante un mes. El
consumo de vino redujo significativamente la adhesión de los monocitos en comparación con el consumo de ginebra, lo que retrasa de manera mucho más significativa el inicio y la progresión de la arteriosclerosis.
Por lo tanto, queda patente el efecto beneficioso de la ingesta de vino de tinto. La capacidad antioxidante demostrada por el vino, amén de sus efectos vasodilatadores y anticancerogénicos, destaca su ingesta como un factor clave dentro de un estilo de vida saludable, sobre todo enmarcada dentro de la Dieta Mediterránea.