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41 pueda clasificar como de agenda europea (Franklin, 2006, pág. 228). Se confirma lo apuntado por Reif y Schmitt en 1980 en cuanto al hecho que las elecciones al PE son más nacionales que europeas (Schmitt & Teperoglou, 2017, pág. 65). Éstos y otros autores aportan datos empíricos, como que en las elecciones de 2009 la decisión del voto por parte de los ciudadanos se basó en políticas nacionales ya que los temas europeos fueron insignificantes durante la campaña (Schmitt & Teperoglou, 2015, pág. 287) (Hix & Marsh, 2011, pág. 8).
Quizás como explicación complementaria al hecho que las campañas electorales al Parlamento Europeo se basan en temas del ámbito nacional, autores como Weber (2007) señalan que, en términos generales, en las elecciones de segundo orden los partidos fallan al comunicar sus políticas, así como en persuadir a los votantes (Weber, 2007, pag. 531). A esta afirmación se unen Norris y Reif, concretando en las elecciones al Parlamento Europeo. Para estos investigadores, la campaña electoral al Parlamento Europeo es decepcionante, así como decepciona que los ciudadanos “fallen” a la hora de interesarse por las elecciones al Parlamento Europeo (Norris & Reif, 1997, pag. 110).
Con todo, una conclusión que se ha demostrado a través de los estudios realizados por la literatura, es que las elecciones al Parlamento Europeo, en tanto que elecciones de segundo orden, son vistas por el electorado (y también por los partidos políticos y sus líderes) como un referéndum sobre la actuación del partido en el gobierno de cada Estado miembro (Franklin, 2006, pag. 228). Por ello, como veremos a continuación, el partido en el gobierno tiende a sufrir pérdidas en estas elecciones, especialmente si tienen lugar en mitad del ciclo electoral nacional (Schmitt & Teperoglou, 2015, pag. 296).
La presencia masiva de aspectos relacionados con la agenda política nacional en campaña electoral europea es tenida en cuenta en la primera de las hipótesis de esta tesis y será analizada con posterioridad en el trabajo empírico y la discusión. La agenda nacional predomina en la comunicación política durante la campaña electoral de unas elecciones de segundo orden como las del Parlamento Europeo. Lo que pondremos en cuestión con nuestro trabajo empírico es hasta qué punto esta estrategia conlleva más o menos éxito electoral, si es que tiene alguna relación.
Algunos autores relativizan el peso que tiene este ‘factor referéndum’ que comentan los autores anteriores. Por ejemplo, Hobolt, Spoon y Tilley (2009) consideran que una parte de los votantes perdidos por el partido en el gobierno en el momento de unas elecciones europeas (estos autores los denominan “desertores”), lo son porque el partido en el gobierno suele ser bastante más
42 pro-europeo que la media de los votantes (Hobolt, Spoon, & Tilley, 2009, pág. 9). En esta línea se expresa también Weber al considerar que la explicación de un “voto protesta” contra el partido en el gobierno nacional se queda corto para explicar las pérdidas de dicho partido.
Se entra de lleno, pues, en la cuestión de la integración europea, que ha jugado un papel relevante en las investigaciones sobre las SOE desde los inicios del 2000, especialmente a partir de 2004, a raíz de la entrada de 10 nuevos países, procedentes del Este y Centro de Europa.
Van der Eijk y Van Egmond (2007) creen que tanto el resultado final como el nivel de abstención en los comicios europeos se pueden deber a un rechazo (creciente) hacia el proceso de integración europea (Van der Eijk & Van Egmond, 2007, pág. 566). Por su parte, Hix y Marsh señalan que tanto el establishment de Bruselas como los medios de comunicación nacionales no consideran la baja participación ni la fuga de votos del partido gobernante como un efecto ‘referéndum’ sobre políticas nacionales sino un voto protesta pero hacia la integración y la Unión Europea en su conjunto (Hix & Marsh, 2007, pág. 495) (Hix & Marsh, 2007, p. 495). Norris y Reif, sin embargo, continúan convencidos de que los resultados versan más sobre aspectos nacionales que sobre el apoyo a la integración europea (Norris & Reif, Second Order Elections revisited, 1997, pág. 112).
Originalmente, Reif y Schmitt propusieron cuatro características innatas de las elecciones de segundo orden. Éstas fueron descritas en un estudio específico tras analizar las que fueron primeras elecciones directas al Parlamento Europeo (1979). Son aceptadas por la literatura como vigentes hasta la actualidad y los diferentes trabajos empíricos posteriores no han hecho más que confirmarlas, si bien se han ido realizando matizaciones y aportaciones.
La primera de las características que apuntan Reif y Schmitt es que en las elecciones de segundo orden hay una menor participación respecto a las elecciones nacionales o de primer orden (FOE por sus siglas en inglés de first-order election). La principal justificación es el hecho que, a ojos del votante, en las elecciones europeas, así como en las de segundo orden en general, hay “menos en juego”, con lo que su motivación para ir a votar decae (Reif & Schmitt, 1980, pág. 8). Los diferentes estudios empíricos posteriores han demostrado que esta afirmación se cumple, con la única excepción de los comicios al Parlamento Europeo que coinciden el mismo día que unas elecciones nacionales en alguno o algunos de los Estados miembros (Schmitt & Teperoglou, 2015, pag. 294).
Van der Eijk y Van Egmond estudiaron en 2007 las características de los abstencionistas europeos y concluyeron que no hay diferencias entre aquellos que se abstienen en unas
43 elecciones europeas y aquellos que lo hacen en unas elecciones nacionales (Van der Eijk &
Van Egmond, 2007, pag. 567). Es la coyuntura de la propia elección de segundo orden la que determina, pues, el nivel de abstención.
Además de la relación de la abstención con una decisión racional del votante en relación con la integración europea, otro tema que se ha incorporado recientemente a la literatura es el hecho de que desde 2014, el Parlamento Europeo electo decide quién es el presidente de la Comisión Europea, esto es, el presidente del Ejecutivo de la Unión Europea. Esto hace que autores como Schmitt y Teperoglou cuestionen si sigue siendo válido el argumento de “menos en juego” para unas elecciones legislativas en las que, como a nivel nacional, se elige indirectamente al jefe del gobierno (Schmitt & Teperoglou, 2015, pag. 294). Ya en 2005, Carrubba y Timpone vislumbraban una posibilidad así teniendo en cuenta que desde el Tratado de Maastricht (1992), la relevancia institucional y competencial del Parlamento Europeo no ha dejado de crecer (Carrubba & Timpone, 2005, pág. 279).
Se necesitarán aun trabajos empíricos sobre la cuestión para determinar el papel que este cambio en el Parlamento Europeo produce a nivel de participación. Como algunos autores defienden, los ciudadanos europeos conocen mucho mejor la política nacional que el funcionamiento en sí de la Unión Europea y sus instituciones. Lo que si sabemos es que los ciudadanos con mayor interés por la política europea (y aquellos que apoyan la integración) son más propensos a participar en las elecciones al Parlamento, aunque el efecto es pequeño (Hix & Marsh, 2007, pag. 497).
La segunda de las características originales del trabajo de 1980 es el incremento de votos para partidos pequeños y nuevos. Entra en juego aquí la diferenciación que algunos autores hacen entre las elecciones de primer orden, en las cuales se entiende que el elector vota “con la cabeza” mientras que en las de segundo orden, al haber “menos en juego”, éste vota “con el corazón”, emitiendo lo que algunos han bautizado como “voto sincero” (Franklin, 2006, pág.
239).
En las elecciones al Parlamento Europeo esta característica se manifiesta a través de un incremento de apoyos para partidos extremistas, tanto de izquierdas como de derechas, así como para partidos de protesta, anti Unión Europea, etc. El destino del voto hacia alguno de estos diferentes tipos de partidos no-mayoritarios depende, en buena parte, de la ideología del elector, su proximidad política y la realidad nacional (Schmitt & Teperoglou, 2017, pag. 68).
44 En la siguiente tabla se puede observar esa variación de apoyos entre partidos mayoritarios y minoritarios.
Tabla 4. Porcentaje de voto recibido por cada partido según el país y el año de las elecciones. (En rojo: elecciones generales nacionales (En azul: elecciones al Parlamento Europeo).
Derivado de la segunda característica, el “voto sincero” conlleva un incremento de los votos nulos. Es la tercera característica para Reif y Schmiit y que ha sido demostrado empíricamente por estudios posteriores (Carubba & Timpone, 2005, pag. 272). Este voto nulo es considerado como un voto de protesta más, especialmente por aquellos autores que creen que la abstención y el voto a partidos extremistas está relacionado con factores de protesta hacia la Unión Europea (De Vries, C.; Van der Brug, W.; Van Egmond, M.; Eiik, Van der; C., 2011, pág. 3).
La cuarta característica del modelo teórico de Reif y Schmitt (1980) señala que los partidos en el gobierno tienden a perder votos en las elecciones al Parlamento Europeo. Como ya se ha comentado anteriormente, esta pérdida del partido en el gobierno está fuertemente relacionada con el momento en el cual tienen lugar las elecciones al Parlamento Europeo respecto al ciclo electoral nacional. Así, los estudios empíricos demuestran que en los meses posteriores a una elección nacional, el partido en el gobierno vive una especie de “luna de miel” durante la cual mejoran sus resultados de celebrarse unas elecciones al Parlamento Europeo (Reif & Schmitt, 1980, págs. 9-10).
ESPAÑA 2004 2004 2008 2009 2011 2014 2019 2019
PSOE - Partido Socialista Obrero Español 42,59% 43,46% 43,87% 38,78% 28,76% 23,01% 28,67% 32,86%
PP - Partido Popular 37,71% 41,21% 39,94% 42,12% 44,63% 26,09% 16,69% 20,15%
Galeusca- Pueblos de Europa 5,99% 5,15% 5,05%
IU - Izquierda Unida 4,96% 4,15% 3,77% 3,71% 6,92% 10,03%
EDP - Europa de los pueblos 3,28% 2,45% 1,43% 2,49% 1,03%
CEU - Coalición por Europa 4,90% 5,10% 6,41% 5,42%
UPyD - Unión Progreso y Democracia 1,19% 2,85% 4,70% 6,51%
Ps - Podemos 7,98% 14,32% 10,07%
EPDD - Esquerra pel dret a Decidir 1,03% 4,01%
Cs - Ciudadanos 3,16% 15,86% 12,08%
LPD - Los Pueblos Deciden 2,13% 2,08%
PE - Primavera Europea 0,51% 1,92%
VOX 10,26% 6,21%
Ahora Repúblicas 5,24% 5,58%
Lliures per Europa (Junts) 1,91% 4,54%
Coalición por una Europa Solidaria 2,04% 2,82%
Compromiso por Europa 0,76% 1,32%
FRANCIA 2002 2004 2007 2009 2012 2014 2017 2019
PS - Parti Socialiste 24,11% 28,90% 24,73% 16,48% 29,35% 13,98% 7,44% 6,19%
UMP - Union pour mouvement populaire / LR 33,30% 16,64% 39,54% 27,88% 27,12% 20,81% 15,77% 8,48%
UDF - Union pour democratie française / MoDem /LREM 4,85% 11,96% 7,61% 8,46% 1,77% 9,94% 4,12% 22,42%
FN - Front National 11,34% 9,81% 4,29% 6,34% 13,60% 24,86% 13,20% 23,54%
LV - Les Verts 4,51% 7,41% 3,25% 16,28% 5,46% 8,95% 4,30% 13,48%
MPF - Mouvement pour la France 0,80% 6,67% 1,20% 4,80%
PCF - Partie Communiste Française 4,82% 5,25% 4,29% 2,72%
FG - Front de gauche 5,61% 6,05% 6,91% 6,61% 6,31%
45 Pasado este periodo, cuanto más cerca de mitad de mandato se celebren estos comicios europeos, peor será el resultado del partido en el gobierno o, dicho de otro modo, mayores serán las pérdidas de voto. Para comprobaciones empíricas, se pueden consultar trabajos como los de Hobolt y Wittrock (2011), Weber (2007), (2011) y Carrubba y Timpone (2005), entre otros. Esta característica, señalan algunos autores, es propia de todas las elecciones de segundo grado (Schmitt & Tepereglou, 2017, pág.63).
Esta última característica ha sido ampliada por la literatura a los partidos grandes. A pesar de que diferentes autores no se han puesto de acuerdo a la hora de calificar qué es un partido grande (algunos sitúan su peso mínimo en un 15% del voto en elecciones nacionales mientras otros lo sitúan en un 20%), en lo que si convergen la mayoría de los autores es en afirmar que el mismo efecto de pérdida de votos que sufre el partido en el gobierno, también lo sufre cualquier otro partido con un gran peso en porcentaje de votos. Esto se debe, también, al hecho que los votantes emiten un “voto sincero” en las elecciones al Parlamento Europeo, abandonando sus opciones racionales (las que, si bien no son las preferidas, son las que más se acercan ideológicamente dentro de aquellas con opción real de victoria) (Hix & Marsh, 2007, pág. 503).
Por último, cabe destacar el hecho que, aunque su significancia estadística no es extrema, a nivel de elecciones de segundo orden existen autores que defienden ciertas diferencias entre ideologías. Esto es, parte de la literatura defiende que, más allá de las características propias de las SOE, dimensiones como el cleavage5 izquierda-derecha puede condicionar el voto (Hobolt & Wittrock, 2011, pág. 37). Aunque algunos autores descartan el peso de esta dimensión en el estudio del comportamiento electoral en el Parlamento Europeo (ver Hix &
Marsh, 2011, pág. 11), otros avalan esta tesis y la relacionan con el conocimiento que el votante tiene sobre la realidad europea (Hobolt & Wittrock, 2011, pág. 33). En este sentido, los estudios más recientes apuntan hacia una influencia de la opinión del votante sobre Europa y su voto.
Es decir: cuanta más distancia haya entre la posición del votante y la del partido en cuanto a la integración europea (antes comentada), más difícil será que el primero vote al segundo (De Vries et. al., 2011).
5 El término cleavage cobró relevancia a partir del trabajo de Lipset y Rokkan (1967), en el cual definen estos cleavage en relación a una fractura social que define el voto de los ciudadanos. Factores macroestructurales son los que marcan la decisión y a la vez los que definen los diferentes sistemas de partido. Se trata de estructuras de división que proponen dos posiciones contrapuestas en las que el ciudadano y el partido político se identifican con una de esas dos. Aunque en esta tesis doctoral nos centramos en el que inicialmente se bautizó como “cleavage de clase social”, existen otros, como el religioso o el de origen.
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