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LA EMIGRAGIÓN A EUROPA. DÉCADAS DE LOS 60 Y 70

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emigrantes). Las autoridades de estos países decidieron recortar o incluso suprimir la emigración salvo para los ciudadanos de los países de la CEE:

• Alemania en noviembre de 1973.

• En Julio de 1974 Francia, salvo a los que realizaban trabajos temporeros en la agricultura.

• En Agosto Suiza dificultó mucho la entrada de emigrantes.

Otras medidas para favorecer el regreso fueron:

• dar prioridad a los trabajadores en paro frente a los extranjeros.

• no renovar los contratos de trabajo, por lo general establecidos por un año.

2.-¿Cuáles fueron las causas de la emigración?

La emigración de los años sesenta fue de carácter económico. Por ello hay que analizar tanto los factores internos, o de expulsión, como los factores externos o de atracción. La suma de ambos determinó a más de dos millones de españoles a salir del país.

Factores de expulsión.

La posguerra se alargó durante toda la década de los cuarenta. Las pérdidas humanas y económicas, la incomunicación con el exterior, potenciada por el régimen franquista que quería mantener una economía de autosuficiencia, mantuvieron al país en un estado alarmante de pobreza y de aislamiento. En la década de los cincuenta la economía empieza un proceso de recuperación y modernización.

Los cambios en las zonas rurales.

El sector primario predominaba en la economía española, y por ello fue en el mundo rural donde empezaron a observarse los principales cambios:

• La mecanización de la agricultura. Los propietarios con más recursos mecanizaron las labores agrarias para conseguir mayores beneficios.

• Reducción de mano de obra agraria. La mecanización redujo las necesidades de mano de obra y obligó a los jornaleros a emigrar de las zonas rurales.

• Éxodo rural. En la década de los cincuenta abandonaron las zonas rurales medio millón de personas, en los años sesenta lo hicieron más de un millón:

- en los años cincuenta se fueron los jornaleros, cuantos más se iban, subían más los salarios, y los propietarios con posibilidades económicas mecanizaron más sus tierras.

- en los sesenta también se tuvieron que marchar los pequeños propietarios, con insuficientes ingresos para comprar maquinaria, lo que les impedía competir en el mercado.

La incapacidad del sector industrial para generar empleo.

Después de la guerra civil Franco impulsó un modelo de economía autárquico que no favoreció la producción industrial. De hecho a finales de los años cuarenta apenas se habían recuperado los índices de producción anteriores a la guerra. Tampoco había cambiado el tipo de industria ( se primaba a las industrias pesadas: siderurgia, refinerías, petroquímica y construcción naval), ni la localización industrial: País Vasco, Cataluña y Madrid.

La expansión económica de la década de los cincuenta fue posible por la apertura al exterior, que facilitó la inversión de capitales extranjeros y la importación de bienes de equipo. Sus consecuencias fueron muy importantes:

• Se duplicó la producción industrial y por tanto la oferta de empleo.

• Aumentó el nivel de vida en las zonas industriales, lo que generó expectativas de mejora en las zonas rurales y fomentó el éxodo de los campesinos hacia Barcelona, País Vasco o Madrid ( que seguían siendo las únicas zonas industrializadas).

• La mejora económica fomentó el crecimiento demográfico (1,2% anual) y la demanda de empleo.

Al final de la década de los cincuenta la industria no era capaz de absorber la mano de obra que supuso el crecimiento de la población activa, ni mucho menos a las oleadas de campesinos que seguían llegando a las zonas industriales.

La emigración asistida a Europa fue la fórmula que ideó el gobierno para solucionar el problema del paro y obtener el capital suficiente para fomentar el desarrollo industrial.

Factores de atracción.

El norte y centro de Europa fueron el principal foco de atracción porque en los años sesenta era una zona con fuerte crecimiento económico e incapaz de autoabastecerse de mano de obra.

La economía creció un 4,2% en estos países europeos y Alemania casi lo duplicó. La producción industrial aumentó un 35%, destacando: los automóviles, 70%.; los plásticos, 100%.; fibras sintéticas, 235%; el sector de la construcción.

El modelo demográfico estaba muy desarrollado: bajos índices de natalidad y de mortalidad y, como consecuencia, población envejecida. Cada año había un 1% más de europeos, pero sólo un 0,6% más en edad de trabajar.

La población activa de estos países era incapaz de cubrir todos los puestos de trabajo y ocupaba los más cualificados.

Se precisaba mano de obra para los trabajos menos cualificados y peor retribuidos, y ese hueco lo cubrieron los europeos del sur y este, con una economía menos desarrollada.

La emigración asistida.

Francia, Alemania, Reino Unido, Bélgica, Holanda y Suiza pactaron con los países del sur de Europa contratos de trabajo para cubrir sus necesidades laborales.

Las autoridades españolas gestionaron la emigración a través del Instituto Nacional de Emigración.

Este organismo recibía la oferta de trabajo de los distintos países: número de trabajadores distribuidos por profesiones.

Se encargaba de reclutar a los trabajadores de las listas de demanda de empleo en el extranjero, e informarles sobre las condiciones de trabajo y sus derechos.

Desde ese momento el protagonismo volvía a los países receptores:

examinadores propios se desplazaban a las provincias españolas para seleccionar a los más aptos.

El paso final era un examen médico, también selectivo, que les proporcionaba la Cartilla Sanitaria, imprescindible para viajar a esos países.

Cómo se puede comprobar en el caso de los que emigraron a Europa lo hacían de un modo diferente a como lo hacen hoy en día los inmigrantes que recibimos. La emigración de los españoles a Europa estaba caracterizada por una emigración con un contrato de trabajo previo a la partida. Estos contratos de trabajo otorgaban el correspondiente permiso de residencia en el país de destino dando así una situación legal en el país al inmigrante. Los inmigrantes se registraban en los correspondientes Registros de Extranjeros en cada uno de los países de destino otorgando así una tranquilidad en sus vidas, a diferencia de los inmigrantes actuales. En aquella época su única finalidad era la de trabajar para conseguir el máximo dinero posible para poder volver a España pues es lo que tenían en mente prácticamente la totalidad de los emigrantes.

Sirva de ejemplo a lo comentado éstos documentos de un familiar que emigró a Bégica en 1965.

Permiso de trabajo.

Certificado de inscripción en el registro de extranjeros.

3.-¿Cuál era el perfil medio del emigrante?

Edad, sexo y estado civil.

Las cifras del Instituto Español de Emigración ofrecen una distribución por edades que recoge de manera parcial la realidad de la emigración, porque reflejan los emigrantes que salieron del país con contrato, pero no a los que emigraron por la vía de la reagrupación familiar, que añadiría un numero importante de menores de 13 años.

Pese a esa importante limitación, parece indiscutible que emigraron preferentemente los que tenían entre 20 y 40 años.

No faltaban sin embargo los emigrantes muy jóvenes. La edad laboral empezaba a los 14 años y de ahí hasta los 20 representaban el 10% de los Por edad Por sexo Por estado civil Por ocupación

Jóvenes entre 25 y 29 años

Predominio de los varones

(84%)

Casados (el 70%)

Asalariados agrícolas (el 45%)

contratados. El 1% de los menores de 13 años es una irregularidad, ya que no deberían haber conseguido un contrato de trabajo.

Desde los 40 a los 65 se reducía paulatinamente el volumen de emigración.

Los tipos de contrato de trabajo y la estructura de la población.

Otra circunstancia que influía en la composición de la población eran las condiciones del contrato de trabajo:

Los contratos anuales renovables. Aunque en principio emigrara una mayoría de varones, si estaban casados (el 70% lo estaban) al año y medio o dos años de la emigración del cabeza de familia,

- Las cifras de población extranjera residente reflejaba que los españoles vivían por lo general en familia: en Francia el 70%, en Alemania el 63%, en Suiza las cifras eran bastante menores, no alcanzaban al 25%.

- En todos los casos habían adoptado el modelo familiar de la sociedad urbana:

Tenían entre uno y dos hijos, pese a que los subsidios familiares eran más generosos que en España, si bien es verdad que las primas descendían bastante después del segundo hijo. Por ejemplo en Alemania se paga cuatro veces más por el primer hijo que en España, dos veces más por el segundo y las cifras se van acercando en los siguientes hijos.

Las mujeres trabajan fuera de casa (el 66% en Alemania y el 40% en Francia).

Contratos temporales. En Francia y en Suiza abundaban los contratos temporales, pero la estructura de edad, sexo y estado civil era muy diferente.

- A Francia acudían familias enteras, porque iban a la recolección y nunca estaban fuera más de tres meses, y por lo general dos.

- En Suiza los contratos temporales eran más largos (7 u 8 meses), se dedicaban a la construcción o la hostelería. La mayoría de los emigrantes eran varones y casados, pero su familia permanecía en España.

4.-¿Cuáles fueron los principales destinos de los emigrantes españoles?

A partir de 1960 la corriente migratoria, que se había dirigido desde principios de siglo a América, cambia de destino y se encamina hacia Europa.

En 1973 seguía habiendo más emigrantes en América que en Europa, pero era el resultado de muchos años de emigración:

• 2.223.883 en América.

• 1.182.264 en Europa.

Suiza, Alemania y Francia son los países que reciben mayor volumen de inmigrantes, mientras las cifra de Bélgica y Reino Unido son bastante bajas.

FRANCIA

Política de inmigración.

Francia ha sido históricamente el país continental preferido para emigrar, aunque el volumen de emigración ha dependido de las circunstancias históricas de ambos países. Durante la década de los sesenta se dieron las condiciones necesarias para alcanzar el volumen migratorio más elevado de todos los tiempos: fuerte desarrollo económico; débil crecimiento de la población; política inmigratoria poblacionista.

La política inmigratoria se apoyaba en dos pilares:

• La Oficina Nacional de Emigración cuyo objetivo era establecer en Francia a 1.450.000 emigrantes de los países mediterráneos. Oferta dirigida a jóvenes y a sus familias en la que se valoraba su cualificación profesional. Se estimulaba también la asimilación al país debido a una política de regularización muy generosa que concedía la residencia a quien tenía contrato de trabajo, facilitando así el reagrupamiento familiar y la incorporación al sistema público de enseñanza y sanidad.

• Fácil adquisición de la nacionalidad francesa. Los emigrantes residentes podían solicitar la nacionalización a partir de los cinco años

de residencia. Periodo que se reducía a dos años en el caso de matrimonios mixtos y de los hijos de inmigrantes nacidos en Francia.

Los acuerdos con España.

El Acuerdo hispano-francés de emigración. A partir de 1961 el Instituto Español de Emigración firma un acuerdo con Francia para facilitar las migraciones pero con un modelo distinto: se promovía la emigración sólo de varones y con contratos anuales. Es la llamada cultura del retorno que intenta evitar la instalación de los emigrantes en otros países. Sin embargo, las facilidades de asentamiento proporcionadas por Francia promovieron un importante volumen de emigración clandestina.

Las cifras de residentes y asistidos por el IEE en 1962 no son comparables porque la mayoría de los residentes pertenecían a las etapas anteriores de emigración.

Las de 1967 demuestran la importancia de la emigración clandestina:

había 165.000 residentes más, y sólo En las de 1972 se nota un ligero descenso de la colonia española y la importancia de la emigración asistida:

unos veinticinco mil contratos anuales, frente a los trece mil del quinquenio anterior (1962-1967). 78.756 (47%) lo hicieron a través del IEE.

Sectores de ocupación.

El crecimiento industrial de Francia demanda fundamentalmente mano de obra del sector secundario. En la década de los sesenta, más de la mitad de los emigrantes españoles se dedicaban a este sector: construcción e industria.

Le sigue en importancia el sector terciario: servicio doméstico ejercido principalmente por mujeres y comercio.

A la agricultura se dedican alrededor de un 13% de los emigrantes permanentes, la mayoría son asalariados y trabajan en la viticultura. En índice femenino es muy bajo, el 4,5%.

Los temporeros.

Una peculiaridad de Francia es la contratación de trabajadores temporales para la recogida de productos agrícolas. Ocupa a unos 100.000 españoles cada año, por un periodo no superior a los dos meses, dependiendo del producto.

La mayoría de los trabajadores llegan con un contrato cerrado que les liga a un propietario y también fija las características del alojamiento y el régimen de comidas. Por lo general duermen en habitaciones comunes entre cuatro y ocho personas, y la comida va por su cuenta.

Los salarios obtenidos complementan los ingresos familiares y además se consiguen en etapas de escaso trabajo en los lugares de origen. Es frecuente que se desplacen las familias enteras ( el matrimonio y los hijos mayores) y a veces dejan los pueblos sin jóvenes.

ALEMANIA

Política de inmigración.

La República Federal Alemana organiza la llegada de emigrantes a través de la emigración asistida, acordada con los países mediterráneos (España, Grecia, Italia, Portugal, Turquía, Yugoslavia). Por el acuerdo hispano-alemán fueron contratados 377.561 españoles entre 1962 y 1977.

Pero como sucede en Francia estas cifras de emigración se quedan pequeñas si se comparan con los que realmente se asentaron en el país. Para el mismo periodo las autoridades alemanas constatan la residencia acumulada en su país de más de un millón de emigrantes españoles, y una media de 150.000 a 200.000 residentes, en los años de mayor volumen de emigración.

Los permisos de residencia se conceden después de dos años de permanencia en Alemania, y puede solicitarse la residencia definitiva a partir de cinco.

Sectores de ocupación.

El sector que proporciona más empleo es el secundario: un 40% trabajan en las industrias metálicas; un 30% en las químicas, de papel y textil; un 8% en la construcción.

El sector servicios dónde trabajan el 22% restante.

SUIZA

Política de inmigración.

Suiza es un país que históricamente ha tenido un flujo migratorio muy fuerte. En los años sesenta el 13,7% de la población eran extranjera y en 1974 alcanzó hasta el 16,8%.

Para Suiza la afluencia de emigrantes era una necesidad para seguir creciendo económicamente, pero una parte de la población temía perder su propia cultura si seguía creciendo el número de emigrantes, por ello su política de inmigración era restrictiva:

• establecieron dos tipos de contrato: los anuales, que podía renovarse cada año; y los temporeros, como máximo ocho meses y veinte días y sin posibilidad de renovación. La mayoría iban con contratos anuales, pero la tendencia fue a que aumentasen los temporales. En 1971 ya representaban la mitad.

• se evitaba la reagrupación familiar, aunque si los trabajadores llevaban viviendo 18 meses podían conseguirla.

Los tratados hispano-suizos de emigración.

En 1959 se inicia la emigración española en Suiza, una vez suprimido el visado para viajar a ese país. No era una emigración organizada, pero se instaló una Oficina de acogida en la estación ginebrina de Cornavin, lugar al

que llegaban por tren la mayoría de los emigrados. Esta oficina se encargaba de ofrecer trabajo a los españoles, e incluso de llevarles a su destino.

A partir de 1961 la emigración la organiza el IEE, pero, como los contactos personales entre las empresas y los emigrantes estaban ya establecidos, una parte importante de los contratos se hicieron sin la participación del IEE.

Según sus datos del IEE entre 1964 y 1971 se desplazaron a Suiza 656.729 españoles, mientras que las cifras manejadas por las estadísticas suizas daban una cifra muy superior: sólo entre 1966 y 1971 había 910.965 españoles.

Sectores de ocupación.

En 1966 casi un 30% de los emigrantes fueron con contrato temporal y la mayoría se dedicaban a la construcción.

De los emigrantes permanentes era más frecuente la dedicación industrial: 25% industria metálica y 6% a la industria textil.

Le seguía el sector terciario: 23 % a la hostelería. 6% al servicio doméstico (principalmente mujeres).

A la agricultura tan solo el 7 %.

5.-¿Qué consecuencias tuvo la emigración para España y los españoles?

Consecuencias demográficas.

La población española creció entre 1960 y 1970 un 10,5% (de 30 millones y medio pasó a casi 34 millones), pero su crecimiento hubiese sido mucho mayor si se tuvieran en cuenta los desplazados en Europa. En 1969 había un millón seiscientos mil españoles residentes fuera de España, a los que habría que sumar una cifra de imposible contabilización de los que no tenían regularizada su situación en los países receptores.

Además la emigración supuso un cambio en la estructura de la población porque los que salían eran principalmente varones y en edad de trabajar.

Desde el punto de vista económico se redujo la población activa, lo que supuso una importante válvula de escape, para la presión que estaba ejerciendo el crecimiento de la población. Aunque las cifras oficiales sobre el paro no sean muy fiables, ya que la propaganda del régimen intentaba demostrar que en España había pleno empleo, es evidente que hubieran sido mucho mayores sin la concurrencia de la emigración.

Consecuencias económicas.

Los objetivos que se planteó el gobierno al potenciar la emigración se cumplieron plenamente, ya que las remesas de dinero enviadas financiaron buena parte del desarrollo económico de España.

Entre 1961 y 1972 enviaron 4042 millones de dólares. Con esta cifra pudieron adquirirse en el extranjero el 54,5% de los bienes necesarios para desarrollar la industria española (bienes de equipo, materias primas y energía).

Sin embargo falló la perspectiva de futuro, ya que se podría haber aprovechado más el desplazamiento de los emigrantes a países tecnológicamente más preparados. Una buena formación profesional, que podrían haber encauzado las Casa de España, habría cualificado a los emigrantes y repercutido muy favorablemente en la industria nacional cuando retornaran a España.

También se desaprovechó la oportunidad de distribuir mejor la riqueza, para tender a un desarrollo más equilibrado de las regiones españolas. La mayor parte de las remesas, enviadas por los emigrantes a las cajas de ahorro de sus respectivas regiones, no repercutieron en el desarrollo de las mismas, ya que en vez de invertirse el dinero allí, las cajas lo derivaban hacia las zonas más industrializadas, en dónde el capital invertido daba más beneficios.

Consecuencias sociales de la emigración y del retorno.

Una de las principales consecuencias fue el desarraigo. Pese a que las relaciones con la población de otros países fuese pequeña, las condiciones de vida y la cultura de los países receptores terminó calando en algún grado entre los emigrantes, que no se sentían ya bien ni en el extranjero (porque se apiñaban entre ellos para mantener sus tradiciones y cultura), ni en España que, comparada con los demás países, estaba muy atrasada social y económicamente.

El carácter eventual del desplazamiento y la urgencia del ahorro, les determinó a llevar una vida austera y aceptar los trabajos más duros o peor pagados. En resumen, pasaron unos años de su vida en condiciones bastante penosas y desaprovecharon la oportunidad de abrirse a una sociedad más moderna.

La vuelta a España en muchos casos no supuso la obtención de un mejor trabajo, al no estar avalados los conocimientos adquiridos en el extranjero por ningún título.

Cuando el retorno era masivo, como ocurrió a partir de 1973, las repercusiones afectaron negativamente a toda la sociedad española:

• aumento del paro.

• Reducción de los salarios.

• Se promovieron empleos con menor estabilidad.

• La única ventaja fue el aumento de la cotización a la Seguridad Social.

Pese a todas las dificultades de las décadas que acabo de narrar y gracias a lo luchado por los españoles durante prácticamente la totalidad del S. XX y de manera definitiva con la llegada de la democracia, España a finales del S.XX ha pasado de ser un país de emigrantes a un país receptor de gentes de otros países. Historias que, como las contadas a lo largo del trabajo, se están repitiendo cada día a nuestro alrededor y que quizá ya no somos capaces de ver con los mismos ojos de aquellos en que en su día fueron observadores de nuestras vidas en países ajenos.

Solo nos queda desear que lo vivido por esas duras generaciones sirva de ejemplo para quienes empiezan a vivir y quizá lo hagan carentes de valores.

Sirva este trabajo como homenaje a todos los emigrantes de ayer de hoy y de siempre.

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