Carta a Don Melchor Ferrer el día 6 de enero.—Carta al Jefe Regional de Cataluña con motivo de la Festividad de la
IV. ESCRITOS A DON JAVIER DE BORBON PARMA
Exposición que eleva la Junta Regional de la Comunión Tra- dicionalista de Guipúzcoa a S. M. C. el Rey Don Francisco Javier (q. D. g.) el 6-1-1954.—Carta a Don Javier de Don Joaquín Baleztena Ascárate como presidente de la Junta Regional Carlista de Navarra, el 1-11-1954.—Exposición y peticiones que la Comisión Permanente de la Junta Regio- nal de Guipúzcoa eleva ante el Excmo. Sr. Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista Carlista el 15-11-1954.—Acta de la reunión de la Junta Regional de Guipúzcoa el 20-VI- 1954.
EXPOSICION QUE ELEVA L A JUNTA R E G I O N A L DE L A C O M U N I O N T R A D I C I O N A L I S T A DE GUIPUZCOA A
S. M . C. E L REY D O N FRANCISCO JAVIER (q. D . g.) EL 6-1-1954
«Señor:
Cerca ya de dos años van transcurridos desde que V . M . , escu- chando la voz del pueblo carlista, hizo realidad las esperanzas de S. M . el Rey Don Alfonso Carlos, de inolvidable memoria, asumiendo los derechos y deberes a la Corona española, sacrificando así vuestra propia comodidad y vuestros particulares intereses en favor de nues- tra gloriosa Causa. Desde entonces mucho se ha adelantado, y de ello algo podemos afirmar nosotros por lo que hace a esta Vues- tra M . N . y M . L . Provincia de Guipúzcoa.
Mas parece conveniente que el conocimiento de vuestra trascen- dental decisión de Barcelona tenga una mayor y más autorizada di- fusión. Pues el continuar en la ambigua situación en la que oficial-
mente nos encontramos ante el resto de los españoles, y aun de gran número de carlistas, nos reporta graves perjuicios y sólo beneficia al Príncipe Don Juan y a otras fuerzas contrarias a nuestros ideales.
Ellos, que nunca han cedido en sus posiciones ni en sus ideales, invo- cando superiores y aparentes razones de bien común, han intentado quizá que nos retiremos e incluso pretendido que les apoyemos en sus pocos claros propósitos, o bien han intentado asociarnos a mo- vimientos de vagas definiciones y aparente amplitud en que (al estilo de aquellos "Frentes Populares") unos que pudiéramos llamar
"Frentes Católicos" sirven de buena careta a movimientos de la De- mocracia cristiana o del juanismo, como el que en este último sentido han intentado recientemente los intelectuales del pequeño grupo de Calvo Serer (1). Entre tanto se siembra la confusión sobre nuestras cosas. Días pasados todos los periódicos españoles, siguiendo la con- signa dada por el Ministerio de Información, al difundir la noticia de la muerte de S. A. I . el Archiduque Don Carlos (a quien Dios haya perdonado), la presentaban como si se tratara de la muerte del here- dero de la Dinastía Legítima (2). Para desbaratar estas o parecidas maniobras, sería a nuestro juicio suficiente la publicación del docu- mento de vuestra aceptación de la Sucesión Real (3), como lo enten- dió el Consejo Nacional de la Comunión en su última reunión y acordó pedirlo de V . M . , y un acto íntimo, familiar, entre V . M . y Vuestra Augusta Familia y ésta de Vuestros leales carlistas, en el que S. A. R. el Serenísimo Señor Príncipe D . Hugo Carlos (q. D . g.) hiciera expresa profesión de nuestros principios y, al propio tiempo, fuera reconocido y acatado como Vuestro heredero. Ello tendría para nosotros los carlistas un gran valor que fortificaría nuestras voluntades. Y no sería menor su trascendencia para España y para quienes hoy rigen sus destinos. Flacer pública en forma serena y sin carácter alguno de reto (4), la manifestación de que V. M . con Vuestra Real Familia, es el continuador de la Dinastía Legítima y el heredero de S. M . el Rey D . Alfonso Carlos (q. s. g. h.) con
(1) Sobre este asunto véase el epígrafe «Nuevo canto de sirena: la Ter- cera Fuerza, de Calvo Serer», en el tomo X V , págs. 60 y 'sigs.
(2) Era más conocido por Don Carlos V I I I y falleció en Barcelona el 24-XI1-1953. Véase el tomo X V , pág. 166. La síntesis de lo que pretendió el Gobierno en los funerales no puede ser más exacta.
(3) En la práctica circulaban numerosas ediciones extraoficiales e incon- troladas, pero auténticas. De modo que el documento era sobradamente co- nocido.
(4) Esta era una de las claves de la situación: la imposibilidad de exone- rar a la Proclamación del carácter de reto a Franco.
todos sus derechos y deberes, supondría romper definitivamente el confusionismo, explotado con torpes miras por ciertas gentes, que sobre la Sucesión real existe, haciendo ver que todo intento de restauración monárquica en España sin Vuestra Augusta Persona será siempre al margen de la Legitimidad y sin contar con el apoyo del carlismo, apoyo que es decisivo para la subsistencia y viabili- dad de la Monarquía. Sin que por ello pudiera acusarse a la Co- munión de sembrar discordia entre las fuerzas contrarrevoluciona- rias, pues tal acusación resultaría grotesca, no ya en una Europa que ofrece el lamentable espectáculo de no llegar a un acuerdo en las mínimas condiciones que su defensa exige, pero ni siquiera en España, donde el propio General Franco trata de suscitar, incluso subvencionándolos, falsos pretendientes con ánimo de aumentar y manejar en su provecho las disensiones que entre los monárquicos puedan existir.
Señor, esta J. R. de Guipúzcoa, acatando siempre Vuestro mejor juicio, somete a Vuestra consideración esta opinión que lealmente cree debe hacer llegar a V. M . junto con la afirmación, hecha una vez más, de su confianza y devoción a la Persona Augusta de su Rey.
S. S., 6 de enero de 1954, festividad de los Santos Reyes.
Señor
A L . R. P. de Vuestra Majestad Católica.»
CARTA A D O N JAVIER D E D O N J O A Q U I N BALEZTENA ASCARATE, COMO PRESIDENTE DE L A JUNTA R E G I O N A L
CARLISTA DE NAVARRA, E L 1-II-1954
«A S. M . C. Don Francisco Javier de Borbón y de Braganza.
Señor:
Tengo que iniciar esta carta excusándome por escribirla a má- quina; mi letra es complicada y para evitaros la molestia de desci- frarla empleo este procedimiento.
M i deseo, y el de los miembros de la Junta Regional, hubiera sido visitaros personalmente, pero eso es imposible, pu^s el Gober- nador Civil que padecemos nos hubiera negado el permiso de salida.
Casi parece increíble que lo haya conseguido el portador de esta carta, nuestro amigo y correligionario Sr. Cambra (1). A lo más que podríamos aspirar los componentes de la Junta Regional es a pasar a los pueblos franceses cercanos a la frontera, con algún "pase"
de cuarenta y ocho horas, a los cuales gustosos iríamos, si el Señor quisiera acercarse a ellos, porque nuestro interés por hablarle es solamente equiparable al que tenemos por la existencia del Car- lismo.
De momento, y ante la referida imposibilidad, reflejamos nues- tras preocupaciones y súplicas en esta carta: Las de la Junta Regio- nal Carlista del Reino, que presidimos; la nuestra personal, y la de Navarra entera, tan leal a sus Reyes, tan sacrificada por la Causa y tan angustiada en las circunstancias actuales.
Recordamos el viaje a Lourdes del mes de mayo pasado (2), cuando tuvimos el honor de convivir con V . M . y la alegría de oír las afirmaciones que hacía y que eran el mejor consuelo y la mejor esperanza de los Carlistas, que después de la muerte de vuestro llorado tío, nuestro Rey, veían incierto el horizonte. Con cuidado guardamos las cuartillas autógrafas del Señor, en las que nos pro- metía su proclamación inmediata, luego de realizar los trámites im- prescindibles.
Todos los Carlistas nos ilusionamos después de ese viaje, pues veíamos el fin de una interinidad a la que no estábamos acostum- brados por ser muy larga y porque siempre empalmamos la triste noticia de «el Rey ha muerto» con el tradicional grito de ¡Viva el Rey!
La reacción fue magnífica y el pueblo, con sacrificio, aportó donativos con los que quería contribuir a los gastos que ocasionase el acto de la proclamación y la subsiguiente propaganda. Todo se presentaba muy bien cuando reservadamente nos enteramos de la carta que dirigisteis a Zubiaur (3), cuyo contenido nos sorprendió y acerca del cual guardamos silencio, para que no decayese el ánimo de nuestros correligionarios. Más tarde ese criterio Vuestro tuvo
(1) Don Rafael Cambra pidió su pasaporte con un pretexto vulgar. Fue llamado por el Gobernador Civil señor Valero Bermejo. Se iniciaba una gran tensión con motivo de los asuntos que tratamos más adelante en este mismo tomo. El Gobernador le dijo que sabía que a lo que iba a Francia era a en- trevistarse con Don Javier, con lo que descubrió que tenía espías en las ter- tulias de los carlistas. Don Rafael Gambra cruzó la frontera por Irún.
(2) Véase el tomo XV, pág. 27.
(3) Véase el tomo X V , pág. 33
expresión en el documento que enviasteis al Consejo Nacional y que conoció con asombro, siendo esta vez imposible ocultar su con- tenido por ser sabido por muchas personas (4).
Bien conoce el Señor la lealtad de nuestro pueblo, ferviente- mente monárquico y adscrito a la Dinastía Carlista. Bien me conoce el Señor a mí y a mi familia, encanecidos al servicio de la Causa.
Pues, teniendo noticia de todo esto, fácilmente comprenderéis el sentido de esta carta, que no es de rebeldía, ni siquiera de locura juvenil —años para mí lejanos—, sino que responde a la realidad de los críticos momentos que vivimos.
Decíais, Señor, en Vuestra declaración al Consejo Nacional que el acto de la proclamación quedaba aplazado "sine die", por razo- nes de Política internacional y de otras relacionadas con el reciente Concordato. Permitidme que, con la sinceridad que nos caracteriza,
•a fuer de navarros, os digamos que los Carlistas no podemos com- prender la vinculación de una y otra cosa. Nuestro Lema es el de DIOS, FUEROS, PATRIA y REY y aun en el supuesto de que el primer punto del programa se hubiese conseguido plena y nacional- mente, que no es así, bastaría la necesidad de defender los otros para que la existencia del Carlismo tuviese plena justificación. No es ésta una nueva opinión y exclusivamente nuestra, pues nuestros pensadores se expresaron ya en igual sentido. ¿Es que porque Es- paña sea católica no nos va a importar a nosotros, por ejemplo, que el Estado sea centralista, como lo es, y .estén en peligro los Fueros, como lo están? ¿Es que porque España sea católica no nos va a importar el peligro de que su futuro régimen de gobierno sea re- publicano —de tan desgraciados recuerdos en España—, como en su último Congreso nacional lo ha propugnado la Falange? (5).
Y en cuanto al Pacto con los Norteamericanos, tenga en cuenta el Señor que la Política internacional se mueve solamente por rea- lidades geográficas, y que cuando en Yugoslavia apoyan a Tito, el comunista nacional, en España apoyarían a cualquier régimen no conectado con Rusia, tanto al actual como al que pudiera suce- derle (6).
(4) El recopilador ha fracasado en la insistente búsqueda de este docu- mento; tal vez no se difundió por ese desagrado que dice que causó.
(5) Vid. tomo X V , pág. 46.
(6) Posteriormente transigieron con Fidel Castro en Cuba. En todo este período y posteriormente hubo muchos que, con tal de no esforzarse ellos en las luchas políticas, decían que los Estados Unidos nos librarían del comu- nismo. Ya se ha visto.
Pero es que, además, a nosotros, al pediros que actuéis como Rey no se nos ha ocurrido que con ello se determinaría la caída de Franco, que no creemos dependa de eso. Lo que queremos nos- otros es que como consecuencia de la proclamación real, o de la publicación de un documento que ante España os presente como Rey, se fortalezca el Carlismo al saber claramente que tiene un Abanderado actuante, y de esa forma venga a constituir una reserva al servicio de la Patria, para que, en el momento oportuno, a la desaparición del régimen de Franco, haya una solución de orden que evite que España derive hacia situaciones de izquierda, a las que indefectiblemente irá si nosotros no estamos preparados y an- teriormente no hemos captado el ambiente público. En definitiva, tratamos de que perviva el sacrificio del 19 de Julio de 1936, en todo lo que tuvo de fundamental, pues se derramó mucha sangre y ante ella no podemos ser indiferentes. Y a este efecto no basta Vuestra declaración de Barcelona; hace falta una proclamación o un documento real, acompañado de un Manifiesto o una carta a los españoles, por medio de lo cual hagáis acto de presencia en la vida pública como Rey de las Españas. Y consiguientemente se hace ne- cesaria una reorganización de la Comunión Tradicionalista (1).
Después de haberos oído expresar en Lourdes —cuando el Señor, dadas su relaciones católicas e internacionales, tenía que estar infor- mado de la preparación del Concordato y del Pacto con Norteamé- rica—, al enterarnos, meses después, del aplazamiento "sine die"
de la proclamación, no pudimos menos que pesar, y perdonarnos si somos temerarios en nuestro juicio, que en Vuestra decisión pudie- ron influir consejos de personas que quizá os hayan hecho ver que de una actuación del Señor se podían derivar perjuicios para el Ca- tolicismo español. No es cierto. En ese caso nosotros hablaríamos de distinta manera, pues tenemos plena conciencia de nuestra res- ponsabilidad. Si alguien os aconseja así es que desconoce la realidad española, aunque crea lo contrario; es que está de espaldas al por- venir de la Patria, en cuya significación católica tanto ha influido el Carlismo desde que surgió a la vida, como el propio Santo Padre lo ha reconocido reiteradamente en sus elogios al Requeté.
Nosotros, Señor, dicho sin jactancias, somos la única salvación estable de España. En nuestra Patria — y estamos viendo que tam-
(1) Don Javier accede a estas dos peticiones en el segundo encuentro de Lourdes, celebrado dos meses después, en los primeros días de abril de 1954.
Vid. págs. 24 y 27 y sigs.
bien en el resto del mundo— las democracias cristianas son con su frágil resistencia la antesala del comunismo. Aquí ya se hizo esa experiencia, en la etapa de predominio de la CEDA, y vimos su resultado. Si el 19 de Julio de 1936 el Carlismo no se hubiera al- zado contra la Revolución, la CEDA hubiera dado mártires, pues se trataba de buenas personas, pero la Iglesia española, humana- mente hablando, hubiera desaparecido en la vida pública y hubiera quedado reducida al secreto de las conciencias.
Si alguien os aconseja la dilación o si acaso os la inspira la de- licadeza de Vuestro ánimo, pensando que cualquier acto como Rey puede ocasionar en España represalias contra los Carlistas, desechad eso, Señor. Difícilmente se nos puede perseguir más de lo que ya estamos. El portador de esta carta os podrá explicar cómo en estos días se ha detenido en Pamplona a cuatro Requetés de veinte años, entre los que se encuentra un sobrino mío (1), y algunos de ellos han sido flagelados, quemados, golpeados e insultados por la Poli- cía, todo por no haber aguantado una "trágala" de la Falange a Navarra. Pero eso no hace decaer el espíritu, antes bien lo encora- jina, lo que es motivo de sufrimiento y de desaliento es el que la gente se nos sonría y nos diga que trabajamos por una Causa que no tiene Abanderado y que está abandonada.
Así como las bóvedas se desmoronan cuando falta la piedra clave, así nuestra Comunión monárquica sin Rey proclamado se va desin- tegrando. Hoy se van unos y mañana se marchan otros; hay dimi- siones en las Juntas y los antiguos "carlos-octavistas" aprovechan la oportunidad de construir su partido con materiales procedentes del nuestro, imitándoles en esto los "juanistas" y los "separatistas".
Hace poco se ha proclamado Rey en Madrid, solemnemente, a Don Antonio de Habsburgo, con lo que se ha hecho efectivo el temor que os anunciamos en Lourdes de que si Vuestra proclama- ción se retrasaba podíamos presenciar cualquier otra. Aludíamos en- tonces a Don Juan, pero para el caso es lo mismo. Esa proclamación arrastrará sentimentalmente a Carlistas que gustan de ver encarnado el principio monárquico. Y , sin embargo, es de acuerdo con Franco y para dividirnos más y más.
Vivimos, Señor, una época que no tiene antecedentes en ninguna otra del Carlismo, pues si bien en nuestra historia hubo momentos de crisis, nunca nos faltó el Abanderado que gobernase a la Comu-
(1) Don José Jaurrieta Baleztena.
nion. Vivimos una época en que los acontecimientos se desarrollan con celeridad y en que están en juego las últimas consecuencias de las premisas que se sentaron en el siglo X I X , la revolución y el orden, dilema en el que de desembocar la actual situación española V en el que nosotros solamente somos la única solución perdurable, en lo que humanamente cabe.
Señor, cuando nos persiguen, nos maltratan, atacan nuestros Fue- ros venerados y aparece oscuro el porvenir de España, no podemos decir a nuestra gente que ejerciten la virtud de la paciencia y espe- ren "sine die" una proclamación. Es preciso actuar, definir posicio- nes. Si no sois de opinión de que la proclamación sea aparatosa, puede hacerse con sencillez, o sustituirla por un documento en el que se definan Vuestros derechos y por un Manifiesto o carta a los españoles. Lo fundamental y urgente es que España sepa que sois su Rey y que recogéis y proclamáis públicamente la Bandera que sostuvo gloriosamente la Dinastía Carlista. Hacedlo así. Os lo pedi- mos con la más grande insistencia en nombre de la Junta Regional del Reino de Navarra, en nombre de tantos Requetés que murieron por nuestro Lema, en nombre de sus madres, viudas e hijos, que hoy son mozos dispuestos a seguir el camino de sus mayores. Señor, que no vean defraudadas sus esperanzas y que el árbol de la Tra- dición retoñe en Vuestra Persona y en la de Vuestros hijos, para que no sea tronco caído del que todos hagan leña, porque si así hubiera de ser, Señor, con el mayor respeto, pero con decidido pro- pósito, os pediríamos el relevo de nuestros cargos, pues no quisié- ramos cargar con ese pesar y responsabilidad ante nuestros corre- ligionarios y ante la Llistoria.
Os agradeceríamos. Señor, que nos contestaseis por medio del portador de esta carta.
Aceptad el testimonio de lealtad de este Reino y el mío propio, que rindo a los RR. PP. de V . M .
J O A Q U I N BALEZTENA ASCARATE Pamplona, 1 de febrero de 1954.»
EXPOSICION Y PETICIONES QUE L A COMISION PERMA- NENTE DE L A JUNTA R E G I O N A L DE GUIPUZCOA ELEVA A N T E E L EXCMO. SEÑOR JEFE DELEGADO D E L A COMU-
N I O N T R A D I C I O N A L I S T A CARLISTA, E L 15-11-1954
«Excmo. Señor:
La lectura de la carta de S. M . el Rey dirigida a los representan- tes de la Comunión Tradicionalista reunidos en Consejo Nacional con la Junta Nacional bajo vuestra presidencia los días 21 y 22 de noviembre del pasado año, y en la cual se hablaba de la decisión de S. M . de aplazar "sine die" la pública manifestación de su sobe- rana decisión de Barcelona, bien sabe V . E. que produjo en todos los reunidos gran impresión por estimar que dicho aplazamiento in- definido habría de producir una situación difícil para nuestra glo- riosa Causa. Después de un largo debate, sin un solo voto en con- trario, se tomó el acuerdo de que una comisión integrada fundamen- talmente por representantes del Principado de Cataluña, en nombre del Consejo Nacional, acudiría a S. M . el Rey para suplicar al Señor autorización para la publicación de los documentos oficiales de Bar- celona, así como para rogar se nos haga llegar la declaración de S. A . R. el Príncipe D . Hugo Carlos en la que, contestando a la carta que le dirigió a S. M . , asuma sus derechos y deberes como Príncipe de Asturias. Si es verdad que para el cumplimiento de dicho' acuerdo no se fijaron plazos ni fechas, en las palabras y el sentir de todos los presentes estaba la necesidad de un urgente cum- plimiento. Pero es el caso que, habiendo decidido la Junta Nacional ser ella, junto con alguna representación catalana, la que realice dicha gestión, hoy, casi a los tres meses de haberse tomado el acuer- do, éste no se ha cumplido.
A esta inactividad debemos añadir la que se ha observado1 a raíz de la muerte de S. A. I . el Archiduque D. Carlos de Austria y la llegada de su hermano el Archiduque D . Antonio. A pesar de aconsejarlo conveniencias políticas la Junta Nacional no ha mostrado el celo que la ocasión requería para buscar un acercamiento a S. A. L , habiendo sido necesarias gestiones realizadas desde fuera de dicha Junta para que el citado acercamiento, que tan beneficioso se ha pre- sentado, se realizara.