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Estrategia de vida y el papel del bosque en la dinámica del hogar y la

Capitulo 2. Diagnóstico comunitario del ejido; la importancia del bosque en la

2.3 Resultados y discusión

2.3.7 Estrategia de vida y el papel del bosque en la dinámica del hogar y la

Una unidad domestica (UD) está formada por una o más personas o grupos, ligados por relaciones de parentesco o diversos tipos de afinidad (étnica, de vecindad o ideológica, entre otros) y tiene como objetivo la reproducción ampliada de la vida de

66 sus miembros (Coraggio, 2009). En este trabajo, se ha incluido esta unidad de análisis para reconocer la estructura de los hogares dentro de la estructura comunitaria; de esta manera se puede generar una adecuada aproximación al entendimiento de la estrategia de vida de los habitantes de San José del Corito.

Las estrategias de vida se refieren a la manera cómo las familias de las comunidades movilizan sus capitales para vivir diariamente y alcanzar sus objetivos de futuro. Los resultados de estas estrategias permiten identificar las fortalezas y las necesidades de cambio para superar las restricciones actuales (Parra Vázquez et al., 2011).

A partir de los talleres, se perfiló la estructura de la familia promedio, la cual sería de cinco integrantes, quienes además tendrían una extensión de terreno de aproximadamente 40 ha para el desarrollo de sus actividades cotidianas. Las actividades primarias son la principal fuente de ingreso; de ellas, es la ganadería la base económica del ejido, pues cada familia destina aproximadamente 35 ha para el pastoreo (ver figura 9). El mayor beneficio de esta actividad proviene del comercio de productos derivados de la leche, y ocasionalmente de la venta de cabezas de ganado.

Por su parte, la milpa ocupa solo 1 ha de los terrenos del hogar, y la cosecha de maíz, frijol, garbanzo y otras leguminosas, contribuye a la alimentación de las familias durante todo el año; la productividad de los suelos es baja debido a la poca profundidad y alta pedregosidad de los terrenos.

Pocas veces los excedentes de producción son comercializados, y para complementar la actividad ganadera, se dedica una superficie de 0.5 ha a la producción de caña piloncillera para forraje.

67 Figura 5. Estrategia de vida

Las actividades agrícolas varían según la temporada del año. En los meses más cálidos y lluviosos se produce maíz y frijol, cultivos adecuados a esta temporada, mientras que para los meses más fríos se cultiva una variedad de legumbres resistentes a las heladas, como chícharo, cebada, garbanzo y avena.

En esta actividad existen puntos de vulnerabilidad ya que la producción es de secano, por lo que la cantidad e intensidad de las lluvias determinará en gran medida el éxito de la cosecha.

Entre los factores de riesgo identificados por los habitantes para la actividad agrícola se encuentran:

1) Las altas temperaturas asociadas a la escasez de lluvia en los meses de abril y mayo.

2)Las precipitaciones fuertes y abundantes en los meses de junio, julio, agosto y septiembre, pues, de ser muy intensas, pueden acabar con el cultivo antes de la

68 cosecha; cabe resaltar que en el tiempo de la realización de los talleres participativos, se tuvo la oportunidad de apreciar como las fuertes lluvias afectaron varias parcelas de maíz.

3) Los vientos, de fuertes a moderados, en los meses de febrero y marzo.

4) Las heladas en diciembre y enero.

El bosque representa una extensión moderada dentro de la superficie familiar de aprox. 3.5 ha; esta cubierta vegetal tiene beneficios poco cuantificados económicamente, como la extracción de leña y especies silvestres, y como área de agostadero libre. Además, tiene un papel fundamental en la recarga de los mantos acuíferos, ya que permite mantener la disponibilidad de agua a través de pozos y manantiales tanto para el consumo humano como para la actividad pecuaria.

Para conocer de forma concreta el uso del suelo y la percepción de los habitantes sobre el aprovechamiento de sus recursos naturales se efectuaron dos dinámicas: la primera consistió en representar la superficie del ejido de acuerdo con su tipo de utilización (ver gráfico 5). Los participantes distinguieron las siguientes categorías:

milpa, potrero, vivienda, bosque y sierra pedregosa. Los porcentajes de superficie por categoría se calcularon para los años de 1929 (cuando se creó el ejido), 1961 (cuando se dividió el ejido), 2013 como la situación actual, y el supuesto de un escenario positivo y negativo para el año 2030.

La primera fecha de análisis es la fundación del ejido en 1929; para esta época los asistentes representaron la mayor parte de la superficie territorial asignada a los bosques, y sólo el 20% de su extensión destinado a otras actividades humanas como la vivienda, la milpa y el potrero.

Para 1961, la división del ejido y el crecimiento poblacional, implicaron una reducción en la superficie ejidal, y por lo tanto una disminución de la proporción de bosques y un incremento en las áreas humanizadas.

69 Gráfico 5. Dinámica de cambio de uso de suelo y escenarios futuros

Resulta más esclarecedor para el análisis comparar los datos a partir de 1961 y la fecha de realización de este diagnóstico (2013), en los que la superficie ejidal se ha mantenido constante.

Para este lapso de 52 años, los asistentes al taller identificaron un cambio en el uso del suelo, en el que las necesidades de sus habitantes requirieron de la apertura de nuevos espacios para la construcción de viviendas, seguido por el desmonte y ampliación de potreros, y finalmente por la superficie para milpas, con incrementos en las proporciones superficiales entre el 10 y el 25%.

Al comparar la superficie boscosa entre 1929 a 2013 se aprecia una disminución proporcional del 50%; sin embargo, al considerar sólo el plazo de 52 años, se observa que la percepción sobre este hecho cambia, ya que solo representó una disminución relativa del 16%, a pesar del incremento de áreas agropecuarias y de vivienda.

Como parte de la dinámica del taller se crearon espacios de reflexión sobre escenarios futuros, tanto positivos como negativos; esto permitió identificar el interés existente por conservar la superficie actual del bosque.

En un escenario positivo para el 2030, las condiciones ideales de uso de suelo reflejan un cambio de actividad de algunos espacios destinados para la milpa y que serían

70 convertidos en potreros, situación que resulta lógica si consideramos que la mayor parte de los ingresos del hogar provienen de productos derivados de la actividad ganadera. En este escenario, la superficie de vivienda y de bosque se mantiene igual que en la actualidad.

Ahora bien, un escenario negativo en el cual se reflexiona sobre las peores condiciones a las que podrían enfrentarse los habitantes, refleja procesos que los participantes vinculan con problemas sociales, económicos o ambientales y que los ubican en situaciones indeseables.

En este caso, el escenario negativo considera la disminución de milpas a un 8% y de viviendas a un 16%; esta reducción implica el abandono del campo, y posiblemente está relacionado con los intensos procesos migratorios que se viven hoy en día en el ejido. Estos espacios serían sustituidos por potreros, los cuales aumentarían al 28%.

Resulta interesante apreciar que, en este escenario, la superficie destinada al bosque se sigue manteniendo en un 40%; y que se agregó la categoría de sierra pedregosa (8%), la cual no había sido mencionada en los casos anteriores. Esta categoría está referida a espacios deteriorados, ya sea de potreros, milpas o bosque, que no pueden ser aprovechados por su nivel de afectación por incendio o con suelos y pendientes que impiden el desarrollo de actividades agropecuarias.

Por lo tanto, se concluye que la extensión de bosque, tanto a nivel familia como a nivel comunitario, resulta importante dentro de la estrategia de vida; por un lado, en nivel comunitario se obtienen beneficios gubernamentales por mantener la cobertura forestal (pago por servicios ambientales hidrológicos de CONAFOR), lo que ha derivado en la vinculación hacia nuevas alternativas en el desarrollo de proyectos; y por otro destaca la valoración y aprovechamiento a nivel paisaje en el paraje turístico de Puente de Dios.

A nivel familia, el bosque representa un espacio para el desarrollo de la actividad pecuaria mediante la rotación de las áreas de ramoneo del ganado; de esta forma complementan la alimentación de los animales cuando los potreros y la producción

71 de caña son insuficientes, lo que ayuda a la persistencia de esta opción productiva. Sin embargo, esta actividad puede significar un riesgo para el mantenimiento de las áreas forestales, sobre todo aquellas que se encuentran en procesos de recuperación después del disturbio por incendios.

En otras ocasiones, el bosque funciona dentro del ámbito familiar como un proveedor de productos y servicios, como la madera necesaria para la construcción de la casa, cercos, leña y especies forrajeras, alimentarias y medicinales en ciertas temporadas del año.

Finalmente, en la figura 6 se observa el resumen del análisis de modos de vida, en donde el capital natural y por lo tanto los bosques, muestran los valores más altos en los activos de vida.

Figura 6. Esquema de MVS en el ejido San José del Corito y Durazno.

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