MANCHA ORIENTAL)
4. HIDROGEOLOGÍA
4.3. PIEZOMETRÍA
4.3.2. EVOLUCIONES PIEZOMÉTRICAS
Para cubrir los objetivos perseguidos, el ITGE hubo de seleccionar una densa red de control piezométrico e hidrométrico con el fin de controlar y se- guir la evolución de los acuíferos, desde el año 1970 hasta la actualidad. En este período se han medido sistemáticamente y paulatinamente más de 200 sondeos y 30 manantiales importantes o representativos.
Esta labor ha permitido representar gráficamente las evoluciones del acuí- fero en toda la Unidad así como conocer las reacciones del mismo en cualquier momento. Para efectuar un mejor análisis se dividió aquella en 11 zonas (fig. 4), siguiendo un criterio preferencial de comportamiento hidrogeológico así como de las formaciones acuíferas que estaban representadas en las mismas. (ITGE.
1980).
En cada una de estas zonas se han seleccionado los sondeos que mejor plas- man la evolución y de los cuales se adjuntan los correspondientes gráficos (fig. 5 a 15), todos pertenecientes al ITGE.
De la observación de las evoluciones piezométricas se pueden diferenciar dos tramos especialmente representativos, uno que incluye el período compren- dido entre el inicio del control de niveles hasta el año 1987 y otro que abarca desde el año citado hasta la actualidad.
Del primero es destacable un descenso acumulativo y continuado, año tras año, evolucionando con la misma tendencia, es decir, con acusados descensos en las épocas de riegos y parciales recuperaciones del nivel piezométrico durante las estaciones de otoño e invierno, lo cual crea una depresión residual progresiva.
Los motivos de estos descensos de nivel son varios: por un lado el notable incremento de las explotaciones de agua subterránea, llevadas a cabo durante el
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SITUACIÓN DE ZONAS, DENTRO DE LA UNIDAD HIDROGEOLÓGICA DE ALBACETE
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UNIDAD HIDROGEOLÓGICA DE ALBACETE
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tiempo considerado, unido a la disminución de precipitaciones que han limitado las aportaciones hídricas a la Unidad, tanto por lluvia útil como por infiltración de las aguas superficiales procedentes de los ríos Jardín y Lezuza (figs. 18 y 19).
Además de estos motivos influyen otros, tales como la desigual distribución de las captaciones, alcanzándose densidades muy grandes en unas zonas y escasas en otras, lo que agrava en exceso el problema, de tal manera que se producen descensos muy acusados del nivel de agua provocando, lógicamente, una gran merma de las reservas que según ARAGONÉS y al. (1989) fue, de 1974 al 1986, de 3.000 Hm3 , de los que sólo una tercera parte fueron inducidos por la explota- ción de aguas subterráneas, debiéndose el resto al carácter seco del período por ellos considerado.
Cabe señalar aquí situaciones límite acaecidas en las zonas de Herrera y Ti- najeros, donde, desde hace varios años, se han abandonado algunos sondeos de- bido al acusado descenso de niveles, con las consiguientes pérdidas económicas que ello supone. Existen otras zonas donde ya es patente la sobreexplotación, ta- les como El Salobral, Carcelén y Santa Marta, sin olvidar la tendencia descenden- te de todas las del resto.
El segundo tramo es diferente y algo más esperanzador, ocasionado tal comportamiento por la generosa y anormal pluviosidad registrada durante los últimos tres años en la comarca que nos ocupa. En ésta se observa, casi de forma generalizada, una estabilización (a veces recuperación relativa) de los niveles piezométricos, salvo en la zona 10 (La Gineta-Minaya), donde el acuífero calcá- reo de facies Pontiense continúa prácticamente acusando el mismo comporta- miento descendente que en el primer tramo. Otras zonas como las 3, 5, 6 y 7 muestran un descenso de menor gradiente que en años anteriores, sin olvidar que tal respuesta puede ser coyuntural y no albergar falsas esperanzas ante las enormes demandas de agua subterránea existentes en las zonas citadas.
Otro de los efectos de la sobreexplotación es la disminución de caudal dre- nado por el río Júcar en el tramo Embalse de Alarcón-Jarafuel, que ha pasado de más de 11 m 3/seg, en 1975, a 5,2 m 3/seg, en 1989 (fig. 16). Según ARAGONÉS y al. (1989), la "detracción acumulada sobre los caudales del río fue de 360 Hm 3 ", de 1974 a 1986.
El mismo comportamiento se ha observado en diversos manantiales. Así, los del sector Alpera-Ayora han evolucionado en su conjunto, durante el primer tramo considerado, con claro descenso hasta el 50%; concretamente la fuente de Alpera, que en 1972 tenía un caudal de 230 l/seg ha descendido a 60 l/seg en 1987. Sin embargo a partir de ese año se ha recuperado parcialmente, alcanzan- do los 110 l/s de media en los últimos tres años (1988 a 1990). Los manantiales del sector Hellín-Tobarra-Albatana han descendido de 1.100 l/seg (en su conjun- to) en 1980 hasta 400 l/seg en 1987, llegando incluso a secarse varios de ellos (Las Mercedes, Polope-Villegas, El Borbotón y Puente Escribano). La generosa pluviometría de los años 1987 a 1990 ha incrementado el caudal de los mismos en un 30%; sin embargo siguen sin emerger algunos manantiales como los de Polope, El Borbotón, Puente Escribano y Villegas (VI-1990).
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FIG. 16
CAUDAL MEDIO ANUAL AFORADO EN LA FUENTE DE ALPERA.
Estación Casas Gil
Ca.I (t,J
FIG. 17
CAUDAL MEDIO ANUAL AFORADO EN BALAZOTE PROCEDENTE DEL RÍO JARDÍN
FIG. 18
CAUDAL MEDIO ANUAL AFORADO EN EL RÍO LEZUZA.
FIG. 19
Zona 7. "Balazote". 14,6 m (período 1974-1989) ...» 11 Zona 8. "La Herrera". 41 m(período 1976-1989) ...» 12 Zona 9. "Santa Marta". 17,5 m(período 1972-1989) ...» 13 Zona 10. "La Gineta-Minaya". 20 m (período 1974-1989) ...» 14 Zona 11. "Tinajeros".6,8m(período 1977-1989). . . .... . ... . . » 15 4.3.3. PROFUNDIDAD DEL AGUA
La profundidad del nivel piezométrico oscila entre 20 m y más de 150 m, según sectores, estando los más profundos en las proximidades de Pozo-Cañada y al Noreste de la Unidad.