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Extensión y características del colectivo afectado

In document Motivos de discriminación en España (página 64-68)

4. Discriminación por discapacidad

4.1. Extensión y características del colectivo afectado

La mejor fuente de información para obtener el mapa de las personas con discapacidad en España son las tres encuestas aplicadas por el Instituto Nacional de Estadística en 1986, 1999 y 2008, aunque los resultados completos de este último año no aparecerán hasta octubre de 200957. Aproximadamente, una de cada doce personas (3,8 millones en total) tiene en España alguna discapacidad y, de ellas, algo más de dos tercios necesitan algún tipo de ayuda –personal o técnica- para desenvolverse en la vida diaria.

La prevalencia de padecer discapacidades es mayor en las personas mayores de 64 años (58% del colectivo) y afecta más a las mujeres (60%) que a los hombres (40%

del total). En la infancia y en la juventud los hombres registran una proporción de discapacidades mayor que las mujeres. Sin embargo, a partir de los 65 años la proporción de mujeres con discapacidades (36 de cada 100) es netamente superior a la de los hombres (27 de cada 100), como efecto combinado de su mayor morbilidad (tienden a contraer más enfermedades discapacitantes) y menor mortalidad (esperanza de vida 7 años mayor que la de los hombres).

La prevalencia de discapacidades es tres veces mayor en las familias pobres que en las ricas, lo que puede tener su explicación en varios factores entrelazados: en primer lugar, las personas en situación precaria suelen padecer unas condiciones de vida menos saludables y mayores riesgos de contraer enfermedades o sufrir accidentes, puntos de partida de las discapacidades: en segundo lugar, las

57 Los datos ya publicados se refieren al número de personas con discapacidad, por edad, sexo, tipo y grado de severidad; si reciben o no ayuda para realizar las actividades diarias, por sexo; y las características del cuidador principal: edad, sexo y lugar de residencia (si convive o no con la persona discapacitada). El resto de información lo tomaremos de la anterior encuesta correspondiente a 1999.

posibilidades de rehabilitación y reinserción de tales personas son menores, al no disponer de suficientes recursos económicos.

Según la Encuesta aplicada por el INE en 1999, las discapacidades se clasificaban en función de su origen inmediato, en tres tipos de deficiencia: física, sensorial o psíquica. En general, las consecuencias son más negativas en los trastornos psíquicos, que afectan a menos personas (16% del conjunto), mientras tienen consecuencias menos graves en las limitaciones sensoriales y físicas, que afectan al 33% y 49% respectivamente:

Deficiencias físicas: son las más numerosas y, dentro de ellas, las que afectan a los huesos son cuatro veces más frecuentes que las que afectan al sistema nervioso que, en términos generales, son más invalidantes. Incluso dentro de este último grupo (enfermedades del sistema nervioso) los tipos más graves (tetraplejias y paraplejias) representan una proporción pequeña en relación a otros tipos menos invalidantes. Las deficiencias de naturaleza física que tienen su origen en problemas del esqueleto afectan más a las mujeres, mientras las originadas en lesiones del sistema nervioso (con frecuencia a partir de accidentes) inciden más en los hombres. Sólo en los casos más extremos, o cuando concurren varias limitaciones en la misma persona (lo que ocurre pocas veces), las deficiencias físicas representan una barrera casi insalvable para una inserción social y laboral satisfactoria.

Deficiencias sensoriales: son relativamente muy poco frecuentes las que anulan totalmente la función correspondiente (ceguera, sordera o mudez total), ya que representan la décima parte de este tipo de deficiencias. Son mucho más frecuentes los trastornos parciales de mala visión o audición y de habla dificultosa. No obstante, la pérdida total de una capacidad sensorial no impide desarrollar una vida normal, siempre que se cuente con los apoyos apropiados y/o adaptados.

Deficiencias psíquicas: afectan mucho menos a la población en edad activa que los dos tipos anteriores pero son más graves e invalidantes. Por sexo, inciden más en los hombres que en las mujeres. Algunas de las deficiencias psíquicas que

tienen efectos más negativos desde el punto de vista laboral, como el retraso mental profundo y las demencias, son las que tienen menos prevalencia antes de los 65 años. Sin embargo, son mucho más frecuentes las deficiencias que limitan parcialmente la capacidad de trabajar, como el retraso mental leve o moderado y otros trastornos específicos de la personalidad (fobias, hipocondría, ansiedad, etc.).

Las deficiencias psíquicas, físicas o sensoriales que dan lugar a las discapacidades tienen su origen, a su vez, en tres tipos de causas: enfermedades, accidentes y trastornos congénitos, que se pueden describir brevemente:

Las enfermedades sobresalen como la principal causa de las deficiencias antes de cumplir los 65 años, ya que en ellas tiene su origen el 48% de los trastornos masculinos y el 61% de los femeninos. Conviene tener en cuenta que, según el Ministerio de Sanidad, la cuarta parte de la población española en edad laboral (16 a 64 años) registra alguna enfermedad crónica diagnosticada por el médico, tasa que llega al 61% en la edad de jubilación (65 y más años).

Los accidentes están en el origen del 21% de las deficiencias masculinas y del 9%

de las femeninas. Los accidentes que originan más deficiencias son los laborales que, sumados a las “enfermedades profesionales”, permiten explicar casi el 10%

de los trastornos. La siniestralidad laboral se distribuye desigualmente por sexos (16% los hombres, 3,4% las mujeres) y afecta principalmente, según estudios especializados, a los asalariados manuales con contrato eventual en pequeñas empresas, a las que apenas llegan los inspectores de trabajo o el control sindical.

 Los trastornos congénitos están en el origen del 15% de las discapacidades que se producen antes de los 65 años. Se pueden deber a alteraciones genéticas (Síndrome de Down, hidrocefalia...) o por problemas en el embarazo y el parto.

Según la encuesta del INE de 2008, algo más de dos tercios de las personas con discapacidad necesitan algún tipo de asistencia técnica o personal para desenvolverse en la vida diaria: el 12% sólo necesita alguna ayuda técnica; el 29% sólo asistencia personal; y otro 26% ambos tipos de ayuda. Más de las tres cuartas partes de quienes

prestan asistencia personal son mujeres (76,4%), de las cuales cuatro de cada cinco conviven en el mismo hogar que la persona atendida. Además, las personas con discapacidades hacen un uso muy notable de los servicios generales del sistema sanitario y un uso más restringido de los servicios especializados de rehabilitación funcional-laboral.

Casi la mitad de las personas con discapacidad en edad laboral percibe alguna prestación o ayuda económica. La principal de estas ayudas es la pensión de invalidez o enfermedad, seguida a mucha distancia por quienes obtienen beneficios fiscales en su declaración del IRPF a causa de su discapacidad y de un amplio abanico de ayudas puntuales (prestación familiar por hijo a cargo, ayuda de tercera persona, gastos de transporte, etc.). La reciente Ley de promoción de la autonomía personal y atención a las personas en situación de dependencia, que entró en vigor en 2007 y está en fase inicial de aplicación en todo el estado, pretende salir al paso de esta problemática, ampliando las ayudas tanto a las personas con discapacidad como a las cuidadoras y cuidadores que les atienden. La ley instaura un Sistema Nacional de Dependencia, que integra tanto centros y servicios públicos como privados, y establece un baremo sobre los grados y niveles de dependencia que tiende a etiquetar y cronificar a las personas usuarias como “dependientes”58.

Las estadísticas de los diversos países de la Unión Europea presentan conceptos y metodologías diferentes para medir las discapacidades, lo que hace difícil la comparación internacional. Contamos, no obstante, con una encuesta aplicada en 2001 por encargo de EUROSTAT en catorce países comunitarios que permite aproximarnos con relativa fiabilidad a los principales parámetros de las personas con discapacidad59:

 El porcentaje de personas con discapacidad en edad laboral (16-64 años) era bastante menor en España (9,9%) que en el conjunto de la Unión (14,5%). Sólo

58 Este enfoque ha sido criticado por no tener en cuenta las nuevas orientaciones adoptadas en esta materia por la Organización Mundial de la Salud en la nueva Clasificación Internacional del Funcionamiento, la Discapacidad y la Salud, tal como se verá más adelante.

59 EUROSTAT: Disability and social participation in Europe, EUROPEAN COMISSION, Luxembourg, 2001.

presentaban una situación mejor otros dos países del sur: Italia (7,8%) y Grecia (8,2%), siendo los países del norte, y Portugal, los que registraban tasas más elevadas (Finlandia, Dinamarca, Alemania, Gran Bretaña, Holanda y Portugal tienen entre el 18 y el 23%).

 Por tramos de edad, la frecuencia de personas con discapacidad se incrementaba a medida que avanza la edad, siendo España el país con mayor aceleración en este sentido: antes de los 30 años las personas con discapacidad en España son tres veces menos que la media comunitaria para aproximarse poco a poco y sobrepasar la media a partir de los 60 años. Si se tiene en cuenta que las discapacidades tienen como principal origen las enfermedades y los accidentes, habría que deducir que las condiciones de vida y de trabajo en España son más nocivas para la salud y producen más accidentes graves que en el resto de la Unión. En efecto, según estadísticas publicadas por EUROSTAT, España ocupa el primer lugar de la Unión Europea en siniestralidad laboral y uno de los puestos más altos en accidentes de tráfico, a pesar de las reducciones conseguidas en los últimos años.

Además, es uno de los países de la Europa de los 15 que menos gasta en salud por habitante, sólo por delante de Grecia y Portugal.

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