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Facilidades e inconvenientes de la etnografía como estrategia

In document Despoblación rural y resiliencia. (página 45-48)

6. Metodología

6.2 Facilidades e inconvenientes de la etnografía como estrategia

La etnografía como estrategia metodológica introduce una serie de técnicas y modos de interacción entre el investigador y los sujetos etnografiados que hacen más accesible el grado de conocimiento que nos planteamos. Esta herramienta metodológica, además de poner a nuestro alcance una serie de técnicas cualitativas imprescindibles para la recogida de información, implica la puesta en marcha de una actitud de diálogo horizontal entre el etnógrafo y los actores con los que trabaja. Ambos llegan a convivir durante el periodo de investigación dando lugar a niveles de comprensión profundos de la dinámica social. Según Ruiz-Ballesteros &

Ramos-Ballesteros (2019, p.13), la etnografía:

Se basa en una forma específica de interacción entre los investigadores y la población con la que trabajan, basada en la confianza mutua, abriendo el acceso a contextos privados (observación) y a información que sólo está disponible tras largos períodos de coexistencia”.

El proceder etnográfico aporta formas de operar que pueden resultar muy útiles, pues si bien la mayoría de los análisis actuales se elaboran a partir de las premisas e impresiones de los expertos, la etnografía ofrece la oportunidad de construir nuevos diagnósticos teniendo también en cuenta el punto de vista de los actores que interaccionan dentro del contexto estudiado. Esto permite conocer las dinámicas socioecosistémicas de cerca y posibilita la observación directa del efecto que la despoblación y sus procesos asociados provoca sobre el medio rural. Cobra así importancia el empleo de la etnografía para la realización de este proyecto, ya que esta puede hacernos comprender el conflicto y sus respuestas desde dentro: “logra el acceso al mundo conceptual en el cual viven otros sujetos, de suerte que podamos, en el sentido amplio del término, dialogar con ellos” (Geertz, 1992, p. 124).

La etnografía permite representar las interacciones no únicamente desde la

“mirada experta” del investigador, sino a través del diálogo horizontal con los actores que conviven con la despoblación y sus efectos. El hacer etnográfico nos lleva hacia

“una exploración conjunta, no pragmática sino estratégica, con vistas a fomentar una interrelación más empática y comprensiva” (del Campo, 2017, p. 226) del contexto estudiado. Esta forma de operar, al amparo de premisas metodológicas más actuales, introduce la oportunidad de generar un diagnóstico anclado al terreno de estudio, atravesado por la realidad diaria del lugar y gestado por el intercambio de lógicas entre el sujeto que investiga y los actores con los que se trabaja.

El análisis etnográfico, como señala del Campo (2017), permite además observar desde una perspectiva amplia que no entiende el entorno y sus relaciones como una serie de procesos aislados y perfectamente acotados a los límites territoriales, sino como un espacio interconectado y atravesado por una serie de procesos e interferencias situados a todos los niveles (globales, estatales, autonómicos…). El marco teórico previamente elaborado, que dirigirá parte de nuestra mirada, nos permitirá conectar las relaciones del socioecosistema con procesos históricos, políticas y estrategias territoriales de carácter más amplio. A través de técnicas etnográficas

como la entrevista y la observación podremos contrastar la incidencia de estos procesos estructurales sobre la vida diaria de los sujetos del territorio.

El hacer del etnógrafo ofrece la oportunidad de poner en diálogo lo micro y lo macro y facilita un marco de comprensión privilegiado para conocer de qué forma particular se han gestionado los procesos externos por parte de la comunidad. Esto es fundamental porque, como sabemos, el socioecosistema “no puede ser comprendido adecuadamente sin tener en cuenta las múltiples influencias externas e interacciones regionales a las que está sujeto” (Ruiz-Ballesteros y Ramos-Ballesteros, 2019, p. 7).

Esta metodología cualitativa permite además cubrir cada objetivo aplicando la técnica que mejor se adapte a la problemática que se esté trabajando. Las técnicas planteadas (entrevistas, observación, grupos de discusión, etc.) presentan diferentes potencialidades que permiten responder de forma solvente a cada uno de los objetivos específicos. No obstante, esto no implica que los datos extraídos de cada una de estas técnicas no puedan llegar a cumplimentarse. La etnografía, al ser una metodología versátil y triangular, permite la combinación de técnicas para ayudar a cubrir algunas de las carencias que cada una de estas puede generar al ser empleada por separado:

“La observación proporciona el contraste de la realidad […] a lo que a veces imaginativamente se comunica en la entrevista. La entrevista, a su vez, proporciona sentido a las acciones a veces incomprensibles que se observan, o corrige las inferencias a veces precipitadas que se obtienen por observación” (de Rada, 1997, p.47).

No obstante, la etnografía también presenta una serie de inconvenientes que pueden dificultar el desarrollo de la investigación, por eso es necesario aplicar una serie de medidas destinadas a reducir al mínimo estas deficiencias potenciales. Las dificultades más comunes son los errores de interpretación del investigador, la posible ocultación de información por parte de los entrevistados y la problemática de desarrollar trabajo de campo en contextos muy cerrados. Además, la etnografía requiere de unos tiempos de inmersión y dedicación prolongados, lo cual implica que para el

cumplimiento de nuestros objetivos tengamos que diseñar etapas de trabajo muy largas.

Durante la realización de observaciones, entrevistas, etc., se corre el riesgo de no establecer un correcto intercambio de significados entre el investigador y el investigado. En principio, las diferencias culturales y la falta de contacto del investigador con la práctica diaria del lugar pueden llevar a interpretar erróneamente muchos de los testimonios y las cosmovisiones de los habitantes. Por ello, debe desarrollarse una metodología orientada a conseguir la objetividad en estos términos, de modo que ambos sujetos (investigado e investigador) se comuniquen dentro de unos parámetros de sentido similares. Se pretende así evitar contagiar de sesgos la investigación y al mismo tiempo etnografiar correctamente al sentir del entrevistado y del mundo que le concierne. Se logra de esta forma esquivar muchas de las problemáticas y entender el mundo desde las categorías del entrevistado, es decir, “comprender el punto de vista del nativo, su relación con la vida, entender su visión del mundo” (Malinowski, 1975).

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