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Factores implicados en la interacción

4. Resultados

4.3 Factores implicados en la interacción

Aunque la bibliografía revisada demuestre los mecanismos implicados en la disminución del riesgo de padecer obesidad infantil, otros estudios confirmaron que no había relación existente entre la LM y el riesgo de padecer obesidad al ajustar las variables de confusión (Mantzorou et al., 2022). Así mismo, Mantzorou et al. (2022) explicaron que las discrepancias encontradas en los estudios que informaban de la no asociación de la LM y el riesgo de padecer obesidad o sobrepeso se debían a la edad de las madres, el país de nacimiento, el tabaquismo, el nivel educativo y las diferencias culturales. Igualmente, Qiao et al. (2020) relataron que el estatus socioeconómico se consideró el factor de confusión principal en la relación de la LM y la obesidad infantil.

Del mismo modo, en el estudio realizado por Usheva et al. (2021) no se identificó ninguna relación significativa entre la LM y la obesidad en la infancia cuando se ajustaron con los factores de confusión relevantes. Uwaezouke et al. (2017) describieron que, con un mayor control de las variables de confusión y un control más estricto a la hora de establecer los estudios, se mostraron beneficios menores de la LM.

Un estudio con 4.881 niños holandeses inquirió que las diferencias sociodemográficas en la prevalencia del sobrepeso en niños estaban relacionadas con el nivel educativo, el sobrepeso de los padres y el peso del bebe al nacer.

Cordero et al. (2015) refirieron que otros autores no encontraron una asociación significativa entre los factores genéticos y ambientales con el riesgo de padecer obesidad infantil. No obstante, el estudio reveló que la obesidad de los padres, el tabaquismo materno, el aumento de peso gestacional, el peso al nacer, la diabetes gestacional y la falta de lactancia influyen en el desarrollo de la obesidad en la etapa infantil.

27 Del mismo modo, Ortega-García et al. (2018) observaron una relación inversa entre el nivel de ingresos y el IMC medio a los 6 años. En el estudio se observó que el 12%

de los niños que pertenecían a familias de bajos ingresos, el 33% padecía obesidad.

No obstante, se relató que el porcentaje de obesidad era mayor en comparación con los niños de familias con ingresos más altos. Por otra parte, Jarpa et al. (2015) analizaron diversos factores de confusión como el sexo, el nivel socioeconómico, la educación, el estado nutricional de los padres, el tiempo consumido frente a las pantallas y la asistencia educativa. Sin embargo, solo se pudo encontrar una relación significativa con el estado nutricional de los padres explicado por una tendencia genética o por una inadecuada educación de los hábitos alimentarios.

Desde el punto de vista de la instauración precoz de la alimentación complementaria antes de los 6 meses, Uwaezuoke et al. (2017) contemplaron que la administración de la alimentación complementaria a partir de los 4 meses aumentaba la probabilidad de padecer obesidad infantil. Así mismo, la alimentación complementaria introducida antes de los 16 meses aumentó el riesgo de obesidad de los bebés alimentados con fórmula a causa de la configuración del apetito, las preferencias alimentarias y el metabolismo (Cordero et al., 2015).

Igualmente, en el estudio realizado por Ortega-García et al. (2018) se observó que alargar la introducción de la alimentación con fórmula disminuye el riesgo de padecer sobrepeso y obesidad. Lasserre-Laso et al. (2021) refirieron que existe relación en retrasar la introducción de fórmulas infantil de leche de vaca con un menor percentil de IMC en niños de 4 a 6 años. Del mismo modo, los análisis de regresión logística del estudio elaborado por Sirkka et al. (2018) indicaron un riesgo significativamente menor de padecer sobrepeso en los grupos cuando la alimentación complementaria empezaba a partir del quinto mes. Igualmente, Usheva et al. (2021) refirieron que introducir alimentos sólidos después de seis meses de la LME se relacionaba con un 69% menos de riesgo de sobrepeso en edad preescolar.

28 Por otro lado, se describió que el tabaquismo previo y postnatal se asoció significativamente con el exceso de peso (Ortega-García et al., 2018). El tabaquismo materno se relacionó con el bajo peso al nacer, el cual está asociado con la recuperación temprana de la vida y con el sobrepeso y obesidad infantil.

Igualmente, la exposición a la nicotina en el útero se relacionó con el aumento de peso y grasa corporal. Del mismo modo, Ortega-García et al. (2018) describieron que el tabaco durante el embarazo afecta en el sistema de regulación del apetito tornándolo en un factor de riesgo durante el desarrollo infantil.

En base a las diferencias demográficas, en el estudio realizado por Usheva et al.

(2021) se constató que el 85% de todos los participantes alguna vez habían sido amamantados con LM. Las tasas más altas fueron en Polonia (94,7 %) y Bulgaria (92,8 %). Igualmente, se encontró una significativa diferencia entre los países en la prevalencia de la LM y obesidad en el estudio realizado por Rito et al. (2019). La prevalencia más alta de obesidad general se mostró en España (17,7%), Malta (17,2%) e Italia (16,8%). Concretamente, Italia y Malta presentaron la mayor prevalencia de obesidad entre los niños que nunca habían sido amamantados (21,2%) seguidos por España (21%) (Figura 7). Igualmente, todos los países mostraron una mayor prevalencia de obesidad entre los niños que nunca habían sido amamantados y los habían sido por menos de 6 meses en comparación con los niños que habían sido amamantados durante más de 6 meses. De tal manera que solo 4 de 12 países poseían una prevalencia de 25% de LME durante más de 6 meses, los cuales eran Georgia (34,6%), Kazajistán (50,7%), Turkmenistán (56,9%) y Tayikistán (73,3%). Especificaron que esta alta prevalencia podría estar relacionada con una firme acción nacional, principalmente basada en el apoyo de los profesionales de salud e intervenciones centradas en la promoción y protección de la LM.

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Figura 7: Duración de la LM en los países. Elaborado por Rito et al.

Del mismo modo, en el estudio realizado por Sirkka et al. (2018) se observó que los niños de turcos tenían un riesgo de sobrepeso mayor de seis veces en comparación con los niños holandeses. No obstante, explicaron la presencia de otros factores que ejercen un papel más predominante en el desarrollo de la obesidad en el periodo de la alimentación complementaria o duración de la LME. En este estudio, la introducción antes de 3 meses de la alimentación complementaria estaba relacionado con grupos de etnias caucásica y de ingresos más altos en comparación con etnias asiáticas y africanas y de niveles de ingresos medios o bajos.

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